Vistas de página en total

Humedad en Venecia

Es la primera vez que salgo sola de España, durante el vuelo de ida, un mar de dudas asaltan mis pensamientos, mientras tanto, una mezcla de inseguridad e inquietud revolotea por mi estómago.
Nunca me había imaginado que por cuestiones de trabajo tendría que ir a Venecia, pero pensaba aprovecharlo. Mi marido ya había estado y parecía que no tenía la intención de repetir.

Estoy excitada ante el nuevo reto que se abre ante ti, un nuevo camino que voy a recorrer sola, un camino por el que hace muy poco, nunca hubiera pensado que pasaría.

Toda mi vida he tenido la ilusión de ir a Venecia, esa ciudad maravillosa y romántica de las películas, pero que a la vez te resulta sensual y misteriosa, diferente al resto.

Venecia era fantástica, pero aún más si cabe en época de carnaval, cuando la belleza de sus canales se mezcla con la elegancia y sensualidad de los disfraces y mascaras que pueblan la ciudad. La elección de la fecha fue casual, el viaje resultaba mas caro pero no podía dejar pasar la oportunidad de viajar a Venecia en Carnaval…

A la llegada a la ciudad se puede palpar la presencia del carnaval en las calles, en el ambiente, en la ciudad que se ha engalanado para el momento.
Como esperaba la ciudad no me defrauda, parece mentira que esas pareces se hayan mantenido firmes durante el paso de los siglos, canales que serpentean sin rumbo fijo y por los cuales las pequeñas embarcaciones navegan pausadamente. La ciudad parece estar suspendida sobre el agua, como si en cualquier momento fuera a hundirse, siglos de historia flotando sobre el mar, mezclándose con las olas a la vez que mantienen una frágil armonía.

No pude evitar la tentación de subir por vez primera a una góndola, había llegado al Hotel y lo primero que hice fue darme una ducha caliente, casi con el pelo húmedo salí a pasear, mi primera visita es el embarcadero… hace años que había soñado con un paseo en góndola por Venecia, mi idea del paseo no era precisamente esa,  en mi sueño aparecía acompañada por la persona que amaba, pero ese pequeño detalle no iba a evitar que  subiera a una góndola ese atardecer.

Son muchos los turistas que hacen cola en el embarcadero… Ingleses, franceses, alemanes y por supuesto españoles… Se conocen de lejos porque son los que más gritan al hablar.

No tarde mucho, ya que la cosa iba rápida, uno a uno los turistas iban entrando, hasta que  llegó mi turno… Al principio no me fijé en el barquero, lo imaginas uno mas, un chico con gorrito y camiseta a rallas azules, estaba demasiado maravillada con la ciudad, como para fijarte en alguien, pero hay una cosa que me sorprendió, en un momento dado,  el barquero me hablaba en correcto castellano, eso me hizo salir de mi letargo y comencé a centrarme en el chico, que iba vestido como todos los gondoleros en Venecia, la típica camisita ajustada y el típico gorrito, pero pronto ví que no era uno mas, este era un chico moreno con ojos verdes, unos brazos fuertes y marcados y un cuerpo esculpido a base de tirar de remo durante años.

El paseo incluía varias visitas, y paso a paso el enigmático gondolero, iba explicando cada uno de los rincones de la preciosa ciudad.

Me sorprendió que me hablara en castellano y no pude evitar la tentación de preguntarle el motivo, el me dijo que durante cuatro años estuvo viviendo en Salamanca, que estudió historia del arte y que esa era su pasión. También me dijo que guardaba muy buen recuerdo de España y de las españolas… esto último me hizo sonrojar y no pude hacer otra cosa que darme la vuelta para que no me viera.

Comenzó explicándome la situación de la ciudad y los motivos por los cuales se inunda cada año, me explico también que Venecia se encuentra en una laguna que antaño servía da refugio. La primera visita del trayecto era la obligada la Plaza de San Marcos, una preciosa plaza con tres banderas gigantescas al fondo, dichas banderas representaban los tres reinos a los que había pertenecido la ciudad, también me contó la historia de las dos columnas situadas al  otro extremo de la plaza, bajo ellas era el único sitio en el que se había podido jugar al juego de los dados, eso había sido un premio al ingeniero que había podido ponerlas de pie.

Acto seguido visitamos el puente de Rialto y junto a la Iglesia de Bartalolome, había una cabeza de oro en la fachada, me llamo la atención que Andreas (que así me había dicho que se llamaba) me contó la historia de aquella cabeza, me dijo que era el símbolo de que en aquel lugar había una farmacia, pero no una farmacia cualquiera, sino una farmacia con el privilegio de elaborar la Theriarca, tres veces al año. Me contó también que era la Theriarca, una planta con fines curativos muy popular hace siglos en Venecia.

Con cada palabra, con cada explicación, con cada frase, mi fascinación hacia Andreas aumentaba, se notaba que la historia y el arte le apasionaba y era capaz de trasmitir esa pasión en sus palabras, en sus gestos, en su mirada… Y a mi me encanta cuando viajo sumergirme en la historia y cultura de allí a donde voy.

No se en que momento, cambió mi fascinación por Venecia por la de Andreas, pero sin quererlo comencé a sentir un oscuro deseo por aquel chico que acababa de conocer… Esto no me sucedía nunca, pero imagino que al encontrarme lejos de casa me solté.

Seguimos navegando mientras calles y explicaciones se sucedían, campo de San Giacomo, Santa María Formosa, Puente de las Tetas…

Sonrió picadamente al llegar a aquel puente, me contó que en aquel lugar se colocaban las prostitutas con los pechos al aire, esperando a los clientes, me contó que en aquella época y al ser Venecia una ciudad portuaria, había en la ciudad casi 10000 prostitutas y que suponían una séptima parte de la población.

No pude evitar comenzar a fantasear… mi mente voló al pasado y desee ser una prostituta,  una vulgar puta que esperaba en aquel puente a que Andreas me recogiera en su pequeña góndola y me follara hasta quedar rendidos… Como si supiera lo que estaba pensando Andreas sonrió y yo volví a ruborizarme, mi corazón latía apresuradamente y todo mi cuerpo había comenzado a reaccionar al deseo que aquel hombre producía en mí.

En aquel momento tuve una interrupción inesperada. Mi móvil había sonaron con el característico sonido que emite cuando mi marido me envía un mensaje. Era un whatsapp y me preguntaba que tal iba por Venecia. No quería interrumpir mi placer momentáneo y lo único que hice con toda mi picardía fue hacerme una selfie de un puente que atravesábamos y donde se podía ver al gondolero detrás remando. Le añadí un corazón y un guiño con toda mi picardía. Guardé el móvil y lo puse en silencio porque no quería más interrupciones.
Por desgracia el viaje terminó y era el momento de abandonar mi maravilloso sueño subida en una góndola. Cual fue mi sorpresa cuando al ir a pagar, Andreas no quiso aceptar… me despidió con un enigmático, ya habrá tiempo para esto...

Seguí sin mirar atrás, durante unos metros no me atreví a mirar, caminando con el corazón en un puño, preguntándome que habría querido decir con esas palabras, antes de torcer la calle no pude evitarlo y miré, seguía allí, sobre su góndola y con una sonrisa encantadora, tras unos instantes torcí la calle y desapareció de mi vista. Mi corazón iba a mil.

Aquella tarde comí algo y volví al hotel con la intención de salir por la noche, me dí una ducha con agua caliente y mientras permanecía delante del espejo desnuda, observé mi reflejo sobre él…Tengo 40 y pico años, hacía tiempo que había dejado de ser una niña, pero a pesar de todo creo que mantengo un cuerpo sexy, no peso 50 kilos y hay alguna marca que no existía de joven, pero tengo unas curvas bien definidas, con caderas que a más de uno habían hecho volverse a mí paso. Unos buenos pechos que me encanta descubrir y un trasero que hace que más de uno tenga que mirar. Soy morena natural y mis ojos son verdes en muchas ocasiones.

Desnuda frente el espejo me preguntaba si sería capaz de conquistar a alguien mucho más joven, me preguntaba si sería capaz de seducir al gondolero…Me sentía como Nicole Kidman en Eyes Wide Shut cuando está contemplándose en el espejo desnuda al principio de la película, y después de que un hombre hubiera tratado de seducirla. Así misma me encontraba yo.

Después de permanecer un rato observando mi desnudez  en el reflejo de aquel espejo, me recosté un poco en la cama, mi corazón todavía latía con fuerza al recordar aquel viaje en góndola… recostada sobre la cama y semidesnuda comencé a fantasear… en mis fantasías,  que era una prostituta en el siglo XVII, en lo alto de aquel puente, mis manos comenzaban a recorrer mi cuerpo terso y erizado por el efecto del agua, que había resbalado anteriormente sobre el, acariciaba mis pechos, mientras en mi mente era Andreas el que me acariciaba, hundía mis dedos en lo mas profundo de mi coñito, mientras imaginaba que era él quien me hacia suya, imaginaba que su cuerpo se unía al mío entrando en mi de forma acompasada, imaginaba mis manos aferrándose a su cuerpo musculado y fuerte, sintiendo como con cada embestida me llenaba con su pasión, y tras unos instantes un profundo orgasmo me sacudió como un profundo latigazo de placer que recorrió mi entrañas y tras unos segundos de locura quedé dormida profundamente.

Desperté a la mañana siguiente sobresaltada, mi intención  había sido salir a cenar por ahí, pero había quedado rendida en la cama, me fastidió haber perdido unas horas durmiendo en vez de disfrutar la ciudad, pero por otro lado ahora me sentía descansada y con ganas de más.

Por la mañana la conferencia del congreso duró solamente dos horas así que me dejó tiempo para  hacer unas compras, era carnaval y a mi me encantan las mascaras, así que compre varias que me gustaron en uno de los puestos. El resto de la mañana y la tarde los pasé callejeando, me encanta perderme por las calles estrechas sin rumbo fijo, de vez en cuando llegaba a algún puente por el que ya había pasado en mi día anterior en góndola, no podía dejar de recordar a Andreas y su mirada apasionada.

Al caer la tarde, volví al hotel, esa noche si que iba a salir y tras una ducha, me arreglé y me puse el vestido gris, ese vestido de falda corta ajustado que dejaba al descubierto la totalidad de la  espalda y que no dejaba para la imaginación ninguna de las curvas de mi cuerpo.

Cené en una pizzeria sola y me vino a la cabeza Andreas y su última frase…” ya habrá tiempo para eso” ¿que habría querido decir? Hablaba como si fuera a verme otra vez, pero eso era imposible, no me conocía de nada y ni siquiera sabía donde estaba alojada, en Venecia hay cientos de hoteles y yo no le había dado mi nombre, al final llegue a la conclusión de que le habría entendido mal, seguramente fruto de atontamiento por su presencia.

Al finalizar la cena salí a pasear por una de las calles más concurridas, no recuerdo su nombre pero turistas y máscaras se mezclaban en una amalgama de colores y rostros inexpresivos. El carnaval de Venecia es diferente a todos, los disfraces son de época y muy elegantes muchos de ellos son autenticas obras de arte que consiguen retrotraerte al pasado.

Me encontraba mirando un puesto cuando una mano fuerte y segura me sujeto y me arrastro hasta un callejón adyacente, casi de forma inmediata me dí la vuelta e intenté mirarle la cara, pero lo que me encontré era una mascara, una mascara blanca con mirada inexpresiva y fría. Mi corazón comenzó a latir de forma desbocada, como si hubiera terminado en ese instante de correr la maratón, mi primera intención fue gritar, pero me quedé callada y deje que aquel misterioso enmascarado me arrastrara a la oscuridad de aquel callejón.
A los pocos segundos parecíamos haber, recorrido una gran distancia ya que el ruido y la luz habían dejado paso al silencio y la oscuridad, una oscuridad solo rota por el reflejo de una pequeña farola de luz tenue.

Comencé a respirar con dificultad cuando me introdujo en un pequeño portal, en el que la luz casi era inexistente, mi cuerpo quedo pegado contra el portalón de madera mientras el me sujetaba por la espalda sin dejarme dar la vuelta. Sentía el calor de su cuerpo en mi espalda, su respiración sobre mis hombros y sus manos que comenzaban a explorar cada rincón de mi cuerpo.

Mi respiración seguía acelerada pero ya no por el miedo, sus manos fuertes acariciaban mis muslos y subían hasta las ingles, en pocos segundos mis flujos habían empapado mi tanguita, ¿Qué me estaba pasando? Un desconocido estaba apunto de follarme en plena calle y yo estaba excitada como si de una vulgar prostituta se tratara.

Gemí sobresaltada cuando de un fuerte tirón arrancó el hilo fino del tanga e instantes después lo  noté resbalar por los muslos hasta quedar en el suelo. Noté sus dedos en mi sexo y no pude evitar lanzar un gemido ahogado al sentir el contacto en mi clítoris, casi sentía vergüenza de estar tan mojada, quería que me follara ahí mismo, necesitaba sentir su polla dentro de mi, quería que me follara salvajemente en ese portal, necesitaba sentir el roce, la presión, el placer de su sexo dentro de mi.

Pero por lo visto esa no era su intención… cuando sus hábiles manos estaban apunto de arrastrarme a mi primer orgasmo, volvió a sujetarme y comenzó a guiarme hacia la oscuridad de otra calle adyacente, dejando atrás los restos de mi tanguita de encaje allí en el suelo.

Durante un minuto escaso anduvimos por callejuelas estrechas y poco iluminadas, hasta que llegamos a un pequeño embarcadero, allí había varias góndolas y mi misterioso acompañante subió en una de ellas, acercándome su mano para que pudiera subir con seguridad. En ese momento el se quitó la máscara, ¡Era Andreas! No se porque ya lo había imaginado, pero a pesar de todo siempre me quedaba la duda.

“Te dije que ya me lo cobraría” fueron sus palabras mientras yo no podía dejar de respirar con dificultad mientras lo observaba. Soltó amarras y comenzó a remar como lo había hecho el día anterior, no podía dejar de observar su cuerpo mientras esperaba con la ansiedad de un yonqui que busca su dosis a que me hiciera suya.

Nos adentramos en el lago, allí no había nadie, tan solo el leve mormullo de la ciudad al fondo y el ruido continuo de las pequeñas olas contra el casco. Ya se había quitado la mascara y podía vislumbrarse su rostro gracias a las luces de la ciudad iluminada. Estaba sentada y se acercó a mi, nuestras miradas quedaron fijas el uno en el otro y en ese momento me recosté sobre el asiento, quería insinuarle y que se acercara, quería sentir su cuerpo, sus manos, sus besos y caricias, abrí las piernas al estilo Sharon Stone en instinto básico y me recosté sobre mi asiento, él lo entendió sin ni siquiera decir una palabra, se arrodillo y hundió su rostro en mi sexo, gemí como nunca lo había hecho al sentir como su lengua rozaba por vez primera mi húmedo coñito, su lengua jugaba con mi hinchado clítoris a la vez que me sujetaba por los muslos. Nunca en mi vida había sentido una sensación tan excitante, pareció conocer mis deseos cuando, dos de sus dedos entraron el mi vagina sin dificultad, fue maravilloso sentir su lengua y sus dedos al mismo tiempo dándome placer, tanto es así que a los pocos instantes me alcanzó el primer orgasmo, mis manos se aferraron fuertemente a su cabeza a la vez que todo mi cuerpo convulsionaba con pequeños latigazos de placer, gemí, grité, a la vez que mis caderas tiritaban descompasadamente. Tras unos segundos de locura, otra vez volvió el silencio.

Andreas se incorporó y me sonrió, yo lo miré y sonreí también, estaba un poco abochornada por la situación, cerré los ojos y le deje hacer… volví a sentir su lengua en mi sexo y de nuevo mi cuerpo comenzó a reaccionar, aun no me había recuperado del primero, aun no había recobrado el pulso, cuando por segunda vez comenzaba a comerme como nunca nadie lo había conseguido antes.

No podía dejar de presionar su cabeza contra mi ingle, necesitaba sentirlo, sentir la presión maravillosa que ejercían sus labios en mi calido sexo, necesitaba sentir su húmeda lengua recorriendo cada rincón de mi coñito chorreante.

Otra vez estaba apunto, lo sujetaba con fuerza, presionando su cara hasta lo mas profundo de mi. Pero esta vez paró, se detuvo cuando mi cuerpo estaba apunto de explotar… comenzó a quitarse la ropa mirándome a los ojos, yo lo observaba como un niño pequeño quiere un juguete al otro lado del escaparate. Se quedó completamente desnudo, su pene erguido asomaba majestuoso, lo sujete con mis manos sintiendo como las venas se marcaban en sus paredes, podía sentir en mis manos toda la fuerza y la pasión de aquel hombre al que deseaba mas que a nada en este mundo en ese momento.

Disfrutaba viéndome, disfrutaba porque sabía que era suya sin reservas, en esos momentos podía hacer lo que quisiera conmigo porque sabía que estaba rendida a el.

Me retiró la parte de arriba del vestido soltando el sujetador y dejando libres mis pechos, por aquel entonces hace mucho que estaban hinchados, tersos, con los pezones como piedras.

Los agarró con sus fuertes manos, masajeándolos dulcemente mientras con los dedos pellizcaba los pezones, por enésima vez volvía a gemir… el me hizo incorporarme para sentarse el, acto seguido yo me senté sobre el, sujete su pene y comencé a frotarme con el, aquel miembro duro y caliente rozaba mi coñito mientras volví a tocar el cielo.

No podía mas, lo sujete con una mano y lo coloque a la entrada de mi sexo, cabalgue sobre el y de una rápida sacudida se coló en mi interior como el cuchillo en la mantequilla, sentía su calor, su presión rozando las paredes de mi vagina, cada vez que lo cabalgaba  cada vez que entraba en mi, era un paso mas para el no retorno.

No podía mas, cuando los espasmos se apoderaron de mi, mi cuerpo cabalgo sobre el con torpes movimientos intentando aplacar el deseo que me devoraba.

Mi orgasmo desbocado, hizo que Andrea perdiera el control y comenzara a gritar, pequeños gritos acompañados con el agarrotamiento de toda su musculatura, sus manos se aferraron a mi culo mientras sentí el calido esperma entrando en mi interior y resbalando poco después por mis muslos.

Tras unos segundos, la calma llegó a aquella pequeña góndola en mitad de aquel maravilloso lugar, quedamos durante mucho tiempo uno dentro del otro, ensamblados, intentando mantener en la retina aquel instante que nunca olvidaría uniendo nuestros labios.

Cuando llegué al hotel le envié un mensaje a mi marido "Hay mucha humedad en Venecia".


La ceremonia del Anillo

La ceremonia del anillo.

Mi mujer me comentó que los hombres se fijan mucho en si las mujeres llevan anillo de casadas o no. Yo personalmente pienso que no, porque por ejemplo, he entrado hace poco en un colectivo con muchas mujeres, y muy guapas, por cierto, y sería incapaz de decir ni una que llevara o no anillo. Yo personalmente no lo he observado nunca, pero posiblemente es porque no estoy buscando a ninguna mujer, porque la única que hace que me levante con una erección por la mañana o a media noche es ella, y la tengo en casa.

Así que esta es la ceremonia sobre este asunto. Y de paso servirá para saber quien lleva razón. (y mucho me temo que como casi siempre será ella, aunque esta vez incluso me guste que sea así, jajaja).

Llegamos después de comer del viernes al hotel de lujo. Veníamos directamente después de comer, así que llegábamos a buena hora para descansar. Mi mujer al llegar me aclaró que íbamos a hacer la ceremonia del anillo. Un ritual de celebración inventado por nosotros donde el significado lo es todo. La habitación era una suite bastante amplia con salón privado. Me ordenó que esperara allí desnudo y con una pajarita porque era una celebración. También que dejara en la mesilla unos 5-10 euros. (pensé que era muy poco), pero no tenía ni idea de para que era.

Ella entró en la habitación y cerró la puerta tras de si. Pasaron los minutos. Tensa espera para mi, pero obedecí sus ordenes y allí me encontraba delante de la puerta, como el que espera su turno para entrar en una visita del ginecólogo (esto lo digo por lo de estar desnudo). Menos mal de la pajarita. No me imagino al ginecólogo visitando así.

La puerta se abrió inesperadamente. Ya empezaba a olvidar para que estaba allí. Su imagen me impactó muchísimo, y supongo que lo notó en una erección mas que notable.

Ella  miró a mis bajos instintos, luego a los ojos y sonrió.

Cuando entré en la habitación había abierto las cortinas de par en par. No se podía ver nada desde el exterior porque la ventana daba a una parte del hotel sin edificios. Pero entraba muchísima luz.

Vi la cama abierta y unos trozos de tela negra en cada esquina. Una venda para los ojos encima la cama. Ella, no me había fijado hasta entonces, llevaba un pequeño látigo en su mano. Muy sensual. Su conjunto le sentía de maravilla. Y sus botas de tacón, que por alguna razón tanto nos excitan a los hombres, la dotaban de ese aire de superioridad y sensualidad ante mi.

No voy a relatar todo lo que me pidió que hiciera, porque cada cual tiene su imaginación, pero pasado no mucho rato yo estaba ya al borde de la eyaculación. Entonces se subió literalmente encima mío, y me cabalgó como ella sabe hacer. Mi corrida no tardó en llenarla.

Entonces me explicó, ahora vamos a hacer la ceremonia del anillo. En ese momento me preguntó si deseaba seguir para adelante. Por supuesto dije que si. Me preguntó si la amaba, pasara lo que pasara. Contesté que si.

Me ató a cada extremo de la cama, de una manera delicada, suave pero firme. Me dio un beso muy dulce mientras me guiñaba un ojo en sentido de complicidad. Se sacó el anillo que llevaba en la mano y lo acercó a mis labios, mientras me decía:.

- Ahora vas a besar el anillo de nuestro compromiso mutuo. El anillo que dará sentido a la renovación de nuestro amor, y confirmará que aceptas nuestra relación.

- ¿Aceptas que yo sea tu mujer por el resto de nuestra vida mientras la fidelidad esté presente entre nosotros? ¿Aceptas que soy libre como tu Diosa siéndote fiel y nunca te ocultaré mis extra relaciones? Porque una infidelidad es cuando hay engaños. Yo te seré fiel porque compartiré contigo todo y lo disfrutaremos juntos. Y esa libertad mía la disfrutarás a través mío y no obtendrás placer sin ser yo el centro de tus pensamientos por el resto de tu vida. Yo acepto ser una Diosa. ¿Aceptas tu?

- Besa el anillo en prueba de tu aceptación.

Me puso el anillo en los labios y lo besé a pesar de su sabor a sexo. Entonces me lo puso en uno de mis dedos de la mano (tenemos la suerte de tener la misma talla de dedos, debe ser otra señal de que estamos hechos el uno para el otro).

- Ya soy tu Diosa por el resto de tu vida. Te amo. Ahora falta la prueba física para completar la ceremonia. Y no me hagas enfadar, me decía sonriendo mientras me enseñaba el látigo.

Me vendó los ojos. Me dijo que iba a hacer un café a la cafetería. Que volvería en 30 minutos aproximados. Se vistió muy rápida. Escuché que cogía el dinero que yo había dejado en la mesita. Me puso música con unos auriculares. Me tapó con una sábana para que no cogiera frío y salió de la habitación.

Los minutos pasaban. Por mi mente pasaban muchas ideas. No sé el tiempo exacto que estuve así. Era la primera vez en mi vida que me ataba. Era una sensación extraña, excitante, desconcertante, estimulante. En una cama extraña atado. No me sentía incómodo a pesar de estar atado porque trataba de relajarme.

La sorpresa me la llevé de repente. No había escuchado la puerta porque la música estaba en un momento álgido, pero cuando me retiró la sábana de encima del cuerpo, supongo que mi cuerpo se erizó.

Me sacó la venda. Me desató. Iba vestida muy sexy. Me dijo:

- Te he desatado porque quiero que esto lo hagas por voluntad propia y lo veas.

Se puso encima de la cama. Pude observar que no llevaba bragas. Me miraba con pasión. Su sexo estaba húmedo. Al fin y al cabo hacía poco me había corrido en el.

- ¿Quieres chupar el sexo de tu Diosa?

- Si, quiero. Respondí a modo de repuesta.

Se sentó encima de mi y fundió mis labios con los suyos vaginales. Eran húmedos. Pero sabían a las mil maravillas. Estuvimos disfrutando esta escena algún tiempo sin prisa. Poco a poco. Como sólo dos amantes saben hacer y piensan que tienen todo el tiempo del mundo.


La primera parte de la ceremonia concluyó así de dulce.

-¿Me vistes?
Esa fue su petición después de despertarnos de la siesta que disfrutamos. Así que por primer vez me dediqué a vestirla con mucho mimo y detalle. La ropa para noche la había escogido con mucha sensualidad. Poco a poco fui poniendo las prendas una a una a mi Diosa. Aquello era tan excitante como el proceso de sacarlas.

Por la noche salimos a cenar y brindamos nuevamente por nuestro amor. De allí fuimos directamente a una sala de fiestas. Teníamos ganas de marcha, de bailar, de liberarnos de tensiones, de jugar.  No lo hablamos en ese momento, pero solo nos quedaba comprobar la duda que nos había quedado a ambos respecto al anillo. Su anillo lo llevaba yo, así que ella iba libre de anillos. Faltaba saber si los hombres era verdad se fijaban en ese detalle. Habíamos estado varias veces en esa sala de fiestas y nunca ningún hombre se había acercado a ella. Hoy era la prueba final. ¿Quién llevaría razón?

Al entrar yo me dirigí al baño. Ella se dirigió a la barra donde normalmente pedimos las copas.

Yo esperaría deliberadamente unos 15 minutos viendo desde la distancia. Si yo tenía razón nadie se le acercaría. Como llevábamos móvil los dos nos podíamos enviarnos algún mensaje y hablar desde una distancia próxima. Si no se le acercara nadie yo actuaría como si no la conociera e intentaría ligar con ella. Ese sería nuestro juego de esa noche. Si alguien se le acercara ella diría que estaba esperando a su marido ( si le parece conveniente). Yo  me dedicaré a observar y disfrutar del efecto que mi Diosa causa en los hombres. Si ella lo desea me buscará con la mirada y haciéndome un gesto para que me acerque inmediatamente o a través de un mensaje.

La noche es joven. No os puedo decir como acabó la noche. Solo os puedo asegurar que ese día iniciamos una nueva relación de pareja renovada que dio un nuevo impulso a nuestra vida. La vida, a nuestra edad, te das cuenta que es efímera. Los problemas vienen solos, y tratar de disfrutar la vida y los pequeños placeres depende de nosotros mismos.
A partir de ese día tratamos de vivir la vida con más pasión. Con mi Diosa como centro de mi vida. Libre, pero siempre conmigo a su lado. Cada día la amo más por ser como es !

¿Quién lleva el anillo en el futuro? Hay de todo. La mayoría de días lo lleva ella, pero algunos días me pide que lo lleve yo. Cuando ocurre eso tengo una erección instantánea, no lo puedo evitar!

Unos días en Altea.

Me he descrito alguna vez ya, soy Sharon (o así me hago decir), de Barcelona, Cuarenta y pico años, bonito y cuidado cuerpo.

Mi marido y yo veraneamos en Altea hace años, un pueblecito cerca de Benidorm, es un sitio tranquilo, casi aburrido, aunque tiene una zona de marcha más bien para extranjeros, pero nos gustó, y quisimos recordarlo. Así que nos organizamos 3 días solos allí.

A mediados de julio, bajamos a la playa, como siempre por la tarde, nos agobia la playa llena de gente, los niños llenándote de arena, y el calor sofocante del mediodía. Pusimos las esterillas en la arena, y la toalla encima y nos dispusimos a pasar una tranquila tarde tomando el sol y baños de refrescante agua salada.

Como siempre mi marido se quedó durmiendo boca arriba, mientras yo leía uno de los libros que había previsto terminar ese verano.

Alrededor nuestro pero no muy cerca, al estar la playa más bien vacía, se sentó una pareja de chicas acompañadas de un chico más joven que parecía ser el hermano de una de ellas, un matrimonio de mediana edad, y un chico que parecía extranjero.

Como mi marido no me hacía caso alguno, pensé que sería bueno que cuando despertase pudiese contemplar lo que pasa con una mujer que no está bien atendida. Así que me quité el sujetador del bikini, y me extendí por todo el cuerpo incluidas las tetas bronceador suficiente para evitar dolorosas quemaduras.

Los tres chicos de mí alrededor, el jovencito, el extranjero y el marido, me miraban de reojo cada vez que podían a fin de no llamar la atención a sus acompañantes, y para evitar que me sintiese observada y me tapase los pechos.

Media hora después se despertó mi marido, y me miró con aire extrañado al verme despechugada. Y después miró alrededor para intentar comprender la causa de mi repentino exhibicionismo, al no ser normal en mí en una playa familiar como es esa. Una vez conseguido mi propósito me coloqué la pieza superior del bikini.

Ya eran las siete de la tarde, el sol había bajado y estábamos planteándonos irnos. De pronto una voz con un claro acento anglosajón, desde detrás le dijo a mi marido.

- Juegass a la petanka?

Al volver la cabeza observó al extranjero con dos bolas de petanca metálicas. Y mi marido que se levantó presuroso diciendo:

- Por supuesto! Vamos a resolver el tema de Gibraltar, nos lo jugamos a una partida!, añadió.

Ambos rieron la ocurrencia de mi marido, que daba por sentado que el chico era inglés, al menos tenía toda la pinta.

Tras la partida de petanca, que evidentemente perdió mi marido, y con ello los derechos a la soberanía del Peñón puestos en juego. Aparecieron por mi lado con tres botellines de cerveza bien fría, una para cada uno de nosotros.

- Sharon. Este es Alejandro, pero todos le llaman “Alex”. Es escoces de Escocia! Vaya unos huevos, que estupidez he dicho! Como siempre mi marido con sus tonterías me presentaba a Alejandro.

- Segñora es un placer! Dijo el guiri, mientras hacía una graciosa reverencia.

- Caballero! Dije yo levantándome e imitando a modo medieval un saludo principesco.
Comenzamos una agradable charla sobre su vida en Glasgow, nos dijo que le quedaban dos días de vacaciones y que sus amigos anglosajones ya habían retornado a la Gran Bretaña y se encontraba un poco solo. El chico era majete, de uno ochenta de estatura, pelo tirando a pelirrojo, guapo sin pasarse, y fuerte sin ser musculoso.
Nos despedimos pensando que no lo veríamos más y volvimos a casa.

Al día siguiente estuve pendiente de ver si aparecía, pero no hubo manera. Me sentí defraudada, creía que iría para poder hablar con él un ratito, me había picado la curiosidad. Como sabía que al día siguiente se iría pues mentalmente me despedí de él para siempre, o por lo menos hasta el año que viene.

Por la noche mi marido me llevó a cenar a Benidorm , y tras la cena, no teníamos sueño y me propuso invitarme a un mojito en la orilla de la playa.

Aparcamos frente a un chiringuito. El lugar es paradisiaco por la noche, una playa inmensa de fina arena, un mar en calma, las luces a lo lejos de los pescadores, y un Chiringuito bonito con sillas y mesas, y agradable música ambiente, bajo las luces de colores. Tomamos asiento y esperamos al camarero.
- Que desean los segnores?

Ambos volvimos la cabeza a un tiempo. Era Alejandro, o sea “Alex”. Nos quedamos parados sin saber que decir. De pronto apareció una sonrisa en su cara.

- Ja, ja! Es broma, yo no soy el camarero. Os vi y pensé, voy a gagstarles una broma.
- Ja, ja! Reíamos con él.
- Puedo sentarme con vosotros, estoy sólo y es mi última noche en España.
- Claro, claro! Dijo mi marido yendo a buscar una silla para él. Lo colocó entre ambos.

Mientras yo repasaba mi indumentaria, y pensé que menos mal que me había colocado la mini vaquera, y una camisa blanca que transparentaba mi blanco sujetador, con la que me veía muy sexy. Me gustaba la forma con la que me miraba el guiri.

La conversación como el otro día era amena y divertida. Mi marido traía cervezas y más cervezas para ellos, y para mí ya iba por el tercer mojito, y me reía por cualquier cosa.
El chico se excusó para ir al aseo a aliviar tanta cerveza.

Entonces mi marido me dijo:

- Te gusta el guiri, no?
- No está mal, me rió mucho con él.
- No me refiero a eso.
- Sé a qué te refieres y sí, está buenísimo.
- Pues es el último día que estará aquí.

Me callé porque me dio temor preguntar si eso quería decir que me iba a fastidiar, o que aprovechara la ocasión, y si preguntaba a lo mejor escuchaba lo que no quería. Así que mejor callarme. Simplemente le dediqué una sonrisa pícara. En otra situación le hubiera respondido ofendida pero los mojitos estaban haciendo efecto.

El guiri volvió con una  sonrisa en la cara.

- ¿Porque no nos sentamos en un patinete cerca del mar?

Efectivamente en la orilla del mar, hay una zona de patinetes de pedales que durante la noche, están varados, pues no se usan.
- Un chico los vigila pero no creo que diga nada si nos sentamos sin hacer tonterías. Aparte está en la barra y creo que está más bien borracho de tanto beber, no creo que ni nos vea. Añadió el guiri.

Con la bebida en la mano, nos dirigimos allí, mi marido y Alex se sentaron en el lateral del patín, y yo con mi minifalda no sabía dónde colocarme, pues estaban llenos de arena.
Me senté sobre las piernas de mi marido, con las piernas hacia Alex, no era cuestión de darle la espalda.
Evidentemente desde donde estaba podía observar mis braguitas blancas a la perfección. No dejaba de lanzar miraditas a hurtadillas, y me estaba poniendo algo cachonda ya.
Mi marido dijo de bañarse a la luz de la luna, lo que alegró mucho a Alex, yo no quise, eso de bañarse en braguitas no me va nada.

Ambos se quitaron rápidamente la ropa y se metieron corriendo al agua en calzoncillos, todo un espectáculo.

Tras un rato de hacer el tonto, que esperé de pie, pues no tenía donde sentarme con garantías, salieron del agua entre risas.
Alex se secó con su propia ropa. Pero mi marido había dejado la ropa en la arena y no estaba en condiciones de servir de toalla.
Nos sentamos de nuevo en el patín, pero no podía hacerlo encima de mi marido estaba totalmente mojado, así que le dije:
- Pues me duelen las piernas de estar de pie. Con tu permiso me siento en las piernas de Alex.
Mi marido hizo un gesto de esos de me da igual.

Por lo que me senté encima del guiri.
Estuvieron contando lo fría que estaba el agua, pero lo guapo que es bañarse de noche completamente solos, y tal y tal…. durante un rato.

Mi marido viendo el panorama, dijo:

- ¿Queréis unas bebidas?.
- Si por favor yo quiero otro mojito. Le dije con cara de “estoy algo salida”
- A mí me apetece otra cerveza. Dijo el escocés.

Mi marido se agachó cogió sus pantalones, que es donde lleva el dinero. Y echó a andar.

- No tengas prisa mi vida, no sea que te caigas en la arena. Le dije cuando llevaba dos metros alejado de nosotros.
- Vale, iré despacio!

Yo seguía sentada sobre el escocés, y él estaba que no sabía que decir, la situación le superaba.
Entonces se me ocurrió algo extraño.
Miré para Alex, y le pellizqué un pezón.
Pegó un saltito, y se encogió, levantó la mirada pero no me dijo nada.
Así que le pellizqué el otro pezón. Otro saltito, otra miradita y nada.
Cuando fui a repetir la operación, me dijo…
- A que te cojo yo a ti también las tetas!!!

No hice ni caso, otro pellizco se lo dejó claro.
- Seraaaaaaaass!!!! E intentó pellizcarme a mí.
Comenzó una guerra de manos, y manotazos, que yo tenía pensado perder en el momento que me interesara.
Al final el varón pudo más. Jaja!. Y me cogió una teta por encima de la camisa.

- Llevas ventaja, llevas sujetador.

Metí la mano y me lo quité. Se me transparentaban las tetas a través de la camisa perfectamente.
- ¿Y ahora? Le reté

- Esta vez no se cortó, me pellizco un pezón. Y ahora di yo el saltito. Luego el otro. Mientas yo intentaba pellizcarle a él, pero se defendía bien.

La camisa con el trajín se me abrió y las tetas estaban materialmente al aire.
En la pelea su cabeza quedó cerca de ellas. Entonces paré y me quedé muy quieta. Él entendió el motivo, así que acercó su boca a uno de mis pezones y lo chupó.

Yo cogí su cabeza y la apreté contra mí. Después apartó su cabeza y me comió el otro, al tiempo que chupaba me daba mordisquitos. Estaba a cien, me estaba calentando una cosa mala.

A lo lejos vi venir a mi marido.

Cuando llegó estábamos muy formalitos. Aunque el sujetador blanco en el suelo, era bastante evidente.
Mi marido nos dio la bebida. Me miró, después miró el sujetador. Se agachó hacia mí y me dio un beso en los labios diciéndome…
- Cariño me apetece dar una vuelta en soledad a la luz de la luna. Estás de acuerdo?
- Si cariño, claro lo que tú quieras.
- Tardaré unos veinte minutos.
- De acuerdo mi vida, aquí te esperamos. Te quiero!
- Yo más, No lo olvides !

Dio la vuelta y echó a andar hacia el final de la playa.

- Se ha dado cuenta tu marido? Me preguntó con cara de asustado.
- Sí claro, por supuesto. Pero me quiere y sabe que me apetece estar un rato contigo.

Se calló no entendiendo bien la situación, pero con los ojos fijos en mis pechos al aire esperando sus caricias no había nada más que pensar ni que decir.
Se lanzó a comerlos con avidez, a morderlos y a meterme mano por todos los lados. Sus manos subieron por mis muslos, y entraron en contacto con mis braguitas, totalmente húmedas, por fuera de ellas comenzó a pasar un dedo arriba y debajo de mi vulva, y a pararse durante ratitos en mi botoncito el placer. Me escurría de gusto.

De pronto me puso en pie. Y con delicadeza y lentamente me quitó la camisa. Desde el chiringuito se nos podía ver perfectamente. Y estoy segura que más de uno de los pocos clientes, se dio cuenta de lo que pasaba. Así que me cogió de la mano y me llevó al final de la zona de patines y nos pusimos entre dos bastante ocultos. Allí se puso de rodillas y me cogió de la cintura, me desabrochó la falda y tiró de ella hacia abajo hasta llegar a la arena. Después cogió de los laterales mis braguitas blancas y las jaló hasta sacármelas por los pies.

Pegó su nariz a mi palpitante coñito, de pronto noté la punta de su lengua tocar mi clítoris. Me estremecí de placer. Me empujó suavemente y me dejé caer en la arena. Ya detrás de los patines no se veía nada desde el chiringuito.
Metió su cabeza en mi coñito y durante unos minutos estuvo lamiendo todo mi coño, arriba y abajo, deteniéndose en el clítoris, hasta que no pude más y me corrí casi en silencio, pero no pasó desapercibido para él. Mi marido no me había chupado así en la vida.

Entonces se quitó el calzoncillo, hasta ese momento no había visto nunca una polla de un pelirrojo. Me extraño el color de sus pelitos, creía que serían también morenos, pero no eran pelirrojos aún más claros que sus cabellos.
La polla era más o menos como la de mi marido, así que no note nada nuevo excepto que no era la suya cuando la acaricié, ya estaba dura como una piedra. Me indicó que se la chupara.

La cogí y la chupé. Estaba buena y salada por el baño que se había dado en el mar minutos antes, así que seguí chupando y chupando, hasta que comenzó a salir líquidito, y entendiendo que además podía correrse paré.

Comencé a darle una paja aprovechando la saliva.

Entonces me dijo:

- ¿Quieres que te folle?
- Si quiero, ¿llevas condón?
- No, ese es el problema.
- Entonces mejor no.
- Es queeeeeeee.
- Si no llevas condón te doy una paja y ya está.
- Por favor.
- No.
- Por favor.
- No.
- Sólo la puntita, vale?
- No.
- Sólo la puntita, por favor.

Me daba pena, era su última noche, así que le dije…
- Solo la puntita, pero cuando vayas a correrte la sacas, eh?
- Vale. Dijo todo contento de alegría.

Se colocó encima de mí en posición.

Colocó su polla en la entrada de mi cueva del placer. Y con un movimiento de culo metió todo el glande. Me creía morir de gusto, durante unos segundo aguantó la situación, no necesitaba más polla. Así estaba bien, estaba siendo mediofollada por un mediodesconocido, con aprobación de mi marido, madre mía, me corría sólo de pensarlo.

De pronto noté que ya era media polla lo que tenía dentro.
- No me la metas toda eh!
- Vale, me dijo y se retiró un poco.

Estaba que se me iba la cabeza de gusto, casi no podía ni pensar. Me descubrí a mi misma diciendo…

- Joder, fóllame entera de una vez. Métemela toda, escocés!

Apretó su culo y me la metió hasta dentro.
Que gusto, me creía morir. Me iba a correr. Comenzó a darme culazos, un mete y saca, trepidante, pero corto, en unos cinco segundos susurré fuerte… Me corrooooooo!!!

Todo mi cuerpo se convulsionaba de placer, me sentía al borde de perder la consciencia.
El dio otro par de culazos más, y de pronto sacó rápido su polla. La leche le salía a borbotones, cayendo por mi pubis con sus escasos pelos. Como si fuera un volcán no paraba de emanar leche y más leche. Dejé que me la echará toda por mi barriga y mis pechos, me apetecía sentir el líquido calentito recorriendo mi cuerpo

Estuvimos unos minutos sin decir nada.

- Es tarde. Le dije.

Nos levantamos, sin hablar más, y nos arreglamos la ropa.
Justo el momento, pues al fondo veíamos a mi marido volver. Nos sentamos de nuevo en el patín, como si nada hubiera pasado.

Al llegar mi marido me dio un fuerte beso.

- Pareja, me voy a ir. Me ha encantado conoceros. Os dejo mi email por si veniis a Escocia !
- El placer ha sido mio, respondió mi mujer dándole un beso en los labios.

Yo le alargué la mano y le guiñé el ojo. Parecía arrepentido, y eso le tranquilizó.

Fuí abrazada a mi marido hasta el coche, donde él me dijo:

- ¿Lo has pasado bien?.
- Sí, mucho.
- Pues eso es lo importante. Te quiero!
- Cuando lleguemos a casa te limpio, que tienes manchas.

Me dijo que quería sentarse atrás por estar más estirada. Cuando habiamos salido de Benidorm, escuché que se estaba corriendo. Miré por el retrovisor y se estaba tocando los pechos todo mojados aún de la corrida. Tuve que parar en un rincón del camino.


ESTO NO ES UNA WEB DE CONTACTOS

Aviso a Navegantes.

Este es un blog de relatos. No de contactos. Existen multitud de webs de contactos. NO permitiré anunciarse en este blog con anuncios que no vengan a cuento.
Es mi blog y son mis normas.

Gracias.

El protagonista podrias ser tu.

Os voy a explicar una situación, y a partir de ahí, quiero ver quien tiene más arte en explicar lo que le gustaría que pasara.

Como habréis detectado por los relatos, me excita imaginar a mi mujer con otro hombre. Sí. me encantaría que mi mujer fuera una Hotwife, (en el enlace hay mucha e interesante información) tal como se denomina en inglés a las mujeres que tienen permisos de sus maridos para tener relaciones con terceros, en presencia de éstos o no.

Sé que quizás acabe siendo una fantasia sin realizar, pero me encanta soñarla. De hecho, nunca pienso en sexo sin mi mujer de protagonista. Ella siempre está , y puede haber más gente o no, pero nunca he fantaseado con otras mujeres. Decidme raro. Es asi. Ella me despierta todos los sentimientos que un hombre desearía de una mujer.

Y la historia empieza así ...




Cuando mi mujer y yo salíamos a tomar copas algún fin de semana de cada mes, acostumbrábamos a ir a un local de gente de nuestra edad. La música de los 80 nos transportaba a recuerdos y sensaciones pasadas.

El local siempre se llenaba a tope. Todo empezó una noche donde había quedado con mi mujer en el local directamente. Yo trabajaba y acababa muy tarde, así que quedábamos directamente allí. Normalmente a las 12h de la noche entrábamos pero aquella noche el trabajo se había alargado inesperadamente y yo no podía llegar antes de las 2h.

Para colmo, la batería del móvil se había acabado una hora antes, lo justo para avisar a mi mujer que llegaría más tarde. 

Así que cuando llegué el local estaba a reventar. De aquellas veces que cuesta avanzar entre la gente. Como somos animales de costumbre busqué por la zona que por costumbre frecuentábamos. Busqué en la pista y tampoco la vi. Viendo que no la encontraba, me pedí un gintonic. 

Moviendo levemente el cuerpo al ritmo de la música en un extremo de la pista me tranquilice mientras observaba por ver si la encontraba. Finalmente di con ella. En una de las barras se encontraba. Estaba hablando con un joven de unos 30 años. Hablaba mientras bebía una copa y se reía. Parecía una escena típica de ligue. Se acercaban las caras para hablar porque la música no permitía entablar una conversación muy fluida.

No sabía si acercarme a interrumpir o no. Ella siempre se había resistido a ligar con terceros, pero esta vez se la veía muy cómoda y alegre. Así que estuve un rato medio bailando y medio mirando la escena. Una extraña sensación se apoderó de mi, ya que por un lado sentía nervios o celos, pero por otro una excitación inusual. Pero por el hinchazón de mis pantalones se notaba que lo estaba disfrutando.

Mi mujer de vez en cuando miraba en general a todos lados, dando la sensación que me buscaba, pero sin dejar de hablar con el muchacho. En una de esas ojeadas su mirada se cruzó con la mia. Me vio y sonrió, pero no dejó de charlar con el muchacho. A partir de ahi, me iba dedicando miraditas de morbosidad de vez en cuando.

Al final, y después de mucho debatir en mi interior, me dispuse a acercarme y presentarme. Cuando llegué mi mujer exclamó:

- Hola cariño, has llegado !!! Te presento a Iván.
- Encantado.
- Igualmente.

Y sin más, mi mujer exclamó:
- Le estaba contando a Iván que estoy casada, pero que mi marido no es celoso y me deja hacer a mi aire. 

Un sin fin de sentimientos y nervios pasaron en ese momento por mi cabeza. Nunca había planteado la situación así de clara y abierta. Me debí quedar con una cara en blanco porque ella añadió:
- ¿Verdad amor?
Sólo pude responder con un tímido ...
- Sí, mi amor.

- Le estaba diciendo a Iván que eres un cocinero muy bueno, y que ya que mañana no tenemos niños, podría venir a cenar. ¿Qué te parece? 

La situación era super morbosa. Podría haber quedado con él directamente, o haber dicho que se iba con él, pero no. Escogió la situación más morbosa. Le invitó a mi casa y conmigo de cocinero.

- ¿Verdad que nos prepararás la cena para los dos, mi amor?

No sólo le estaba invitando a mi casa, si no que me estaba dando órdenes a mi directamente de que les iba a servir la cena en compañía de un atractivo joven. 
Mientras mi cabeza iba a mil, pude ver la cara de morbosidad de Iván, que no se acababa de creer lo que se estaba planificando para la noche siguiente.

Así que quedamos en que llegaría a las 21h del día siguiente. Se despidió de él y me dijo que quería irse a casa a descansar. Así que nos fuimos. Como habíamos llegado en coches separados, nos dimos un beso y nos despedimos hasta casa. 

El camino de regreso era una tormenta de sensaciones y excitación. En mi mente pasaban mil imágenes. Pensaba en llegar a casa y hacer el amor con mi mujer por lo morbosa que era, pero cuando llegamos y nos metimos en la cama, se limitó a decir: 

- Mi amor. Hoy no. Mañana si todo sale bien haremos el amor. Te amo. Guarda esa erección para mañana. La necesitarás.
Me dió un beso de amor, y se giró en la cama para dormir.

A la mañana siguiente mi mujer no estaba. Había tenido que ir a trabajar, y me envió un mensaje de que llegaría por la tarde. 

Yo me dediqué a comprar  y preparar una cena que estuviera a la altura. Busqué un buen vino y preparé la mesa para dos con mucho mimo.

A las 19h recibí un mensaje de mi mujer que le preparara un baño caliente. Así lo hice.

Lo tenía todo a punto. Creo que nunca había tenido una erección tal larga en el tiempo. Estaba cocinando pero no me sacaba de la cabeza la idea. Aquello era muy morboso y lo estaba disfrutando.

Mi mujer llegó nos vimos lo justo para darnos un beso con sonrisa de complicidad entre ambos. Se bañó. Me dijo que recibiera al invitado si este llegaba.

Eran las 21h en punto. Lo tenía todo calculado. La comida en el horno en su punto. Una pequeña crema de entrante. Algo muy libiano pero excelente. 
Cuando el timbre sonó me asombré. Hice una respiración profunda y me armé de valor para abrir la puerta. 

Iván estaba alli de pié elegante. Camisa negra y pantalón negro. Corbata Granate. Una combinación muy elegante. En sus manos una botella de Cava.

- Buenas noches.
- Buenas noches. Pasa. Ahora bajará.

Le serví una copa de vermouth blanco bien frío y le indiqué que se sentara en la mesa. Ahora vendría ella.



La puerta de la habitación se abrió y apareció ella espectacular. Unos zapatos de tacón, medias negras con dibujos, una minifalda y un escote que no podía pasar inadvertido ni por un ciego. Impresionante.
Ví el rostro de Iván y los ojos le brillaban mientras esbozaba una sonrisa y decía:

- Buenas noches Preciosa !
- Buenas noches Iván !



Le serví otra copa a ella mientras se sentaba en la mesa. Les dejé solos y me fuí a la cocina.

...


¿Cómo continua la historia?

Decidid vosotros. La más sugerente la convertiré en oficial.





El Jardinero Regador

El sábado acababa de empezar, pero mi mujer me volvió a echar en cara que un fin de semana que estábamos solos, ya que habíamos conseguido colocar a los niños, y yo había contratado a un jardinero. Hacía tiempo que no estábamos solos, y había perdido esa oportunidad que de vez en cuando las parejas necesitan.

Esta vez había contactado con el Jardinero por internet. Así que aquel sábado había quedado en recogerle en un lugar concreto. Me sorprendió al verlo, porque estaba acostumbrado a ver chicos de color en la zona haciendo labores de jardinero, pero éste era distinto.

Era joven, de aproximadamente 25 años. Alto, pero tenía clase. No era como otros anteriores. Se le veía muy bien cuidado, y me sorprendió que fuera vestido con ropa de calidad. Llevaba una bolsa, donde me indicó llevaba todo lo necesario para el trabajo.

Hacía 2 años que estaba aquí, y las cosas le iban bien. Era muy optimista, y tenía un buen parlamento.
Me explicó que era ingeniero industrial. Había trabajado en una petrolera en su pais. Ahora trabajaba en una empresa de tecnología, y los fines de semana en lo que podía como jardinero.

Me comentó que el 50% lo enviaba a su familia, y que gracias a ello, 8 personas podían vivir.

Di un rodeo para llegar a casa, y que no pudiera recordar donde se encontraba exactamente. Esto es una medida que acostumbro a hacer las primeras veces, por seguridad pero también porque hay muchos de estos hombres  que se vuelven pesados, y cada semana te están reclamando trabajo. Ojalá pudieramos tener cada semana gente trabajando, pero no es así. La crisis nos había obligado a hacer casi todo por nosotros mismos, pero de vez en cuando, cuando nos lo podíamos permitir, contratábamos a alguno para hacer las tareas más duras.

Cuando llegamos mi mujer estaba en el jardin. Le presenté a Abel.

Me fijé que ella quedó un poco perpleja de lo musculoso que era el chico. Le indiqué que le enseñara donde estaba el vestuario para cambiarse de ropa. Ella le acompañó. Abel le preguntó si podría ducharse al acabar, y ella le indicó que si. Teníamos un vestuario completo que habiamos restaurado y Abel podía tener toda su intimidad. Abel le preguntó si podría tener agua para beber. Ella le respondió que ahora mismo se la llevaría.

Estaba yo en la cocina preparando un cocido para la comida, cuando entró ella. Me dijo que le iba a llevar agua.



Mi mujer vestía con unos leggins de deporte y una camiseta de tirantes. No llevaba sujetador porque normalmente no usa en casa, y porque dicho de paso, tiene unos pechos preciosos que no necesitan de sujetador para mostrar su plenitud.

Me fijé que los pezones se le marcaban mucho, pero no le dije nada porque sabiendo como es, se hubiera ruborizado y tapado. NO hace ningún daño. A mi me excita, y si Abel  se fijara en ellos, dudo que no le gustaran.

Mi amada regresó al cabo de un minuto, con los pezones todavía más marcados como pitones. Eso me daba a entender que de alguna manera se había excitado. Me dijo que debía llevarle una toalla para la ducha, pero que iba a esperar un rato, porque se estaba cambiando. Me dedicó una mirada perversa. Yo imaginé que le había pillado cambiándose y por eso se había alterado. No sabía que había visto exactamente, pero había vuelto muy rápida.

Seguimos con nuestra jornada diaria. Abel estaba en el jardin sacando todas las hierbas. Mi mujer planchando con música a todo volumen y cantando y yo en la cocina con los ojos en la cazuela, pero con la mente en otro lado. Tenía una erección sólo de pensar en mi mujer y el cuerpo de Abel cerca.

La mañana pasó muy rápida. Había llegado la hora que habiamos acordado como final. Mi mujer se exclamó haciendo hincapié que le iba a llevar la toalla, mientras me daba un beso y me guiñaba un ojo. Ella es muy pícara cuando quiere serlo. Y me di cuenta que ese día lo estaba.
Me dijo que me preparara para llevarle de vuelta a su casa, asi que yo me fuí a vestir.

Me extrañó que se había cambiado de ropa. Se había puesto una blusa y esta vez sujetador. Pero tampoco le di mucha importancia.

Había pasado media hora y yo estaba vestido, sentado en el sofá esperando a Abel para acompañarlo a la ciudad. Desde luego me extrañaba el rato largo que no estaban pero lejos de preocuparme, estaba excitadísimo, porque sabía que cualquier cosa podría estar sucediendo.

Oí a mi mujer entrar en casa mientras me decía que Abel estaba preparado para irse. Yo estaba sentado en el sofá. Se me acercó muy lentamente y otra vez con esa cara pícara. Me dijo con voz sensual y lentamente, que no tardara en regresar porque tenía ganas de mi, y que me tenía que contar una cosa.

Mi reacción ya imaginais cual fué. Una erección como una casa.

A medida se acercaba muy lentamente, la visión de me hizo más clara. Ella andaba muy lenta para poder estudiar mi reacción. Cuando llegó frente a mi, y vi la imagen, hicimos un silencio de segundos. Yo no sabía que decir. Aquello que tanto ansiaba era real.

Ella rompió el silencio de una manera directa:

- ¿Me los quieres chupar? Me dijo en voz sugerente.


No pude resistirme. Aparté la blusa y me enganché a ellos. Sus pezones estaban más duros que lo habitual. Su sabor era una extraña mezcla de matices. Pero la excitación del momento no me planteaba otra cosa que no fuera succionarlos allí sentado delante de mi Diosa. Aquella sería mi droga de ahora en adelante.

Mientras lo hacía, me dijo cogiéndome la cabeza:

- No tardes amor, que tengo que contarte lo hermosa, grande, suave y caliente  que era la verga de Abel. No ha podido resistirse a correrse en mis pechos. Luego te cuento todo. Ves a llevarle a la ciudad.

- Ah, y que no noté que tienes una erección, Cornudo mio. Si no sabe que te gusta, mejor.
Por cierto, págale. Así, aún tendrás más la sensación de ser mi Sumiso.

- ¿Era esto lo que querias amor? Pues yo si. Prepárate a partir de ahora.

Ha nacido una nueva mujer.

- Y si te das prisa, todavía podemos recuperar medio sábado. Te espero en la cama.







Declaración pública de Aniversario

Amor. Hoy es nuestro día.

Te amo.
Porque te cuidas y me cuidas.

Te amo. 
Porque juntos hemos hecho una familia de amor y apoyo.

Te amo. 
Porque he aceptado que quiero vivir toda mi vida siendo tu la única mujer con la que haya hecho el amor.  Tu has tenido otras relaciones, pero lejos de enojarme, me enorgullecen. Me fascina la sexualidad femenina y quiero explorarla a través tuyo.

Te amo. 
Porque otros podrán contemplarte e hipnotizarse con tu imagen en un instante, pero yo, después de tantos años sigo enganchado a ti.

Te amo.
Porque otro podrá gozarte un instante entre su cuerpo pero desconoce que hasta en ese caso, yo lo disfruto porque deseo tu placer más que el mío.

Te amo.
Porque otros podrán saborear tus besos con lujuria, pero, inocentes, no saben que luego los recrearás y disfrutarás conmigo.

Te amo.
Porque puedes gozar de hombres mejor dotados que yo, pero sólo te darán el placer de una buena ocasión. Pero gracias a ello, mi sexo fluirá con mayor energía y te complaceré mejor.

Te amo.
Porque puedes tener a otros más jóvenes y energéticos, pero después de vigorizarte con ellos me abrazas y besas en nuestro nuevo encuentro.

Te amo.
Porque juntos hemos aprendido a gozar y a liberar nuestras mentes de tabúes y prejuicios.

Te amo. 
Porque con una simple mirada sabemos lo que siente el otro.

Te amo. 
Porque espero seguir viviendo esta aventura llamada vida a tu lado, pero riéndonos de los problemas o las limitaciones.

Gracias por estar a mi lado.
Con todo mi corazón.
SR

Fin de semana con sorpresa en Paris

La verdad es que nos gustan las situaciones eróticas y atrevidas y hemos fantaseado con infinidad de escenarios, pero al final no nos hemos atrevido a hacerlas realidad (más bien no se ha atrevido ella).

 Esta pasada Semana Santa tuvimos cuatro días de vacaciones (de jueves a domingo), y decidimos ir a algún sitio a pasar el fin de semana. Pensamos en varios lugares (Canarias, , etc.), pero al final nos decidimos por París. Quisimos ir a un hotel de lujo que le teníamos ganas, pero al final no había presupuesto y fuimos a un pequeño hotel cerca del Arco del Triunfo, un hotel muy coqueto.

 Nos gusta mucho follar en vacaciones, porque estás libre de todo y de todos. No estás sujeto a horarios y no tienes que preocuparte por los vecinos, los hijos ni por nada. Lo que solemos hacer sin haberlo premeditado cuando vamos de vacaciones es dejar de follar unos días antes de salir (a veces incluso dos semanas), para llegar al destino turístico muertos de hambre sexual. Y así lo hicimos cuando fuimos a París.

Madrugón. Fuimos en Ave por comodidad. Casi siempre viajamos en avión, pero teníamos ganas de probar la comodidad del ave. Cuando llegamos a París estábamos hambrientos. Nos pusimos a buscar un lugar donde cenar y no fue difícil. Nos sentamos en una terraza cerca de la torre Eiffel y allí se nos pasó el tiempo volando. Regresamos al hotel andando, totalmente derrotados y mi mujer cayó rendida en la cama, incluso con dolor de cabeza. Nada más que contar de aquella noche. No era lo que hubiera soñado, pero teníamos el fin de semana por delante.

 Dormimos hasta la hora del desayuno y nos levantamos para ducharnos y salir a la calle. Me duché yo primero y cuando salí de la ducha vi a mi mujer, con bragas y camiseta, tan casera, tan apetecible, que le pedí que follásemos antes de salir. Mi mujer es de ideas fijas respecto al sexo. Y ella tenía por prioridad dar una primera visita turística por Paris. Pero insistí.

  Y tanto insistí, que me ofreció hacerme una paja o mamada antes de salir, con la promesa de follar por la noche con mucha más tranquilidad.


Pero pensé: a falta de pan... y le dije que sí. Me quité el albornoz y me tiré boca arriba en la cama y le pedí que me lo hiciera como bien ella sabe. Mi mujer es una excelente mamadora. La mejor del mundo. Sabe hacerla mirándote a los ojos y volverte loco.

 Pero yo quería algo más que una simple mamada. Me encanta la exhibición y le dije que aceptaba no follar a cambio de esa mamada, siempre y cuando la ventana estuviera abierta, con la emoción de que cualquier mirón nos pudiera ver. Total, allí no nos conocía nadie.

 Me dijo que no de forma rotunda. Todo eran excusas. Que podía vernos alguien con quien podíamos cruzarnos en pasillos, ascensor o restaurante. Que nos podían grabar. Que estaban muy cerca las otras ventanas. Y tenía razón. Nuestra habitación tenía un balcón con dos puertas enormes que, abiertas al máximo, dejaban ver nuestra cama desde muchas habitaciones del mismo hotel, ya que no era exterior, sino que daba a un patio interior muy amplio.

  Insistir siempre da premio y este fue un claro ejemplo de ello. Insistí hasta la saciedad, hasta ponerme pesado, recurriendo mil veces al por favor, hasta que aceptó hacerlo con las puertas del balcón abiertas de par en par, con la condición de que ella se quedaría en braguitas y en camiseta, no desnuda como yo pedí. Accedí a ese término en la negociación, porque sabía que el tiempo pasaba y si me ponía más pesado me quedaría sin nada.

 Así que tumbado boca arriba cerré los ojos, una vez abierto el balcón de par en par, consciente que podía ser observado por cualquiera que en ese momento se asomase a su ventana. Mi mujer se puso de rodillas a mi derecha, de espaldas al balcón, y se dispuso a hacer lo que tan espléndidamente hace siempre que ella quiere.

 Empecé a notar sus deditos en mi capullo. Un verdadero placer. Me la agarró por el tronco y comencé a sentir un verdadero escalofrío de placer por todo el cuerpo, añadido a que era consciente que aquella estampa podía estar siendo observada por cualquier curioso. Pero no me era suficiente y le rogué a mi mujer que se quitara la camiseta. Esta vez, con la calentura del momento, sí aceptó. A ella le gusta mucho mi polla cuando está completamente dura, y en aquel momento se daba el caso.

 Le pedí que fuera más despacio, porque yo quería que aquello durase más de lo que inevitablemente iba a durar si seguía con ese ritmo. Bajó su mano y se puso a jugar con mis huevos, delicadamente, para después hacer alguna incursión a mi zona anal. Mientras me acariciaba los huevos y el ano, mi mano jugaba con los bordes de sus braguitas, metiéndose mis dedos a veces hacía su interior, notando los relieves de su vulva, el vello de sus labios mayores, la humedad de sus labios menores y el sudor que, fruto de la calentura, había en la raja de su culo.

 No se había duchado todavía y su olor íntimo tenía una antigüedad de más de veinticuatro horas. Por ello le tocaba aquellos rincones y me llevaba los dedos a la nariz para después chuparlos, lo que me calentó mucho más. De forma casi instintiva, agarré el borde superior de sus bragas y tiré hacía abajo. En lugar de impedirme que se las quitara, adoptó una postura que me facilitó la maniobra, y fue ella misma quien se las bajó del todo y las tiró al suelo.

 Ya la tenía totalmente desnuda y a la vista de todo el que tuviera la suerte de asomarse de cualquier balcón o ventana de enfrente. Desnuda y de espaldas. Arrodillada a mi lado y con las piernas un tanto abiertas. El acceso de mis manos a su coño y su culo ahora era absoluto. Y ello podía verlo el mirón de turno. No quise conformarme con simples toques y caricias. Le metí dos dedos en su vagina, busqué y masturbé su clítoris. Ella, al calentarse cada vez más, me masturbaba con más fuerza, con más vigor, hasta que me dí cuenta que mi orgasmo era inminente.

 Me salió del alma. Le pedí que se agachara para poderme correr en su boca. 

 Lo hizo sin rechistar. Puso su culo en pompa conscientemente dirigido al balcón. Toda la humanidad allí presente pudo disfrutar en aquel momento de sus nalgas abiertas y de su coño ofrecido con todo su esplendor, mientras mi semen se iba a derramar en su boca.

 Y en aquel momento, ocurrió algo como consecuencia de un error no previsto. No habíamos colocado en la puerta el cartel de "NO MOLESTAR"” y ya estaba bien entrada la mañana. No le dimos importancia a los ruidos que con sus carritos de estaba haciendo el personal de limpieza del hotel.

 Una llave se introdujo en la cerradura de nuestra habitación y abrió la puerta. Todo era ya inevitable. Ni siendo los más rápidos del mundo podríamos haber evitado la incursión de aquel chico. Se quedó estupefacto, más él que nosotros. Pero todo siguió su inmutable curso. Mi mujer estaba aferrada a mi polla y sabía y quería que en breves momentos aquello iba a estallar. Y yo estaba obnubilado, con la razón perdida en otro mundo. Sin hablar, sin ponernos de acuerdo, cada uno siguió en su papel.

 Y el chico, como no podía ser de otra forma, traspaso el umbral de la puerta y, con mas miedo que vergüenza, ya que vergüenza no tenía ninguna, se puso a mirarnos sin mostrar el más mínimo rubor, mientras cerraba la puerta lentamente,  cosa que le permitimos sin impedimento alguno.
 

 Era un chico joven, guapo y atlético. En aquel momento, ni a mi mujer ni a mí nos molestaba su presencia, más bien todo lo contrario, nos excitaba sobremanera. Se fue acercando muy lentamente hasta situarse detrás del culo de mi mujer. Lo observaba fijamente con cara de vicio y deseo. Cerró las cortinas,  me miró y le dirigí una sonrisa de aprobación. No sabía como reaccionaria mi mujer pero yo estaba al máximo en aquellos momentos de máxima calentura.

 Su mano se dirigió tímida y temblorosamente hacía sus nalgas y las acarició con mimo, disfrutando de su suavidad, de su calor, de la finura de su piel. Mi mujer dejó de chuparme la polla sorprendida y me miró a la cara con sonrisa viciosa, también en signo de aprobación, con lo que me dió a entender que estaba preparada para todo lo que pudiera venir. Volví a mirar al chico y le hice un gesto afirmativo con mi cabeza.

 Seguro de sí mismo, dirigió su mano hacia la bragueta de su pantalón y se desabrochó el botón superior y bajó la cremallera. El chico debía tener experiencia y siempre iba preparado porque sacó de su bolsillo un preservativo. Lo abrió y se lo puso en un instante. Su polla en aquel momento me pareció enorme, debido a su total erección. No se anduvo con rodeos. La dirigió a la vagina de mi mujer.  Ella notó su presencia en su entrada, y me hizo una mirada de las que no olvidaré nunca. Me besó apasionadamente la punta de mi miembro, mientras noté como un empujón se la clavava hasta el fondo. Mi mujer me la chupó hasta el fondo,  mientras me miraba a los ojos con cara de morbosidad y placer.

 La estampa era estupenda. Mi mujer a cuatro patas, con mi polla ensartada en su boca y  su coño con una polla dura. Yo ya no pude más. La situación me superó. 


 La corrida fué inevitable. El semen se me escapaba sin quererlo. Se escapaba de forma casi explosiva. 

 Ella me miraba con ojos de lujuria y leche rebosando de sus labios mientras gemía por las embestidas que le estaba proporcionando el joven. El chico estuvo unos minutos dándole con muchas ganas, mientras mi mujer se corría. 

 No pasaron muchos minutos que el chico gritó como loco y noté como se estaba corriendo follando el coño de mi mujer. 

 La polla de aquel chico siguió dentro de mi mujer durante un minuto más, hasta que la última gota de él terminó en el interior del preservativo dentro de su coño.

 Quise disfrutar de la maravillosa perspectiva al ver a mi mujer follada por un extraño, de cómo aquella polla, tras derramarse en su interior, seguía entrando y saliendo de su vagina, hasta depositar la última gota de sus testículos. El espectáculo era incomparable.

 Nada más terminar, consciente de lo que acababa de hacer, mi mujer se dirigió al baño para expulsar lo que con tanta pasión había capturado en su boca. El chico sencillamente se recompuso y se fue como había venido: de forma sigilosa, sin hacer ruido, como si no hubiera estado, como si todo hubiera sido fruto de nuestra imaginación. Yo, sin vergüenza ni remordimiento alguno y sin mirar al exterior, me dirigí al baño para ducharme de nuevo con mi mujer.


Al regresar había una tarjeta encima de la cama con un teléfono y un nombre.  Quizás el fin de semana nos traería alguna sorpresa más. 

Nos abrazamos, besamos y nos pusimos dispuestos a ir a conocer la ciudad del amor. Paris.

El regreso de ella

Llegamos al hotel donde habitualmente tenemos nuestros encuentros.

Tal como llegamos me ordenó que me pusiera en la cama sólo con calzoncillos. Ella entró en el baño para prepararse para la ocasión.
Pasó un buen rato. Perdí la noción del tiempo. Yo puse la televisión, y me quedé medio dormido.

Me despertó ella cerrando la puerta de entrada y diciendo:

- Hola amor. Ya estoy en casa.
- ¿Cómo ha ido la cena? le pregunté mientras abría los ojos y pude contemplarla estupenda.

Iba muy sexy con un vestido negro muy ajustado y un escote muy generoso. Estaba espléndida. Calzaba unos buenos zapatos de tacón. Vestía unos pendientes y un collar negros con un as de picas.

- ¿Quieres saber como ha ido la cena? preguntó con cara de morbosidad.
- Si. Quiero todos los detalles.
- Pues me lo he comido todo. ¿Sabes aquel compañero de trabajo que te menciono a menudo?, pues me ha invitado a una copa después de la cena de empresa y he ido porque el resto de gente no quería continuar la fiesta. Hemos ido a un bar de copas, y hemos hablado mucho y bailado.

- Muy bien, Se habrá puesto las botas con este modelito que llevas.
- Sí, más que las botas, cariño. ¿Quieres saberlo todo? - Ya veo que si. Tu erección encima de los calzoncillos te delata. Hizo un silencio mientras miraba con satisfacción mi bulto.
- ¿Realmente te excita que haya salido con otro hombre a solas?
- Me da un poco de celos pero me excita.  Me excita que sepas disfrutar a cada momento de la libertad que quieras y con quien te guste. Ya lo sabes.
- Me ha regalado este juego de pendientes y collar. ¿Te gusta?
- Sí. Es muy bonito y sexy.
- A mi tambien. Me lo pondré cuando tenga ganas de guerra.

En ese momento se puso encima de la cama de pié, y se aproximó y se puso justo encima mío para que pudiera contemplar que no llevaba bragas.

- Veo que vas muy accesible. Le dije con una sonrisa pícara. Creo que no has salido asi de casa.

Se agachó lentamente y me enseño su sexo muy de cerca.  Su coño brillaba y rebosaba humedad.

- ¿Quieres chuparlo?. Me preguntó con voz entre sensual y autoritaria.
- Claro que si. Será un placer. Sabes que tu coño es mi manjar.

Se agachó del todo y me puso su coño mojado en la boca. Mi excitación superaba los prejuicios de pensar lo que realmente estaba haciendo. Estaba chupando su coño recién corrido. No lo había dicho pero los dos sabiamos lo que había pasado. Ella me miraba mientras me cogía la cabeza y me lo daba con todo su amor.
- Toma, cariño. Cómetelo todo. Yo ya me he corrido varias veces hoy.

Estaba como loco saboreando su sexo depilado mientras en mi mente venían imagenes de ella disfrutando con su compañero.

Pasamos asi un buen rato, dentro del cual ella se corrió en mi boca. Me encanta hacer que se corra.

- ¿Te gustaría ver como me folla otra polla?
- Sabes que si. ¿Te ha gustado su polla?
- Mucho. Era grande y dura.
- Mmmmmm. ¿le llamabas por su nombre mientras te follaba?
- Claro que si.
- ¿Qué le decías?
- Mmmmmm, fóllame, Jose Antonio,  métemela toda !!!

-¿Quieres ver ahora como me folla otra verga?. Sabes que de momento no lo vas a ver en vivo porque me da corte pero te he traido un regalo.

Sus palabras me dejaron excitado y helado.
Sacó de su bolso un pene negro con una correa, de esos que se usan en dominación, y que cuando está puesto no puedes hablar.

- ¿Quieres que te lo ponga?
- Si, mi amor.

Me levantó la cabeza y me introdujo la parte menos grande en mi boca. Pero era lo suficiente grande para que no pudiera hablar. Me ató la correa por detrás de la cabeza con suma delicadeza.
Puso crema lubricante imitación de semen a lo largo del pene.

- Ahora verás como me folla esta polla, y lo verás muy de cerca.

Se puso de espaldas como si quisieramos hacer un 69 y con una habilidad innata se introdujo el pene muy lentamente en su coño.

- ¿Lo ves bien? ¿Ves como me folla Jose Antonio?
- mmmmmm era lo único que podía decir. El hecho de no poder hablar le daba un sentido de superioridad y a mi un punto de sumisión que era muy excitante.

Se fué moviendo cada vez más deprisa y más rápido. Mi cabeza se movía al ritmo de ella, y mis ojos estaban super abiertos viendo esa escena de sexo tan cerca de mis ojos.

Ella, mientras,  había bajado mis calzoncillos y cogido mi pene y me estaba haciendo una maravillosa mamada. La excitación era total. La verdad es que no pude aguantar mucho rato así, y en menos de lo que hubiera querido me derramé en su boca, mientras seguía viendo como mi boca-polla seguía follándola.

Una vez corrida se incorporó y se dió la vuelta. Lo que hizo a continuación no lo olvidaré jamás. Con mi corrida en su boca inició una mamada lenta en mi boca-polla. Yo estaba con los ojos desorbitados viendo como hacía una mamada delante de mis ojos. Poco a poco dejaba salir la leche de mi corrida por la comisura de sus labios y el flujo blanco y caliente bajaba a lo largo de la polla negra.

Mis sensaciones estaban al borde del colapso, ya que no podía hablar, y ella estaba haciendo una corrida en la polla negra delante de mis ojos.

Luego me preguntó:
- ¿Te gustaría ver mi coño lleno de leche?
- Mmmmmm. Sólo pude mencionar.

Se volvió a dar la vuelta, y se folló otra vez a la polla negra, pero esta vez podía ver la corrida entrando y saliendo de su coño resbalando por la polla. Una escena que cuando piense en ella  el resto de mi vida, me creará una erección irremediable.

Estuvo cabalgando unos minutos más fuera de si, hasta que se dió cuenta que mi miembro volvía a estar en erección por los estimulos visuales que estaba recibiendo. Así que me desabrochó  el aparato de la boca, y esta vez, se puso a cuatro patas indicándome el camino.

La cabalgué un buen rato como un loco.  Se corrió mientras la follaba, y eso provocó que yo me corriera por segunda vez, pero esta vez dentro de ella.

Reposamos unos minutos.  Nos abrazamos.

- ¿Te ha gustado, mi amor?
- Sí, me ha encantado. Te amo. Disfruta la vida. Siempre estaré ahí para compartirla contigo.







Una luna, una orilla, unos ojos.

    Llamamos al camarero, pagamos la cuenta y nos dispusimos a marcharnos,  bajamos los  cuatro escalones que  conducían al paseo maritimo y con ella en  medio de los dos caminamos despacito.

 Paseamos durante  unos  minutos. Vimos  las clasicas pasarelas  de  madera que invitan a entrar en la playa sin pisar la arena.
Ella  dijo:
- Entramos a ver  como la  luna  se refleja en  el agua?.
- Buena  idea, hace una noche fantástica,  dijo Iván.
 Caminamos  por  la  orilla  de la playa y en efecto una  maravillosa luna se reflejaba en el agua  e iluminaba toda la orilla. El mar estaba muy calmado y podiamos  vernos perfectamente  las caras. Mi mujer  lucia radiante con unas mejillas rosadas, efecto causado por  el  buen  vino que habiamos  bebido.

Rodeé su cintura con un brazo e inesperadamente Iván pasó el suyo por encima de sus hombros, de esa  manera seguimos  caminando cuando  de pronto  sono el movil  de Iván, era  una llamada de algún amigo suyo. Instintivamente  al oir  la melodia  del movil  de Iván, eche mano  a mi  bolsillo del pantalon buscando el  mio y  observe que no estaba.
- Joder, ya  me  he dejado el  movil en  el restaurante.... exclamé.
- Qué cabeza.. me recriminó mi mujer.
- Voy un  momento  a por  él. No tardo.

Como  unos  200 metros  mas  adelante  se veia una  zona con barcas y patines  de alquiler, señalandola  les dije....
- Id  hacia  allí vuelvo enseguida......

Mi mujer e Iván sin  soltarse  del hombro siguieron  hacia donde les indique y yo me apresuré  a volver al restaurante. Tardé poco, y cuando llegué el camarero que  nos había atendido ya tenía el  movil en la mano. Le dí las gracias y emprendí el  camino  de  nuevo hacia la playa y la zona de las  barcas, esta  vez  fuí por  el paseo  evitando la arena.

Cuando estuve a su altura entré por la  arena  hasta allí. Conforme  me acercaba escuchaba una musiquilla que provenía  de esa  misma  zona. Avancé escuchándola y vi que  era una pandilla  de chicos y chicas adolescentes con  dos guitarras y una especie  de timbales, estaban  de lo mas entretenidos y no sonaban nada mal sus canciones, estaban sentados mirando hacia el paseo marítimo, unos tocando y cantando y otros  bailando  en la  arena.

No les vi, así que pensé debían estar en la otra parte  de las barcas mirando  el reflejo  de la luna en el agua, salude a los chicos  con un  ...buenas  noches.... pasé entre  ellos y di la vuelta  a las  barcas, al otro lado  de ellas habia unos  patines  de esos  de pedales y mas hacia  la playa, una especie  de  caseta donde pienso  guardarian  herramientas o utensilios los que se dedicaban al alquiler de los patines, y al lado una  vieja  barca  de pescadores que estaba  alli  como  algo pintoresco, me dirigí hasta  la caseta y al dar  la vuelta  me asomé y vi a mi mujer apoyada en la barca sobre sus antebrazos, su espalda arqueada daba a donde yo estaba.  Iván estaba a su lado con la misma postura, parecía que los dos contemplaban el reflejo  de esa luna en el agua y el venir de las  suaves olas. Me quedé quieto y no salí  de la esquina  de la  caseta, estaba a pocos metros y con la claridad  de la luna podia  verlos perfectamente desde mi esporadico escondrijo, les oía como un susurro pero no podia  apreciar que decían, alli  en mi observatorio veia  a los  dos perfectamente pero  no podia  oirles  bien.

Iván rodeaba  a mi mujer por los  hombros y de cuando en cuando se miraban  hablando, en uno  de esos  momentos  vi  como Iván se avanzó  y se fundieron en un largo beso....
Al principio mi mujer pareció que quiso resistirse, pero no tardó ni cinco segundos en aceptar el beso. Se abrazaban y se besaban,  yo les  veia perfectamente y decidí no mostrarme por  ver aquella escena  que se me antojaba  muy bella y morbosa.

Despues  de  muchos  besos  y muchas caricias, Iván bajo  su mano derecha y puso su mano por dentro de la falda. Sus  bragas  blancas  cubriendo  aquel  culo tan  hermoso relucían  con la  luz de la playa, tenía el lugar más privilegiado para  ver  la tersura  de las nalgas  de ella y el volumen  de  su culo, aquella vista  y el que no pudieran verme, hizo subir mi temperatura sexual y con ello mi cosa empujaba  dentro de mi pantalón.

Iván   despues  de meter la mano dentro de la falda de ella, seguía  besándola en su boca y su mano impetuosa buscaba  separar la poca tela  que le  separaba de aquella raja del placer. Todas las maniobras para apartar aquella tela y  entrar un dedo en su ya  humeda vagina, todo lo hacia  sin dejar  de besar a mi mujer y mirando los dos  hacia el mar como si  de una pelicula se tratara.  Iván insistia  con  sus  dedos  de  una sola  mano en meterlos por aquella hendidura pero al parecer le costaba  lo suyo.

Ella finalmente le ayudó  con  su manos  apartando ese pliegue  de tela  de sus  bragas y facilitandole la  entrada   de los  dedos  de él, la mano de Iván se movia arriba y abajo y ella correspondía con vaivenes  de  sus caderas para poder  restregar mas  su raja con los dedos  de aquel experimentado hombre. Se escuchaba la respiración de ella intensa.

Solo un par  de minutos  con ese  juego y podía  oir sus pequeños  gemidos disfrutando con   aquellos  dedos  dentro  de   ella y  que sin duda  le daban mucho placer y morbo.

Ella se giró en redondo hacia Iván, lo cogió por  el cuello y le besó fuertemente, no conté  el tiempo que  duró aquel beso pero pensé que podrian ahogarse si no respiraban, apartó los  labios  de él y  sin dejar de abrazarlo con una mano buscó la bragueta  de él para sacar de su reclutamiento aquel miembro que se preciaba grande y duro.

Ella cogió aquel miembro y comenzó un vaivén arriba y abajo con su mano derecha, con la izquierda detras  del cuello del chico lo atraía  hacia ella y lo besaba apasionadamente, imaginé que  su lengua debia estar por  lo menos  en la garganta  del macho excitado, seguia moviendo su mano e Iván doblaba sus piernas por el gusto que  aquella  masturbacion le estaba  causando, Iván subia y bajaba flexionando sus piernas  al ritmo  que ella le daba con la  mano a su pene y ni por un  momento  apartaban  sus bocas.

Ella subió el tono  de  sus  gemidos, yo la oía perfectamente. Se notaba que la situación la excitaba  y  mi mano saco  mi miembro  del apretón  de mis pantalones y  me masturbaba con  vehemencia  mientras los veía y escuchaba a ella.

No tardó  nada despues  de un gemido  muy  fuerte se separó al chico, se quitó las bragas y  donde antes apoyaba  los antebrazos, se sentó, se sentó encima  de la barca y abrió sus piernas ofreciendole a Iván toda  su intimidad.

Iván  al verla  alli sentada  casi a la altura  de  su pecho  se agachó un poco, cogió los muslos  de ella los separo bien y metió toda su cabeza entre las piernas  de ella que  a mi parecer estaba ansiosa por  ser penetrada por aquel miembro.

La escena amigos mios  era impresionante yo alli  medio escondido con  mi pene erecto y dentro de  mi mano, moviéndolo lentamente para prolongar  aquel placer de la visión que mi mujer y ese hombre me daban, ella sentada en la barca con su falda arremangada  hasta la cintura con las piernas terriblemente abiertas, él con una  mano en cada muslo sosteniendo el peso  de sus nalgas y con la cabeza hundida comiendo aquel manjar exquisito que  debia  rezumar por las ingles  de ella, pasando  su lengua por aquel clítoris que de seguro estaba hinchado por el gusto que  aquella boca le estaba dando, y todo ello lo podia ver y oir.

En un momento dado, por los gritos de ella, supe que se estaba corriendo. En ese momentó levantó la cabeza y con los ojos medio en blanco, me vió. Me miró con aquella cara de placer que tiene cuando se corre, pero al mismo tiempo, como sabíendo que aquello también me excitaba un montón, cogió la cabeza de Iván y la estrechó con más fuerza a su coño rebosante de placer y humedad.
La escena era perturbadora y morbosa. Ella se había corrido con la boca de Iván en su sexo mientras me seguía mirando a los ojos.

Cuando no había tenido suficiente, y viendo mi aprobación,  cogió  la cabeza  del hombre con sus  manos y la apartó, y le enseño su sexo abierto. No hacía falta ser muy listo para entender lo que quería.  Iván  cogió su miembro  con las manos y lo llevo a  esa gruta  de la felicidad que  tanto nos gusta  a los  hombres, y sin ningun problema para  meterla hasta lo mas profundo, la raja  de ella  debia  de estar llena  de  sus jugos  de ella y los  de la lengua de Iván. Metió  su pene  hasta los testiculos y bombeó  de una manera alarmante, golpeaba con mucha  fuerza sus  genitales   sobre su coño, embestía  como un toro fuerte y rápido.  El hombre  estaba fuera  de si. Yo le veía desde atrás.

Ella se tumbó sobre  su espalda en la arena y  en esa postura (adivino) que el chico entró mucho más en ella, por un momento  miré detrás de mi por  si alguien venia pues los gritos  de ella eran ya alaridos, estaba seguramente  orgasmando y sus jugos sobre el pene de él, la llevaban al limite. De vez en cuando ella me miraba mientras le decía cosas a él. Iván no se había dado cuenta que yo era espectador de lujo de su follada con mi mujer.

Un minuto más e Iván empezó a gritar y pude  oir perfectamente...me corro, me  corro y ella le dijo,  siiiiiii ssiiiiii, lléname por  favor.

Esa visión  de la escena allí escondido me puso con una  taquicardia.
Ella se incorporó y abrazó a Iván,  y no podia saber quien estaba  dentro de quien, ella se apretaba a él acariciandole su cabeza y él le besaba el cuello con  verdadera ternura.

Permanecieron así por bastante  tiempo uno dentro del otro mientras los jugos  debían  de correrles a los dos por las piernas, pero no salían de  su estrecho abrazo y  de su  honda penetracion..... al cabo de un rato Iván  se separó y pude  ver  su miembro bastante distendido.

Mi mujer dió un salto  sobre la  arena y se puso las bragas.

Me alejé discretamente por el otro lado, y dejé pasar unos  minutos. Volví  por el otro lado de la  caseta y guié mis pasos  hacia los patines  donde cantaban los chicos, los  saludé  de nuevo y rodeándolos  me fuí por ese lado  hasta la orilla de la playa y me fui acercando  a la pareja que  ahora estaban  sentados mirando al mar.

- Has tardado  mucho...dijo ella.
- Si.. el camarero recogió el movil  de la mesa y se ausentó del restaurante y he tenido que esperar a que  volviera... tuve  que improvisar la respuesta.

- Bueno dijo ella, ya estas aqui, ¿donde vamos?
- Pues  si quereis vamos a  pasear un poco más.
- Por mi vale ...  respondió Iván
- Por  mi tambien  dijo ella.

Saltaron los  dos a la arena y  nos  fuimos los  tres bordeando  el agua  de la playa.

Caminamos  un buen rato y llegamos a un punto donde la playa perdía su arena y se convertia en una alfombra  de piedras hasta el espigón, cubrimos  los  100 metros que  nos separaban  del espigón como pudimos. Llegamos  y  nos  sentamos   alli en  los  grandes bloques,  Ella decía que  estaba un poco  cansada, nos  sentamos mi mujer y yo. Iván se acercó hasta el agua  que estaba quieta, parecia  mas un lago que el mar, cogió un puñado de piedras de  esas planas y las lanzaba al agua para  hacerlas  saltar una y otra  vez. Parecía que estaba pensando sobre lo ocurrido.

Rodeé con mi brazo a mi mujer por  detras  de su cuello y ella inclinó  su cabeza sobre  mi hombro, quedó un momento en silencio y dijo:
- Te quiero.
- Yo también te quiero y mucho.

La apreté sobre mi  y le di un beso en la boca, al mismo tiempo ella  cogió  mi mano y la llevó por debajo de su falda, apretó su mano sobre la mia hasta que la mia estaba  tocando su húmedo coño.

 - Sí, por eso te digo  que te quiero, por todo cuanto haces  por  mi. ¿Te gusta como está mi coño? me susurró al oido.
- Me encanta. ¿Sabes lo que me gustaría hacer ahora?
- Sí, vicioso. Luego en casa. Que habrá que bajar ese hinchazón de tus pantalones.
- Iván !!! Gritó mi mujer. Ven.

 Iván se acercó. Ella se levantó y le dió un beso en la boca. - Gracias. Me lo he pasado muy bien. Pero debemos irnos a casa.

Iván se quedó atónito pero sonrió al ver que yo le guiñaba  un ojo mientras besaba a mi esposa para despedirse.

- Gracias, pareja. Sois increibles. Disfrutad. Me quedaré un poco viendo el mar.

Nos fuimos paseando mi mujer y yo lentamente abrazados.

La noche avanzó y la humedad volvió, pero esta vez era en nuestra cama, y eramos mi mujer y yo. Aunque había la presencia de un tercero, aunque sólo fuera en estado líquido.