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Arrodíllate !

Ella no se lo esperaba.

Casi siempre ella es la que preparaba el terreno. Se vestía para la ocasión. Preparaba los artilugios que ella había pensado usar. Pero esta vez la pillé por sorpresa.

Había preparado yo nuestra habitación con antelación.

Me había puesto unos calzoncillos de rejilla y una camiseta negra que marcaban mis pectorales. Había encendido la música y estaba lanzando Chillout Sexual. La cama recién hecha. Una barra de incienso encendida para dar ese ambiente sensual a la ocasión. El entorno era perfecto.

Cuando ella entrara en la habitación, no se esperaría la escena. Demasiadas veces le había dado la oportunidad de preparar el juego a ella. Sí. No lo niego. Me excita que sea ella quien prepare el camino. Pero aquella noche iba a ser diferente. Iba a mandar yo. El guión lo ponía yo.

Así que allí estaba. Con el látigo allí al lado discretamente. No pensaba usarlo, pero quería ver su reacción cuando lo viera.

Entró en la habitación.

- Arrodíllate. Fue lo único que le dije.

- Mmmmm. Es lo único que dijo ella mientras se posaba ante mi.

- ¿Te envía tu marido? Esta pregunta no se la esperaba, y me respondió con una sonrisa muy sensual y una respuesta muy simple después de unos segundos de silencio y tensión en el ambiente.

- Sí.

- Está bien. Me ha pedido que seas mi puta personal esta noche. Y para ello, mis putas no llevan bragas, así que ya sabes que hacer.

Se levantó poco a poco, y se bajó las bragas por debajo del vestido veraniego que llevaba.

- Dámelas y arrodíllate. Las cogí y las olfateé. Ella me miraba con ojos sensuales. Observé que le excitaba realmente que las estuviera olfateando.

- Ya casi huelen a puta.  Le dije acariciándole la barbilla, mientras cogía una botella de Cava que tenía preparada en la mesilla.

- Vamos a brindar por la puta que vas a ser a partir de ahora. Le dije mientras abría la botella y llenaba las dos copas. Le ofrecí su copa e hicimos un brindis.
Hizo un pequeño sorbo, pero le indiqué que debía acabárselo todo.

- Bien. Ahora que ya tienes los labios y la boca húmedos, ya te imaginarás lo que deseo. Estaba sentado en una butaca que había en el rincón de la habitación. Ella me agarró los calzoncillos de rejilla y me los bajó lo suficiente para dejar mi miembro erecto ante ella.

Empezó su trabajo lentamente. Lo estaba disfrutando y eso se notaba. Me estaba dando una muy buena felación mientras le acariciaba su pelo. Fui alternando la deliciosa mamada, con de vez en cuando le apartaba la cabeza y le ofrecía un poco más de Cava. Ella saboreaba ambas delicias.

Habrían pasado unos maravillosos minutos, cuando le ordené que se levantara. Quiero sentir como avanzas. Le puse mi mano por debajo del vestido, y pude comprobar que estaba húmeda, muy húmeda, chorreando.

- Bien. Noto que estás cachonda como una buena puta. Me gusta. ¿Te gusta complacerme bien para que tu marido sepa que eres una buena puta?

- Sí.

- Te mereces un regalo. Saqué un collar donde decía "Whore", que en inglés significa "puta". - Te lo voy a poner. Te quedará muy bien, y luego cuando regreses con tu marido sepa que ya lo hiciste - ¿te gusta?

- Sí. Gracias.

- Ahora tu coño mojado necesita una buena verga, ¿ verdad?

- Sí. Por favor.

Le indiqué que se pusiera apoyada en el mueble, mientras yo me coloqué detrás suyo. Había un espejo en el mueble y la puse de cara a él, para que pudiera verse con su nueva joya, mientras la embestía.

La follé fuerte. Tenía un culo precioso y unas buenas tetas que se movían por dentro del vestido.

En un momento saqué mi verga y se la puse en la entrada de su culo. Iba a empujar cuando ella giró su cabeza y me suplicó:

- No, por el culo no. Mi culo es solo para mi marido. Se lo prometí a él.

Mantuve un silencio durante unos segundos.

- Bien. Te lo respeto. Me gustan las putas con principios. Saqué la verga de su entrada prieta y la inserté de nuevo en su coño.

Dime.  - ¿Cómo le gusta a tu marido tu coño?

- Lleno de leche. Le gusta sucio. Usado.

- Bien. Te lo voy a llenar para él. Se lo vas a llevar recién lleno. Ahora me corro yo. Y luego tu marido te hará correr a ti. Así los tres felices, ¿verdad?

- Si.

No tardé más de un minuto en correrme y soltar toda mi leche en su interior.


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Estaba en el sofá descansando cuando escuché a mi mujer.

- Hola. Ya estoy en casa. ¿Donde estas?

- En el salón.

Mi mujer llegó con una sonrisa diabólica de oreja a oreja. Llevaba una botella de Cava y dos copas. Me enseño su nuevo collar  y me dijo:

- Mira lo que me han regalado.

- ¿Y eso?

- Arrodíllate !

Me ordenó mientras me enseñaba bien el colgante.

Me arrodillé ante ella. Llenó las dos copas de cava y me ofreció una, al momento que decía en voz alta:

- Brindemos, ya soy tu puta oficial.

Pude dar un sorbo al cava, cuando se subió el vestido y pude ver que no llevaba bragas. Su sexo marcaba un color subido y se veía una lubricación profunda. Su olor era de sexo.

- Túmbate.

Me indicó el suelo. Así lo hice. Se puso de pié encima mío, se subió el vestido y se sentó en mi cara.

- Chúpame bien y huele el coño de una puta, y si me haces correr quizás te deje mi culo, que sabes que es únicamente para ti.

- Mmmmmm. Te amo.

- Y yo.  Más de lo que imaginas. 





Volviendo a casa.

Mi marido es un pesado. Su obsesión por que le sea infiel no tiene límites. 
Reconozco que a mi me excita la idea, pero de ahi a llevarla a la practica hay un mundo.
Pero casi siempre que tenemos sexo, fantaseamos con ello, de una manera u otra.  
Le agradezco que nunca me haya empujado a hacer nada que yo no quisiera. 

Pero lo de ayer fue toda una sorpresa. Hacía días que no teníamos sexo, y le notaba muy "cargado" tal como nosotros lo llamamos ciando hace días que no practicamos.

Aquella noche estábamos solos porque los hijos se habian quedado con sus primos, y era una buena ocasión para tener una velada romántica. Había ido a la peluquería y estaba realmente Top.

Cuando llegué a casa, me sorprendí.  Pensaba que me iba a pillar nada más llegar, o algo por el estilo, pero me sorprendió.
Había recibido un mensaje en el móvil que decía "Sube directamente a tu habitación cuando llegues".
Los nervios me inundaron nuevamente. Siempre me habían dado miedo sus misterios, pero reconozco que siempre habían sido peores en mi imaginación que en la realidad. Alguna vez habia pensado que me había traido a una tercera persona, pero no. Ahora se que nunca lo haría a espaldas mias. A pesar de que pudiera desearlo mucho.

En el ambiente sonaba una música chillout, y las luces estaban suavemente encendidas.
Subí directamente a la habitación y entré en mi baño. Estaba ambientado con velas, y la bañera llena con una ligera espuma y un agradable olor muy sensual.

Me desnudé completamente y entré en el agua para relajarme un rato. A veces estos regalos se agradecen más que otros regalos más caros. La temperatura era perfecta. Al recostar la cabeza en el cabezal de la bañera, vi una nota roja apoyada en un vaso de chupito con orujo.

La tarjeta decía " Disfruta del baño. Tócate libremente lo necesario. Cuando salgas de la bañera abre la caja. Te amo."

Cogí el vaso y lo degusté mientras me fijaba que en un rincón del baño había una caja. Fuí obediente y aunque tenía curiosidad, no la abrí.

No pude evitar acariciar y tocarme. Primero suavemente. Un poco los pechos. Luego mis labios. Que os voy a contar. La situación me superó y tuve que acabar alli mismo. No me cuesta mucho llegar al orgasmo. Ni tampoco repetirlo. Normalmente tengo entre 3 y 5 seguidos. Depende del día. El haber acabado no suponía que ya no tenía ganas.

Así que me levanté, cogí la toalla y me sequé toda. Inquietada por lo que habría en la caja, la cogí.

Hice una respiración profunda y la abrí. Desde luego, mi sorpresa fue máxima. Me esperaba algún juguete, alguna joya o regalo, no sé que exactamente, pero aquello no, pero realmente me sorprendió. Había otra pequeña nota donde decía "Aquí tienes la prueba de mi amor incondicional por ti".

El sentimiento inicial de sorpresa me introdujo durante unos segundos una sonrisa en mis labios. "Si esto es lo que quiere, asi lo haré", pensé.

Me puse las bragas con mucha delicadeza. Me vestí de calle,  con zapatos de tacón altos, y un vestido ligero. Me pinté los labios de color oscuro, y me impregne mi perfume sensual. 

Debía bajar un piso pero valia la pena el esfuerzo.

No tardé mucho para salir totalmente preparada. Bajé las escaleras y llegué al salón. 
Justo antes de entrar hice un saludo a viva voz "Ya estoy en casa, cariño".

Entré en el salón. Mi marido estaba sentado en el sofá viendo un documental en la televisión.  Me dirigí con decisión hacia él, y justo en pié delante de él le dije:

- Hola. Ya estoy en casa.
- Hola mi amor. ¿Qué tal todo?
- Bien. Te traigo un regalo. Creo que te gustará. Me lo has pedido muchas veces.
 Se lo dije mirándole directamente a los ojos. Quería observar en todo momento su reacción. Una sonrisa diabólica se esbozaba en mis labios.
- ¿De qué se trata?, preguntó.

Me senté en el otro sofá libre. Cruce mis piernas lentamente y le pregunté :
- ¿Lo quieres?
- Si
- Pues ven. Dije mientras abría las piernas en un claro acto de invitación.

Se levantó de su sillón y se acercó.
- Bésame y chúpame toda si quieres tu regalo.

Esbozó una sonrisa mientras se arrodillaba a mis pies, y me empezó besando con los labios en un beso profundo. Luego bajó a los pies, y me los chupó suavemente desde los pies hasta por encima las rodillas, mientras me miraba con devoción.
Yo le cogí suavemente la cabeza, y le hice el movimiento justo para que la pusiera cerca de mi sexo.

Se acercó a él, y vi por primera vez aquel rostro mezcla de excitación, humillación, y satisfacción.
- Aquí está tu regalo. Disfrútalo.

Me saqué las bragas y se las puse en su cara. Las olfateó como un animal en celo. Pude observar sus pantalones como se hinchaban.  No me podría creer lo que estaba viendo. Le había puesto unas bragas mojadas en su cara y eso le había excitado, y mucho.

Estuvo unos segundos olfateándolas, pero realmente la excitación total le vino cuando me vió mi sexo. Mojado, abierto y con rastros blancos de leche masculina. Y mi sexo hinchado con signos de haber disfrutado previamente.

Abrí mis piernas bien abiertas y le ofrecí a modo de regalo mi sexo chorreante:
- Toma. Tu regalo. Lo he traído para ti. Límpiame toda que me ha dejado muy sucia.
Nunca le había visto tan ido y excitado. Me chupó como nunca antes lo había hecho.

Realmente me excitó ver como estaba disfrutando dándome un trabajo oral en mi sexo empapado mientras yo le explicaba cosas de mi anterior trabajo.

En aquel momento, pensé, que seguramente sí  lo disfrutaríamos si se lo trajera lleno realmente de otro macho. 

Normalmente tarda un rato en recuperarse para poder repetir, pero creo que no habrían pasado más de 20 minutos entre que me debería haber dejado el regalo de las bragas empapadas de leche suya dentro de la caja y aquel momento donde volvía a estar con el aparato apunto. 

Cuando ví las bragas mojadas, me produjo una mezcla de excitación y verguenza o apuro, pero tenía que probar que tal le sentaba a él tener el regalo que tantas veces me había pedido. Me supuso excitante vestirme con las bragas llenas, y me aseguré bien de que mi sexo quedara bien impregnado.

Lo hice porque le amo. 

Quizás un día si se producen las circunstancias ideales con las personas correctas, lo disfrutaremos los dos, pero esta vez sin caja.






Una sorpresa muy breve

Mi mujer y yo jugamos en el sexo.

Cuando encontramos un relato erótico que nos gusta, lo llevamos a la practica, personalizándolo a nuestra manera. Nos gusta interpretar otros papeles. Casi siempre en hoteles, porque en casa es difícil tener privacidad suficiente para ello. No lo hemos hablado pero creo que a los dos nos gusta mucho, y realmente nos metemos muy bien en los papeles.

Ese día habíamos pactado que llevaríamos a la practica un relato de voyeur al dormitorio del hotel. 

Yo estaría en la habitación, ella me enviaría un mensaje para que me preparara. Yo me metería en el armario, previamente estudiado que fuera amplio, y tuviera una buena visión de la cama por la rejilla de la puerta (no todas las habitaciones son buenas en eso). Me metería desnudo en el armario. Me acomodaría allí. Y ella llegaría unos minutos más tarde, se desnudaría y se masturbaría en la cama. Yo me estaría masturbando en el armario sin hacer ruido, y al final, ella me sorprendería, y yo accedería a lo que ella me pidiera. 


Ese era el plan previsto, pero a veces la vida (o tu mujer) te da sorpresas, y no sabes como reaccionarás a ellas. 

Cuando recibí el mensaje, me metí en el armario, completamente desnudo tal como habíamos pactado. 
Ella llegó, tal como estaba previsto, pero llegó hablando con alguien. Desde el armario no podía ver aún nada, y me quede helado. La adrenalina se apodero de mi cuerpo. Una nueva sensación de vulnerabilidad y morbosidad. Yo allí desnudo oculto.

Su conversa era de lo mas picante. A el no le escuché, pero a ella claramente. Escuche como le decía que se desnudara. Como le tiraba piropos por su cuerpo, etc.

Quizás él no existía, pensé, pero no podía arriesgarme a salir. Pensé que fuera lo que fuera, iba a relajarme y disfrutar la ocasión.

Finalmente pude verla a ella pasar por delante del armario varias veces. Cada vez con menos ropa.

Mis nervios iban en aumento.

Escuche mi mujer como le advertía que apagaría la luz. - Clic -

- que cabrona, pensé. 

Tuve que estar allí escuchando lo que ella le decía imaginándome todo, mientras me tocaba ahí vulnerable.

Mi mujer había puesto música en el ambiente y era dificil escuchar con claridad.

Por suerte, escuche como ella se corría, y gozaba de que el también lo hiciera. Le decía cosas guarras, de las que nos ponen.

No pasaron más de unos pocos minutos, y después de unos ruidos y un corto silencio, escuché como le despedía con un beso en la puerta. Abrió y cerró la puerta.

- Clic.  Encendió la luz.

Ella regresó a la cama, y se siguió acariciando. Pasado un minuto, me dijo con voz alta claramente para mi:

- ¿ qué ? Vas a seguir ahí metido o quieres ver a tu mujer como ha quedado?

Salí despacio del armario. Nervioso.  Ella estaba tumbada y con restos  de corrida o crema muy sugerente por todas partes. 

- ¿te lo has pasado bien ahí dentro?  O prefieres limpiarme y acabar lo que el otro no ha acabado.


Compromiso real y cremoso


Unos meses atrás.

No estoy realmente seguro de cuándo comenzó todo esto o por qué, pero en algún momento tuve la idea de que quería comer su sexo después de haber tenido relaciones sexuales conmigo. Me encantaba la idea y repetidamente se lo pedía. A ella y a mí nos encanta lo oral (¡tanto dar como recibir!).

Pero me sorprendía el porque lo deseaba tanto y luego a la hora de la verdad me echaba para atrás en el momento concreto. Desde luego, creo que no es agradable el pensar en recibir semen en tu boca, y aunque siempre he sido muy abierto a experimentar, me auto reprochaba y auto criticaba cuando se suponía que a ella le debería de entusiasmar recibirlo, pero yo era incapaz. O al menos eso nos había inculcado la sociedad.

Un día lo mencioné una noche en la cama teniendo sexo y en un calentón. Recién bañada, y le estaba  saboreando su  recién afeitado y suave coño.
- ¿Sabes lo que me gustaría probar?

La vi tensarse un poco porque mis ideas parecen estar cada vez más pervertidas a medida que pasan los años, y no siempre esta tan abierta en las ideas como yo. 

- No, ¿qué te gustaría probar alguna vez?" Respondió, medio divertida y medio sarcásticamente.
No dije nada de inmediato, pero pasé de lamer su clítoris a deslizar mi lengua suavemente pero con firmeza, profundamente dentro de ella y golpeando su punto G. "Mmmmmm", se estremeció suavemente.

Continué por un minuto, luego la miré.  Tragué saliva.

- Quiero follarte bien duro y profundo como te gusta, y después que me corra, quiero que me hagas comer tu coño. Sé que no voy a querer hacerlo después de que me corra, porque me baja la excitación de golpe, pero es por eso que quiero que me lo ordenes y  lo disfrutes conmigo. Necesito hacerlo para que veas y sientas lo mucho que te quiero y te deseo, y para demostrarte que cualquier cosa que me pidas la haré realidad y la disfrutaré. Sé que me va a gustar. Estoy convencido porque ya hemos jugado a eso alguna vez esporádica.

Ella no estaba esperando eso. No sé lo que esperaba, pero no era eso precisamente. No estaba realmente seguro de cómo se sentía acerca de esa idea. Pero yo me había sacado un peso de encima.

Continué mi explicación diciendo:
- Es por eso que necesito que me ayudes obligándome a hacerlo. Si lo haces, estoy seguro que me gustará. y espero que te guste a ti también ". Me gustaría llevar esta practica a mis habituales servicios sexuales hacia ti.

Me miró  algo escéptica. Pero volví a comer su sexo con renovado fervor después de confesar mi nuevo deseo. Chupando su clítoris y lamiéndola por todas partes, por dentro y por fuera. Mi polla dura como una roca goteaba liquido seminal de mi emoción y ella lo advirtió.

Puso una sonrisa diabólica y mientras le comía, me agarró la cabeza y me preguntó directamente: 
- ¿Así que quieres comer mi coño lleno de leche, eh? Sí? Mmmm ... ¿Quieres esa crema caliente y húmeda en tu boca? chúpame ... . La tendrás. Te lo prometo


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Ya habían pasado algunos meses, y precisamente se acercaba mi cumpleaños. Reservé un hotel muy encantador, y tenia planes de no salir de la habitación por toda una tarde y noche. Pensé que ese lugar y día serían perfectos para empezar mi nuevo hobby, pero todo dependía de ella. Necesitaba desconectar como terapia, y necesitaba hacer algo nuevo. Provocador, excitante, morboso, que me hiciera olvidar la rutina diaria. Los últimos diez días no hice sexo ni me masturbé a propósito. Al principio me costó pero a medida se iba acercando la fecha me emocionaba más, y aunque en algunos momentos me había tocado y estuve cerca de descargarme, aguanté para llegar a la ocasión lleno. Quería estar con una muy buena carga. Sí, había visto fotos, y andaba muy caliente esa semana, pero resistí la tentación por el premio que esperaba recibir el fin de semana. 

Ella pudo ir antes al hotel, porque yo tenía que hacer unos encargos en el pueblo. Ella había tenido tiempo de darse un baño caliente, y prepararse bien a fondo. Cuando llegué y me abrió la puerta, todo el cuerpo se me erizó. El día había llegado.

El verla con botas altas de tacón, su conjunto, su látigo con una verga en el mango, su pelo recogido como cola de caballo, etc. 

Una verdadera Diosa ante mi.



Me puso caliente muy rápidamente, eso no es muy difícil, pero esa vez su vocabulario era más sucio y directo de lo normal. Y a mi me encendía eso.

- Arrodíllate ante tu señora.  Fue lo único que dijo.

Me arrodillé ante sus botas. Era mi Diosa. 

- Sirveme una copa. Vamos a celebrar algo muy especial.

Me levanté y fui a la nevera, saqué la botella, dos copas y la abrí. Me dí cuenta que había comido algo. Todavía estaba la bandeja y los cubiertos. Supongo que se dio cuenta de que lo había visto.

- Ya he comido. ¿Y tu? Me preguntó en tono superior.
- No.
- Bien. Te daré yo la comida hoy, no te preocupes. Mejor que estés hambriento. Dijo con una sonrisa en sus labios muy morbosa.

El tapón salió muy rápido, casi tan rápido como yo podría correrme, pensé. 

Le ofrecí la copa. 

- Quiero brindar por mi marido, que se va a convertir en mi limpiador privado y personal de mi cuerpo, de ahora y hasta que la muerte nos separe.
Me ofreció la copa con una sonrisa que no olvidaré en mi vida. 
- ¿Aceptas? Me preguntó.
- Si. Mi Diosa. Acepto.

De esta manera tan simple habíamos celebrado una especie de ceremonia privada con mi nuevo rol.
Bebimos en señal de aprobación por ambos mirándonos a los ojos directamente.

Se sentó en el borde de la cama, y se abrió de piernas ofreciéndome el mayor espectáculo del mundo.
- Empieza tu tarea. 

Los siguientes minutos los pasé arrodillado haciendo el nuevo trabajo que me encantaba, y ella hablándome con la copa en la mano mientras iba dando cortos sorbos. Era un lenguaje directo, sucio, que me excitaba como nunca. 

Pasados unos minutos me ordenó sacarme toda la ropa. 

- Fóllame toda. Necesito tu polla pero no quiero que te corras aún. Sé que estás muy caliente.

Me posicioné encima de ella e introduje mi pene dentro repetidamente y con fuerza. Toda mi longitud se hundía en ella con poca resistencia en ese momento. Ella también estaba muy mojada. Casi llegué a correrme en ese momento, pero no quería acabar tal como ella me había ordenado. 
Sentí que su coño podría explotar en un gran orgasmo. 

Le estaba dando fuerte y a buen ritmo. Preparándome para correrme también, pero me detuvo y en un tono directo y autoritario me dijo:

- Quítate de encima y recuéstate de espaldas.

Me miró con entusiasmo y rápidamente hice lo que me pedía. Todavía esperando su primer orgasmo se levantó y me montó en sus caderas. Estaba tratando de meter mi miembro dentro, pero no me dejó.

Me miró fijamente hasta que supo que tenía toda su atención.


-Ahora escúchame y escucha bien.  Me rogaste que te hiciera comer mi coño después de que te corrieras, así que eso es lo que vas a hacer. No me importa si pierdes el deseo de hacerlo después de que te corras, Lo voy a hacer y no hay forma de impedirlo. Me apetece.
Has aceptado ser mi limpiador privado, siempre que lo necesite. A partir de hoy esta será la nueva droga que tomarás y me demandarás. ¿entiendes?


-"Si mi amor." respondí, asombrado.


- Sé que estás hambriento, así que aquí tienes tu comida. 

Mi frente estaba cubierta de sudor ahora. Con cada una de sus palabras mi excitación se multiplicaba.

Me tenía a su antojo. En ese estado de excitación que podría hacer cualquier cosa conmigo. Le encantaba tenerme así. Se siente tan poderosa en ese momento, y tan sexy y deseable.

En ese momento antes de mi orgasmo, aceptaría cualquier cosa que me propusiera. Estoy seguro.

- Bien. Ahora solo para que sepas qué espero en este momento, voy a montar tu gran polla dura hasta que te corras, y luego voy a montar mi coño lleno en tus labios. Esa va a ser tu comida de hoy. Disfrútala. Y si puedes haz que me corra.

Dicho eso, lentamente se bajó sobre mi pene, dejando en claro que sería ella quien controlaría el ritmo junto con todo lo demás ahora. Una vez que estuvo completamente dentro, lentamente y suavemente se inclinó hacia adelante y hacia atrás para provocarme el orgasmo. Gemí ante esto, pero el impacto real vino con lo que dijo a continuación:

- A veces los sueños se cumplen. A partir de hoy, estarás limpiándome la corrida de mi empapado coño con tu boca cada vez que yo quiera o lo desee, o de cualquier parte de mi cuerpo, si se me antoja. Nunca vas a negarte. Y cada vez más vas a necesitar esta nueva droga.

Mi polla estaba ahora pulsando solo de escuchar esto. Entonces comencé a mecerme más y más fuerte, y también a subir y bajar. Podía sentirla punto de explotar.

- Puedo sentir tu palpitación. Quiero ordeñarte hasta la última gota para asegurarme de tener un buen chorreo de leche goteante y caliente para que te alimente bien.  
Al decir esta última palabra, golpeó sus caderas y me montó duro y rápido. Fue solo un minuto  antes de que estuviera aullando y descargando mi enorme carga, llenándola toda. Los días de pausa habían valido la pena para poder dar una suculenta y enorme carga de leche.  Una vez que sintió el pulso final de mi polla expulsando lo último dentro de ella, se deslizó, puso mis brazos debajo de sus piernas y bajó su sexo cremoso y caliente  justo delante de mi cara. Se puso dos dedos dentro y se acarició a escasos centímetros de mi cara. La escena era muy sugerente. Le cogí los pechos y los estrujé entre mis manos. 

- ¿Tienes hambre? Es hora de comer.

Ella se dejó caer y me llenó la boca con su coño chorreando.

No me tiró para atrás como anteriores veces porque lo consideré morboso, y realmente me estaba alimentando ya que tenía mucha hambre y porque ella estaba muy caliente y disfrutando de mi chupada. 

- Ahora cómetelo todo y  déjame bien limpia. Chúpame todo tu semen y hazme correr.

La chupada que le estaba dando ahora era incluso más intensa que antes, mucho mejor de lo que esperaba o había imaginado antes. Fue un punto de inflexión en nuestras vidas sexuales, y ya no había vuelta atrás. Nos enganchamos a eso. De ahora en adelante necesitaría comer su coño relleno siempre que pudiera. Realmente era una droga para mi, y creo que para ella también.

- Mírate, te encanta. Pon tu lengua dentro de mí y chúpalo todo. Más profundo.
¿Ahora que me ha gustado, perderás el interés en el futuro?

Habían pasado unos minutos haciendo mi trabajo y me miró abajo para echar un vistazo a la acción.

- ¿Cuántas veces he chupado tu polla y tragado todo tu esperma en los últimos años? Al principio lo odiaba pero ahora me encantaba, y ahora hemos descubierto que tu los vas a necesitar de ahora en adelante.

Apenas podía creer cómo habían cambiado las tornas, o cuánto me encantaba a mi ahora. Me encontraba en completa sumisión, y ella se  sentía poseída por un demonio de poder. Realmente me estaba enganchando a esa nueva droga.

Se dio la vuelta y se puso abierta de piernas apoyada en la almohada. Cogió la copa que habíamos bebido y dejado en la mesilla, y mientras se deleitaba del agrado del sabor de la bebida, me sugirió nuevamente:

- Ten. Come de tu señora.  




No intentaba conscientemente tener un tono dominante  pero sin embargo salió de esa manera, y esas palabras me dejaron sin respiración. Cogió su copa y a modo de brindis, una vez más, me dijo:

- Espero que estés disfrutando tanto como yo. Ahora eres mi marido obediente que se come lo que yo le diga. Antes de esta noche, nunca hubiera pensado en hacer esto, pero he encontrado mucho placer en ello. Y ahora, no solo quiero alimentarte del semen de mi coño cada vez que follemos, si no que quiero hacerlo mucho más a menudo. Muy a menudo. Así que espero que estés preparado para esto.

Sus  impulsos animales se habían apoderado por completo ahora.

- Has despertado a una Diosa del Sexo en mi pero sé que estás envejeciendo y ya no tienes la fuerza que tenías con 30 años. Es posible que no puedas producir tan rápido como yo necesite, así que si es necesario, encontraré otras fuentes para asegurarme de tener un suministro constante para ti. Sé que vas a necesitar tu dosis de droga. Hombres del Gimnasio, vigorosos  jardineros, compañeros de trabajo, amigos tuyos o quien yo desee y vea con vitalidad joven. Los veo que me miran constantemente, así que estoy segura  que no dudarían en llenarme de esperma si yo quisiera. 
Así que no tengo que preocuparme de que 'pierdas el deseo o la fuerza necesaria' de caer sobre mí dormido después de que te corras. ¿has entendido bien? 

Y me ofreció nuevamente la copa en alto a modo de brindis con una sonrisa maléfica.
- ¿Te parece bien lo que te digo?  ¿Lo has entendido bien? No olvides que esta fue tu idea, tu fetiche, y no quisiera privarte. Solo quiero tu felicidad.

Ni siquiera tuve que decir mi respuesta.

-No hace falta que contestes. Ya veo tu respuesta. Tu polla habla por ti.

Realmente mi excitación había crecido y volvía a tener nueva erección, y sabía que eso a ella la iba a hacer muy feliz.

- Veo que la comida que has tenido te ha dado fuerzas para repetir. Voy a tener que darte más a menudo tu comida.


PostFinal -----------------------------

- Como te has portado bien, te mereces un buen postre. Te he comprado unos bombones de los que te gustan. 

Me enseñó un bombón negro redondo y lo untó en su sexo para que quedara cremoso.

- Toma, tu postre....

- Y supongo que después del postre te apetecerá un café. He visto que tenemos una cafetera nespresso con cápsulas en la habitación .

- Si, me apetece un café.

- Jajaja, me parece perfecto. A mi me apetece un café con leche, pero tenemos un problema. No tenemos leche.

Dijo con una sonrisa diabólica mientras me miraba mis partes bajas.



Un Concierto de Rock muy húmedo (R4)

Hacía tiempo que no salíamos con mi marido. Entre los trabajos, la agenda, las actividades, los hijos, etc, había hecho que la agenda se llenara de tareas que habían impedido salir como pareja.

Esa noche había un concierto de rock de un grupo muy bueno y conocido, y pensé que seria una buena ocasión para sacar mis mejores prendas de rock y volver a sentir la energía de la juventud. Siempre se fustraban los planes a última hora, y esperaba que esa noche no ocurriera.

Mi marido trabajaba hasta la medianoche, pero habíamos quedado en la puerta de la sala de conciertos, ya que quedaba a medio camino entre casa y su trabajo.

Esa tarde y noche invertí un tiempo en mi misma. Había ido a la peluquería, y me dispuse a hacer una buena siesta para estar fresca y radiante por la noche.

Después de cenar me di un baño, y me dispuse a vestirme de la manera más sexy que podría aportar.

Aquella noche estaba dispuesta a conseguir que más de uno se girara al verme. Lo necesitaba. Necesitaba sentirme viva y deseada nuevamente.

Así que salí de casa enfundada en mis pantalones negros ajustados, mi blusa escotada, y mis zapatos negros de tacón dispuesta a todo. No me puse sujetador porque tenia ganas de sentir mis pechos libres. Y saqué unas bragas recién recibidas como regalo de mi marido. Pensé que le gustaría saber que las llevaba.

Cuando llegué a la calle del local a medianoche puntual, revisé el móvil, y pude leer el mensaje de mi marido donde me avisaba que llegaría un poco mas tarde, que nos encontraríamos dentro. En otro momento le hubiera esperado pero no tenia ganes de perderme aquel concierto.

El local normalmente es un lugar frecuentado para gente de nuestra edad, entre los 40 y 50,  pero esa noche al entrar pude observar que habían grupos mas jóvenes de lo habitual.

El concierto empezó y decidí quedarme por la parte trasera de la sala, más cerca de la entrada esperando que cuando llegara mi marido me encontrara fácilmente. Las primeras canciones fueron sonando y poco a poco me fui introduciendo en su ritmo. Los dos cantantes nos pedían a los espectadores de vez en cuando que entráramos en las canciones levantando las manos, o gritando alguna parte de las mismas. Poco a poco me fui metiendo en la atmósfera del concierto.


Tan entusiasmada por la música que me hacía vibrar, y no me había percatado, pero me di cuenta que estaba rodeada por un grupo de hombres bastante mas jóvenes, que deberían rondar los 30. Vestían con bastante clase y me sentí bien admirada cuando el más cercano a mi, me dedicó una sonrisa muy atractiva, mientras me repasaba de arriba abajo.


Me sentí bien, pero también un poco avergonzada, y estuve tentada de salir de ahí, pero me relajé y pensé: -, relájate y disfruta. ¿No me dice mi marido que no es celoso?

El siguiente tema fue subiendo de ritmo, y la gente íbamos juntándonos más y más. No me percaté del momento exacto, pero de repente fui sensible y sentí alguien detrás de mi. Me gire levemente y ví que era un joven que sin previo aviso iba cada vez mas restregandose contra mi trasero. Volví a mirar al concierto como si no le diera importancia.

La primera reacción fue quedarme quietecita al notarlo, pero la música no me dejaba estar quietos y él se comenzó a frotar como disimulando al ritmo de la música. Yo me resigné a sentir como el chico se estaba dando el lote con mi trasero. Y a mi me agradaba la sensación. Nunca había estado con otro hombre desde que conocí a mi marido pero aquella novedad me excitaba.

Por un momento se me congeló la sangre cuando vi a mi marido a unas pocas cabezas de mi observándome directamente y sonriéndome con una copa en la mano. Le hice un leve gesto que él interpreto muy rápidamente de lo que estaba sucediendo. Su respuesta me calentó porque me dedicó un guiño de ojo mientras subía su copa en alto y me dedicaba un brindis en la distancia.


El joven que seguía detrás mío, poco a poco iba apretándose más y más. Yo me estaba calentando con la situación, y mi marido seguía sonriéndome. Era un trio en la distancia de emociones. Lo que siempre había deseado mi marido y yo le había negado.

En estas me volví a meter en la música y vi que la canción pedía las manos en alto y la gente estaba con el símbolo de cuernos con los brazos extendidos. Aproveché y  le dediqué mis manos alzadas a mi marido, mientras mi compañero trasero ya estaba bien pegado a mi e incluso ya me agarraba con una mano por la cintura.

Por un momento, olvide mis limitaciones y creencias y disfrute del momento. Si mi marido lo  estaba disfrutando de lo Lindo,  no iba a cortarle yo el rollo a ese muchacho, ni a mi que ya estaba humedecida.

Los toques del muchacho se hicieron cada vez más intensos y sentí su verga bien crecida entre mis nalgas, entonces comencé a moverme a ritmo con él.

Me agarró fuerte y noté como empujaba su miembro, mientras con una mano ya me estaba tocando toda una teta. Por un instante intenso me apretó contra él. Noté los movimientos de expulsión de carga de su verga mientras me suspiraba en mi oreja. Luego se relajó y me soltó, entendí que ya se había corrido.

Yo me había quedado muy caliente, así que me acerqué a mi marido. Le besé, y le dije al oído: - me han dejado a medias, estoy muy mojada. ¿Vamos a casa?
- a mi también me ha puesto mucho el espectáculo. Pero quiero ver el concierto.
- pues disfrútalo. Tú te lo pierdes.

Me separé otra vez unos metros y esta vez fui yo la que se metió en medio del grupo de hombres. Me puse delante de otro muy atractivo con su camisa blanca, y me dediqué a bailar. La escena no tardó en repetirse. Enseguida noté un miembro pegado a mi trasero. De hecho ni les miraba. No me importaba. Le estaba dando placer y él a mi. Esta vez fui un paso más adelante y al momento de notar su mano en mi cintura,  metí la mía en los pantalones de él. La gente estaba entusiasmada con el concierto y nadie se daba cuenta. Nadie a excepción de mi marido que seguía allí sin perder detalle aunque no creo que viera nuestro juego bajo.

Note una verga dura y grande en mi mano. Se intuía bastante más grande que la de mi marido. La agarré con fuerza. El se apretó a mi y me besó el cuello. Una de mis debilidades. Y mientras podíamos por el poco espacio que había, y nos movíamos un poco al ritmo, me dediqué a hacer una paja a aquella dura verga que disfrutaba en mi mano, mientras su mano ahora ya estaba jugando con mi pezón.

No tardo mucho. ¿Qué le pasa a estos Hombres?
El hombre se acercó a mi oído y me susurró en un tono de placer un - me corrooooo... Que me encantó. Mi mano estaba rodeando la punta de su miembro, y noté la descarga caliente en mi mano.

- gracias, preciosa. Es lo único que escuche en mi oreja, mientras me daba un beso en mis labios superficial, y desaparecía entre la multitud.

Me acerqué a mi marido con una sonrisa y le volví a susurrar y exigir  al oído:
- estoy más caliente. Llévame a casa y fóllame. Estoy muy mojada.
- cuando acabe el concierto, mi amor. Queda poco.
- ¿me lo prometes?
- por supuesto.

Le extendí la mano para estrecharla con él a modo de pacto entre los dos. Y él también hizo lo mismo.
Nos dimos la mano fuertemente, mientras le miraba a los ojos con una sonrisa y ví  su mirada asombrada al notar mi mano caliente y húmeda fruto de otro hombre, mientras levantaba la otra mano con el símbolo de cuernos señalándole:

- pues tu mismo, hasta que acabe voy a ver el concierto allí que se ve mejor.

  Y volví a desplazarme  donde aun quedaban 3 hombres del grupo anterior. Quedaban 6 canciones para acabar el concierto.

Una ecuación  que hacia  encajar perfectamente mis matemáticas.





De Carambola (R3)

Este es el tercer relato de la nueva serie de relatos eróticos con final sorpresa. 
Tema propuesto por Alicia Prados: Mi historia quiero que hable de Andres, jugador profesional de billar, de Jaime, coctelero, Carolina, cocinera y casada con Juan, taxista. Ala, jeje, es en Valencia.


Carolina agarró su bolso, abrió la puerta del taxi y salió. Se miró el moderno hotel de arriba abajo y entró sin decir nada más. Juan, su marido, taxista de toda la vida, la acababa de dejar allí. Juan siempre la llevaba al restaurante donde trabajaba ella desde hacía cinco años. Pero esta vez, excepcionalmente el servicio del restaurante era en un hotel.

Se celebraba la entrega mundial de premios del campeonato mundial de billar americano, y ella estaba dentro del equipo de cocina para servir el catering.

Cuando llegó saludó a Jaime, su compañero de trabajo desde el mismo día que entró ella a trabajar en la empresa. Jaime era cocinero de profesión. Tenía la misma edad que ella, 45 años. Por las mañanas trabajaba con ella en el restaurante, pero por las noches hacía de coctelero en un local de moda de la ciudad de Valencia. No era por placer, pero su economía le obligaba a trabajar doble para poder financiarse una deuda acumulada años antes.

La tarde avanzaba con los preparativos del cátering. A Carolina se la veía seria, y Jaime no tardó en percatarse.

- ¿Estás bien?
- Si, si. Un poco nerviosa.

Jaime sonrió un poco mientras se acercaba a ella:

- No te preocupes. Estaré cerca por si me necesitas. Le dijo guiñándole un ojo.

Los invitados empezaron a llegar y poco a poco se iba llenando la sala de actos del hotel.

El jefe de cocina entró en la sala de preparativos y en un tono muy alto avisó que el evento estaba apunto de empezar. Preguntó si lo tenían todo preparado. Todos respondieron afirmativamente. Acto seguido hizo señas de empezar el servicio.

Los camareros y camareras salieron alineados de la cocina con bandejas repletas de canapés y aperitivos.

La fiesta fue avanzando entre risas, música, charlas, etc.
A las nueve de la noche puntuales, se hizo un silencio en la sala. Un hombre trajeado cogió el micrófono y se dirigió a todos los asistentes desde una especie de escenario montado en un lado:

- Buenas tardes. Gracias por venir a la entrega de los premios de la liga profesional internacional de Billar Americano.
Como presidente de la Federación Española, quiero dar la bienvenida a todos los participantes. Este año. tenemos la suerte de celebrarlos en España, y doblemente afortunados porque el campeón también es español.

Carolina iba sirviendo canapés por las mesas mientras de reojo observaba el acto y prestaba atención a todo lo que sucedía.

El acto fue avanzando, haciendo entrega de diversos premios, hasta que llegó el momento final más esperado en la sala.

- Por primera vez en la historia, tenemos un campeón mundial español, y no quiero retrasar más este momento. Demos la enhorabuena a Andrés García Delmonte, nuevo campeón mundial de Billar Americano 2017.

Los aplausos sonaron con fuerza en la sala, mientras el campeón se dirigía al escenario a recoger su premio conseguido.

Carolina en este momento se quedó pasmada en un rincón mirando la escena. Cuando el campeón subió al escenario, ella se quedó inmóvil. Andrés parecía un deportista de élite pero más de algún otro deporte que no de billar. Vestía un chaleco y se le marcaban los músculos. De color muy moreno, era un hombre de lo más atractivo. Andrés era bastante más joven que ella. Calculaba que rondaría los 30 años. Carolina prestó atención a escuchar lo que iba a pronunciar ya con el micrófono en la mano.

Cuando se silenciaron los aplausos y gritos de euforia, Andrés empezó el discurso:

- Gracias a todos. Ha sido un año muy duro, y no ha sido nada fácil ganar este campeonato. Aún no me creo que esté aquí. Lucharé para repetirlo más años.
Acepto con mucho gusto este premio en metálico ...

Le hicieron entrega de un maletín mientras Carolina se preguntaba cuanto dinero habría allí.

Andrés siguió su discurso:

- Como ya he dicho en alguna ocasión, voy a ingresar la mitad del premio a la fundación de ayuda de enfermos terminales. Quizás pueda ayudar a que algunas personas terminen su vida mejor gracias a mi esfuerzo. Así que 500.000 euros irán a la Fundación. 

Una ovación se hizo en la sala. 

Carolina hizo un gesto entre  alivio, asombro y admiración.

- Un millón de dolares era el premio y dona la mitad. Pensó ella. - Guau.

Andrés se le veía muy humanitario, sencillo. Pensó Carolina. Eso le daba un punto más de atractivo.

- Con el resto del premio, tengo suficiente para vivir bien un tiempo. Añadió. - De todas maneras, lucharé para volver el año que viene a por otro premio. Exclamaba mientras dedicaba una inmensa sonrisa a todos los presentes enseñando el maletín con el brazo alzado, mientras el público aplaudía sin cesar.

Carolina se sobresaltó cuando Jaime le preguntó al oído:

- ¿Te gusta?
- Ostia, Jaime, que susto. Pues no está mal el Andrés este.
- ¿Seguimos para adelante?
Carolina se quedó pensativa durante unos segundos mientras miraba al escenario. Interrumpió su silencio con un
- Si. Adelante.

Jaime le dedicó una sonrisa y le hizo un gesto de brindis con una de las copas que llevaba en la mano.

...

Eran las once de la noche. La sala estaba vacía. Carolina salía recién duchada y vestida con una falda corta, medias, unos impresionantes zapatos de tacón y una blusa escotada. La transformación de ella había sido tan magnífica que Jaime cuando la vio aparecer hizo un gesto de iluminación en su rostro.

- Uauuu. Estás terriblemente sexy. Bufff.
- Gracias. ¿Te gusta? ¿Lo ves excesivo? No sé. Estoy muy nerviosa.
- Tranquila. Déjate ir y disfruta. ¿Has avisado a tu marido a que hora llegarás?
- Si. Le acabo de avisar.
- Bien. Entonces tranquila. Yo estaré aquí en recepción tal como te prometí. Tendré el coche en la puerta para llevarte a casa. No sufras. Cualquier cosa me llamas.
- Vale. Gracias Jaime. Eres un buen amigo. Le dio un beso en la mejilla.
- Tonta, calla. Sabes que te quiero un montón. En fin. Es la 712.
- 712. Ok. Gracias.

Carolina se dirigió al ascensor del hotel. Entró y marcó la séptima planta.

- Toc, toc, toc.

Tras unos segundos de silencio, la puerta 712 se abrió. Carolina respiró hondo.

- Hola. Pasa.

Carolina pasó mientras Andrés cerraba la puerta tras ella.

- ¿Una copa?
- Sí. Por favor.
- Así que tu eres la mujer tan especial de la que me habló Jaime. No me has defraudado a primera vista.
- Gracias. Tu tampoco.
- Jaja, gracias mujer. Se agradece el piropo. Bien. Si te parece te doy lo tuyo y así nos olvidamos del tema.
- Mm, si. Gracias.

Andrés le entregó un sobre bastante lleno. Carolina lo agarró con nerviosismo. Se notaba porque las manos le temblaban. Lo abrió un poco e hizo una sutil expresión de felicidad.

- Puedes contarlo, si te parece.
- No, no. Me fio.
- Bien, pues la copa que te prometí, le ofreció Andrés mientras le hacía un gesto para que se acomodara en el sofá.
 Carolina guardó el sobre en el bolso y se sentó en el sofá. Estaban en una suite que se ofrecía muy amplia.

- Así que haces esto por primera vez.
- Si. Bueno no. Por primera vez con un extraño. Ya me entiendes.
- Jaja, si claro. ya imaginaba que no eras virgen. ¿Y tu marido?
- Está en casa. Le dije que tenía trabajo. Imagina.
- Jajaja. Afortunado yo. Y él que te tiene cuando quiere.
- Si, no sé.

Andrés se acercó con la copa y la ofreció a modo de brindis.

- ¿quieres hacer un brindis por tu marido?
- Mmmm, no sé. Bueno. Que raro. Vale. Le quiero mucho.
- Pues por él, y por ti !
 Chin. Sonaron las copas al tocarse, mientras Andrés aprovechó y puso su mano encima la rodilla de Carolina.
Se le aceleraron las pulsaciones. Nunca había sido infiel, y  hacía muchos años que ningún otro hombre la tocaba.
Andrés dejó la copa encima la mesita central y le acarició el pelo, mientras se acercaba a besarla.
Carolina cerró los ojos y se unieron en un profundo y húmedo beso. Ella hacía años que no sentía aquella sensación y notó como su entrepierna se humedecía de una manera muy rápida.

Estuvieron un par de minutos besándose como si fueran realmente dos enamorados. Ella no se atrevía a hacer nada que pareciera que llevaba la iniciativa. Se dejaba llevar y aprovechaba que él tenía un buen conocimiento práctico en dar besos para disfrutar el momento. 

Andrés se separó de golpe. Se levantó y fue donde había un equipo de música. Simplemente lo encendió.

Carolina, que había quedado desconcertada, finalmente lo entendió. Cuando la música empezó a sonar, le hizo un gesto a ella para que le siguiera.

Andrés entró en la habitación. Ella tragó saliva, pero decidida entró. Cuando le vio allí tumbarse en la cama sintió que ya no había marcha atrás.

Él, mirándola con una sonrisa y todavía con su camisa blanca impecable, le dijo:

- Desnúdate lentamente para mi.

Carolina por un momento sintió vergüenza porque no se consideraba ninguna experta en ello, y sentía que había alguna parte de su cuerpo que no se sentía orgullosa, pero accedió pasando a la acción.
Empezó desabrochándose la blusa pero sin llegar a abrirla del todo. Él sonreía.

A ella le parecía de lo más irresistible cuando él sonreía y eso la excitaba a seguir.

Mientras se iba moviendo lentamente al ritmo de la música, iba pensando en los años que no hacía eso para su marido. A su marido le gustaba mucho el sexo y se entendían muy bien en la cama, pero con los años, la cosa había ido enfriándose un poco. A su marido le excitaban algunas cosas que a ella no le motivaban hasta ese momento, pero estaba pensando que quizás eso iba a cambiar en adelante.

Carolina iba a sacarse los zapatos de tacón, pero él, Andrés, le hizo un gesto negativo. 
- Quiero que te quedes con los zapatos y las medias. Hizo un silencio, y añadió ...
- Solamente.

Ella obedeció y acabó su trabajo bajándose la falda y sacándose la blusa. Los pechos de ella estaban de muy buen ver, y ella lo sabía, así que jugó con ellos un poco ocultándolos  para no descubrirlos a la primera.

Cuando los hubo dejado al descubierto, él se abalanzó como un poseso a chuparlos mientras ella le cogía y acariciaba el pelo.

No pasaron muchos minutos, que entendió que debía sacarle la herramienta a él de los pantalones, ya que le marcaban muy apretados.

Cuando ella se arrodilló en el suelo al borde de la cama, él entendió lo que quería. Se acercó, y ella le desabrochó los pantalones y se los bajó.

Apareció un slip muy apretado. Y no dudó ni un momento en bajarlo. Tenía ganas ya de ver lo que hacía tanto rato esperaba.

- Ostras ! Sólo se le ocurrió exclamar cuando la vio entera.

Andrés solo pudo sonreír y mostrarse orgulloso.

Lo que ocurrió allí las siguientes dos horas os lo podeis imaginar. 

Carolina besó por última vez a Andrés, antes de recoger su bolso y salir de la habitación. Andrés se quedó tumbado bastante exhausto.

Andando por el pasillo del hotel y notando que todavía le temblaban las piernas. Pensaba que hacía muchos años que no sentía una verga tan vigorosa como esa, y capaz de haber repetido tres veces casi seguidas. Se sentía orgullosa.

Cuando cogió el ascensor, encendió el móvil y le envió un mensaje a su marido Juan:

- Ya salgo. Te amo.

La puerta del ascensor se abrió y allí estaba él. Jaime. Sentado en los sofás de recepción leyendo una revista. Se le acercó decidida.

- Hola.
- Uff, que susto. Sí que has tardado. ¿Todo bien?
- Sí. perfecto. Gracias Jaime.
- De nada. Vamos. Tengo el coche en la puerta. Te llevo a casa. A esta hora en 5 minutos estaremos allí. ¿Has avisado a tu marido?
- Si. le acabo de enviar un mensaje. 
- Pues vamos. No tardemos más.

Carolina abrió el bolso, y hurgó dentro de él justo en el semáforo antes de llegar a su casa. Cuando Jaime paró delante de su casa, ella le entregó 15.000 € sin dejar que él reaccionara. 
- Gracias Jaime. Eres un buen hombre y amigo. Cancela tu deuda de una vez, que no te deja respirar. No me digas nada. Te lo mereces. Y dándole un beso suave en los labios, y antes que pudiera reaccionar, abrió la puerta y salió del coche.

Se plantó delante de su casa. Había luz en su piso. Subió.

Abrió la puerta lentamente. Era la madrugada y no era cuestión de hacer ruido. Por un momento pensó que quizás, Juan, estaría dormido.

- Hola cariño. 
- Ah, hola. ¿Todavía despierto?
- Por supuesto. Faltabas tu. ¿Me has traído lo mío?
- Sí, tal como te prometí. Y tu, ¿tienes mi dinero?
- Claro. Recuerda que he hecho una carrera extra cada día desde hace un año para poder reunir el dinero. 5.000 euros tal como me exigiste.
- Que ricura. Pues vamos. No pierdas más tiempo.

Juan se tumbó en el suelo en medio de la alfombra del salon mientras se desabrochaba el pantalón.
- Dame lo prometido.

Carolina se esperó a que él se hubiera sacado los pantalones, para quedarse de pie justo encima de su cara. 
- ¿Estas preparado?
- Si, claro.

Carolina se bajó las bragas todavía chorreantes, y las dejó caer encima de él.
Él las agarró como un poseso y las empezó a oler, mientras ella fue testigo que él estaba teniendo una brutal erección al momento de olerlas.

- ¿Quieres saber cuántas veces?
- Mmm, si, respondía él mientras la miraba sumisamente y viciosamente.
- Tres veces se ha corrido. Y mucho. Era joven.  ¿quieres probarlo?

No le dejó ni tiempo a responder. Carolina se sentó sin pensarlo encima de él, poniendo su sexo empapado en su boca.
Juan se corrió casi al instante, casi sin tocarse, pero ella siguió allí sentada moviéndose al ritmo de la lengua de él. Le estaba gustando la situación y volvía a sentirse excitada y triplemente lubricada.

Cuando hubieron terminado y ya se acostaron en la cama abrazados, él le preguntó:

- ¿Qué harás con los 5.000 euros míos y los 5.000 que te han pagado?
- Los donaré a una fundación de ayuda a enfermos terminales. 
- Que buena eres. Siempre pensando en los demás.
- No lo sabes tu bien.


A la mañana siguiente, durante el desayuno, Juan estaba viendo las noticias en el móvil, cuando ella le sirvió un café.

- ¿Has visto esto? El campeón de billar ganó ayer 1 millón de euros y dio 500.000 a la misma fundación que tu darás tu dinero. Que casualidad. Aquí le hacen una entrevista y dice que tal como había prometido, daría la mitad del premio a la fundación, y que se gastaría 50.000 euros en una noche de lujuria. Vaya friki de tio !.

Carolina mientras le escuchaba con atención y mostraba una enorme sonrisa recordando la noche anterior, abrió su bolso y observó que tenía 40.000 euros en total.

Le preguntó a su marido:
- ¿Friki él? ¿Y eso me lo dices tu, después de lo que me habías pedido? ¿Te ha gustado?
- Mmmm. Si. 
- Pues creo que a mi también. Repetiremos otro día, que me encanta hacerte trabajar extra. O quizás te lo haga gratis. ! 



Ahora rcuerda que si quieres un relato personalizado, puedes dejar los detalles de personajes, escenario, etc en un comentario. Quizás sea el próximo relato.