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Un Concierto de Rock muy húmedo (R4)

Hacía tiempo que no salíamos con mi marido. Entre los trabajos, la agenda, las actividades, los hijos, etc, había hecho que la agenda se llenara de tareas que habían impedido salir como pareja.

Esa noche había un concierto de rock de un grupo muy bueno y conocido, y pensé que seria una buena ocasión para sacar mis mejores prendas de rock y volver a sentir la energía de la juventud. Siempre se fustraban los planes a última hora, y esperaba que esa noche no ocurriera.

Mi marido trabajaba hasta la medianoche, pero habíamos quedado en la puerta de la sala de conciertos, ya que quedaba a medio camino entre casa y su trabajo.

Esa tarde y noche invertí un tiempo en mi misma. Había ido a la peluquería, y me dispuse a hacer una buena siesta para estar fresca y radiante por la noche.

Después de cenar me di un baño, y me dispuse a vestirme de la manera más sexy que podría aportar.

Aquella noche estaba dispuesta a conseguir que más de uno se girara al verme. Lo necesitaba. Necesitaba sentirme viva y deseada nuevamente.

Así que salí de casa enfundada en mis pantalones negros ajustados, mi blusa escotada, y mis zapatos negros de tacón dispuesta a todo. No me puse sujetador porque tenia ganas de sentir mis pechos libres. Y saqué unas bragas recién recibidas como regalo de mi marido. Pensé que le gustaría saber que las llevaba.

Cuando llegué a la calle del local a medianoche puntual, revisé el móvil, y pude leer el mensaje de mi marido donde me avisaba que llegaría un poco mas tarde, que nos encontraríamos dentro. En otro momento le hubiera esperado pero no tenia ganes de perderme aquel concierto.

El local normalmente es un lugar frecuentado para gente de nuestra edad, entre los 40 y 50,  pero esa noche al entrar pude observar que habían grupos mas jóvenes de lo habitual.

El concierto empezó y decidí quedarme por la parte trasera de la sala, más cerca de la entrada esperando que cuando llegara mi marido me encontrara fácilmente. Las primeras canciones fueron sonando y poco a poco me fui introduciendo en su ritmo. Los dos cantantes nos pedían a los espectadores de vez en cuando que entráramos en las canciones levantando las manos, o gritando alguna parte de las mismas. Poco a poco me fui metiendo en la atmósfera del concierto.


Tan entusiasmada por la música que me hacía vibrar, y no me había percatado, pero me di cuenta que estaba rodeada por un grupo de hombres bastante mas jóvenes, que deberían rondar los 30. Vestían con bastante clase y me sentí bien admirada cuando el más cercano a mi, me dedicó una sonrisa muy atractiva, mientras me repasaba de arriba abajo.


Me sentí bien, pero también un poco avergonzada, y estuve tentada de salir de ahí, pero me relajé y pensé: -, relájate y disfruta. ¿No me dice mi marido que no es celoso?

El siguiente tema fue subiendo de ritmo, y la gente íbamos juntándonos más y más. No me percaté del momento exacto, pero de repente fui sensible y sentí alguien detrás de mi. Me gire levemente y ví que era un joven que sin previo aviso iba cada vez mas restregandose contra mi trasero. Volví a mirar al concierto como si no le diera importancia.

La primera reacción fue quedarme quietecita al notarlo, pero la música no me dejaba estar quietos y él se comenzó a frotar como disimulando al ritmo de la música. Yo me resigné a sentir como el chico se estaba dando el lote con mi trasero. Y a mi me agradaba la sensación. Nunca había estado con otro hombre desde que conocí a mi marido pero aquella novedad me excitaba.

Por un momento se me congeló la sangre cuando vi a mi marido a unas pocas cabezas de mi observándome directamente y sonriéndome con una copa en la mano. Le hice un leve gesto que él interpreto muy rápidamente de lo que estaba sucediendo. Su respuesta me calentó porque me dedicó un guiño de ojo mientras subía su copa en alto y me dedicaba un brindis en la distancia.


El joven que seguía detrás mío, poco a poco iba apretándose más y más. Yo me estaba calentando con la situación, y mi marido seguía sonriéndome. Era un trio en la distancia de emociones. Lo que siempre había deseado mi marido y yo le había negado.

En estas me volví a meter en la música y vi que la canción pedía las manos en alto y la gente estaba con el símbolo de cuernos con los brazos extendidos. Aproveché y  le dediqué mis manos alzadas a mi marido, mientras mi compañero trasero ya estaba bien pegado a mi e incluso ya me agarraba con una mano por la cintura.

Por un momento, olvide mis limitaciones y creencias y disfrute del momento. Si mi marido lo  estaba disfrutando de lo Lindo,  no iba a cortarle yo el rollo a ese muchacho, ni a mi que ya estaba humedecida.

Los toques del muchacho se hicieron cada vez más intensos y sentí su verga bien crecida entre mis nalgas, entonces comencé a moverme a ritmo con él.

Me agarró fuerte y noté como empujaba su miembro, mientras con una mano ya me estaba tocando toda una teta. Por un instante intenso me apretó contra él. Noté los movimientos de expulsión de carga de su verga mientras me suspiraba en mi oreja. Luego se relajó y me soltó, entendí que ya se había corrido.

Yo me había quedado muy caliente, así que me acerqué a mi marido. Le besé, y le dije al oído: - me han dejado a medias, estoy muy mojada. ¿Vamos a casa?
- a mi también me ha puesto mucho el espectáculo. Pero quiero ver el concierto.
- pues disfrútalo. Tú te lo pierdes.

Me separé otra vez unos metros y esta vez fui yo la que se metió en medio del grupo de hombres. Me puse delante de otro muy atractivo con su camisa blanca, y me dediqué a bailar. La escena no tardó en repetirse. Enseguida noté un miembro pegado a mi trasero. De hecho ni les miraba. No me importaba. Le estaba dando placer y él a mi. Esta vez fui un paso más adelante y al momento de notar su mano en mi cintura,  metí la mía en los pantalones de él. La gente estaba entusiasmada con el concierto y nadie se daba cuenta. Nadie a excepción de mi marido que seguía allí sin perder detalle aunque no creo que viera nuestro juego bajo.

Note una verga dura y grande en mi mano. Se intuía bastante más grande que la de mi marido. La agarré con fuerza. El se apretó a mi y me besó el cuello. Una de mis debilidades. Y mientras podíamos por el poco espacio que había, y nos movíamos un poco al ritmo, me dediqué a hacer una paja a aquella dura verga que disfrutaba en mi mano, mientras su mano ahora ya estaba jugando con mi pezón.

No tardo mucho. ¿Qué le pasa a estos Hombres?
El hombre se acercó a mi oído y me susurró en un tono de placer un - me corrooooo... Que me encantó. Mi mano estaba rodeando la punta de su miembro, y noté la descarga caliente en mi mano.

- gracias, preciosa. Es lo único que escuche en mi oreja, mientras me daba un beso en mis labios superficial, y desaparecía entre la multitud.

Me acerqué a mi marido con una sonrisa y le volví a susurrar y exigir  al oído:
- estoy más caliente. Llévame a casa y fóllame. Estoy muy mojada.
- cuando acabe el concierto, mi amor. Queda poco.
- ¿me lo prometes?
- por supuesto.

Le extendí la mano para estrecharla con él a modo de pacto entre los dos. Y él también hizo lo mismo.
Nos dimos la mano fuertemente, mientras le miraba a los ojos con una sonrisa y ví  su mirada asombrada al notar mi mano caliente y húmeda fruto de otro hombre, mientras levantaba la otra mano con el símbolo de cuernos señalándole:

- pues tu mismo, hasta que acabe voy a ver el concierto allí que se ve mejor.

  Y volví a desplazarme  donde aun quedaban 3 hombres del grupo anterior. Quedaban 6 canciones para acabar el concierto.

Una ecuación  que hacia  encajar perfectamente mis matemáticas.





De Carambola (R3)

Este es el tercer relato de la nueva serie de relatos eróticos con final sorpresa. 
Tema propuesto por Alicia Prados: Mi historia quiero que hable de Andres, jugador profesional de billar, de Jaime, coctelero, Carolina, cocinera y casada con Juan, taxista. Ala, jeje, es en Valencia.


Carolina agarró su bolso, abrió la puerta del taxi y salió. Se miró el moderno hotel de arriba abajo y entró sin decir nada más. Juan, su marido, taxista de toda la vida, la acababa de dejar allí. Juan siempre la llevaba al restaurante donde trabajaba ella desde hacía cinco años. Pero esta vez, excepcionalmente el servicio del restaurante era en un hotel.

Se celebraba la entrega mundial de premios del campeonato mundial de billar americano, y ella estaba dentro del equipo de cocina para servir el catering.

Cuando llegó saludó a Jaime, su compañero de trabajo desde el mismo día que entró ella a trabajar en la empresa. Jaime era cocinero de profesión. Tenía la misma edad que ella, 45 años. Por las mañanas trabajaba con ella en el restaurante, pero por las noches hacía de coctelero en un local de moda de la ciudad de Valencia. No era por placer, pero su economía le obligaba a trabajar doble para poder financiarse una deuda acumulada años antes.

La tarde avanzaba con los preparativos del cátering. A Carolina se la veía seria, y Jaime no tardó en percatarse.

- ¿Estás bien?
- Si, si. Un poco nerviosa.

Jaime sonrió un poco mientras se acercaba a ella:

- No te preocupes. Estaré cerca por si me necesitas. Le dijo guiñándole un ojo.

Los invitados empezaron a llegar y poco a poco se iba llenando la sala de actos del hotel.

El jefe de cocina entró en la sala de preparativos y en un tono muy alto avisó que el evento estaba apunto de empezar. Preguntó si lo tenían todo preparado. Todos respondieron afirmativamente. Acto seguido hizo señas de empezar el servicio.

Los camareros y camareras salieron alineados de la cocina con bandejas repletas de canapés y aperitivos.

La fiesta fue avanzando entre risas, música, charlas, etc.
A las nueve de la noche puntuales, se hizo un silencio en la sala. Un hombre trajeado cogió el micrófono y se dirigió a todos los asistentes desde una especie de escenario montado en un lado:

- Buenas tardes. Gracias por venir a la entrega de los premios de la liga profesional internacional de Billar Americano.
Como presidente de la Federación Española, quiero dar la bienvenida a todos los participantes. Este año. tenemos la suerte de celebrarlos en España, y doblemente afortunados porque el campeón también es español.

Carolina iba sirviendo canapés por las mesas mientras de reojo observaba el acto y prestaba atención a todo lo que sucedía.

El acto fue avanzando, haciendo entrega de diversos premios, hasta que llegó el momento final más esperado en la sala.

- Por primera vez en la historia, tenemos un campeón mundial español, y no quiero retrasar más este momento. Demos la enhorabuena a Andrés García Delmonte, nuevo campeón mundial de Billar Americano 2017.

Los aplausos sonaron con fuerza en la sala, mientras el campeón se dirigía al escenario a recoger su premio conseguido.

Carolina en este momento se quedó pasmada en un rincón mirando la escena. Cuando el campeón subió al escenario, ella se quedó inmóvil. Andrés parecía un deportista de élite pero más de algún otro deporte que no de billar. Vestía un chaleco y se le marcaban los músculos. De color muy moreno, era un hombre de lo más atractivo. Andrés era bastante más joven que ella. Calculaba que rondaría los 30 años. Carolina prestó atención a escuchar lo que iba a pronunciar ya con el micrófono en la mano.

Cuando se silenciaron los aplausos y gritos de euforia, Andrés empezó el discurso:

- Gracias a todos. Ha sido un año muy duro, y no ha sido nada fácil ganar este campeonato. Aún no me creo que esté aquí. Lucharé para repetirlo más años.
Acepto con mucho gusto este premio en metálico ...

Le hicieron entrega de un maletín mientras Carolina se preguntaba cuanto dinero habría allí.

Andrés siguió su discurso:

- Como ya he dicho en alguna ocasión, voy a ingresar la mitad del premio a la fundación de ayuda de enfermos terminales. Quizás pueda ayudar a que algunas personas terminen su vida mejor gracias a mi esfuerzo. Así que 500.000 euros irán a la Fundación. 

Una ovación se hizo en la sala. 

Carolina hizo un gesto entre  alivio, asombro y admiración.

- Un millón de dolares era el premio y dona la mitad. Pensó ella. - Guau.

Andrés se le veía muy humanitario, sencillo. Pensó Carolina. Eso le daba un punto más de atractivo.

- Con el resto del premio, tengo suficiente para vivir bien un tiempo. Añadió. - De todas maneras, lucharé para volver el año que viene a por otro premio. Exclamaba mientras dedicaba una inmensa sonrisa a todos los presentes enseñando el maletín con el brazo alzado, mientras el público aplaudía sin cesar.

Carolina se sobresaltó cuando Jaime le preguntó al oído:

- ¿Te gusta?
- Ostia, Jaime, que susto. Pues no está mal el Andrés este.
- ¿Seguimos para adelante?
Carolina se quedó pensativa durante unos segundos mientras miraba al escenario. Interrumpió su silencio con un
- Si. Adelante.

Jaime le dedicó una sonrisa y le hizo un gesto de brindis con una de las copas que llevaba en la mano.

...

Eran las once de la noche. La sala estaba vacía. Carolina salía recién duchada y vestida con una falda corta, medias, unos impresionantes zapatos de tacón y una blusa escotada. La transformación de ella había sido tan magnífica que Jaime cuando la vio aparecer hizo un gesto de iluminación en su rostro.

- Uauuu. Estás terriblemente sexy. Bufff.
- Gracias. ¿Te gusta? ¿Lo ves excesivo? No sé. Estoy muy nerviosa.
- Tranquila. Déjate ir y disfruta. ¿Has avisado a tu marido a que hora llegarás?
- Si. Le acabo de avisar.
- Bien. Entonces tranquila. Yo estaré aquí en recepción tal como te prometí. Tendré el coche en la puerta para llevarte a casa. No sufras. Cualquier cosa me llamas.
- Vale. Gracias Jaime. Eres un buen amigo. Le dio un beso en la mejilla.
- Tonta, calla. Sabes que te quiero un montón. En fin. Es la 712.
- 712. Ok. Gracias.

Carolina se dirigió al ascensor del hotel. Entró y marcó la séptima planta.

- Toc, toc, toc.

Tras unos segundos de silencio, la puerta 712 se abrió. Carolina respiró hondo.

- Hola. Pasa.

Carolina pasó mientras Andrés cerraba la puerta tras ella.

- ¿Una copa?
- Sí. Por favor.
- Así que tu eres la mujer tan especial de la que me habló Jaime. No me has defraudado a primera vista.
- Gracias. Tu tampoco.
- Jaja, gracias mujer. Se agradece el piropo. Bien. Si te parece te doy lo tuyo y así nos olvidamos del tema.
- Mm, si. Gracias.

Andrés le entregó un sobre bastante lleno. Carolina lo agarró con nerviosismo. Se notaba porque las manos le temblaban. Lo abrió un poco e hizo una sutil expresión de felicidad.

- Puedes contarlo, si te parece.
- No, no. Me fio.
- Bien, pues la copa que te prometí, le ofreció Andrés mientras le hacía un gesto para que se acomodara en el sofá.
 Carolina guardó el sobre en el bolso y se sentó en el sofá. Estaban en una suite que se ofrecía muy amplia.

- Así que haces esto por primera vez.
- Si. Bueno no. Por primera vez con un extraño. Ya me entiendes.
- Jaja, si claro. ya imaginaba que no eras virgen. ¿Y tu marido?
- Está en casa. Le dije que tenía trabajo. Imagina.
- Jajaja. Afortunado yo. Y él que te tiene cuando quiere.
- Si, no sé.

Andrés se acercó con la copa y la ofreció a modo de brindis.

- ¿quieres hacer un brindis por tu marido?
- Mmmm, no sé. Bueno. Que raro. Vale. Le quiero mucho.
- Pues por él, y por ti !
 Chin. Sonaron las copas al tocarse, mientras Andrés aprovechó y puso su mano encima la rodilla de Carolina.
Se le aceleraron las pulsaciones. Nunca había sido infiel, y  hacía muchos años que ningún otro hombre la tocaba.
Andrés dejó la copa encima la mesita central y le acarició el pelo, mientras se acercaba a besarla.
Carolina cerró los ojos y se unieron en un profundo y húmedo beso. Ella hacía años que no sentía aquella sensación y notó como su entrepierna se humedecía de una manera muy rápida.

Estuvieron un par de minutos besándose como si fueran realmente dos enamorados. Ella no se atrevía a hacer nada que pareciera que llevaba la iniciativa. Se dejaba llevar y aprovechaba que él tenía un buen conocimiento práctico en dar besos para disfrutar el momento. 

Andrés se separó de golpe. Se levantó y fue donde había un equipo de música. Simplemente lo encendió.

Carolina, que había quedado desconcertada, finalmente lo entendió. Cuando la música empezó a sonar, le hizo un gesto a ella para que le siguiera.

Andrés entró en la habitación. Ella tragó saliva, pero decidida entró. Cuando le vio allí tumbarse en la cama sintió que ya no había marcha atrás.

Él, mirándola con una sonrisa y todavía con su camisa blanca impecable, le dijo:

- Desnúdate lentamente para mi.

Carolina por un momento sintió vergüenza porque no se consideraba ninguna experta en ello, y sentía que había alguna parte de su cuerpo que no se sentía orgullosa, pero accedió pasando a la acción.
Empezó desabrochándose la blusa pero sin llegar a abrirla del todo. Él sonreía.

A ella le parecía de lo más irresistible cuando él sonreía y eso la excitaba a seguir.

Mientras se iba moviendo lentamente al ritmo de la música, iba pensando en los años que no hacía eso para su marido. A su marido le gustaba mucho el sexo y se entendían muy bien en la cama, pero con los años, la cosa había ido enfriándose un poco. A su marido le excitaban algunas cosas que a ella no le motivaban hasta ese momento, pero estaba pensando que quizás eso iba a cambiar en adelante.

Carolina iba a sacarse los zapatos de tacón, pero él, Andrés, le hizo un gesto negativo. 
- Quiero que te quedes con los zapatos y las medias. Hizo un silencio, y añadió ...
- Solamente.

Ella obedeció y acabó su trabajo bajándose la falda y sacándose la blusa. Los pechos de ella estaban de muy buen ver, y ella lo sabía, así que jugó con ellos un poco ocultándolos  para no descubrirlos a la primera.

Cuando los hubo dejado al descubierto, él se abalanzó como un poseso a chuparlos mientras ella le cogía y acariciaba el pelo.

No pasaron muchos minutos, que entendió que debía sacarle la herramienta a él de los pantalones, ya que le marcaban muy apretados.

Cuando ella se arrodilló en el suelo al borde de la cama, él entendió lo que quería. Se acercó, y ella le desabrochó los pantalones y se los bajó.

Apareció un slip muy apretado. Y no dudó ni un momento en bajarlo. Tenía ganas ya de ver lo que hacía tanto rato esperaba.

- Ostras ! Sólo se le ocurrió exclamar cuando la vio entera.

Andrés solo pudo sonreír y mostrarse orgulloso.

Lo que ocurrió allí las siguientes dos horas os lo podeis imaginar. 

Carolina besó por última vez a Andrés, antes de recoger su bolso y salir de la habitación. Andrés se quedó tumbado bastante exhausto.

Andando por el pasillo del hotel y notando que todavía le temblaban las piernas. Pensaba que hacía muchos años que no sentía una verga tan vigorosa como esa, y capaz de haber repetido tres veces casi seguidas. Se sentía orgullosa.

Cuando cogió el ascensor, encendió el móvil y le envió un mensaje a su marido Juan:

- Ya salgo. Te amo.

La puerta del ascensor se abrió y allí estaba él. Jaime. Sentado en los sofás de recepción leyendo una revista. Se le acercó decidida.

- Hola.
- Uff, que susto. Sí que has tardado. ¿Todo bien?
- Sí. perfecto. Gracias Jaime.
- De nada. Vamos. Tengo el coche en la puerta. Te llevo a casa. A esta hora en 5 minutos estaremos allí. ¿Has avisado a tu marido?
- Si. le acabo de enviar un mensaje. 
- Pues vamos. No tardemos más.

Carolina abrió el bolso, y hurgó dentro de él justo en el semáforo antes de llegar a su casa. Cuando Jaime paró delante de su casa, ella le entregó 15.000 € sin dejar que él reaccionara. 
- Gracias Jaime. Eres un buen hombre y amigo. Cancela tu deuda de una vez, que no te deja respirar. No me digas nada. Te lo mereces. Y dándole un beso suave en los labios, y antes que pudiera reaccionar, abrió la puerta y salió del coche.

Se plantó delante de su casa. Había luz en su piso. Subió.

Abrió la puerta lentamente. Era la madrugada y no era cuestión de hacer ruido. Por un momento pensó que quizás, Juan, estaría dormido.

- Hola cariño. 
- Ah, hola. ¿Todavía despierto?
- Por supuesto. Faltabas tu. ¿Me has traído lo mío?
- Sí, tal como te prometí. Y tu, ¿tienes mi dinero?
- Claro. Recuerda que he hecho una carrera extra cada día desde hace un año para poder reunir el dinero. 5.000 euros tal como me exigiste.
- Que ricura. Pues vamos. No pierdas más tiempo.

Juan se tumbó en el suelo en medio de la alfombra del salon mientras se desabrochaba el pantalón.
- Dame lo prometido.

Carolina se esperó a que él se hubiera sacado los pantalones, para quedarse de pie justo encima de su cara. 
- ¿Estas preparado?
- Si, claro.

Carolina se bajó las bragas todavía chorreantes, y las dejó caer encima de él.
Él las agarró como un poseso y las empezó a oler, mientras ella fue testigo que él estaba teniendo una brutal erección al momento de olerlas.

- ¿Quieres saber cuántas veces?
- Mmm, si, respondía él mientras la miraba sumisamente y viciosamente.
- Tres veces se ha corrido. Y mucho. Era joven.  ¿quieres probarlo?

No le dejó ni tiempo a responder. Carolina se sentó sin pensarlo encima de él, poniendo su sexo empapado en su boca.
Juan se corrió casi al instante, casi sin tocarse, pero ella siguió allí sentada moviéndose al ritmo de la lengua de él. Le estaba gustando la situación y volvía a sentirse excitada y triplemente lubricada.

Cuando hubieron terminado y ya se acostaron en la cama abrazados, él le preguntó:

- ¿Qué harás con los 5.000 euros míos y los 5.000 que te han pagado?
- Los donaré a una fundación de ayuda a enfermos terminales. 
- Que buena eres. Siempre pensando en los demás.
- No lo sabes tu bien.


A la mañana siguiente, durante el desayuno, Juan estaba viendo las noticias en el móvil, cuando ella le sirvió un café.

- ¿Has visto esto? El campeón de billar ganó ayer 1 millón de euros y dio 500.000 a la misma fundación que tu darás tu dinero. Que casualidad. Aquí le hacen una entrevista y dice que tal como había prometido, daría la mitad del premio a la fundación, y que se gastaría 50.000 euros en una noche de lujuria. Vaya friki de tio !.

Carolina mientras le escuchaba con atención y mostraba una enorme sonrisa recordando la noche anterior, abrió su bolso y observó que tenía 40.000 euros en total.

Le preguntó a su marido:
- ¿Friki él? ¿Y eso me lo dices tu, después de lo que me habías pedido? ¿Te ha gustado?
- Mmmm. Si. 
- Pues creo que a mi también. Repetiremos otro día, que me encanta hacerte trabajar extra. O quizás te lo haga gratis. ! 



Ahora rcuerda que si quieres un relato personalizado, puedes dejar los detalles de personajes, escenario, etc en un comentario. Quizás sea el próximo relato. 

Fantasias con Ella en Tumblr

Os invito a conocer mi pagina de Tumblr con imagenes y videos sugerentes, de los que nos motivan.

Fantasias con Ella en Tumblr:
http://fantasiasconella.tumblr.com


Un tattoo para toda la Vida (R2)

Este relato es el regalo al sorteo de mi página de facebook de compartir Fantasiasconella.
 El agraciado escogió los nombres, profesión, lugar de la història. 





Carlos indicó con mucho respeto a la familia que podrían subir a los vehículos para seguir al traslado del difunto al cementerio. Carlos subió con su traje negro al vehículo. Hacía 20 años que trabajaba allí y ya no le daba ningún tipo de reparo el saber que iba acompañado en la parte posterior por un cadáver. 

Mientras esperaba sentado al volante le envió un mensaje a su mujer, Isabel.
- "Hago otro servicio. Hoy no podré llegar a comer. ¿qué haces? ¿te has puesto otro tattoo en el tobillo?"

Pasaron unos minutos sin recibir respuesta, y tuvo que iniciar el viaje al cementerio de Palma de Mallorca, así que apagó el móvil para conducir con total seguridad. Carlos era un hombre muy estricto y serio. Parecía que se le habían pegado las características de su trabajo. Al principio era un hombre alegre sin muchas ambiciones pero amante de lo bueno. Le gustaba una buena comida, un buen vino, y un buen sofá donde poder pasar las tardes junto a Isabel. Su esposa.

Isabel era una mujer que se mantenía muy atractiva a sus 42 años.  Actualmente trabajaba en un supermercado y hacía poco la habían pasado a horario de tardes, así que se veían sólo los fines de semana, porque cuando ella llegaba sobre las once de la noche, él ya estaba dormido en el sofá. Al principio, él la esperaba despierto, pero la rutina y la monotonía habían hecho que él cayera rendido antes de su llegada.

Isabel se negaba a aceptar esa vida monótona. Ella hubiera querido tener hijos pero Carlos no podía. Después de años de intentarlo, se empezaron a analizar, y resultó que el problema era él. Sus espermatozoides eran algo así como pececillos sin rumbo. Hacía tiempo que habían procedido a tramitar los permisos y papeles para la imseminización artificial de ella en el banco de semen, y tenían hora concertada para un par de días.

Para olvidar el problema, ella había invertido mucho dinero en cosmética, peluquería, gimnasio, y su inversión empezaba a dar resultados. No pasaba invisible a las miradas de los hombres. Le gustaba vestir sexy sin ser muy provocativa. Siempre llevaba zapatos de tacón, que aunque bajos, le marcaban el trasero y le hacían una figura muy femenina.

Un año atrás, se puso un tattoo en la espalda. Muy discreto. Era el primero. Se puso un corazón. Quería llamar la atención a su marido, aunque a éste casi le pasó inadvertido. Ella buscaba llamar la atención de él, pero él parecía estar resignado a otro tipo de vida.

Cuando Isabel entró en la tienda de los tattoos un año atrás quedó satisfecha con el trabajo y el trato de Dani.
Dani era joven, de unos 30 años, muy alegre, con un buen cuerpo deportivo y una sonrisa muy atractiva. Isabel quedó enseguida enganchada de él, y de vez en cuando pasaba por la tienda para comprar algún pendiente o collar y aprovechar para verle.

Aquella mañana Isabel había decidido ir a la tienda y hacerse un segundo tattoo. Esta vez más íntimo.
Llegó a la tienda, y Dani la recibió con una sonrisa hipnotizante. Ella le indicó que quería hacerse un tattoo en su entrepierna, y quería que fuera un "demonio con cuernos".

Él la sonrió, y le preguntó:

- ¿Deseas dar algún mensaje a alguien con ese tattoo?
- mmm. Si. Supongo que es eso, respondió ella medio ruborizada.
- Pues pasa a la sala interior. Tendrás que sacarte las bragas.
- No llevo.  Pensé que sería mejor...
- Entonces no hace falta. Perfecto.

Dani entró en la sala.

Un silencio un poco incómodo se adueño del espacio. Dani, para romper el momento, preguntó:

- ¿Nerviosa?
- Un poco. Que tonta.
- No mujer. Tranquila.Va a quedar muy bien, no sufras. A quien vaya este tattoo va a quedar impactado.
- Jaja, gracias.
- Voy a proceder a masajear la zona para relajarla.
- Vale.

Isabel estaba tumbada en la camilla cara arriba.

Dani la untó con un poco de gel. Ella suspiro porque estaba frío. Él procedió a extenderlo suavemente con sus dedos por la zona pélvica de ella. Masajeaba lentamente mientras observaba todo su cuerpo. Ella estaba tumbada con los ojos cerrados y las manos a los costados.

Él se fijó en que no llevaba sujetadores y los pezones de ella indicaban alguna cosa. Se marcaban a través de la camiseta blanca y él se quedó mirándolos fijamente. Ella suspiraba cada vez más fuerte cuando abrió los ojos, y le vio a él hipnotizado mirandole los pezones de ella.

- Disculpa, reaccionó él.
- No pasa nada, dio ella, mientras en un símbolo de aceptación abría sus piernas un poco más.

Él seguía su masaje, mientras ya le estaba introduciendo algún dedo levemente por el sexo de ella.
Ella cortó sus gemidos, para preguntarle:

- ¿Así que crees que va a quedar bien el tattoo del diablo con cuernos?
- Estoy seguro que si. Y va a ser muy apropiado. 

Dani iba con una camiseta de tirantes y dejaba ver sus músculos. No eran excesivos, pero si lo suficientes para que Isabel  los tuviera en mente.

- ¿Me vas a poner la inyección tranquilizante?
- Por supuesto. Ahora va.

Dani se bajó los pantalones y los  calzoncillos de una vez y sacó un miembro grande. Muy grande. Mucho más que el de su marido. Sacó un preservativo, pero ella le indicó:

- Hoy no hace falta. He tomado la pastilla.

Apuntó a la entrepierna de Isabel, mientras le preguntaba:

- ¿estás preparada? Solo será un pinchazo al principio.
- Si. Dijo mientras le sonreía en una mirada pícara.

Dani la agarró de las piernas y empujó. Su miembro entró hasta el fondo de golpe, mientras ella gemía de golpe.

- Ya está !. Ahora falta el tranquilizante.

Empezó a empujar mientras ella gritaba bajito. Él iba entrando y saliendo en su sexo a una velocidad que ella hacía tiempo que no sentía con su marido.

Sonó el móvil de ella. Ella sabía que era un mensaje de su marido, porque lo tenía personalizado el sonido. Igual que los mensajes anteriores, los ignoró.

- ¿Es tu marido?
- Si
- ¿Sabe que has venido aquí?
- Si. Así que acaba rápido que me tienes que dibujar el tattoo aún.

Dani estuvo manchando unos 10 minutos seguidos sin parar, mientras ella iba disfrutando de orgasmos simultáneos. Finalmente él se corrió dentro de ella. 


Isabel salía dos horas más tarde de aquel local. Llegó a casa. Se tumbó y procedió a leer con calma los mensajes de Carlos, su marido.

- Esta noche verás.

Es lo único que le respondió para despertar su interés. Esa noche le iba a enseñar su nuevo tattoo. El diablo con cuernos. Era su regalo personal.

Aquella noche Carlos tuvo una erección como hacía tiempo no tenía. Lo que Carlos no sabía era que dentro de Isabel crecía una semilla que dos semanas más tarde él pensaría que era fruto del banco de semen de un donante anónimo.

Isabel seguiría visitando a Dani los siguientes años en su negocio. 

Pero sólo era por el placer de los tattos.

Un año más tarde, Carlos a sugerencia de su mujer, Isabel, fue a tatuarse el nombre de su hijo en su cuerpo. 

"I love Dani"

- No te preocupes. Te lo haré bien guapo, porque tu hijo se llama igual que yo.  Dani. Vaya coincidencia. Lo haré con todo mi amor, Carlos.









Una cerveza diabólica (R1)

Todo cambió después de aquel viaje. Le había regalado un fin de semana en Turín.

Lo que en principio debía ser un viaje normal tranquilo de pareja se convirtió en las bases de mi nueva vida.

Nunca nos hemos drogado. Ni fumado, se podría decir. Nuestra única debilidad son los vinos y las cervezas.

Aquel viernes decidimos salir a cenar por el centro de Turín a una pizzería. No podía ser de otra manera. Una cena tranquila con un buen Lambrusco como bebida.

Ya salimos de allí con una chispa por encima de lo normal, por efectos del vino. Nos entró muy bien y nos bebimos una botella casi sin darnos cuenta.

La cena y ver lo sexy que se había vestido me iba subiendo el apetito sexual. Allí mismo la abría cogido, pero aún no estábamos tan mal.

Tengo predilección por las medias. Si, lo reconozco. Y si son con zapatos de tacón, ya son mi punto débil.

Desde hacía años se había convertido en una mujer muy atractiva, y sus formas de vestir me enloquecían.

Ya sabemos como son los italianos. A mi mujer (y a cual no?) la enloquecía el acento italiano.
Paolo nos había servido la cena muy amablemente. Siempre servía las copas de vino desde encima de ella. Seguramente mirándole el escote generoso. A mi no me importaba. Ella tenía unos pechos formidables y no me importaba que los pudiera enseñar. No eran exclusivos míos.

Le preguntamos donde podíamos ir a tomar unas copas, y nos recomendó el "Antiquato". Un local cercano que podíamos ir andando y el ambiente era adecuado para nosotros. Nos comentó que él posiblemente iría más tarde.

Asi que dejamos el restaurante y lentamente fuimos dando un paseo hasta el local. La cogí por la cintura y de vez en cuando le sobaba el trasero. Eran los efectos del vino. Tengo un defecto y es que alcohol me produce efectos mucho antes que a ella. Así que siempre estoy en desventaja.

Entramos en el local. Era un ambiente agradable. Una buena música. Muchas barras y algunos rincones con sofás. En una de las barras vi que había especialidad de cervezas. Así que no queríamos meternos algo fuerte y decidí que unas cervezas serían los apropiado. Me llamó la atención un póster que había en el local. "Diabolic Beer". Era una cerveza servida con fresas en una copa. Y el póster decía algo así como "Are you sure? "

Me pareció que podría estar buena y era un punto diferente de lo normal, y pedí dos copas.
Se la llevé a mi mujer, y le sorprendió. Pero la probamos y era deliciosa. Una mezcla de cerveza amarga con el toque de las fresas. Extraordinario.

Fuimos bebiendo, y al cabo de un rato, Paolo entró en el local. Le vimos entrar de lejos. Mi mujer se hizo la sueca, aunque sé que era el tipo de hombre que le gusta. Atlético sin pasarse, de unos 30 años, pelo rizado. Y sabía vestir con clase, como típico italiano que era.
Nos vio y se acercó con una sonrisa que hacía brillar sus dientes blancos por  toda la sala.
Vio la copa casi vacía de la cerveza e hizo un gesto de sorpresa.

Nos preguntó:
- ¿os la habéis bebido toda?
- Si, muy buena, le respondí yo.
- ¿Pero no os han explicado los efectos de esta cerveza?
- ¿Que efectos? ¿Que sube el alcohol? Ya lo noto.
- No no. Los efectos reales secundarios.

Le pusimos tal cara de sorpresa que nos cogió de la mano y nos llevó donde estaba el póster.
Había una frase en la parte de abajo en italiano, la señaló, y nos dijo:
- La combinación de la cerveza "Diabolic" con las fresas puede producir un efecto de sinceridad desinhibida extrema.

- ¿Sinceridad Disinhibida Exrema ?¿ Y eso cómo se entiende?

Venid. Nos llevó a una mesa redonda que había en un rincón. Nos ofreció una butaca a cada uno, y él se sentó enfrente nuestro. Pasó un camarero por alli, y le encargó lo de siempre con un gesto.

- Os tengo que advertir. La combinación de esta cerveza junto con la catequina y la niacina (la vitamina B3, que están en las fresas, produce un efecto de sinceridad desinhibida extrema.
-¿Qué significa eso? pregunté yo.
- Es como un suero de la verdad, por decir algo que me entendáis, pero encima desinhibido. Es decir, responderéis cualquier pregunta que os hagan, por muy personal que sea y fuerte.
- Anda ya. Que va. Yo controlo. Le respondí medio ofendido. Mi mujer estaba sin decir nada con cara de curiosidad.

- Mira. ¿lo probamos?
- Venga. Va.

Paolo estuvo un rato mirando al aire mientras le daba un primer sorbo a su gintonic que le acababan de servir.
Entonces miró a mi mujer directamente, y le preguntó:
- ¿En algún momento de esta noche me has imaginado haciéndote el amor?
- Anda ya, salté yo. Vamos !
- Sí, durante la cena y cuando te he visto entrar aquí, respondió ella.
- Coño ! Exclamé yo.
Ella, siguió:
- No me puedo creer que lo he dicho. Que fuerte. Perdona. Me dijo dirigiéndose a mi.
- Cómo te voy a perdonar si eso me excita. Yo también lo pensé. Seguí yo.
Ella me miró con cara de morbosidad, mientras Paolo estaba alli mirándonos con una gran sonrisa.
- ¿Lo veis? preguntó.

- Qué fuerte me parece, exclamé yo. ¿Y los efectos hasta donde llegan?
- Los efectos son rápidos. En una hora ya van desapareciendo.
-Buff, menos mal. Vaya compromiso.
- Si, pero durante este tiempo os puedo preguntar cosas y no os negareis a contestar la verdad.
- Que cabrón, le dije mirándolo a los ojos.
- Por ejemplo. Has dicho que tu también lo habías pensado lo de tu mujer conmigo. ¿Te excita eso?
- Si.
- Vaya, interesante.
Mi mujer nos miraba medio estupefacta medio excitada.

- Mirad, nunca haría nada en contra de vuestras voluntades, así que quiero me respondáis un par de cosas.
- Venga, di.
- ¿Cual es la imagen de tu mujer que más te excitaría ver esta noche?
- Pues a ella arrodillada delante tuyo con los pechos al aire haciéndote una mamada !
- Ehhhh, joder, tío ! Exclamó ella mientras me daba un toque en el hombro.

- Pues ahora te toca a ti, dirigiéndose a ella ¿Te gustaría hacerme una mamada arrodillada con tus tetas al aire mientras tu marido nos mira?
- Me encantaría. Me estoy mojando de pensarlo.
- Ehhh, joder, que clara eres ! Exclamé yo.

- Pues ya lo veis. Vuestra sinceridad me arrolla, jajaja.

- ¿Y quieres que los dos te acabemos follando?
- Si. por favor. Uno tras el otro. Primero tu, Paolo,  y quiero que te corras en mi boca y mis tetas. Y luego mi marido me follará mientras me chupa las tetas y me besa. Eso me excitaría mucho. ¿Lo harás, mi amor?
- Por supuesto. Mi sueño es verte llena de leche, así que lo haré encantado. Que placer más grande. Vamos al hotel, solo pude exclamar yo.

Salimos de allí con mi mujer entre los dos. No nos importaba el que dijeran. Nos sentíamos muy excitados y en parte liberados, porque habíamos podido decir lo que pensábamos.
Entramos en el hotel. El recepcionista nos miró con cara de sorpresa pero mirada de cómplice.

Subimos al ascensor y entramos en la habitación.

Yo me dirigí al baño, porque la bebida había hecho efecto. Cuando salí, los vi allí.
Ella, arrodillada en la moqueta, ya  con sus tetas al aire, mirándole a él, y desabrochándole los pantalones. Me senté en el sillón que había en un rincón, y mientras me empezaba a tocar, pude ver la escena.

Pude contemplar estupefacto, que Paolo tenía una verga bastante más grande que la mía. Ella se sorprendió cuando la vio pero hizo un esfuerzo para poder follarla con su boca.
Paolo me miró y me preguntó:
- ¿te gusta?
- Mmmmn, si. Mucho.
- Tu mujer tiene una boca y unas tetas muy deseables. Y ahora la voy a follar para ti. - Pídele a tu marido permiso para que te folle.
- Cariño ! ¿Me puedo follar a esta polla tan grande y dura que me desea?

Se tumbaron en la cama. Ella abrió las piernas como en señal de aceptación de lo que iba a suceder.
Él puso su miembro en la entrada de ella, me miró y dijo:
- Toda dentro, buff que coño !!! Estrecho como a mi me gusta !
- mmmmmmm, exclamó ella. Que polla más grande !!! Tu si que sabes dar placer a una mujer !
Me acerqué. Le agarré la mano a ella, y la besé. Me miró a los ojos con cara de felicidad y de mucha excitación.

Entonces Paolo se acercó y mientras la follaba también la besó. Se dieron un profundo beso húmedo con sus labios, mientras yo estaba alli a escasos centímetros disfrutando la escena.

Paolo estuvo un rato manteniendo un buen ritmo de penetración, y no tardó mucho en hacer símbolos de que iba a correrse, así que sacó su verga, se puso encima de ella, y le folló las tetas mientras ella las apretaba para poder masturbar su miembro con ellas.
Mientras yo ya me había puesto en su entrada y la follé. Estaba muy mojada, y yo muy caliente.

Yo la estaba follando agarrando sus piernas en alto y tenía delante mío la espalda de Paolo que seguía su trabajo. No pudo más y escuché como soltaba un grito de placer, al unísono de ella, que también se estaba corriendo, al tener dos vergas rendidas a ella disfrutándolas al momento.

Paolo se apartó y pude ver algo increíble. La corrida de él había sido descomunal, porque las tetas estaban completamente blancas y la cara de ella también. La empecé a follar con más ganas mientras ella me miraba relamiéndose los labios con los dedos impregnados de blanco humedo.


Me tumbé y juntamos los dos cuerpos con el fruto de Paolo en medio impregnándonos. Caliente. Húmedo. Olor de otro macho. Eso nos excitó.

- Bésame, me dijo.

Me lo pensé un segundo, pero no pude contener las ganas de besarla. Nos dimos un caliente, húmedo y  salado beso mientras la follaba lentamente.


Me fui acercando al punto de no retorno lentamente. Lo que me hizo explotar fue ver a Paolo que se volvió a recostar al lado de ella, y le puso la verga al lado de su boca. Ella no lo dudó y la mamó, sintiendo en su propia boca  que se volvía a poner dura y grande.

No pude aguantar con la imagen tan excitante y noté que me iba a correr. Me tumbé y la besé. Nunca antes había tenido una polla en mi boca pero aquello era irremediable. No me gustan los hombres pero aquello era sexo. Mientras besaba los labios de mi mujer en un profundo beso,  la verga de Paolo estaba ahí acariciando los labios de ella, y de rebote los míos.

No pude más y solté un gran grito de placer.

Mi mujer y yo nos estábamos corriendo al momento mientras teníamos una verga entre nuestros labios, que no dudábamos en ir lamiendo en su tronco. Era un beso a tres bandas. Me pareció muy erótico y dulce. Noté un miembro duro y grande, muy grande, crecer ante mi.

Nos quedamos exhaustos abrazados besándonos.

- Soy muy feliz. Exclamé.
- Y yo afortunada, dijo ella. - Esto lo repetiremos más veces.
- ¿Eso es fruto de la cerveza diabólica?
- Jajaja. No te diste cuenta. No la tomé. La fui tirando en la maceta que tenía al lado. Me habían advertido. Pero no me hizo falta. Sirvió para que tú te lanzaras. Te amo.
- Te amo.





Pregunta Encuesta

Necesitas ser Honesto Conmigo. 
Si te digo que mi sexo está lleno de leche de otro hombre, 
¿querrías que me sacara las bragas?



¿Tu que responderías?


900.000 visitas

Se dice rápido.
900.000 visitas. No deja de sorprenderme.
Es uno de los motivos que motivan a continuar y hacerlo mejor.
Voy a tratar de variar un poco el estilo para ser más erótico, y no tan directo. Un estilo que quiero dar a mi próxima novela basada en varios de los relatos escritos.

Espero os guste.

Un viaje de sueños

Se merecía  estas mini vacaciones. Entre el trabajo, su empresa y ahora sus nuevos estudios tenía menos tiempo para ella. Esta vez habían  decidido viajar  a un lugar cálido. Relax. Calor. Sin muchas cosas que ver. Buscando habían encontrado un resort privado que les llamó la atención. Eran unas villas con todo lujo de detalles, pero lo que realmente llamaba la atención era la piscina privada con jacuzzi, una cama balinesa exterior, y todo esto en la total intimidad para que nadie pudiera tener acceso visual. Un lujo que debían permitirse una vez después de años duros de trabajo sin ningún premio.

Estaban emocionados porque iban a celebrar sus 23 años de convivencia juntos, y eso no era muy normal hoy en día. Se entendían demasiado bien y a menudo sólo con una mirada sabían transmitirse los mensajes. 

Su vuelo estaba a punto de partir hacia Lanzarote. 

El despegue se iba a producir y tal como era su costumbre, se entrelazaron la mano como amuleto para desearse buena suerte. El avión ascendió con normalidad mientras veían dejar atrás a su hogar, sus costumbres, sus limites, sus problemas rutinarios. Los dos tenían muchas ganas de vivir ese viaje con pasión. Ultimamente no disponían de mucho tiempo intimo. 


Mientras en la televisión se visualizaba un documental, el sueño se hizo vivo y tras el madrugón que habían tenido que sufrir, fue imposible evitar cerrar los ojos.

La bolsa que llevaba encima de sus rodillas cayó al suelo del avión de golpe. Eso les despertó a los dos. Se miraron. Él la notaba acalorada. Le preguntó:

- ¿en qué soñabas?
- Glups. En ti.
- Jajaja. Te ofrezco un masaje cuando lleguemos a cambio de tu sueño.

Una sonrisa pícara apareció en su cara.

- De acuerdo. ¿estas preparado?

Ella se le acercó a la oreja, para no querer ser escuchada por los vecinos pasajeros.

- Me da un poco de verguenza.
- Cuenta:

Estábamos en el apartamento. He entrado con las maletas y alli estabas tú. Casi Desnudo con unos shorts de rejilla. Sin vacilar te he preguntado:

- ¿Eres el chico que he encargado a mi servicio?
- Sí, señora. Has respondido.
- MMm. Bien.

He visto que tenías una erección, asi que me he acercado a ti y delante tuyo agarrándote el miembro duro y erecto, te he preguntado mirándote a los ojos:

- ¿te alegras de verme?
- Sí, señora.
- Ya lo veo. ¿deseas dar placer a tu señora? ¿me deseas?
- Si señora. Soy todo suyo.

Eso me ha dejado unos segundos para pensar en la situación. Muy morbosa. Siempre me ha excitado la idea de tener a los hombres a mi servicio. y ahora era real. O eso pensaba yo, jeje.
Así que he aprovechado la situación y he dicho que me quería bañar.

- Desnúdame !!! Me voy a bañar a la piscina.

Te has esmerado en  sacarme la ropa con mucho cuidado y mimo.
- ¿Tienes la piscina a mi temperatura? Voy a probarla.

He metido un pie, y a pesar de que  estaba perfecta para entrar sin pensártelo dos veces, he aprovechado la ocasión para amenazarte:

- Está un poco más fría de lo que yo deseo. Te tendré que castigar luego. Así que ahora vístete con mis bragas como castigo y ve a comprar algo para comer. Me apetece una barbacoa. Ah. Y cava.

Me he quedado unos minutos sola relajándome en el agua. Durante unos minutos me he sentido en la gloria, allí con el agua caliente, pensando en como castigar a mi chico a mi servicio.
Así que cuando has llegado, yo  estaba en la tumbona, y ya tenía un plan de castigo.

- Ven aquí !. Me he puesto estirada totalmente desnuda en la tumbona. Desnúdate delante mío y quédate de pie.

Te has quedado allí inmóvil de pie después de sacarte la ropa. Me ha excitado ver que llevabas mis bragas, y que estas estaban un poco mojadas.

- ¿te gusta llevar las bragas de tu señora?
- Si, mi señora.
- Bien. Cuando te has ido ha venido el técnico de la piscina. Me ha arreglado la temperatura tal como yo quería, cosa que era tu trabajo, y no has hecho. No sabía como darle las gracias y viendo que se alegraba de ver mi cuerpo, le he hecho un favor. Me ha follado como loco y al final se ha corrido en mi coño. Ahora lo tengo sucio y mojado, y necesito que lo limpies, con tu lengua. ¿Te parece?

- Pero señora, eso es ...

- Eso es lo que te mando. No protestes. O tendré que azotarte con mi látigo. No sé de donde pero me ha aparecido un látigo en la mano. Jejeje.

He abierto las piernas y allí estaba, mi sexo totalmente mojado y relleno de lecha blanca y brillante.
Te he mirado a los ojos y abriendo mi sexo, te he ordenado:
- Come y déjalo limpio!

Te has resistido un poco al principio, pero enseguida has tomado conciencia de tu estado. Te has arrodillado delante y has empezado a chupar como un drogadicto que toma su dosis. He visto que tu miembro se ponía muy grande y duro, así que te he ordenado que te tocaras mientras me limpiabas.

- Que no quede nada del otro hombre. Tu ama se merece estar bien limpia, ¿no?
- Si. mi ama.

Cuando llevabas un rato haciendo tu trabajo, he sentido que necesitaba sentir tu verga dentro mío así que te he ordenado que me follaras bien duro. Me has follado bien como a mi me gusta, pero no has podido aguantar y te has corrido rápido.

- Vaya, con lo limpio que había quedado, lo has vuelto a ensuciar. Mmm. Vas a tener que repetir tu trabajo. Así que te he ordenado que te tumbaras boca arriba y me he sentado en tu boca a la vez que te ordenaba:
- Venga, límpiame otra vez. Mira como sale. Chupabas como un poseso nuevamente. A mi me encantaba que estuvieras chupando mi sexo relleno nuevamente.

- Veo que te estás volviendo adicto a mi sexo relleno de leche, y además veo que te gusta de verdad, porque estás teniendo una erección de nuevo. Tendré que aprovechar esa virtud tuya y traerte el sexo relleno más a menudo.

- Cuando acabes prepárame un masaje. Me apetece. Ah. Por cierto. Me ha aparecido un rotulador de tattoos temporales y he tenido una idea. Tu sexo es mío y quiero que lo sepas.

Así que te he tatuado con el rotulador encima de tu verga. "Propiedad de Cristina".

- Así no tendrás ganas de tener sexo por ahí. jeje.



El avión hizo un movimiento brusco... el cual les despertó de golpe. Ella le estaba mirando sonriendo...

- ¿que soñabas?
- ¿porqué lo preguntas?
- Porque noto algo hinchado en tus pantalones, respondió con una sonrisa pícara .
- Buff, muy fuerte.
- ah, si? Tendremos que remediarlo al llegar. ¿Me quieres explicar que ha sido?
- Bueno, pero recuerda que ha sido un sueño. Yo no controlaba nada.
- jajaja. ¿pero te ha gustado?
- Si. me ha puesto muy caliente, y si no me despierto creo que hubiera acabado ...
- Mmmm. Explica !
- Me da un poco de corte, pero te recuerdo que era un sueño.

Hemos llegado alli, he ido al lavabo, porque tenía ganas después del viaje, y al salir del lavabo, ahí estabas tu. Arrodillada en medio del salón, con la cabeza baja. Me ha sorprendido, y te he preguntado:

- ¿Te pasa algo?
Sin tiempo a reacción, me has respondido:
- Mi amo, estoy aquí para complacerle y obedecerle en todo lo que desee todos estos días.

La escena me ha puesto burro ya de entrada, y sólo he optado por preguntar:

-¿Todo?

-Si, todo. Mi amo. Su deseo le ha sido concedido, y yo he sido la afortunada. Seré suya para lo que desee. Sin negarme a nada.

Después de un momento de reflexión, quise probar si estaba soñando o era real su ofrecimiento.

- Desnúdate. De momento irás desnuda. Sólo déjate zapatos de tacón y unas medias si las tienes. Y prepárame una bebida. Te espero en el jardín.

No me lo podía creer. Obediente, se adentró en la habitación, mientras yo salí al jardín. Allí me tumbé aprovechando el sol.

Pasaron unos pocos minutos, y allí apareció sensual con un movimiento lento.  Casi desnuda con sus zapatos y una bebida que me ofreció.

- Mmmm. Gracias.
- ¿Desea alguna cosa más mi amo?
- Pues mira, aprovechando mi suerte, me gustaría que me hicieras un trabajo oral. Algo para ponerme a tono mientras me tomo mi refresco y te veo.

Ella no lo dudó ni un momento. Se arrodilló delante, y empezó su trabajo muy lentamente y dulcemente. Realmente se preocupaba de dar placer a su nuevo y afortunado amo.

Estuve un buen rato disfrutando de su trabajo. Luego mi mente empezó a brillar. Las imagenes de lo que podría disfrutar aquellos días se me acumulaban en mi mente.

Estaba a punto de explotar y quería retardarlo.

Allí estaba ella. Dispuesta a su amo.

- Escucha, esclava mía. Le dije mientras ella seguía con su trabajo oral.
- A mi me gusta que mi esclava me ponga caliente todo el día. Y me obedezca siempre con una sonrisa. Que haga todo lo que sea para complacerme. Soy un hombre muy caliente y sexual. Mi verga se carga varias veces al día. ¿Crees que realmente podrás satisfacerme en todo?

- Si, mi amo. Del todo. No dudó en responder con una sonrisa.

- Primero te voy a decorar y vestir a mi gusto. Quiero que luzcas todavía más atractiva. Quiero que todo el mundo se gire al verte pasar. Deseo que pongas muchas vergas duras con sólo verte y desearte, porque indirectamente estarás poniendo la de tu amo bien dura, al saber que me perteneces sólo a mi.

- A partir de hoy serás  decidida, descarada, caliente, sumisa, sucia y dulce. Vas a vestir sin ropa interior o con la que yo te diga. Te doy libertad para que te desahogues por ahí con machos que quieran descargar sus vergas ante tanta belleza, pero quiero que cuando llegues ante mi, se lo expliques a tu amo y me muestres los restos de tus aventuras. También si ves a un macho en mi presencia que te gusta, deberás indicármelo para darte mi aprobación.

- ¿te gusta esta libertad que te doy?  La droga de tu amo es a partir de hoy tu sexo femenino usado y tu cuerpo lleno de orgasmos masculinos. Pero eso si, te advierto. Tu culo será sólo mío. Lo disfrutaré cuando me plazca, a mi antojo, igual que el resto de tu cuerpo. Y si tienes  sexo con otro macho, cuando llegues, te haré vibrar nuevamente penetrándotelo. Ese será el precio que tendrás que pagar por la libertad sexual que te ofrezco. ¿Qué te parece?

- Sí, mi amo. Mi culo es suyo. Asumió ella en voz alta.

- Enséñame el culo que me pertenece.

Una sonrisa se me escapó de mis labios.

Ella se dio la vuelta. Se agachó y me mostró su hermoso culo.

- A cambio, serás mi esclava en nuestra intimidad, pero serás una señora sexy en la sociedad. Mujer de nivel alto. No ahorraré en gastos en ti.

- Túmbate en la cama. Te voy a dar un masaje. Quiero que tengas el cuerpo perfecto para mi.

Cogí mi equipo de música y le puse los cascos.

PLAY. Un movimiento de su cuerpo me hizo saber que la música había empezado a sonar en su cabeza. Una bonita selección de Enigma de música relajante y sensual.

Empecé con un pequeño masaje sobre su cuello. Poco a poco fui recorriendo su cuerpo, que era mío. Me deleitaba de poder acariciar a mi antojo aquel regalo de la naturaleza. Poco a poco fui masajeando lentamente todo su cuerpo.

Ví una caja encima de la cama. Mágicamente había aparecido allí. Es lo que tienen los sueños, jeje.

En él pude ver un tattoo temporal que decidí poner sobre el cuerpo de mi esclava. Este decidí que lo pondría sobre uno de sus muslos, un poco encima de sus tobillos.

Seguí mirando dentro de la caja, y descubrí un segundo tattoo mucho más grande. Este era para la espalda. Así que procedí a transferirlo sobre mi espalda sumisa. Cuando hube acabado de este segundo me retiré un poco para comprobar que la obra de mi propiedad estaba quedando preciosa.

- Cómo que eres mía, he traido esta cámara de fotos. Voy a hacerme un buen album. Posarás para mi. Así que le hice algunas fotos para tener el recuerdo.

Miré dentro de la caja y todavía habían más artilugios. Saqué uno al azar. Era una tobillera. Se la puse con mucho mimo en el tobillo derecho. Era una tobillera un poco provocativa pero eso me excitaba.

Cuando hube acabado me sentía orgulloso de mi obra. Ella se había quedado dormida profundamente.
La tapé con una sábana. Le dejé un vestido que había dentro de la caja en el pie de la cama, para que lo viera cuando despertase. Fui al jardín y me bañé en el agua climatizada para relajarme y bajarme la excitación que tenía acumulada.

Pasó un buen rato. Allí apareció ella. Con su vestido. Estaba preciosa. Un vestido corto. Ella se acercó con sus zapatos de tacón moviéndose muy sensualmente. Observé la joya en su tobillo.

Yo estaba en el borde de la piscina con mis dos brazos en el perímetro de la piscina y la cabeza apoyada.

Cuando estuvo cerca, se dio la vuelta lentamente. Pude ver mi obra de arte. El vestido le dejaba la espalda descubierta, y se podía ver el tattoo que le daba un nuevo aire encantador, hipnotizador y sexy a su cuerpo. Esa era mi obra de arte.



 - Beeep.

Sonó en el avión para indicar que debían abrocharse los cinturones porque iban a descender.
Los dos se despertaron y se sonrieron. Se cogieron de la mano y se miraron dulcemente.

- ¿Te lo has pasado bien en este viaje?
- Muy bien. Me ha gustado todo. Tenemos que repetir.
- Sí. El año que viene nos toca otra isla. En esta ya nos conocen demasiado. Jeje.
- Sí. Y lo que pasó en la isla, queda en la isla. Dijo ella mientras le guiñaba un ojo a él con cara pícara.

Se besaron.

- Te amo.
- Yo más.















No os abandono

Después de un tiempo de reflexión, sigo aquí.

Antes de todo, quiero dar las gracias a todos por los mensajes de apoyo y reconocimiento. Ha sido duro. La situación de pareja no ha cambiado ni pienso que lo haga. Lo que si ha cambiado es mi posición.

Me explico. He echado de menos dejar volar mi mente en los escritos. Quizás sólo sean en mi mente, pero viendo que a muchos de vosotros también os motivaban, voy a retomar mi actividad. Quizás cambie de personajes, para no martirizarme más. Ha sido una decisión personal. Nadie puede decidir eso por mi.

Lo que si me ha venido estos días es la idea y el hilo para una novela muy arriesgada, provocadora, excitante y quien sabe que más adjetivos. Voy a tratar de escribirla y editarla. Quizás cuando tenga el capitulo 1 os la comparta para saber si voy por buen camino o no.

En fin. Que seguiremos compartiendo grandes momentos.

Además, pronto hará 10 años de este blog, que se dice pronto. Será cuestión de celebrarlo !




Punto y final.

Amigos y amigas. Todo llega a su final. No me quería ir sin despedirme de todos vosotros. La vida me ha enseñado que da muchas vueltas, y nunca podré asegurar que sea un adios definitivo, pero las circunstancias asi lo indican de momento.

Han sido no sé cuantas entradas publicadas. Os puedo decir que un montón han quedado a medias como borradores sin acabar. Ha sido sin pausa desde el año 2007. Se dice pronto. 

 758,306 lecturas a día de hoy, que se dice rápido. 


. El motivo. 

Todos hacemos algo por algún motivo, o algo nos motiva a hacerlo. En mi caso, ella. 

Ella me ha motivado para soñarla, verla, desearla, sentirla, gozarla, amarla.

Ella me ha motivado siempre. Tal como decía el título, FANTASIAS CON ELLA, me hacía ponerle forma a cientos de aventuras, fantasias, placeres, etc. Ella , y mi admiración por ella, me motivaban a la escritura de relatos y aventuras reales en mi mente. 

Pero sólo eran eso, reales en mi mente. Quizás fuí demasiado lejos. Quizás tenía la esperanza de poder disfrutar algunos con ella en la realidad, y de esa manera, demostrarle mi amor infinito e incondicional ante ella. 

Pero lejos de ello, a ella no le motivaban. Yo creía que si. O eso pensé la mayoría del tiempo. En cambio, ella No se sentía representada. Y lo peor, lejos de sentirse admirada y amada, se sentía dolida conmigo. La última intención mía es causarle dolor, y es por eso que lo dejo. No tendría sentido seguir escribiendo en un tipo de narración y contenido que a ella no le motiva nada. Ella es mi vida, y no tiene sentido seguir alimentando un sentimiento y unas imagenes en mi interior que no serán reales. ¿Para qué? La mejor manera de olvidar estos sentimientos e ideas es no escribiendo más sobre ellos. 

Trataré de olvidar que la amé por encima de todo, y por encima de cualquiera. Seré egoista y la querré sólo para mi. Es su deseo. Trataré ser un hombre "normal" que sueña con ella, y oculta sus íntimos deseos de verla disfrutar con o sin mi. Esa es la sociedad en la que vivimos. Falsa en apariencia, pero muy correcta socialmente. 

Gracias a todos. Sé que dejaré algún vacio. Sé que mis relatos ayudaban en algunos casos a vivir lo que sentis en vuestro interior y no os atreveis a sacar a la luz ni compartir. Me sabe mal. Porque de alguna manera abandono sin haber llegado al objetivo fijado, y no acostumbro nunca a fracasar asi.

Sé que anonimamente leíais, disfrutabais, y en algunos casos compartiais las experiencias soñadas. Ahi quedarán los relatos. No pienso borrar nada. Es parte de mi vida, aunque ya sea del pasado. 

 A este mundo le falta andar mucho camino hasta conseguir que nos atrevamos a confesar nuestras fantasías más íntimas y hacerlas realidad desde el amor absoluto.  Espero haber contribuido en el camino, aunque no lo haya conseguido del todo.

Aprovecho para recomendaros estos blogs, y así intentar llenar un poco el vacío dejado:


Paginas de información interesantes:


Un fuerte abrazo.

ESE.


Una noche contratada

Estoy sentado en la barra de la discoteca tomando una cerveza cuando veo que alguien se  queda a mi lado:

 —Hola. —me dice una voz femenina al oído algo ronca pero muy sensual.

 Una mano se posa encima de mi muslo y empieza a acariciarme. Me giro sobre el taburete y veo que la mano pertenece a una mujer bastante atractiva.
 —Hola preciosa.

 Le miro el generoso escote sin poder disimular. Tiene un buen par de tetas embutidas dentro de una blusa ajustada que le marca los dos pezones con claridad. No lleva sostén.

 — ¿Estas solo? -  Ella no deja de sobarme la pierna. Tiene unos labios grandes y sensuales.

 —Es posible. ¿Por qué?

 —Porque sería una pena que un hombre tan guapo como tú estuviera solo en una noche como esta.

 Ella se tiene que acercar mucho a mí para poder hacerse oír por encima de la música. Su aliento huele a fresa y es muy cálido.

 —Bueno, a lo mejor me gusta la soledad y prefiero estar solo —me hice de rogar.

 Ella me hace morritos sin dejar de tocarme:
—Ay, qué mal suena eso, con lo bien que se está en compañía. ¿No te gusta estar con alguna mujer?
 —Depende de cómo sea..
 —Hmmm… ¿Y qué mujeres te gustan a ti?

 Su mano ya está tocándome la parte interna del muslo, acercándose cada vez más a mi bragueta.
 —Me gustan las chicas malas. ¿Tú eres mala?

 Ella me agarra el paquete, se inclina sobre mi cara, acercando su boca a la mía y me dice con voz sensual:
 —Yo soy muy, muy, muy mala.

Yo sonrío con malicia y le dejo que me sobe la polla por encima de la ropa. Llamo a la camarera y pido un par de copas mientras la mujer se pega más a mí. Le miro las piernas: largas y de muslos generosos, saliendo de unos tacones de aguja y acabando en una minifalda de escándalo. Mi polla se endurece y ella lo nota:

 —¿Cómo te llamas, cielo? —me dice con la boca tan pegada a la oreja que su aliento me humedece el oído.

 —Julián. —mentí yo— ¿Y tú?
 —Yo puedo llamarme como tú quieras.
 —¿Mónica?
 —Hola Julián, me llamo Mónica ¿Cómo estas?
 —Hola Mónica —le sigo el juego— muy bien. ¿Y tú?

 Ella me aprieta el bulto por encima de la bragueta, pega sus tetas contra mi hombro y mete su lengua en mi oreja cuando me susurra:
 —Yo estoy caliente…

Me coge una mano y la mete entre sus piernas, debajo de la minifalda.  No lleva bragas y compruebo con agradable sorpresa que no miente. Su coño rasurado está ardiendo.

Le beso en la boca, saboreando sus labios rojos y generosos, muy húmedos. Saben a fresa. Ella me aprieta más la mano contra su raja. Noto que se abre con mucha facilidad, permitiendo que mis dedos se cuelen entre los pliegues resbaladizos de su vulva. Ella me muerde el lóbulo de la oreja:

 —¿Soy lo bastante mala para tí? ¿Te gusto?

 —Quizás.

 Ella hace cara de sorpresa, frunciendo esos labios tan carnosos de una manera muy cómica y me suelta la bragueta. Yo también retiro mi mano de su interior.

 —Eres muy malo, Julián.

Sale a la pista de baile y comienza a bailar, exhibiéndose delante de mí, enseñándome su cuerpo, meneando las caderas de forma sensual y haciendo como que me ignora. Mi polla late con rabia entre mis piernas cuando ella se agacha y me ofrece una visión fugaz de su culo, con los labios del chocho asomando levemente por debajo.

Un tipo ligón se pone junto a ella y comienza a bailar siguiendo sus movimientos, desnudándola con la mirada e insinuándose. Mónica me mira y acerca su trasero contra las piernas del tío para ponerme celoso. A él se le salen los ojos. Mónica me va mirando mientras baila con él. Yo le sonrío.

Me acerco a la pareja y le cojo la mano a ella, mientras le digo a él:

 —Está conmigo.

 El tío me aparta la mano de un golpe y empieza a protestar, pero se detiene cuando ve la expresión de mi cara. Yo le repito:

 —Lo siento, pero ella está conmigo. —y para restarle hierro al asunto añado sonriendo: “La he contratado”.

 El tipo tarda unos segundos en asimilar la información. Al poco me sonríe y le guiña un ojo a Mónica, que se había puesto detrás de mí. El tío regresa a la pista de baile dando tumbos. Mónica me da las gracias con un beso muy largo. Mi polla está muy tiesa dentro de los pantalones y ella lo nota cuando pega su vientre contra ella. Pago las copas, la agarro de la cintura y le digo:

 —Vámonos.

La llevo hasta un hotel cercano. Durante el trayecto ella me enseña las tetas a petición mía, permitiéndome que le pellizque los pezones. Los tiene muy gordos. También me enseña el coño y cuando nos detenemos en un semáforo ella me muestra el color rojo intenso del interior de su almeja, abriéndosela tirando de los labios menores.  Mónica es bastante guarra.

 Al llegar al parking del hotel ella me pregunta:

 —Julián, cielo ¿podrías prestarme algo para la máquina de condones?

 Era una pregunta en clave: en realidad me estaba pidiendo la pasta.

 —¿Cuánto necesitas?

 —Depende… ¿Cuánto tiempo estaremos, cielo? —su voz, dulce y sensual chorrea de sus labios como si fuese miel.
 —Había pensado en pasar el resto de la noche… y quizás parte del día siguiente. ¿Puede ser?

 Ella me sonríe con picardía y me dice que no hay ningún problema, siempre que tenga el dinero. Me dice una cantidad bastante elevada y yo hago amago de dársela allí mismo pero ella me aconseja que espere a entrar a la habitación.

 Una vez dentro me pide que deje el dinero para los condones sobre la mesita. Así lo hago.

Ella se guarda el dinero, nos desnudamos y entramos al baño. Allí nos duchamos juntos. Ella me limpia la polla y el culo con jabón y luego hace lo mismo con su coño y con su culo.

Yo me lo paso bomba mirando su cuerpazo desnudo. Está muy maciza, con unas caderas generosas y unos pechos muy firmes. Salimos de la ducha y ella me seca con una toalla, poniendo especial interés en no frotarme la polla o las pelotas para no correrme antes de tiempo.

Cuando termina me tumbo en la cama bocarriba y ella, antes de entrar me pregunta:

 —¿Luz encendida o apagada?
 —Encendida.

 Ella sube a la cama, me agarra la polla y se la mete en la boca, chupándome el cipote como si fuese un caramelo. Con la otra mano me acaricia los huevos.
 —¿Te gusta, cielo?
 —Hmmmm… sí…

 Ella sonríe, restregándose mi verga por las mejillas sonrosadas:

 —Tienes un polla muy hermosa… —acto seguido se la traga hasta el fondo, dejando que mis testículos se agolpen en su barbilla.

 Levanta la cabeza muy despacio y con la boca llena de babas me dice:

 —Agárrame del pelo, machote.

 Yo le obedezco y le cojo de los pelos con las dos manos, acompañando el movimiento de su cabeza. Ella se lo traga todo muy despacio, desde la punta hasta la base,  respirando lentamente por la nariz. El aire que expulsa arde sobre el tronco de mi polla. Entre gemidos le digo:
 —M… Me gustaría comerte el coño.

Ella no dice nada, pero gira su cuerpo sin sacarse la polla de la boca y coloca las piernas a ambos lados de mi cabeza, poniendo su coño a un palmo de mi cara para que hagamos un sesenta y nueve. Yo le abro su túnel y meto mi lengua dentro, repasándole una y otra vez la carne sonrosada del interior, que está muy caliente. El coño de Mónica tiene muchos pliegues y protuberancias que en ese momento están muy resbaladizos. También tiene el orificio de la vagina dilatado y la pepita asoma bastante fuera de la capucha. Su coño chorrea.

 —¿Estás cachonda?

Ella sigue chupándome la polla sin decir nada, pero su chocho está muy mojado y resbaladizo. Seguimos en esa postura un rato hasta que le pido follarla a cuatro patas. Ella se pone en posición, yo le agarro de las caderas y le froto la polla por la raja un rato antes de empujarla dentro.  Su vagina se traga mi rabo entero, resbalando sin encontrar apenas resistencia. Ella gime. Su interior se adapta a mi verga como un guante. Un guante ardiente y húmedo, resbaladizo y palpitante. Mónica tiene un culo fantástico y no me resisto a azotarlo.

Ella da un gritito y con voz juguetona protesta:

 —Oye, ten cuidado…

 — ¿Qué? ¿Acaso no lo he pagado?

 —Vale… pero sin pasarte…

Yo le sigo follando por detrás y dándole cachetes un buen rato hasta que se me antoja meterle un dedo en el culo. Ella se deja. Eso me pone muy cachondo y acelero el ritmo, metiéndole el dedo entero. Ella vuelve a gemir. Mis huevos chocan una y otra vez contra su coño cada vez que mi verga, engrasada con los jugos de Mónica, se hunde en su vagina hasta el fondo.

 —Mónica… Me apetece follarte el culo…

 Ella no me contesta,  pero se baja de la cama, abre su bolso y extrae un tubo de lubricante.

 —Túmbate —me pide.

Yo le obedezco y ella me unta la polla con una generosa cantidad. Me repasa el miembro suavemente, extendiendo el líquido por todo el tronco, girando la muñeca y pasándome el pulgar por todo el cipote en círculos. Casi me corro en su mano. Luego ella se vuelve a echar otro pegote en la mano y se la pasa por el culo, engrasándose el ojete a conciencia y dilatándolo con sus propios dedos. Cuando cree que está lista se pone en cuclillas sobre mi verga.

Me pone una mano en el vientre para apoyarse y con la otra me agarra la polla. Mónica se deja caer sobre mi rabo con suavidad. Primero la punta se aplasta en su culo, apenas entrando un poco. Ella se levanta y vuelve a caer, repitiendo la operación una y otra vez, introduciéndose poco a poco mi verga dentro del agujero. Cuando le entra la cabeza el resto se desliza con suavidad. Durante toda la operación el coño de Mónica no ha dejado de sudar fluidos.

 —Jodeeeeeeeeeeeer… —gimo.

El ojete de Mónica es una verdadera delicia. Sus paredes cálidas me estrujan la polla en toda su extensión, especialmente en el glande, dándome un placer enorme. El aire, cuando sale de su culo taponado, hace un ruido muy característico. Mónica sube y baja en cuclillas, dejando todo el peso muerto de su cuerpo sobre mis muslos cuando llega hasta abajo. En ese momento noto su culo prieto rozándome los cojones. Yo levanto las manos y le agarro las tetas con pasión, apretándole los gordos pezones. Ella sube y baja muy despacio, dejando una pátina de grasa brillante a lo largo de mi rabo tieso y lleno de venas.


Su coño, expuesto en toda su gloria en esa posición, está muy rojo, con los labios salidos y el clítoris erecto. Lo tiene todo empapado. Suelto una de sus tetas y se lo acaricio. En seguida ella pone una mano sobre la mía y me indica ella misma qué lugares y de qué manera he de tocárselo, ayudándola a masturbarse mientras se empala mi polla en el culo. Yo le vuelvo a preguntar:

 —¿Estas cachonda, nena?

Por respuesta ella se muerde el labio inferior, respirando muy fuerte y acelerando el ritmo. Los golpes de su culo contra mis huevos amenazan con provocarme un orgasmo. Ya estoy casi a punto.

—Mónica… en tu boca… ya…

Ella se aparta obediente de encima y se tumba en la cama. Yo me pongo de rodillas a horcajadas sobre ella, y me saco el preservativo, apuntando con mi polla a su cara. Ella levanta la cabeza y me lame el cipote colorado. Ella abre la boca y se mete el glande, muy rojo y viscoso entre los labios, chupándolo y relamiéndome la punta.

Por los ruidos que me llegan por detrás sé que ella se está masturbando con fuerza. Le vuelvo a preguntar:

 —¿Te gusta, eh?... —hago una pausa— ¿Te gusta mamar pollas, puta?

Ella jadea y se mete mi polla hasta la garganta, aspirando con fuerza, haciéndome el vacio dentro de su boca y estrujándome los cojones con una mano. Me corro dentro con una serie de descargas interminables, llenándole la boca de semen que se le desborda por los lados. Me tumbo sobre ella y le beso la boca, limpiándole la cara con la lengua; le beso el cuello, los hombros y los pechos. Bajo por el vientre y mi lengua se une a sus dedos dentro de su coño, ayudándola a masturbarse.

Ella me agarra del pelo y se retuerce de placer sobre la cama, gimiendo y jadeando, abriendo y cerrando los muslos. Yo le meto la mano entre ellos y vuelvo a perforarle el culo con dos dedos sin dejar de lamerle el coño.

 —Vamos Mónica… córrete en mi boca… te he pagado, puta… hazlo, córrete…

Ella me empuja la cabeza con una mano contra su coño, eleva las caderas y lanza una serie de gritos entre cortados con mi lengua metida en la vagina. Siento los espasmos de su orgasmo en mi boca, sus músculos se contraen una y otra vez y su vientre vibra sin cesar. Ella deja escapar un gemido muy largo y se queda jadeando sobre la cama con los muslos muy apretados…

—Federico —me dice de repente— a las putas no se les pregunta si están cachondas. Es de tontos.

 —Lo siento Mari, no volverá a ocurrir… pero es qué te miraba y te veía tan mojada que... ¡uf!

 —Ya veo… —ella se acerca, me abraza y me besa con ternura—estuviste fantástico allí dentro, con el tipo ese. Mi caballero andante…

 —¡Bah! No tiene importancia, cualquier otro hubiera hecho lo mismo.

 —Oye, tenemos que repetir este juego más veces antes de que se acaben las vacaciones. Es una lástima que tengamos que usar dinero del Monopoly, eso le resta credibilidad. Pero lo demás está genial ¿eh?

 —Por supuesto. ¿Cuándo podremos volver a dejar a los niños con tus padres?

 —¿Los míos? ¿Y los tuyos? ¿Joder, Fede, por qué siempre tienen que ser los míos?

 —Coño, Maricarmen, no empecemos. Ya sabes que los niños se llevan mejor con tus padres y allí tienen más espacio y…

 Ella me pone una mano en los labios. Sus dedos huelen a sexo.

 —Mira… mejor lo hablamos luego ¿vale?...
 —Vale…
 Ella se levanta para ir al baño. Desde allí, la voz cargada de sensualidad de mi esposa flota hasta la cama:

 —Oye… aún quedan bastantes horas… pagaste para una noche y parte de un día ¿recuerdas… Julián?

 —Me parece una gran idea... Mónica.