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Volviendo a casa.

Mi marido es un pesado. Su obsesión por que le sea infiel no tiene límites. 
Reconozco que a mi me excita la idea, pero de ahi a llevarla a la practica hay un mundo.
Pero casi siempre que tenemos sexo, fantaseamos con ello, de una manera u otra.  
Le agradezco que nunca me haya empujado a hacer nada que yo no quisiera. 

Pero lo de ayer fue toda una sorpresa. Hacía días que no teníamos sexo, y le notaba muy "cargado" tal como nosotros lo llamamos ciando hace días que no practicamos.

Aquella noche estábamos solos porque los hijos se habian quedado con sus primos, y era una buena ocasión para tener una velada romántica. Había ido a la peluquería y estaba realmente Top.

Cuando llegué a casa, me sorprendí.  Pensaba que me iba a pillar nada más llegar, o algo por el estilo, pero me sorprendió.
Había recibido un mensaje en el móvil que decía "Sube directamente a tu habitación cuando llegues".
Los nervios me inundaron nuevamente. Siempre me habían dado miedo sus misterios, pero reconozco que siempre habían sido peores en mi imaginación que en la realidad. Alguna vez habia pensado que me había traido a una tercera persona, pero no. Ahora se que nunca lo haría a espaldas mias. A pesar de que pudiera desearlo mucho.

En el ambiente sonaba una música chillout, y las luces estaban suavemente encendidas.
Subí directamente a la habitación y entré en mi baño. Estaba ambientado con velas, y la bañera llena con una ligera espuma y un agradable olor muy sensual.

Me desnudé completamente y entré en el agua para relajarme un rato. A veces estos regalos se agradecen más que otros regalos más caros. La temperatura era perfecta. Al recostar la cabeza en el cabezal de la bañera, vi una nota roja apoyada en un vaso de chupito con orujo.

La tarjeta decía " Disfruta del baño. Tócate libremente lo necesario. Cuando salgas de la bañera abre la caja. Te amo."

Cogí el vaso y lo degusté mientras me fijaba que en un rincón del baño había una caja. Fuí obediente y aunque tenía curiosidad, no la abrí.

No pude evitar acariciar y tocarme. Primero suavemente. Un poco los pechos. Luego mis labios. Que os voy a contar. La situación me superó y tuve que acabar alli mismo. No me cuesta mucho llegar al orgasmo. Ni tampoco repetirlo. Normalmente tengo entre 3 y 5 seguidos. Depende del día. El haber acabado no suponía que ya no tenía ganas.

Así que me levanté, cogí la toalla y me sequé toda. Inquietada por lo que habría en la caja, la cogí.

Hice una respiración profunda y la abrí. Desde luego, mi sorpresa fue máxima. Me esperaba algún juguete, alguna joya o regalo, no sé que exactamente, pero aquello no, pero realmente me sorprendió. Había otra pequeña nota donde decía "Aquí tienes la prueba de mi amor incondicional por ti".

El sentimiento inicial de sorpresa me introdujo durante unos segundos una sonrisa en mis labios. "Si esto es lo que quiere, asi lo haré", pensé.

Me puse las bragas con mucha delicadeza. Me vestí de calle,  con zapatos de tacón altos, y un vestido ligero. Me pinté los labios de color oscuro, y me impregne mi perfume sensual. 

Debía bajar un piso pero valia la pena el esfuerzo.

No tardé mucho para salir totalmente preparada. Bajé las escaleras y llegué al salón. 
Justo antes de entrar hice un saludo a viva voz "Ya estoy en casa, cariño".

Entré en el salón. Mi marido estaba sentado en el sofá viendo un documental en la televisión.  Me dirigí con decisión hacia él, y justo en pié delante de él le dije:

- Hola. Ya estoy en casa.
- Hola mi amor. ¿Qué tal todo?
- Bien. Te traigo un regalo. Creo que te gustará. Me lo has pedido muchas veces.
 Se lo dije mirándole directamente a los ojos. Quería observar en todo momento su reacción. Una sonrisa diabólica se esbozaba en mis labios.
- ¿De qué se trata?, preguntó.

Me senté en el otro sofá libre. Cruce mis piernas lentamente y le pregunté :
- ¿Lo quieres?
- Si
- Pues ven. Dije mientras abría las piernas en un claro acto de invitación.

Se levantó de su sillón y se acercó.
- Bésame y chúpame toda si quieres tu regalo.

Esbozó una sonrisa mientras se arrodillaba a mis pies, y me empezó besando con los labios en un beso profundo. Luego bajó a los pies, y me los chupó suavemente desde los pies hasta por encima las rodillas, mientras me miraba con devoción.
Yo le cogí suavemente la cabeza, y le hice el movimiento justo para que la pusiera cerca de mi sexo.

Se acercó a él, y vi por primera vez aquel rostro mezcla de excitación, humillación, y satisfacción.
- Aquí está tu regalo. Disfrútalo.

Me saqué las bragas y se las puse en su cara. Las olfateó como un animal en celo. Pude observar sus pantalones como se hinchaban.  No me podría creer lo que estaba viendo. Le había puesto unas bragas mojadas en su cara y eso le había excitado, y mucho.

Estuvo unos segundos olfateándolas, pero realmente la excitación total le vino cuando me vió mi sexo. Mojado, abierto y con rastros blancos de leche masculina. Y mi sexo hinchado con signos de haber disfrutado previamente.

Abrí mis piernas bien abiertas y le ofrecí a modo de regalo mi sexo chorreante:
- Toma. Tu regalo. Lo he traído para ti. Límpiame toda que me ha dejado muy sucia.
Nunca le había visto tan ido y excitado. Me chupó como nunca antes lo había hecho.

Realmente me excitó ver como estaba disfrutando dándome un trabajo oral en mi sexo empapado mientras yo le explicaba cosas de mi anterior trabajo.

En aquel momento, pensé, que seguramente sí  lo disfrutaríamos si se lo trajera lleno realmente de otro macho. 

Normalmente tarda un rato en recuperarse para poder repetir, pero creo que no habrían pasado más de 20 minutos entre que me debería haber dejado el regalo de las bragas empapadas de leche suya dentro de la caja y aquel momento donde volvía a estar con el aparato apunto. 

Cuando ví las bragas mojadas, me produjo una mezcla de excitación y verguenza o apuro, pero tenía que probar que tal le sentaba a él tener el regalo que tantas veces me había pedido. Me supuso excitante vestirme con las bragas llenas, y me aseguré bien de que mi sexo quedara bien impregnado.

Lo hice porque le amo. 

Quizás un día si se producen las circunstancias ideales con las personas correctas, lo disfrutaremos los dos, pero esta vez sin caja.






Un Concierto de Rock muy húmedo (R4)

Hacía tiempo que no salíamos con mi marido. Entre los trabajos, la agenda, las actividades, los hijos, etc, había hecho que la agenda se llenara de tareas que habían impedido salir como pareja.

Esa noche había un concierto de rock de un grupo muy bueno y conocido, y pensé que seria una buena ocasión para sacar mis mejores prendas de rock y volver a sentir la energía de la juventud. Siempre se fustraban los planes a última hora, y esperaba que esa noche no ocurriera.

Mi marido trabajaba hasta la medianoche, pero habíamos quedado en la puerta de la sala de conciertos, ya que quedaba a medio camino entre casa y su trabajo.

Esa tarde y noche invertí un tiempo en mi misma. Había ido a la peluquería, y me dispuse a hacer una buena siesta para estar fresca y radiante por la noche.

Después de cenar me di un baño, y me dispuse a vestirme de la manera más sexy que podría aportar.

Aquella noche estaba dispuesta a conseguir que más de uno se girara al verme. Lo necesitaba. Necesitaba sentirme viva y deseada nuevamente.

Así que salí de casa enfundada en mis pantalones negros ajustados, mi blusa escotada, y mis zapatos negros de tacón dispuesta a todo. No me puse sujetador porque tenia ganas de sentir mis pechos libres. Y saqué unas bragas recién recibidas como regalo de mi marido. Pensé que le gustaría saber que las llevaba.

Cuando llegué a la calle del local a medianoche puntual, revisé el móvil, y pude leer el mensaje de mi marido donde me avisaba que llegaría un poco mas tarde, que nos encontraríamos dentro. En otro momento le hubiera esperado pero no tenia ganes de perderme aquel concierto.

El local normalmente es un lugar frecuentado para gente de nuestra edad, entre los 40 y 50,  pero esa noche al entrar pude observar que habían grupos mas jóvenes de lo habitual.

El concierto empezó y decidí quedarme por la parte trasera de la sala, más cerca de la entrada esperando que cuando llegara mi marido me encontrara fácilmente. Las primeras canciones fueron sonando y poco a poco me fui introduciendo en su ritmo. Los dos cantantes nos pedían a los espectadores de vez en cuando que entráramos en las canciones levantando las manos, o gritando alguna parte de las mismas. Poco a poco me fui metiendo en la atmósfera del concierto.


Tan entusiasmada por la música que me hacía vibrar, y no me había percatado, pero me di cuenta que estaba rodeada por un grupo de hombres bastante mas jóvenes, que deberían rondar los 30. Vestían con bastante clase y me sentí bien admirada cuando el más cercano a mi, me dedicó una sonrisa muy atractiva, mientras me repasaba de arriba abajo.


Me sentí bien, pero también un poco avergonzada, y estuve tentada de salir de ahí, pero me relajé y pensé: -, relájate y disfruta. ¿No me dice mi marido que no es celoso?

El siguiente tema fue subiendo de ritmo, y la gente íbamos juntándonos más y más. No me percaté del momento exacto, pero de repente fui sensible y sentí alguien detrás de mi. Me gire levemente y ví que era un joven que sin previo aviso iba cada vez mas restregandose contra mi trasero. Volví a mirar al concierto como si no le diera importancia.

La primera reacción fue quedarme quietecita al notarlo, pero la música no me dejaba estar quietos y él se comenzó a frotar como disimulando al ritmo de la música. Yo me resigné a sentir como el chico se estaba dando el lote con mi trasero. Y a mi me agradaba la sensación. Nunca había estado con otro hombre desde que conocí a mi marido pero aquella novedad me excitaba.

Por un momento se me congeló la sangre cuando vi a mi marido a unas pocas cabezas de mi observándome directamente y sonriéndome con una copa en la mano. Le hice un leve gesto que él interpreto muy rápidamente de lo que estaba sucediendo. Su respuesta me calentó porque me dedicó un guiño de ojo mientras subía su copa en alto y me dedicaba un brindis en la distancia.


El joven que seguía detrás mío, poco a poco iba apretándose más y más. Yo me estaba calentando con la situación, y mi marido seguía sonriéndome. Era un trio en la distancia de emociones. Lo que siempre había deseado mi marido y yo le había negado.

En estas me volví a meter en la música y vi que la canción pedía las manos en alto y la gente estaba con el símbolo de cuernos con los brazos extendidos. Aproveché y  le dediqué mis manos alzadas a mi marido, mientras mi compañero trasero ya estaba bien pegado a mi e incluso ya me agarraba con una mano por la cintura.

Por un momento, olvide mis limitaciones y creencias y disfrute del momento. Si mi marido lo  estaba disfrutando de lo Lindo,  no iba a cortarle yo el rollo a ese muchacho, ni a mi que ya estaba humedecida.

Los toques del muchacho se hicieron cada vez más intensos y sentí su verga bien crecida entre mis nalgas, entonces comencé a moverme a ritmo con él.

Me agarró fuerte y noté como empujaba su miembro, mientras con una mano ya me estaba tocando toda una teta. Por un instante intenso me apretó contra él. Noté los movimientos de expulsión de carga de su verga mientras me suspiraba en mi oreja. Luego se relajó y me soltó, entendí que ya se había corrido.

Yo me había quedado muy caliente, así que me acerqué a mi marido. Le besé, y le dije al oído: - me han dejado a medias, estoy muy mojada. ¿Vamos a casa?
- a mi también me ha puesto mucho el espectáculo. Pero quiero ver el concierto.
- pues disfrútalo. Tú te lo pierdes.

Me separé otra vez unos metros y esta vez fui yo la que se metió en medio del grupo de hombres. Me puse delante de otro muy atractivo con su camisa blanca, y me dediqué a bailar. La escena no tardó en repetirse. Enseguida noté un miembro pegado a mi trasero. De hecho ni les miraba. No me importaba. Le estaba dando placer y él a mi. Esta vez fui un paso más adelante y al momento de notar su mano en mi cintura,  metí la mía en los pantalones de él. La gente estaba entusiasmada con el concierto y nadie se daba cuenta. Nadie a excepción de mi marido que seguía allí sin perder detalle aunque no creo que viera nuestro juego bajo.

Note una verga dura y grande en mi mano. Se intuía bastante más grande que la de mi marido. La agarré con fuerza. El se apretó a mi y me besó el cuello. Una de mis debilidades. Y mientras podíamos por el poco espacio que había, y nos movíamos un poco al ritmo, me dediqué a hacer una paja a aquella dura verga que disfrutaba en mi mano, mientras su mano ahora ya estaba jugando con mi pezón.

No tardo mucho. ¿Qué le pasa a estos Hombres?
El hombre se acercó a mi oído y me susurró en un tono de placer un - me corrooooo... Que me encantó. Mi mano estaba rodeando la punta de su miembro, y noté la descarga caliente en mi mano.

- gracias, preciosa. Es lo único que escuche en mi oreja, mientras me daba un beso en mis labios superficial, y desaparecía entre la multitud.

Me acerqué a mi marido con una sonrisa y le volví a susurrar y exigir  al oído:
- estoy más caliente. Llévame a casa y fóllame. Estoy muy mojada.
- cuando acabe el concierto, mi amor. Queda poco.
- ¿me lo prometes?
- por supuesto.

Le extendí la mano para estrecharla con él a modo de pacto entre los dos. Y él también hizo lo mismo.
Nos dimos la mano fuertemente, mientras le miraba a los ojos con una sonrisa y ví  su mirada asombrada al notar mi mano caliente y húmeda fruto de otro hombre, mientras levantaba la otra mano con el símbolo de cuernos señalándole:

- pues tu mismo, hasta que acabe voy a ver el concierto allí que se ve mejor.

  Y volví a desplazarme  donde aun quedaban 3 hombres del grupo anterior. Quedaban 6 canciones para acabar el concierto.

Una ecuación  que hacia  encajar perfectamente mis matemáticas.





Una cerveza diabólica (R1)

Todo cambió después de aquel viaje. Le había regalado un fin de semana en Turín.

Lo que en principio debía ser un viaje normal tranquilo de pareja se convirtió en las bases de mi nueva vida.

Nunca nos hemos drogado. Ni fumado, se podría decir. Nuestra única debilidad son los vinos y las cervezas.

Aquel viernes decidimos salir a cenar por el centro de Turín a una pizzería. No podía ser de otra manera. Una cena tranquila con un buen Lambrusco como bebida.

Ya salimos de allí con una chispa por encima de lo normal, por efectos del vino. Nos entró muy bien y nos bebimos una botella casi sin darnos cuenta.

La cena y ver lo sexy que se había vestido me iba subiendo el apetito sexual. Allí mismo la abría cogido, pero aún no estábamos tan mal.

Tengo predilección por las medias. Si, lo reconozco. Y si son con zapatos de tacón, ya son mi punto débil.

Desde hacía años se había convertido en una mujer muy atractiva, y sus formas de vestir me enloquecían.

Ya sabemos como son los italianos. A mi mujer (y a cual no?) la enloquecía el acento italiano.
Paolo nos había servido la cena muy amablemente. Siempre servía las copas de vino desde encima de ella. Seguramente mirándole el escote generoso. A mi no me importaba. Ella tenía unos pechos formidables y no me importaba que los pudiera enseñar. No eran exclusivos míos.

Le preguntamos donde podíamos ir a tomar unas copas, y nos recomendó el "Antiquato". Un local cercano que podíamos ir andando y el ambiente era adecuado para nosotros. Nos comentó que él posiblemente iría más tarde.

Asi que dejamos el restaurante y lentamente fuimos dando un paseo hasta el local. La cogí por la cintura y de vez en cuando le sobaba el trasero. Eran los efectos del vino. Tengo un defecto y es que alcohol me produce efectos mucho antes que a ella. Así que siempre estoy en desventaja.

Entramos en el local. Era un ambiente agradable. Una buena música. Muchas barras y algunos rincones con sofás. En una de las barras vi que había especialidad de cervezas. Así que no queríamos meternos algo fuerte y decidí que unas cervezas serían los apropiado. Me llamó la atención un póster que había en el local. "Diabolic Beer". Era una cerveza servida con fresas en una copa. Y el póster decía algo así como "Are you sure? "

Me pareció que podría estar buena y era un punto diferente de lo normal, y pedí dos copas.
Se la llevé a mi mujer, y le sorprendió. Pero la probamos y era deliciosa. Una mezcla de cerveza amarga con el toque de las fresas. Extraordinario.

Fuimos bebiendo, y al cabo de un rato, Paolo entró en el local. Le vimos entrar de lejos. Mi mujer se hizo la sueca, aunque sé que era el tipo de hombre que le gusta. Atlético sin pasarse, de unos 30 años, pelo rizado. Y sabía vestir con clase, como típico italiano que era.
Nos vio y se acercó con una sonrisa que hacía brillar sus dientes blancos por  toda la sala.
Vio la copa casi vacía de la cerveza e hizo un gesto de sorpresa.

Nos preguntó:
- ¿os la habéis bebido toda?
- Si, muy buena, le respondí yo.
- ¿Pero no os han explicado los efectos de esta cerveza?
- ¿Que efectos? ¿Que sube el alcohol? Ya lo noto.
- No no. Los efectos reales secundarios.

Le pusimos tal cara de sorpresa que nos cogió de la mano y nos llevó donde estaba el póster.
Había una frase en la parte de abajo en italiano, la señaló, y nos dijo:
- La combinación de la cerveza "Diabolic" con las fresas puede producir un efecto de sinceridad desinhibida extrema.

- ¿Sinceridad Disinhibida Exrema ?¿ Y eso cómo se entiende?

Venid. Nos llevó a una mesa redonda que había en un rincón. Nos ofreció una butaca a cada uno, y él se sentó enfrente nuestro. Pasó un camarero por alli, y le encargó lo de siempre con un gesto.

- Os tengo que advertir. La combinación de esta cerveza junto con la catequina y la niacina (la vitamina B3, que están en las fresas, produce un efecto de sinceridad desinhibida extrema.
-¿Qué significa eso? pregunté yo.
- Es como un suero de la verdad, por decir algo que me entendáis, pero encima desinhibido. Es decir, responderéis cualquier pregunta que os hagan, por muy personal que sea y fuerte.
- Anda ya. Que va. Yo controlo. Le respondí medio ofendido. Mi mujer estaba sin decir nada con cara de curiosidad.

- Mira. ¿lo probamos?
- Venga. Va.

Paolo estuvo un rato mirando al aire mientras le daba un primer sorbo a su gintonic que le acababan de servir.
Entonces miró a mi mujer directamente, y le preguntó:
- ¿En algún momento de esta noche me has imaginado haciéndote el amor?
- Anda ya, salté yo. Vamos !
- Sí, durante la cena y cuando te he visto entrar aquí, respondió ella.
- Coño ! Exclamé yo.
Ella, siguió:
- No me puedo creer que lo he dicho. Que fuerte. Perdona. Me dijo dirigiéndose a mi.
- Cómo te voy a perdonar si eso me excita. Yo también lo pensé. Seguí yo.
Ella me miró con cara de morbosidad, mientras Paolo estaba alli mirándonos con una gran sonrisa.
- ¿Lo veis? preguntó.

- Qué fuerte me parece, exclamé yo. ¿Y los efectos hasta donde llegan?
- Los efectos son rápidos. En una hora ya van desapareciendo.
-Buff, menos mal. Vaya compromiso.
- Si, pero durante este tiempo os puedo preguntar cosas y no os negareis a contestar la verdad.
- Que cabrón, le dije mirándolo a los ojos.
- Por ejemplo. Has dicho que tu también lo habías pensado lo de tu mujer conmigo. ¿Te excita eso?
- Si.
- Vaya, interesante.
Mi mujer nos miraba medio estupefacta medio excitada.

- Mirad, nunca haría nada en contra de vuestras voluntades, así que quiero me respondáis un par de cosas.
- Venga, di.
- ¿Cual es la imagen de tu mujer que más te excitaría ver esta noche?
- Pues a ella arrodillada delante tuyo con los pechos al aire haciéndote una mamada !
- Ehhhh, joder, tío ! Exclamó ella mientras me daba un toque en el hombro.

- Pues ahora te toca a ti, dirigiéndose a ella ¿Te gustaría hacerme una mamada arrodillada con tus tetas al aire mientras tu marido nos mira?
- Me encantaría. Me estoy mojando de pensarlo.
- Ehhh, joder, que clara eres ! Exclamé yo.

- Pues ya lo veis. Vuestra sinceridad me arrolla, jajaja.

- ¿Y quieres que los dos te acabemos follando?
- Si. por favor. Uno tras el otro. Primero tu, Paolo,  y quiero que te corras en mi boca y mis tetas. Y luego mi marido me follará mientras me chupa las tetas y me besa. Eso me excitaría mucho. ¿Lo harás, mi amor?
- Por supuesto. Mi sueño es verte llena de leche, así que lo haré encantado. Que placer más grande. Vamos al hotel, solo pude exclamar yo.

Salimos de allí con mi mujer entre los dos. No nos importaba el que dijeran. Nos sentíamos muy excitados y en parte liberados, porque habíamos podido decir lo que pensábamos.
Entramos en el hotel. El recepcionista nos miró con cara de sorpresa pero mirada de cómplice.

Subimos al ascensor y entramos en la habitación.

Yo me dirigí al baño, porque la bebida había hecho efecto. Cuando salí, los vi allí.
Ella, arrodillada en la moqueta, ya  con sus tetas al aire, mirándole a él, y desabrochándole los pantalones. Me senté en el sillón que había en un rincón, y mientras me empezaba a tocar, pude ver la escena.

Pude contemplar estupefacto, que Paolo tenía una verga bastante más grande que la mía. Ella se sorprendió cuando la vio pero hizo un esfuerzo para poder follarla con su boca.
Paolo me miró y me preguntó:
- ¿te gusta?
- Mmmmn, si. Mucho.
- Tu mujer tiene una boca y unas tetas muy deseables. Y ahora la voy a follar para ti. - Pídele a tu marido permiso para que te folle.
- Cariño ! ¿Me puedo follar a esta polla tan grande y dura que me desea?

Se tumbaron en la cama. Ella abrió las piernas como en señal de aceptación de lo que iba a suceder.
Él puso su miembro en la entrada de ella, me miró y dijo:
- Toda dentro, buff que coño !!! Estrecho como a mi me gusta !
- mmmmmmm, exclamó ella. Que polla más grande !!! Tu si que sabes dar placer a una mujer !
Me acerqué. Le agarré la mano a ella, y la besé. Me miró a los ojos con cara de felicidad y de mucha excitación.

Entonces Paolo se acercó y mientras la follaba también la besó. Se dieron un profundo beso húmedo con sus labios, mientras yo estaba alli a escasos centímetros disfrutando la escena.

Paolo estuvo un rato manteniendo un buen ritmo de penetración, y no tardó mucho en hacer símbolos de que iba a correrse, así que sacó su verga, se puso encima de ella, y le folló las tetas mientras ella las apretaba para poder masturbar su miembro con ellas.
Mientras yo ya me había puesto en su entrada y la follé. Estaba muy mojada, y yo muy caliente.

Yo la estaba follando agarrando sus piernas en alto y tenía delante mío la espalda de Paolo que seguía su trabajo. No pudo más y escuché como soltaba un grito de placer, al unísono de ella, que también se estaba corriendo, al tener dos vergas rendidas a ella disfrutándolas al momento.

Paolo se apartó y pude ver algo increíble. La corrida de él había sido descomunal, porque las tetas estaban completamente blancas y la cara de ella también. La empecé a follar con más ganas mientras ella me miraba relamiéndose los labios con los dedos impregnados de blanco humedo.


Me tumbé y juntamos los dos cuerpos con el fruto de Paolo en medio impregnándonos. Caliente. Húmedo. Olor de otro macho. Eso nos excitó.

- Bésame, me dijo.

Me lo pensé un segundo, pero no pude contener las ganas de besarla. Nos dimos un caliente, húmedo y  salado beso mientras la follaba lentamente.


Me fui acercando al punto de no retorno lentamente. Lo que me hizo explotar fue ver a Paolo que se volvió a recostar al lado de ella, y le puso la verga al lado de su boca. Ella no lo dudó y la mamó, sintiendo en su propia boca  que se volvía a poner dura y grande.

No pude aguantar con la imagen tan excitante y noté que me iba a correr. Me tumbé y la besé. Nunca antes había tenido una polla en mi boca pero aquello era irremediable. No me gustan los hombres pero aquello era sexo. Mientras besaba los labios de mi mujer en un profundo beso,  la verga de Paolo estaba ahí acariciando los labios de ella, y de rebote los míos.

No pude más y solté un gran grito de placer.

Mi mujer y yo nos estábamos corriendo al momento mientras teníamos una verga entre nuestros labios, que no dudábamos en ir lamiendo en su tronco. Era un beso a tres bandas. Me pareció muy erótico y dulce. Noté un miembro duro y grande, muy grande, crecer ante mi.

Nos quedamos exhaustos abrazados besándonos.

- Soy muy feliz. Exclamé.
- Y yo afortunada, dijo ella. - Esto lo repetiremos más veces.
- ¿Eso es fruto de la cerveza diabólica?
- Jajaja. No te diste cuenta. No la tomé. La fui tirando en la maceta que tenía al lado. Me habían advertido. Pero no me hizo falta. Sirvió para que tú te lanzaras. Te amo.
- Te amo.





El protagonista podrias ser tu.

Os voy a explicar una situación, y a partir de ahí, quiero ver quien tiene más arte en explicar lo que le gustaría que pasara.

Como habréis detectado por los relatos, me excita imaginar a mi mujer con otro hombre. Sí. me encantaría que mi mujer fuera una Hotwife, (en el enlace hay mucha e interesante información) tal como se denomina en inglés a las mujeres que tienen permisos de sus maridos para tener relaciones con terceros, en presencia de éstos o no.

Sé que quizás acabe siendo una fantasia sin realizar, pero me encanta soñarla. De hecho, nunca pienso en sexo sin mi mujer de protagonista. Ella siempre está , y puede haber más gente o no, pero nunca he fantaseado con otras mujeres. Decidme raro. Es asi. Ella me despierta todos los sentimientos que un hombre desearía de una mujer.

Y la historia empieza así ...




Cuando mi mujer y yo salíamos a tomar copas algún fin de semana de cada mes, acostumbrábamos a ir a un local de gente de nuestra edad. La música de los 80 nos transportaba a recuerdos y sensaciones pasadas.

El local siempre se llenaba a tope. Todo empezó una noche donde había quedado con mi mujer en el local directamente. Yo trabajaba y acababa muy tarde, así que quedábamos directamente allí. Normalmente a las 12h de la noche entrábamos pero aquella noche el trabajo se había alargado inesperadamente y yo no podía llegar antes de las 2h.

Para colmo, la batería del móvil se había acabado una hora antes, lo justo para avisar a mi mujer que llegaría más tarde. 

Así que cuando llegué el local estaba a reventar. De aquellas veces que cuesta avanzar entre la gente. Como somos animales de costumbre busqué por la zona que por costumbre frecuentábamos. Busqué en la pista y tampoco la vi. Viendo que no la encontraba, me pedí un gintonic. 

Moviendo levemente el cuerpo al ritmo de la música en un extremo de la pista me tranquilice mientras observaba por ver si la encontraba. Finalmente di con ella. En una de las barras se encontraba. Estaba hablando con un joven de unos 30 años. Hablaba mientras bebía una copa y se reía. Parecía una escena típica de ligue. Se acercaban las caras para hablar porque la música no permitía entablar una conversación muy fluida.

No sabía si acercarme a interrumpir o no. Ella siempre se había resistido a ligar con terceros, pero esta vez se la veía muy cómoda y alegre. Así que estuve un rato medio bailando y medio mirando la escena. Una extraña sensación se apoderó de mi, ya que por un lado sentía nervios o celos, pero por otro una excitación inusual. Pero por el hinchazón de mis pantalones se notaba que lo estaba disfrutando.

Mi mujer de vez en cuando miraba en general a todos lados, dando la sensación que me buscaba, pero sin dejar de hablar con el muchacho. En una de esas ojeadas su mirada se cruzó con la mia. Me vio y sonrió, pero no dejó de charlar con el muchacho. A partir de ahi, me iba dedicando miraditas de morbosidad de vez en cuando.

Al final, y después de mucho debatir en mi interior, me dispuse a acercarme y presentarme. Cuando llegué mi mujer exclamó:

- Hola cariño, has llegado !!! Te presento a Iván.
- Encantado.
- Igualmente.

Y sin más, mi mujer exclamó:
- Le estaba contando a Iván que estoy casada, pero que mi marido no es celoso y me deja hacer a mi aire. 

Un sin fin de sentimientos y nervios pasaron en ese momento por mi cabeza. Nunca había planteado la situación así de clara y abierta. Me debí quedar con una cara en blanco porque ella añadió:
- ¿Verdad amor?
Sólo pude responder con un tímido ...
- Sí, mi amor.

- Le estaba diciendo a Iván que eres un cocinero muy bueno, y que ya que mañana no tenemos niños, podría venir a cenar. ¿Qué te parece? 

La situación era super morbosa. Podría haber quedado con él directamente, o haber dicho que se iba con él, pero no. Escogió la situación más morbosa. Le invitó a mi casa y conmigo de cocinero.

- ¿Verdad que nos prepararás la cena para los dos, mi amor?

No sólo le estaba invitando a mi casa, si no que me estaba dando órdenes a mi directamente de que les iba a servir la cena en compañía de un atractivo joven. 
Mientras mi cabeza iba a mil, pude ver la cara de morbosidad de Iván, que no se acababa de creer lo que se estaba planificando para la noche siguiente.

Así que quedamos en que llegaría a las 21h del día siguiente. Se despidió de él y me dijo que quería irse a casa a descansar. Así que nos fuimos. Como habíamos llegado en coches separados, nos dimos un beso y nos despedimos hasta casa. 

El camino de regreso era una tormenta de sensaciones y excitación. En mi mente pasaban mil imágenes. Pensaba en llegar a casa y hacer el amor con mi mujer por lo morbosa que era, pero cuando llegamos y nos metimos en la cama, se limitó a decir: 

- Mi amor. Hoy no. Mañana si todo sale bien haremos el amor. Te amo. Guarda esa erección para mañana. La necesitarás.
Me dió un beso de amor, y se giró en la cama para dormir.

A la mañana siguiente mi mujer no estaba. Había tenido que ir a trabajar, y me envió un mensaje de que llegaría por la tarde. 

Yo me dediqué a comprar  y preparar una cena que estuviera a la altura. Busqué un buen vino y preparé la mesa para dos con mucho mimo.

A las 19h recibí un mensaje de mi mujer que le preparara un baño caliente. Así lo hice.

Lo tenía todo a punto. Creo que nunca había tenido una erección tal larga en el tiempo. Estaba cocinando pero no me sacaba de la cabeza la idea. Aquello era muy morboso y lo estaba disfrutando.

Mi mujer llegó nos vimos lo justo para darnos un beso con sonrisa de complicidad entre ambos. Se bañó. Me dijo que recibiera al invitado si este llegaba.

Eran las 21h en punto. Lo tenía todo calculado. La comida en el horno en su punto. Una pequeña crema de entrante. Algo muy libiano pero excelente. 
Cuando el timbre sonó me asombré. Hice una respiración profunda y me armé de valor para abrir la puerta. 

Iván estaba alli de pié elegante. Camisa negra y pantalón negro. Corbata Granate. Una combinación muy elegante. En sus manos una botella de Cava.

- Buenas noches.
- Buenas noches. Pasa. Ahora bajará.

Le serví una copa de vermouth blanco bien frío y le indiqué que se sentara en la mesa. Ahora vendría ella.



La puerta de la habitación se abrió y apareció ella espectacular. Unos zapatos de tacón, medias negras con dibujos, una minifalda y un escote que no podía pasar inadvertido ni por un ciego. Impresionante.
Ví el rostro de Iván y los ojos le brillaban mientras esbozaba una sonrisa y decía:

- Buenas noches Preciosa !
- Buenas noches Iván !



Le serví otra copa a ella mientras se sentaba en la mesa. Les dejé solos y me fuí a la cocina.

...


¿Cómo continua la historia?

Decidid vosotros. La más sugerente la convertiré en oficial.





Fin de semana con sorpresa en Paris

La verdad es que nos gustan las situaciones eróticas y atrevidas y hemos fantaseado con infinidad de escenarios, pero al final no nos hemos atrevido a hacerlas realidad (más bien no se ha atrevido ella).

 Esta pasada Semana Santa tuvimos cuatro días de vacaciones (de jueves a domingo), y decidimos ir a algún sitio a pasar el fin de semana. Pensamos en varios lugares (Canarias, , etc.), pero al final nos decidimos por París. Quisimos ir a un hotel de lujo que le teníamos ganas, pero al final no había presupuesto y fuimos a un pequeño hotel cerca del Arco del Triunfo, un hotel muy coqueto.

 Nos gusta mucho follar en vacaciones, porque estás libre de todo y de todos. No estás sujeto a horarios y no tienes que preocuparte por los vecinos, los hijos ni por nada. Lo que solemos hacer sin haberlo premeditado cuando vamos de vacaciones es dejar de follar unos días antes de salir (a veces incluso dos semanas), para llegar al destino turístico muertos de hambre sexual. Y así lo hicimos cuando fuimos a París.

Madrugón. Fuimos en Ave por comodidad. Casi siempre viajamos en avión, pero teníamos ganas de probar la comodidad del ave. Cuando llegamos a París estábamos hambrientos. Nos pusimos a buscar un lugar donde cenar y no fue difícil. Nos sentamos en una terraza cerca de la torre Eiffel y allí se nos pasó el tiempo volando. Regresamos al hotel andando, totalmente derrotados y mi mujer cayó rendida en la cama, incluso con dolor de cabeza. Nada más que contar de aquella noche. No era lo que hubiera soñado, pero teníamos el fin de semana por delante.

 Dormimos hasta la hora del desayuno y nos levantamos para ducharnos y salir a la calle. Me duché yo primero y cuando salí de la ducha vi a mi mujer, con bragas y camiseta, tan casera, tan apetecible, que le pedí que follásemos antes de salir. Mi mujer es de ideas fijas respecto al sexo. Y ella tenía por prioridad dar una primera visita turística por Paris. Pero insistí.

  Y tanto insistí, que me ofreció hacerme una paja o mamada antes de salir, con la promesa de follar por la noche con mucha más tranquilidad.


Pero pensé: a falta de pan... y le dije que sí. Me quité el albornoz y me tiré boca arriba en la cama y le pedí que me lo hiciera como bien ella sabe. Mi mujer es una excelente mamadora. La mejor del mundo. Sabe hacerla mirándote a los ojos y volverte loco.

 Pero yo quería algo más que una simple mamada. Me encanta la exhibición y le dije que aceptaba no follar a cambio de esa mamada, siempre y cuando la ventana estuviera abierta, con la emoción de que cualquier mirón nos pudiera ver. Total, allí no nos conocía nadie.

 Me dijo que no de forma rotunda. Todo eran excusas. Que podía vernos alguien con quien podíamos cruzarnos en pasillos, ascensor o restaurante. Que nos podían grabar. Que estaban muy cerca las otras ventanas. Y tenía razón. Nuestra habitación tenía un balcón con dos puertas enormes que, abiertas al máximo, dejaban ver nuestra cama desde muchas habitaciones del mismo hotel, ya que no era exterior, sino que daba a un patio interior muy amplio.

  Insistir siempre da premio y este fue un claro ejemplo de ello. Insistí hasta la saciedad, hasta ponerme pesado, recurriendo mil veces al por favor, hasta que aceptó hacerlo con las puertas del balcón abiertas de par en par, con la condición de que ella se quedaría en braguitas y en camiseta, no desnuda como yo pedí. Accedí a ese término en la negociación, porque sabía que el tiempo pasaba y si me ponía más pesado me quedaría sin nada.

 Así que tumbado boca arriba cerré los ojos, una vez abierto el balcón de par en par, consciente que podía ser observado por cualquiera que en ese momento se asomase a su ventana. Mi mujer se puso de rodillas a mi derecha, de espaldas al balcón, y se dispuso a hacer lo que tan espléndidamente hace siempre que ella quiere.

 Empecé a notar sus deditos en mi capullo. Un verdadero placer. Me la agarró por el tronco y comencé a sentir un verdadero escalofrío de placer por todo el cuerpo, añadido a que era consciente que aquella estampa podía estar siendo observada por cualquier curioso. Pero no me era suficiente y le rogué a mi mujer que se quitara la camiseta. Esta vez, con la calentura del momento, sí aceptó. A ella le gusta mucho mi polla cuando está completamente dura, y en aquel momento se daba el caso.

 Le pedí que fuera más despacio, porque yo quería que aquello durase más de lo que inevitablemente iba a durar si seguía con ese ritmo. Bajó su mano y se puso a jugar con mis huevos, delicadamente, para después hacer alguna incursión a mi zona anal. Mientras me acariciaba los huevos y el ano, mi mano jugaba con los bordes de sus braguitas, metiéndose mis dedos a veces hacía su interior, notando los relieves de su vulva, el vello de sus labios mayores, la humedad de sus labios menores y el sudor que, fruto de la calentura, había en la raja de su culo.

 No se había duchado todavía y su olor íntimo tenía una antigüedad de más de veinticuatro horas. Por ello le tocaba aquellos rincones y me llevaba los dedos a la nariz para después chuparlos, lo que me calentó mucho más. De forma casi instintiva, agarré el borde superior de sus bragas y tiré hacía abajo. En lugar de impedirme que se las quitara, adoptó una postura que me facilitó la maniobra, y fue ella misma quien se las bajó del todo y las tiró al suelo.

 Ya la tenía totalmente desnuda y a la vista de todo el que tuviera la suerte de asomarse de cualquier balcón o ventana de enfrente. Desnuda y de espaldas. Arrodillada a mi lado y con las piernas un tanto abiertas. El acceso de mis manos a su coño y su culo ahora era absoluto. Y ello podía verlo el mirón de turno. No quise conformarme con simples toques y caricias. Le metí dos dedos en su vagina, busqué y masturbé su clítoris. Ella, al calentarse cada vez más, me masturbaba con más fuerza, con más vigor, hasta que me dí cuenta que mi orgasmo era inminente.

 Me salió del alma. Le pedí que se agachara para poderme correr en su boca. 

 Lo hizo sin rechistar. Puso su culo en pompa conscientemente dirigido al balcón. Toda la humanidad allí presente pudo disfrutar en aquel momento de sus nalgas abiertas y de su coño ofrecido con todo su esplendor, mientras mi semen se iba a derramar en su boca.

 Y en aquel momento, ocurrió algo como consecuencia de un error no previsto. No habíamos colocado en la puerta el cartel de "NO MOLESTAR"” y ya estaba bien entrada la mañana. No le dimos importancia a los ruidos que con sus carritos de estaba haciendo el personal de limpieza del hotel.

 Una llave se introdujo en la cerradura de nuestra habitación y abrió la puerta. Todo era ya inevitable. Ni siendo los más rápidos del mundo podríamos haber evitado la incursión de aquel chico. Se quedó estupefacto, más él que nosotros. Pero todo siguió su inmutable curso. Mi mujer estaba aferrada a mi polla y sabía y quería que en breves momentos aquello iba a estallar. Y yo estaba obnubilado, con la razón perdida en otro mundo. Sin hablar, sin ponernos de acuerdo, cada uno siguió en su papel.

 Y el chico, como no podía ser de otra forma, traspaso el umbral de la puerta y, con mas miedo que vergüenza, ya que vergüenza no tenía ninguna, se puso a mirarnos sin mostrar el más mínimo rubor, mientras cerraba la puerta lentamente,  cosa que le permitimos sin impedimento alguno.
 

 Era un chico joven, guapo y atlético. En aquel momento, ni a mi mujer ni a mí nos molestaba su presencia, más bien todo lo contrario, nos excitaba sobremanera. Se fue acercando muy lentamente hasta situarse detrás del culo de mi mujer. Lo observaba fijamente con cara de vicio y deseo. Cerró las cortinas,  me miró y le dirigí una sonrisa de aprobación. No sabía como reaccionaria mi mujer pero yo estaba al máximo en aquellos momentos de máxima calentura.

 Su mano se dirigió tímida y temblorosamente hacía sus nalgas y las acarició con mimo, disfrutando de su suavidad, de su calor, de la finura de su piel. Mi mujer dejó de chuparme la polla sorprendida y me miró a la cara con sonrisa viciosa, también en signo de aprobación, con lo que me dió a entender que estaba preparada para todo lo que pudiera venir. Volví a mirar al chico y le hice un gesto afirmativo con mi cabeza.

 Seguro de sí mismo, dirigió su mano hacia la bragueta de su pantalón y se desabrochó el botón superior y bajó la cremallera. El chico debía tener experiencia y siempre iba preparado porque sacó de su bolsillo un preservativo. Lo abrió y se lo puso en un instante. Su polla en aquel momento me pareció enorme, debido a su total erección. No se anduvo con rodeos. La dirigió a la vagina de mi mujer.  Ella notó su presencia en su entrada, y me hizo una mirada de las que no olvidaré nunca. Me besó apasionadamente la punta de mi miembro, mientras noté como un empujón se la clavava hasta el fondo. Mi mujer me la chupó hasta el fondo,  mientras me miraba a los ojos con cara de morbosidad y placer.

 La estampa era estupenda. Mi mujer a cuatro patas, con mi polla ensartada en su boca y  su coño con una polla dura. Yo ya no pude más. La situación me superó. 


 La corrida fué inevitable. El semen se me escapaba sin quererlo. Se escapaba de forma casi explosiva. 

 Ella me miraba con ojos de lujuria y leche rebosando de sus labios mientras gemía por las embestidas que le estaba proporcionando el joven. El chico estuvo unos minutos dándole con muchas ganas, mientras mi mujer se corría. 

 No pasaron muchos minutos que el chico gritó como loco y noté como se estaba corriendo follando el coño de mi mujer. 

 La polla de aquel chico siguió dentro de mi mujer durante un minuto más, hasta que la última gota de él terminó en el interior del preservativo dentro de su coño.

 Quise disfrutar de la maravillosa perspectiva al ver a mi mujer follada por un extraño, de cómo aquella polla, tras derramarse en su interior, seguía entrando y saliendo de su vagina, hasta depositar la última gota de sus testículos. El espectáculo era incomparable.

 Nada más terminar, consciente de lo que acababa de hacer, mi mujer se dirigió al baño para expulsar lo que con tanta pasión había capturado en su boca. El chico sencillamente se recompuso y se fue como había venido: de forma sigilosa, sin hacer ruido, como si no hubiera estado, como si todo hubiera sido fruto de nuestra imaginación. Yo, sin vergüenza ni remordimiento alguno y sin mirar al exterior, me dirigí al baño para ducharme de nuevo con mi mujer.


Al regresar había una tarjeta encima de la cama con un teléfono y un nombre.  Quizás el fin de semana nos traería alguna sorpresa más. 

Nos abrazamos, besamos y nos pusimos dispuestos a ir a conocer la ciudad del amor. Paris.

Una luna, una orilla, unos ojos.

    Llamamos al camarero, pagamos la cuenta y nos dispusimos a marcharnos,  bajamos los  cuatro escalones que  conducían al paseo maritimo y con ella en  medio de los dos caminamos despacito.

 Paseamos durante  unos  minutos. Vimos  las clasicas pasarelas  de  madera que invitan a entrar en la playa sin pisar la arena.
Ella  dijo:
- Entramos a ver  como la  luna  se refleja en  el agua?.
- Buena  idea, hace una noche fantástica,  dijo Iván.
 Caminamos  por  la  orilla  de la playa y en efecto una  maravillosa luna se reflejaba en el agua  e iluminaba toda la orilla. El mar estaba muy calmado y podiamos  vernos perfectamente  las caras. Mi mujer  lucia radiante con unas mejillas rosadas, efecto causado por  el  buen  vino que habiamos  bebido.

Rodeé su cintura con un brazo e inesperadamente Iván pasó el suyo por encima de sus hombros, de esa  manera seguimos  caminando cuando  de pronto  sono el movil  de Iván, era  una llamada de algún amigo suyo. Instintivamente  al oir  la melodia  del movil  de Iván, eche mano  a mi  bolsillo del pantalon buscando el  mio y  observe que no estaba.
- Joder, ya  me  he dejado el  movil en  el restaurante.... exclamé.
- Qué cabeza.. me recriminó mi mujer.
- Voy un  momento  a por  él. No tardo.

Como  unos  200 metros  mas  adelante  se veia una  zona con barcas y patines  de alquiler, señalandola  les dije....
- Id  hacia  allí vuelvo enseguida......

Mi mujer e Iván sin  soltarse  del hombro siguieron  hacia donde les indique y yo me apresuré  a volver al restaurante. Tardé poco, y cuando llegué el camarero que  nos había atendido ya tenía el  movil en la mano. Le dí las gracias y emprendí el  camino  de  nuevo hacia la playa y la zona de las  barcas, esta  vez  fuí por  el paseo  evitando la arena.

Cuando estuve a su altura entré por la  arena  hasta allí. Conforme  me acercaba escuchaba una musiquilla que provenía  de esa  misma  zona. Avancé escuchándola y vi que  era una pandilla  de chicos y chicas adolescentes con  dos guitarras y una especie  de timbales, estaban  de lo mas entretenidos y no sonaban nada mal sus canciones, estaban sentados mirando hacia el paseo marítimo, unos tocando y cantando y otros  bailando  en la  arena.

No les vi, así que pensé debían estar en la otra parte  de las barcas mirando  el reflejo  de la luna en el agua, salude a los chicos  con un  ...buenas  noches.... pasé entre  ellos y di la vuelta  a las  barcas, al otro lado  de ellas habia unos  patines  de esos  de pedales y mas hacia  la playa, una especie  de  caseta donde pienso  guardarian  herramientas o utensilios los que se dedicaban al alquiler de los patines, y al lado una  vieja  barca  de pescadores que estaba  alli  como  algo pintoresco, me dirigí hasta  la caseta y al dar  la vuelta  me asomé y vi a mi mujer apoyada en la barca sobre sus antebrazos, su espalda arqueada daba a donde yo estaba.  Iván estaba a su lado con la misma postura, parecía que los dos contemplaban el reflejo  de esa luna en el agua y el venir de las  suaves olas. Me quedé quieto y no salí  de la esquina  de la  caseta, estaba a pocos metros y con la claridad  de la luna podia  verlos perfectamente desde mi esporadico escondrijo, les oía como un susurro pero no podia  apreciar que decían, alli  en mi observatorio veia  a los  dos perfectamente pero  no podia  oirles  bien.

Iván rodeaba  a mi mujer por los  hombros y de cuando en cuando se miraban  hablando, en uno  de esos  momentos  vi  como Iván se avanzó  y se fundieron en un largo beso....
Al principio mi mujer pareció que quiso resistirse, pero no tardó ni cinco segundos en aceptar el beso. Se abrazaban y se besaban,  yo les  veia perfectamente y decidí no mostrarme por  ver aquella escena  que se me antojaba  muy bella y morbosa.

Despues  de  muchos  besos  y muchas caricias, Iván bajo  su mano derecha y puso su mano por dentro de la falda. Sus  bragas  blancas  cubriendo  aquel  culo tan  hermoso relucían  con la  luz de la playa, tenía el lugar más privilegiado para  ver  la tersura  de las nalgas  de ella y el volumen  de  su culo, aquella vista  y el que no pudieran verme, hizo subir mi temperatura sexual y con ello mi cosa empujaba  dentro de mi pantalón.

Iván   despues  de meter la mano dentro de la falda de ella, seguía  besándola en su boca y su mano impetuosa buscaba  separar la poca tela  que le  separaba de aquella raja del placer. Todas las maniobras para apartar aquella tela y  entrar un dedo en su ya  humeda vagina, todo lo hacia  sin dejar  de besar a mi mujer y mirando los dos  hacia el mar como si  de una pelicula se tratara.  Iván insistia  con  sus  dedos  de  una sola  mano en meterlos por aquella hendidura pero al parecer le costaba  lo suyo.

Ella finalmente le ayudó  con  su manos  apartando ese pliegue  de tela  de sus  bragas y facilitandole la  entrada   de los  dedos  de él, la mano de Iván se movia arriba y abajo y ella correspondía con vaivenes  de  sus caderas para poder  restregar mas  su raja con los dedos  de aquel experimentado hombre. Se escuchaba la respiración de ella intensa.

Solo un par  de minutos  con ese  juego y podía  oir sus pequeños  gemidos disfrutando con   aquellos  dedos  dentro  de   ella y  que sin duda  le daban mucho placer y morbo.

Ella se giró en redondo hacia Iván, lo cogió por  el cuello y le besó fuertemente, no conté  el tiempo que  duró aquel beso pero pensé que podrian ahogarse si no respiraban, apartó los  labios  de él y  sin dejar de abrazarlo con una mano buscó la bragueta  de él para sacar de su reclutamiento aquel miembro que se preciaba grande y duro.

Ella cogió aquel miembro y comenzó un vaivén arriba y abajo con su mano derecha, con la izquierda detras  del cuello del chico lo atraía  hacia ella y lo besaba apasionadamente, imaginé que  su lengua debia estar por  lo menos  en la garganta  del macho excitado, seguia moviendo su mano e Iván doblaba sus piernas por el gusto que  aquella  masturbacion le estaba  causando, Iván subia y bajaba flexionando sus piernas  al ritmo  que ella le daba con la  mano a su pene y ni por un  momento  apartaban  sus bocas.

Ella subió el tono  de  sus  gemidos, yo la oía perfectamente. Se notaba que la situación la excitaba  y  mi mano saco  mi miembro  del apretón  de mis pantalones y  me masturbaba con  vehemencia  mientras los veía y escuchaba a ella.

No tardó  nada despues  de un gemido  muy  fuerte se separó al chico, se quitó las bragas y  donde antes apoyaba  los antebrazos, se sentó, se sentó encima  de la barca y abrió sus piernas ofreciendole a Iván toda  su intimidad.

Iván  al verla  alli sentada  casi a la altura  de  su pecho  se agachó un poco, cogió los muslos  de ella los separo bien y metió toda su cabeza entre las piernas  de ella que  a mi parecer estaba ansiosa por  ser penetrada por aquel miembro.

La escena amigos mios  era impresionante yo alli  medio escondido con  mi pene erecto y dentro de  mi mano, moviéndolo lentamente para prolongar  aquel placer de la visión que mi mujer y ese hombre me daban, ella sentada en la barca con su falda arremangada  hasta la cintura con las piernas terriblemente abiertas, él con una  mano en cada muslo sosteniendo el peso  de sus nalgas y con la cabeza hundida comiendo aquel manjar exquisito que  debia  rezumar por las ingles  de ella, pasando  su lengua por aquel clítoris que de seguro estaba hinchado por el gusto que  aquella boca le estaba dando, y todo ello lo podia ver y oir.

En un momento dado, por los gritos de ella, supe que se estaba corriendo. En ese momentó levantó la cabeza y con los ojos medio en blanco, me vió. Me miró con aquella cara de placer que tiene cuando se corre, pero al mismo tiempo, como sabíendo que aquello también me excitaba un montón, cogió la cabeza de Iván y la estrechó con más fuerza a su coño rebosante de placer y humedad.
La escena era perturbadora y morbosa. Ella se había corrido con la boca de Iván en su sexo mientras me seguía mirando a los ojos.

Cuando no había tenido suficiente, y viendo mi aprobación,  cogió  la cabeza  del hombre con sus  manos y la apartó, y le enseño su sexo abierto. No hacía falta ser muy listo para entender lo que quería.  Iván  cogió su miembro  con las manos y lo llevo a  esa gruta  de la felicidad que  tanto nos gusta  a los  hombres, y sin ningun problema para  meterla hasta lo mas profundo, la raja  de ella  debia  de estar llena  de  sus jugos  de ella y los  de la lengua de Iván. Metió  su pene  hasta los testiculos y bombeó  de una manera alarmante, golpeaba con mucha  fuerza sus  genitales   sobre su coño, embestía  como un toro fuerte y rápido.  El hombre  estaba fuera  de si. Yo le veía desde atrás.

Ella se tumbó sobre  su espalda en la arena y  en esa postura (adivino) que el chico entró mucho más en ella, por un momento  miré detrás de mi por  si alguien venia pues los gritos  de ella eran ya alaridos, estaba seguramente  orgasmando y sus jugos sobre el pene de él, la llevaban al limite. De vez en cuando ella me miraba mientras le decía cosas a él. Iván no se había dado cuenta que yo era espectador de lujo de su follada con mi mujer.

Un minuto más e Iván empezó a gritar y pude  oir perfectamente...me corro, me  corro y ella le dijo,  siiiiiii ssiiiiii, lléname por  favor.

Esa visión  de la escena allí escondido me puso con una  taquicardia.
Ella se incorporó y abrazó a Iván,  y no podia saber quien estaba  dentro de quien, ella se apretaba a él acariciandole su cabeza y él le besaba el cuello con  verdadera ternura.

Permanecieron así por bastante  tiempo uno dentro del otro mientras los jugos  debían  de correrles a los dos por las piernas, pero no salían de  su estrecho abrazo y  de su  honda penetracion..... al cabo de un rato Iván  se separó y pude  ver  su miembro bastante distendido.

Mi mujer dió un salto  sobre la  arena y se puso las bragas.

Me alejé discretamente por el otro lado, y dejé pasar unos  minutos. Volví  por el otro lado de la  caseta y guié mis pasos  hacia los patines  donde cantaban los chicos, los  saludé  de nuevo y rodeándolos  me fuí por ese lado  hasta la orilla de la playa y me fui acercando  a la pareja que  ahora estaban  sentados mirando al mar.

- Has tardado  mucho...dijo ella.
- Si.. el camarero recogió el movil  de la mesa y se ausentó del restaurante y he tenido que esperar a que  volviera... tuve  que improvisar la respuesta.

- Bueno dijo ella, ya estas aqui, ¿donde vamos?
- Pues  si quereis vamos a  pasear un poco más.
- Por mi vale ...  respondió Iván
- Por  mi tambien  dijo ella.

Saltaron los  dos a la arena y  nos  fuimos los  tres bordeando  el agua  de la playa.

Caminamos  un buen rato y llegamos a un punto donde la playa perdía su arena y se convertia en una alfombra  de piedras hasta el espigón, cubrimos  los  100 metros que  nos separaban  del espigón como pudimos. Llegamos  y  nos  sentamos   alli en  los  grandes bloques,  Ella decía que  estaba un poco  cansada, nos  sentamos mi mujer y yo. Iván se acercó hasta el agua  que estaba quieta, parecia  mas un lago que el mar, cogió un puñado de piedras de  esas planas y las lanzaba al agua para  hacerlas  saltar una y otra  vez. Parecía que estaba pensando sobre lo ocurrido.

Rodeé con mi brazo a mi mujer por  detras  de su cuello y ella inclinó  su cabeza sobre  mi hombro, quedó un momento en silencio y dijo:
- Te quiero.
- Yo también te quiero y mucho.

La apreté sobre mi  y le di un beso en la boca, al mismo tiempo ella  cogió  mi mano y la llevó por debajo de su falda, apretó su mano sobre la mia hasta que la mia estaba  tocando su húmedo coño.

 - Sí, por eso te digo  que te quiero, por todo cuanto haces  por  mi. ¿Te gusta como está mi coño? me susurró al oido.
- Me encanta. ¿Sabes lo que me gustaría hacer ahora?
- Sí, vicioso. Luego en casa. Que habrá que bajar ese hinchazón de tus pantalones.
- Iván !!! Gritó mi mujer. Ven.

 Iván se acercó. Ella se levantó y le dió un beso en la boca. - Gracias. Me lo he pasado muy bien. Pero debemos irnos a casa.

Iván se quedó atónito pero sonrió al ver que yo le guiñaba  un ojo mientras besaba a mi esposa para despedirse.

- Gracias, pareja. Sois increibles. Disfrutad. Me quedaré un poco viendo el mar.

Nos fuimos paseando mi mujer y yo lentamente abrazados.

La noche avanzó y la humedad volvió, pero esta vez era en nuestra cama, y eramos mi mujer y yo. Aunque había la presencia de un tercero, aunque sólo fuera en estado líquido.





Mi mujer es una Cougar !

Empezaré explicando que una Cougar es una mujer adulta (sobre los 40) que le gustan los jovenes. Así que dada esta explicación, les voy a explicar lo que sucedió un  día:

Siempre he sido muy vicioso y creo que con la edad me he hecho más cachondo y pervertido todavía. Estoy casado con Alicia, una estupenda hembra, a pesar de sus 40 y pico años. Como veis ya somos unos maduritos  pero todavía nos gusta darle marcha al cuerpo. Tenemos dos hijos pero  ya ambos son independientes, asi que disponemos de libertad para hacer lo que nos plazca en cualquier momento y así no es raro que andemos ligeritos de ropa por casa o que nos pongamos a follar en la cocina o donde nos apetezca. Nos llevamos muy bien, nos queremos mucho y en el sexo nos lo pasamos también francamente bien, aunque mi mujer es menos viciosa que yo.

Hace ya algunos años, entre mis fantasías, empecé a tener la de ser un cornudo y ver como mi mujer se entregaba y disfrutaba con otra polla que no fuera la mía pero cuando se lo comentaba a ella, como tantas otras cuyos maridos han contado sus historias, me decía que no quería otros hombres en su vida y que conmigo le bastaba. Yo seguía insistiendo y con el tiempo empecé a ver que cuando le mencionaba el tema mientras follábamos, ella se excitaba aún más. También empecé a señalarle hombres por la preguntándole si le apetecería llevárselos ala cama. Ella se reía divertida pero de vez en cuando me decía que con alguno no le importaría hacer una locura. Como cada vez la veía más decidida, volvía a la carga con más decisión y le planteé de verdad que pensara en alguno para ponerme unos hermosos cuernos y hacerme disfrutar con ello.

Tanto insistí que terminó aceptando, pero me impuso las siguientes condiciones:

- Tiene que ser muy discreto y por otro lado, preferiría que fuera un joven porque, no te molestes pero, para gozar con un semental maduro ya te tengo a ti.

Por supuesto, a mi no me importaba en absoluto, de hecho incluso me excitaba más la idea de mi madura mujer follando con un chaval con la mitad de años que ella. Pero esto, por otro lado, complicaba mi plan un poco porque yo ya había pensado en algunos candidatos como algún compañero mío del trabajo y algún conocido de confianza pero no muy directamente relacionado con nuestro círculo, pues la discreción es básica en estas cosas. Pero ocurría que todos eran de nuestra edad mientras que a la viciosilla de mi mujer le atraían más los jovenes.

Estuvimos dándole vueltas al tema durante un tiempo y un día, mientras tomábamos café en el bar en el que solemos desayunar antes de irme yo al trabajo y ella a hacer sus compras, ella misma me dijo, señalándome al hijo de los dueños:

- Mira a Luis, es un chico muy majo, sabe estar y cada día está más guapo.

El tal Luis, como va a la universidad todas las tardes, a las mañanas suele echarles una mano a sus padres, sobre todo las hora del desayuno pues el local se pone hasta los topes. Tiene 22 años y no era raro que a mi mujer le gustara pues hace mucho deporte y está muy bien. Enseguida capté lo que estaba pensando mi esposa y aquella misma noche, estando yo cachondo perdido con la idea de que mi mujer follara con Luis, empezamos a planear como hacerlo. Llegamos a la conclusión de que habría que provocarle de alguna manera y ver como reaccionaba.

Así que, a la mañana siguiente, cuando fuimos a desayunar al bar y aunque a ella le daba una vergüenza tremenda, a mi mujer se le "olvidó" abrocharse adecuadamente la blusa y buena parte de sus tremendos pechos asomaba por su escote, quedando a la vista de quien les prestara atención. Debo explicar aquí que mi mujer tiene unas tetas más que respetables y también os diré que está un poco entradita en carnes y que otro de sus mejores atractivos es su trasero, que hace dar vuelta a más de uno por la calle. Volviendo al desayuno, diré que no fueron pocos los que se fijaron en el escote de mi mujer y afortunadamente el detalle tampoco le pasó desapercibido a Luis, el joven hijo de los dueños. Como además nos quedamos tomando café y el bollo en la barra, frente de donde estaba el chico, este no dejó de mirar el escote de Alicia ni un momento.

Yo la verdad, a partir de ahí, no sabía qué hacer para propiciar el asunto con Luis pero entonces intervino la calentorra de mi mujer con todo el puterío del que solo son capaces las mujeres. Como quien no quiere la cosa a ella "se le cayó" un poco de café en la blusa. Entonces empezó a decir que pena de mancha para acto seguido preguntarle al joven si tenía un quitamanchas de esos de spray que suelen tener en los restaurantes. El chico asintió y cuando lo entregaba a mi esposa, esta le dijo:

- ¿No podría pasar a la cocina?. Es que hacerlo aquí...

Esto lo oyó Antonia, la madre de Luis, dueña del bar, que inmediatamente le contestó:

- Claro que sí, mujer, no te vas a poner ahí a rociarte las tetas... Anda Luis, acompaña a Alicia hasta la cocina.

Ambos entraron en la cocina del bar y minutos después salía el chico con la cara roja como el tomate. Luego lo hacía mi mujer con una sonrisa de picardía y con los ojos brillantes. Yo ardía en deseo de saber si había pasado algo así que cuando salimos del bar, le pregunté a mi mujer y ella me dijo, con malicia:

- Debes saber que no he sido yo la que me he limpiado la mancha pues he tenido buena ayuda para frotarme todo el pecho. Ya sabrás todo lo que tengas que saber esta noche así que intenta llegar pronto a casa.

Pasé el día en el trabajo sin dar pie con bola. Todo el rato pensaba en mi mujer, en el incidente del café y también en lo que me había dicho al salir de la cafetería reconociendo implícitamente que había sido Luis el que le había dado unos buenos frotes en las tetas, con la excusa de la mancha.

Cuando llegué a casa después del trabajo, iba deseando aclarar con mi mujer las posibilidades de que nuestro plan con el joven aquel se hiciera realidad, pero al abrir la puerta mi mujer no vino a darme el beso como de costumbre. Parecía como si no hubiese nadie en casa pero enseguida empecé a oír murmullos procedentes de nuestro dormitorio y cuando me aprestaba a aguzar el oído para escuchar mejor, resonó con fuerza una voz masculina que, en el acto, identifiqué como del joven del bar y que dijo:

- ¡Venga, calentorra, ahora chúpame los huevos hasta volver a ponérmela bien dura, que voy a echarte otro polvo a ver si te dejo rendida de una vez!.

- Te chupo lo que quieras, cacho macho, pero vuelve a joderme hasta dejarme deshecha, cariño.

Cuando me asomé a nuestro dormitorio, el cuadro que me encontré me la terminó de poner como el acero. Luis estaba en nuestra cama tumbado de espaldas y con las rodillas recogidas, pegadas a sus hombros, para dejar a disposición de mi mujer todo su paquete genital y también el culo. Ella, completamente desnuda, a excepción de los zapatos y con todo el culo en pompa, estaba a cuatro patas inclinada sobre el chaval, chupándole con avidez los huevos y la polla.

- ¡Así, así, cómemela, guarra! - le decía el chico.

- ¡Como me gustan las maduras viciosas como tú, calientes!. Si a tu marido le gusta ser un cornudo, ya verás cuando llegue y vea lo viciosa que eres, la alegría que se va a llevar.

- Pues ya me la estoy llevando - intervine yo mientras me desnudaba a todo correr.

Los dos se asustaron en el momento, pero se incorporaron y mi mujer, riendo, me dijo:

- Cariñito, ven a disfrutar de nuestro primer trío. Verás que bien nos lo pasamos, sobre todo yo. Luis es fantástico y creo que tan vicioso o más que tú, me ha echado ya dos polvos y sigo cachonda perdida. Además me está haciendo hacerle unas guarrerías que no veas...

Rápidamente estuve con ellos en la cama y tan excitado que creía que me iba a correr sin ni tan siquiera tocarme. Alicia volvió a su tarea de comerle el pollón a Luis y yo me puse detrás de ella para comerle el conejo que encontré, por cierto, rezumando semen, sin duda procedente de las corridas anteriores del joven amante de mi esposa. Mi mujer le devoraba al chico los huevos y la polla. Nunca la había visto chupar con aquel vicio y aquella ansia. Eso sin contar con la comida de ojete que también le estaba haciendo y que era, creo yo, la primera vez que mi mujer le comía el culo a alguien por voluntad propia.

Momentos después, Luis dijo que ya era el momento de volver a joder y le indicó a mi esposa que se pusiera a cuatro patas sobre la cama. Entonces se situó detrás de ella y se la clavó una vez más por el coño iniciando una salvaje follada mientras me indicaba que se la metiera en la boca y que le tirara de los pezones. Así lo hice y apenas me hubo dado tres o cuatro lengüetazos, me corrí como una fuente sin poder remediarlo, llenándole la boca y la cara de semen.

Ella me miro con cara de vicio, y me dijo:
- Qué rápido te corres, cornudo mio.
Aquello me encendió. Me senté en un lado y disfruté del espectaculo.

Lo veo



Te he llamado para que vengas al hotel con mi amante y mires como te hago cornudo.

Me gusta que veas como otra polla entra en el coño de tu mujer, de tu esposa, de la madre de tus hijos. Para que veas como otra polla roza el coño de la puta de tu mujer, lo folla, lo usa y lo disfruta a sus anchas. Para que me veas gozar.

imagePorque tengo permiso para follar siempre que quiera. Tú me lo concediste, ¿te acuerdas?

Fuiste tú el que lo trajo a casa porque querías hacer un trío. Yo me enganché a él de tal manera que ahora soy su puta.

imageMírame. Mira cómo se follan a tu mujer delante de tus narices. Como te hacen cornudo con tu consentimiento pleno, porque eres tan cornudo que se te pone la polla dura al verme usada por otro. Al ver el coño de tu mujer penetrado por otra polla que no es la tuya.

Porque esto es una verdadera polla, cornudo mio.


Siempre serás mi macho cornudo. Y por eso cuando mi hombre se ha corrido y he salido a abrirte la puerta y a pedirte que entres, te he dejado que disfrutes el mayor regalo que se le puede hacer  a un marido cornudo: que mame en la teta la leche del hombre que se acaba de follar a su mujer. Vas a mamarme, te lo ordeno. Sé que te gusta. Ya lo haces, como un bebé que succiona la teta que le da de comer. Y te encantará. No podrás dejar de lamer. Mis tetas jugosas serán tu alimento. Porque soy tu Diosa y nunca te dejaré con hambre.

imageNo te preocupes, esposo mío, que nunca te va a faltar alimento, la leche del macho que me folla y te hace cornudo llenándome de satisfación. Me gusta verte mamar así. Parece que tienes hambre. Y si te quedas con más hambre no te preocupes porque voy a follar más con él para que no te falte el alimento. Joder, cómo eres, cornudo. Cómo te gusta mamar. Me vas a dejar seca.


Y ahora lámeme el coño y el culo para que él me folle de nuevo, mientras estoy saborreando su polla y veas como me folla de nuevo. Aprecia de cerca como huele mi coño de hembra excitada, anhelante de macho. Lo valioso que es un hombre de verdad, un macho. Mira como me folla, como su polla entra y sale del coño de tu mujer, como te hace cornudo.

Eres un cielo de marido. Por eso te amo, aunque te humille, cariño, pero ya sabes que eres tú el que todos los días me lo suplica al despertarme al traerme el desayuno.

Y sabes que siempre me tendrás, y yo a ti.


Fuente:
 http://sumisocornudo.tumblr.com

Mi Día de los Enamorados

Mi esposo retiró la venda de mis ojos.
Le miré.
Él pudo ver la expresión de mi cara, de mis dilatados ojos mirándole, atónita, suspirando, notando la dureza de su polla en mi cabeza, teniendo mis piernas abiertas de par en par, con mi coñito expuesto, corrido, lleno de semen caliente, notando como este rozaba la entrada de mi vagina, cayendo por el agujero de mi culo, mi corazón palpitando a mil por hora.
No podía ni creerlo, mi mente no daba procesado lo que allí había pasado, solo pude ver como mi esposo se colocaba ahora en medio de mis piernas, teniendo que cerrar mis ojos y suspirar al sentir como su glande estaba tocandome, a punto de penetrar mi vagina húmeda.

Me corrí instantáneamente al escuchar a mi esposo decirme que ahora SI estaba preparado mi coño para ser follado, me seguí corriendo notando como su falo me penetraba sabiendo los dos que su polla estaba introduciendo, restregando por las paredes de mi vagina la leche postorgásmica de otro hombre.
Nunca antes había estado con otro hombre que no fuese mi marido, PIENSA en lo que sentí en ese momento notando la dureza de la polla de mi esposo resbalando dentro de mí.
Tuve el mayor orgasmo de mi vida en ese momento, con esa sensación, con lo que el cabrón morboso de mi marido acababa de hacer.

Rebobino.
Estoy casada, 40 años, 2 hijas preciosas, virgen hasta mis 23 años, solo tuve relaciones con mi esposo, había sido educada por mi familia en una mentalidad retrógrada y casta en la que TODO era pecado o de guarros, nunca me había tocado mi coño, nunca había visto porno, nunca mis pechos de talla 110 copa E habían visto la luz y menos todavía el ser tocados, lamidos por nadie.
Hoy es el día de nuestro 17 aniversario.
Cena romántica, vestida sexy, alcohol, hotel para recordar nuestro noviazgo.
Una hora entera de Jacuzzi, besándonos apasionadamente sin prisas ya que las niñas se quedan en casa de mis padres y de mi hermana solterona mayor.
Ha sido maravilloso, he querido montarme encima de la polla de mi esposo para agradecerle la fantástica noche que ha organizado.
No me ha dejado, me ha “castigado” de igual forma como me tuvo de novios, deseando que me desvirgase, sentirlo dentro de mí durante los primeros CINCO largos meses , mojando mis braguitas cada vez que estábamos juntos, comiéndome mi coño virgen con su lengua de víbora como yo la denomino, corriéndome cada vez que su lengua recorría la raja de mi coño.
Me ha llevado a la cama, me ha puesto una venda en mis ojos, me ha dicho que deseaba que me masturbara para él. Es un cabrón morboso como siempre lo ha sido, hoy no iba a ser menos, sonreí al escuchar cómo me decía en mi oído que imaginase que estaba desnuda tomando el sol en una playa nudista, rodeada de muchos hombres pasando por delante de mí, viendo mi coño, mis pechos, sabe que ESO excita a cualquier mujer, más si nunca otro hombre me ha visto ni tocado, solo él.
Me ha excitado, quise jugar, ser mala, el alcohol de la cena y el jacuzzi  han ayudado bastante a relajarme, a sentirme bien, quiero darle este regalo a mi esposo, llevo mi dedo a mi sexo, a recorrer con él todo mi coño, esto me está poniendo cachonda perdida, en mi mente recreo la imagen que mi esposo me comenta, estar desnuda, masturbándome estando en una playa nudista siendo vista por otros hombres, joder, puedo oír el chapoteo de los flujos que mi coño ha generado, esto me pone perra, quiero joder a mi esposo, quiero que desee penetrarme ahora mismo y me clave sus 19 cms de polla gorda y depilada que tiene y que tanto me gusta sentir dentro de mí, cojo mi pecho con la otra mano, lamo con mi lengua mi pezón empitonado, esto pone perro a mi esposo, no porque lo haga, sino porque sé que en su mente recrea que otra mujer pueda lamer mis tetas alguna vez, cosa que me excita, aunque calle como una perra como la hacemos todas las mujeres.
Me olvido de todo, comienzo a apurar la paja con mi dedo, hoy está siendo bestial, me estoy masturbando a lo bestia como cuando lo hago en casa sin que mi marido esté delante, no lo estoy viendo ahora mismo por lo que me es fácil concentrarme exclusivamente en conseguir tener un fantástico orgasmo.
Todo mi cuerpo se convulsiona.
Levanto mi culo del colchón mientras me corro.
Es la ostia, llevo 4 minutos de corrida bestial, gritando, suspirando, sin importarme lo más mínimo que nuestros vecinos de hotel puedan escucharme, Dios!
Me he corrido, dejo mi dedo en la raja de mi coño, restregando la enorme cantidad de fluidos de mi coño por toda mi raja.
Intento coger aire, recuperarme del tremendo espectáculo que acabo de darle a mi esposo.
Quise ser mala, como él lo es conmigo, siguiendo su NORMA : solo me penetrará si tengo mi coño lo suficientemente lubricado.
Sonrío, le digo pícaramente que ya tengo mi coño preparado para que me penetre.
Ha funcionado, se está colocando en medio de mis piernas, mi coño sigue lubricándose sólo con notar sus fuertes manos coger mis dos piernas, sabiendo lo que ahora vendría.
Grité como una loca al notar su polla dura como el mástil de un barco tocar la rajita de mi coño recién corrida, le enseñé mis dientes mientras sentía como su polla recorría toda mi raja de arriba abajo aprovechándose de tenerla tan mojada como la tenía con mis flujos.
Sentía como su polla estaba más gorda y dura que nunca, aquello me hizo correr de nuevo, entrar en convulsión, estando abierta de piernas y con mi coño expuesto para ser penetrado por esa polla que quería que me clavase dentro.
Comenzó a hacerse una paja teniendo mi coño abierto, golpeando con la cabeza de su glande en la entrada de mi vagina, preparada para albergar esa gorda cosa, queriendo mi coño tragarse esa polla hasta el último centímetro de carne.
No fue así.
No contaba con esto.
Se corrió en mi coño, teniéndolo abierto en dos, en toda la raja de mi coño, aquello hizo que me corriese de nuevo, no hay nada que me excite más que el que mi esposo se corra en mi coño, fuera o dentro, sabe que me pone a 100 desde que de novios, en ese “calvario” que me hizo pasar durante CINCO largos meses en los que no me penetró ni me desvirgó, haciéndolo aposta, se corría en la raja de mi coño mandándome ASÍ a dormir en casa de mis padres.
Noté como retiraba la venda de mis ojos.
Su polla estaba completamente empalmada, como si no se hubiese corrido en mi coño, noté la dureza de su polla en mi cara, escuché como la puerta de la habitación se cerraba, me quedé acojonada al escuchar esto, miré a mi marido, este me sonreía, me quedé a cuadro cuando vi su cara, asintiendo con su cabeza con un SI , que había habido alguien más en la habitación, mientras me pajeaba mi coño, viéndome desnuda por completo, viendo como me corría mientras sentía la polla del que creía de mi marido en la raja de mi coño, mi mente estalló, mi coño estalló volviendo a escupir un río de flujos enorme al SABER que esa polla que había estado en medio de mi coño expuesto para ser follado había sido la de OTRO hombre.
¿Como lo supe segura?
Cogiendo fuerte los dos huevos de mi marido, notándolos llenos, cargados de semen, viendo ahora como mi esposo se colocaba en medio de mis piernas, colocando su polla en la entrada de mi vagina y sobre todo, notando su polla al entrar dentro de mí después de decirme que AHORA si mi coño estaba lubricado para ser follado.
Mi mente estalló de nuevo, no pude contener que mi propio marido tuviese su polla tan sumamente tiesa dentro de mí, resbalando, usando el semen de otro hombre como lubricante después de que este se haya hecho una paja sobre mi propio coño.
Me corrí, sintiendo cada uno de sus cms  entrando y saliendo de mí pero sobre todo, mi mente estalló para siempre al notar correrse a mi marido dentro de mí, albergando mi coño el semen de dos hombres a la vez, ESTO me mató, ESTO me transformó para siempre, lo supe en ESE instante.
No puedo con mi marido, sé que nunca podré, ESO me encanta, me excita, me vuelve loca el saber que el resto de mi vida experimentaré cosas cada vez más morbosas estando casada y no siendo al revés como pasa al todo el mundo por desgracia cayendo en la monotonía y resignadas para toda su vida por NO volver a SENTIR el roce de la piel de un DESCONOCIDO como sientes cuando sales con tu nuevo novio por primera vez.
Nos besamos, nos quedamos dormidos toda la noche, abrazados, desnudos.
Me desperté sobre las 10 de la mañana, me despertó mi esposo besándome en mis labios, dándome los buenos días, viendo su enorme sonrisa de niño malo mirándome fijamente.
Mi coño reaccionó, se mojo, me lubriqué por completo en solo un segundo, mirándolo a sus ojos, viendo su sonrisa de niño malo, al sentir como ahora, en mi culo noté la dureza y calor de una polla tocando mi retaguardia.
No quise ni mirar atrás, tenía pánico, miedo, solo podía mirar a la cara de mi esposo.
Sentí como esa polla, la polla de otro hombre, que nunca había estado con otro, ahora, se restregaba por todo mi culo lentamente, notando como su glande avanzaba hacia mi coño, miré la polla de mi esposo, empalmada por completo, apuntando al techo de la habitación.

Me besé con mi esposo como hacía tiempo que no haciamos. Un beso muy húmedo.

Eso me mató, eso hizo que me corriese mientras el glande de ese otro chico se colocaba en la entrada de mi coño, sintiéndolo, empapando su polla con mis flujos delante de mi esposo, latiendo mi corazón a mil por hora pero lo peor, viendo como mi marido asentía con su cabeza al chico, dándole permiso para que me penetrara, para que entrara dentro de mí, así lo hizo, lentamente, haciéndome SENTIR como su dura polla resbalaba por dentro de mi vagina, rozando su polla con las paredes de mi vagina, teniendo dentro de mí la polla de otro hombre que no era mi marido, DELANTE de mi marido, viéndolo mi marido, diciéndome  :
FELIZ DíA DE LOS ENAMORADOS, CARIÑO!
Me corrí, cerrando mis ojos, no pude soportar tal situación, tenía la polla de otro hombre dentro de mi coño , del de un desconocido que ni me atrevía a mirar su rostro, él no paraba de entrar y salir de mi coño, lentamente.
Tuve que apoyar mi mano en la cama, mi esposo la cogió y la puso en su polla, en su dura polla, dura como una viga, aquello fue demasiado para mí, me corrí una tras otra vez durante dos minutos, gritando, llorando de felicidad al sentir como la polla de un desconocido se corría DENTRO de mi coño, mientras notaba la polla de mi esposo en mi mano. Sentía un chorro caliente dentro de mi, mientras besaba a mi marido.

El chico retiró su polla de mi coño, pude escuchar cómo se vestía y cerraba la puerta. No quise girarme.

Así quedó el panorama:
Desnuda en la cama de un hotel, con mi coño lleno de leche de un desconocido y teniendo en mi mano la polla empalmada de mi marido.
Creo que ya estás lo suficientemente lubricada para follarte, dijo mi esposo.
Escuchar ESTO, de nuevo, me transformó.
Miré a mi marido, él pudo ver mi mirada.
Me levanté como pude, me coloqué encima de él.
Dirigí su polla a mi coño, restregué su glande empapándolo con el esperma del otro hombre que había traído y que se había corrido dentro de mi coño.
Comprendí lo que para mi marido significa el MORBO en pareja en ESE momento, los dos nos mirábamos fijamente, pensando lo MISMO, siendo UNO nuestras dos mentes, me corrí en ese momento sabiendo que estaba tocando mi coño con la polla de mi marido habiendo sido penetrada hacía unos minutos antes por otro hombre.
Cerré mis ojos
No lo pensé más.