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La ceremonia del Anillo

La ceremonia del anillo.

Mi mujer me comentó que los hombres se fijan mucho en si las mujeres llevan anillo de casadas o no. Yo personalmente pienso que no, porque por ejemplo, he entrado hace poco en un colectivo con muchas mujeres, y muy guapas, por cierto, y sería incapaz de decir ni una que llevara o no anillo. Yo personalmente no lo he observado nunca, pero posiblemente es porque no estoy buscando a ninguna mujer, porque la única que hace que me levante con una erección por la mañana o a media noche es ella, y la tengo en casa.

Así que esta es la ceremonia sobre este asunto. Y de paso servirá para saber quien lleva razón. (y mucho me temo que como casi siempre será ella, aunque esta vez incluso me guste que sea así, jajaja).

Llegamos después de comer del viernes al hotel de lujo. Veníamos directamente después de comer, así que llegábamos a buena hora para descansar. Mi mujer al llegar me aclaró que íbamos a hacer la ceremonia del anillo. Un ritual de celebración inventado por nosotros donde el significado lo es todo. La habitación era una suite bastante amplia con salón privado. Me ordenó que esperara allí desnudo y con una pajarita porque era una celebración. También que dejara en la mesilla unos 5-10 euros. (pensé que era muy poco), pero no tenía ni idea de para que era.

Ella entró en la habitación y cerró la puerta tras de si. Pasaron los minutos. Tensa espera para mi, pero obedecí sus ordenes y allí me encontraba delante de la puerta, como el que espera su turno para entrar en una visita del ginecólogo (esto lo digo por lo de estar desnudo). Menos mal de la pajarita. No me imagino al ginecólogo visitando así.

La puerta se abrió inesperadamente. Ya empezaba a olvidar para que estaba allí. Su imagen me impactó muchísimo, y supongo que lo notó en una erección mas que notable.

Ella  miró a mis bajos instintos, luego a los ojos y sonrió.

Cuando entré en la habitación había abierto las cortinas de par en par. No se podía ver nada desde el exterior porque la ventana daba a una parte del hotel sin edificios. Pero entraba muchísima luz.

Vi la cama abierta y unos trozos de tela negra en cada esquina. Una venda para los ojos encima la cama. Ella, no me había fijado hasta entonces, llevaba un pequeño látigo en su mano. Muy sensual. Su conjunto le sentía de maravilla. Y sus botas de tacón, que por alguna razón tanto nos excitan a los hombres, la dotaban de ese aire de superioridad y sensualidad ante mi.

No voy a relatar todo lo que me pidió que hiciera, porque cada cual tiene su imaginación, pero pasado no mucho rato yo estaba ya al borde de la eyaculación. Entonces se subió literalmente encima mío, y me cabalgó como ella sabe hacer. Mi corrida no tardó en llenarla.

Entonces me explicó, ahora vamos a hacer la ceremonia del anillo. En ese momento me preguntó si deseaba seguir para adelante. Por supuesto dije que si. Me preguntó si la amaba, pasara lo que pasara. Contesté que si.

Me ató a cada extremo de la cama, de una manera delicada, suave pero firme. Me dio un beso muy dulce mientras me guiñaba un ojo en sentido de complicidad. Se sacó el anillo que llevaba en la mano y lo acercó a mis labios, mientras me decía:.

- Ahora vas a besar el anillo de nuestro compromiso mutuo. El anillo que dará sentido a la renovación de nuestro amor, y confirmará que aceptas nuestra relación.

- ¿Aceptas que yo sea tu mujer por el resto de nuestra vida mientras la fidelidad esté presente entre nosotros? ¿Aceptas que soy libre como tu Diosa siéndote fiel y nunca te ocultaré mis extra relaciones? Porque una infidelidad es cuando hay engaños. Yo te seré fiel porque compartiré contigo todo y lo disfrutaremos juntos. Y esa libertad mía la disfrutarás a través mío y no obtendrás placer sin ser yo el centro de tus pensamientos por el resto de tu vida. Yo acepto ser una Diosa. ¿Aceptas tu?

- Besa el anillo en prueba de tu aceptación.

Me puso el anillo en los labios y lo besé a pesar de su sabor a sexo. Entonces me lo puso en uno de mis dedos de la mano (tenemos la suerte de tener la misma talla de dedos, debe ser otra señal de que estamos hechos el uno para el otro).

- Ya soy tu Diosa por el resto de tu vida. Te amo. Ahora falta la prueba física para completar la ceremonia. Y no me hagas enfadar, me decía sonriendo mientras me enseñaba el látigo.

Me vendó los ojos. Me dijo que iba a hacer un café a la cafetería. Que volvería en 30 minutos aproximados. Se vistió muy rápida. Escuché que cogía el dinero que yo había dejado en la mesita. Me puso música con unos auriculares. Me tapó con una sábana para que no cogiera frío y salió de la habitación.

Los minutos pasaban. Por mi mente pasaban muchas ideas. No sé el tiempo exacto que estuve así. Era la primera vez en mi vida que me ataba. Era una sensación extraña, excitante, desconcertante, estimulante. En una cama extraña atado. No me sentía incómodo a pesar de estar atado porque trataba de relajarme.

La sorpresa me la llevé de repente. No había escuchado la puerta porque la música estaba en un momento álgido, pero cuando me retiró la sábana de encima del cuerpo, supongo que mi cuerpo se erizó.

Me sacó la venda. Me desató. Iba vestida muy sexy. Me dijo:

- Te he desatado porque quiero que esto lo hagas por voluntad propia y lo veas.

Se puso encima de la cama. Pude observar que no llevaba bragas. Me miraba con pasión. Su sexo estaba húmedo. Al fin y al cabo hacía poco me había corrido en el.

- ¿Quieres chupar el sexo de tu Diosa?

- Si, quiero. Respondí a modo de repuesta.

Se sentó encima de mi y fundió mis labios con los suyos vaginales. Eran húmedos. Pero sabían a las mil maravillas. Estuvimos disfrutando esta escena algún tiempo sin prisa. Poco a poco. Como sólo dos amantes saben hacer y piensan que tienen todo el tiempo del mundo.


La primera parte de la ceremonia concluyó así de dulce.

-¿Me vistes?
Esa fue su petición después de despertarnos de la siesta que disfrutamos. Así que por primer vez me dediqué a vestirla con mucho mimo y detalle. La ropa para noche la había escogido con mucha sensualidad. Poco a poco fui poniendo las prendas una a una a mi Diosa. Aquello era tan excitante como el proceso de sacarlas.

Por la noche salimos a cenar y brindamos nuevamente por nuestro amor. De allí fuimos directamente a una sala de fiestas. Teníamos ganas de marcha, de bailar, de liberarnos de tensiones, de jugar.  No lo hablamos en ese momento, pero solo nos quedaba comprobar la duda que nos había quedado a ambos respecto al anillo. Su anillo lo llevaba yo, así que ella iba libre de anillos. Faltaba saber si los hombres era verdad se fijaban en ese detalle. Habíamos estado varias veces en esa sala de fiestas y nunca ningún hombre se había acercado a ella. Hoy era la prueba final. ¿Quién llevaría razón?

Al entrar yo me dirigí al baño. Ella se dirigió a la barra donde normalmente pedimos las copas.

Yo esperaría deliberadamente unos 15 minutos viendo desde la distancia. Si yo tenía razón nadie se le acercaría. Como llevábamos móvil los dos nos podíamos enviarnos algún mensaje y hablar desde una distancia próxima. Si no se le acercara nadie yo actuaría como si no la conociera e intentaría ligar con ella. Ese sería nuestro juego de esa noche. Si alguien se le acercara ella diría que estaba esperando a su marido ( si le parece conveniente). Yo  me dedicaré a observar y disfrutar del efecto que mi Diosa causa en los hombres. Si ella lo desea me buscará con la mirada y haciéndome un gesto para que me acerque inmediatamente o a través de un mensaje.

La noche es joven. No os puedo decir como acabó la noche. Solo os puedo asegurar que ese día iniciamos una nueva relación de pareja renovada que dio un nuevo impulso a nuestra vida. La vida, a nuestra edad, te das cuenta que es efímera. Los problemas vienen solos, y tratar de disfrutar la vida y los pequeños placeres depende de nosotros mismos.
A partir de ese día tratamos de vivir la vida con más pasión. Con mi Diosa como centro de mi vida. Libre, pero siempre conmigo a su lado. Cada día la amo más por ser como es !

¿Quién lleva el anillo en el futuro? Hay de todo. La mayoría de días lo lleva ella, pero algunos días me pide que lo lleve yo. Cuando ocurre eso tengo una erección instantánea, no lo puedo evitar!

Unos días en Altea.

Me he descrito alguna vez ya, soy Sharon (o así me hago decir), de Barcelona, Cuarenta y pico años, bonito y cuidado cuerpo.

Mi marido y yo veraneamos en Altea hace años, un pueblecito cerca de Benidorm, es un sitio tranquilo, casi aburrido, aunque tiene una zona de marcha más bien para extranjeros, pero nos gustó, y quisimos recordarlo. Así que nos organizamos 3 días solos allí.

A mediados de julio, bajamos a la playa, como siempre por la tarde, nos agobia la playa llena de gente, los niños llenándote de arena, y el calor sofocante del mediodía. Pusimos las esterillas en la arena, y la toalla encima y nos dispusimos a pasar una tranquila tarde tomando el sol y baños de refrescante agua salada.

Como siempre mi marido se quedó durmiendo boca arriba, mientras yo leía uno de los libros que había previsto terminar ese verano.

Alrededor nuestro pero no muy cerca, al estar la playa más bien vacía, se sentó una pareja de chicas acompañadas de un chico más joven que parecía ser el hermano de una de ellas, un matrimonio de mediana edad, y un chico que parecía extranjero.

Como mi marido no me hacía caso alguno, pensé que sería bueno que cuando despertase pudiese contemplar lo que pasa con una mujer que no está bien atendida. Así que me quité el sujetador del bikini, y me extendí por todo el cuerpo incluidas las tetas bronceador suficiente para evitar dolorosas quemaduras.

Los tres chicos de mí alrededor, el jovencito, el extranjero y el marido, me miraban de reojo cada vez que podían a fin de no llamar la atención a sus acompañantes, y para evitar que me sintiese observada y me tapase los pechos.

Media hora después se despertó mi marido, y me miró con aire extrañado al verme despechugada. Y después miró alrededor para intentar comprender la causa de mi repentino exhibicionismo, al no ser normal en mí en una playa familiar como es esa. Una vez conseguido mi propósito me coloqué la pieza superior del bikini.

Ya eran las siete de la tarde, el sol había bajado y estábamos planteándonos irnos. De pronto una voz con un claro acento anglosajón, desde detrás le dijo a mi marido.

- Juegass a la petanka?

Al volver la cabeza observó al extranjero con dos bolas de petanca metálicas. Y mi marido que se levantó presuroso diciendo:

- Por supuesto! Vamos a resolver el tema de Gibraltar, nos lo jugamos a una partida!, añadió.

Ambos rieron la ocurrencia de mi marido, que daba por sentado que el chico era inglés, al menos tenía toda la pinta.

Tras la partida de petanca, que evidentemente perdió mi marido, y con ello los derechos a la soberanía del Peñón puestos en juego. Aparecieron por mi lado con tres botellines de cerveza bien fría, una para cada uno de nosotros.

- Sharon. Este es Alejandro, pero todos le llaman “Alex”. Es escoces de Escocia! Vaya unos huevos, que estupidez he dicho! Como siempre mi marido con sus tonterías me presentaba a Alejandro.

- Segñora es un placer! Dijo el guiri, mientras hacía una graciosa reverencia.

- Caballero! Dije yo levantándome e imitando a modo medieval un saludo principesco.
Comenzamos una agradable charla sobre su vida en Glasgow, nos dijo que le quedaban dos días de vacaciones y que sus amigos anglosajones ya habían retornado a la Gran Bretaña y se encontraba un poco solo. El chico era majete, de uno ochenta de estatura, pelo tirando a pelirrojo, guapo sin pasarse, y fuerte sin ser musculoso.
Nos despedimos pensando que no lo veríamos más y volvimos a casa.

Al día siguiente estuve pendiente de ver si aparecía, pero no hubo manera. Me sentí defraudada, creía que iría para poder hablar con él un ratito, me había picado la curiosidad. Como sabía que al día siguiente se iría pues mentalmente me despedí de él para siempre, o por lo menos hasta el año que viene.

Por la noche mi marido me llevó a cenar a Benidorm , y tras la cena, no teníamos sueño y me propuso invitarme a un mojito en la orilla de la playa.

Aparcamos frente a un chiringuito. El lugar es paradisiaco por la noche, una playa inmensa de fina arena, un mar en calma, las luces a lo lejos de los pescadores, y un Chiringuito bonito con sillas y mesas, y agradable música ambiente, bajo las luces de colores. Tomamos asiento y esperamos al camarero.
- Que desean los segnores?

Ambos volvimos la cabeza a un tiempo. Era Alejandro, o sea “Alex”. Nos quedamos parados sin saber que decir. De pronto apareció una sonrisa en su cara.

- Ja, ja! Es broma, yo no soy el camarero. Os vi y pensé, voy a gagstarles una broma.
- Ja, ja! Reíamos con él.
- Puedo sentarme con vosotros, estoy sólo y es mi última noche en España.
- Claro, claro! Dijo mi marido yendo a buscar una silla para él. Lo colocó entre ambos.

Mientras yo repasaba mi indumentaria, y pensé que menos mal que me había colocado la mini vaquera, y una camisa blanca que transparentaba mi blanco sujetador, con la que me veía muy sexy. Me gustaba la forma con la que me miraba el guiri.

La conversación como el otro día era amena y divertida. Mi marido traía cervezas y más cervezas para ellos, y para mí ya iba por el tercer mojito, y me reía por cualquier cosa.
El chico se excusó para ir al aseo a aliviar tanta cerveza.

Entonces mi marido me dijo:

- Te gusta el guiri, no?
- No está mal, me rió mucho con él.
- No me refiero a eso.
- Sé a qué te refieres y sí, está buenísimo.
- Pues es el último día que estará aquí.

Me callé porque me dio temor preguntar si eso quería decir que me iba a fastidiar, o que aprovechara la ocasión, y si preguntaba a lo mejor escuchaba lo que no quería. Así que mejor callarme. Simplemente le dediqué una sonrisa pícara. En otra situación le hubiera respondido ofendida pero los mojitos estaban haciendo efecto.

El guiri volvió con una  sonrisa en la cara.

- ¿Porque no nos sentamos en un patinete cerca del mar?

Efectivamente en la orilla del mar, hay una zona de patinetes de pedales que durante la noche, están varados, pues no se usan.
- Un chico los vigila pero no creo que diga nada si nos sentamos sin hacer tonterías. Aparte está en la barra y creo que está más bien borracho de tanto beber, no creo que ni nos vea. Añadió el guiri.

Con la bebida en la mano, nos dirigimos allí, mi marido y Alex se sentaron en el lateral del patín, y yo con mi minifalda no sabía dónde colocarme, pues estaban llenos de arena.
Me senté sobre las piernas de mi marido, con las piernas hacia Alex, no era cuestión de darle la espalda.
Evidentemente desde donde estaba podía observar mis braguitas blancas a la perfección. No dejaba de lanzar miraditas a hurtadillas, y me estaba poniendo algo cachonda ya.
Mi marido dijo de bañarse a la luz de la luna, lo que alegró mucho a Alex, yo no quise, eso de bañarse en braguitas no me va nada.

Ambos se quitaron rápidamente la ropa y se metieron corriendo al agua en calzoncillos, todo un espectáculo.

Tras un rato de hacer el tonto, que esperé de pie, pues no tenía donde sentarme con garantías, salieron del agua entre risas.
Alex se secó con su propia ropa. Pero mi marido había dejado la ropa en la arena y no estaba en condiciones de servir de toalla.
Nos sentamos de nuevo en el patín, pero no podía hacerlo encima de mi marido estaba totalmente mojado, así que le dije:
- Pues me duelen las piernas de estar de pie. Con tu permiso me siento en las piernas de Alex.
Mi marido hizo un gesto de esos de me da igual.

Por lo que me senté encima del guiri.
Estuvieron contando lo fría que estaba el agua, pero lo guapo que es bañarse de noche completamente solos, y tal y tal…. durante un rato.

Mi marido viendo el panorama, dijo:

- ¿Queréis unas bebidas?.
- Si por favor yo quiero otro mojito. Le dije con cara de “estoy algo salida”
- A mí me apetece otra cerveza. Dijo el escocés.

Mi marido se agachó cogió sus pantalones, que es donde lleva el dinero. Y echó a andar.

- No tengas prisa mi vida, no sea que te caigas en la arena. Le dije cuando llevaba dos metros alejado de nosotros.
- Vale, iré despacio!

Yo seguía sentada sobre el escocés, y él estaba que no sabía que decir, la situación le superaba.
Entonces se me ocurrió algo extraño.
Miré para Alex, y le pellizqué un pezón.
Pegó un saltito, y se encogió, levantó la mirada pero no me dijo nada.
Así que le pellizqué el otro pezón. Otro saltito, otra miradita y nada.
Cuando fui a repetir la operación, me dijo…
- A que te cojo yo a ti también las tetas!!!

No hice ni caso, otro pellizco se lo dejó claro.
- Seraaaaaaaass!!!! E intentó pellizcarme a mí.
Comenzó una guerra de manos, y manotazos, que yo tenía pensado perder en el momento que me interesara.
Al final el varón pudo más. Jaja!. Y me cogió una teta por encima de la camisa.

- Llevas ventaja, llevas sujetador.

Metí la mano y me lo quité. Se me transparentaban las tetas a través de la camisa perfectamente.
- ¿Y ahora? Le reté

- Esta vez no se cortó, me pellizco un pezón. Y ahora di yo el saltito. Luego el otro. Mientas yo intentaba pellizcarle a él, pero se defendía bien.

La camisa con el trajín se me abrió y las tetas estaban materialmente al aire.
En la pelea su cabeza quedó cerca de ellas. Entonces paré y me quedé muy quieta. Él entendió el motivo, así que acercó su boca a uno de mis pezones y lo chupó.

Yo cogí su cabeza y la apreté contra mí. Después apartó su cabeza y me comió el otro, al tiempo que chupaba me daba mordisquitos. Estaba a cien, me estaba calentando una cosa mala.

A lo lejos vi venir a mi marido.

Cuando llegó estábamos muy formalitos. Aunque el sujetador blanco en el suelo, era bastante evidente.
Mi marido nos dio la bebida. Me miró, después miró el sujetador. Se agachó hacia mí y me dio un beso en los labios diciéndome…
- Cariño me apetece dar una vuelta en soledad a la luz de la luna. Estás de acuerdo?
- Si cariño, claro lo que tú quieras.
- Tardaré unos veinte minutos.
- De acuerdo mi vida, aquí te esperamos. Te quiero!
- Yo más, No lo olvides !

Dio la vuelta y echó a andar hacia el final de la playa.

- Se ha dado cuenta tu marido? Me preguntó con cara de asustado.
- Sí claro, por supuesto. Pero me quiere y sabe que me apetece estar un rato contigo.

Se calló no entendiendo bien la situación, pero con los ojos fijos en mis pechos al aire esperando sus caricias no había nada más que pensar ni que decir.
Se lanzó a comerlos con avidez, a morderlos y a meterme mano por todos los lados. Sus manos subieron por mis muslos, y entraron en contacto con mis braguitas, totalmente húmedas, por fuera de ellas comenzó a pasar un dedo arriba y debajo de mi vulva, y a pararse durante ratitos en mi botoncito el placer. Me escurría de gusto.

De pronto me puso en pie. Y con delicadeza y lentamente me quitó la camisa. Desde el chiringuito se nos podía ver perfectamente. Y estoy segura que más de uno de los pocos clientes, se dio cuenta de lo que pasaba. Así que me cogió de la mano y me llevó al final de la zona de patines y nos pusimos entre dos bastante ocultos. Allí se puso de rodillas y me cogió de la cintura, me desabrochó la falda y tiró de ella hacia abajo hasta llegar a la arena. Después cogió de los laterales mis braguitas blancas y las jaló hasta sacármelas por los pies.

Pegó su nariz a mi palpitante coñito, de pronto noté la punta de su lengua tocar mi clítoris. Me estremecí de placer. Me empujó suavemente y me dejé caer en la arena. Ya detrás de los patines no se veía nada desde el chiringuito.
Metió su cabeza en mi coñito y durante unos minutos estuvo lamiendo todo mi coño, arriba y abajo, deteniéndose en el clítoris, hasta que no pude más y me corrí casi en silencio, pero no pasó desapercibido para él. Mi marido no me había chupado así en la vida.

Entonces se quitó el calzoncillo, hasta ese momento no había visto nunca una polla de un pelirrojo. Me extraño el color de sus pelitos, creía que serían también morenos, pero no eran pelirrojos aún más claros que sus cabellos.
La polla era más o menos como la de mi marido, así que no note nada nuevo excepto que no era la suya cuando la acaricié, ya estaba dura como una piedra. Me indicó que se la chupara.

La cogí y la chupé. Estaba buena y salada por el baño que se había dado en el mar minutos antes, así que seguí chupando y chupando, hasta que comenzó a salir líquidito, y entendiendo que además podía correrse paré.

Comencé a darle una paja aprovechando la saliva.

Entonces me dijo:

- ¿Quieres que te folle?
- Si quiero, ¿llevas condón?
- No, ese es el problema.
- Entonces mejor no.
- Es queeeeeeee.
- Si no llevas condón te doy una paja y ya está.
- Por favor.
- No.
- Por favor.
- No.
- Sólo la puntita, vale?
- No.
- Sólo la puntita, por favor.

Me daba pena, era su última noche, así que le dije…
- Solo la puntita, pero cuando vayas a correrte la sacas, eh?
- Vale. Dijo todo contento de alegría.

Se colocó encima de mí en posición.

Colocó su polla en la entrada de mi cueva del placer. Y con un movimiento de culo metió todo el glande. Me creía morir de gusto, durante unos segundo aguantó la situación, no necesitaba más polla. Así estaba bien, estaba siendo mediofollada por un mediodesconocido, con aprobación de mi marido, madre mía, me corría sólo de pensarlo.

De pronto noté que ya era media polla lo que tenía dentro.
- No me la metas toda eh!
- Vale, me dijo y se retiró un poco.

Estaba que se me iba la cabeza de gusto, casi no podía ni pensar. Me descubrí a mi misma diciendo…

- Joder, fóllame entera de una vez. Métemela toda, escocés!

Apretó su culo y me la metió hasta dentro.
Que gusto, me creía morir. Me iba a correr. Comenzó a darme culazos, un mete y saca, trepidante, pero corto, en unos cinco segundos susurré fuerte… Me corrooooooo!!!

Todo mi cuerpo se convulsionaba de placer, me sentía al borde de perder la consciencia.
El dio otro par de culazos más, y de pronto sacó rápido su polla. La leche le salía a borbotones, cayendo por mi pubis con sus escasos pelos. Como si fuera un volcán no paraba de emanar leche y más leche. Dejé que me la echará toda por mi barriga y mis pechos, me apetecía sentir el líquido calentito recorriendo mi cuerpo

Estuvimos unos minutos sin decir nada.

- Es tarde. Le dije.

Nos levantamos, sin hablar más, y nos arreglamos la ropa.
Justo el momento, pues al fondo veíamos a mi marido volver. Nos sentamos de nuevo en el patín, como si nada hubiera pasado.

Al llegar mi marido me dio un fuerte beso.

- Pareja, me voy a ir. Me ha encantado conoceros. Os dejo mi email por si veniis a Escocia !
- El placer ha sido mio, respondió mi mujer dándole un beso en los labios.

Yo le alargué la mano y le guiñé el ojo. Parecía arrepentido, y eso le tranquilizó.

Fuí abrazada a mi marido hasta el coche, donde él me dijo:

- ¿Lo has pasado bien?.
- Sí, mucho.
- Pues eso es lo importante. Te quiero!
- Cuando lleguemos a casa te limpio, que tienes manchas.

Me dijo que quería sentarse atrás por estar más estirada. Cuando habiamos salido de Benidorm, escuché que se estaba corriendo. Miré por el retrovisor y se estaba tocando los pechos todo mojados aún de la corrida. Tuve que parar en un rincón del camino.


ESTO NO ES UNA WEB DE CONTACTOS

Aviso a Navegantes.

Este es un blog de relatos. No de contactos. Existen multitud de webs de contactos. NO permitiré anunciarse en este blog con anuncios que no vengan a cuento.
Es mi blog y son mis normas.

Gracias.

El protagonista podrias ser tu.

Os voy a explicar una situación, y a partir de ahí, quiero ver quien tiene más arte en explicar lo que le gustaría que pasara.

Como habréis detectado por los relatos, me excita imaginar a mi mujer con otro hombre. Sí. me encantaría que mi mujer fuera una Hotwife, (en el enlace hay mucha e interesante información) tal como se denomina en inglés a las mujeres que tienen permisos de sus maridos para tener relaciones con terceros, en presencia de éstos o no.

Sé que quizás acabe siendo una fantasia sin realizar, pero me encanta soñarla. De hecho, nunca pienso en sexo sin mi mujer de protagonista. Ella siempre está , y puede haber más gente o no, pero nunca he fantaseado con otras mujeres. Decidme raro. Es asi. Ella me despierta todos los sentimientos que un hombre desearía de una mujer.

Y la historia empieza así ...




Cuando mi mujer y yo salíamos a tomar copas algún fin de semana de cada mes, acostumbrábamos a ir a un local de gente de nuestra edad. La música de los 80 nos transportaba a recuerdos y sensaciones pasadas.

El local siempre se llenaba a tope. Todo empezó una noche donde había quedado con mi mujer en el local directamente. Yo trabajaba y acababa muy tarde, así que quedábamos directamente allí. Normalmente a las 12h de la noche entrábamos pero aquella noche el trabajo se había alargado inesperadamente y yo no podía llegar antes de las 2h.

Para colmo, la batería del móvil se había acabado una hora antes, lo justo para avisar a mi mujer que llegaría más tarde. 

Así que cuando llegué el local estaba a reventar. De aquellas veces que cuesta avanzar entre la gente. Como somos animales de costumbre busqué por la zona que por costumbre frecuentábamos. Busqué en la pista y tampoco la vi. Viendo que no la encontraba, me pedí un gintonic. 

Moviendo levemente el cuerpo al ritmo de la música en un extremo de la pista me tranquilice mientras observaba por ver si la encontraba. Finalmente di con ella. En una de las barras se encontraba. Estaba hablando con un joven de unos 30 años. Hablaba mientras bebía una copa y se reía. Parecía una escena típica de ligue. Se acercaban las caras para hablar porque la música no permitía entablar una conversación muy fluida.

No sabía si acercarme a interrumpir o no. Ella siempre se había resistido a ligar con terceros, pero esta vez se la veía muy cómoda y alegre. Así que estuve un rato medio bailando y medio mirando la escena. Una extraña sensación se apoderó de mi, ya que por un lado sentía nervios o celos, pero por otro una excitación inusual. Pero por el hinchazón de mis pantalones se notaba que lo estaba disfrutando.

Mi mujer de vez en cuando miraba en general a todos lados, dando la sensación que me buscaba, pero sin dejar de hablar con el muchacho. En una de esas ojeadas su mirada se cruzó con la mia. Me vio y sonrió, pero no dejó de charlar con el muchacho. A partir de ahi, me iba dedicando miraditas de morbosidad de vez en cuando.

Al final, y después de mucho debatir en mi interior, me dispuse a acercarme y presentarme. Cuando llegué mi mujer exclamó:

- Hola cariño, has llegado !!! Te presento a Iván.
- Encantado.
- Igualmente.

Y sin más, mi mujer exclamó:
- Le estaba contando a Iván que estoy casada, pero que mi marido no es celoso y me deja hacer a mi aire. 

Un sin fin de sentimientos y nervios pasaron en ese momento por mi cabeza. Nunca había planteado la situación así de clara y abierta. Me debí quedar con una cara en blanco porque ella añadió:
- ¿Verdad amor?
Sólo pude responder con un tímido ...
- Sí, mi amor.

- Le estaba diciendo a Iván que eres un cocinero muy bueno, y que ya que mañana no tenemos niños, podría venir a cenar. ¿Qué te parece? 

La situación era super morbosa. Podría haber quedado con él directamente, o haber dicho que se iba con él, pero no. Escogió la situación más morbosa. Le invitó a mi casa y conmigo de cocinero.

- ¿Verdad que nos prepararás la cena para los dos, mi amor?

No sólo le estaba invitando a mi casa, si no que me estaba dando órdenes a mi directamente de que les iba a servir la cena en compañía de un atractivo joven. 
Mientras mi cabeza iba a mil, pude ver la cara de morbosidad de Iván, que no se acababa de creer lo que se estaba planificando para la noche siguiente.

Así que quedamos en que llegaría a las 21h del día siguiente. Se despidió de él y me dijo que quería irse a casa a descansar. Así que nos fuimos. Como habíamos llegado en coches separados, nos dimos un beso y nos despedimos hasta casa. 

El camino de regreso era una tormenta de sensaciones y excitación. En mi mente pasaban mil imágenes. Pensaba en llegar a casa y hacer el amor con mi mujer por lo morbosa que era, pero cuando llegamos y nos metimos en la cama, se limitó a decir: 

- Mi amor. Hoy no. Mañana si todo sale bien haremos el amor. Te amo. Guarda esa erección para mañana. La necesitarás.
Me dió un beso de amor, y se giró en la cama para dormir.

A la mañana siguiente mi mujer no estaba. Había tenido que ir a trabajar, y me envió un mensaje de que llegaría por la tarde. 

Yo me dediqué a comprar  y preparar una cena que estuviera a la altura. Busqué un buen vino y preparé la mesa para dos con mucho mimo.

A las 19h recibí un mensaje de mi mujer que le preparara un baño caliente. Así lo hice.

Lo tenía todo a punto. Creo que nunca había tenido una erección tal larga en el tiempo. Estaba cocinando pero no me sacaba de la cabeza la idea. Aquello era muy morboso y lo estaba disfrutando.

Mi mujer llegó nos vimos lo justo para darnos un beso con sonrisa de complicidad entre ambos. Se bañó. Me dijo que recibiera al invitado si este llegaba.

Eran las 21h en punto. Lo tenía todo calculado. La comida en el horno en su punto. Una pequeña crema de entrante. Algo muy libiano pero excelente. 
Cuando el timbre sonó me asombré. Hice una respiración profunda y me armé de valor para abrir la puerta. 

Iván estaba alli de pié elegante. Camisa negra y pantalón negro. Corbata Granate. Una combinación muy elegante. En sus manos una botella de Cava.

- Buenas noches.
- Buenas noches. Pasa. Ahora bajará.

Le serví una copa de vermouth blanco bien frío y le indiqué que se sentara en la mesa. Ahora vendría ella.



La puerta de la habitación se abrió y apareció ella espectacular. Unos zapatos de tacón, medias negras con dibujos, una minifalda y un escote que no podía pasar inadvertido ni por un ciego. Impresionante.
Ví el rostro de Iván y los ojos le brillaban mientras esbozaba una sonrisa y decía:

- Buenas noches Preciosa !
- Buenas noches Iván !



Le serví otra copa a ella mientras se sentaba en la mesa. Les dejé solos y me fuí a la cocina.

...


¿Cómo continua la historia?

Decidid vosotros. La más sugerente la convertiré en oficial.