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Una sorpresa muy breve

Mi mujer y yo jugamos en el sexo.

Cuando encontramos un relato erótico que nos gusta, lo llevamos a la practica, personalizándolo a nuestra manera. Nos gusta interpretar otros papeles. Casi siempre en hoteles, porque en casa es difícil tener privacidad suficiente para ello. No lo hemos hablado pero creo que a los dos nos gusta mucho, y realmente nos metemos muy bien en los papeles.

Ese día habíamos pactado que llevaríamos a la practica un relato de voyeur al dormitorio del hotel. 

Yo estaría en la habitación, ella me enviaría un mensaje para que me preparara. Yo me metería en el armario, previamente estudiado que fuera amplio, y tuviera una buena visión de la cama por la rejilla de la puerta (no todas las habitaciones son buenas en eso). Me metería desnudo en el armario. Me acomodaría allí. Y ella llegaría unos minutos más tarde, se desnudaría y se masturbaría en la cama. Yo me estaría masturbando en el armario sin hacer ruido, y al final, ella me sorprendería, y yo accedería a lo que ella me pidiera. 


Ese era el plan previsto, pero a veces la vida (o tu mujer) te da sorpresas, y no sabes como reaccionarás a ellas. 

Cuando recibí el mensaje, me metí en el armario, completamente desnudo tal como habíamos pactado. 
Ella llegó, tal como estaba previsto, pero llegó hablando con alguien. Desde el armario no podía ver aún nada, y me quede helado. La adrenalina se apodero de mi cuerpo. Una nueva sensación de vulnerabilidad y morbosidad. Yo allí desnudo oculto.

Su conversa era de lo mas picante. A el no le escuché, pero a ella claramente. Escuche como le decía que se desnudara. Como le tiraba piropos por su cuerpo, etc.

Quizás él no existía, pensé, pero no podía arriesgarme a salir. Pensé que fuera lo que fuera, iba a relajarme y disfrutar la ocasión.

Finalmente pude verla a ella pasar por delante del armario varias veces. Cada vez con menos ropa.

Mis nervios iban en aumento.

Escuche mi mujer como le advertía que apagaría la luz. - Clic -

- que cabrona, pensé. 

Tuve que estar allí escuchando lo que ella le decía imaginándome todo, mientras me tocaba ahí vulnerable.

Mi mujer había puesto música en el ambiente y era dificil escuchar con claridad.

Por suerte, escuche como ella se corría, y gozaba de que el también lo hiciera. Le decía cosas guarras, de las que nos ponen.

No pasaron más de unos pocos minutos, y después de unos ruidos y un corto silencio, escuché como le despedía con un beso en la puerta. Abrió y cerró la puerta.

- Clic.  Encendió la luz.

Ella regresó a la cama, y se siguió acariciando. Pasado un minuto, me dijo con voz alta claramente para mi:

- ¿ qué ? Vas a seguir ahí metido o quieres ver a tu mujer como ha quedado?

Salí despacio del armario. Nervioso.  Ella estaba tumbada y con restos  de corrida o crema muy sugerente por todas partes. 

- ¿te lo has pasado bien ahí dentro?  O prefieres limpiarme y acabar lo que el otro no ha acabado.


Compromiso real y cremoso


Unos meses atrás.

No estoy realmente seguro de cuándo comenzó todo esto o por qué, pero en algún momento tuve la idea de que quería comer su sexo después de haber tenido relaciones sexuales conmigo. Me encantaba la idea y repetidamente se lo pedía. A ella y a mí nos encanta lo oral (¡tanto dar como recibir!).

Pero me sorprendía el porque lo deseaba tanto y luego a la hora de la verdad me echaba para atrás en el momento concreto. Desde luego, creo que no es agradable el pensar en recibir semen en tu boca, y aunque siempre he sido muy abierto a experimentar, me auto reprochaba y auto criticaba cuando se suponía que a ella le debería de entusiasmar recibirlo, pero yo era incapaz. O al menos eso nos había inculcado la sociedad.

Un día lo mencioné una noche en la cama teniendo sexo y en un calentón. Recién bañada, y le estaba  saboreando su  recién afeitado y suave coño.
- ¿Sabes lo que me gustaría probar?

La vi tensarse un poco porque mis ideas parecen estar cada vez más pervertidas a medida que pasan los años, y no siempre esta tan abierta en las ideas como yo. 

- No, ¿qué te gustaría probar alguna vez?" Respondió, medio divertida y medio sarcásticamente.
No dije nada de inmediato, pero pasé de lamer su clítoris a deslizar mi lengua suavemente pero con firmeza, profundamente dentro de ella y golpeando su punto G. "Mmmmmm", se estremeció suavemente.

Continué por un minuto, luego la miré.  Tragué saliva.

- Quiero follarte bien duro y profundo como te gusta, y después que me corra, quiero que me hagas comer tu coño. Sé que no voy a querer hacerlo después de que me corra, porque me baja la excitación de golpe, pero es por eso que quiero que me lo ordenes y  lo disfrutes conmigo. Necesito hacerlo para que veas y sientas lo mucho que te quiero y te deseo, y para demostrarte que cualquier cosa que me pidas la haré realidad y la disfrutaré. Sé que me va a gustar. Estoy convencido porque ya hemos jugado a eso alguna vez esporádica.

Ella no estaba esperando eso. No sé lo que esperaba, pero no era eso precisamente. No estaba realmente seguro de cómo se sentía acerca de esa idea. Pero yo me había sacado un peso de encima.

Continué mi explicación diciendo:
- Es por eso que necesito que me ayudes obligándome a hacerlo. Si lo haces, estoy seguro que me gustará. y espero que te guste a ti también ". Me gustaría llevar esta practica a mis habituales servicios sexuales hacia ti.

Me miró  algo escéptica. Pero volví a comer su sexo con renovado fervor después de confesar mi nuevo deseo. Chupando su clítoris y lamiéndola por todas partes, por dentro y por fuera. Mi polla dura como una roca goteaba liquido seminal de mi emoción y ella lo advirtió.

Puso una sonrisa diabólica y mientras le comía, me agarró la cabeza y me preguntó directamente: 
- ¿Así que quieres comer mi coño lleno de leche, eh? Sí? Mmmm ... ¿Quieres esa crema caliente y húmeda en tu boca? chúpame ... . La tendrás. Te lo prometo


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Ya habían pasado algunos meses, y precisamente se acercaba mi cumpleaños. Reservé un hotel muy encantador, y tenia planes de no salir de la habitación por toda una tarde y noche. Pensé que ese lugar y día serían perfectos para empezar mi nuevo hobby, pero todo dependía de ella. Necesitaba desconectar como terapia, y necesitaba hacer algo nuevo. Provocador, excitante, morboso, que me hiciera olvidar la rutina diaria. Los últimos diez días no hice sexo ni me masturbé a propósito. Al principio me costó pero a medida se iba acercando la fecha me emocionaba más, y aunque en algunos momentos me había tocado y estuve cerca de descargarme, aguanté para llegar a la ocasión lleno. Quería estar con una muy buena carga. Sí, había visto fotos, y andaba muy caliente esa semana, pero resistí la tentación por el premio que esperaba recibir el fin de semana. 

Ella pudo ir antes al hotel, porque yo tenía que hacer unos encargos en el pueblo. Ella había tenido tiempo de darse un baño caliente, y prepararse bien a fondo. Cuando llegué y me abrió la puerta, todo el cuerpo se me erizó. El día había llegado.

El verla con botas altas de tacón, su conjunto, su látigo con una verga en el mango, su pelo recogido como cola de caballo, etc. 

Una verdadera Diosa ante mi.



Me puso caliente muy rápidamente, eso no es muy difícil, pero esa vez su vocabulario era más sucio y directo de lo normal. Y a mi me encendía eso.

- Arrodíllate ante tu señora.  Fue lo único que dijo.

Me arrodillé ante sus botas. Era mi Diosa. 

- Sirveme una copa. Vamos a celebrar algo muy especial.

Me levanté y fui a la nevera, saqué la botella, dos copas y la abrí. Me dí cuenta que había comido algo. Todavía estaba la bandeja y los cubiertos. Supongo que se dio cuenta de que lo había visto.

- Ya he comido. ¿Y tu? Me preguntó en tono superior.
- No.
- Bien. Te daré yo la comida hoy, no te preocupes. Mejor que estés hambriento. Dijo con una sonrisa en sus labios muy morbosa.

El tapón salió muy rápido, casi tan rápido como yo podría correrme, pensé. 

Le ofrecí la copa. 

- Quiero brindar por mi marido, que se va a convertir en mi limpiador privado y personal de mi cuerpo, de ahora y hasta que la muerte nos separe.
Me ofreció la copa con una sonrisa que no olvidaré en mi vida. 
- ¿Aceptas? Me preguntó.
- Si. Mi Diosa. Acepto.

De esta manera tan simple habíamos celebrado una especie de ceremonia privada con mi nuevo rol.
Bebimos en señal de aprobación por ambos mirándonos a los ojos directamente.

Se sentó en el borde de la cama, y se abrió de piernas ofreciéndome el mayor espectáculo del mundo.
- Empieza tu tarea. 

Los siguientes minutos los pasé arrodillado haciendo el nuevo trabajo que me encantaba, y ella hablándome con la copa en la mano mientras iba dando cortos sorbos. Era un lenguaje directo, sucio, que me excitaba como nunca. 

Pasados unos minutos me ordenó sacarme toda la ropa. 

- Fóllame toda. Necesito tu polla pero no quiero que te corras aún. Sé que estás muy caliente.

Me posicioné encima de ella e introduje mi pene dentro repetidamente y con fuerza. Toda mi longitud se hundía en ella con poca resistencia en ese momento. Ella también estaba muy mojada. Casi llegué a correrme en ese momento, pero no quería acabar tal como ella me había ordenado. 
Sentí que su coño podría explotar en un gran orgasmo. 

Le estaba dando fuerte y a buen ritmo. Preparándome para correrme también, pero me detuvo y en un tono directo y autoritario me dijo:

- Quítate de encima y recuéstate de espaldas.

Me miró con entusiasmo y rápidamente hice lo que me pedía. Todavía esperando su primer orgasmo se levantó y me montó en sus caderas. Estaba tratando de meter mi miembro dentro, pero no me dejó.

Me miró fijamente hasta que supo que tenía toda su atención.


-Ahora escúchame y escucha bien.  Me rogaste que te hiciera comer mi coño después de que te corrieras, así que eso es lo que vas a hacer. No me importa si pierdes el deseo de hacerlo después de que te corras, Lo voy a hacer y no hay forma de impedirlo. Me apetece.
Has aceptado ser mi limpiador privado, siempre que lo necesite. A partir de hoy esta será la nueva droga que tomarás y me demandarás. ¿entiendes?


-"Si mi amor." respondí, asombrado.


- Sé que estás hambriento, así que aquí tienes tu comida. 

Mi frente estaba cubierta de sudor ahora. Con cada una de sus palabras mi excitación se multiplicaba.

Me tenía a su antojo. En ese estado de excitación que podría hacer cualquier cosa conmigo. Le encantaba tenerme así. Se siente tan poderosa en ese momento, y tan sexy y deseable.

En ese momento antes de mi orgasmo, aceptaría cualquier cosa que me propusiera. Estoy seguro.

- Bien. Ahora solo para que sepas qué espero en este momento, voy a montar tu gran polla dura hasta que te corras, y luego voy a montar mi coño lleno en tus labios. Esa va a ser tu comida de hoy. Disfrútala. Y si puedes haz que me corra.

Dicho eso, lentamente se bajó sobre mi pene, dejando en claro que sería ella quien controlaría el ritmo junto con todo lo demás ahora. Una vez que estuvo completamente dentro, lentamente y suavemente se inclinó hacia adelante y hacia atrás para provocarme el orgasmo. Gemí ante esto, pero el impacto real vino con lo que dijo a continuación:

- A veces los sueños se cumplen. A partir de hoy, estarás limpiándome la corrida de mi empapado coño con tu boca cada vez que yo quiera o lo desee, o de cualquier parte de mi cuerpo, si se me antoja. Nunca vas a negarte. Y cada vez más vas a necesitar esta nueva droga.

Mi polla estaba ahora pulsando solo de escuchar esto. Entonces comencé a mecerme más y más fuerte, y también a subir y bajar. Podía sentirla punto de explotar.

- Puedo sentir tu palpitación. Quiero ordeñarte hasta la última gota para asegurarme de tener un buen chorreo de leche goteante y caliente para que te alimente bien.  
Al decir esta última palabra, golpeó sus caderas y me montó duro y rápido. Fue solo un minuto  antes de que estuviera aullando y descargando mi enorme carga, llenándola toda. Los días de pausa habían valido la pena para poder dar una suculenta y enorme carga de leche.  Una vez que sintió el pulso final de mi polla expulsando lo último dentro de ella, se deslizó, puso mis brazos debajo de sus piernas y bajó su sexo cremoso y caliente  justo delante de mi cara. Se puso dos dedos dentro y se acarició a escasos centímetros de mi cara. La escena era muy sugerente. Le cogí los pechos y los estrujé entre mis manos. 

- ¿Tienes hambre? Es hora de comer.

Ella se dejó caer y me llenó la boca con su coño chorreando.

No me tiró para atrás como anteriores veces porque lo consideré morboso, y realmente me estaba alimentando ya que tenía mucha hambre y porque ella estaba muy caliente y disfrutando de mi chupada. 

- Ahora cómetelo todo y  déjame bien limpia. Chúpame todo tu semen y hazme correr.

La chupada que le estaba dando ahora era incluso más intensa que antes, mucho mejor de lo que esperaba o había imaginado antes. Fue un punto de inflexión en nuestras vidas sexuales, y ya no había vuelta atrás. Nos enganchamos a eso. De ahora en adelante necesitaría comer su coño relleno siempre que pudiera. Realmente era una droga para mi, y creo que para ella también.

- Mírate, te encanta. Pon tu lengua dentro de mí y chúpalo todo. Más profundo.
¿Ahora que me ha gustado, perderás el interés en el futuro?

Habían pasado unos minutos haciendo mi trabajo y me miró abajo para echar un vistazo a la acción.

- ¿Cuántas veces he chupado tu polla y tragado todo tu esperma en los últimos años? Al principio lo odiaba pero ahora me encantaba, y ahora hemos descubierto que tu los vas a necesitar de ahora en adelante.

Apenas podía creer cómo habían cambiado las tornas, o cuánto me encantaba a mi ahora. Me encontraba en completa sumisión, y ella se  sentía poseída por un demonio de poder. Realmente me estaba enganchando a esa nueva droga.

Se dio la vuelta y se puso abierta de piernas apoyada en la almohada. Cogió la copa que habíamos bebido y dejado en la mesilla, y mientras se deleitaba del agrado del sabor de la bebida, me sugirió nuevamente:

- Ten. Come de tu señora.  




No intentaba conscientemente tener un tono dominante  pero sin embargo salió de esa manera, y esas palabras me dejaron sin respiración. Cogió su copa y a modo de brindis, una vez más, me dijo:

- Espero que estés disfrutando tanto como yo. Ahora eres mi marido obediente que se come lo que yo le diga. Antes de esta noche, nunca hubiera pensado en hacer esto, pero he encontrado mucho placer en ello. Y ahora, no solo quiero alimentarte del semen de mi coño cada vez que follemos, si no que quiero hacerlo mucho más a menudo. Muy a menudo. Así que espero que estés preparado para esto.

Sus  impulsos animales se habían apoderado por completo ahora.

- Has despertado a una Diosa del Sexo en mi pero sé que estás envejeciendo y ya no tienes la fuerza que tenías con 30 años. Es posible que no puedas producir tan rápido como yo necesite, así que si es necesario, encontraré otras fuentes para asegurarme de tener un suministro constante para ti. Sé que vas a necesitar tu dosis de droga. Hombres del Gimnasio, vigorosos  jardineros, compañeros de trabajo, amigos tuyos o quien yo desee y vea con vitalidad joven. Los veo que me miran constantemente, así que estoy segura  que no dudarían en llenarme de esperma si yo quisiera. 
Así que no tengo que preocuparme de que 'pierdas el deseo o la fuerza necesaria' de caer sobre mí dormido después de que te corras. ¿has entendido bien? 

Y me ofreció nuevamente la copa en alto a modo de brindis con una sonrisa maléfica.
- ¿Te parece bien lo que te digo?  ¿Lo has entendido bien? No olvides que esta fue tu idea, tu fetiche, y no quisiera privarte. Solo quiero tu felicidad.

Ni siquiera tuve que decir mi respuesta.

-No hace falta que contestes. Ya veo tu respuesta. Tu polla habla por ti.

Realmente mi excitación había crecido y volvía a tener nueva erección, y sabía que eso a ella la iba a hacer muy feliz.

- Veo que la comida que has tenido te ha dado fuerzas para repetir. Voy a tener que darte más a menudo tu comida.


PostFinal -----------------------------

- Como te has portado bien, te mereces un buen postre. Te he comprado unos bombones de los que te gustan. 

Me enseñó un bombón negro redondo y lo untó en su sexo para que quedara cremoso.

- Toma, tu postre....

- Y supongo que después del postre te apetecerá un café. He visto que tenemos una cafetera nespresso con cápsulas en la habitación .

- Si, me apetece un café.

- Jajaja, me parece perfecto. A mi me apetece un café con leche, pero tenemos un problema. No tenemos leche.

Dijo con una sonrisa diabólica mientras me miraba mis partes bajas.



Un Concierto de Rock muy húmedo (R4)

Hacía tiempo que no salíamos con mi marido. Entre los trabajos, la agenda, las actividades, los hijos, etc, había hecho que la agenda se llenara de tareas que habían impedido salir como pareja.

Esa noche había un concierto de rock de un grupo muy bueno y conocido, y pensé que seria una buena ocasión para sacar mis mejores prendas de rock y volver a sentir la energía de la juventud. Siempre se fustraban los planes a última hora, y esperaba que esa noche no ocurriera.

Mi marido trabajaba hasta la medianoche, pero habíamos quedado en la puerta de la sala de conciertos, ya que quedaba a medio camino entre casa y su trabajo.

Esa tarde y noche invertí un tiempo en mi misma. Había ido a la peluquería, y me dispuse a hacer una buena siesta para estar fresca y radiante por la noche.

Después de cenar me di un baño, y me dispuse a vestirme de la manera más sexy que podría aportar.

Aquella noche estaba dispuesta a conseguir que más de uno se girara al verme. Lo necesitaba. Necesitaba sentirme viva y deseada nuevamente.

Así que salí de casa enfundada en mis pantalones negros ajustados, mi blusa escotada, y mis zapatos negros de tacón dispuesta a todo. No me puse sujetador porque tenia ganas de sentir mis pechos libres. Y saqué unas bragas recién recibidas como regalo de mi marido. Pensé que le gustaría saber que las llevaba.

Cuando llegué a la calle del local a medianoche puntual, revisé el móvil, y pude leer el mensaje de mi marido donde me avisaba que llegaría un poco mas tarde, que nos encontraríamos dentro. En otro momento le hubiera esperado pero no tenia ganes de perderme aquel concierto.

El local normalmente es un lugar frecuentado para gente de nuestra edad, entre los 40 y 50,  pero esa noche al entrar pude observar que habían grupos mas jóvenes de lo habitual.

El concierto empezó y decidí quedarme por la parte trasera de la sala, más cerca de la entrada esperando que cuando llegara mi marido me encontrara fácilmente. Las primeras canciones fueron sonando y poco a poco me fui introduciendo en su ritmo. Los dos cantantes nos pedían a los espectadores de vez en cuando que entráramos en las canciones levantando las manos, o gritando alguna parte de las mismas. Poco a poco me fui metiendo en la atmósfera del concierto.


Tan entusiasmada por la música que me hacía vibrar, y no me había percatado, pero me di cuenta que estaba rodeada por un grupo de hombres bastante mas jóvenes, que deberían rondar los 30. Vestían con bastante clase y me sentí bien admirada cuando el más cercano a mi, me dedicó una sonrisa muy atractiva, mientras me repasaba de arriba abajo.


Me sentí bien, pero también un poco avergonzada, y estuve tentada de salir de ahí, pero me relajé y pensé: -, relájate y disfruta. ¿No me dice mi marido que no es celoso?

El siguiente tema fue subiendo de ritmo, y la gente íbamos juntándonos más y más. No me percaté del momento exacto, pero de repente fui sensible y sentí alguien detrás de mi. Me gire levemente y ví que era un joven que sin previo aviso iba cada vez mas restregandose contra mi trasero. Volví a mirar al concierto como si no le diera importancia.

La primera reacción fue quedarme quietecita al notarlo, pero la música no me dejaba estar quietos y él se comenzó a frotar como disimulando al ritmo de la música. Yo me resigné a sentir como el chico se estaba dando el lote con mi trasero. Y a mi me agradaba la sensación. Nunca había estado con otro hombre desde que conocí a mi marido pero aquella novedad me excitaba.

Por un momento se me congeló la sangre cuando vi a mi marido a unas pocas cabezas de mi observándome directamente y sonriéndome con una copa en la mano. Le hice un leve gesto que él interpreto muy rápidamente de lo que estaba sucediendo. Su respuesta me calentó porque me dedicó un guiño de ojo mientras subía su copa en alto y me dedicaba un brindis en la distancia.


El joven que seguía detrás mío, poco a poco iba apretándose más y más. Yo me estaba calentando con la situación, y mi marido seguía sonriéndome. Era un trio en la distancia de emociones. Lo que siempre había deseado mi marido y yo le había negado.

En estas me volví a meter en la música y vi que la canción pedía las manos en alto y la gente estaba con el símbolo de cuernos con los brazos extendidos. Aproveché y  le dediqué mis manos alzadas a mi marido, mientras mi compañero trasero ya estaba bien pegado a mi e incluso ya me agarraba con una mano por la cintura.

Por un momento, olvide mis limitaciones y creencias y disfrute del momento. Si mi marido lo  estaba disfrutando de lo Lindo,  no iba a cortarle yo el rollo a ese muchacho, ni a mi que ya estaba humedecida.

Los toques del muchacho se hicieron cada vez más intensos y sentí su verga bien crecida entre mis nalgas, entonces comencé a moverme a ritmo con él.

Me agarró fuerte y noté como empujaba su miembro, mientras con una mano ya me estaba tocando toda una teta. Por un instante intenso me apretó contra él. Noté los movimientos de expulsión de carga de su verga mientras me suspiraba en mi oreja. Luego se relajó y me soltó, entendí que ya se había corrido.

Yo me había quedado muy caliente, así que me acerqué a mi marido. Le besé, y le dije al oído: - me han dejado a medias, estoy muy mojada. ¿Vamos a casa?
- a mi también me ha puesto mucho el espectáculo. Pero quiero ver el concierto.
- pues disfrútalo. Tú te lo pierdes.

Me separé otra vez unos metros y esta vez fui yo la que se metió en medio del grupo de hombres. Me puse delante de otro muy atractivo con su camisa blanca, y me dediqué a bailar. La escena no tardó en repetirse. Enseguida noté un miembro pegado a mi trasero. De hecho ni les miraba. No me importaba. Le estaba dando placer y él a mi. Esta vez fui un paso más adelante y al momento de notar su mano en mi cintura,  metí la mía en los pantalones de él. La gente estaba entusiasmada con el concierto y nadie se daba cuenta. Nadie a excepción de mi marido que seguía allí sin perder detalle aunque no creo que viera nuestro juego bajo.

Note una verga dura y grande en mi mano. Se intuía bastante más grande que la de mi marido. La agarré con fuerza. El se apretó a mi y me besó el cuello. Una de mis debilidades. Y mientras podíamos por el poco espacio que había, y nos movíamos un poco al ritmo, me dediqué a hacer una paja a aquella dura verga que disfrutaba en mi mano, mientras su mano ahora ya estaba jugando con mi pezón.

No tardo mucho. ¿Qué le pasa a estos Hombres?
El hombre se acercó a mi oído y me susurró en un tono de placer un - me corrooooo... Que me encantó. Mi mano estaba rodeando la punta de su miembro, y noté la descarga caliente en mi mano.

- gracias, preciosa. Es lo único que escuche en mi oreja, mientras me daba un beso en mis labios superficial, y desaparecía entre la multitud.

Me acerqué a mi marido con una sonrisa y le volví a susurrar y exigir  al oído:
- estoy más caliente. Llévame a casa y fóllame. Estoy muy mojada.
- cuando acabe el concierto, mi amor. Queda poco.
- ¿me lo prometes?
- por supuesto.

Le extendí la mano para estrecharla con él a modo de pacto entre los dos. Y él también hizo lo mismo.
Nos dimos la mano fuertemente, mientras le miraba a los ojos con una sonrisa y ví  su mirada asombrada al notar mi mano caliente y húmeda fruto de otro hombre, mientras levantaba la otra mano con el símbolo de cuernos señalándole:

- pues tu mismo, hasta que acabe voy a ver el concierto allí que se ve mejor.

  Y volví a desplazarme  donde aun quedaban 3 hombres del grupo anterior. Quedaban 6 canciones para acabar el concierto.

Una ecuación  que hacia  encajar perfectamente mis matemáticas.





De Carambola (R3)

Este es el tercer relato de la nueva serie de relatos eróticos con final sorpresa. 
Tema propuesto por Alicia Prados: Mi historia quiero que hable de Andres, jugador profesional de billar, de Jaime, coctelero, Carolina, cocinera y casada con Juan, taxista. Ala, jeje, es en Valencia.


Carolina agarró su bolso, abrió la puerta del taxi y salió. Se miró el moderno hotel de arriba abajo y entró sin decir nada más. Juan, su marido, taxista de toda la vida, la acababa de dejar allí. Juan siempre la llevaba al restaurante donde trabajaba ella desde hacía cinco años. Pero esta vez, excepcionalmente el servicio del restaurante era en un hotel.

Se celebraba la entrega mundial de premios del campeonato mundial de billar americano, y ella estaba dentro del equipo de cocina para servir el catering.

Cuando llegó saludó a Jaime, su compañero de trabajo desde el mismo día que entró ella a trabajar en la empresa. Jaime era cocinero de profesión. Tenía la misma edad que ella, 45 años. Por las mañanas trabajaba con ella en el restaurante, pero por las noches hacía de coctelero en un local de moda de la ciudad de Valencia. No era por placer, pero su economía le obligaba a trabajar doble para poder financiarse una deuda acumulada años antes.

La tarde avanzaba con los preparativos del cátering. A Carolina se la veía seria, y Jaime no tardó en percatarse.

- ¿Estás bien?
- Si, si. Un poco nerviosa.

Jaime sonrió un poco mientras se acercaba a ella:

- No te preocupes. Estaré cerca por si me necesitas. Le dijo guiñándole un ojo.

Los invitados empezaron a llegar y poco a poco se iba llenando la sala de actos del hotel.

El jefe de cocina entró en la sala de preparativos y en un tono muy alto avisó que el evento estaba apunto de empezar. Preguntó si lo tenían todo preparado. Todos respondieron afirmativamente. Acto seguido hizo señas de empezar el servicio.

Los camareros y camareras salieron alineados de la cocina con bandejas repletas de canapés y aperitivos.

La fiesta fue avanzando entre risas, música, charlas, etc.
A las nueve de la noche puntuales, se hizo un silencio en la sala. Un hombre trajeado cogió el micrófono y se dirigió a todos los asistentes desde una especie de escenario montado en un lado:

- Buenas tardes. Gracias por venir a la entrega de los premios de la liga profesional internacional de Billar Americano.
Como presidente de la Federación Española, quiero dar la bienvenida a todos los participantes. Este año. tenemos la suerte de celebrarlos en España, y doblemente afortunados porque el campeón también es español.

Carolina iba sirviendo canapés por las mesas mientras de reojo observaba el acto y prestaba atención a todo lo que sucedía.

El acto fue avanzando, haciendo entrega de diversos premios, hasta que llegó el momento final más esperado en la sala.

- Por primera vez en la historia, tenemos un campeón mundial español, y no quiero retrasar más este momento. Demos la enhorabuena a Andrés García Delmonte, nuevo campeón mundial de Billar Americano 2017.

Los aplausos sonaron con fuerza en la sala, mientras el campeón se dirigía al escenario a recoger su premio conseguido.

Carolina en este momento se quedó pasmada en un rincón mirando la escena. Cuando el campeón subió al escenario, ella se quedó inmóvil. Andrés parecía un deportista de élite pero más de algún otro deporte que no de billar. Vestía un chaleco y se le marcaban los músculos. De color muy moreno, era un hombre de lo más atractivo. Andrés era bastante más joven que ella. Calculaba que rondaría los 30 años. Carolina prestó atención a escuchar lo que iba a pronunciar ya con el micrófono en la mano.

Cuando se silenciaron los aplausos y gritos de euforia, Andrés empezó el discurso:

- Gracias a todos. Ha sido un año muy duro, y no ha sido nada fácil ganar este campeonato. Aún no me creo que esté aquí. Lucharé para repetirlo más años.
Acepto con mucho gusto este premio en metálico ...

Le hicieron entrega de un maletín mientras Carolina se preguntaba cuanto dinero habría allí.

Andrés siguió su discurso:

- Como ya he dicho en alguna ocasión, voy a ingresar la mitad del premio a la fundación de ayuda de enfermos terminales. Quizás pueda ayudar a que algunas personas terminen su vida mejor gracias a mi esfuerzo. Así que 500.000 euros irán a la Fundación. 

Una ovación se hizo en la sala. 

Carolina hizo un gesto entre  alivio, asombro y admiración.

- Un millón de dolares era el premio y dona la mitad. Pensó ella. - Guau.

Andrés se le veía muy humanitario, sencillo. Pensó Carolina. Eso le daba un punto más de atractivo.

- Con el resto del premio, tengo suficiente para vivir bien un tiempo. Añadió. - De todas maneras, lucharé para volver el año que viene a por otro premio. Exclamaba mientras dedicaba una inmensa sonrisa a todos los presentes enseñando el maletín con el brazo alzado, mientras el público aplaudía sin cesar.

Carolina se sobresaltó cuando Jaime le preguntó al oído:

- ¿Te gusta?
- Ostia, Jaime, que susto. Pues no está mal el Andrés este.
- ¿Seguimos para adelante?
Carolina se quedó pensativa durante unos segundos mientras miraba al escenario. Interrumpió su silencio con un
- Si. Adelante.

Jaime le dedicó una sonrisa y le hizo un gesto de brindis con una de las copas que llevaba en la mano.

...

Eran las once de la noche. La sala estaba vacía. Carolina salía recién duchada y vestida con una falda corta, medias, unos impresionantes zapatos de tacón y una blusa escotada. La transformación de ella había sido tan magnífica que Jaime cuando la vio aparecer hizo un gesto de iluminación en su rostro.

- Uauuu. Estás terriblemente sexy. Bufff.
- Gracias. ¿Te gusta? ¿Lo ves excesivo? No sé. Estoy muy nerviosa.
- Tranquila. Déjate ir y disfruta. ¿Has avisado a tu marido a que hora llegarás?
- Si. Le acabo de avisar.
- Bien. Entonces tranquila. Yo estaré aquí en recepción tal como te prometí. Tendré el coche en la puerta para llevarte a casa. No sufras. Cualquier cosa me llamas.
- Vale. Gracias Jaime. Eres un buen amigo. Le dio un beso en la mejilla.
- Tonta, calla. Sabes que te quiero un montón. En fin. Es la 712.
- 712. Ok. Gracias.

Carolina se dirigió al ascensor del hotel. Entró y marcó la séptima planta.

- Toc, toc, toc.

Tras unos segundos de silencio, la puerta 712 se abrió. Carolina respiró hondo.

- Hola. Pasa.

Carolina pasó mientras Andrés cerraba la puerta tras ella.

- ¿Una copa?
- Sí. Por favor.
- Así que tu eres la mujer tan especial de la que me habló Jaime. No me has defraudado a primera vista.
- Gracias. Tu tampoco.
- Jaja, gracias mujer. Se agradece el piropo. Bien. Si te parece te doy lo tuyo y así nos olvidamos del tema.
- Mm, si. Gracias.

Andrés le entregó un sobre bastante lleno. Carolina lo agarró con nerviosismo. Se notaba porque las manos le temblaban. Lo abrió un poco e hizo una sutil expresión de felicidad.

- Puedes contarlo, si te parece.
- No, no. Me fio.
- Bien, pues la copa que te prometí, le ofreció Andrés mientras le hacía un gesto para que se acomodara en el sofá.
 Carolina guardó el sobre en el bolso y se sentó en el sofá. Estaban en una suite que se ofrecía muy amplia.

- Así que haces esto por primera vez.
- Si. Bueno no. Por primera vez con un extraño. Ya me entiendes.
- Jaja, si claro. ya imaginaba que no eras virgen. ¿Y tu marido?
- Está en casa. Le dije que tenía trabajo. Imagina.
- Jajaja. Afortunado yo. Y él que te tiene cuando quiere.
- Si, no sé.

Andrés se acercó con la copa y la ofreció a modo de brindis.

- ¿quieres hacer un brindis por tu marido?
- Mmmm, no sé. Bueno. Que raro. Vale. Le quiero mucho.
- Pues por él, y por ti !
 Chin. Sonaron las copas al tocarse, mientras Andrés aprovechó y puso su mano encima la rodilla de Carolina.
Se le aceleraron las pulsaciones. Nunca había sido infiel, y  hacía muchos años que ningún otro hombre la tocaba.
Andrés dejó la copa encima la mesita central y le acarició el pelo, mientras se acercaba a besarla.
Carolina cerró los ojos y se unieron en un profundo y húmedo beso. Ella hacía años que no sentía aquella sensación y notó como su entrepierna se humedecía de una manera muy rápida.

Estuvieron un par de minutos besándose como si fueran realmente dos enamorados. Ella no se atrevía a hacer nada que pareciera que llevaba la iniciativa. Se dejaba llevar y aprovechaba que él tenía un buen conocimiento práctico en dar besos para disfrutar el momento. 

Andrés se separó de golpe. Se levantó y fue donde había un equipo de música. Simplemente lo encendió.

Carolina, que había quedado desconcertada, finalmente lo entendió. Cuando la música empezó a sonar, le hizo un gesto a ella para que le siguiera.

Andrés entró en la habitación. Ella tragó saliva, pero decidida entró. Cuando le vio allí tumbarse en la cama sintió que ya no había marcha atrás.

Él, mirándola con una sonrisa y todavía con su camisa blanca impecable, le dijo:

- Desnúdate lentamente para mi.

Carolina por un momento sintió vergüenza porque no se consideraba ninguna experta en ello, y sentía que había alguna parte de su cuerpo que no se sentía orgullosa, pero accedió pasando a la acción.
Empezó desabrochándose la blusa pero sin llegar a abrirla del todo. Él sonreía.

A ella le parecía de lo más irresistible cuando él sonreía y eso la excitaba a seguir.

Mientras se iba moviendo lentamente al ritmo de la música, iba pensando en los años que no hacía eso para su marido. A su marido le gustaba mucho el sexo y se entendían muy bien en la cama, pero con los años, la cosa había ido enfriándose un poco. A su marido le excitaban algunas cosas que a ella no le motivaban hasta ese momento, pero estaba pensando que quizás eso iba a cambiar en adelante.

Carolina iba a sacarse los zapatos de tacón, pero él, Andrés, le hizo un gesto negativo. 
- Quiero que te quedes con los zapatos y las medias. Hizo un silencio, y añadió ...
- Solamente.

Ella obedeció y acabó su trabajo bajándose la falda y sacándose la blusa. Los pechos de ella estaban de muy buen ver, y ella lo sabía, así que jugó con ellos un poco ocultándolos  para no descubrirlos a la primera.

Cuando los hubo dejado al descubierto, él se abalanzó como un poseso a chuparlos mientras ella le cogía y acariciaba el pelo.

No pasaron muchos minutos, que entendió que debía sacarle la herramienta a él de los pantalones, ya que le marcaban muy apretados.

Cuando ella se arrodilló en el suelo al borde de la cama, él entendió lo que quería. Se acercó, y ella le desabrochó los pantalones y se los bajó.

Apareció un slip muy apretado. Y no dudó ni un momento en bajarlo. Tenía ganas ya de ver lo que hacía tanto rato esperaba.

- Ostras ! Sólo se le ocurrió exclamar cuando la vio entera.

Andrés solo pudo sonreír y mostrarse orgulloso.

Lo que ocurrió allí las siguientes dos horas os lo podeis imaginar. 

Carolina besó por última vez a Andrés, antes de recoger su bolso y salir de la habitación. Andrés se quedó tumbado bastante exhausto.

Andando por el pasillo del hotel y notando que todavía le temblaban las piernas. Pensaba que hacía muchos años que no sentía una verga tan vigorosa como esa, y capaz de haber repetido tres veces casi seguidas. Se sentía orgullosa.

Cuando cogió el ascensor, encendió el móvil y le envió un mensaje a su marido Juan:

- Ya salgo. Te amo.

La puerta del ascensor se abrió y allí estaba él. Jaime. Sentado en los sofás de recepción leyendo una revista. Se le acercó decidida.

- Hola.
- Uff, que susto. Sí que has tardado. ¿Todo bien?
- Sí. perfecto. Gracias Jaime.
- De nada. Vamos. Tengo el coche en la puerta. Te llevo a casa. A esta hora en 5 minutos estaremos allí. ¿Has avisado a tu marido?
- Si. le acabo de enviar un mensaje. 
- Pues vamos. No tardemos más.

Carolina abrió el bolso, y hurgó dentro de él justo en el semáforo antes de llegar a su casa. Cuando Jaime paró delante de su casa, ella le entregó 15.000 € sin dejar que él reaccionara. 
- Gracias Jaime. Eres un buen hombre y amigo. Cancela tu deuda de una vez, que no te deja respirar. No me digas nada. Te lo mereces. Y dándole un beso suave en los labios, y antes que pudiera reaccionar, abrió la puerta y salió del coche.

Se plantó delante de su casa. Había luz en su piso. Subió.

Abrió la puerta lentamente. Era la madrugada y no era cuestión de hacer ruido. Por un momento pensó que quizás, Juan, estaría dormido.

- Hola cariño. 
- Ah, hola. ¿Todavía despierto?
- Por supuesto. Faltabas tu. ¿Me has traído lo mío?
- Sí, tal como te prometí. Y tu, ¿tienes mi dinero?
- Claro. Recuerda que he hecho una carrera extra cada día desde hace un año para poder reunir el dinero. 5.000 euros tal como me exigiste.
- Que ricura. Pues vamos. No pierdas más tiempo.

Juan se tumbó en el suelo en medio de la alfombra del salon mientras se desabrochaba el pantalón.
- Dame lo prometido.

Carolina se esperó a que él se hubiera sacado los pantalones, para quedarse de pie justo encima de su cara. 
- ¿Estas preparado?
- Si, claro.

Carolina se bajó las bragas todavía chorreantes, y las dejó caer encima de él.
Él las agarró como un poseso y las empezó a oler, mientras ella fue testigo que él estaba teniendo una brutal erección al momento de olerlas.

- ¿Quieres saber cuántas veces?
- Mmm, si, respondía él mientras la miraba sumisamente y viciosamente.
- Tres veces se ha corrido. Y mucho. Era joven.  ¿quieres probarlo?

No le dejó ni tiempo a responder. Carolina se sentó sin pensarlo encima de él, poniendo su sexo empapado en su boca.
Juan se corrió casi al instante, casi sin tocarse, pero ella siguió allí sentada moviéndose al ritmo de la lengua de él. Le estaba gustando la situación y volvía a sentirse excitada y triplemente lubricada.

Cuando hubieron terminado y ya se acostaron en la cama abrazados, él le preguntó:

- ¿Qué harás con los 5.000 euros míos y los 5.000 que te han pagado?
- Los donaré a una fundación de ayuda a enfermos terminales. 
- Que buena eres. Siempre pensando en los demás.
- No lo sabes tu bien.


A la mañana siguiente, durante el desayuno, Juan estaba viendo las noticias en el móvil, cuando ella le sirvió un café.

- ¿Has visto esto? El campeón de billar ganó ayer 1 millón de euros y dio 500.000 a la misma fundación que tu darás tu dinero. Que casualidad. Aquí le hacen una entrevista y dice que tal como había prometido, daría la mitad del premio a la fundación, y que se gastaría 50.000 euros en una noche de lujuria. Vaya friki de tio !.

Carolina mientras le escuchaba con atención y mostraba una enorme sonrisa recordando la noche anterior, abrió su bolso y observó que tenía 40.000 euros en total.

Le preguntó a su marido:
- ¿Friki él? ¿Y eso me lo dices tu, después de lo que me habías pedido? ¿Te ha gustado?
- Mmmm. Si. 
- Pues creo que a mi también. Repetiremos otro día, que me encanta hacerte trabajar extra. O quizás te lo haga gratis. ! 



Ahora rcuerda que si quieres un relato personalizado, puedes dejar los detalles de personajes, escenario, etc en un comentario. Quizás sea el próximo relato. 

Fantasias con Ella en Tumblr

Os invito a conocer mi pagina de Tumblr con imagenes y videos sugerentes, de los que nos motivan.

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Un tattoo para toda la Vida (R2)

Este relato es el regalo al sorteo de mi página de facebook de compartir Fantasiasconella.
 El agraciado escogió los nombres, profesión, lugar de la història. 





Carlos indicó con mucho respeto a la familia que podrían subir a los vehículos para seguir al traslado del difunto al cementerio. Carlos subió con su traje negro al vehículo. Hacía 20 años que trabajaba allí y ya no le daba ningún tipo de reparo el saber que iba acompañado en la parte posterior por un cadáver. 

Mientras esperaba sentado al volante le envió un mensaje a su mujer, Isabel.
- "Hago otro servicio. Hoy no podré llegar a comer. ¿qué haces? ¿te has puesto otro tattoo en el tobillo?"

Pasaron unos minutos sin recibir respuesta, y tuvo que iniciar el viaje al cementerio de Palma de Mallorca, así que apagó el móvil para conducir con total seguridad. Carlos era un hombre muy estricto y serio. Parecía que se le habían pegado las características de su trabajo. Al principio era un hombre alegre sin muchas ambiciones pero amante de lo bueno. Le gustaba una buena comida, un buen vino, y un buen sofá donde poder pasar las tardes junto a Isabel. Su esposa.

Isabel era una mujer que se mantenía muy atractiva a sus 42 años.  Actualmente trabajaba en un supermercado y hacía poco la habían pasado a horario de tardes, así que se veían sólo los fines de semana, porque cuando ella llegaba sobre las once de la noche, él ya estaba dormido en el sofá. Al principio, él la esperaba despierto, pero la rutina y la monotonía habían hecho que él cayera rendido antes de su llegada.

Isabel se negaba a aceptar esa vida monótona. Ella hubiera querido tener hijos pero Carlos no podía. Después de años de intentarlo, se empezaron a analizar, y resultó que el problema era él. Sus espermatozoides eran algo así como pececillos sin rumbo. Hacía tiempo que habían procedido a tramitar los permisos y papeles para la imseminización artificial de ella en el banco de semen, y tenían hora concertada para un par de días.

Para olvidar el problema, ella había invertido mucho dinero en cosmética, peluquería, gimnasio, y su inversión empezaba a dar resultados. No pasaba invisible a las miradas de los hombres. Le gustaba vestir sexy sin ser muy provocativa. Siempre llevaba zapatos de tacón, que aunque bajos, le marcaban el trasero y le hacían una figura muy femenina.

Un año atrás, se puso un tattoo en la espalda. Muy discreto. Era el primero. Se puso un corazón. Quería llamar la atención a su marido, aunque a éste casi le pasó inadvertido. Ella buscaba llamar la atención de él, pero él parecía estar resignado a otro tipo de vida.

Cuando Isabel entró en la tienda de los tattoos un año atrás quedó satisfecha con el trabajo y el trato de Dani.
Dani era joven, de unos 30 años, muy alegre, con un buen cuerpo deportivo y una sonrisa muy atractiva. Isabel quedó enseguida enganchada de él, y de vez en cuando pasaba por la tienda para comprar algún pendiente o collar y aprovechar para verle.

Aquella mañana Isabel había decidido ir a la tienda y hacerse un segundo tattoo. Esta vez más íntimo.
Llegó a la tienda, y Dani la recibió con una sonrisa hipnotizante. Ella le indicó que quería hacerse un tattoo en su entrepierna, y quería que fuera un "demonio con cuernos".

Él la sonrió, y le preguntó:

- ¿Deseas dar algún mensaje a alguien con ese tattoo?
- mmm. Si. Supongo que es eso, respondió ella medio ruborizada.
- Pues pasa a la sala interior. Tendrás que sacarte las bragas.
- No llevo.  Pensé que sería mejor...
- Entonces no hace falta. Perfecto.

Dani entró en la sala.

Un silencio un poco incómodo se adueño del espacio. Dani, para romper el momento, preguntó:

- ¿Nerviosa?
- Un poco. Que tonta.
- No mujer. Tranquila.Va a quedar muy bien, no sufras. A quien vaya este tattoo va a quedar impactado.
- Jaja, gracias.
- Voy a proceder a masajear la zona para relajarla.
- Vale.

Isabel estaba tumbada en la camilla cara arriba.

Dani la untó con un poco de gel. Ella suspiro porque estaba frío. Él procedió a extenderlo suavemente con sus dedos por la zona pélvica de ella. Masajeaba lentamente mientras observaba todo su cuerpo. Ella estaba tumbada con los ojos cerrados y las manos a los costados.

Él se fijó en que no llevaba sujetadores y los pezones de ella indicaban alguna cosa. Se marcaban a través de la camiseta blanca y él se quedó mirándolos fijamente. Ella suspiraba cada vez más fuerte cuando abrió los ojos, y le vio a él hipnotizado mirandole los pezones de ella.

- Disculpa, reaccionó él.
- No pasa nada, dio ella, mientras en un símbolo de aceptación abría sus piernas un poco más.

Él seguía su masaje, mientras ya le estaba introduciendo algún dedo levemente por el sexo de ella.
Ella cortó sus gemidos, para preguntarle:

- ¿Así que crees que va a quedar bien el tattoo del diablo con cuernos?
- Estoy seguro que si. Y va a ser muy apropiado. 

Dani iba con una camiseta de tirantes y dejaba ver sus músculos. No eran excesivos, pero si lo suficientes para que Isabel  los tuviera en mente.

- ¿Me vas a poner la inyección tranquilizante?
- Por supuesto. Ahora va.

Dani se bajó los pantalones y los  calzoncillos de una vez y sacó un miembro grande. Muy grande. Mucho más que el de su marido. Sacó un preservativo, pero ella le indicó:

- Hoy no hace falta. He tomado la pastilla.

Apuntó a la entrepierna de Isabel, mientras le preguntaba:

- ¿estás preparada? Solo será un pinchazo al principio.
- Si. Dijo mientras le sonreía en una mirada pícara.

Dani la agarró de las piernas y empujó. Su miembro entró hasta el fondo de golpe, mientras ella gemía de golpe.

- Ya está !. Ahora falta el tranquilizante.

Empezó a empujar mientras ella gritaba bajito. Él iba entrando y saliendo en su sexo a una velocidad que ella hacía tiempo que no sentía con su marido.

Sonó el móvil de ella. Ella sabía que era un mensaje de su marido, porque lo tenía personalizado el sonido. Igual que los mensajes anteriores, los ignoró.

- ¿Es tu marido?
- Si
- ¿Sabe que has venido aquí?
- Si. Así que acaba rápido que me tienes que dibujar el tattoo aún.

Dani estuvo manchando unos 10 minutos seguidos sin parar, mientras ella iba disfrutando de orgasmos simultáneos. Finalmente él se corrió dentro de ella. 


Isabel salía dos horas más tarde de aquel local. Llegó a casa. Se tumbó y procedió a leer con calma los mensajes de Carlos, su marido.

- Esta noche verás.

Es lo único que le respondió para despertar su interés. Esa noche le iba a enseñar su nuevo tattoo. El diablo con cuernos. Era su regalo personal.

Aquella noche Carlos tuvo una erección como hacía tiempo no tenía. Lo que Carlos no sabía era que dentro de Isabel crecía una semilla que dos semanas más tarde él pensaría que era fruto del banco de semen de un donante anónimo.

Isabel seguiría visitando a Dani los siguientes años en su negocio. 

Pero sólo era por el placer de los tattos.

Un año más tarde, Carlos a sugerencia de su mujer, Isabel, fue a tatuarse el nombre de su hijo en su cuerpo. 

"I love Dani"

- No te preocupes. Te lo haré bien guapo, porque tu hijo se llama igual que yo.  Dani. Vaya coincidencia. Lo haré con todo mi amor, Carlos.