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Una cerveza diabólica (R1)

Todo cambió después de aquel viaje. Le había regalado un fin de semana en Turín.

Lo que en principio debía ser un viaje normal tranquilo de pareja se convirtió en las bases de mi nueva vida.

Nunca nos hemos drogado. Ni fumado, se podría decir. Nuestra única debilidad son los vinos y las cervezas.

Aquel viernes decidimos salir a cenar por el centro de Turín a una pizzería. No podía ser de otra manera. Una cena tranquila con un buen Lambrusco como bebida.

Ya salimos de allí con una chispa por encima de lo normal, por efectos del vino. Nos entró muy bien y nos bebimos una botella casi sin darnos cuenta.

La cena y ver lo sexy que se había vestido me iba subiendo el apetito sexual. Allí mismo la abría cogido, pero aún no estábamos tan mal.

Tengo predilección por las medias. Si, lo reconozco. Y si son con zapatos de tacón, ya son mi punto débil.

Desde hacía años se había convertido en una mujer muy atractiva, y sus formas de vestir me enloquecían.

Ya sabemos como son los italianos. A mi mujer (y a cual no?) la enloquecía el acento italiano.
Paolo nos había servido la cena muy amablemente. Siempre servía las copas de vino desde encima de ella. Seguramente mirándole el escote generoso. A mi no me importaba. Ella tenía unos pechos formidables y no me importaba que los pudiera enseñar. No eran exclusivos míos.

Le preguntamos donde podíamos ir a tomar unas copas, y nos recomendó el "Antiquato". Un local cercano que podíamos ir andando y el ambiente era adecuado para nosotros. Nos comentó que él posiblemente iría más tarde.

Asi que dejamos el restaurante y lentamente fuimos dando un paseo hasta el local. La cogí por la cintura y de vez en cuando le sobaba el trasero. Eran los efectos del vino. Tengo un defecto y es que alcohol me produce efectos mucho antes que a ella. Así que siempre estoy en desventaja.

Entramos en el local. Era un ambiente agradable. Una buena música. Muchas barras y algunos rincones con sofás. En una de las barras vi que había especialidad de cervezas. Así que no queríamos meternos algo fuerte y decidí que unas cervezas serían los apropiado. Me llamó la atención un póster que había en el local. "Diabolic Beer". Era una cerveza servida con fresas en una copa. Y el póster decía algo así como "Are you sure? "

Me pareció que podría estar buena y era un punto diferente de lo normal, y pedí dos copas.
Se la llevé a mi mujer, y le sorprendió. Pero la probamos y era deliciosa. Una mezcla de cerveza amarga con el toque de las fresas. Extraordinario.

Fuimos bebiendo, y al cabo de un rato, Paolo entró en el local. Le vimos entrar de lejos. Mi mujer se hizo la sueca, aunque sé que era el tipo de hombre que le gusta. Atlético sin pasarse, de unos 30 años, pelo rizado. Y sabía vestir con clase, como típico italiano que era.
Nos vio y se acercó con una sonrisa que hacía brillar sus dientes blancos por  toda la sala.
Vio la copa casi vacía de la cerveza e hizo un gesto de sorpresa.

Nos preguntó:
- ¿os la habéis bebido toda?
- Si, muy buena, le respondí yo.
- ¿Pero no os han explicado los efectos de esta cerveza?
- ¿Que efectos? ¿Que sube el alcohol? Ya lo noto.
- No no. Los efectos reales secundarios.

Le pusimos tal cara de sorpresa que nos cogió de la mano y nos llevó donde estaba el póster.
Había una frase en la parte de abajo en italiano, la señaló, y nos dijo:
- La combinación de la cerveza "Diabolic" con las fresas puede producir un efecto de sinceridad desinhibida extrema.

- ¿Sinceridad Disinhibida Exrema ?¿ Y eso cómo se entiende?

Venid. Nos llevó a una mesa redonda que había en un rincón. Nos ofreció una butaca a cada uno, y él se sentó enfrente nuestro. Pasó un camarero por alli, y le encargó lo de siempre con un gesto.

- Os tengo que advertir. La combinación de esta cerveza junto con la catequina y la niacina (la vitamina B3, que están en las fresas, produce un efecto de sinceridad desinhibida extrema.
-¿Qué significa eso? pregunté yo.
- Es como un suero de la verdad, por decir algo que me entendáis, pero encima desinhibido. Es decir, responderéis cualquier pregunta que os hagan, por muy personal que sea y fuerte.
- Anda ya. Que va. Yo controlo. Le respondí medio ofendido. Mi mujer estaba sin decir nada con cara de curiosidad.

- Mira. ¿lo probamos?
- Venga. Va.

Paolo estuvo un rato mirando al aire mientras le daba un primer sorbo a su gintonic que le acababan de servir.
Entonces miró a mi mujer directamente, y le preguntó:
- ¿En algún momento de esta noche me has imaginado haciéndote el amor?
- Anda ya, salté yo. Vamos !
- Sí, durante la cena y cuando te he visto entrar aquí, respondió ella.
- Coño ! Exclamé yo.
Ella, siguió:
- No me puedo creer que lo he dicho. Que fuerte. Perdona. Me dijo dirigiéndose a mi.
- Cómo te voy a perdonar si eso me excita. Yo también lo pensé. Seguí yo.
Ella me miró con cara de morbosidad, mientras Paolo estaba alli mirándonos con una gran sonrisa.
- ¿Lo veis? preguntó.

- Qué fuerte me parece, exclamé yo. ¿Y los efectos hasta donde llegan?
- Los efectos son rápidos. En una hora ya van desapareciendo.
-Buff, menos mal. Vaya compromiso.
- Si, pero durante este tiempo os puedo preguntar cosas y no os negareis a contestar la verdad.
- Que cabrón, le dije mirándolo a los ojos.
- Por ejemplo. Has dicho que tu también lo habías pensado lo de tu mujer conmigo. ¿Te excita eso?
- Si.
- Vaya, interesante.
Mi mujer nos miraba medio estupefacta medio excitada.

- Mirad, nunca haría nada en contra de vuestras voluntades, así que quiero me respondáis un par de cosas.
- Venga, di.
- ¿Cual es la imagen de tu mujer que más te excitaría ver esta noche?
- Pues a ella arrodillada delante tuyo con los pechos al aire haciéndote una mamada !
- Ehhhh, joder, tío ! Exclamó ella mientras me daba un toque en el hombro.

- Pues ahora te toca a ti, dirigiéndose a ella ¿Te gustaría hacerme una mamada arrodillada con tus tetas al aire mientras tu marido nos mira?
- Me encantaría. Me estoy mojando de pensarlo.
- Ehhh, joder, que clara eres ! Exclamé yo.

- Pues ya lo veis. Vuestra sinceridad me arrolla, jajaja.

- ¿Y quieres que los dos te acabemos follando?
- Si. por favor. Uno tras el otro. Primero tu, Paolo,  y quiero que te corras en mi boca y mis tetas. Y luego mi marido me follará mientras me chupa las tetas y me besa. Eso me excitaría mucho. ¿Lo harás, mi amor?
- Por supuesto. Mi sueño es verte llena de leche, así que lo haré encantado. Que placer más grande. Vamos al hotel, solo pude exclamar yo.

Salimos de allí con mi mujer entre los dos. No nos importaba el que dijeran. Nos sentíamos muy excitados y en parte liberados, porque habíamos podido decir lo que pensábamos.
Entramos en el hotel. El recepcionista nos miró con cara de sorpresa pero mirada de cómplice.

Subimos al ascensor y entramos en la habitación.

Yo me dirigí al baño, porque la bebida había hecho efecto. Cuando salí, los vi allí.
Ella, arrodillada en la moqueta, ya  con sus tetas al aire, mirándole a él, y desabrochándole los pantalones. Me senté en el sillón que había en un rincón, y mientras me empezaba a tocar, pude ver la escena.

Pude contemplar estupefacto, que Paolo tenía una verga bastante más grande que la mía. Ella se sorprendió cuando la vio pero hizo un esfuerzo para poder follarla con su boca.
Paolo me miró y me preguntó:
- ¿te gusta?
- Mmmmn, si. Mucho.
- Tu mujer tiene una boca y unas tetas muy deseables. Y ahora la voy a follar para ti. - Pídele a tu marido permiso para que te folle.
- Cariño ! ¿Me puedo follar a esta polla tan grande y dura que me desea?

Se tumbaron en la cama. Ella abrió las piernas como en señal de aceptación de lo que iba a suceder.
Él puso su miembro en la entrada de ella, me miró y dijo:
- Toda dentro, buff que coño !!! Estrecho como a mi me gusta !
- mmmmmmm, exclamó ella. Que polla más grande !!! Tu si que sabes dar placer a una mujer !
Me acerqué. Le agarré la mano a ella, y la besé. Me miró a los ojos con cara de felicidad y de mucha excitación.

Entonces Paolo se acercó y mientras la follaba también la besó. Se dieron un profundo beso húmedo con sus labios, mientras yo estaba alli a escasos centímetros disfrutando la escena.

Paolo estuvo un rato manteniendo un buen ritmo de penetración, y no tardó mucho en hacer símbolos de que iba a correrse, así que sacó su verga, se puso encima de ella, y le folló las tetas mientras ella las apretaba para poder masturbar su miembro con ellas.
Mientras yo ya me había puesto en su entrada y la follé. Estaba muy mojada, y yo muy caliente.

Yo la estaba follando agarrando sus piernas en alto y tenía delante mío la espalda de Paolo que seguía su trabajo. No pudo más y escuché como soltaba un grito de placer, al unísono de ella, que también se estaba corriendo, al tener dos vergas rendidas a ella disfrutándolas al momento.

Paolo se apartó y pude ver algo increíble. La corrida de él había sido descomunal, porque las tetas estaban completamente blancas y la cara de ella también. La empecé a follar con más ganas mientras ella me miraba relamiéndose los labios con los dedos impregnados de blanco humedo.


Me tumbé y juntamos los dos cuerpos con el fruto de Paolo en medio impregnándonos. Caliente. Húmedo. Olor de otro macho. Eso nos excitó.

- Bésame, me dijo.

Me lo pensé un segundo, pero no pude contener las ganas de besarla. Nos dimos un caliente, húmedo y  salado beso mientras la follaba lentamente.


Me fui acercando al punto de no retorno lentamente. Lo que me hizo explotar fue ver a Paolo que se volvió a recostar al lado de ella, y le puso la verga al lado de su boca. Ella no lo dudó y la mamó, sintiendo en su propia boca  que se volvía a poner dura y grande.

No pude aguantar con la imagen tan excitante y noté que me iba a correr. Me tumbé y la besé. Nunca antes había tenido una polla en mi boca pero aquello era irremediable. No me gustan los hombres pero aquello era sexo. Mientras besaba los labios de mi mujer en un profundo beso,  la verga de Paolo estaba ahí acariciando los labios de ella, y de rebote los míos.

No pude más y solté un gran grito de placer.

Mi mujer y yo nos estábamos corriendo al momento mientras teníamos una verga entre nuestros labios, que no dudábamos en ir lamiendo en su tronco. Era un beso a tres bandas. Me pareció muy erótico y dulce. Noté un miembro duro y grande, muy grande, crecer ante mi.

Nos quedamos exhaustos abrazados besándonos.

- Soy muy feliz. Exclamé.
- Y yo afortunada, dijo ella. - Esto lo repetiremos más veces.
- ¿Eso es fruto de la cerveza diabólica?
- Jajaja. No te diste cuenta. No la tomé. La fui tirando en la maceta que tenía al lado. Me habían advertido. Pero no me hizo falta. Sirvió para que tú te lanzaras. Te amo.
- Te amo.