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Un viaje de sueños

Se merecía  estas mini vacaciones. Entre el trabajo, su empresa y ahora sus nuevos estudios tenía menos tiempo para ella. Esta vez habían  decidido viajar  a un lugar cálido. Relax. Calor. Sin muchas cosas que ver. Buscando habían encontrado un resort privado que les llamó la atención. Eran unas villas con todo lujo de detalles, pero lo que realmente llamaba la atención era la piscina privada con jacuzzi, una cama balinesa exterior, y todo esto en la total intimidad para que nadie pudiera tener acceso visual. Un lujo que debían permitirse una vez después de años duros de trabajo sin ningún premio.

Estaban emocionados porque iban a celebrar sus 23 años de convivencia juntos, y eso no era muy normal hoy en día. Se entendían demasiado bien y a menudo sólo con una mirada sabían transmitirse los mensajes. 

Su vuelo estaba a punto de partir hacia Lanzarote. 

El despegue se iba a producir y tal como era su costumbre, se entrelazaron la mano como amuleto para desearse buena suerte. El avión ascendió con normalidad mientras veían dejar atrás a su hogar, sus costumbres, sus limites, sus problemas rutinarios. Los dos tenían muchas ganas de vivir ese viaje con pasión. Ultimamente no disponían de mucho tiempo intimo. 


Mientras en la televisión se visualizaba un documental, el sueño se hizo vivo y tras el madrugón que habían tenido que sufrir, fue imposible evitar cerrar los ojos.

La bolsa que llevaba encima de sus rodillas cayó al suelo del avión de golpe. Eso les despertó a los dos. Se miraron. Él la notaba acalorada. Le preguntó:

- ¿en qué soñabas?
- Glups. En ti.
- Jajaja. Te ofrezco un masaje cuando lleguemos a cambio de tu sueño.

Una sonrisa pícara apareció en su cara.

- De acuerdo. ¿estas preparado?

Ella se le acercó a la oreja, para no querer ser escuchada por los vecinos pasajeros.

- Me da un poco de verguenza.
- Cuenta:

Estábamos en el apartamento. He entrado con las maletas y alli estabas tú. Casi Desnudo con unos shorts de rejilla. Sin vacilar te he preguntado:

- ¿Eres el chico que he encargado a mi servicio?
- Sí, señora. Has respondido.
- MMm. Bien.

He visto que tenías una erección, asi que me he acercado a ti y delante tuyo agarrándote el miembro duro y erecto, te he preguntado mirándote a los ojos:

- ¿te alegras de verme?
- Sí, señora.
- Ya lo veo. ¿deseas dar placer a tu señora? ¿me deseas?
- Si señora. Soy todo suyo.

Eso me ha dejado unos segundos para pensar en la situación. Muy morbosa. Siempre me ha excitado la idea de tener a los hombres a mi servicio. y ahora era real. O eso pensaba yo, jeje.
Así que he aprovechado la situación y he dicho que me quería bañar.

- Desnúdame !!! Me voy a bañar a la piscina.

Te has esmerado en  sacarme la ropa con mucho cuidado y mimo.
- ¿Tienes la piscina a mi temperatura? Voy a probarla.

He metido un pie, y a pesar de que  estaba perfecta para entrar sin pensártelo dos veces, he aprovechado la ocasión para amenazarte:

- Está un poco más fría de lo que yo deseo. Te tendré que castigar luego. Así que ahora vístete con mis bragas como castigo y ve a comprar algo para comer. Me apetece una barbacoa. Ah. Y cava.

Me he quedado unos minutos sola relajándome en el agua. Durante unos minutos me he sentido en la gloria, allí con el agua caliente, pensando en como castigar a mi chico a mi servicio.
Así que cuando has llegado, yo  estaba en la tumbona, y ya tenía un plan de castigo.

- Ven aquí !. Me he puesto estirada totalmente desnuda en la tumbona. Desnúdate delante mío y quédate de pie.

Te has quedado allí inmóvil de pie después de sacarte la ropa. Me ha excitado ver que llevabas mis bragas, y que estas estaban un poco mojadas.

- ¿te gusta llevar las bragas de tu señora?
- Si, mi señora.
- Bien. Cuando te has ido ha venido el técnico de la piscina. Me ha arreglado la temperatura tal como yo quería, cosa que era tu trabajo, y no has hecho. No sabía como darle las gracias y viendo que se alegraba de ver mi cuerpo, le he hecho un favor. Me ha follado como loco y al final se ha corrido en mi coño. Ahora lo tengo sucio y mojado, y necesito que lo limpies, con tu lengua. ¿Te parece?

- Pero señora, eso es ...

- Eso es lo que te mando. No protestes. O tendré que azotarte con mi látigo. No sé de donde pero me ha aparecido un látigo en la mano. Jejeje.

He abierto las piernas y allí estaba, mi sexo totalmente mojado y relleno de lecha blanca y brillante.
Te he mirado a los ojos y abriendo mi sexo, te he ordenado:
- Come y déjalo limpio!

Te has resistido un poco al principio, pero enseguida has tomado conciencia de tu estado. Te has arrodillado delante y has empezado a chupar como un drogadicto que toma su dosis. He visto que tu miembro se ponía muy grande y duro, así que te he ordenado que te tocaras mientras me limpiabas.

- Que no quede nada del otro hombre. Tu ama se merece estar bien limpia, ¿no?
- Si. mi ama.

Cuando llevabas un rato haciendo tu trabajo, he sentido que necesitaba sentir tu verga dentro mío así que te he ordenado que me follaras bien duro. Me has follado bien como a mi me gusta, pero no has podido aguantar y te has corrido rápido.

- Vaya, con lo limpio que había quedado, lo has vuelto a ensuciar. Mmm. Vas a tener que repetir tu trabajo. Así que te he ordenado que te tumbaras boca arriba y me he sentado en tu boca a la vez que te ordenaba:
- Venga, límpiame otra vez. Mira como sale. Chupabas como un poseso nuevamente. A mi me encantaba que estuvieras chupando mi sexo relleno nuevamente.

- Veo que te estás volviendo adicto a mi sexo relleno de leche, y además veo que te gusta de verdad, porque estás teniendo una erección de nuevo. Tendré que aprovechar esa virtud tuya y traerte el sexo relleno más a menudo.

- Cuando acabes prepárame un masaje. Me apetece. Ah. Por cierto. Me ha aparecido un rotulador de tattoos temporales y he tenido una idea. Tu sexo es mío y quiero que lo sepas.

Así que te he tatuado con el rotulador encima de tu verga. "Propiedad de Cristina".

- Así no tendrás ganas de tener sexo por ahí. jeje.



El avión hizo un movimiento brusco... el cual les despertó de golpe. Ella le estaba mirando sonriendo...

- ¿que soñabas?
- ¿porqué lo preguntas?
- Porque noto algo hinchado en tus pantalones, respondió con una sonrisa pícara .
- Buff, muy fuerte.
- ah, si? Tendremos que remediarlo al llegar. ¿Me quieres explicar que ha sido?
- Bueno, pero recuerda que ha sido un sueño. Yo no controlaba nada.
- jajaja. ¿pero te ha gustado?
- Si. me ha puesto muy caliente, y si no me despierto creo que hubiera acabado ...
- Mmmm. Explica !
- Me da un poco de corte, pero te recuerdo que era un sueño.

Hemos llegado alli, he ido al lavabo, porque tenía ganas después del viaje, y al salir del lavabo, ahí estabas tu. Arrodillada en medio del salón, con la cabeza baja. Me ha sorprendido, y te he preguntado:

- ¿Te pasa algo?
Sin tiempo a reacción, me has respondido:
- Mi amo, estoy aquí para complacerle y obedecerle en todo lo que desee todos estos días.

La escena me ha puesto burro ya de entrada, y sólo he optado por preguntar:

-¿Todo?

-Si, todo. Mi amo. Su deseo le ha sido concedido, y yo he sido la afortunada. Seré suya para lo que desee. Sin negarme a nada.

Después de un momento de reflexión, quise probar si estaba soñando o era real su ofrecimiento.

- Desnúdate. De momento irás desnuda. Sólo déjate zapatos de tacón y unas medias si las tienes. Y prepárame una bebida. Te espero en el jardín.

No me lo podía creer. Obediente, se adentró en la habitación, mientras yo salí al jardín. Allí me tumbé aprovechando el sol.

Pasaron unos pocos minutos, y allí apareció sensual con un movimiento lento.  Casi desnuda con sus zapatos y una bebida que me ofreció.

- Mmmm. Gracias.
- ¿Desea alguna cosa más mi amo?
- Pues mira, aprovechando mi suerte, me gustaría que me hicieras un trabajo oral. Algo para ponerme a tono mientras me tomo mi refresco y te veo.

Ella no lo dudó ni un momento. Se arrodilló delante, y empezó su trabajo muy lentamente y dulcemente. Realmente se preocupaba de dar placer a su nuevo y afortunado amo.

Estuve un buen rato disfrutando de su trabajo. Luego mi mente empezó a brillar. Las imagenes de lo que podría disfrutar aquellos días se me acumulaban en mi mente.

Estaba a punto de explotar y quería retardarlo.

Allí estaba ella. Dispuesta a su amo.

- Escucha, esclava mía. Le dije mientras ella seguía con su trabajo oral.
- A mi me gusta que mi esclava me ponga caliente todo el día. Y me obedezca siempre con una sonrisa. Que haga todo lo que sea para complacerme. Soy un hombre muy caliente y sexual. Mi verga se carga varias veces al día. ¿Crees que realmente podrás satisfacerme en todo?

- Si, mi amo. Del todo. No dudó en responder con una sonrisa.

- Primero te voy a decorar y vestir a mi gusto. Quiero que luzcas todavía más atractiva. Quiero que todo el mundo se gire al verte pasar. Deseo que pongas muchas vergas duras con sólo verte y desearte, porque indirectamente estarás poniendo la de tu amo bien dura, al saber que me perteneces sólo a mi.

- A partir de hoy serás  decidida, descarada, caliente, sumisa, sucia y dulce. Vas a vestir sin ropa interior o con la que yo te diga. Te doy libertad para que te desahogues por ahí con machos que quieran descargar sus vergas ante tanta belleza, pero quiero que cuando llegues ante mi, se lo expliques a tu amo y me muestres los restos de tus aventuras. También si ves a un macho en mi presencia que te gusta, deberás indicármelo para darte mi aprobación.

- ¿te gusta esta libertad que te doy?  La droga de tu amo es a partir de hoy tu sexo femenino usado y tu cuerpo lleno de orgasmos masculinos. Pero eso si, te advierto. Tu culo será sólo mío. Lo disfrutaré cuando me plazca, a mi antojo, igual que el resto de tu cuerpo. Y si tienes  sexo con otro macho, cuando llegues, te haré vibrar nuevamente penetrándotelo. Ese será el precio que tendrás que pagar por la libertad sexual que te ofrezco. ¿Qué te parece?

- Sí, mi amo. Mi culo es suyo. Asumió ella en voz alta.

- Enséñame el culo que me pertenece.

Una sonrisa se me escapó de mis labios.

Ella se dio la vuelta. Se agachó y me mostró su hermoso culo.

- A cambio, serás mi esclava en nuestra intimidad, pero serás una señora sexy en la sociedad. Mujer de nivel alto. No ahorraré en gastos en ti.

- Túmbate en la cama. Te voy a dar un masaje. Quiero que tengas el cuerpo perfecto para mi.

Cogí mi equipo de música y le puse los cascos.

PLAY. Un movimiento de su cuerpo me hizo saber que la música había empezado a sonar en su cabeza. Una bonita selección de Enigma de música relajante y sensual.

Empecé con un pequeño masaje sobre su cuello. Poco a poco fui recorriendo su cuerpo, que era mío. Me deleitaba de poder acariciar a mi antojo aquel regalo de la naturaleza. Poco a poco fui masajeando lentamente todo su cuerpo.

Ví una caja encima de la cama. Mágicamente había aparecido allí. Es lo que tienen los sueños, jeje.

En él pude ver un tattoo temporal que decidí poner sobre el cuerpo de mi esclava. Este decidí que lo pondría sobre uno de sus muslos, un poco encima de sus tobillos.

Seguí mirando dentro de la caja, y descubrí un segundo tattoo mucho más grande. Este era para la espalda. Así que procedí a transferirlo sobre mi espalda sumisa. Cuando hube acabado de este segundo me retiré un poco para comprobar que la obra de mi propiedad estaba quedando preciosa.

- Cómo que eres mía, he traido esta cámara de fotos. Voy a hacerme un buen album. Posarás para mi. Así que le hice algunas fotos para tener el recuerdo.

Miré dentro de la caja y todavía habían más artilugios. Saqué uno al azar. Era una tobillera. Se la puse con mucho mimo en el tobillo derecho. Era una tobillera un poco provocativa pero eso me excitaba.

Cuando hube acabado me sentía orgulloso de mi obra. Ella se había quedado dormida profundamente.
La tapé con una sábana. Le dejé un vestido que había dentro de la caja en el pie de la cama, para que lo viera cuando despertase. Fui al jardín y me bañé en el agua climatizada para relajarme y bajarme la excitación que tenía acumulada.

Pasó un buen rato. Allí apareció ella. Con su vestido. Estaba preciosa. Un vestido corto. Ella se acercó con sus zapatos de tacón moviéndose muy sensualmente. Observé la joya en su tobillo.

Yo estaba en el borde de la piscina con mis dos brazos en el perímetro de la piscina y la cabeza apoyada.

Cuando estuvo cerca, se dio la vuelta lentamente. Pude ver mi obra de arte. El vestido le dejaba la espalda descubierta, y se podía ver el tattoo que le daba un nuevo aire encantador, hipnotizador y sexy a su cuerpo. Esa era mi obra de arte.



 - Beeep.

Sonó en el avión para indicar que debían abrocharse los cinturones porque iban a descender.
Los dos se despertaron y se sonrieron. Se cogieron de la mano y se miraron dulcemente.

- ¿Te lo has pasado bien en este viaje?
- Muy bien. Me ha gustado todo. Tenemos que repetir.
- Sí. El año que viene nos toca otra isla. En esta ya nos conocen demasiado. Jeje.
- Sí. Y lo que pasó en la isla, queda en la isla. Dijo ella mientras le guiñaba un ojo a él con cara pícara.

Se besaron.

- Te amo.
- Yo más.















Un Regalo especial !!!

Este video refleja una de las fantasías de las mujeres, hacerlo con un desconocido. Si a ello, le añadimos  hacerlo delante de la pareja, se puede convertir en una explosión de sentidos para todos.

¿Que pasará por su mente?

Breve video de una fantasía que he realizado alguna vez, y que seguro se repetirá.

Atada a la cama de los sentidos

He estado esperando y deseando que llegara este momento, para poder devolverte el inmenso placer que me hiciste pasar hace unas semanas…y por fin ha llegado el día.
Recibí un SMS que simplemente decía "Dispuesta para ti".
Esa era la señal que indicaba que estaba preparada. Yo en 30 minutos llegaría a casa.

Hoy espero hacerte sentir tanto placer que será difícil que olvides este día, quiero hacerte gozar como nunca. Quiero que te relajes y te dejes ir. Que sientas cada segundo.

Te he pedido que lleves algún bikini o ropa interior que no uses demasiado, o que quieras jubilar. Más adelante entenderás porque. También te he pedido unas medias y un collar en tu cuello.

Por fin llego a casa, y tal como habiamos acordado, hago sonar el timbre de casa. Espero 1 minuto y entro. Entro silenciosamente y lentamente. Voy hasta nuestra habitación, y tal como te había ordenado, están las velas encendidas alrededor de la cama. Es la única iluminación que hay. También se nota el incienso encendido en un rincón. En cuanto te veo algo se enciende dentro de mi.

Me gustas tanto que me lanzaría sobre ti para devorarte a besos y hacerte el amor alli mismo, sin esperar más para verte estremecer de placer, pero hoy quiero ir despacio, y aprovechar todas las sorpresas que te tengo preparadas para hacerte disfrutar…

Tal como te había pedido, estás tumbada en la cama con la ropa interior. Llevas una venda en los ojos. Y tienes unos auriculares con música que te he dejado preparada para tal ocasión. Realmente no escuhas cuando entro en la habitación, y eso me excita. El verte allí, observada, aunque sientes la presencia de alguien en la habitación.

Me acerco muy lentamente a tus labios y te beso muy dulcemente. Nuestras lenguas se encuentran rápidamente, y empiezan a moverse una contra la otra con pasión y lujuria, en una deliciosa y húmeda batalla.

Cojo unas telas y te ato los pies de manera suave a cada extremo de la cama. Hago lo mismo con tus muñecas al cabezal de la cama. Después de cada atadura te doy un beso.

Entonces me detengo y me separo ligeramente de ti. Cojo unas tijeras y te corto muy lentamente la ropa. Lo justo para sacártela muy suavemente. Te sientes desnuda e indefensa. Observada, pero algo hace que te sientas excitada. Se nota en tus pezones. El tiempo es un gran excitante a mi favor, así que me dirijo a la ducha, mientras tú continuas escuchando música sensual y sugerente, sin poder moverte.

Después de darme una buena ducha me pongo solo unos pantalones sueltos deportivos encima, aparte de eso no llevo nada más.

Después de la ducha estoy unos pocos instantes acabando de preparar algunas cosas que me harán falta.

Tu piel luce preciosa a la luz de las velas, y me cuesta controlarme para no comer a besos cada rincón de tu piel.

Me acerco a ti y sin poder resistirme más, beso tus preciosos pechos, lo hago delicadamente para sentir lo suaves que son, y como ceden a la presión que mis labios ejercen sobre ellos, tu cierras los ojos (a pesar de tenerlos vendados) y te dejas llevar.

Con mi lengua recorro humedeciendo tu piel hasta llegar a tu cuello, vuelvo a tomarte por la cintura para acercarte a mí, y sentir como tu pecho se aprieta contra el mío, y como tus pezones se endurecen más poco a poco.

Beso tu cuello con mis labios mojados y con mis manos recorro tu espalda, palpando cada centímetro de tu piel y acariciándola. Nuestros labios empiezan a acercarse de nuevo y pronto nuestras lenguas vuelven a devorarse la una a la otra.

Es evidente que has provocado una gran erección, y hago que la notes en tu cara. Besas mi miembro por encima de los pantalones y me haces sentir en el cielo, comienzas a pasar tu lengua por encima de la tela. Me vuelve loco sentir como tu lengua recorre mi sexo durísimo en todo lo largo, por encima de la tela, me tienes completamente entregado, estoy a punto de ceder al placer y decirte que no pares…

Entonces tomo mi sexo con una mano y comienzo a pasar la punta por tu pubis.

Dejas escapar un suspiro al sentir como la gruesa punta desciende hasta llegar a la entrada de tu sexo. Tu suspiras y gimes ligeramente al sentirlo, e intentas provocar para que te penetre. Ya estás muy excitada, pero el ritmo lo marco yo.

Me encanta tenerte así con los ojos vendados sin que puedas ver nada, tu respiración se agita más a cada segundo que pasa, es la excitación de saber que estas completamente a merced de mis deseos...

Derramo una buena cantidad de gel en tu cuerpo. La sensación de mojado y frío te produce un escalofrío.

Paso mis manos por tu delicado cuello, luego sigo conduciendo mis manos por tus hombros y la zona de tu clavícula...desciendo acariciando con el dorso de mi mano tus magníficos pechos, los sobo y puedo sentir como tus pezones ya están muy duritos... El cubito de hielo ha hecho su efecto.

Después solo con mi mano acaricio tu tripa y con las dos manos froto suavemente tus caderas, masajeándolas ligeramente.

Estás gimiendo de inmediato mientras continúo frotandote cada vez mas deprisa, aumentando a cada segundo el ritmo al que muevo mis dedos y la intensidad con la que aprieto.

Cierras los puños y mueves las piernas mientras continúas gimiendo a causa del placer que estoy haciéndote pasar. Me encanta verte disfrutar de esta manera, completamente entregada, pero aún no pienso hacerte terminar.
En ese momento me detengo de nuevo , tu deseas que siga dándote placer, pero yo prefiero terminar el recorrido por tu cuerpo…
Con ambas manos voy acariciando tus muslos, como tienes las piernas estiradas aprovecho para introducir mis manos por debajo de tus muslos para llegar a tu culito…poniendo especial atención en magrear tus nalgas con mis dedos, luego consigo que vuelvas a extender las piernas del todo y así puedo continuar descendiendo por tus piernas, sobando con dulzura tus gemelos para finalmente llegar hasta tus tobillos, rozo ligeramente tus pies con el dorso de mi mano, paso uno de mis dedos extendidos por la planta de tus pies a modo de caricia.

Tu suspiras y compruebo con satisfacción como aunque intentas mover las piernas apenas puedes…

Una vez he terminado me siento a tu lado en la cama de nuevo, acaricio dulcemente tus labios con mi dedo, tu respiración esta cada vez más agitada y excitada…

Entonces saco mi lengua cálida y húmeda, y lentamente comienzo a pasar la punta por tu pezón endurecido, juego con él dándole pequeños golpecitos con mi lengua…después vuelvo a lamerlo de nuevo para asegurarme de dejarlo completamente mojadito.

Y cuando he terminado con tu pezón continúo lamiendo el resto de tu pecho, humedeciendo con mi lengua tu suave piel mientras que con una mano sobo tu otro pecho y froto con dos dedos su pezón dándote así mucho placer, mis besos se vuelven mas apasionados, tomo tu pecho y lo introduzco con mi boca lentamente.
Y entonces empiezo a chuparlo y lamerlo con mi lengua mientras amaso tu otro pecho y froto tu delicioso pezón con mis dedos.
Poco a poco tus jadeos van aumentando, yo también estoy muy caliente y la tengo durísima y completamente erguida, tu lo notas porque al estar inclinado sobre ti besándote y devorándote mi ancho miembro choca con tu muslo…

Tu respiración se agita mucho, te excita terriblemente el hecho de estar así, completamente desnuda con los ojos vendados y atada de pies y manos, a merced de mis deseos y de lo que quiera hacer contigo. Pocas veces habías sentido esta excitación.

Yo no puedo resistir la tentación y lo primero que hago es dirigir un dedo a tu pubis, y después de pasar por el acariciándolo introduzco mi dedo en tu sexo, metiéndolo todo lo que puedo, al sentirlo gimes y mueves tu cuerpo ligeramente, estás muy húmeda y muy caliente por dentro, me encanta eso, mientras mantengo mi dedo dentro de ti comienzo a moverlo en tu interior rozando las cálidas paredes de tu sexo.

Gimes más fuerte y comienzas a retorcerte de placer sobre la cama, estabas tan caliente que sentir como introducía mi dedo en tu interior te ha dado un placer inmenso.

Mueves tus pies lo poco que puedes mientras continúas gimiendo y te coges con las manos al cabecero de la cama donde estas atada.

Pero cuando parece que estas a punto de estallar de placer saco mi dedo de ti, es la segunda vez que te dejo a punto de terminar.

Me acerco a tus labios intentando calmar tu lujuria con un apasionado y tórrido beso.
Mi lengua se introduce en tu boca, al instante busco la tuya y de inmediato las dos se entrelazan y se enredan en un húmedo beso.

Mientras me adueño de tu lengua acaricio tus muslos y subo por tus caderas hasta llegar a tus senos, los mimo acariciándolos con mucha dulzura, pero entonces los tomo uno a uno con mis manos y comienzo a amasarlos y magrearlos mientras los sobo también los juntos entre si y los amaso en uno contra el otro a la vez que froto tus pezones con mis dedos.

Nuestra temperatura aumenta, tu empiezas a suspirar y jadear.

Estoy demasiado caliente asi que decido parar de pronto, y me levanto. Notas como me estoy masturbándo mirándote. Estamos muy excitados.

Me acerco a tu oido y te aclaro:
- Estás aqui para darme todo el placer que quiera, y no puedes hacer nada.
Respondes muy silenciosamente con una tímida pregunta - ¿Qué me vas a hacer?
-Lo que me dé la gana. Te voy a follar como me apetezca, y con quien me apetezca.
Esto útimo te produce un escalofrío, ya que si realmente hubiera alguien más alli, no podrías hacer nada para impedir que se aprovecharan de tu cuerpo. Pero por otro lado, esa es una excusa para disfrutar al máximo, ya que no puedes evitar nada.
-Vas a dar placer a las pollas.

Entonces tomo mi miembro y te lo pongo en la boca.

Sigo aumentando el ritmo cada vez más, meneando casi con furia mi erguido miembro, no puedo evitar comenzar a jadear, el placer es cada vez mayor, los músculos de mis brazos y mi pecho se marcan aún mas por la fuerza de los movimientos con los que me doy placer. Aumento la velocidad del meneo todo lo que puedo, mis dos manos se delizan con fuerza arriba y abajo a lo largo de mi colosalmente duro miembro.

Tú estás empezando a notar algo muy especial, por la vibración y el espectáculo que sube de tono.

De pronto empiezo a gemir, tu observar alucinada y disfrutando del espectáculo, y entonces no puedo evitar correrme con un fuerte gemido.
Sigo meneándomela mientras un chorro de leche caliente sale disparado de mi sexo y va a parar sobre tu cuerpo. Tu cara, tu cuello, tus pechos, tu cuerpo está entero lleno de mi leche. Mi cuerpo tiembla un poco por la intensidad del orgasmo… Tus labios denotan ganas de éxtasis, pero no puedes. Me pides un orgasmo. Me suplicas un orgasmo.

Entonces te dejo un minuto. Te tengo preparada una sorpresa.

Vuelvo y tengo un nuevo juguete. Los chinos lo usan desde hace miles de años en sus relaciones. El afrodisiaco definitivo. Es un pequeño trozo de genjibre fresco, con una longitud de sólo 3 cm. Debe estar recién pelado, y lo voy a introducir en tu culo. Produce un efecto espectacular en pocos segundos, y desaparece rápidamente cuando se saca. También puede simplemente ponerse suavemente encima del clítoris. Los chinos lo usan a menudo. La mujer siente una sensación espectacular.

Comienzo a besar tu cuello y tus hombros desnudos con mis cálidos labios.
Cuando empiezo a recorrer tu boca te sorprendes al sentir como introduzco en tu boca un poco de leche que llevo en mis dedos.

Te doy un beso y nuestras lenguas comienzas a mezclarse y empujarse la una contra la otra, después se entrelazan y se juntan, la leche se esparce por el interior de tu boca y la devoramos a partes iguales.

Cuando ya hemos devorado mi leche en los labios me besas y después continúo descendiendo besando apasionadamente tu cuello hasta llegar a tu pecho.

Permanezco un par de segundos quieto, contemplando la forma tan preciosa que tienen tus senos, tus pezones aún están mojados debido a la leche que ha ido a parar allí hace unos segundos. El jenjibre está haciendo efecto y deseas que te penetre.

Me acerco a tus pechos. Es maravilloso ver como tus pechos suben y bajan al ritmo de tu respiración agitada, y soplo suavemente en tus húmedos pezones…al sentirlo te estremeces y jadeas…

Pero antes de lanzarme a devorarlos quiero cubrir el resto de tu cuerpo…voy a convertirte en el postre mas perfecto.

Echo un poco de nata por tu tripa, solo un poco, lo justo para formar una línea recta que pase por tu ombligo y llegue a tu pubis, después echo un poquito de nata en tus caderas…pero para variar un poco dejo la nata y cojo Mousse de chocolate, la tomo con mis dedos y la esparzo lentamente por la zona de tu pubis hasta cubrir casi por completo esa pequeña zona…

Luego cojo el poco de Mousse que queda en el envase y lo reparto por tus muslos.

Cuando he terminado me detengo en observarte durante unos segundos. Estás irresistible con la leche , la nata y la Mousse cubriendo tu maravilloso cuerpo y tus espectaculares formas.

No puedo resistir la tentación y saco mi cámara de fotografias. Te inmortalizo en este estado, para poder recordar en otros momentos. Es una imagen muy erotica y sensual.

No puedo esperar más para devorar hasta el último rincón de tu piel, así que me inclino sobre ti, empezaré por tus pechos y luego iré descendiendo recorriendo con mi lengua tu piel.

Comienzo por uno de tus senos, paso mi lengua por encima de la leche que esta sobre tu pezón. Te excita saber que estás con los pechos llenos de leche, y te los estoy chupando. Te imaginas la escena y se nota en tu respiración.
Decido que ya está bien, y te desato las manos. Rápidamente te dedicas a acariciarte tu sexo y tu ano. Tienes un tremendo placer en éste.

Decido variar un poco y me dirijo a la base de tu pecho, te doy un suave y profundo beso y mis labios se hunden hasta dar con tu piel, entonces saco mi lengua y con la punta presiono en tu pecho, tu gimes al sentir mi lengua.

Te vuelvo a dar un beso.

Sigo recorriendo tu seno con mi lengua, eliminando la leche que hay en la base de tu pecho…continúo recorriendo esa zona de tu pecho con mis lametones mientras tu suspiras, yo me dedico a quitarte toda la leche que encuentro, y cuando ya he terminado con esa zona de tu pecho me dirijo a la parte de arriba para acabar con tu pezón.

Paso mi lengua por encima de la nata y después la quito con otro lametón, luego comienzo a esparcir la nata que queda por tu pecho con mi lengua para así poder lamer tu piel de nuevo, me encanta ver como mientras tanto tu jadeas y suspiras por el placer que estás sintiendo.
Cuando solo queda nata por la zona de tu pezón me dirijo ahí y comienzo a lamer la aureola de tu delicioso pezón, lo hago suavemente, disfrutando del sabor de tu piel mezclada con la dulzura de la nata. Por fin introduzco tu pecho en mi boca y comienzo a chuparlo y lamerlo muy dulcemente, pero sin tocar el pezón aún, voy chupando y lamiendo todo tu pecho.
Después quito por fin lo que quedaba de nata con un intenso lametón, y cuando tu pezón esta al descubierto comienzo a jugar con el con mi lengua, lo acaricio con mis labios y le doy pequeños golpes con la punta de mi lengua que te llenan de placer.
Ahora me dirijo a tu otro pecho, pero este quiero devorarlo de otra forma, mucho más lujuriosa y apasionada. En un arranque de deseo me inclino y empiezo a devorar con ansias tu pecho, recorriendo lleno de pasión tu piel con mis labios y mi lengua e introduciendo tu seno lleno de nata en mi boca para dedicarme a él con mi lengua, y después chupar y succionar tu pezón durito lleno de lujuria.
Después vuelvo a besar y lamer tu pecho con mucha pasión y sensualidad, mis besos húmedos y el contacto de mi lengua hacen que te estremezcas…
Me encanta verte tan excitada, sigo descendiendo por el centro de tu cuerpo, surcando con mi lengua la línea de nata que voy esparciendo ligeramente por tu tripa hasta llegar a tu ombligo.
Entonces rodeo tu ombligo con mi lengua a la vez que voy lamiendo toda la nata que ha quedado esparcida por tu tripa…cuando he terminado beso tu piel, recorriendo con mis labios tus caderas también y tu pelvis, formando círculos en tu estomago con mis labios y mi lengua hasta que vuelvo a llegar a tu ombligo…
Entonces me dirijo a tus piernas cubiertas con un poco de Mousse, concretamente al interior de tus muslos y la zona de las ingles.

Comienzo a subir lentamente desde tus rodillas por la parte interna de tus muslos, lamiendo la Mouse con mi lengua cálida y húmeda, lo hago muy despacito navegando con mi lengua por tu piel muy lentamente, a medida que acerco a tu sexo noto como tu excitación aumenta y tu respiración se acelera más mientras sientes como mi lengua se aproxima a tu intimidad…después repito lo mismo con tu otra pierna y subo por el interior de tu muslo recogiendo la Mouse con mi lengua y besándote, y cuando llego a tu sexo me detengo y comienzo a besar y lamer todas las zonas de tu piel que están cerca, casi rozo con mi lengua tus labios mayores, pero me detengo antes de tocar esa zona y continúo besando y repartiendo mi lengua por tus ingles aunque tu me pidas que devore de una vez tu sexo…
Entonces me dirijo a tu pubis que también esta cubierto por completo con deliciosa Mouse de chocolate, intentas moverte un poco pero no puedes por los pañuelos que te atan de pies y manos, te contemplo durante un instante y después dirijo mis labios hacia tu monte de Venus, te beso justo en el centro y entonces saco mi lengua y con ella comienzo a recorrer tu pubis en todas las direcciones, lamiendo así el chocolate que cubría tu suave piel.
De vez en cuando voy apretando ligeramente con la punta de mi lengua en tu piel, y al hacerlo tu jadeas de placer, entonces dirijo mi lengua hacia abajo acercándola mucho a tu clítoris y a la entrada de tu sexo ardiente, con mi lengua masajeo esa zona sin llegar a introducirla más, solo quedándome en la entrada, al hacerlo tu abres los labios y gimes.
Cuando ya he terminado de lamer toda la Mouse y he vuelto a dejar tu pubis completamente libre me levanto y cojo algo de la mesilla.
Permanezco callado durante unos instantes y tu que no sabes que ocurre te impacientas un poco, estás muy caliente como para que ahora me pare de nuevo y te deje así, quieres que continúe saboreándote y que ahora devore el plato principal…
Te pido paciencia y te aseguro que vas a gozar como nunca.
Primero quiero asegurarme de que estás muy caliente antes de seguir, cojo un poco de Mouse que había sobrado con un dedo y lo acerco a tus labios, de inmediato abres tu boca para dejar que mi dedo entre, entonces lo chupas y lo lames muy sensualmente.
Yo voy descendiendo con mi dedo húmedo por tu cuerpo, desde tus labios paso mi dedo por tu cuello, después surco tu pecho separando tus dos senos y continúo bajando por tu tripa, pasando por encima de tu ombligo y después por tu pubis nuevamente hasta que por fin llego con mi dedo a la entrada de tu sexo…
Me detengo ahí durante unos segundos y te observo, estás muy excitada y jadeas con tus preciosos labios ligeramente abiertos. Decido no hacerte esperar más, quiero comprobar si estás tan húmeda y caliente como quiero.
Así que bajo hasta tu clítoris acariciándolo con todo mi dedo suavemente, un primer gemido escapa de tu boca cuando lo sientes, con delicadeza deslizo ese dedo hasta separar tus labios mayores y encontrar la entrada a tu recinto, toda la zona está muy húmeda.
Muevo mi dedo en círculos, explorando la entrada de tu vagina, y lentamente comienzo a invadir tu interior introduciendo mi dedo todo lo que puedo.
En cuanto notas como mi dedo penetra en ti gimes muy profundamente y te retuerces ligeramente, todo lo que te permiten los pañuelos que te atan, mueves tu pelvis acercándola mas para que la penetración sea mas profunda aún.
Una vez dentro mi dedo explora tu interior, estás muy caliente, y cada nuevo roce en tu intimidad hace que un gemido más salga de tus labios, me pides que no pare.
Pero aún no he terminado, saco mi dedo y me acerco mas a ti quedándome sentado en la cama delante de ti, entre tus dos piernas, justo frente a tu sexo…

Entonces tomo mi miembro con una mano, sigue tan duro y erguido como antes, lo tomo por el tronco y lentamente acerco la cabeza de mi sexo a tu intimidad.
Una vez allí empiezo a pasar la punta por tu vagina, primero por encima de tus labios mayores y después aprieto un poco más y separo tus labios.
Empiezo a restregar la ancha punta de mi miembro en la entrada de tu sexo, la muevo de arriba abajo presionando ligeramente pero sin llegar a penetrarte aún.
Tu gimes cada vez mas rápido y me pides que te la meta de una vez porque no puedes más.
Te pregunto si estás muy caliente, me dices que estás ardiendo y que te la meta ya.
Entonces me detengo y dejo de restregar mi miembro en tu sexo, antes de que puedas quejarte tomo un bote de yogurt de fresa, y sin darte tiempo a decir nada echo todo el yogurt en mi mano y con mis dedos lo unto en tu sexo…
El yogurt esta helado y entrar en contacto con tu sexo que está ardiendo el placer que te produce es inmenso, yo simplemente me quedo contemplando como te retuerces de placer en el colchón y gimes mientras el yogurt se desliza lentamente dentro de ti.
Creo que te he hecho esperar demasiado y ahora toca recompensarte, así que sin esperar más me inclino sobre tu sexo y comienzo a devorarte y a lamer el yogurt con lujuria, introduzco mi lengua caliente que se mezcla con el yogurt frío, y comienzo a moverla dentro de ti abarcando todo tu interior y dándote todo el placer que te prometí, lamo una y otra vez tu sexo y meto mi lengua dentro de ti lamiendo todo el yogurt que esta esparcido en tu interior, después pongo dura mi lengua y comienzo a meterla y sacarla de tu sexo como si te estuviera penetrando.
Luego me dirijo a tu clítoris y comienzo a jugar con él en el interior de mi boca, le doy pequeños golpecitos y lametones que te hacen sentirte en la gloria, mueves tus caderas y tus pies mientras gimes fuertemente y te sujetas al cabecero de la cama con tus manos atadas.

Mientras succiono y chupo tu clítoris dirijo un par de dedos a tu vagina y los mete tan profundamente como puedo, comienzo a moverlos dentro de ti y entonces lo saco y los meto cada vez mas rápido mientras con mi boca aún continúo dedicándome a darte placer en tu clítoris y mis dedos se ocupan de tu vagina.
Tus gemidos cada vez mas acelerados y los movimientos de tu cuerpo avisan de que estás a punto de correrte, en ese momento me detengo y saco mis dedos de ti.
Me pides que no pare ahora, no soportarías que te dejara con las ganas ahora que estás a punto de estallar de placer.
Yo no te respondo, solo me limito a inclinarme sobre ti y besar tus labios, después beso tu cuello mientras coloco la punta de mi sexo en la entrada de tu vagina, y luego introduzco de un solo golpe mi miembro en tu interior, lo hago con suavidad pero con firmeza.
Mi ancho miembro, enormemente duro y muy caliente, entra en ti abriéndose paso en tu interior hasta que queda completamente metido por completo en tu sexo, te penetro de forma muy intensa…entro en ti poco a poco pero sin detenerme y tu vas sintiendo como mi miembro va metiéndose hasta llenarte por completo.
Al notar como mi pene entra en ti y te la meto con fuerza de un solo movimiento gritas de placer y te corres sintiendo como te penetro profundamente, como mi sexo entra en ti y te invade centímetro a centímetro hasta que acaba por completo dentro de ti, volviéndote loca de placer mientras te hago mía.
Arqueas la espalda mientras sigues gritando y gimiendo con fuerza, yo te abrazo y sigo besando tu cuello disfrutando de cómo jadeas mientras te corres, dejo mi miembro erguido y completamente tieso dentro de ti, y tu continúas gimiendo y disfrutando del orgasmo tan intenso y placentero que te había prometido.
Poco a poco tus gemidos se van suavizando hasta convertirse en jadeos, y tu cuerpo se va relajando el orgasmo que has tenido, cierras los ojos mientras yo mordisqueo dulcemente tu oreja y dirijo mis labios a tu boca, entreabres tus labios y nuestras lengua comienzan a moverse entrelazándose entre ellas y enredándose con pasión.
Hoy no pienso dejarte descansar…poco a poco comienzo a mover mi cintura, y mi miembro que hasta entonces permanecía quieto dentro de ti comienza a entrar y salir de tu intimidad. Sonríes y empiezas a jadear de nuevo, devoro tus labios y luego me dirijo hacia tus pechos a la vez que continúo penetrándote con mi ancho pene, durante unos instantes lo saco y paso la punta por tu interior pero sin llegar a introducírtelo, frotando con la húmeda punta tus labios mayores, después lo vuelvo a meter con la misma firmeza de antes, introduciendo lenta y profundamente mi miembro en ti, luego comienzo a penetrarte cada vez con mas rapidez, aumentando poco a poco el ritmo con el que te doy placer mientras devoro tus senos, los chupo y los succiono lujuriosamente para después dedicarme a lamer y recorrer una y otra vez tus pezones con mi lengua.
Dios me encanta tenerte así, vendada y completamente inmovilizada, no puedes hacer nada, solo dejarte hacer y disfrutar del placer que te doy. Mientras tu permaneces atada y vendada sin poder moverte yo te penetro y te devoro como quiero…
Después de terminar de saciarme con tus pechos me incorporo, y sigo penetrándote sentado de rodillas en la cama, pero ahora quiero cambiar de postura…
Cojo una tijeras y corto rápidamente los pañuelos que ataban tus tobillos a las esquinas de la cama, sin dejar que te muevas tomo tus dos piernas y las pongo juntas hacia un lado, tu permaneces inmovilizada de manos y te dejas hacer.
Cuando tus dos piernas están juntas tu maravilloso culito queda completamente a mi vista, me acerco de nuevo con mi miembro y lo introduzco en tu sexo a la vez que con mi manos acaricio y magreo tus nalgas, la posición hace que la penetración sea mucho mas profunda, y mi erguido y caliente miembro entra muy fácilmente en ti hasta que se pierde por completo en tu sexo.
Comienzo a penetrarte cada vez mas rápido y con mas fuerza, me vuelvo a inclinar sobre ti y así la penetración es aún mas intensa, gimes y jadeas mientras entro y salgo de ti cada vez mas rápido.
Beso tus labios, con una de mis manos sujeto tus piernas para que permanezcan juntas mientras que con la otra sobo tus nalgas una y otra vez.
Devoro a besos tu cuello y tus hombros, vuelves a estar muy caliente de nuevo y yo siento que voy a estallar.
Me vuelvo a incorporar y mientras permanezco sentado de rodillas en la cama tomo tus piernas por los tobillos y las levanto, las mantengo en alto cogiéndolas por los tobillos y encargándome de que permanezcan juntas.
Sin esperar más me acerco a ti, tu aprietas un poco mas los muslos, yo te penetro intensamente, al estar tus dos piernas juntas en esta posición la penetración es muy profunda…muy intensa, tus piernas juntas hacen que el placer al penetrarte sea mucho mayor para los dos.
Comienzo a coger ritmo y a bombear cada vez mas rápidamente mientras mantengo tus piernas en alto e introduzco mi grueso miembro todo lo que puedo en ti.
Mientras comienzo a aumentar el ritmo acaricio y beso tus tobillos suavemente, tu gimes cada vez más rápido mientras entro y salgo de ti, tus pechos se mueven arriba y debajo de forma maravillosa al mismo compás.
Entonces coloco tus piernas sobre mis hombros, una en cada hombro, y te tomo por las caderas para aumentar aún mas el ritmo, entro y salgo de tu caliente interior, el placer es inmenso y me uno a ti en los gemidos, de pronto me inclino sobre ti de nuevo pero esta vez para cortar los pañuelos que te ataban las muñecas, entonces me rodeas con tus piernas y en cuento tus manos se ven libres las lanzas sobre mi cuello y atrapas mi espalda. Me abrazos yo me inclino sobre ti, comenzamos a besarnos lujuriosamente, mientras aún llevas el pañuelo de seda con el que estás tan sexy.
Con tu piernas comienzas a acariciar mis nalgas y tus manos frotan mi ancha espalda con pasión, intentas darme la vuelta para tumbarme en la cama.
Y cuando ya estoy tumbado te pones encima y comienzas a moverte sobre mi, cabalgándome de forma frenética, te sientas sobre mi miembro enormemente duro y tieso y comienzas a botar rápidamente a la vez que acaricias con tus manos mis pectorales y mis abdominales.
Nuestros gemidos aumentan a cada segundo que pasa, yo estoy a punto de estallar de placer, la vista de tus maravillosos senos botando al ritmo que te mueves es demasiado tentadora y no puedo resistirme a levantar mi espalda y comenzar a devorar tus pechos mientras tu llevas una mano a tu clítoris y comienzas a frotarlo lujuriosamente.
Introduzco tus senos en mi boca y comienzo a lamerlos y chuparlos, tus pezones están durísimo y yo e encargo de humedecerlos con mi lengua para después succionarlos.
Coloco una mano en tu espalda y con la otra busco tu clítoris, allí me encuentro a tu mano que ya lo está frotando.
Pero en lugar de quitar tu mano decido unirme a ella, quiero que te masturbemos los dos juntos, comienzas a gemir cada vez mas fuerte sintiendo como froto y acaricio tu clítoris mientras continúas moviéndote arriba y abajo sobre mi grueso miembro.
Ya no puedo aguantar mas, te hecho hacia un lado y otra vez termino encima de ti, tu subes tus piernas sobre mi espalda para que la penetración sea mas profunda aún, yo comienzo a embestir introduciendo mi miembro en tu sexo húmedo, se desliza muy suavemente dentro de ti llenándote por completo.
Nuestros gritos de placer aumentan y sin poderlo evitar me corro entre jadeos, derramo mi líquido caliente dentro de ti inundándote por completo. Tu gimes y al sentir como me corro en ti no puedes evitar comenzar a correrte tu también. Me aprietas fuertemente contra ti mientras cierras los ojos y gimes con fuerza, yo te acaricio y te beso suavemente en el cuello mientras me recupero del orgasmo y mientras tu aún tiemblas un poco por la intensidad del último.
Exhaustos nos tumbamos en la cama y nos abrazamos.

Esclava y sumisa un fin de semana

En nuestra relación de pareja siempre hemos intentado que no entrara en la rutina. Disfrutábamos de una posición económica más que desahogada, pero a un alto precio, mi actual trabajo no me dejaba mucho tiempo para mis relaciones familiares. Había conseguido esa plaza y tenía el tema económico resuelto, a cambio de mi tiempo.

Mi marido, no paraba de colmarme de atenciones, sin que fuera correspondido, así había sido desde el principio de nuestra relación. …él esforzándose una y otra vez, inasequible al desaliento, por mantener viva nuestra relación y yo, sin querer asumir que mi trabajo, aún dándome cuenta, estaba empezando a arruinar mi vida.

Así, aprovechando un puente, organizó con todo mimo y detalle, un maravilloso viaje a un hotel de lujo en Canarias con un único plan: descanso y relax. Todo pintaba de color de rosa hasta que dos días antes de la salida, mientras comprábamos ropa para nuestra escapada, recibí una llamada del trabajo anunciándome que tenía que hacer una suplencia con toda urgencia para ese fin de semana. A pesar de mi oposición, no tuve más remedio que aceptar que nuestra escapada habría de posponerse. Mientras hablaba con mi jefe, por mi tono y respuestas, él adivinó lo que ocurría.

Cuando colgué me miró, y simplemente dijo con un tono de profunda decepción:

-No digas nada, ya lo sé -. Intenté justificarme por todos los medios pero fue inútil, ni siquiera quiso volver conmigo a casa. Dijo que quería dar una vuelta solo para despejarse.

Al volver a casa se me hundió el techo encima. Decidí que no podíamos seguir asi y que si quería recuperar a mi marido tenía que compensarle de una forma especial. Cuando regresé le pedí perdón y traté de convencerle que tendríamos una mejor ocasión.

- Sé que estás enfadado, y te entiendo. Dije, pero por favor, ten paciencia, será la última vez. Podemos aplazarlo para el próximo fin de semana.

Respondió con desilusió y el próximo fin de semana volvería a surgir algo muy importante e inaplazable, - déjalo, no te esfuerces, da igual.

- Te prometo que no, repliqué. Yo misma elegiré un sitio muy especial, donde podamos olvidarnos de todo, los dos solos, haremos todo lo que tu quieras, por favor.

-¿Lo que yo quiera?, Me preguntó incrédulo, por fin conseguía despertar su interés.

Lo que quieras, acepté, sin darme muy bien cuenta de lo que decía, desde que lleguemos hasta que nos vayamos. Seré tu esclava por un fin de semana.

-Estás segura de lo que dices? Insistió.

- Te lo prometo, acepté, a pesar de que su tono ahora me intimidaba. - Todo lo que me pidas, le remarqué.

De acuerdo, concluyó . - Espero que luego no te rajes.

-No te arrepentirás.

Esto último lo dije sin saber muy bien lo que decía. Quizás quien se tuviera que arrepentir sería yo de mis palabras, aunque en ese momento no le di mayor importancia.

Estuve trabajando todo el puente sin apenas ir a casa más que para dormir, pero en ningún momento emitió la más mínima protesta. Cada vez que me disculpaba por la poca atención que le podía dedicar, él le restaba importancia y anunciaba que ya se resarciría el próximo fin de semana.

Busqué un lugar idílico, un hotel de lujo, con su zona spa, en una zona turística, etc. Fuimos en coche. Durante todo el viaje yo le preguntaba que es lo que hariamos, y él simplemente me repetía que lo que él quisiera. Me recordaba que había prometido ser su esclava.

Durante todo el trayecto se mostró muy atento conmigo, parecía haber dejado atrás completamente su decepción de la semana anterior. Yo le recordaba, que ese fin de semana era él quien mandaba, y le preguntaba que deseaba hacer, pero simplemente contestaba que ya lo vería, que me sorprendería.

Llegamos al hotel, deslumbrante y con todo tipo de detalles. Nos registramos y el botones nos acompañó a nuestra habitación. Cuando nos dejo solos nos abrazamos dándonos un tierno beso.

-Bueno, tú mandas le pregunté - ¿Qué te apetece hacer?

A todo esto, él se sentó en la cama, se quitó los zapatos y comenzó a quitarse los pantalones.

-Vaya, continué. Me estoy imaginando lo que te apetece.

No, no te lo imaginas, contestó, quitándose los calzoncillos y tumbándose sobre la cama.

-Ah, ¿No? le dije haciéndome la interesante. Pues dímelo.

- De momento me vas a hacer una buena mamada para que me vaya relajando, ya que el viaje me ha puesto un poco tenso de tanto conducir. Ah!, y no vas a dejar que ni una gota de mi leche se pierda. Va a ser tu aperitivo de hoy.

- ¿Qué? pregunté sosprendida.

- Ya lo has oído, contestó. Creía que este fin de semana serías mi esclava, es lo que me prometiste. No me decepciones otra vez.

Estaba petrificada. Pero pensé que quizás despues de todo no haría falta hacerlo al 100% como me lo pedía.

- Y te recuerdo. Ni una gota perdida, me recordó.

Siempre habia tenido reparos en tragarme el semen. No tenía ningún problema en hacer que se corriera en mi boca, me gustaba, pero de ahí a tragármelo era otra cosa. Lo había hecho alguna vez y no era un gran deseo para mi. Pero pensé:

- Bueno, si ya lo he hecho, lo puedo repetir, y de paso contentarle.

Como pareja disfrutábamos del sexo, cada vez menos, es cierto, porque nuestros encuentros sexuales se espaciaban en el tiempo y no solíamos pasar de la penetración con algunas variantes de posturas y alguna caricia prohibida.

Yo era una persona algo inhibida sexualmente. No llegué virgen al matrimonio, pero la primera vez que lo hicimos fue dos meses antes de nuestra boda tras un largo noviazgo, durante el cual nuestra actividad sexual se limitó a besos en la boca y toqueteos, normalmente por encima de la ropa, como mucho algún roce furtivo en el pecho. Y desde luego, el sexo oral no era una de nuestras prácticas. Tan sólo lo había intentado una vez, al poco de casarnos, tras una gran insistencia por su parte, pero únicamente llegué a rozarle el pene con los labios y la lengua, ya que mi repulsión no me dejo continuar. Por su parte, él intentó alguna vez hacérmelo a mí, pero siempre cerraba las piernas y le decía que no me hiciera guarrerias, por lo que no insistía.

Así, no podía creerme lo que acababa de oir. No sólo por las formas ni el tono de su voz, sorprendentemente imperativo, sino por la petición en si.

Sin contestar me acerqué a la cama y me arrodillé ante él. Comencé a besarle el tronco del pene, aún flácido, y a rozarle la punta con mis labios.

-Muy bien, me decía. -Así me gusta, que me des placer. Lo estás haciendo muy bien, ahora métetela en la boca, pásame la lengua por el capullo. Eso es, quiero que me comas toda la verga, muy bien.

Perpleja, oyendo sus palabras, continuaba con mi labor sin saber muy bien como hacerlo, pero no debía hacerlo mal porque notaba como aquello comenzaba a engordar en mi boca. …el me daba instrucciones utilizando un lenguaje y unas expresiones inusuales en él, y yo procuraba seguirlas, con notable éxito, porque enseguida dejó de hablar y ví en sus gestos que estaba a punto de correrse. Comenzó a gemir.

Al poco noté un chorro caliente en mi garganta. Mi primer instinto fue apartar la boca para dejar que se derramara, pero él me sujetó del pelo haciendo que su semen inundara mi garganta, no permitiendo que saliera una sola gota de mi boca. Para mi sorpresa apenas sentí asco al hacerlo, aún más el morbo y la sensación de romper un absoluto tabú hizo que me mojara como no solía hacerlo. También descubrí que si introduces el pene lo más profundo posible, el sabor ni se nota.

Fuí tragando su leche, manteniendo su pene en mi boca hasta que volvió a quedarse flácido. Entonces me incorporé hasta ponerme a su altura tumbándome a su lado. Me abrazó y me dio un beso en la boca, que inevitablemente, tenía que oler a leche caliente.

-Has estado estupenda ,dijo. -Ves que fácil es contentar a tu amo. Tu sigue así y obtendrás tu recompensa. Debes seguir mis instrucciones, sumisa, y todo irá bien.

-Será como tu ordenes, mi señor, le respondí aceptando con total resignación mi destino por los próximos dos días, y empezando mi rol de sumisa esclava.

Estuvimos tumbados un rato en la cama, él se durmió, yo no pude, pensaba en lo que acababa de suceder y lo que más me asombraba era que no tenía la más mínima sensación de culpa, ni me sentía sucia, como siempre había pensado que me sentiría en caso de hacer algo así, al contrario, sentía cierto orgullo, mezcla de haber satisfecho a mi amo y de haber hecho mi trabajo con éxito. Esperaba lo que vendría después con inquietud, segura de que me sorprendería tanto como yo lo haría con mi respuesta.

Se despertó y se fue al baño. Oí el grifo de la bañera redonda de hidromasaje correr y supuse que nos daríamos un baño juntos, haríamos el amor y sería maravilloso, pero no fue exactamente así.

- Esclava, me llamó. Ven aquí.

- Qué desea? respondí sumisa.

- Desnúdate, ordenó. Te he preparado un baño, quiero que luzcas perfecta esta noche.

Obedecí, me quite la ropa mientras me observaba y me metí en la bañera. Esperaba que se uniera a mí, pero simplemente me miraba.

- No te bañas conmigo? pregunté ingenuamente.

- No, respondió, prefiero mirarte.

El baño me sentó de perlas, consiguió que me relajara totalmente. Tras un rato en el agua me pidió que me pusiera de pie y diera una vuelta para poder contemplarme entera.

- ¿Te gusta lo que ves? le pregunté.

- Me encanta, contesó, pero con un pequeño retoque me gustará más.

- Dime cual, respondí, sólo quiero complacerte.

- Siéntate en el borde la bañera, me ordenó mientras cogía la cestita con accesorios de tocador del hotel.

- Qué vas a hacer? me atreví a preguntar.

- Te voy a afeitar todo el coño.

Me dejó helada, no lo esperaba y no me gustaba nada la idea. Siempre había pensado que depilarse el pubis era una cosa de guarras, yo lo más que hacía era arreglármelo para que no se salieran los pelitos por la braguita del bikini. Y esa palabra, coño, jamás la había usado. Ninguno de los dos solía referirse a esa parte de mí y cuando lo hacía utilizaba eufemismos como mi florecita, mi jardín o cosas así. Definitivamente todo iba a cambiar ese fin de semana.

Me separó las piernas con su mano y comenzó a aplicarme crema de afeitar en todo el pubis, tomó la maquinilla de afeitar y con sumo cuidado, eso sí, la pasó por mi vello eliminándolo completamente. Cuando terminó se quedo mirándolo a escasos centímetros, no creo que jamás lo hubiera visto con tanta luz y a tan corta distancia.

- Precioso, comentó dándole un beso. Enjuágatelo y vístete que nos vamos a cenar.

Se fue y me dejó sola. Sentí una falta, una total ausencia de algo mío al pasar mi mano para aclararlo, y cuando salí de la bañera, me sequé y me miré al espejo tuve la sensación de no haber estado tan desnuda en toda mi vida. Pero la suavidad con la que quedó me gustaba.

Me puse un vestido blanco escotado que había comprado para la ocasión y debajo un sujetador sin tirantes y unas braguitas del mismo color que estrenaba igualmente. Salí del baño pensando en deslumbrarle.

Cenábamos en el restaurante del hotel, un sitio ideal para una velada romántica, con las mesas separadas una de otra, una luz tenue y el murmullo de una orquesta. Estaba encantada, aunque un poco incómoda por mi recién depilado.

- Te gusta mi vestido nuevo? le pregunté, tratando de iniciar conversación.

- Estás fantástica, me contestó.

- Gracias, añadí con una voz sugerente y provocadora. Y eso que no has visto lo que llevo debajo. Me he comprado un conjunto de lencería que te va a encantar.

- Me gustaría verlo, comentó.

- Lo verás, le repliqué, no seas impaciente, cuando lleguemos a la habitación podrás verlo y arrancármelo si quieres.

- No, insistió. Me gustaría verlo ahora.

Miré a un lado y otro, nadie parecía prestarnos atención, así que me incliné, abrí un poco el escote y le mostré el sujetador.

- Te gusta? volví a preguntar.

- Parece precioso, respondió, aunque no lo he podido ver bien.

- Ya lo verás, picarón, ten paciencia, le dije.

- No, quiero verlo ahora, volvió a insistir.

- ¿No querrás que me quité el vestido aquí, le dije asustada. Nos pueden echar del hotel.

- No sería mala idea, me contestó, pero no es eso en lo que estaba pensando.

- ¿Y en qué estabas pensando? le pregunté.

- En que me lo enseñes pero sin llevarlo puesto.

- No te entiendo.

- Es muy sencillo, concluyó. Te diré lo que vas a hacer. Te vas a levantar, vas a ir al servicio, allí te vas a quitar el sujetador y las braguitas y me lo vas a traer todo para que lo vea. No me negaras ese caprichito, verdad?

Sin responder me levanté y me dirigí a los lavabos. Me volví y vi su rostro desafiante, como diciendo, no lo harás, no te atreverás, y yo dudaba si sería capaz. Entré y me metí en uno de los lavabos, me senté en el water, inmóvil, pensando "no lo hagas, qué sentido tiene, todo el mundo verá que llevo mi ropa interior en la mano". Mientras mi pensamiento iba por ese camino mis manos iban por otra, me desabroché el sujetador, lo doblé con cuidado, me quité las braguitas e hice lo mismo. Lo junté y lo metí en mi mano apretando tan fuerte como pude tratando inútilmente de que no asomara ni un trozo de tela fuera del puño cerrado.

Me levanté y me dirigí al salón. A pesar de que todo el mundo parecía estar a lo suyo yo tenía la sensación de andar desnuda y ser objeto de todas las miradas. Me encontraba incómoda, a la vez que con una extraña sensación de excitación. Alcancé nuestra mesa y, antes de sentarme, extendí mi mano hacia la de mi amo que la abrió para tomar su objeto de deseo. Se la llevó a la nariz y la olfateó, luego, discretamente, se la guardó en el bolsillo.

Me senté con sumo cuidado por no enseñar nada cruzando las piernas.

-¿Cómo te sientes? él inquirió.

- Desnuda. Fue mi respuesta.

- Me gusta, y a ti también aunque te esfuerces en negártelo a ti misma. Afirmó. Sé que en tu fuero interno te encantaría que toda esta gente te viera desnuda y eso te pone cachonda, te estás mojando. ¿O me vas a decir que me equivoco?

- No, no lo haces, admití.

- Enséñame las tetas. Dijo de sopetón. Haz como antes, levántate, inclínate y déjame que te vea los pezones. Se te están poniendo duros, lo sé, se te marcan a través del vestido.

Yo también lo notaba, y el rubor se empezaba a apoderar de mi. La piel del rostro comenzaba a tornarse encarnada de la excitación. Me levanté, abrí mi escote disimuladamente y le mostré mis pezones erectos por un instante.

La cena transcurrió entre miradas y frases provocadoras que me iban calentando más y más. Su lenguaje era cada vez más vulgar. "Todos te miran, sabes que estás cachonda, eres como una perra en celo, están locos por engancharte el culo, si te vieran el coño te follarían y gozarías como una loca". Ese era el tipo de cosas que me repetía una y otra vez. Pensaba que iba a empapar la silla de lo excitada que me estaba poniendo.

Finalmente concluimos la cena y nos dirigimos a la habitación. En el ascensor me hizo levantarme el vestido para enseñarle mi depilado pubis y cuando llegamos a nuestro piso me dijo:

- Adelántate un poco y súbete el vestido, quiero ver como se bambolea tu culo.

Lo hice temiendo, a pesar de la hora, que nos cruzáramos con alguien. Si lo hacíamos y me bajaba el vestido le disgustaría, pensé, rogando que tal cosa no ocurriera. Afortunadamente alcanzamos la puerta de nuestra habitación sin contratiempo. Sacó la tarjeta-llave de su cartera y dio otra vuelta de tuerca.

- Dame el vestido. Ordenó. Quiero que entres desnuda. Cuando estés desnuda, pica la puerta y te abriré.

No repliqué, me lo quité y se lo entregué. Ahora me encontraba totalmente desnuda, en medio del pasillo de un hotel, a merced de los caprichos de mi marido que se demoraba intencionadamente en abrir la puerta de la habitación. Cuando lo hizo puso la mano en mi entrepierna sintiendo su calor, encendió la luz, me hizo pasar y cerró la puerta.

- Estás cachonda, dijo. Te mueres por echar un polvo, lo sé, estás deseándolo, pero quiero oírlo de tu boca, dímelo.

- Sí, - respondí, quiero que me hagas el amor.

- No, no es eso lo que quieres, - me contradijo, dime lo que quiero oir, tú sabes lo que es.

- Quiero que me eches un polvo salvaje, quiero que me folles como si fuera una puta, que me metas la polla en el coño, dije loca de deseo, pronunciando esas palabras por primera vez en mi vida. Fóllame, fóllame ya, te lo suplico.

Me empujó a la cama haciendo que me tendiera boca arriba, se quitó la ropa y se tumbó encima de mí, penetrándome con frenesí, como dos salvajes y al poco noté como eyaculaba dentro de mí alcanzando el orgasmo en solitario y al instante se salía de mí.

Eso no era propio de él. Siempre había mostrado tener un gran control sobre su eyaculación y solía esperarme para hacerme gozar. Siempre decía que su mayor placer era darmelo a mí, pero esta vez no fue así. Me dejó, apenas empezar, peor que estaba, y lo sabía. Yo estaba empapada y llena de su leche, cosa que me excitaba más.

- No has podido gozar, verdad. Me dijo con sorna - Qué esperabas?, Tu estás aquí para hacerme disfrutar a mi, no para gozar, eres mi esclava, no lo olvides.

- Sólo quiero darte placer, mentí tratando de complacerle.

- Pero yo quiero ser generoso contigo, me has complacido esta noche, añadió condescendiente. Tú también debes disfrutar y tú sabes como hacerlo, verdad.

- A qué te refieres? Pregunté como una tonta, no sabía por donde iba.

- Me refiero a que tu sabes como disfrutar tu sola por ti misma, puedes acariciarte, ya sabes.

- Qué quieres decir? Volví a preguntar ahora ya intuyendo por donde iba.

- Lo que quiero decir es que puedes hacerte una pajilla. Quiero que te masturbes y ver como sale mi leche de tu coño mientras te tocas.

- Sí, acepté en un suspiro. Desde mi adolescencia había practicado el vicio solitario y aún seguía haciéndolo, siempre con sentimiento de culpa pero sin poder dejar de caer en la tentación, otra carga de mi conservadora educación.

- Pues hazlo. Me susurró al oído. Quiero que te masturbes para mí, quiero ver como te acaricias el clítoris, como te metes el dedo en tu coñito y como te corres para mi, con toda mi leche.

Aquello superaba todos mis límites. Me costaba admitirme a mi misma que a mis cuantenta años me masturbaba, aun más me costaba confesarlo a mi marido, pero ni en mi peor pesadilla me podría imaginar haciéndolo delante de otra persona. Pero ya no era yo, era una gata ardiente, deseando apagar su fuego, y despojada de toda voluntad propia.

Abrí las piernas, notaba su semen caliente en mi húmeda vulva. Mezclé sus jugos con los míos frotándome el clítoris, primero tímidamente, con los ojos cerrados evitando encontrar su mirada y cada vez más rápido mientras metía un dedo en la vagina. Mi ritmo y mis jadeos iban en aumento, seguía con los ojos cerrados acercándome a la meta y oí su voz.

- Abre los ojos, quiero que me veas.

Lo hice. Abrí los ojos, vi su rostro pleno de placer mientras me contemplaba. Su pene estaba de nuevo erecto y lo agitaba con su mano. Sí, nos estábamos masturbando al unísono mirándonos el uno al otro. Continué mi labor hasta sentir un escalofrío, mi cuerpo se arqueó y alcancé la meta del placer. Cuando empecé a recuperar la conciencia se acercó, se colocó de rodillas encima de mí y eyaculó en mi pecho cayendo rendido a mi lado.

No me dejó lavarme, siempre lo hacía después de hacer el amor. Dijo que quería que durmiéramos los dos desnudos y con nuestros jugos pegados al cuerpo.

No tardó en dormirse, pero yo apenas pegué ojo. No acostumbraba a dormir desnuda. Cuando hacíamos el amor, al terminar me aseaba y me ponía mis braguitas y el camisón. La ausencia de ropa, mi cuerpo desnudo con los restos de su semen entre mis piernas y el pecho, y el recuerdo de lo que habÌa ocurrido desde nuestra llegada me impedía dormir.

Si esa misma mañana alguien me hubiese preguntado por las cosas que había realizado le habría dicho, y convencida de ello, que eran denigrantes para la persona que las practicaba, que era imposible que una persona educada hiciese algo asi sin sentir verguenza y culpa. El sexo oral, depilarse el pubis, ir sin ropa interior, masturbarse delante de otra persona eran prácticas inaceptables para mi.

Es cierto, Mi amo y marido me había pedido hacer todo eso, pero igualmente cierto es que no me había forzado, en todo momento podía haberme negado a continuar, podía haber dicho basta, pero no lo hice. Acepté sus ordenes sin oponer resistencia y en modo alguno me sentía humillada y además, debía admitirlo, había obtenido un placer no acostumbrado. ¿Qué me depararía el día siguiente?

La noche pasó en un continuo duermevela, aunque pude conciliar finalmente el sueño. Cuando los primeros rayos de sol iluminaron la habitación tenuemente a través de las cortinas me miré, desnuda, con el pubis como una niña y mi cuerpo pegajoso, y le miré, aún dormido, desnudo como yo, me gustaba verle así, no solía hacerlo, sí, nos veíamos desnudos, por supuesto, pero no solía deleitarme en su contemplación. Me gustaba, sí, adoraba su cuerpo desnudo. Le hice una fotografía. Él tenía de mi, pero nunca le había hecho a él. Quizás me serviria más adelante.

Sólo quería complacerle, sin saber cómo me encontré con la cabeza entre sus piernas y comencé a lamerle el pene, aún flácido y con el sabor de su semen y mi flujo, con la punta de la lengua. Al instante se despertó y vio lo que hacía, no dijo nada, sonrió en aprobación. No tardó en empalmarse, rodeé su punta con mis labios y me lo metí en la boca. Gemía, estaba disfrutando. Cuando comenzó a eyacular no hizo falta que me cogiera la cabeza como el día anterior, yo misma engullí su pene tanto como pude y tragué su semen no dejando que se derramara una sola gota.

Tras levantarnos y ducharnos le pregunté qué deseaba hacer por la mañana, con la esperanza de oir quiero follarte hasta destrozarte el coño, ansiaba que lo hiciera, pero fue en vano. Iriamos a descansar y a tomar el sol a la piscina del hotel. Ya se habÌa puesto el bañador y una camiseta para ir a desayunar a la terraza que había al lado de la piscina, yo seguía desnuda.

Como quieras. Acepté su propuesta de ir a la piscina. Entonces será mejor que me ponga el bikini.

- Espera, me interrumpió, se dirigió a su maleta y me extendió un bikini de color blanco. Ponte esto.

- Es para mí? Dije sorprendida, jamás me había comprado ropa de baño sin ir con él. Muchas gracias.

Entonces vi que la braguita era de tipo tanga, además de color blanco, seguro que al meterme en el agua se transparentaría todo. Aquello era excesivo, mi marido pretendía exhibirme ante todo el mundo.

- De verdad quieres que me ponga esto? Pregunté tímidamente, no quería contrariarle, aunque imaginaba la respuesta.

- Desde luego, confirmó entusiasmado. Vas a estar preciosa, serás la reina de la piscina, sin duda.

Obedecí. La reina de la piscina decía, nunca había sido la reina de nada. Soy una mujer muy menudita, apenas sobrepaso el metro y medio, aunque bien proporcionada, siempre me lo han dicho. Mi pecho es buen tamaño, lo suficiente para hacerse notar y muy firmes, para eso voy al gimnasio, tan firme como mi culito, respingón y redondo. Así que siendo atractiva no tengo cuerpo de modelo y nunca he sido reina de nada, pero desde luego, objeto de miradas si sería con ese bikini, al menos de las miradas masculinas.

Me quedaba perfecto, a él le encanto, no paraba de manosearme el culo al descubierto. Cogí un pantalón corto y una camiseta pero no me dejó ponérmelo, me pidió que me pusiera el pareo. Un precioso pareo estampado pero de tela muy fina con el que obviamente se me vería el tanga y el culo. No hace falta decir que acaté su sugerencia sin protestar.

Mientras desayunábamos me hizo levantar cien veces. El desayuno era tipo buffett y me pedía cosas, que luego no comía, con el único propósito de verme y hacerme llamar la atención.

Finalmente fuimos a la piscina, sugerí ponernos en dos tumbonas que estaban más apartadas de la zona de paso, y accedió.

Me quité el pareo, a mi espalda vi un par de hombres de mediana edad que estaban con sus mujeres que no quitaban ojo de mi trasero. Me tumbé boca arriba intentando evitar el espectáculo, pero mi mardo me pidió que me diera la vuelta, quería que me diera el sol en el culito.

- ¿Quieres que te eche crema? Se ofreció amablemente. Te vas a quemar si no.

Me encantaría. Acepté.

Comenzó por las piernas, con mucho mimo y tomándose su tiempo, como siempre, a medida que extendía la crema por los muslos me hacía separar las piernas posando a cada movimiento la mano en mi entrepierna, como le gustaba excitarme. Empleó todo el tiempo del mundo en el culito. Finalmente, terminó con la espalda, me desabrochó la parte de arriba, solía hacerlo para extender mejor la crema, pero esta vez, al terminar, no volvió a abrocharla. Me disponía a hacerlo yo misma cuando dijo.

- No, no lo hagas. Ordenó. Mejor dámelo, no lo necesitas, te lo guardaré en la bolsa.

- ¿Estas loco? Esta vez no pude contener mi reacción - ¿Qué quieres, que todo el mundo me vea las tetas?.

- Precisamente, eso es lo que quiero. Asentí, y continuó en tono desafiante. Puedes hacerlo o no, es tu decisión, sabes que puedes parar este juego cuando quieras. Si no quieres seguir, volvemos a la habitación, hacemos las maletas y regresamos a casa. Pero tienes unas tetas demasiado preciosas para esconderlas.

Le miré a los ojos, no bromeaba, si me negaba todo habría concluido ahí. Aquello superaba con mucho lo que podía aceptar, nunca nadie excepto él, mi doctora y la masajista del gimnasio, ni siquiera mi madre, mis hermanas o amigas y mucho menos otro hombre, me había visto el pecho desde que era una niña, y ahora él, precisamente él, me pedía que lo enseñara a un montón de desconocidos. De acuerdo, pensé, si mi cuerpo es suyo, Él decide. Tiré con una mano de un extremo sin levantarme y se lo di. Al fin y al cabo, pensé, son desconocidos.

Seguía boca abajo, escrutaba con la mirada en busca de otras mujeres en top-less. Tan sólo vi a dos mujeres, de unos cincuenta y muchos calculé, con pinta de extranjeras cerca de nosotros. Y a lo lejos, en una zona algo más apartada a una chica muy jovencita con su novio.

Finalmente comprendí que no podía seguir aplazando lo inaplazable. Antes o después me tendría que dar la vuelta, aunque fuera para levantarme, así que lo hice. Miré a Santi y vi su rostro de aprobación y satisfacción, cerré los ojos, sentía que si los abría me encontraría a cientos de hombres a mi alrededor mirándome las tetas.

Al rato, más relajada, abrí los ojos. Los dos hombres que habían estado mirándome el trasero ahora se regodeaban contemplándome las tetas. Sorprendentemente el resto no parecía fijarse. Decidí darles un pequeño espectáculo, tomé el bote de crema y empecé a untármela por las tetas mirándoles fijamente. No apartaron su vista de mi pecho en un solo momento observando su bamboleo con mi toqueteo. Terminé y me volví a tumbar.

Apenas pasados unos minutos, Santi, con quien no había vuelto a cruzar palabra, propuso un chapuzón. El sol apretaba, estaba muerta de calor, no quería meterme en la piscina así, con las tetas al aire, pero sabía que pedirle que me devolviera la parte de arriba era inútil, así que, cogidos de la mano, fuimos a la piscina.

Nos metimos en el agua y estuvimos nadando y jugando un buen rato. No desaprovechaba la ocasión para sobarme las tetas o el culo y me decía al oído que estaba preciosa, que no le extrañaba que la gente me mirase y que mi cuerpo era para disfrutarlo y enseñarlo orgullosa no para ocultarlo. Poco a poco sus halagos me iban venciendo y el pudor se iba transformando en abierta exhibición y excitación.

Salimos del agua, y comprobé aterrorizada como se transparentaba el bikini. Su tela se pegaba a mis labios vaginales mostrando su forma descaradamente. Fui corriendo a la tumbona a secarme y me envolví con la toalla.

- ¿Qué pasa? Pregunto Santi que se había dado cuenta de todo - ¿No quieres que la gente vea como se te nota el coñito? Es un chochito precioso, no debieras ocultarlo.

Como quieras. Respondí quitándome la toalla.

Así me gusta, añadió, eres un solete. Estoy muerto de sed, hazme el favor, acércate al bar y tráeme algo fresquito.

El muy cerdo quería que me paseara así, con las tetas y el culo prácticamente al aire y mostrando la forma de mi vulva a través del bikini. Ya no estaba enfadada, me parecía que era todo una broma, y cada reto que proponía lo aceptaba con entusiasmo. Sabía que después de esto no podría negarme a nada.

Cuando me vio acercarme el camarero pareció que se le iba a desencajar la mandíbula, como babeaba el tío. Le pedí un par de cócteles de frutas tropicales con ron, me vendría bien algo de alcohol, y volví a la tumbona contoneándome y meneando el culo para darle un buen espectáculo.

Cuando terminó de beber Santi se levantó y me pidió que le esperase un momento, que enseguida volvería. Regresó pasados cinco minutos.

-Venga, vamos a recoger. Dijo. Vamos a la habitación.

- Y a qué viene tanta prisa? Le Pregunté, no entendía nada.

Te he preparado algo especial. Has sido una chica excelente y mereces tu recompensa. Dentro de media hora te espera un masaje especial superrelajante en la habitación.

Eres un cielo. Agradecí entusiasmada. Sabes lo que adoro recibir un buen masaje.

Lo sé. Dijo. Pero esta vez será un poco diferente.

No respondí, ni quise preguntar, pero algo me decía que no pretendía simplemente regalarme un masaje, ni que iba a permitir que me lo diera con las braguitas o aunque fuera el tanga puesto. No me equivocaba.

Bueno, te diré lo que vas a hacer. Me anunció. Al llegar a la habitación te vas a quitar la ropa, te vas a meter en la bañera y te vas a dar una ducha para relajarte, luego te secas bien y esperas dentro del cuarto de baño a que llegue tu masajista. Cuando esté aquí yo te avisaré, y entonces, sales con una toalla enrollada, saludas al masajista y charlas con él mientras prepara todo, y cuando te diga que está todo listo, te quitas la toalla, la dejas en la cama muy despacio y te tumbas en la camilla. Y si te echa una toalla por encima le dices que no hace falta, que hace mucho calor y estás mejor así.

- ¿Me estás pidiendo que esté completamente desnuda todo el rato delante de un hombre que no conozco de nada? Pregunté ingenuamente.

- Eso es exactamente lo que quiero. Contestó sin vacilar. Ya te ha estado viendo todo el mundo en la piscina el culo y las tetas, este además te va a ver el chochito, y además te va a acariciar mientras te ve desnuda.

- Como ordenes .Acepté.

Obedecí, nerviosa me metí en la ducha. Mis sentimientos volvían a ser contradictorios. La idea de que en breves momentos un hombre me iba ver como Dios me trajo al mundo me producía pavor, pero al mismo tiempo, mientras me enjabonaba notaba mi vagina húmeda de excitación. Mientras me secaba oí como llamaban a la puerta, mi pulso se aceleró, mi marido me anunció su llegada, terminé de secarme, me envolví en la toalla y salí.

Hola. Saludé con tanta naturalidad como pude.

- Me llamó Jose. Se presentó. Era un hombre de unos cuarenta y tantos años, bien cuidado y atractivo. Soy su masajista.

- Yo soy Bea, es un placer. Contesté.

- Eso espero, que sea un placer. Bromeó mientras terminaba de preparar la camilla y sus aceites.

Al acercarse el momento de la verdad creí que el corazón se me iba a salir del pecho de la excitación.

- Todo listo. Anunció. Cuando quiera podemos empezar, túmbese aquí.

Entonces tiré de la toalla sin dejar de mirarle a la cara y por vez primera en mi vida le enseñé mi coñito a un hombre, aparte de mis parejas, quien al lado contemplaba la escena con evidente cara de satisfacción.

- No es necesario que se quité la toalla. Dijo Jose, algo sorprendido, no debía esperar el espectáculo gratuito que le estaba proporcionando. Puede tumbarse y yo le tapo con ella.

- No importa, hace calor. Contesté según nuestro plan.

- Como quiera. Aceptó Jose.

- No creo que se vaya a asustar usted. Dije, completamente lanzada .No será la primera vez que ve usted a una mujer desnuda.

- Si usted prefiere estar así, yo encantado. Y realmente parecía estarlo.

Entonces Santi dijo que se bajaba a tomar algo y así nos dejaba tranquilos. Le miré como si lo fuera a asesinar. No contento con exhibirme ante un extraño, se marchaba dejándome desnuda en una habitación a solas con él. Pero al instante pensé "Si es eso lo que quiere, lo mejor será relajarse y disfrutar".

Jose me pidió que me tumbase boca arriba, decía que era preferible dejar la mejor parte, la espalda, para el final. Comenzó por las piernas, los tobillos, las pantorrillas, deteniéndose al llegar al muslo. Yo tenía las piernas ligeramente separadas y en su posición tenía una vista perfecta de mi coñito, sin un solo pelo, por lo que podía apreciarlo perfectamente.

Luego siguió con la cabeza y el cuello, era un verdadero artista con las manos, y así bajando por el pecho rozando de forma tenue los pezones hasta llegar al vientre. Era muy discreto con su tacto pero yo me estaba excitando por momentos.

Me pidió que me diera la vuelta y comenzó por la nuca, demostrando su habilidad y experiencia. Se detuvo una eternidad en la espalda, y terminó bajando sus manos hasta el culo. Se paró un instante en una leve caricia como si esperase mi aprobación para continuar. Exhalé un suspiro y comprendió que podía seguir con sus caricias. Me sobó el culo como nunca lo habían hecho antes, lo acariciaba, apretaba, juntaba mis nalgas con sus manos. Aquello era indescriptible.

Finalmente volvió a recorrerme la espalda y el culo acariciándolo suavemente y dio por concluido el masaje.

- Ya está, señora .Dijo. Espero que lo haya disfrutado.

- Ya lo creo. Contesté. Ha sido formidable, tiene usted unas manos increíbles.

- Muchas gracias. Agradeció el cumplido.

Me levanté y seguí conversando con él mientras recogía sus cosas. No estaba allí Santi para darme sus ordenes, pero en ningún momento se me pasó por la cabeza vestirme o taparme con la toalla y no la hacía porque pensara que al fin y al cabo ya había visto todo, que era cierto, si no porque me encantaba estar desnuda hablando con un hombre vestido.

Se marchó y a los pocos segundos llamó a la puerta mi marido. Había estado esperando a que saliera el masajista. Pregunté quien era, aún que sabía que era él y cuando contesté abrí la puerta, de par en par, sin ocultarme detrás, seguía desnuda. Si hubiese habido alguien en el pasillo me habría visto, pero no me preocupaba, en cierto modo lo ansiaba.

- ¿Qué tal? Preguntó. Veo que sigues desnuda, por lo que parece estás empezando a cogerle el gustillo.

- Ha sido maravilloso. Respondí con sinceridad. No sé que me gustó más, si estar desnuda delante de él todo el rato o sus caricias recorriendo mi cuerpo. Ha sido un regalo formidable, mi señor. ¿Cómo podría agradecértelo? Haz de mí lo que quieras, soy tuya.

- Cuéntame .Continuó ,preguntando. ¿Hasta dónde ha llegado?

Le relaté con todo detalle mi masaje, como había tanteado levemente mi pecho, como me había sobado el culo y lo que me había excitado, algo que Santi ya sabía, porque desde que entró en la habitación no había apartado la mano de mi entrepierna, deslizando sus dedos dentro de mi. Se mostró algo decepcionado al saber que no había ni tan siquiera rozado esa parte de mi cuerpo, quizás debiera haberme insinuado algo más, pensé.

Entonces, me hizo darme la vuelta, inclinó mi cuerpo apoyándolo en la mesa de la habitación, sacó su pene y me penetró desde atrás mientras yo le suplicaba que me follara. No tardé en alcanzar el orgasmo, mi primer orgasmo del fin de semana y él se derramó dentro de mi.

Caímos rendidos en la cama durmiéndonos como dos lirones.

Cuando despertamos era media tarde, no habíamos comido y el restaurante ya estaba cerrado así que Santi pidió algo de comer al servicio de habitaciones. Al poco oímos una voz de chico joven llamando a la puerta.

- Servicio de habitaciones. Se anunció.

- Un momento. Contestó Santi poniéndose el albornoz. Yo, que seguía desnuda me metí en el cuarto de baño a ocultarme.

El chico entró y entonces pensé, "Por qué no, Seguro que a Santi le encanta". Y salí del cuarto de baño.

- Uuuy, no te había oído entrar. Dije haciéndome la tonta, crucé la habitación sin taparme para coger la toalla que seguía encima de la cama y dirigiéndome a Santi dije: - Venía a buscar esto.

Y con la toalla en la mano, volví al cuarto de baño. Con el paseo, el chico se pegó un hartón de mirarme por todos los lados y todas las posiciones, por delante y por detrás. Los ojos se le salían de las órbitas, no debía estar acostumbrado a que las clientas del hotel se pasearan en pelotas por delante de su cara.

Cuando oí la puerta cerrarse salí muerta de risa. Santi me aplaudía muerto de risa como yo.

- Has estado espléndida. Exclamó . No cesas de sorprenderme, eres una auténtica perra en celo.

Sabía que te gustaría. Fue mi respuesta.

Terminamos de comer y nos bañamos juntos en el jacuzzi, volvimos a hacer el amor, esta vez pausadamente, sin sobresaltos ni palabras fuera de tono, como dos amantes que se adoran y desean.

El resto de la jornada la pasamos dando un paseo y relajándonos mientras tomábamos una copa. Naturalmente yo iba sin ropa interior, ya no había tenido que pedírmelo, directamente salí de la habitación únicamente con un vestido y lo más curioso es que empezaba a acostumbrarme a ello. Cenamos algo ligero y volvimos a la habitación.

Nos desnudamos, a mí no me costó nada, sólo llevaba el vestido. Nos besamos y me susurró al oído.

- Prepárate. Vas a experimentar nuevas sensaciones y vas a gozar como nunca antes lo habías hecho.

- Estoy deseándolo, mi amor. Contesté.

Fue al armario y volvió con un pañuelo de seda negro. Me pidió que me diera la vuelta y me vendó los ojos.

- No te preocupes. dijo. Quiero que la vista no nuble el resto de tus sentidos para que puedas gozar lo que vas a sentir en toda su plenitud. Y además quiero sorprenderte.

- Soy todo tuya. Acepté sumisa.

Me hizo tumbarme en la cama boca arriba y me besó en la boca. Luego retiró sus labios de los míos iniciando un recorrido por mi cuerpo. Besó y lamió todo mi torso provocando la erección de mis pezones, mientras con una mano acariciaba mi coñito, como Èl lo llamaba. Fue bajando más hasta que noté sus labios en mis muslos colmándolos de besos, era el preludio de lo que vendría después.

Entonces comenzó a lamerme el coño con maestría. Como podía haber sido tan terca, cómo podía haberme negado a semejante placer por tan largo tiempo. Movía su lengua con mis labios vaginales, mordía con sus labios mi clítoris y recorría con la lengua la entrada de mi vagina. Primero suave y después intensificando el ritmo hasta provocarme uno de los mejores orgasmos de mi vida.

Cuando me recuperé, aún notaba su boca en mi entrepierna, bebiendo mis jugos. En un hilo de voz le volvÌ a pedir que me follara, Él me hizo callar, me dio la vuelta y me abrió de piernas. Comenzó a frotarme el coño con la palma de la mano, con la punta de los deditos pellizcaba mi clítoris dejando deslizarse algún dedo dentro de mi vagina.

Volvía a excitarme cuando paró bruscamente, callé, pensaba que estaba a punto de penetrarme. Para mi sorpresa sentí como se levantaba volvió a los pocos segundos, entonces reinició su tarea, recuperando yo mi estado de excitación. No tardé en sentir su otra mano acariciándome el trasero, deslizándose hasta la entrada del agujerito del culo. Al poco sentí un liquido frío y viscoso en esa zona que fue calentándose a medida que lo extendía por la entrada de mi ano.

Mis peores temores se hicieron realidad cuando introdujo un dedo en mi culo. Intenté protestar, pero no me salieron las palabras, la mezcla de sentimientos, pavor y lujuria, mientras seguía masturbándome con su otra mano, impidió que saliera mi voz. Su dedo entraba y salía cada vez con mayor facilidad, no sentía dolor, sólo una extraña sensación. Cuando apartó ambas manos de mi cuerpo ya sabía lo que vendría a continuación.

Noté una pequeña punzada de dolor en mi vientre cuando me metió la polla en el culo. Con sus manos aferradas con fuerza a mis caderas impedía cualquier intento de salida. El dolor fue cediendo dejando paso a un tremendo placer. Se movía dentro de mí sin sacarla, apretando su estómago contra mi culo. Apartó las manos de las caderas llevándolas a las tetas dándoles un fuerte masaje, exprimiéndolas como un salvaje.

Sentí una explosión de calor cuando se corrió dentro de mi culo. Permaneció largo rato abrazado a mi acariciándome el pecho. En el momento de sacarla noté un tremendo alivio. Me abrazó y nos fundimos en un beso de amor. Retiró la venda de mis ojos y una lágrima, mezcla de dolor y emoción salió de mis ojos. La limpio con su mano y volvimos a besarnos.

Permanecimos largo rato en silencio. Ninguno de los dos se atrevía a comentar lo que acababa de suceder. Mi amante y siempre considerado marido acababa de darme por culo, algo que jamás se me pensó que pudieran hacer más que personas pervertidas y degeneradas. No podía decir que hubiese sido una grata experiencia, pero en verdad tampoco había sido dolorosa en exceso, lo había hecho todo con gran cuidado, paso a paso y, a pesar de mi tensión, su polla se habÌa deslizado dentro de mi culo con gran facilidad. De hecho sólo notaba una leve irritación en mi ano y cierta molestia en mi vientre.

Cuando se recuperó acerco su boca a mi oído y me susurró - "Ahora quiero que seas tu quien me folle, quiero hacerte gozar otra vez".

Seguía mojada, aunque mi calentura había cesado. Pasé la mano por mi vagina, como cuando empezaba a masturbarme y no tardé en estar preparada. Me senté a horcajadas sobre él y lo follé una y otra vez como una salvaje. Me corrí tres veces antes de que él, agotado tras un día de esfuerzos, derramara su semen en mi interior.

Caímos rendidos y dormimos como lirones hasta el día siguiente.

Al despertar hicimos de nuevo el amor, ni siquiera nos molestamos en desayunar, nos duchamos y preparamos nuestra marcha. Mi fin de semana como esclava estaba a punto de concluir y lo había superado con buena nota, proporcionando a mi amo tanto placer como había demandado actuando como una sumisa esclava.

Llamó a conserjería para que vinieran a buscar nuestras maletas. Yo seguía desnuda de pie, colocando mi bolso, cuando llamaron a la puerta. Me miró y asentí en un gesto de aprobación. Santi abrió la puerta y entró un chaval de apenas 18 años topándose de frente conmigo.

- Santi. Exclamé con voz de enojo. Cuando esté en pelotas podrías avisar antes de abrir la puerta.

- Lo siento. Fue todo lo que dijo.

Pues al chaval le has dado un alegrón de cuidado, ¿verdad? Dije dirigiéndome al pobre chico.

No dijo nada, se puso colorado como un tomate, cogió las maletas y se marchó.

- Eres genial. Dijo Santi tras cerrar la puerta. Aunque, pensándolo bien, has sido una chica un poco mala, creo que debería aplicarte un correctivo, así aprenderás a portarte bien.

Me tomó de la mano, se sentó en la cama y me colocó boca abajo apoyada en sus rodillas. Estaba sorprendida, pero comprendí que ese era el final lógico para mi papel de esclava, iba a ser azotada. Comenzó acariciándome el trasero, mientras yo temblaba esperando el primer azote, interrogándome como sería.

Su mano cayó sobre mi culo de sopetón. Los azotes fueron bastante soportables, pegaba flojo. Era un acto de simbolismo. No proferí una sola queja, a pesar de que cuando terminó mi culo estaba un poco colorado.

Sin decirnos palabra me vestí, sin ropa interior, y así hice el viaje de regreso.

Estaba plena de satisfacción y era una mujer nueva, capaz de mostrarse desnuda ante desconocidos, de comerse una polla y tragarse hasta la última gota de semen, de follar en todas las posturas y hasta de ser enculada y azotada. Nuestra vida iba a cambiar gracias a mi marido, que ahora se mostraba apesadumbrado por sus excesos conmigo.

- No te sientas mal. Le dije. -Ha sido por nuestro bien. No es tan malo convertirse en esclavo de quien amas.

-Tienes razón. Asintió, y ese fue su error.

Me alegra que opines así porque he decidido que la próxima salida de fin de semana tu serás mi esclavo.

No contestó, abrió sus ojos, se encogió de hombros y asintió.