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Se dice rápido.
900.000 visitas. No deja de sorprenderme.
Es uno de los motivos que motivan a continuar y hacerlo mejor.
Voy a tratar de variar un poco el estilo para ser más erótico, y no tan directo. Un estilo que quiero dar a mi próxima novela basada en varios de los relatos escritos.

Espero os guste.

Un viaje de sueños

Se merecía  estas mini vacaciones. Entre el trabajo, su empresa y ahora sus nuevos estudios tenía menos tiempo para ella. Esta vez habían  decidido viajar  a un lugar cálido. Relax. Calor. Sin muchas cosas que ver. Buscando habían encontrado un resort privado que les llamó la atención. Eran unas villas con todo lujo de detalles, pero lo que realmente llamaba la atención era la piscina privada con jacuzzi, una cama balinesa exterior, y todo esto en la total intimidad para que nadie pudiera tener acceso visual. Un lujo que debían permitirse una vez después de años duros de trabajo sin ningún premio.

Estaban emocionados porque iban a celebrar sus 23 años de convivencia juntos, y eso no era muy normal hoy en día. Se entendían demasiado bien y a menudo sólo con una mirada sabían transmitirse los mensajes. 

Su vuelo estaba a punto de partir hacia Lanzarote. 

El despegue se iba a producir y tal como era su costumbre, se entrelazaron la mano como amuleto para desearse buena suerte. El avión ascendió con normalidad mientras veían dejar atrás a su hogar, sus costumbres, sus limites, sus problemas rutinarios. Los dos tenían muchas ganas de vivir ese viaje con pasión. Ultimamente no disponían de mucho tiempo intimo. 


Mientras en la televisión se visualizaba un documental, el sueño se hizo vivo y tras el madrugón que habían tenido que sufrir, fue imposible evitar cerrar los ojos.

La bolsa que llevaba encima de sus rodillas cayó al suelo del avión de golpe. Eso les despertó a los dos. Se miraron. Él la notaba acalorada. Le preguntó:

- ¿en qué soñabas?
- Glups. En ti.
- Jajaja. Te ofrezco un masaje cuando lleguemos a cambio de tu sueño.

Una sonrisa pícara apareció en su cara.

- De acuerdo. ¿estas preparado?

Ella se le acercó a la oreja, para no querer ser escuchada por los vecinos pasajeros.

- Me da un poco de verguenza.
- Cuenta:

Estábamos en el apartamento. He entrado con las maletas y alli estabas tú. Casi Desnudo con unos shorts de rejilla. Sin vacilar te he preguntado:

- ¿Eres el chico que he encargado a mi servicio?
- Sí, señora. Has respondido.
- MMm. Bien.

He visto que tenías una erección, asi que me he acercado a ti y delante tuyo agarrándote el miembro duro y erecto, te he preguntado mirándote a los ojos:

- ¿te alegras de verme?
- Sí, señora.
- Ya lo veo. ¿deseas dar placer a tu señora? ¿me deseas?
- Si señora. Soy todo suyo.

Eso me ha dejado unos segundos para pensar en la situación. Muy morbosa. Siempre me ha excitado la idea de tener a los hombres a mi servicio. y ahora era real. O eso pensaba yo, jeje.
Así que he aprovechado la situación y he dicho que me quería bañar.

- Desnúdame !!! Me voy a bañar a la piscina.

Te has esmerado en  sacarme la ropa con mucho cuidado y mimo.
- ¿Tienes la piscina a mi temperatura? Voy a probarla.

He metido un pie, y a pesar de que  estaba perfecta para entrar sin pensártelo dos veces, he aprovechado la ocasión para amenazarte:

- Está un poco más fría de lo que yo deseo. Te tendré que castigar luego. Así que ahora vístete con mis bragas como castigo y ve a comprar algo para comer. Me apetece una barbacoa. Ah. Y cava.

Me he quedado unos minutos sola relajándome en el agua. Durante unos minutos me he sentido en la gloria, allí con el agua caliente, pensando en como castigar a mi chico a mi servicio.
Así que cuando has llegado, yo  estaba en la tumbona, y ya tenía un plan de castigo.

- Ven aquí !. Me he puesto estirada totalmente desnuda en la tumbona. Desnúdate delante mío y quédate de pie.

Te has quedado allí inmóvil de pie después de sacarte la ropa. Me ha excitado ver que llevabas mis bragas, y que estas estaban un poco mojadas.

- ¿te gusta llevar las bragas de tu señora?
- Si, mi señora.
- Bien. Cuando te has ido ha venido el técnico de la piscina. Me ha arreglado la temperatura tal como yo quería, cosa que era tu trabajo, y no has hecho. No sabía como darle las gracias y viendo que se alegraba de ver mi cuerpo, le he hecho un favor. Me ha follado como loco y al final se ha corrido en mi coño. Ahora lo tengo sucio y mojado, y necesito que lo limpies, con tu lengua. ¿Te parece?

- Pero señora, eso es ...

- Eso es lo que te mando. No protestes. O tendré que azotarte con mi látigo. No sé de donde pero me ha aparecido un látigo en la mano. Jejeje.

He abierto las piernas y allí estaba, mi sexo totalmente mojado y relleno de lecha blanca y brillante.
Te he mirado a los ojos y abriendo mi sexo, te he ordenado:
- Come y déjalo limpio!

Te has resistido un poco al principio, pero enseguida has tomado conciencia de tu estado. Te has arrodillado delante y has empezado a chupar como un drogadicto que toma su dosis. He visto que tu miembro se ponía muy grande y duro, así que te he ordenado que te tocaras mientras me limpiabas.

- Que no quede nada del otro hombre. Tu ama se merece estar bien limpia, ¿no?
- Si. mi ama.

Cuando llevabas un rato haciendo tu trabajo, he sentido que necesitaba sentir tu verga dentro mío así que te he ordenado que me follaras bien duro. Me has follado bien como a mi me gusta, pero no has podido aguantar y te has corrido rápido.

- Vaya, con lo limpio que había quedado, lo has vuelto a ensuciar. Mmm. Vas a tener que repetir tu trabajo. Así que te he ordenado que te tumbaras boca arriba y me he sentado en tu boca a la vez que te ordenaba:
- Venga, límpiame otra vez. Mira como sale. Chupabas como un poseso nuevamente. A mi me encantaba que estuvieras chupando mi sexo relleno nuevamente.

- Veo que te estás volviendo adicto a mi sexo relleno de leche, y además veo que te gusta de verdad, porque estás teniendo una erección de nuevo. Tendré que aprovechar esa virtud tuya y traerte el sexo relleno más a menudo.

- Cuando acabes prepárame un masaje. Me apetece. Ah. Por cierto. Me ha aparecido un rotulador de tattoos temporales y he tenido una idea. Tu sexo es mío y quiero que lo sepas.

Así que te he tatuado con el rotulador encima de tu verga. "Propiedad de Cristina".

- Así no tendrás ganas de tener sexo por ahí. jeje.



El avión hizo un movimiento brusco... el cual les despertó de golpe. Ella le estaba mirando sonriendo...

- ¿que soñabas?
- ¿porqué lo preguntas?
- Porque noto algo hinchado en tus pantalones, respondió con una sonrisa pícara .
- Buff, muy fuerte.
- ah, si? Tendremos que remediarlo al llegar. ¿Me quieres explicar que ha sido?
- Bueno, pero recuerda que ha sido un sueño. Yo no controlaba nada.
- jajaja. ¿pero te ha gustado?
- Si. me ha puesto muy caliente, y si no me despierto creo que hubiera acabado ...
- Mmmm. Explica !
- Me da un poco de corte, pero te recuerdo que era un sueño.

Hemos llegado alli, he ido al lavabo, porque tenía ganas después del viaje, y al salir del lavabo, ahí estabas tu. Arrodillada en medio del salón, con la cabeza baja. Me ha sorprendido, y te he preguntado:

- ¿Te pasa algo?
Sin tiempo a reacción, me has respondido:
- Mi amo, estoy aquí para complacerle y obedecerle en todo lo que desee todos estos días.

La escena me ha puesto burro ya de entrada, y sólo he optado por preguntar:

-¿Todo?

-Si, todo. Mi amo. Su deseo le ha sido concedido, y yo he sido la afortunada. Seré suya para lo que desee. Sin negarme a nada.

Después de un momento de reflexión, quise probar si estaba soñando o era real su ofrecimiento.

- Desnúdate. De momento irás desnuda. Sólo déjate zapatos de tacón y unas medias si las tienes. Y prepárame una bebida. Te espero en el jardín.

No me lo podía creer. Obediente, se adentró en la habitación, mientras yo salí al jardín. Allí me tumbé aprovechando el sol.

Pasaron unos pocos minutos, y allí apareció sensual con un movimiento lento.  Casi desnuda con sus zapatos y una bebida que me ofreció.

- Mmmm. Gracias.
- ¿Desea alguna cosa más mi amo?
- Pues mira, aprovechando mi suerte, me gustaría que me hicieras un trabajo oral. Algo para ponerme a tono mientras me tomo mi refresco y te veo.

Ella no lo dudó ni un momento. Se arrodilló delante, y empezó su trabajo muy lentamente y dulcemente. Realmente se preocupaba de dar placer a su nuevo y afortunado amo.

Estuve un buen rato disfrutando de su trabajo. Luego mi mente empezó a brillar. Las imagenes de lo que podría disfrutar aquellos días se me acumulaban en mi mente.

Estaba a punto de explotar y quería retardarlo.

Allí estaba ella. Dispuesta a su amo.

- Escucha, esclava mía. Le dije mientras ella seguía con su trabajo oral.
- A mi me gusta que mi esclava me ponga caliente todo el día. Y me obedezca siempre con una sonrisa. Que haga todo lo que sea para complacerme. Soy un hombre muy caliente y sexual. Mi verga se carga varias veces al día. ¿Crees que realmente podrás satisfacerme en todo?

- Si, mi amo. Del todo. No dudó en responder con una sonrisa.

- Primero te voy a decorar y vestir a mi gusto. Quiero que luzcas todavía más atractiva. Quiero que todo el mundo se gire al verte pasar. Deseo que pongas muchas vergas duras con sólo verte y desearte, porque indirectamente estarás poniendo la de tu amo bien dura, al saber que me perteneces sólo a mi.

- A partir de hoy serás  decidida, descarada, caliente, sumisa, sucia y dulce. Vas a vestir sin ropa interior o con la que yo te diga. Te doy libertad para que te desahogues por ahí con machos que quieran descargar sus vergas ante tanta belleza, pero quiero que cuando llegues ante mi, se lo expliques a tu amo y me muestres los restos de tus aventuras. También si ves a un macho en mi presencia que te gusta, deberás indicármelo para darte mi aprobación.

- ¿te gusta esta libertad que te doy?  La droga de tu amo es a partir de hoy tu sexo femenino usado y tu cuerpo lleno de orgasmos masculinos. Pero eso si, te advierto. Tu culo será sólo mío. Lo disfrutaré cuando me plazca, a mi antojo, igual que el resto de tu cuerpo. Y si tienes  sexo con otro macho, cuando llegues, te haré vibrar nuevamente penetrándotelo. Ese será el precio que tendrás que pagar por la libertad sexual que te ofrezco. ¿Qué te parece?

- Sí, mi amo. Mi culo es suyo. Asumió ella en voz alta.

- Enséñame el culo que me pertenece.

Una sonrisa se me escapó de mis labios.

Ella se dio la vuelta. Se agachó y me mostró su hermoso culo.

- A cambio, serás mi esclava en nuestra intimidad, pero serás una señora sexy en la sociedad. Mujer de nivel alto. No ahorraré en gastos en ti.

- Túmbate en la cama. Te voy a dar un masaje. Quiero que tengas el cuerpo perfecto para mi.

Cogí mi equipo de música y le puse los cascos.

PLAY. Un movimiento de su cuerpo me hizo saber que la música había empezado a sonar en su cabeza. Una bonita selección de Enigma de música relajante y sensual.

Empecé con un pequeño masaje sobre su cuello. Poco a poco fui recorriendo su cuerpo, que era mío. Me deleitaba de poder acariciar a mi antojo aquel regalo de la naturaleza. Poco a poco fui masajeando lentamente todo su cuerpo.

Ví una caja encima de la cama. Mágicamente había aparecido allí. Es lo que tienen los sueños, jeje.

En él pude ver un tattoo temporal que decidí poner sobre el cuerpo de mi esclava. Este decidí que lo pondría sobre uno de sus muslos, un poco encima de sus tobillos.

Seguí mirando dentro de la caja, y descubrí un segundo tattoo mucho más grande. Este era para la espalda. Así que procedí a transferirlo sobre mi espalda sumisa. Cuando hube acabado de este segundo me retiré un poco para comprobar que la obra de mi propiedad estaba quedando preciosa.

- Cómo que eres mía, he traido esta cámara de fotos. Voy a hacerme un buen album. Posarás para mi. Así que le hice algunas fotos para tener el recuerdo.

Miré dentro de la caja y todavía habían más artilugios. Saqué uno al azar. Era una tobillera. Se la puse con mucho mimo en el tobillo derecho. Era una tobillera un poco provocativa pero eso me excitaba.

Cuando hube acabado me sentía orgulloso de mi obra. Ella se había quedado dormida profundamente.
La tapé con una sábana. Le dejé un vestido que había dentro de la caja en el pie de la cama, para que lo viera cuando despertase. Fui al jardín y me bañé en el agua climatizada para relajarme y bajarme la excitación que tenía acumulada.

Pasó un buen rato. Allí apareció ella. Con su vestido. Estaba preciosa. Un vestido corto. Ella se acercó con sus zapatos de tacón moviéndose muy sensualmente. Observé la joya en su tobillo.

Yo estaba en el borde de la piscina con mis dos brazos en el perímetro de la piscina y la cabeza apoyada.

Cuando estuvo cerca, se dio la vuelta lentamente. Pude ver mi obra de arte. El vestido le dejaba la espalda descubierta, y se podía ver el tattoo que le daba un nuevo aire encantador, hipnotizador y sexy a su cuerpo. Esa era mi obra de arte.



 - Beeep.

Sonó en el avión para indicar que debían abrocharse los cinturones porque iban a descender.
Los dos se despertaron y se sonrieron. Se cogieron de la mano y se miraron dulcemente.

- ¿Te lo has pasado bien en este viaje?
- Muy bien. Me ha gustado todo. Tenemos que repetir.
- Sí. El año que viene nos toca otra isla. En esta ya nos conocen demasiado. Jeje.
- Sí. Y lo que pasó en la isla, queda en la isla. Dijo ella mientras le guiñaba un ojo a él con cara pícara.

Se besaron.

- Te amo.
- Yo más.















No os abandono

Después de un tiempo de reflexión, sigo aquí.

Antes de todo, quiero dar las gracias a todos por los mensajes de apoyo y reconocimiento. Ha sido duro. La situación de pareja no ha cambiado ni pienso que lo haga. Lo que si ha cambiado es mi posición.

Me explico. He echado de menos dejar volar mi mente en los escritos. Quizás sólo sean en mi mente, pero viendo que a muchos de vosotros también os motivaban, voy a retomar mi actividad. Quizás cambie de personajes, para no martirizarme más. Ha sido una decisión personal. Nadie puede decidir eso por mi.

Lo que si me ha venido estos días es la idea y el hilo para una novela muy arriesgada, provocadora, excitante y quien sabe que más adjetivos. Voy a tratar de escribirla y editarla. Quizás cuando tenga el capitulo 1 os la comparta para saber si voy por buen camino o no.

En fin. Que seguiremos compartiendo grandes momentos.

Además, pronto hará 10 años de este blog, que se dice pronto. Será cuestión de celebrarlo !




Punto y final.

Amigos y amigas. Todo llega a su final. No me quería ir sin despedirme de todos vosotros. La vida me ha enseñado que da muchas vueltas, y nunca podré asegurar que sea un adios definitivo, pero las circunstancias asi lo indican de momento.

Han sido no sé cuantas entradas publicadas. Os puedo decir que un montón han quedado a medias como borradores sin acabar. Ha sido sin pausa desde el año 2007. Se dice pronto. 

 758,306 lecturas a día de hoy, que se dice rápido. 


. El motivo. 

Todos hacemos algo por algún motivo, o algo nos motiva a hacerlo. En mi caso, ella. 

Ella me ha motivado para soñarla, verla, desearla, sentirla, gozarla, amarla.

Ella me ha motivado siempre. Tal como decía el título, FANTASIAS CON ELLA, me hacía ponerle forma a cientos de aventuras, fantasias, placeres, etc. Ella , y mi admiración por ella, me motivaban a la escritura de relatos y aventuras reales en mi mente. 

Pero sólo eran eso, reales en mi mente. Quizás fuí demasiado lejos. Quizás tenía la esperanza de poder disfrutar algunos con ella en la realidad, y de esa manera, demostrarle mi amor infinito e incondicional ante ella. 

Pero lejos de ello, a ella no le motivaban. Yo creía que si. O eso pensé la mayoría del tiempo. En cambio, ella No se sentía representada. Y lo peor, lejos de sentirse admirada y amada, se sentía dolida conmigo. La última intención mía es causarle dolor, y es por eso que lo dejo. No tendría sentido seguir escribiendo en un tipo de narración y contenido que a ella no le motiva nada. Ella es mi vida, y no tiene sentido seguir alimentando un sentimiento y unas imagenes en mi interior que no serán reales. ¿Para qué? La mejor manera de olvidar estos sentimientos e ideas es no escribiendo más sobre ellos. 

Trataré de olvidar que la amé por encima de todo, y por encima de cualquiera. Seré egoista y la querré sólo para mi. Es su deseo. Trataré ser un hombre "normal" que sueña con ella, y oculta sus íntimos deseos de verla disfrutar con o sin mi. Esa es la sociedad en la que vivimos. Falsa en apariencia, pero muy correcta socialmente. 

Gracias a todos. Sé que dejaré algún vacio. Sé que mis relatos ayudaban en algunos casos a vivir lo que sentis en vuestro interior y no os atreveis a sacar a la luz ni compartir. Me sabe mal. Porque de alguna manera abandono sin haber llegado al objetivo fijado, y no acostumbro nunca a fracasar asi.

Sé que anonimamente leíais, disfrutabais, y en algunos casos compartiais las experiencias soñadas. Ahi quedarán los relatos. No pienso borrar nada. Es parte de mi vida, aunque ya sea del pasado. 

 A este mundo le falta andar mucho camino hasta conseguir que nos atrevamos a confesar nuestras fantasías más íntimas y hacerlas realidad desde el amor absoluto.  Espero haber contribuido en el camino, aunque no lo haya conseguido del todo.

Aprovecho para recomendaros estos blogs, y así intentar llenar un poco el vacío dejado:


Paginas de información interesantes:


Un fuerte abrazo.

ESE.


Una noche contratada

Estoy sentado en la barra de la discoteca tomando una cerveza cuando veo que alguien se  queda a mi lado:

 —Hola. —me dice una voz femenina al oído algo ronca pero muy sensual.

 Una mano se posa encima de mi muslo y empieza a acariciarme. Me giro sobre el taburete y veo que la mano pertenece a una mujer bastante atractiva.
 —Hola preciosa.

 Le miro el generoso escote sin poder disimular. Tiene un buen par de tetas embutidas dentro de una blusa ajustada que le marca los dos pezones con claridad. No lleva sostén.

 — ¿Estas solo? -  Ella no deja de sobarme la pierna. Tiene unos labios grandes y sensuales.

 —Es posible. ¿Por qué?

 —Porque sería una pena que un hombre tan guapo como tú estuviera solo en una noche como esta.

 Ella se tiene que acercar mucho a mí para poder hacerse oír por encima de la música. Su aliento huele a fresa y es muy cálido.

 —Bueno, a lo mejor me gusta la soledad y prefiero estar solo —me hice de rogar.

 Ella me hace morritos sin dejar de tocarme:
—Ay, qué mal suena eso, con lo bien que se está en compañía. ¿No te gusta estar con alguna mujer?
 —Depende de cómo sea..
 —Hmmm… ¿Y qué mujeres te gustan a ti?

 Su mano ya está tocándome la parte interna del muslo, acercándose cada vez más a mi bragueta.
 —Me gustan las chicas malas. ¿Tú eres mala?

 Ella me agarra el paquete, se inclina sobre mi cara, acercando su boca a la mía y me dice con voz sensual:
 —Yo soy muy, muy, muy mala.

Yo sonrío con malicia y le dejo que me sobe la polla por encima de la ropa. Llamo a la camarera y pido un par de copas mientras la mujer se pega más a mí. Le miro las piernas: largas y de muslos generosos, saliendo de unos tacones de aguja y acabando en una minifalda de escándalo. Mi polla se endurece y ella lo nota:

 —¿Cómo te llamas, cielo? —me dice con la boca tan pegada a la oreja que su aliento me humedece el oído.

 —Julián. —mentí yo— ¿Y tú?
 —Yo puedo llamarme como tú quieras.
 —¿Mónica?
 —Hola Julián, me llamo Mónica ¿Cómo estas?
 —Hola Mónica —le sigo el juego— muy bien. ¿Y tú?

 Ella me aprieta el bulto por encima de la bragueta, pega sus tetas contra mi hombro y mete su lengua en mi oreja cuando me susurra:
 —Yo estoy caliente…

Me coge una mano y la mete entre sus piernas, debajo de la minifalda.  No lleva bragas y compruebo con agradable sorpresa que no miente. Su coño rasurado está ardiendo.

Le beso en la boca, saboreando sus labios rojos y generosos, muy húmedos. Saben a fresa. Ella me aprieta más la mano contra su raja. Noto que se abre con mucha facilidad, permitiendo que mis dedos se cuelen entre los pliegues resbaladizos de su vulva. Ella me muerde el lóbulo de la oreja:

 —¿Soy lo bastante mala para tí? ¿Te gusto?

 —Quizás.

 Ella hace cara de sorpresa, frunciendo esos labios tan carnosos de una manera muy cómica y me suelta la bragueta. Yo también retiro mi mano de su interior.

 —Eres muy malo, Julián.

Sale a la pista de baile y comienza a bailar, exhibiéndose delante de mí, enseñándome su cuerpo, meneando las caderas de forma sensual y haciendo como que me ignora. Mi polla late con rabia entre mis piernas cuando ella se agacha y me ofrece una visión fugaz de su culo, con los labios del chocho asomando levemente por debajo.

Un tipo ligón se pone junto a ella y comienza a bailar siguiendo sus movimientos, desnudándola con la mirada e insinuándose. Mónica me mira y acerca su trasero contra las piernas del tío para ponerme celoso. A él se le salen los ojos. Mónica me va mirando mientras baila con él. Yo le sonrío.

Me acerco a la pareja y le cojo la mano a ella, mientras le digo a él:

 —Está conmigo.

 El tío me aparta la mano de un golpe y empieza a protestar, pero se detiene cuando ve la expresión de mi cara. Yo le repito:

 —Lo siento, pero ella está conmigo. —y para restarle hierro al asunto añado sonriendo: “La he contratado”.

 El tipo tarda unos segundos en asimilar la información. Al poco me sonríe y le guiña un ojo a Mónica, que se había puesto detrás de mí. El tío regresa a la pista de baile dando tumbos. Mónica me da las gracias con un beso muy largo. Mi polla está muy tiesa dentro de los pantalones y ella lo nota cuando pega su vientre contra ella. Pago las copas, la agarro de la cintura y le digo:

 —Vámonos.

La llevo hasta un hotel cercano. Durante el trayecto ella me enseña las tetas a petición mía, permitiéndome que le pellizque los pezones. Los tiene muy gordos. También me enseña el coño y cuando nos detenemos en un semáforo ella me muestra el color rojo intenso del interior de su almeja, abriéndosela tirando de los labios menores.  Mónica es bastante guarra.

 Al llegar al parking del hotel ella me pregunta:

 —Julián, cielo ¿podrías prestarme algo para la máquina de condones?

 Era una pregunta en clave: en realidad me estaba pidiendo la pasta.

 —¿Cuánto necesitas?

 —Depende… ¿Cuánto tiempo estaremos, cielo? —su voz, dulce y sensual chorrea de sus labios como si fuese miel.
 —Había pensado en pasar el resto de la noche… y quizás parte del día siguiente. ¿Puede ser?

 Ella me sonríe con picardía y me dice que no hay ningún problema, siempre que tenga el dinero. Me dice una cantidad bastante elevada y yo hago amago de dársela allí mismo pero ella me aconseja que espere a entrar a la habitación.

 Una vez dentro me pide que deje el dinero para los condones sobre la mesita. Así lo hago.

Ella se guarda el dinero, nos desnudamos y entramos al baño. Allí nos duchamos juntos. Ella me limpia la polla y el culo con jabón y luego hace lo mismo con su coño y con su culo.

Yo me lo paso bomba mirando su cuerpazo desnudo. Está muy maciza, con unas caderas generosas y unos pechos muy firmes. Salimos de la ducha y ella me seca con una toalla, poniendo especial interés en no frotarme la polla o las pelotas para no correrme antes de tiempo.

Cuando termina me tumbo en la cama bocarriba y ella, antes de entrar me pregunta:

 —¿Luz encendida o apagada?
 —Encendida.

 Ella sube a la cama, me agarra la polla y se la mete en la boca, chupándome el cipote como si fuese un caramelo. Con la otra mano me acaricia los huevos.
 —¿Te gusta, cielo?
 —Hmmmm… sí…

 Ella sonríe, restregándose mi verga por las mejillas sonrosadas:

 —Tienes un polla muy hermosa… —acto seguido se la traga hasta el fondo, dejando que mis testículos se agolpen en su barbilla.

 Levanta la cabeza muy despacio y con la boca llena de babas me dice:

 —Agárrame del pelo, machote.

 Yo le obedezco y le cojo de los pelos con las dos manos, acompañando el movimiento de su cabeza. Ella se lo traga todo muy despacio, desde la punta hasta la base,  respirando lentamente por la nariz. El aire que expulsa arde sobre el tronco de mi polla. Entre gemidos le digo:
 —M… Me gustaría comerte el coño.

Ella no dice nada, pero gira su cuerpo sin sacarse la polla de la boca y coloca las piernas a ambos lados de mi cabeza, poniendo su coño a un palmo de mi cara para que hagamos un sesenta y nueve. Yo le abro su túnel y meto mi lengua dentro, repasándole una y otra vez la carne sonrosada del interior, que está muy caliente. El coño de Mónica tiene muchos pliegues y protuberancias que en ese momento están muy resbaladizos. También tiene el orificio de la vagina dilatado y la pepita asoma bastante fuera de la capucha. Su coño chorrea.

 —¿Estás cachonda?

Ella sigue chupándome la polla sin decir nada, pero su chocho está muy mojado y resbaladizo. Seguimos en esa postura un rato hasta que le pido follarla a cuatro patas. Ella se pone en posición, yo le agarro de las caderas y le froto la polla por la raja un rato antes de empujarla dentro.  Su vagina se traga mi rabo entero, resbalando sin encontrar apenas resistencia. Ella gime. Su interior se adapta a mi verga como un guante. Un guante ardiente y húmedo, resbaladizo y palpitante. Mónica tiene un culo fantástico y no me resisto a azotarlo.

Ella da un gritito y con voz juguetona protesta:

 —Oye, ten cuidado…

 — ¿Qué? ¿Acaso no lo he pagado?

 —Vale… pero sin pasarte…

Yo le sigo follando por detrás y dándole cachetes un buen rato hasta que se me antoja meterle un dedo en el culo. Ella se deja. Eso me pone muy cachondo y acelero el ritmo, metiéndole el dedo entero. Ella vuelve a gemir. Mis huevos chocan una y otra vez contra su coño cada vez que mi verga, engrasada con los jugos de Mónica, se hunde en su vagina hasta el fondo.

 —Mónica… Me apetece follarte el culo…

 Ella no me contesta,  pero se baja de la cama, abre su bolso y extrae un tubo de lubricante.

 —Túmbate —me pide.

Yo le obedezco y ella me unta la polla con una generosa cantidad. Me repasa el miembro suavemente, extendiendo el líquido por todo el tronco, girando la muñeca y pasándome el pulgar por todo el cipote en círculos. Casi me corro en su mano. Luego ella se vuelve a echar otro pegote en la mano y se la pasa por el culo, engrasándose el ojete a conciencia y dilatándolo con sus propios dedos. Cuando cree que está lista se pone en cuclillas sobre mi verga.

Me pone una mano en el vientre para apoyarse y con la otra me agarra la polla. Mónica se deja caer sobre mi rabo con suavidad. Primero la punta se aplasta en su culo, apenas entrando un poco. Ella se levanta y vuelve a caer, repitiendo la operación una y otra vez, introduciéndose poco a poco mi verga dentro del agujero. Cuando le entra la cabeza el resto se desliza con suavidad. Durante toda la operación el coño de Mónica no ha dejado de sudar fluidos.

 —Jodeeeeeeeeeeeer… —gimo.

El ojete de Mónica es una verdadera delicia. Sus paredes cálidas me estrujan la polla en toda su extensión, especialmente en el glande, dándome un placer enorme. El aire, cuando sale de su culo taponado, hace un ruido muy característico. Mónica sube y baja en cuclillas, dejando todo el peso muerto de su cuerpo sobre mis muslos cuando llega hasta abajo. En ese momento noto su culo prieto rozándome los cojones. Yo levanto las manos y le agarro las tetas con pasión, apretándole los gordos pezones. Ella sube y baja muy despacio, dejando una pátina de grasa brillante a lo largo de mi rabo tieso y lleno de venas.


Su coño, expuesto en toda su gloria en esa posición, está muy rojo, con los labios salidos y el clítoris erecto. Lo tiene todo empapado. Suelto una de sus tetas y se lo acaricio. En seguida ella pone una mano sobre la mía y me indica ella misma qué lugares y de qué manera he de tocárselo, ayudándola a masturbarse mientras se empala mi polla en el culo. Yo le vuelvo a preguntar:

 —¿Estas cachonda, nena?

Por respuesta ella se muerde el labio inferior, respirando muy fuerte y acelerando el ritmo. Los golpes de su culo contra mis huevos amenazan con provocarme un orgasmo. Ya estoy casi a punto.

—Mónica… en tu boca… ya…

Ella se aparta obediente de encima y se tumba en la cama. Yo me pongo de rodillas a horcajadas sobre ella, y me saco el preservativo, apuntando con mi polla a su cara. Ella levanta la cabeza y me lame el cipote colorado. Ella abre la boca y se mete el glande, muy rojo y viscoso entre los labios, chupándolo y relamiéndome la punta.

Por los ruidos que me llegan por detrás sé que ella se está masturbando con fuerza. Le vuelvo a preguntar:

 —¿Te gusta, eh?... —hago una pausa— ¿Te gusta mamar pollas, puta?

Ella jadea y se mete mi polla hasta la garganta, aspirando con fuerza, haciéndome el vacio dentro de su boca y estrujándome los cojones con una mano. Me corro dentro con una serie de descargas interminables, llenándole la boca de semen que se le desborda por los lados. Me tumbo sobre ella y le beso la boca, limpiándole la cara con la lengua; le beso el cuello, los hombros y los pechos. Bajo por el vientre y mi lengua se une a sus dedos dentro de su coño, ayudándola a masturbarse.

Ella me agarra del pelo y se retuerce de placer sobre la cama, gimiendo y jadeando, abriendo y cerrando los muslos. Yo le meto la mano entre ellos y vuelvo a perforarle el culo con dos dedos sin dejar de lamerle el coño.

 —Vamos Mónica… córrete en mi boca… te he pagado, puta… hazlo, córrete…

Ella me empuja la cabeza con una mano contra su coño, eleva las caderas y lanza una serie de gritos entre cortados con mi lengua metida en la vagina. Siento los espasmos de su orgasmo en mi boca, sus músculos se contraen una y otra vez y su vientre vibra sin cesar. Ella deja escapar un gemido muy largo y se queda jadeando sobre la cama con los muslos muy apretados…

—Federico —me dice de repente— a las putas no se les pregunta si están cachondas. Es de tontos.

 —Lo siento Mari, no volverá a ocurrir… pero es qué te miraba y te veía tan mojada que... ¡uf!

 —Ya veo… —ella se acerca, me abraza y me besa con ternura—estuviste fantástico allí dentro, con el tipo ese. Mi caballero andante…

 —¡Bah! No tiene importancia, cualquier otro hubiera hecho lo mismo.

 —Oye, tenemos que repetir este juego más veces antes de que se acaben las vacaciones. Es una lástima que tengamos que usar dinero del Monopoly, eso le resta credibilidad. Pero lo demás está genial ¿eh?

 —Por supuesto. ¿Cuándo podremos volver a dejar a los niños con tus padres?

 —¿Los míos? ¿Y los tuyos? ¿Joder, Fede, por qué siempre tienen que ser los míos?

 —Coño, Maricarmen, no empecemos. Ya sabes que los niños se llevan mejor con tus padres y allí tienen más espacio y…

 Ella me pone una mano en los labios. Sus dedos huelen a sexo.

 —Mira… mejor lo hablamos luego ¿vale?...
 —Vale…
 Ella se levanta para ir al baño. Desde allí, la voz cargada de sensualidad de mi esposa flota hasta la cama:

 —Oye… aún quedan bastantes horas… pagaste para una noche y parte de un día ¿recuerdas… Julián?

 —Me parece una gran idea... Mónica.

Humedad en Venecia

Es la primera vez que salgo sola de España, durante el vuelo de ida, un mar de dudas asaltan mis pensamientos, mientras tanto, una mezcla de inseguridad e inquietud revolotea por mi estómago.
Nunca me había imaginado que por cuestiones de trabajo tendría que ir a Venecia, pero pensaba aprovecharlo. Mi marido ya había estado y parecía que no tenía la intención de repetir.

Estoy excitada ante el nuevo reto que se abre ante ti, un nuevo camino que voy a recorrer sola, un camino por el que hace muy poco, nunca hubiera pensado que pasaría.

Toda mi vida he tenido la ilusión de ir a Venecia, esa ciudad maravillosa y romántica de las películas, pero que a la vez te resulta sensual y misteriosa, diferente al resto.

Venecia era fantástica, pero aún más si cabe en época de carnaval, cuando la belleza de sus canales se mezcla con la elegancia y sensualidad de los disfraces y mascaras que pueblan la ciudad. La elección de la fecha fue casual, el viaje resultaba mas caro pero no podía dejar pasar la oportunidad de viajar a Venecia en Carnaval…

A la llegada a la ciudad se puede palpar la presencia del carnaval en las calles, en el ambiente, en la ciudad que se ha engalanado para el momento.
Como esperaba la ciudad no me defrauda, parece mentira que esas pareces se hayan mantenido firmes durante el paso de los siglos, canales que serpentean sin rumbo fijo y por los cuales las pequeñas embarcaciones navegan pausadamente. La ciudad parece estar suspendida sobre el agua, como si en cualquier momento fuera a hundirse, siglos de historia flotando sobre el mar, mezclándose con las olas a la vez que mantienen una frágil armonía.

No pude evitar la tentación de subir por vez primera a una góndola, había llegado al Hotel y lo primero que hice fue darme una ducha caliente, casi con el pelo húmedo salí a pasear, mi primera visita es el embarcadero… hace años que había soñado con un paseo en góndola por Venecia, mi idea del paseo no era precisamente esa,  en mi sueño aparecía acompañada por la persona que amaba, pero ese pequeño detalle no iba a evitar que  subiera a una góndola ese atardecer.

Son muchos los turistas que hacen cola en el embarcadero… Ingleses, franceses, alemanes y por supuesto españoles… Se conocen de lejos porque son los que más gritan al hablar.

No tarde mucho, ya que la cosa iba rápida, uno a uno los turistas iban entrando, hasta que  llegó mi turno… Al principio no me fijé en el barquero, lo imaginas uno mas, un chico con gorrito y camiseta a rallas azules, estaba demasiado maravillada con la ciudad, como para fijarte en alguien, pero hay una cosa que me sorprendió, en un momento dado,  el barquero me hablaba en correcto castellano, eso me hizo salir de mi letargo y comencé a centrarme en el chico, que iba vestido como todos los gondoleros en Venecia, la típica camisita ajustada y el típico gorrito, pero pronto ví que no era uno mas, este era un chico moreno con ojos verdes, unos brazos fuertes y marcados y un cuerpo esculpido a base de tirar de remo durante años.

El paseo incluía varias visitas, y paso a paso el enigmático gondolero, iba explicando cada uno de los rincones de la preciosa ciudad.

Me sorprendió que me hablara en castellano y no pude evitar la tentación de preguntarle el motivo, el me dijo que durante cuatro años estuvo viviendo en Salamanca, que estudió historia del arte y que esa era su pasión. También me dijo que guardaba muy buen recuerdo de España y de las españolas… esto último me hizo sonrojar y no pude hacer otra cosa que darme la vuelta para que no me viera.

Comenzó explicándome la situación de la ciudad y los motivos por los cuales se inunda cada año, me explico también que Venecia se encuentra en una laguna que antaño servía da refugio. La primera visita del trayecto era la obligada la Plaza de San Marcos, una preciosa plaza con tres banderas gigantescas al fondo, dichas banderas representaban los tres reinos a los que había pertenecido la ciudad, también me contó la historia de las dos columnas situadas al  otro extremo de la plaza, bajo ellas era el único sitio en el que se había podido jugar al juego de los dados, eso había sido un premio al ingeniero que había podido ponerlas de pie.

Acto seguido visitamos el puente de Rialto y junto a la Iglesia de Bartalolome, había una cabeza de oro en la fachada, me llamo la atención que Andreas (que así me había dicho que se llamaba) me contó la historia de aquella cabeza, me dijo que era el símbolo de que en aquel lugar había una farmacia, pero no una farmacia cualquiera, sino una farmacia con el privilegio de elaborar la Theriarca, tres veces al año. Me contó también que era la Theriarca, una planta con fines curativos muy popular hace siglos en Venecia.

Con cada palabra, con cada explicación, con cada frase, mi fascinación hacia Andreas aumentaba, se notaba que la historia y el arte le apasionaba y era capaz de trasmitir esa pasión en sus palabras, en sus gestos, en su mirada… Y a mi me encanta cuando viajo sumergirme en la historia y cultura de allí a donde voy.

No se en que momento, cambió mi fascinación por Venecia por la de Andreas, pero sin quererlo comencé a sentir un oscuro deseo por aquel chico que acababa de conocer… Esto no me sucedía nunca, pero imagino que al encontrarme lejos de casa me solté.

Seguimos navegando mientras calles y explicaciones se sucedían, campo de San Giacomo, Santa María Formosa, Puente de las Tetas…

Sonrió picadamente al llegar a aquel puente, me contó que en aquel lugar se colocaban las prostitutas con los pechos al aire, esperando a los clientes, me contó que en aquella época y al ser Venecia una ciudad portuaria, había en la ciudad casi 10000 prostitutas y que suponían una séptima parte de la población.

No pude evitar comenzar a fantasear… mi mente voló al pasado y desee ser una prostituta,  una vulgar puta que esperaba en aquel puente a que Andreas me recogiera en su pequeña góndola y me follara hasta quedar rendidos… Como si supiera lo que estaba pensando Andreas sonrió y yo volví a ruborizarme, mi corazón latía apresuradamente y todo mi cuerpo había comenzado a reaccionar al deseo que aquel hombre producía en mí.

En aquel momento tuve una interrupción inesperada. Mi móvil había sonaron con el característico sonido que emite cuando mi marido me envía un mensaje. Era un whatsapp y me preguntaba que tal iba por Venecia. No quería interrumpir mi placer momentáneo y lo único que hice con toda mi picardía fue hacerme una selfie de un puente que atravesábamos y donde se podía ver al gondolero detrás remando. Le añadí un corazón y un guiño con toda mi picardía. Guardé el móvil y lo puse en silencio porque no quería más interrupciones.
Por desgracia el viaje terminó y era el momento de abandonar mi maravilloso sueño subida en una góndola. Cual fue mi sorpresa cuando al ir a pagar, Andreas no quiso aceptar… me despidió con un enigmático, ya habrá tiempo para esto...

Seguí sin mirar atrás, durante unos metros no me atreví a mirar, caminando con el corazón en un puño, preguntándome que habría querido decir con esas palabras, antes de torcer la calle no pude evitarlo y miré, seguía allí, sobre su góndola y con una sonrisa encantadora, tras unos instantes torcí la calle y desapareció de mi vista. Mi corazón iba a mil.

Aquella tarde comí algo y volví al hotel con la intención de salir por la noche, me dí una ducha con agua caliente y mientras permanecía delante del espejo desnuda, observé mi reflejo sobre él…Tengo 40 y pico años, hacía tiempo que había dejado de ser una niña, pero a pesar de todo creo que mantengo un cuerpo sexy, no peso 50 kilos y hay alguna marca que no existía de joven, pero tengo unas curvas bien definidas, con caderas que a más de uno habían hecho volverse a mí paso. Unos buenos pechos que me encanta descubrir y un trasero que hace que más de uno tenga que mirar. Soy morena natural y mis ojos son verdes en muchas ocasiones.

Desnuda frente el espejo me preguntaba si sería capaz de conquistar a alguien mucho más joven, me preguntaba si sería capaz de seducir al gondolero…Me sentía como Nicole Kidman en Eyes Wide Shut cuando está contemplándose en el espejo desnuda al principio de la película, y después de que un hombre hubiera tratado de seducirla. Así misma me encontraba yo.

Después de permanecer un rato observando mi desnudez  en el reflejo de aquel espejo, me recosté un poco en la cama, mi corazón todavía latía con fuerza al recordar aquel viaje en góndola… recostada sobre la cama y semidesnuda comencé a fantasear… en mis fantasías,  que era una prostituta en el siglo XVII, en lo alto de aquel puente, mis manos comenzaban a recorrer mi cuerpo terso y erizado por el efecto del agua, que había resbalado anteriormente sobre el, acariciaba mis pechos, mientras en mi mente era Andreas el que me acariciaba, hundía mis dedos en lo mas profundo de mi coñito, mientras imaginaba que era él quien me hacia suya, imaginaba que su cuerpo se unía al mío entrando en mi de forma acompasada, imaginaba mis manos aferrándose a su cuerpo musculado y fuerte, sintiendo como con cada embestida me llenaba con su pasión, y tras unos instantes un profundo orgasmo me sacudió como un profundo latigazo de placer que recorrió mi entrañas y tras unos segundos de locura quedé dormida profundamente.

Desperté a la mañana siguiente sobresaltada, mi intención  había sido salir a cenar por ahí, pero había quedado rendida en la cama, me fastidió haber perdido unas horas durmiendo en vez de disfrutar la ciudad, pero por otro lado ahora me sentía descansada y con ganas de más.

Por la mañana la conferencia del congreso duró solamente dos horas así que me dejó tiempo para  hacer unas compras, era carnaval y a mi me encantan las mascaras, así que compre varias que me gustaron en uno de los puestos. El resto de la mañana y la tarde los pasé callejeando, me encanta perderme por las calles estrechas sin rumbo fijo, de vez en cuando llegaba a algún puente por el que ya había pasado en mi día anterior en góndola, no podía dejar de recordar a Andreas y su mirada apasionada.

Al caer la tarde, volví al hotel, esa noche si que iba a salir y tras una ducha, me arreglé y me puse el vestido gris, ese vestido de falda corta ajustado que dejaba al descubierto la totalidad de la  espalda y que no dejaba para la imaginación ninguna de las curvas de mi cuerpo.

Cené en una pizzeria sola y me vino a la cabeza Andreas y su última frase…” ya habrá tiempo para eso” ¿que habría querido decir? Hablaba como si fuera a verme otra vez, pero eso era imposible, no me conocía de nada y ni siquiera sabía donde estaba alojada, en Venecia hay cientos de hoteles y yo no le había dado mi nombre, al final llegue a la conclusión de que le habría entendido mal, seguramente fruto de atontamiento por su presencia.

Al finalizar la cena salí a pasear por una de las calles más concurridas, no recuerdo su nombre pero turistas y máscaras se mezclaban en una amalgama de colores y rostros inexpresivos. El carnaval de Venecia es diferente a todos, los disfraces son de época y muy elegantes muchos de ellos son autenticas obras de arte que consiguen retrotraerte al pasado.

Me encontraba mirando un puesto cuando una mano fuerte y segura me sujeto y me arrastro hasta un callejón adyacente, casi de forma inmediata me dí la vuelta e intenté mirarle la cara, pero lo que me encontré era una mascara, una mascara blanca con mirada inexpresiva y fría. Mi corazón comenzó a latir de forma desbocada, como si hubiera terminado en ese instante de correr la maratón, mi primera intención fue gritar, pero me quedé callada y deje que aquel misterioso enmascarado me arrastrara a la oscuridad de aquel callejón.
A los pocos segundos parecíamos haber, recorrido una gran distancia ya que el ruido y la luz habían dejado paso al silencio y la oscuridad, una oscuridad solo rota por el reflejo de una pequeña farola de luz tenue.

Comencé a respirar con dificultad cuando me introdujo en un pequeño portal, en el que la luz casi era inexistente, mi cuerpo quedo pegado contra el portalón de madera mientras el me sujetaba por la espalda sin dejarme dar la vuelta. Sentía el calor de su cuerpo en mi espalda, su respiración sobre mis hombros y sus manos que comenzaban a explorar cada rincón de mi cuerpo.

Mi respiración seguía acelerada pero ya no por el miedo, sus manos fuertes acariciaban mis muslos y subían hasta las ingles, en pocos segundos mis flujos habían empapado mi tanguita, ¿Qué me estaba pasando? Un desconocido estaba apunto de follarme en plena calle y yo estaba excitada como si de una vulgar prostituta se tratara.

Gemí sobresaltada cuando de un fuerte tirón arrancó el hilo fino del tanga e instantes después lo  noté resbalar por los muslos hasta quedar en el suelo. Noté sus dedos en mi sexo y no pude evitar lanzar un gemido ahogado al sentir el contacto en mi clítoris, casi sentía vergüenza de estar tan mojada, quería que me follara ahí mismo, necesitaba sentir su polla dentro de mi, quería que me follara salvajemente en ese portal, necesitaba sentir el roce, la presión, el placer de su sexo dentro de mi.

Pero por lo visto esa no era su intención… cuando sus hábiles manos estaban apunto de arrastrarme a mi primer orgasmo, volvió a sujetarme y comenzó a guiarme hacia la oscuridad de otra calle adyacente, dejando atrás los restos de mi tanguita de encaje allí en el suelo.

Durante un minuto escaso anduvimos por callejuelas estrechas y poco iluminadas, hasta que llegamos a un pequeño embarcadero, allí había varias góndolas y mi misterioso acompañante subió en una de ellas, acercándome su mano para que pudiera subir con seguridad. En ese momento el se quitó la máscara, ¡Era Andreas! No se porque ya lo había imaginado, pero a pesar de todo siempre me quedaba la duda.

“Te dije que ya me lo cobraría” fueron sus palabras mientras yo no podía dejar de respirar con dificultad mientras lo observaba. Soltó amarras y comenzó a remar como lo había hecho el día anterior, no podía dejar de observar su cuerpo mientras esperaba con la ansiedad de un yonqui que busca su dosis a que me hiciera suya.

Nos adentramos en el lago, allí no había nadie, tan solo el leve mormullo de la ciudad al fondo y el ruido continuo de las pequeñas olas contra el casco. Ya se había quitado la mascara y podía vislumbrarse su rostro gracias a las luces de la ciudad iluminada. Estaba sentada y se acercó a mi, nuestras miradas quedaron fijas el uno en el otro y en ese momento me recosté sobre el asiento, quería insinuarle y que se acercara, quería sentir su cuerpo, sus manos, sus besos y caricias, abrí las piernas al estilo Sharon Stone en instinto básico y me recosté sobre mi asiento, él lo entendió sin ni siquiera decir una palabra, se arrodillo y hundió su rostro en mi sexo, gemí como nunca lo había hecho al sentir como su lengua rozaba por vez primera mi húmedo coñito, su lengua jugaba con mi hinchado clítoris a la vez que me sujetaba por los muslos. Nunca en mi vida había sentido una sensación tan excitante, pareció conocer mis deseos cuando, dos de sus dedos entraron el mi vagina sin dificultad, fue maravilloso sentir su lengua y sus dedos al mismo tiempo dándome placer, tanto es así que a los pocos instantes me alcanzó el primer orgasmo, mis manos se aferraron fuertemente a su cabeza a la vez que todo mi cuerpo convulsionaba con pequeños latigazos de placer, gemí, grité, a la vez que mis caderas tiritaban descompasadamente. Tras unos segundos de locura, otra vez volvió el silencio.

Andreas se incorporó y me sonrió, yo lo miré y sonreí también, estaba un poco abochornada por la situación, cerré los ojos y le deje hacer… volví a sentir su lengua en mi sexo y de nuevo mi cuerpo comenzó a reaccionar, aun no me había recuperado del primero, aun no había recobrado el pulso, cuando por segunda vez comenzaba a comerme como nunca nadie lo había conseguido antes.

No podía dejar de presionar su cabeza contra mi ingle, necesitaba sentirlo, sentir la presión maravillosa que ejercían sus labios en mi calido sexo, necesitaba sentir su húmeda lengua recorriendo cada rincón de mi coñito chorreante.

Otra vez estaba apunto, lo sujetaba con fuerza, presionando su cara hasta lo mas profundo de mi. Pero esta vez paró, se detuvo cuando mi cuerpo estaba apunto de explotar… comenzó a quitarse la ropa mirándome a los ojos, yo lo observaba como un niño pequeño quiere un juguete al otro lado del escaparate. Se quedó completamente desnudo, su pene erguido asomaba majestuoso, lo sujete con mis manos sintiendo como las venas se marcaban en sus paredes, podía sentir en mis manos toda la fuerza y la pasión de aquel hombre al que deseaba mas que a nada en este mundo en ese momento.

Disfrutaba viéndome, disfrutaba porque sabía que era suya sin reservas, en esos momentos podía hacer lo que quisiera conmigo porque sabía que estaba rendida a el.

Me retiró la parte de arriba del vestido soltando el sujetador y dejando libres mis pechos, por aquel entonces hace mucho que estaban hinchados, tersos, con los pezones como piedras.

Los agarró con sus fuertes manos, masajeándolos dulcemente mientras con los dedos pellizcaba los pezones, por enésima vez volvía a gemir… el me hizo incorporarme para sentarse el, acto seguido yo me senté sobre el, sujete su pene y comencé a frotarme con el, aquel miembro duro y caliente rozaba mi coñito mientras volví a tocar el cielo.

No podía mas, lo sujete con una mano y lo coloque a la entrada de mi sexo, cabalgue sobre el y de una rápida sacudida se coló en mi interior como el cuchillo en la mantequilla, sentía su calor, su presión rozando las paredes de mi vagina, cada vez que lo cabalgaba  cada vez que entraba en mi, era un paso mas para el no retorno.

No podía mas, cuando los espasmos se apoderaron de mi, mi cuerpo cabalgo sobre el con torpes movimientos intentando aplacar el deseo que me devoraba.

Mi orgasmo desbocado, hizo que Andrea perdiera el control y comenzara a gritar, pequeños gritos acompañados con el agarrotamiento de toda su musculatura, sus manos se aferraron a mi culo mientras sentí el calido esperma entrando en mi interior y resbalando poco después por mis muslos.

Tras unos segundos, la calma llegó a aquella pequeña góndola en mitad de aquel maravilloso lugar, quedamos durante mucho tiempo uno dentro del otro, ensamblados, intentando mantener en la retina aquel instante que nunca olvidaría uniendo nuestros labios.

Cuando llegué al hotel le envié un mensaje a mi marido "Hay mucha humedad en Venecia".