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Pausa por un gran proyecto.

He decidido publicar un libro. Una idea que me vino y que ya he encontrado el hilo conductor de una serie ee fantasias eroticas. Por eso, voy a descansar de escribir relatos (alguno publicare ya que tengo algunos casi acabados),  y me voy a dedicar a escribir el libro. Prometo a todo aquel que me ayude un ejemplar dedicado.
A medida que tenga capitulos sueltos los publicare para conocer vuestra opinion y saber si voy bien o no.
Espero os guste.

Hasta pronto.

Me he propuesto tenerlo acabado para verano del 2014.


Opinad de mi Diosa

Mi esposa me pone. Como no. Por eso quiero compartirla con vosotros. Quiero que opineis. Cuando hayan varias opiniones le dejaré ver los comentarios para ver su reacción.
También podeis incluir fotos de reacciones que os produzcan, etc.

Espero os gusten tanto como a mi.


Su trasero siempre ha sido un punto fuerte. Las miradas se van a él.

Pero que decir de sus pechos.

Y sabe vestirse sexy cuando tiene ganas. Sabe marcar sus curvas. Las minifaldas le gustan y las sabe llevar con clase.

Entrevista de trabajo

Tenía una entrevista de trabajo y los nervios apenas me dejaron dormir. Mi marido me acompañaba. Me dejaría allí y no volvería hasta la tarde, ya que nos habían avisado que la entrevista sería de varias partes y duraría todo el día. Pensé en ponerme un vestido ajustado que me hacía un poco más elegante de lo que normalmente suelo ser. 

En el trayecto a la ciudad iba con los apuntes que estudié sobre la nueva empresa. En una hora podría revisar por encima los detalles más importantes. Pregunté en recepción, pero me dijeron que tardarían unos 20 minutos en entrevistarme. Había visto una cafeteria al lado del edificio, así que les dije que volvería en 20 minutos. Cuando salí no vi a mi marido, y por el poco tiempo que disponía, pensé que era mejor no llamarle para el café. Me senté en una mesa pequeña.

A mi lado se sentó un chico más joven, alrededor de unos treinta años, atractivo y cordial. Me saludó con una sonrisa y yo le respondí, a pesar de mi mala cara tapada por el maquillaje.
Comencé a jugar con mi móvil pero mi vecino de mesa olía demasiado bien como para poder concentrarme. No podía disimular que me sentí atraída por él. Me había dedicado una sonrisa muy atractiva cuando se sentó.

Pasaron los 15 minutos. Al levantarme tuve que pasar junto a él, y  rocé mi culo contra él. Al menos, algo me llevaba. Le sonreí y le dije un fugaz adiós.

Mientras entraba en el edificio nuevamente, no paré de pensar en su olor y en lo excitada que me había sentido por un momento. Pero necesitaba concentrarme, la entrevista era importante y no podía perderme por aquello.

Al llegar a la empresa, me mandaron a una sala conjunta con otros candidatos. Me senté en una zona vacía de gente a mi alrededor, cuando para mi sorpresa, le vi aparecer. Él acudía a la misma entrevista que yo. Me miró y me sonrió. Se sentó a mi lado y de nuevo su olor – así que compañeros de nuevo- y le sonreí. Me estaba poniendo otra vez y mi mente pensaba en follar con él en cualquier despacho. Entonces nombraron mi nombre y me despedí.

Teníamos una hora para comer entre entrevista y entrevista. En el momento del descanso, le busqué entre la gente del restaurante, pero nada. Ni rastro.

Acabé de comer pronto así que pensé en salir a tomar el aire, necesitaba relajarme. Me dirigí hacia el baño para refrescarme la cara cuando oí su voz hablando por teléfono. Venía del baño de hombres. Pensé en entrar y pedirle que me montara allí mismo. Me esperé fuera hasta que colgó y abrí la puerta del baño de mujeres, haciendo tiempo hasta que me viera.

Le miré y no hizo falta pedírselo, entendió perfectamente lo que quería de él. Le cogí de la mano y le metí en el baño.

Su lengua se movía por mi boca con fuerza y notaba su erección por debajo de su pantalón. Le toqué por encima y metí mi pierna en su entrepierna, rozándome, mientras él metía su mano por debajo de mi vestido hasta llegar a mis bragas. Oímos un ruido así que me cogió del culo y me metió en uno de los wáteres, cerrando la puerta con pestillo. Yo estaba sentada en el wáter y su cintura estaba justo a la altura de mi boca. Pensé en chupársela hasta que se corriera dentro. Empecé a desabrocharle los botones de forma rápida y deseosa de meterme su polla. Le bajé los calzoncillos y le miré a los ojos mientras rozaba con mi lengua la punta. Él empezó a gemir y a acariciarme el pelo, mientras le lamía el pene arriba y abajo. Lo cogí con mis manos y empecé a masturbarle. – chúpamela otra vez- y volví a jugar con mis labios y mi lengua, metiéndomela lo más profundo que podía, mientras le tocaba el culo.

Me miró y paré. – quiero que me folles ya- y me levanté. Me quitó el vestido y empezó a lamerme los pechos por encima del sujetador mientras sus manos me bajaban las bragas. Se entretuvo con mi culo mientras yo me masturbaba con su polla, hasta que me la metió. Gemí tan fuerte que quien estuviera allí sabría la que se estaba montando, lo que aumentaba todavía más mi excitación. Él me daba con ganas mientras yo agarraba su pelo y le susurraba voy a correrme en breve. Entonces paró y se sentó en el wáter. Me coloqué encima y se la chupe antes de metérmela. Volvió a gemir y a pedirme más, yo apoyaba mis piernas contra el suelo, moviendo mis caderas despacio. Le puse las manos en mis pezones y empezó a moverlas con fuerza mientras yo aumentaba el ritmo. Su polla dura me gustaba demasiado y necesitaba sentirla lo más profundo posible.

Nos miramos con deseo. Nuestras lenguas húmedas volvían a encontrarse. Me gustaba su lengua y su polla, estaba pegando un polvo de los que hacen historia. Sus gemidos iban en aumento y yo estaba ya a punto de correrme. – voy a correrme, sigue así- y me la saqué para darme la vuelta y metérmela de nuevo. Me cogió desde atrás y movía mis caderas, mientras yo colocaba mis manos contra la puerta. – me encanta tu culo - me dijo y puso su dedos en mi clítoris.  Grité con fuerza y tuve el orgasmo mientras él seguía moviendo sus manos. Paré y me levantó de encima de él. – quiero correrme en tu boca- así que me arrodillé y empezó a masturbarse delante de mi cara. Empezó a gemir con fuerza y me la metí en la boca. Seguí chupándosela hasta que no pudo más y se corrió. La mantuve dentro un poco más mientras agarraba mi pelo y seguía gimiendo hasta que la sacó. Tragué saliva y su semen que sabía mejor de lo que imaginaba. 

Le miré y me sonrió.

Miramos los relojes. Quedaban cinco minutos para volver a la ronda de entrevistas. Nos vestimos con prisa mientras rozábamos nuestros cuerpos todavía sudorosos. Salimos fuera y nos lavamos la cara. Intentamos disimular el cansancio y el calor. Me miró a través del espejo y se dirigió hacia mi – intenta no volver a coincidir conmigo de nuevo, o no salimos de aquí- y se fue.

Cuando acabé todas las entrevistas, le envié un mensaje a mi marido que me podía venir a recoger. Quedamos en el café.  

Estaba recordando lo vivido, cuando alguien me preguntó a mis espaldas.

- ¿Interesante la entrevista?
- Si, mi amor. Muy intensa. Vamos a casa que te la explico. Le dije a mi marido.

Entonces ví que en la barra estaba el chico. Me guiñó el ojo. Yo le sonreí mientras salía a la calle.

Tres en mi mente (versión para el cornudol).

Una fantasía comunmente en los hombres, es ver y compartir a su pareja con otros hombres. Aunque muy pocas veces se lleva a la realidad. Con esta fantasía y la ayuda de la esposa, esta fantasía se podrá llevar a la práctica, sin ningún riesgo, pero sólo será real en la mente de él.

Llegué a casa y no me esperaba que viviría una experiencia tan excitante.
Tal como le había insistido muchas veces, esa noche estaba dispuesta a satisfacer y complacer mi fantasia, pero no exactamente como yo esperaba, ¿o si?

Estaba vestida tal como a mi me excitaba mas. Con un conjunto de lenceria muy sexy, donde se marcaban sus pechos, un tanga donde su culo marcaba laperfeccion, unas medias muy sexys y unos zapatos de tacón alto negros muy excitantes.

Siempre he sido muy fetichista con ciertas cosas, y sin duda, los zapatos de tacón altos son unos de ellos.

Me ordenó que me acercara a ella, y me sentara en la butaca. Encima de la mesa pude observar varios de nuestros juguetes sexuales. Cogió la venda negra para los ojos, y me la puso quitándome toda luz de mis ojos.
A continuación me ordenó que me sacara los pantalones y los calzoncillos. Queria tener mi verga a la vista.
Me ordenó que me quedara inmovil en la butaca:

- No te muevas pase lo que pase !, y disfruta de tu fantasía !!!.

Me dió un dulce beso en los labios y escuché como se alejó y me dejó solo durante unos instantes que se me hicieron eternos.

Por mi mente empezaron a pasar imagenes de todo tipo. Estaba nervioso.
No estaba seguro de lo que iba a suceder.

Al cabo de unos minutos asi a la espera, mi sexo se había relajado.
Escuché como la puerta de casa se abría, y mi mujer decía:

- Pasa, te estaba esperando.

Por mi mente me venía la idea de sacarme la venda, pero, tal como había aceptado, no lo hice.

Escuché pasos de mi mujer, y ya no estoy seguro si de alguien más,
porque mi imaginación funcionaba al máximo (y la mente es capaz de muchas cosas).
Se acercó, y oí como se sentaba en el sofá al lado de mi butaca.

- No seas tímido . Eres muy atractivo. No hables. ¿te gusta mi cuerpo?.

Preguntó a alguien que claramente no era a mi.
- mmmmm. Ya veo que si.
- No te preocupes por mi marido. Estará muy quieto y calladito. 
- A él le gusta que su mujer sea feliz, dijo claramente mirándome.
No veía nada pero lo pude intuir por su voz que me venía directamente a mi..
- Siii, tocame las tetas. ¿te gustan? Mmmmm. Si. Toma. Chupalas.
- mmmm. Si, sabes chupar muy bien. Me has puesto los pezones duros. ¿los notas?

Por mi mente pasaban mil imágenes. Estaba nervioso y excitado a la vez.
Esa sensación me recordó las primeras relaciones sexuales,
donde tienes un nerviosismo extra, que luego, se atenua con los años.
Veía (en mi mente) a mi esposa con sus tetas al aire y sus pezones
salidos al aire. Se notaba mi excitación porque mi verga estaba muy dura
y me empecé a tocar.

- Si, (escuché) , a mi marido le excita que su mujer excite a otros hombres. ¿ no lo ves?
- Le gusta verme con otras pollas. Por cierto, aún no he visto la tuya,
pero noto un bulto en los pantalones.
- mmmm. ¿Qué hay aqui? Déjame que te baje estos pantalones, y los calzoncillos.
- Espera, que me pongo de rodillas delante tuyo, para verlo mejor.

Pasaron unos segundos donde yo me imaginaba la escena.
- ¿Qué, marido mio? ¿Te excita verme asi?
Respondí un si timido, pero mi sexo demostraba claramente la respuesta.
- pues mira bien. Voy a chupar esta polla hasta el fondo.
- Mmmmm, mmmmmmm, mmmmmmmmm, mmmmmmmmmm.


En mi mente era real. Estaba viendo y escuchando sonidos de como mi mujerestaba de rodillas chupando otra polla.  
Asi estuvo un tiempo que se me hizo eterno.

- Deja que bese a mi marido. Que note el sabor de mi boca.

Note que los labios de mi mujer se juntaban con los mios. Estaban mojados.
Nos dimos un beso muy apasionado.

 Mientras nos besabamos, me preguntaba cosas como:
- ¿Te excita verme con otra polla? ¿notas como me sabe?
Mientras me decía cosas de este estilo, me interrumpió para decir...
- Uy, espera, que me quiere follar por detrás mientras nos besamos.
Ya no sé si era mi imaginación, era real, o ella lo hacía muy bien,
pero mientras nos besabamos, notaba las embestidas con un empujón de ella sobre mi.


Me decía...
- Mmmmm, me esta follando, que gusto!. Que polla mas dura. Métemela toda.
- Tócame las tetas, mientras él me folla.

Sus tetas son una delicia. Y sus pezones demostraban la excitación que tenía.
Estuvimos unos instantes asi, hasta que me ordenó...

- Túmbate en el suelo cara arriba.
Asi lo hice. Entonces escuché como decía:
- Ahora me voy a sentar con mi coño húmedo en tu boca,
para que me hagas correr de gusto.
- Quiero que chupes lo que hasta ahora estaba lleno de polla.
- Y tú, ponte delante mío y fóllame la boca. Ordenó al invitado de mi mente.Ese vocabulario me volvía loco. Estaba desinhibida y muy excitada.
Se notaba y me lo hacía disfrutar a mi.

Pude saborear aquel maravilloso coño humedecido que me puso en la boca.

Con mi lengua le daba todo el placer que podía en su punto mágico,
mientras ella gemía de gusto, y de vez en tanto soltaba ...
- Qué polla más buena y dura. Fóllame la boca. Mi boca es para chupar pollas !
- Te gusta que tu mujer sea una comedora de pollas?
- Mmmmm siiii.
- Me comeré todas las pollas que me apetezcan. Tendrás que vivir con eso. ¿Te gusta?
- Mmmmmm. Lo que tu quieras, mi amor.

Estaba tan excitado que diría que si a cualquier cosa.

No pude aguantar mucho más, asi que me corrí tal como estaba.
Tumbado boca arriba con su coño en mi boca mientras le provocaba un orgasmo a ella simultáneo. La primera vez que ella se corría en mi boca.

No me sacó la venda. Mientras se tumbaba a mi lado, me preguntó si me había gustado.
Le respondí que mucho.

Dicho esto me puso un dedo mojado de leche en mi boca.

- Toma, para que aprendas. Me encanta estar llena de leche. Saboreala como yo.
Y quizás, algún dia, deje que te llenen la boca a ti.

La calentura del tercero

Aceptaste la mano del chico y éste te arrastró fuera de la pista de baile. Comenzaste a moverte entre la gente y la oscuridad, buscándome. No me encontrabas y maldijiste en silencio la velocidad a la que te llevaban.
-Más despacio, corazón…

El chico giró y te sonrió. Y obedeció solícito. “Dios”, pensaste. ”¡Qué sonrisa!” Y sentiste cierta calentura. Pero también preocupación porque no encontrabas lo que buscabas.
“Jaime, ¿dónde te metiste…?”

Me habías pedido que te trayera una cerveza bien fría. La aclaración “bien fría” significaba “mi amor, dame tiempo que quiero que juguemos un ratito con este bombón”.
La realidad era que la palabra clave no hacía falta. Nos entendíamos a la perfección, como si nos leyéramos.

Pero bueno, no me encontrabas y el chico ya estaba llegando a los reservados. Me conocías lo suficiente como para saber que aunque no estaba previsto, no me iba a enojar si te salías un poco del plan. Jugar también era improvisar. E improvisar era algo que a ti cada vez te gustaba más. El problema era que yo no te iba a encontrar en la pista, y quizá pensaría que te podría haber pasado algo. A veces me preocupaba demasiado por esas cosas.
Buscaste tu móvil y lo pusiste en silencio. Cuando yo me preocupara en serio, te llamaría.

Por otro lado…

Sonreíste divertida. “Por otro lado –pensaste- va a ser divertido que Jaime me busque por todo el local creyendo que estoy bailando, y me encuentre en el reservado matándome con éste guapo chicarrón…”

El chico te agarró de la cintura y te apretó un poco para pasar entre una barra y un grupo de gente. Me buscaste por última vez. Dos metros más allá y estaríais fuera de mi alcance.

-¿En serio ese tipo era tu amante? ¿No es muy grande para ti?

Entraron al muy oscuro reservado, el chicarrón siempre tomándote de la cintura. Viste que había varias parejas pero de pronto te sorprendió un sillón con una sola persona.
-¿Uno solo…? –miraste bien y adivinaste mi silueta y mi forma de sentarme. Sonreíste desde tu alma y fue como si el sol te iluminara. Tenías ganas de ir corriendo a darme el mejor de tus besos, pero no podías. Volviste a sonreír. Ese beso se lo llevaría el chico lindo que habías elegido para jugar.-

Sin soltarte de la mano, lo llevaste al silloncito que estaba enfrente mío. La oscuridad era nuestro cómplice. Y la desesperación del muchacho, una ayuda inestimable.
Te cruzaste de piernas deseando que yo te espiase. Te gustaba lucirte para todos, pero te fascinaba mostrarte para mí en momentos en que yo no podía hacerte nada.

Y claro que te espiaba. Estabas delante mío y encajada en esa cortísima minifalda que recién ahora entendía por qué habías insistido en ponerte esa noche. Se me paró la verga nada más de saber que habías premeditado con tanta anticipación esa jugada. Además, recordaba qué llevabas puesto debajo de esa minifalda.
Me habías obligado a ponerte una micro tanga negra que te quedaba tremenda. Tuve que ponerme de rodillas y pedirte que subieras primero una pierna y luego la otra, y con paciencia infinita y calentura mayor, te fui subiendo la tanguita casi sin tocarte nada. No poder tocarte las noches que salíamos a jugar se estaba convirtiendo en una costumbre cada vez más excitante.

Se puso a apretar descaradamente. El chicarrón fue casi inmediatamente a tus piernas desnudas tratando de meter mano por debajo de la falda. Tú lo agarrabas también de todos lados y tratabas de acomodarte en el asiento para que metiera la mano más profundamente. Aquel ambiente nos recordaba a ambos las primeras citas, donde ibamos a locales oscuros y nos metiamos mano.  ¿Lo recuerdas?

El chicarrón comenzó a magrearte las piernas y los pechos. Sus besos eran apasionados. O calentones. Te estabas excitando pero el chico iba un poco demasiado rápido para tu gusto. Además, te preguntaste cómo lo estaría pasando yo. Aunque confiabas que bien o muy bien, siempre te fastidiaba tener que esperar a vernos después para preguntarme y estar segura. Igual, por experiencia, ya sabías que si te veía disfrutando, yo disfrutaba a la par.
Miraste por sobre el hombro de tu amante, buscándome en el silloncito de enfrente. Y me viste.

Un flash de luz dio por un segundo sobre mí y viste que tenía disimuladamente una mano sobre mi bulto, por sobre el pantalón. Eso te calentó más de lo que te habías calentado hasta ahí. Tenías ganas de hablarme, de besarme, de mimarme. Pero también tenías muchísimas ganas de que ese chico te manoseara, te besara y te usara. Para disfrute tuyo, mío y suyo. Un trio donde él no era consciente de participar. Querías todo a la vez y hubieses pagado para poder decirme: “amor, vas a tener que esperar porque ahora le toca a él…”
Deseaste que te hubiese leído el pensamiento y te zambulliste en sus brazos que te manoseaban todo el cuerpo.

Deliberadamente me ignoraste. Te dedicaste a disfrutar del juego en toda su dimensión. Sus dedos te recorrían toda pero cada vez se quedaban más bajo tu minifalda. Lo dejaste hacer. Trataste de ponerte bien para que yo pudiera ver mejor. El chicarrón comenzó a coparse con tu sexo húmedo.
Comenzó a meter un dedo y sacarlo, luego a volver a meterlo y jugar. Tu coño ya estaba totalmente empapado y comenzabas a gemir mientras os besabais con los ojos cerrados.
-Uhhh…

El primer “uhhh” casi me pone la verga en la garganta, tal la erección que me provocó. Mi boca comenzó a secarse sin remedio y tu seguías con tu hermosa melodía:
-Ahhh… Sí…

Te estabas abandonando al placer y el chicarrón lo sabía. Comenzó a mover más y más e incursionó en tu sexo sin que ofrecieras una mínima resistencia.
Cuando te apoyó un dedo en el ano pensaste inmediatamente en mí. Una ola de calentura extrema te invadió. Y le dijiste fuerte, más para mí que para él:
-Ahhh, no…

El chicarrón sonrió porque mientras le decías que no, acomodabas tu culo para que su dedo entre más fácilmente.
-No, el coño… nohhh… uhhh…
Pero te acomodabas mejor y te enterrabas el dedito un poco más.
-Sí, preciosa… -te decía él.- El culo, sí…

Yo estaba tan duro que ya había sacado la gotita de líquido pre seminal y la sentía en mi boxer. No sabía cómo acomodarme para gozar mejor del espectáculo que me daba mi caliente esposa.

-No… -insistías sin ninguna convicción. Y agregaste mirándome directamente a mí sin que él se diera cuenta:- A mi marido no le dejo… Así que no deberías…
Pero te seguías enterrando más y más el dedito. El chicarrón también aprovechaba para meterte otro dedo en el coño empapado. A veces lo sacaba y te magreaba las tetas. Te besaba todo el tiempo y en un cambio de posición lograste quedar hacia fuera del sillón, dejándolo a él adentro.

Hacía rato que querías quedar así. Los silloncitos que estaban enfrentados se separaban por muy corta distancia y era fácil estirar las piernas y buscarme. Yo lo advertí y también me estiré. En la oscuridad del local nuestros pies permanecieron unidos mientras el chicarrón te enterraba el segundo dedo en el culo y te hacía gozar de una manera absolutamente perversa y libre.
La calentura era demasiada. Le dijiste: -No aguanto más. Voy al baño y cuando vuelva, preparate.

Así que te fuiste al baño. Pero yo sabía que ya no volverías. Así que unos minutos después me levanté a buscarte a la puerta del local.
Nos íbamos en el auto a la velocidad de la luz. No hacía falta calefacción. La temperatura que llevábamos era suficiente. Yo no sabía si hablar o callarme. A veces te gustaba hablar y comentar todo, pero a veces te ponías en tu rol de reina-diosa y negabas hablar nada hasta llegar a casa.

A mitad del camino silencioso me diste una pista:
-Jaime, hoy me vas a adorar toda la noche cómo nunca en la vida…
-Sí, mi amor… -dije con la verga dura como un garrote.
-Y si te portas bien, solamente si te portás bien, vas a tener el privilegio de poder follarme…
Cruzamos la puerta del departamento y ya sabías lo que venía. Dijiste irónica:
-¿Quieres que me pegue una duchita, amor…?

Por toda respuesta tiré tu cartera y mis llaves lejos y te apoyé contra la pared. Te tomé de los muslos desnudos por la corta minifalda y me arrodillé ante ti dispuesto a adorarte y rendirte tributo.

Te levanté apenas la mini y me zambullí en tu entrepierna con hambre y devoción. Salvajemente. Como un animal. No te estaba haciendo sexo oral. Te estaba comiendo tu sexualidad y tu vitalidad de hembra. Era como comerme tu emputecimiento. A tu frivolidad y corrupción. De día adoraba con mimos todas tus virtudes, pero ahora adoraba todos tus pecados.

Me tomaste de los cabellos y levantaste la vista hacia el cielo, cerrando los ojos.
-¿Te gustó mi amor…? –me decías.- ¿Te gustó verme mientras otro me hacía de todo…?

Mi rostro se metió más dentro tuyo, si eso era posible. Y disfrutabas ese arrebato de pasión incontrolable con la satisfacción de saber que lo habías provocado todo.
-Mi amor… -me dijiste, y me apartaste levemente.

Te diste vuelta y te pusiste contra la pared, sacando el culo hacia fuera y poniendo carita de nena triste.
-El bruto ese me metió dos dedos en el culo y me hizo arder… duele…
Y sabías ya lo que venía. Y lo disfrutabas por adelantado.

La pasión animal desapareció como por arte de magia. Inclinaste tu cara hacia la pared, dándome la espalda totalmente. Yo te moví la tanguita negra hacia un costado. Con ternura te tomé las nalgas y acerqué mi rostro despacio.

Con la mayor de las dulzuras y el mejor de los cuidados traté de aliviar con mi lengua los dolorcitos que te había hecho ese bruto. Una y otra vez. Una y otra vez…
Tu me guiabas sonriendo: “así, mi amor… así…”, “más adentro, mi amor… me duele mushhhio…”
Y disfrutabas y disfrutabas… La pasión. La ternura. Los cuidados.

Terminábamos abrazados en la cama, cansados, felices. Plenos. Cada uno daba lo suyo y recibía justo lo que necesitaba del otro. Era perfecto. Mañana sería otro día. Mañana sería otro juego.

Perverso o cotidiano, no importaba. Sabías que siempre terminarías tu día dormida sobre mi pecho abrazados.

Un excitante TRIO con dos MORENOS


Delicioso trio con dos morenos y una espectacular mujer madura.