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El Jardinero Regador

El sábado acababa de empezar, pero mi mujer me volvió a echar en cara que un fin de semana que estábamos solos, ya que habíamos conseguido colocar a los niños, y yo había contratado a un jardinero. Hacía tiempo que no estábamos solos, y había perdido esa oportunidad que de vez en cuando las parejas necesitan.

Esta vez había contactado con el Jardinero por internet. Así que aquel sábado había quedado en recogerle en un lugar concreto. Me sorprendió al verlo, porque estaba acostumbrado a ver chicos de color en la zona haciendo labores de jardinero, pero éste era distinto.

Era joven, de aproximadamente 25 años. Alto, pero tenía clase. No era como otros anteriores. Se le veía muy bien cuidado, y me sorprendió que fuera vestido con ropa de calidad. Llevaba una bolsa, donde me indicó llevaba todo lo necesario para el trabajo.

Hacía 2 años que estaba aquí, y las cosas le iban bien. Era muy optimista, y tenía un buen parlamento.
Me explicó que era ingeniero industrial. Había trabajado en una petrolera en su pais. Ahora trabajaba en una empresa de tecnología, y los fines de semana en lo que podía como jardinero.

Me comentó que el 50% lo enviaba a su familia, y que gracias a ello, 8 personas podían vivir.

Di un rodeo para llegar a casa, y que no pudiera recordar donde se encontraba exactamente. Esto es una medida que acostumbro a hacer las primeras veces, por seguridad pero también porque hay muchos de estos hombres  que se vuelven pesados, y cada semana te están reclamando trabajo. Ojalá pudieramos tener cada semana gente trabajando, pero no es así. La crisis nos había obligado a hacer casi todo por nosotros mismos, pero de vez en cuando, cuando nos lo podíamos permitir, contratábamos a alguno para hacer las tareas más duras.

Cuando llegamos mi mujer estaba en el jardin. Le presenté a Abel.

Me fijé que ella quedó un poco perpleja de lo musculoso que era el chico. Le indiqué que le enseñara donde estaba el vestuario para cambiarse de ropa. Ella le acompañó. Abel le preguntó si podría ducharse al acabar, y ella le indicó que si. Teníamos un vestuario completo que habiamos restaurado y Abel podía tener toda su intimidad. Abel le preguntó si podría tener agua para beber. Ella le respondió que ahora mismo se la llevaría.

Estaba yo en la cocina preparando un cocido para la comida, cuando entró ella. Me dijo que le iba a llevar agua.



Mi mujer vestía con unos leggins de deporte y una camiseta de tirantes. No llevaba sujetador porque normalmente no usa en casa, y porque dicho de paso, tiene unos pechos preciosos que no necesitan de sujetador para mostrar su plenitud.

Me fijé que los pezones se le marcaban mucho, pero no le dije nada porque sabiendo como es, se hubiera ruborizado y tapado. NO hace ningún daño. A mi me excita, y si Abel  se fijara en ellos, dudo que no le gustaran.

Mi amada regresó al cabo de un minuto, con los pezones todavía más marcados como pitones. Eso me daba a entender que de alguna manera se había excitado. Me dijo que debía llevarle una toalla para la ducha, pero que iba a esperar un rato, porque se estaba cambiando. Me dedicó una mirada perversa. Yo imaginé que le había pillado cambiándose y por eso se había alterado. No sabía que había visto exactamente, pero había vuelto muy rápida.

Seguimos con nuestra jornada diaria. Abel estaba en el jardin sacando todas las hierbas. Mi mujer planchando con música a todo volumen y cantando y yo en la cocina con los ojos en la cazuela, pero con la mente en otro lado. Tenía una erección sólo de pensar en mi mujer y el cuerpo de Abel cerca.

La mañana pasó muy rápida. Había llegado la hora que habiamos acordado como final. Mi mujer se exclamó haciendo hincapié que le iba a llevar la toalla, mientras me daba un beso y me guiñaba un ojo. Ella es muy pícara cuando quiere serlo. Y me di cuenta que ese día lo estaba.
Me dijo que me preparara para llevarle de vuelta a su casa, asi que yo me fuí a vestir.

Me extrañó que se había cambiado de ropa. Se había puesto una blusa y esta vez sujetador. Pero tampoco le di mucha importancia.

Había pasado media hora y yo estaba vestido, sentado en el sofá esperando a Abel para acompañarlo a la ciudad. Desde luego me extrañaba el rato largo que no estaban pero lejos de preocuparme, estaba excitadísimo, porque sabía que cualquier cosa podría estar sucediendo.

Oí a mi mujer entrar en casa mientras me decía que Abel estaba preparado para irse. Yo estaba sentado en el sofá. Se me acercó muy lentamente y otra vez con esa cara pícara. Me dijo con voz sensual y lentamente, que no tardara en regresar porque tenía ganas de mi, y que me tenía que contar una cosa.

Mi reacción ya imaginais cual fué. Una erección como una casa.

A medida se acercaba muy lentamente, la visión de me hizo más clara. Ella andaba muy lenta para poder estudiar mi reacción. Cuando llegó frente a mi, y vi la imagen, hicimos un silencio de segundos. Yo no sabía que decir. Aquello que tanto ansiaba era real.

Ella rompió el silencio de una manera directa:

- ¿Me los quieres chupar? Me dijo en voz sugerente.


No pude resistirme. Aparté la blusa y me enganché a ellos. Sus pezones estaban más duros que lo habitual. Su sabor era una extraña mezcla de matices. Pero la excitación del momento no me planteaba otra cosa que no fuera succionarlos allí sentado delante de mi Diosa. Aquella sería mi droga de ahora en adelante.

Mientras lo hacía, me dijo cogiéndome la cabeza:

- No tardes amor, que tengo que contarte lo hermosa, grande, suave y caliente  que era la verga de Abel. No ha podido resistirse a correrse en mis pechos. Luego te cuento todo. Ves a llevarle a la ciudad.

- Ah, y que no noté que tienes una erección, Cornudo mio. Si no sabe que te gusta, mejor.
Por cierto, págale. Así, aún tendrás más la sensación de ser mi Sumiso.

- ¿Era esto lo que querias amor? Pues yo si. Prepárate a partir de ahora.

Ha nacido una nueva mujer.

- Y si te das prisa, todavía podemos recuperar medio sábado. Te espero en la cama.







Declaración pública de Aniversario

Amor. Hoy es nuestro día.

Te amo.
Porque te cuidas y me cuidas.

Te amo. 
Porque juntos hemos hecho una familia de amor y apoyo.

Te amo. 
Porque he aceptado que quiero vivir toda mi vida siendo tu la única mujer con la que haya hecho el amor.  Tu has tenido otras relaciones, pero lejos de enojarme, me enorgullecen. Me fascina la sexualidad femenina y quiero explorarla a través tuyo.

Te amo. 
Porque otros podrán contemplarte e hipnotizarse con tu imagen en un instante, pero yo, después de tantos años sigo enganchado a ti.

Te amo.
Porque otro podrá gozarte un instante entre su cuerpo pero desconoce que hasta en ese caso, yo lo disfruto porque deseo tu placer más que el mío.

Te amo.
Porque otros podrán saborear tus besos con lujuria, pero, inocentes, no saben que luego los recrearás y disfrutarás conmigo.

Te amo.
Porque puedes gozar de hombres mejor dotados que yo, pero sólo te darán el placer de una buena ocasión. Pero gracias a ello, mi sexo fluirá con mayor energía y te complaceré mejor.

Te amo.
Porque puedes tener a otros más jóvenes y energéticos, pero después de vigorizarte con ellos me abrazas y besas en nuestro nuevo encuentro.

Te amo.
Porque juntos hemos aprendido a gozar y a liberar nuestras mentes de tabúes y prejuicios.

Te amo. 
Porque con una simple mirada sabemos lo que siente el otro.

Te amo. 
Porque espero seguir viviendo esta aventura llamada vida a tu lado, pero riéndonos de los problemas o las limitaciones.

Gracias por estar a mi lado.
Con todo mi corazón.
SR

Fin de semana con sorpresa en Paris

La verdad es que nos gustan las situaciones eróticas y atrevidas y hemos fantaseado con infinidad de escenarios, pero al final no nos hemos atrevido a hacerlas realidad (más bien no se ha atrevido ella).

 Esta pasada Semana Santa tuvimos cuatro días de vacaciones (de jueves a domingo), y decidimos ir a algún sitio a pasar el fin de semana. Pensamos en varios lugares (Canarias, , etc.), pero al final nos decidimos por París. Quisimos ir a un hotel de lujo que le teníamos ganas, pero al final no había presupuesto y fuimos a un pequeño hotel cerca del Arco del Triunfo, un hotel muy coqueto.

 Nos gusta mucho follar en vacaciones, porque estás libre de todo y de todos. No estás sujeto a horarios y no tienes que preocuparte por los vecinos, los hijos ni por nada. Lo que solemos hacer sin haberlo premeditado cuando vamos de vacaciones es dejar de follar unos días antes de salir (a veces incluso dos semanas), para llegar al destino turístico muertos de hambre sexual. Y así lo hicimos cuando fuimos a París.

Madrugón. Fuimos en Ave por comodidad. Casi siempre viajamos en avión, pero teníamos ganas de probar la comodidad del ave. Cuando llegamos a París estábamos hambrientos. Nos pusimos a buscar un lugar donde cenar y no fue difícil. Nos sentamos en una terraza cerca de la torre Eiffel y allí se nos pasó el tiempo volando. Regresamos al hotel andando, totalmente derrotados y mi mujer cayó rendida en la cama, incluso con dolor de cabeza. Nada más que contar de aquella noche. No era lo que hubiera soñado, pero teníamos el fin de semana por delante.

 Dormimos hasta la hora del desayuno y nos levantamos para ducharnos y salir a la calle. Me duché yo primero y cuando salí de la ducha vi a mi mujer, con bragas y camiseta, tan casera, tan apetecible, que le pedí que follásemos antes de salir. Mi mujer es de ideas fijas respecto al sexo. Y ella tenía por prioridad dar una primera visita turística por Paris. Pero insistí.

  Y tanto insistí, que me ofreció hacerme una paja o mamada antes de salir, con la promesa de follar por la noche con mucha más tranquilidad.


Pero pensé: a falta de pan... y le dije que sí. Me quité el albornoz y me tiré boca arriba en la cama y le pedí que me lo hiciera como bien ella sabe. Mi mujer es una excelente mamadora. La mejor del mundo. Sabe hacerla mirándote a los ojos y volverte loco.

 Pero yo quería algo más que una simple mamada. Me encanta la exhibición y le dije que aceptaba no follar a cambio de esa mamada, siempre y cuando la ventana estuviera abierta, con la emoción de que cualquier mirón nos pudiera ver. Total, allí no nos conocía nadie.

 Me dijo que no de forma rotunda. Todo eran excusas. Que podía vernos alguien con quien podíamos cruzarnos en pasillos, ascensor o restaurante. Que nos podían grabar. Que estaban muy cerca las otras ventanas. Y tenía razón. Nuestra habitación tenía un balcón con dos puertas enormes que, abiertas al máximo, dejaban ver nuestra cama desde muchas habitaciones del mismo hotel, ya que no era exterior, sino que daba a un patio interior muy amplio.

  Insistir siempre da premio y este fue un claro ejemplo de ello. Insistí hasta la saciedad, hasta ponerme pesado, recurriendo mil veces al por favor, hasta que aceptó hacerlo con las puertas del balcón abiertas de par en par, con la condición de que ella se quedaría en braguitas y en camiseta, no desnuda como yo pedí. Accedí a ese término en la negociación, porque sabía que el tiempo pasaba y si me ponía más pesado me quedaría sin nada.

 Así que tumbado boca arriba cerré los ojos, una vez abierto el balcón de par en par, consciente que podía ser observado por cualquiera que en ese momento se asomase a su ventana. Mi mujer se puso de rodillas a mi derecha, de espaldas al balcón, y se dispuso a hacer lo que tan espléndidamente hace siempre que ella quiere.

 Empecé a notar sus deditos en mi capullo. Un verdadero placer. Me la agarró por el tronco y comencé a sentir un verdadero escalofrío de placer por todo el cuerpo, añadido a que era consciente que aquella estampa podía estar siendo observada por cualquier curioso. Pero no me era suficiente y le rogué a mi mujer que se quitara la camiseta. Esta vez, con la calentura del momento, sí aceptó. A ella le gusta mucho mi polla cuando está completamente dura, y en aquel momento se daba el caso.

 Le pedí que fuera más despacio, porque yo quería que aquello durase más de lo que inevitablemente iba a durar si seguía con ese ritmo. Bajó su mano y se puso a jugar con mis huevos, delicadamente, para después hacer alguna incursión a mi zona anal. Mientras me acariciaba los huevos y el ano, mi mano jugaba con los bordes de sus braguitas, metiéndose mis dedos a veces hacía su interior, notando los relieves de su vulva, el vello de sus labios mayores, la humedad de sus labios menores y el sudor que, fruto de la calentura, había en la raja de su culo.

 No se había duchado todavía y su olor íntimo tenía una antigüedad de más de veinticuatro horas. Por ello le tocaba aquellos rincones y me llevaba los dedos a la nariz para después chuparlos, lo que me calentó mucho más. De forma casi instintiva, agarré el borde superior de sus bragas y tiré hacía abajo. En lugar de impedirme que se las quitara, adoptó una postura que me facilitó la maniobra, y fue ella misma quien se las bajó del todo y las tiró al suelo.

 Ya la tenía totalmente desnuda y a la vista de todo el que tuviera la suerte de asomarse de cualquier balcón o ventana de enfrente. Desnuda y de espaldas. Arrodillada a mi lado y con las piernas un tanto abiertas. El acceso de mis manos a su coño y su culo ahora era absoluto. Y ello podía verlo el mirón de turno. No quise conformarme con simples toques y caricias. Le metí dos dedos en su vagina, busqué y masturbé su clítoris. Ella, al calentarse cada vez más, me masturbaba con más fuerza, con más vigor, hasta que me dí cuenta que mi orgasmo era inminente.

 Me salió del alma. Le pedí que se agachara para poderme correr en su boca. 

 Lo hizo sin rechistar. Puso su culo en pompa conscientemente dirigido al balcón. Toda la humanidad allí presente pudo disfrutar en aquel momento de sus nalgas abiertas y de su coño ofrecido con todo su esplendor, mientras mi semen se iba a derramar en su boca.

 Y en aquel momento, ocurrió algo como consecuencia de un error no previsto. No habíamos colocado en la puerta el cartel de "NO MOLESTAR"” y ya estaba bien entrada la mañana. No le dimos importancia a los ruidos que con sus carritos de estaba haciendo el personal de limpieza del hotel.

 Una llave se introdujo en la cerradura de nuestra habitación y abrió la puerta. Todo era ya inevitable. Ni siendo los más rápidos del mundo podríamos haber evitado la incursión de aquel chico. Se quedó estupefacto, más él que nosotros. Pero todo siguió su inmutable curso. Mi mujer estaba aferrada a mi polla y sabía y quería que en breves momentos aquello iba a estallar. Y yo estaba obnubilado, con la razón perdida en otro mundo. Sin hablar, sin ponernos de acuerdo, cada uno siguió en su papel.

 Y el chico, como no podía ser de otra forma, traspaso el umbral de la puerta y, con mas miedo que vergüenza, ya que vergüenza no tenía ninguna, se puso a mirarnos sin mostrar el más mínimo rubor, mientras cerraba la puerta lentamente,  cosa que le permitimos sin impedimento alguno.
 

 Era un chico joven, guapo y atlético. En aquel momento, ni a mi mujer ni a mí nos molestaba su presencia, más bien todo lo contrario, nos excitaba sobremanera. Se fue acercando muy lentamente hasta situarse detrás del culo de mi mujer. Lo observaba fijamente con cara de vicio y deseo. Cerró las cortinas,  me miró y le dirigí una sonrisa de aprobación. No sabía como reaccionaria mi mujer pero yo estaba al máximo en aquellos momentos de máxima calentura.

 Su mano se dirigió tímida y temblorosamente hacía sus nalgas y las acarició con mimo, disfrutando de su suavidad, de su calor, de la finura de su piel. Mi mujer dejó de chuparme la polla sorprendida y me miró a la cara con sonrisa viciosa, también en signo de aprobación, con lo que me dió a entender que estaba preparada para todo lo que pudiera venir. Volví a mirar al chico y le hice un gesto afirmativo con mi cabeza.

 Seguro de sí mismo, dirigió su mano hacia la bragueta de su pantalón y se desabrochó el botón superior y bajó la cremallera. El chico debía tener experiencia y siempre iba preparado porque sacó de su bolsillo un preservativo. Lo abrió y se lo puso en un instante. Su polla en aquel momento me pareció enorme, debido a su total erección. No se anduvo con rodeos. La dirigió a la vagina de mi mujer.  Ella notó su presencia en su entrada, y me hizo una mirada de las que no olvidaré nunca. Me besó apasionadamente la punta de mi miembro, mientras noté como un empujón se la clavava hasta el fondo. Mi mujer me la chupó hasta el fondo,  mientras me miraba a los ojos con cara de morbosidad y placer.

 La estampa era estupenda. Mi mujer a cuatro patas, con mi polla ensartada en su boca y  su coño con una polla dura. Yo ya no pude más. La situación me superó. 


 La corrida fué inevitable. El semen se me escapaba sin quererlo. Se escapaba de forma casi explosiva. 

 Ella me miraba con ojos de lujuria y leche rebosando de sus labios mientras gemía por las embestidas que le estaba proporcionando el joven. El chico estuvo unos minutos dándole con muchas ganas, mientras mi mujer se corría. 

 No pasaron muchos minutos que el chico gritó como loco y noté como se estaba corriendo follando el coño de mi mujer

 La polla de aquel chico siguió dentro de mi mujer durante un minuto más, hasta que la última gota de él terminó en el interior del preservativo dentro de su coño.

 Quise disfrutar de la maravillosa perspectiva al ver a mi mujer follada por un extraño, de cómo aquella polla, tras derramarse en su interior, seguía entrando y saliendo de su vagina, hasta depositar la última gota de sus testículos. El espectáculo era incomparable.

 Nada más terminar, consciente de lo que acababa de hacer, mi mujer se dirigió al baño para expulsar lo que con tanta pasión había capturado en su boca. El chico sencillamente se recompuso y se fue como había venido: de forma sigilosa, sin hacer ruido, como si no hubiera estado, como si todo hubiera sido fruto de nuestra imaginación. Yo, sin vergüenza ni remordimiento alguno y sin mirar al exterior, me dirigí al baño para ducharme de nuevo con mi mujer.


Al regresar había una tarjeta encima de la cama con un teléfono y un nombre.  Quizás el fin de semana nos traería alguna sorpresa más

Nos abrazamos, besamos y nos pusimos dispuestos a ir a conocer la ciudad del amor. Paris.

El regreso de ella

Llegamos al hotel donde habitualmente tenemos nuestros encuentros.

Tal como llegamos me ordenó que me pusiera en la cama sólo con calzoncillos. Ella entró en el baño para prepararse para la ocasión.
Pasó un buen rato. Perdí la noción del tiempo. Yo puse la televisión, y me quedé medio dormido.

Me despertó ella cerrando la puerta de entrada y diciendo:

- Hola amor. Ya estoy en casa.
- ¿Cómo ha ido la cena? le pregunté mientras abría los ojos y pude contemplarla estupenda.

Iba muy sexy con un vestido negro muy ajustado y un escote muy generoso. Estaba espléndida. Calzaba unos buenos zapatos de tacón. Vestía unos pendientes y un collar negros con un as de picas.

- ¿Quieres saber como ha ido la cena? preguntó con cara de morbosidad.
- Si. Quiero todos los detalles.
- Pues me lo he comido todo. ¿Sabes aquel compañero de trabajo que te menciono a menudo?, pues me ha invitado a una copa después de la cena de empresa y he ido porque el resto de gente no quería continuar la fiesta. Hemos ido a un bar de copas, y hemos hablado mucho y bailado.

- Muy bien, Se habrá puesto las botas con este modelito que llevas.
- Sí, más que las botas, cariño. ¿Quieres saberlo todo? - Ya veo que si. Tu erección encima de los calzoncillos te delata. Hizo un silencio mientras miraba con satisfacción mi bulto.
- ¿Realmente te excita que haya salido con otro hombre a solas?
- Me da un poco de celos pero me excita.  Me excita que sepas disfrutar a cada momento de la libertad que quieras y con quien te guste. Ya lo sabes.
- Me ha regalado este juego de pendientes y collar. ¿Te gusta?
- Sí. Es muy bonito y sexy.
- A mi tambien. Me lo pondré cuando tenga ganas de guerra.

En ese momento se puso encima de la cama de pié, y se aproximó y se puso justo encima mío para que pudiera contemplar que no llevaba bragas.

- Veo que vas muy accesible. Le dije con una sonrisa pícara. Creo que no has salido asi de casa.

Se agachó lentamente y me enseño su sexo muy de cerca.  Su coño brillaba y rebosaba humedad.

- ¿Quieres chuparlo?. Me preguntó con voz entre sensual y autoritaria.
- Claro que si. Será un placer. Sabes que tu coño es mi manjar.

Se agachó del todo y me puso su coño mojado en la boca. Mi excitación superaba los prejuicios de pensar lo que realmente estaba haciendo. Estaba chupando su coño recién corrido. No lo había dicho pero los dos sabiamos lo que había pasado. Ella me miraba mientras me cogía la cabeza y me lo daba con todo su amor.
- Toma, cariño. Cómetelo todo. Yo ya me he corrido varias veces hoy.

Estaba como loco saboreando su sexo depilado mientras en mi mente venían imagenes de ella disfrutando con su compañero.

Pasamos asi un buen rato, dentro del cual ella se corrió en mi boca. Me encanta hacer que se corra.

- ¿Te gustaría ver como me folla otra polla?
- Sabes que si. ¿Te ha gustado su polla?
- Mucho. Era grande y dura.
- Mmmmmm. ¿le llamabas por su nombre mientras te follaba?
- Claro que si.
- ¿Qué le decías?
- Mmmmmm, fóllame, Jose Antonio,  métemela toda !!!

-¿Quieres ver ahora como me folla otra verga?. Sabes que de momento no lo vas a ver en vivo porque me da corte pero te he traido un regalo.

Sus palabras me dejaron excitado y helado.
Sacó de su bolso un pene negro con una correa, de esos que se usan en dominación, y que cuando está puesto no puedes hablar.

- ¿Quieres que te lo ponga?
- Si, mi amor.

Me levantó la cabeza y me introdujo la parte menos grande en mi boca. Pero era lo suficiente grande para que no pudiera hablar. Me ató la correa por detrás de la cabeza con suma delicadeza.
Puso crema lubricante imitación de semen a lo largo del pene.

- Ahora verás como me folla esta polla, y lo verás muy de cerca.

Se puso de espaldas como si quisieramos hacer un 69 y con una habilidad innata se introdujo el pene muy lentamente en su coño.

- ¿Lo ves bien? ¿Ves como me folla Jose Antonio?
- mmmmmm era lo único que podía decir. El hecho de no poder hablar le daba un sentido de superioridad y a mi un punto de sumisión que era muy excitante.

Se fué moviendo cada vez más deprisa y más rápido. Mi cabeza se movía al ritmo de ella, y mis ojos estaban super abiertos viendo esa escena de sexo tan cerca de mis ojos.

Ella, mientras,  había bajado mis calzoncillos y cogido mi pene y me estaba haciendo una maravillosa mamada. La excitación era total. La verdad es que no pude aguantar mucho rato así, y en menos de lo que hubiera querido me derramé en su boca, mientras seguía viendo como mi boca-polla seguía follándola.

Una vez corrida se incorporó y se dió la vuelta. Lo que hizo a continuación no lo olvidaré jamás. Con mi corrida en su boca inició una mamada lenta en mi boca-polla. Yo estaba con los ojos desorbitados viendo como hacía una mamada delante de mis ojos. Poco a poco dejaba salir la leche de mi corrida por la comisura de sus labios y el flujo blanco y caliente bajaba a lo largo de la polla negra.

Mis sensaciones estaban al borde del colapso, ya que no podía hablar, y ella estaba haciendo una corrida en la polla negra delante de mis ojos.

Luego me preguntó:
- ¿Te gustaría ver mi coño lleno de leche?
- Mmmmmm. Sólo pude mencionar.

Se volvió a dar la vuelta, y se folló otra vez a la polla negra, pero esta vez podía ver la corrida entrando y saliendo de su coño resbalando por la polla. Una escena que cuando piense en ella  el resto de mi vida, me creará una erección irremediable.

Estuvo cabalgando unos minutos más fuera de si, hasta que se dió cuenta que mi miembro volvía a estar en erección por los estimulos visuales que estaba recibiendo. Así que me desabrochó  el aparato de la boca, y esta vez, se puso a cuatro patas indicándome el camino.

La cabalgué un buen rato como un loco.  Se corrió mientras la follaba, y eso provocó que yo me corriera por segunda vez, pero esta vez dentro de ella.

Reposamos unos minutos.  Nos abrazamos.

- ¿Te ha gustado, mi amor?
- Sí, me ha encantado. Te amo. Disfruta la vida. Siempre estaré ahí para compartirla contigo.







Una luna, una orilla, unos ojos.

    Llamamos al camarero, pagamos la cuenta y nos dispusimos a marcharnos,  bajamos los  cuatro escalones que  conducían al paseo maritimo y con ella en  medio de los dos caminamos despacito.

 Paseamos durante  unos  minutos. Vimos  las clasicas pasarelas  de  madera que invitan a entrar en la playa sin pisar la arena.
Ella  dijo:
- Entramos a ver  como la  luna  se refleja en  el agua?.
- Buena  idea, hace una noche fantástica,  dijo Iván.
 Caminamos  por  la  orilla  de la playa y en efecto una  maravillosa luna se reflejaba en el agua  e iluminaba toda la orilla. El mar estaba muy calmado y podiamos  vernos perfectamente  las caras. Mi mujer  lucia radiante con unas mejillas rosadas, efecto causado por  el  buen  vino que habiamos  bebido.

Rodeé su cintura con un brazo e inesperadamente Iván pasó el suyo por encima de sus hombros, de esa  manera seguimos  caminando cuando  de pronto  sono el movil  de Iván, era  una llamada de algún amigo suyo. Instintivamente  al oir  la melodia  del movil  de Iván, eche mano  a mi  bolsillo del pantalon buscando el  mio y  observe que no estaba.
- Joder, ya  me  he dejado el  movil en  el restaurante.... exclamé.
- Qué cabeza.. me recriminó mi mujer.
- Voy un  momento  a por  él. No tardo.

Como  unos  200 metros  mas  adelante  se veia una  zona con barcas y patines  de alquiler, señalandola  les dije....
- Id  hacia  allí vuelvo enseguida......

Mi mujer e Iván sin  soltarse  del hombro siguieron  hacia donde les indique y yo me apresuré  a volver al restaurante. Tardé poco, y cuando llegué el camarero que  nos había atendido ya tenía el  movil en la mano. Le dí las gracias y emprendí el  camino  de  nuevo hacia la playa y la zona de las  barcas, esta  vez  fuí por  el paseo  evitando la arena.

Cuando estuve a su altura entré por la  arena  hasta allí. Conforme  me acercaba escuchaba una musiquilla que provenía  de esa  misma  zona. Avancé escuchándola y vi que  era una pandilla  de chicos y chicas adolescentes con  dos guitarras y una especie  de timbales, estaban  de lo mas entretenidos y no sonaban nada mal sus canciones, estaban sentados mirando hacia el paseo marítimo, unos tocando y cantando y otros  bailando  en la  arena.

No les vi, así que pensé debían estar en la otra parte  de las barcas mirando  el reflejo  de la luna en el agua, salude a los chicos  con un  ...buenas  noches.... pasé entre  ellos y di la vuelta  a las  barcas, al otro lado  de ellas habia unos  patines  de esos  de pedales y mas hacia  la playa, una especie  de  caseta donde pienso  guardarian  herramientas o utensilios los que se dedicaban al alquiler de los patines, y al lado una  vieja  barca  de pescadores que estaba  alli  como  algo pintoresco, me dirigí hasta  la caseta y al dar  la vuelta  me asomé y vi a mi mujer apoyada en la barca sobre sus antebrazos, su espalda arqueada daba a donde yo estaba.  Iván estaba a su lado con la misma postura, parecía que los dos contemplaban el reflejo  de esa luna en el agua y el venir de las  suaves olas. Me quedé quieto y no salí  de la esquina  de la  caseta, estaba a pocos metros y con la claridad  de la luna podia  verlos perfectamente desde mi esporadico escondrijo, les oía como un susurro pero no podia  apreciar que decían, alli  en mi observatorio veia  a los  dos perfectamente pero  no podia  oirles  bien.

Iván rodeaba  a mi mujer por los  hombros y de cuando en cuando se miraban  hablando, en uno  de esos  momentos  vi  como Iván se avanzó  y se fundieron en un largo beso....
Al principio mi mujer pareció que quiso resistirse, pero no tardó ni cinco segundos en aceptar el beso. Se abrazaban y se besaban,  yo les  veia perfectamente y decidí no mostrarme por  ver aquella escena  que se me antojaba  muy bella y morbosa.

Despues  de  muchos  besos  y muchas caricias, Iván bajo  su mano derecha y puso su mano por dentro de la falda. Sus  bragas  blancas  cubriendo  aquel  culo tan  hermoso relucían  con la  luz de la playa, tenía el lugar más privilegiado para  ver  la tersura  de las nalgas  de ella y el volumen  de  su culo, aquella vista  y el que no pudieran verme, hizo subir mi temperatura sexual y con ello mi cosa empujaba  dentro de mi pantalón.

Iván   despues  de meter la mano dentro de la falda de ella, seguía  besándola en su boca y su mano impetuosa buscaba  separar la poca tela  que le  separaba de aquella raja del placer. Todas las maniobras para apartar aquella tela y  entrar un dedo en su ya  humeda vagina, todo lo hacia  sin dejar  de besar a mi mujer y mirando los dos  hacia el mar como si  de una pelicula se tratara.  Iván insistia  con  sus  dedos  de  una sola  mano en meterlos por aquella hendidura pero al parecer le costaba  lo suyo.

Ella finalmente le ayudó  con  su manos  apartando ese pliegue  de tela  de sus  bragas y facilitandole la  entrada   de los  dedos  de él, la mano de Iván se movia arriba y abajo y ella correspondía con vaivenes  de  sus caderas para poder  restregar mas  su raja con los dedos  de aquel experimentado hombre. Se escuchaba la respiración de ella intensa.

Solo un par  de minutos  con ese  juego y podía  oir sus pequeños  gemidos disfrutando con   aquellos  dedos  dentro  de   ella y  que sin duda  le daban mucho placer y morbo.

Ella se giró en redondo hacia Iván, lo cogió por  el cuello y le besó fuertemente, no conté  el tiempo que  duró aquel beso pero pensé que podrian ahogarse si no respiraban, apartó los  labios  de él y  sin dejar de abrazarlo con una mano buscó la bragueta  de él para sacar de su reclutamiento aquel miembro que se preciaba grande y duro.

Ella cogió aquel miembro y comenzó un vaivén arriba y abajo con su mano derecha, con la izquierda detras  del cuello del chico lo atraía  hacia ella y lo besaba apasionadamente, imaginé que  su lengua debia estar por  lo menos  en la garganta  del macho excitado, seguia moviendo su mano e Iván doblaba sus piernas por el gusto que  aquella  masturbacion le estaba  causando, Iván subia y bajaba flexionando sus piernas  al ritmo  que ella le daba con la  mano a su pene y ni por un  momento  apartaban  sus bocas.

Ella subió el tono  de  sus  gemidos, yo la oía perfectamente. Se notaba que la situación la excitaba  y  mi mano saco  mi miembro  del apretón  de mis pantalones y  me masturbaba con  vehemencia  mientras los veía y escuchaba a ella.

No tardó  nada despues  de un gemido  muy  fuerte se separó al chico, se quitó las bragas y  donde antes apoyaba  los antebrazos, se sentó, se sentó encima  de la barca y abrió sus piernas ofreciendole a Iván toda  su intimidad.

Iván  al verla  alli sentada  casi a la altura  de  su pecho  se agachó un poco, cogió los muslos  de ella los separo bien y metió toda su cabeza entre las piernas  de ella que  a mi parecer estaba ansiosa por  ser penetrada por aquel miembro.

La escena amigos mios  era impresionante yo alli  medio escondido con  mi pene erecto y dentro de  mi mano, moviéndolo lentamente para prolongar  aquel placer de la visión que mi mujer y ese hombre me daban, ella sentada en la barca con su falda arremangada  hasta la cintura con las piernas terriblemente abiertas, él con una  mano en cada muslo sosteniendo el peso  de sus nalgas y con la cabeza hundida comiendo aquel manjar exquisito que  debia  rezumar por las ingles  de ella, pasando  su lengua por aquel clítoris que de seguro estaba hinchado por el gusto que  aquella boca le estaba dando, y todo ello lo podia ver y oir.

En un momento dado, por los gritos de ella, supe que se estaba corriendo. En ese momentó levantó la cabeza y con los ojos medio en blanco, me vió. Me miró con aquella cara de placer que tiene cuando se corre, pero al mismo tiempo, como sabíendo que aquello también me excitaba un montón, cogió la cabeza de Iván y la estrechó con más fuerza a su coño rebosante de placer y humedad.
La escena era perturbadora y morbosa. Ella se había corrido con la boca de Iván en su sexo mientras me seguía mirando a los ojos.

Cuando no había tenido suficiente, y viendo mi aprobación,  cogió  la cabeza  del hombre con sus  manos y la apartó, y le enseño su sexo abierto. No hacía falta ser muy listo para entender lo que quería.  Iván  cogió su miembro  con las manos y lo llevo a  esa gruta  de la felicidad que  tanto nos gusta  a los  hombres, y sin ningun problema para  meterla hasta lo mas profundo, la raja  de ella  debia  de estar llena  de  sus jugos  de ella y los  de la lengua de Iván. Metió  su pene  hasta los testiculos y bombeó  de una manera alarmante, golpeaba con mucha  fuerza sus  genitales   sobre su coño, embestía  como un toro fuerte y rápido.  El hombre  estaba fuera  de si. Yo le veía desde atrás.

Ella se tumbó sobre  su espalda en la arena y  en esa postura (adivino) que el chico entró mucho más en ella, por un momento  miré detrás de mi por  si alguien venia pues los gritos  de ella eran ya alaridos, estaba seguramente  orgasmando y sus jugos sobre el pene de él, la llevaban al limite. De vez en cuando ella me miraba mientras le decía cosas a él. Iván no se había dado cuenta que yo era espectador de lujo de su follada con mi mujer.

Un minuto más e Iván empezó a gritar y pude  oir perfectamente...me corro, me  corro y ella le dijo,  siiiiiii ssiiiiii, lléname por  favor.

Esa visión  de la escena allí escondido me puso con una  taquicardia.
Ella se incorporó y abrazó a Iván,  y no podia saber quien estaba  dentro de quien, ella se apretaba a él acariciandole su cabeza y él le besaba el cuello con  verdadera ternura.

Permanecieron así por bastante  tiempo uno dentro del otro mientras los jugos  debían  de correrles a los dos por las piernas, pero no salían de  su estrecho abrazo y  de su  honda penetracion..... al cabo de un rato Iván  se separó y pude  ver  su miembro bastante distendido.

Mi mujer dió un salto  sobre la  arena y se puso las bragas.

Me alejé discretamente por el otro lado, y dejé pasar unos  minutos. Volví  por el otro lado de la  caseta y guié mis pasos  hacia los patines  donde cantaban los chicos, los  saludé  de nuevo y rodeándolos  me fuí por ese lado  hasta la orilla de la playa y me fui acercando  a la pareja que  ahora estaban  sentados mirando al mar.

- Has tardado  mucho...dijo ella.
- Si.. el camarero recogió el movil  de la mesa y se ausentó del restaurante y he tenido que esperar a que  volviera... tuve  que improvisar la respuesta.

- Bueno dijo ella, ya estas aqui, ¿donde vamos?
- Pues  si quereis vamos a  pasear un poco más.
- Por mi vale ...  respondió Iván
- Por  mi tambien  dijo ella.

Saltaron los  dos a la arena y  nos  fuimos los  tres bordeando  el agua  de la playa.

Caminamos  un buen rato y llegamos a un punto donde la playa perdía su arena y se convertia en una alfombra  de piedras hasta el espigón, cubrimos  los  100 metros que  nos separaban  del espigón como pudimos. Llegamos  y  nos  sentamos   alli en  los  grandes bloques,  Ella decía que  estaba un poco  cansada, nos  sentamos mi mujer y yo. Iván se acercó hasta el agua  que estaba quieta, parecia  mas un lago que el mar, cogió un puñado de piedras de  esas planas y las lanzaba al agua para  hacerlas  saltar una y otra  vez. Parecía que estaba pensando sobre lo ocurrido.

Rodeé con mi brazo a mi mujer por  detras  de su cuello y ella inclinó  su cabeza sobre  mi hombro, quedó un momento en silencio y dijo:
- Te quiero.
- Yo también te quiero y mucho.

La apreté sobre mi  y le di un beso en la boca, al mismo tiempo ella  cogió  mi mano y la llevó por debajo de su falda, apretó su mano sobre la mia hasta que la mia estaba  tocando su húmedo coño.

 - Sí, por eso te digo  que te quiero, por todo cuanto haces  por  mi. ¿Te gusta como está mi coño? me susurró al oido.
- Me encanta. ¿Sabes lo que me gustaría hacer ahora?
- Sí, vicioso. Luego en casa. Que habrá que bajar ese hinchazón de tus pantalones.
- Iván !!! Gritó mi mujer. Ven.

 Iván se acercó. Ella se levantó y le dió un beso en la boca. - Gracias. Me lo he pasado muy bien. Pero debemos irnos a casa.

Iván se quedó atónito pero sonrió al ver que yo le guiñaba  un ojo mientras besaba a mi esposa para despedirse.

- Gracias, pareja. Sois increibles. Disfrutad. Me quedaré un poco viendo el mar.

Nos fuimos paseando mi mujer y yo lentamente abrazados.

La noche avanzó y la humedad volvió, pero esta vez era en nuestra cama, y eramos mi mujer y yo. Aunque había la presencia de un tercero, aunque sólo fuera en estado líquido.





Mi mujer es una Cougar !

Empezaré explicando que una Cougar es una mujer adulta (sobre los 40) que le gustan los jovenes. Así que dada esta explicación, les voy a explicar lo que sucedió un  día:

Siempre he sido muy vicioso y creo que con la edad me he hecho más cachondo y pervertido todavía. Estoy casado con Alicia, una estupenda hembra, a pesar de sus 40 y pico años. Como veis ya somos unos maduritos  pero todavía nos gusta darle marcha al cuerpo. Tenemos dos hijos pero  ya ambos son independientes, asi que disponemos de libertad para hacer lo que nos plazca en cualquier momento y así no es raro que andemos ligeritos de ropa por casa o que nos pongamos a follar en la cocina o donde nos apetezca. Nos llevamos muy bien, nos queremos mucho y en el sexo nos lo pasamos también francamente bien, aunque mi mujer es menos viciosa que yo.

Hace ya algunos años, entre mis fantasías, empecé a tener la de ser un cornudo y ver como mi mujer se entregaba y disfrutaba con otra polla que no fuera la mía pero cuando se lo comentaba a ella, como tantas otras cuyos maridos han contado sus historias, me decía que no quería otros hombres en su vida y que conmigo le bastaba. Yo seguía insistiendo y con el tiempo empecé a ver que cuando le mencionaba el tema mientras follábamos, ella se excitaba aún más. También empecé a señalarle hombres por la preguntándole si le apetecería llevárselos ala cama. Ella se reía divertida pero de vez en cuando me decía que con alguno no le importaría hacer una locura. Como cada vez la veía más decidida, volvía a la carga con más decisión y le planteé de verdad que pensara en alguno para ponerme unos hermosos cuernos y hacerme disfrutar con ello.

Tanto insistí que terminó aceptando, pero me impuso las siguientes condiciones:

- Tiene que ser muy discreto y por otro lado, preferiría que fuera un joven porque, no te molestes pero, para gozar con un semental maduro ya te tengo a ti.

Por supuesto, a mi no me importaba en absoluto, de hecho incluso me excitaba más la idea de mi madura mujer follando con un chaval con la mitad de años que ella. Pero esto, por otro lado, complicaba mi plan un poco porque yo ya había pensado en algunos candidatos como algún compañero mío del trabajo y algún conocido de confianza pero no muy directamente relacionado con nuestro círculo, pues la discreción es básica en estas cosas. Pero ocurría que todos eran de nuestra edad mientras que a la viciosilla de mi mujer le atraían más los jovenes.

Estuvimos dándole vueltas al tema durante un tiempo y un día, mientras tomábamos café en el bar en el que solemos desayunar antes de irme yo al trabajo y ella a hacer sus compras, ella misma me dijo, señalándome al hijo de los dueños:

- Mira a Luis, es un chico muy majo, sabe estar y cada día está más guapo.

El tal Luis, como va a la universidad todas las tardes, a las mañanas suele echarles una mano a sus padres, sobre todo las hora del desayuno pues el local se pone hasta los topes. Tiene 22 años y no era raro que a mi mujer le gustara pues hace mucho deporte y está muy bien. Enseguida capté lo que estaba pensando mi esposa y aquella misma noche, estando yo cachondo perdido con la idea de que mi mujer follara con Luis, empezamos a planear como hacerlo. Llegamos a la conclusión de que habría que provocarle de alguna manera y ver como reaccionaba.

Así que, a la mañana siguiente, cuando fuimos a desayunar al bar y aunque a ella le daba una vergüenza tremenda, a mi mujer se le "olvidó" abrocharse adecuadamente la blusa y buena parte de sus tremendos pechos asomaba por su escote, quedando a la vista de quien les prestara atención. Debo explicar aquí que mi mujer tiene unas tetas más que respetables y también os diré que está un poco entradita en carnes y que otro de sus mejores atractivos es su trasero, que hace dar vuelta a más de uno por la calle. Volviendo al desayuno, diré que no fueron pocos los que se fijaron en el escote de mi mujer y afortunadamente el detalle tampoco le pasó desapercibido a Luis, el joven hijo de los dueños. Como además nos quedamos tomando café y el bollo en la barra, frente de donde estaba el chico, este no dejó de mirar el escote de Alicia ni un momento.

Yo la verdad, a partir de ahí, no sabía qué hacer para propiciar el asunto con Luis pero entonces intervino la calentorra de mi mujer con todo el puterío del que solo son capaces las mujeres. Como quien no quiere la cosa a ella "se le cayó" un poco de café en la blusa. Entonces empezó a decir que pena de mancha para acto seguido preguntarle al joven si tenía un quitamanchas de esos de spray que suelen tener en los restaurantes. El chico asintió y cuando lo entregaba a mi esposa, esta le dijo:

- ¿No podría pasar a la cocina?. Es que hacerlo aquí...

Esto lo oyó Antonia, la madre de Luis, dueña del bar, que inmediatamente le contestó:

- Claro que sí, mujer, no te vas a poner ahí a rociarte las tetas... Anda Luis, acompaña a Alicia hasta la cocina.

Ambos entraron en la cocina del bar y minutos después salía el chico con la cara roja como el tomate. Luego lo hacía mi mujer con una sonrisa de picardía y con los ojos brillantes. Yo ardía en deseo de saber si había pasado algo así que cuando salimos del bar, le pregunté a mi mujer y ella me dijo, con malicia:

- Debes saber que no he sido yo la que me he limpiado la mancha pues he tenido buena ayuda para frotarme todo el pecho. Ya sabrás todo lo que tengas que saber esta noche así que intenta llegar pronto a casa.

Pasé el día en el trabajo sin dar pie con bola. Todo el rato pensaba en mi mujer, en el incidente del café y también en lo que me había dicho al salir de la cafetería reconociendo implícitamente que había sido Luis el que le había dado unos buenos frotes en las tetas, con la excusa de la mancha.

Cuando llegué a casa después del trabajo, iba deseando aclarar con mi mujer las posibilidades de que nuestro plan con el joven aquel se hiciera realidad, pero al abrir la puerta mi mujer no vino a darme el beso como de costumbre. Parecía como si no hubiese nadie en casa pero enseguida empecé a oír murmullos procedentes de nuestro dormitorio y cuando me aprestaba a aguzar el oído para escuchar mejor, resonó con fuerza una voz masculina que, en el acto, identifiqué como del joven del bar y que dijo:

- ¡Venga, calentorra, ahora chúpame los huevos hasta volver a ponérmela bien dura, que voy a echarte otro polvo a ver si te dejo rendida de una vez!.

- Te chupo lo que quieras, cacho macho, pero vuelve a joderme hasta dejarme deshecha, cariño.

Cuando me asomé a nuestro dormitorio, el cuadro que me encontré me la terminó de poner como el acero. Luis estaba en nuestra cama tumbado de espaldas y con las rodillas recogidas, pegadas a sus hombros, para dejar a disposición de mi mujer todo su paquete genital y también el culo. Ella, completamente desnuda, a excepción de los zapatos y con todo el culo en pompa, estaba a cuatro patas inclinada sobre el chaval, chupándole con avidez los huevos y la polla.

- ¡Así, así, cómemela, guarra! - le decía el chico.

- ¡Como me gustan las maduras viciosas como tú, calientes!. Si a tu marido le gusta ser un cornudo, ya verás cuando llegue y vea lo viciosa que eres, la alegría que se va a llevar.

- Pues ya me la estoy llevando - intervine yo mientras me desnudaba a todo correr.

Los dos se asustaron en el momento, pero se incorporaron y mi mujer, riendo, me dijo:

- Cariñito, ven a disfrutar de nuestro primer trío. Verás que bien nos lo pasamos, sobre todo yo. Luis es fantástico y creo que tan vicioso o más que tú, me ha echado ya dos polvos y sigo cachonda perdida. Además me está haciendo hacerle unas guarrerías que no veas...

Rápidamente estuve con ellos en la cama y tan excitado que creía que me iba a correr sin ni tan siquiera tocarme. Alicia volvió a su tarea de comerle el pollón a Luis y yo me puse detrás de ella para comerle el conejo que encontré, por cierto, rezumando semen, sin duda procedente de las corridas anteriores del joven amante de mi esposa. Mi mujer le devoraba al chico los huevos y la polla. Nunca la había visto chupar con aquel vicio y aquella ansia. Eso sin contar con la comida de ojete que también le estaba haciendo y que era, creo yo, la primera vez que mi mujer le comía el culo a alguien por voluntad propia.

Momentos después, Luis dijo que ya era el momento de volver a joder y le indicó a mi esposa que se pusiera a cuatro patas sobre la cama. Entonces se situó detrás de ella y se la clavó una vez más por el coño iniciando una salvaje follada mientras me indicaba que se la metiera en la boca y que le tirara de los pezones. Así lo hice y apenas me hubo dado tres o cuatro lengüetazos, me corrí como una fuente sin poder remediarlo, llenándole la boca y la cara de semen.

Ella me miro con cara de vicio, y me dijo:
- Qué rápido te corres, cornudo mio.
Aquello me encendió. Me senté en un lado y disfruté del espectaculo.

Lo veo



Te he llamado para que vengas al hotel con mi amante y mires como te hago cornudo.

Me gusta que veas como otra polla entra en el coño de tu mujer, de tu esposa, de la madre de tus hijos. Para que veas como otra polla roza el coño de la puta de tu mujer, lo folla, lo usa y lo disfruta a sus anchas. Para que me veas gozar.

imagePorque tengo permiso para follar siempre que quiera. Tú me lo concediste, ¿te acuerdas?

Fuiste tú el que lo trajo a casa porque querías hacer un trío. Yo me enganché a él de tal manera que ahora soy su puta.

imageMírame. Mira cómo se follan a tu mujer delante de tus narices. Como te hacen cornudo con tu consentimiento pleno, porque eres tan cornudo que se te pone la polla dura al verme usada por otro. Al ver el coño de tu mujer penetrado por otra polla que no es la tuya.

Porque esto es una verdadera polla, cornudo mio.


Siempre serás mi macho cornudo. Y por eso cuando mi hombre se ha corrido y he salido a abrirte la puerta y a pedirte que entres, te he dejado que disfrutes el mayor regalo que se le puede hacer  a un marido cornudo: que mame en la teta la leche del hombre que se acaba de follar a su mujer. Vas a mamarme, te lo ordeno. Sé que te gusta. Ya lo haces, como un bebé que succiona la teta que le da de comer. Y te encantará. No podrás dejar de lamer. Mis tetas jugosas serán tu alimento. Porque soy tu Diosa y nunca te dejaré con hambre.

imageNo te preocupes, esposo mío, que nunca te va a faltar alimento, la leche del macho que me folla y te hace cornudo llenándome de satisfación. Me gusta verte mamar así. Parece que tienes hambre. Y si te quedas con más hambre no te preocupes porque voy a follar más con él para que no te falte el alimento. Joder, cómo eres, cornudo. Cómo te gusta mamar. Me vas a dejar seca.


Y ahora lámeme el coño y el culo para que él me folle de nuevo, mientras estoy saborreando su polla y veas como me folla de nuevo. Aprecia de cerca como huele mi coño de hembra excitada, anhelante de macho. Lo valioso que es un hombre de verdad, un macho. Mira como me folla, como su polla entra y sale del coño de tu mujer, como te hace cornudo.

Eres un cielo de marido. Por eso te amo, aunque te humille, cariño, pero ya sabes que eres tú el que todos los días me lo suplica al despertarme al traerme el desayuno.

Y sabes que siempre me tendrás, y yo a ti.


Fuente:
 http://sumisocornudo.tumblr.com

Mi Día de los Enamorados

Mi esposo retiró la venda de mis ojos.
Le miré.
Él pudo ver la expresión de mi cara, de mis dilatados ojos mirándole, atónita, suspirando, notando la dureza de su polla en mi cabeza, teniendo mis piernas abiertas de par en par, con mi coñito expuesto, corrido, lleno de semen caliente, notando como este rozaba la entrada de mi vagina, cayendo por el agujero de mi culo, mi corazón palpitando a mil por hora.
No podía ni creerlo, mi mente no daba procesado lo que allí había pasado, solo pude ver como mi esposo se colocaba ahora en medio de mis piernas, teniendo que cerrar mis ojos y suspirar al sentir como su glande estaba tocandome, a punto de penetrar mi vagina húmeda.

Me corrí instantáneamente al escuchar a mi esposo decirme que ahora SI estaba preparado mi coño para ser follado, me seguí corriendo notando como su falo me penetraba sabiendo los dos que su polla estaba introduciendo, restregando por las paredes de mi vagina la leche postorgásmica de otro hombre.
Nunca antes había estado con otro hombre que no fuese mi marido, PIENSA en lo que sentí en ese momento notando la dureza de la polla de mi esposo resbalando dentro de mí.
Tuve el mayor orgasmo de mi vida en ese momento, con esa sensación, con lo que el cabrón morboso de mi marido acababa de hacer.

Rebobino.
Estoy casada, 40 años, 2 hijas preciosas, virgen hasta mis 23 años, solo tuve relaciones con mi esposo, había sido educada por mi familia en una mentalidad retrógrada y casta en la que TODO era pecado o de guarros, nunca me había tocado mi coño, nunca había visto porno, nunca mis pechos de talla 110 copa E habían visto la luz y menos todavía el ser tocados, lamidos por nadie.
Hoy es el día de nuestro 17 aniversario.
Cena romántica, vestida sexy, alcohol, hotel para recordar nuestro noviazgo.
Una hora entera de Jacuzzi, besándonos apasionadamente sin prisas ya que las niñas se quedan en casa de mis padres y de mi hermana solterona mayor.
Ha sido maravilloso, he querido montarme encima de la polla de mi esposo para agradecerle la fantástica noche que ha organizado.
No me ha dejado, me ha “castigado” de igual forma como me tuvo de novios, deseando que me desvirgase, sentirlo dentro de mí durante los primeros CINCO largos meses , mojando mis braguitas cada vez que estábamos juntos, comiéndome mi coño virgen con su lengua de víbora como yo la denomino, corriéndome cada vez que su lengua recorría la raja de mi coño.
Me ha llevado a la cama, me ha puesto una venda en mis ojos, me ha dicho que deseaba que me masturbara para él. Es un cabrón morboso como siempre lo ha sido, hoy no iba a ser menos, sonreí al escuchar cómo me decía en mi oído que imaginase que estaba desnuda tomando el sol en una playa nudista, rodeada de muchos hombres pasando por delante de mí, viendo mi coño, mis pechos, sabe que ESO excita a cualquier mujer, más si nunca otro hombre me ha visto ni tocado, solo él.
Me ha excitado, quise jugar, ser mala, el alcohol de la cena y el jacuzzi  han ayudado bastante a relajarme, a sentirme bien, quiero darle este regalo a mi esposo, llevo mi dedo a mi sexo, a recorrer con él todo mi coño, esto me está poniendo cachonda perdida, en mi mente recreo la imagen que mi esposo me comenta, estar desnuda, masturbándome estando en una playa nudista siendo vista por otros hombres, joder, puedo oír el chapoteo de los flujos que mi coño ha generado, esto me pone perra, quiero joder a mi esposo, quiero que desee penetrarme ahora mismo y me clave sus 19 cms de polla gorda y depilada que tiene y que tanto me gusta sentir dentro de mí, cojo mi pecho con la otra mano, lamo con mi lengua mi pezón empitonado, esto pone perro a mi esposo, no porque lo haga, sino porque sé que en su mente recrea que otra mujer pueda lamer mis tetas alguna vez, cosa que me excita, aunque calle como una perra como la hacemos todas las mujeres.
Me olvido de todo, comienzo a apurar la paja con mi dedo, hoy está siendo bestial, me estoy masturbando a lo bestia como cuando lo hago en casa sin que mi marido esté delante, no lo estoy viendo ahora mismo por lo que me es fácil concentrarme exclusivamente en conseguir tener un fantástico orgasmo.
Todo mi cuerpo se convulsiona.
Levanto mi culo del colchón mientras me corro.
Es la ostia, llevo 4 minutos de corrida bestial, gritando, suspirando, sin importarme lo más mínimo que nuestros vecinos de hotel puedan escucharme, Dios!
Me he corrido, dejo mi dedo en la raja de mi coño, restregando la enorme cantidad de fluidos de mi coño por toda mi raja.
Intento coger aire, recuperarme del tremendo espectáculo que acabo de darle a mi esposo.
Quise ser mala, como él lo es conmigo, siguiendo su NORMA : solo me penetrará si tengo mi coño lo suficientemente lubricado.
Sonrío, le digo pícaramente que ya tengo mi coño preparado para que me penetre.
Ha funcionado, se está colocando en medio de mis piernas, mi coño sigue lubricándose sólo con notar sus fuertes manos coger mis dos piernas, sabiendo lo que ahora vendría.
Grité como una loca al notar su polla dura como el mástil de un barco tocar la rajita de mi coño recién corrida, le enseñé mis dientes mientras sentía como su polla recorría toda mi raja de arriba abajo aprovechándose de tenerla tan mojada como la tenía con mis flujos.
Sentía como su polla estaba más gorda y dura que nunca, aquello me hizo correr de nuevo, entrar en convulsión, estando abierta de piernas y con mi coño expuesto para ser penetrado por esa polla que quería que me clavase dentro.
Comenzó a hacerse una paja teniendo mi coño abierto, golpeando con la cabeza de su glande en la entrada de mi vagina, preparada para albergar esa gorda cosa, queriendo mi coño tragarse esa polla hasta el último centímetro de carne.
No fue así.
No contaba con esto.
Se corrió en mi coño, teniéndolo abierto en dos, en toda la raja de mi coño, aquello hizo que me corriese de nuevo, no hay nada que me excite más que el que mi esposo se corra en mi coño, fuera o dentro, sabe que me pone a 100 desde que de novios, en ese “calvario” que me hizo pasar durante CINCO largos meses en los que no me penetró ni me desvirgó, haciéndolo aposta, se corría en la raja de mi coño mandándome ASÍ a dormir en casa de mis padres.
Noté como retiraba la venda de mis ojos.
Su polla estaba completamente empalmada, como si no se hubiese corrido en mi coño, noté la dureza de su polla en mi cara, escuché como la puerta de la habitación se cerraba, me quedé acojonada al escuchar esto, miré a mi marido, este me sonreía, me quedé a cuadro cuando vi su cara, asintiendo con su cabeza con un SI , que había habido alguien más en la habitación, mientras me pajeaba mi coño, viéndome desnuda por completo, viendo como me corría mientras sentía la polla del que creía de mi marido en la raja de mi coño, mi mente estalló, mi coño estalló volviendo a escupir un río de flujos enorme al SABER que esa polla que había estado en medio de mi coño expuesto para ser follado había sido la de OTRO hombre.
¿Como lo supe segura?
Cogiendo fuerte los dos huevos de mi marido, notándolos llenos, cargados de semen, viendo ahora como mi esposo se colocaba en medio de mis piernas, colocando su polla en la entrada de mi vagina y sobre todo, notando su polla al entrar dentro de mí después de decirme que AHORA si mi coño estaba lubricado para ser follado.
Mi mente estalló de nuevo, no pude contener que mi propio marido tuviese su polla tan sumamente tiesa dentro de mí, resbalando, usando el semen de otro hombre como lubricante después de que este se haya hecho una paja sobre mi propio coño.
Me corrí, sintiendo cada uno de sus cms  entrando y saliendo de mí pero sobre todo, mi mente estalló para siempre al notar correrse a mi marido dentro de mí, albergando mi coño el semen de dos hombres a la vez, ESTO me mató, ESTO me transformó para siempre, lo supe en ESE instante.
No puedo con mi marido, sé que nunca podré, ESO me encanta, me excita, me vuelve loca el saber que el resto de mi vida experimentaré cosas cada vez más morbosas estando casada y no siendo al revés como pasa al todo el mundo por desgracia cayendo en la monotonía y resignadas para toda su vida por NO volver a SENTIR el roce de la piel de un DESCONOCIDO como sientes cuando sales con tu nuevo novio por primera vez.
Nos besamos, nos quedamos dormidos toda la noche, abrazados, desnudos.
Me desperté sobre las 10 de la mañana, me despertó mi esposo besándome en mis labios, dándome los buenos días, viendo su enorme sonrisa de niño malo mirándome fijamente.
Mi coño reaccionó, se mojo, me lubriqué por completo en solo un segundo, mirándolo a sus ojos, viendo su sonrisa de niño malo, al sentir como ahora, en mi culo noté la dureza y calor de una polla tocando mi retaguardia.
No quise ni mirar atrás, tenía pánico, miedo, solo podía mirar a la cara de mi esposo.
Sentí como esa polla, la polla de otro hombre, que nunca había estado con otro, ahora, se restregaba por todo mi culo lentamente, notando como su glande avanzaba hacia mi coño, miré la polla de mi esposo, empalmada por completo, apuntando al techo de la habitación.

Me besé con mi esposo como hacía tiempo que no haciamos. Un beso muy húmedo.

Eso me mató, eso hizo que me corriese mientras el glande de ese otro chico se colocaba en la entrada de mi coño, sintiéndolo, empapando su polla con mis flujos delante de mi esposo, latiendo mi corazón a mil por hora pero lo peor, viendo como mi marido asentía con su cabeza al chico, dándole permiso para que me penetrara, para que entrara dentro de mí, así lo hizo, lentamente, haciéndome SENTIR como su dura polla resbalaba por dentro de mi vagina, rozando su polla con las paredes de mi vagina, teniendo dentro de mí la polla de otro hombre que no era mi marido, DELANTE de mi marido, viéndolo mi marido, diciéndome  :
FELIZ DíA DE LOS ENAMORADOS, CARIÑO!
Me corrí, cerrando mis ojos, no pude soportar tal situación, tenía la polla de otro hombre dentro de mi coño , del de un desconocido que ni me atrevía a mirar su rostro, él no paraba de entrar y salir de mi coño, lentamente.
Tuve que apoyar mi mano en la cama, mi esposo la cogió y la puso en su polla, en su dura polla, dura como una viga, aquello fue demasiado para mí, me corrí una tras otra vez durante dos minutos, gritando, llorando de felicidad al sentir como la polla de un desconocido se corría DENTRO de mi coño, mientras notaba la polla de mi esposo en mi mano. Sentía un chorro caliente dentro de mi, mientras besaba a mi marido.

El chico retiró su polla de mi coño, pude escuchar cómo se vestía y cerraba la puerta. No quise girarme.

Así quedó el panorama:
Desnuda en la cama de un hotel, con mi coño lleno de leche de un desconocido y teniendo en mi mano la polla empalmada de mi marido.
Creo que ya estás lo suficientemente lubricada para follarte, dijo mi esposo.
Escuchar ESTO, de nuevo, me transformó.
Miré a mi marido, él pudo ver mi mirada.
Me levanté como pude, me coloqué encima de él.
Dirigí su polla a mi coño, restregué su glande empapándolo con el esperma del otro hombre que había traído y que se había corrido dentro de mi coño.
Comprendí lo que para mi marido significa el MORBO en pareja en ESE momento, los dos nos mirábamos fijamente, pensando lo MISMO, siendo UNO nuestras dos mentes, me corrí en ese momento sabiendo que estaba tocando mi coño con la polla de mi marido habiendo sido penetrada hacía unos minutos antes por otro hombre.
Cerré mis ojos
No lo pensé más.

Llega a casa...

Mi mujer me llama al trabajo para decirme que tiene una cita con otro hombre esta noche, mi estómago se agita con ansiedad cuando ella me dice que irá a cenar y de copas. 

Esto es lo que he querido durante tanto tiempo, pero ahora que está sucediendo  estoy  muy nervioso y emocionado.
 

Ella se ducha y prepara para su cita con su hombre, uno de los compañeros  de trabajo . Ropa interior atractiva, vestido atractivo que hace girar a los hombres ,  zapatos de aguja obligatorios, los labios pintados. 

Pasan las horas.  Un auto se detiene a la hora prevista, y con un aroma sexy me despido de ella muy nervioso.

Sentado en casa durante más de dos horas , con mi polla dura , tomando todo mi esfuerzo para no acariciarme mi polla hasta correrme , recibo un mensaje en el móvil, un texto de mi esposa. 


La pantalla se ilumina con las palabras : "La cena terminó , voy en dirección a su casa para abrir una botella de vino , estoy tan excitada , mis bragas están húmedas " 

Treinta minutos más tarde , el siguiente texto se presenta en , "¡Dios mío , su polla es enorme ... deseame suerte ! "




Pasan más horas.


Son las 1.30 de la noche , oigo la llave en la puerta, ella está en casa al fin. 

Entra en el dormitorio, un olor embriagador de perfume mezclado con after shave , vino y un fuerte olor a sexo la sigue. En cuestión de segundos, ella está en la cama junto a mí. Me besa y abraza. Me dice cómo ha sido. 

Cómo hacía las cosas con esa gran polla que ella nunca había visto. Mi polla está dura como una roca , con goteo de líquido preseminal y espasmos . Siento su coño, que está hinchado y rojo , y  rezuma mucha humedad.

A continuación, me dice. Mi amante me ha dicho que igual quieres lamer y chupar mi coño recién corrido cuando llegue a casa " - "¿ es eso cierto ?" me pregunta , con una sonrisa maliciosa .


No puedo negarlo, la idea me ha torturado desde hace años , y aquí está mi sexy (ahora cachonda ) esposa, con su coño recién corrido por otro macho, y me ofrece la oportunidad que he codiciado durante tanto tiempo. 

" Tiene razón ", le digo , "Deseo hacer eso " mis ojos se inclinaron por la vergüenza que ella se riera de mi situación .
 
- "Adelante ", dice ella, abriendo las piernas más amplias de lo que he visto en mi vida que hiciera antes. Me arrastro y asumo la posición , el olor acre del sexo me golpea , 

-¿estoy realmente seguro de hacer esto me pregunto .

- Chúpame y haz que me corra", dice ella .  
Extiendo mi lengua y tentativamente empujo en el coño ,  tiene un sabor cálido y ligeramente amargo. No es muy distinto de cuando lo he hecho con mi propia corrida, pero esta está más cargada de morbosidad. Me agarra la cabeza con ambas manos y empuja la cara completa en su coño humedo. Casi no puedo pero estoy extasiado lamiendo su coño repleto de semen y sus jugos , mientras mi polla está rebotando autónomamente y estoy a punto de correrme mientras sigo chupando hechizado su pegajoso coño.

Ella se corre nuevamente en un intenso orgasmo que reconoce ha sido el más morboso que ha tenido nunca.

 
-¿Querrás repetirlo?
 

- ¡Qué pregunta !






Relato traducido y adaptado de...
Fuente: http://www.literotica.com/s/wife-comes-home-full-of-cum

La infidelidad despierta mi lujuria

Mi vida conyugal era como la de la mayoría de mujeres de 40 años y con la mitad de ellos casada. Sentimentalmente todo funcionaba bien. Nuestra relación, salvando los normales altibajos, se podía calificar de excelente. Pero en los últimos meses, el tedio y la monotonía se habían instalado en nuestra cama. Eso comenzó a suscitar diferencias entre mi marido y yo. Incluso un cierto distanciamiento. Cada vez lo hacíamos con menos frecuencia. Y cada vez éramos mucho más previsibles. Era como si nos faltase la salsa, la chispa. Intentamos jugar. Intentamos variar. Pero no supimos...

El azar quiso que llegase ese fin de semana. El Carnaval era una fiesta que en mi trabajo se tomaban muy en serio. Casi todo el personal acudía a la fiesta, y cada departamento se disfrazaba de un tema. Era invierno y hacía frío, pero enseñar carne siempre nos da calor interno. En mi departamento todo son mujeres, así que me reuní con mis amigas para cenar y salir a bailar toda la noche. Pero dos acontecimientos en las vidas de dos de mis amigas cambió la noche. Laura acababa de separarse hacía un par de semanas. Por lo que no tenía muchas ganas de fiesta. Y Silvia nos anunció que llevaba dos meses con su matrimonio suspendido. Convivía con su marido en la misma casa. Pero se estaban tomando un descanso para meditar si separarse o seguir juntos. Esto, ni que decir tiene, marcó completamente la cena. No había ambiente de juerga. Exclusivamente las lamentaciones de Laura y su humor agriado. Junto con las meditaciones negativas de Silvia sobre la vida en común. Un buen caldo de cultivo para marcharme en cuanto pudiese. Porque si sales a divertirte, lo que menos te apetece es escuchar lamentos.

Por suerte o desgracia, el mal momento de nuestras dos amigas hizo que la cerveza y las copas corrieran demasiado. Yo no bebí en exceso. Pero sí me di cuenta que estaba mareada y muy animada. Lo cual jugaba en mi contra. Pues tenía muchas ganas de juerga; pero algunas de mis amigas todo lo contrario.

Un poco para dejar de escuchar lamentos me puse a bailar en la pista. Mis compañeras se habían quedado en un rincón en una mesa con dos taburetes libres y se habían apropiado de ellos, sin ningún ánimo de abandonarlos en toda la noche. Seguían hablando de los problemas matrimoniales. Seguían martirizando la noche. Por lo que decidí bailar un poco más, apurar mi copa, ir al servicio y llamar a un taxi para marcharme a casa. A fin de cuentas estaba muy animada y seguramente eso lo podría saborear bien mi marido.

Cuando salí del servicio me di de bruces con Jaime. Jaime había sido compañero mío cuando entré a trabajar allí durante unos meses; pero hacía ya un año que no nos veiamos. Me alegré mucho al verle. Porque me caía muy bien. Era divertido. Era audaz. Era cinco años más joven que yo. Y aunque no era excesivamente guapo; resultaba muy atractivo. Porque era la típica persona que sabía ser el animador de cualquier fiesta. Además Jaime siempre había tenido para mí bonitos piropos. Incluso en alguna ocasión me invitó a tomar algo o comer juntos. Propuestas que yo siempre decliné.

Después de la sorpresa inicial y los dos besos de amigos a modo de saludo que nos dimos, en pocos minutos nos pusimos al día sobre nuestras vidas. Y al pasar a la noche presente, nos dimos cuenta que ninguno de los dos estábamos pasando la mejor noche de nuestras vidas. La mía ya la conocéis. Y la de Jaime, había acudido con dos amigos a los que había perdido en algún momento y andaba buscando por el local.

Bailamos un poco. No mucho, la verdad. Así fue como acepté al fin una de sus invitaciones y nos fuimos a un local muy cercano a tomar algo los dos solos. Y disfrutamos de una copa riendo y charlando. Cuando intenté devolverle la invitación, Jaime la aceptó gustoso. Aunque me preguntó si mejor no la tomábamos en otro local.

Al salir a la calle no encontramos ninguno de nuestro agrado. Por lo que decidimos cambiar de zona. Jaime tenía cerca su coche. Fuimos al solar en que había aparcado junto a cientos de coches. Era un lugar oscuro. Nos montamos en el coche. Y no sé qué sucedió.

Estoy convencida que el alcohol tuvo toda la culpa. O al menos, gran parte de ella.
Todo sucedió muy deprisa. Jaime, sin poner en marcha el coche, se acercó a mí y me besó. Me aparté como pude. Me quedé sorprendida, sin saber qué hacer. Pero él insistió en besarme. En esta ocasión mi resistencia fue menor. Y en pocos segundos su lengua jugaba en mi boca con la mía y sus manos recorrían el interior de mis muslos, subiendo mi vestido, hasta alcanzar la fina tela de mi tanga y llegar a acariciar mi sexo.

Tuve un momento de lucidez en que aparté su mano. Él puso en marcha el coche. Pero se volvió a girar. Volvió a besarme. Su beso comenzó directamente a ser muy apasionado, rozando la lujuria. Y mi cuerpo reaccionó. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo. Apagó nuevamente el coche. Y lo hicimos allí mismo. Fue incómodo. Casi infantil. Sin llegar a desnudarnos. Simplemente desabrochando o apartando las ropas que se ponían en nuestro camino. Pero en algo me resultó fantástico. Había sido algo nuevo, diferente, fresco y para nada cotidiano. Morboso era la palabra correcta.

Había sido, ¿cómo decirlo? Un polvete rápido. No más de 15 minutos. Pero me había encantado. Y mientras Jaime conducía, sin dejar de mirarme y sonreír de modo cómplice, me iba acariciando de vez en cuando el interior de los muslos y subiendo el vestido lo suficiente como para poder ver mi tanga amarillo.

No sé si era lo que pretendía; pero consiguió volver a calentarme. Al hacérselo saber cambió de rumbo y fuimos a su casa. No llegamos a su habitación. En la misma entrada me quitó el vestido, me desabrochó el sujetador y apartó el tanga. Y contra la pared me penetró, lamiendo y besando mi cuello y labios mientras me sobaba las tetas. De allí pasamos al salón. Lo hicimos sobre el sofá. Tampoco tardamos excesivamente. Pero en esta ocasión fue mucho mejor que en el coche. Así fue cómo sin otra copa, me duché y decidí irme a mi casa. Por el camino iba aturdida. Con una sonrisa que se dibujaba en mis labios pero con la conciencia de haber engañado a mi marido.

Todo había sucedido tan deprisa que era algo temprano, comparado con otras fiestas de otros años. A penas eran las cuatro y media. Al entrar con el coche en el parking empecé a ponerme muy nerviosa. Se me había pasado el mareo de las copas. Y tomaba conciencia de lo que acababa de hacer. Sólo esperaba mostrarme lo suficientemente normal y fría con la situación para que mi marido no se diera cuenta. Por suerte le pillaría todavía dormido profundamente y si era lo suficientemente silenciosa ni se daría cuenta que me metía en la cama.

Me desnudé en el baño. Y recordé que mi pijama estaba bajo la almohada. Pasé a la habitación de puntillas y a oscuras. Pero percibí que mi marido dormía en la parte de la cama en que estaba mi pijama. Por lo que me metí en la cama como iba: sólo con el tanga amarillo. No intenté acercarme a mi marido. Pero en cuanto me había acomodado, él se dio la vuelta y me rodeó con un brazo, al tiempo que decía:

-¡Qué pronto has venido! ¿No te lo has pasando bien?
-No mucho la verdad, ya te lo contaré mañana.

Mi corazón latía acelerado. Temía que mi marido lo notase.
-¡Qué raro! -exclamó él mientras me besaba en el hombro.

Me asusté de verdad. Pero contesté con mi silencio.

-¿Ha pasado algo que deberías contarme? -preguntó con voz relajada, pero acusadora.
Parecía que mi corazón fuera a salir por la boca. Por mi cabeza rondaron mil hipótesis.

¿Qué sabría él? ¿Habría sucedido algo a mis amigas y le habrían llamado a él?

Mi silencio sólo hizo que una cascada de insinuaciones salieran por la boca de mi marido.

-¿Tienes algo que contarme? Yo creo que sí. Y tu silencio no hace más que confirmarlo. Además tu corazón te delata, estás muy acelerada. ¿Nerviosa?
¿Asustada por algo?

Tenía que echar valor y tomar la situación de frente. Debía ser lo suficientemente elocuente y resultar lo suficientemente veraz para despejar todo tipo de dudas. En ello me podría ir el matrimonio. Pero, ¿cómo hacerlo?

-Mira, cariño, es el momento para que me cuentes lo que haya pasado. -añadió él. -Sea lo que sea lo entenderé. Te aseguro que sería mucho peor una mentira que la cruda verdad.

Tenía que saber algo, estaba convencida. Pero, ¿cómo? ¿Cómo se había enterado desde casa y en tan poco tiempo?

-¿Qué piensas tú que ha pasado? -acerté a preguntar, al tiempo que me daba la vuelta y me ponía de frente a él.
-¿Francamente?
-Si, claro.
-No lo sé con exactitud. Sólo sé que algo distinto ha pasado esta noche.
-¿Algo distinto? -repetí, intentando mostrarme fría.

Y los razonamientos que mi marido me dio a continuación fueron tan evidentes, que yo misma saqué las conclusiones lógicas que cualquiera hubiera sacado en el lugar de mi marido. Me fue diciendo que normalmente, al salir con mis amigas, volvía oliendo mi pelo y mi ropa a tabaco (entonces se fumaba en los locales). Y aquella noche mi pelo no olía a tabaco. Que normalmente regresaba a casa de día o casi amaneciendo. Y que había vuelto poco más tarde de las cuatro. Que al meterme en la cama me acurrucaba en él, y entonces él podía oler un poco mi perfume. Que aquella noche no me había acurrucado, le había evitado. Pero que al acercarse a mí, había olido en mi piel un gel que nosotros no usábamos.

-Pareces un detective. -repuse yo, intentado ganar más tiempo para pensar. -¿Y a qué conclusión has llegado?
-Prefiero que me lo digas tú.

-¿Crees que te he sido infiel? ¿Piensas que he pasado la noche con otro? -me decidí a decir yo. Era mi órdago personal. Allí me lo jugaba todo.

-¿La verdad? -preguntó él acercandose más a mí, pegándose literalemente. -Creo que sí... Pero quiero que seas sincera conmigo. Te aseguro que sabré encajarlo. Sólo quiero la verdad.

Y de repente algo en mi vientre atrajo mi atención. Mi marido se había empalmado. No té su dureza contra mi ombligo directamente. Al pensar que le podía haber sido infiel, ¿se había excitado? Eso me confundió; aunque a la vez me había dado una posible vía de escape.

-¿Qué te está pasando? -dije divertida, al tiempo que metí una mano entre nosotros dos y comencé a acariciar su polla por encima de su ropa interior. -¿Te excita pensar que te haya podido ser infiel?

-Puede. -respondió él. -Sólo quiero saber la verdad. Quiero que me cuentes lo que has hecho. Que me cuentes lo que ha pasado.

Por el tacto de su polla me pareció que la tenía más gorda y dura de lo que últimamente me había ofrecido. Por lo que supuse que estaba muy excitado.

-¿Qué pasa, te excita pensar que haya podido estar con otro? ¿Te pone cachondo imaginar que he estado follando antes de venir a casa?

Al pronunciar estas palabras sentí palpitar con fuerza la verga de mi marido. La apretó contra la palma de mi mano y se la frotó soltando un leve gemido.

-Sí. -confirmó él, lanzándose a besarme apasionadamente por el cuello, al tiempo que me susurraba: -Desde hace tiempo, te imagino con otros hombres disfrutando, gimiendo y gozando del sexo. Pero al pensar hoy que podrías realmente haberme sido infiel, me he dado cuenta que es algo más que una fantasía. Por un momento me he muerto de celos; pero a la vez he sentido más excitación que en toda mi vida.

-Y si fuese verdad, ¿no te enfadarías? ¿Seguiría excitándote tanto?

-Dime que es cierto. Dime que has estado poníendome los cuernos. Dime que has estado toda la noche follando con otro. Que le has hecho una buena mamada. Dime que la tenía más grande que yo. Pero dime de una vez si es cierto o no. Dime la verdad.

Su voz sonaba lasciva, desgarradoramente sensual y fuera de sí. Aquel tono. Aquella confesión me excitó de tal manera que sentí que mi coño se empapaba subitamente, calando, literalemente mi tanga.

-Sí, cariño. -confesé al fin en un susurro junto a su oído. -Te he puesto los cuernos.

-¡Oh sí...! -gimió con satisfacción él, al tiempo que intruducía una de sus manos bajo mi tanga y frotaba acelerado mi coño empapado. -Me lo tienes que contar todo. Cuéntamelo con todos los detalles.

Y comencé a relatarle la noche desde el momento en que Jaime y yo nos encontramos.

Al poco, mi marido dejó de frotarme el coño, y con las piernas retiró la sábana que nos cubría. Se puso de rodillas a mi lado, pidiéndome que siguiera con mi relato. De un tirón arrancó rompiendo mi tanga. Lo que me llenó de pasión, de lujuria... Sin miramientos separó con sus manos mis muslos y metió su cabeza entre ellos. Me comenzó a lamer el coño como hacía mucho tiempo no lo hacía. Parecía que chupaba por notar algo nuevo en él. Era un maremoto de pasión. Yo seguía con mi relato. Mi voz ahogada por el placer... Mis caderas moviéndose al ritmo de su lengua. Sus dedos penetraban mi coño, su lengua aplastaba mi clítoris. Y una explosión de placer llenó mi cuerpo con un maravilloso y largo orgasmo. El tercero de aquella noche.

- ahhhhh, siiiii. El tercero de la noche, susurré !

Eso pareció que le encendiera todavía más, asi que me dijo que me pusiera a gatas y siguiera contándole todo. Desde detrás de mí me clavó su polla y comenzó a follarme como un loco. Entre gemido y gemido y grito de placer le intentaba narrar los acontecimientos. Él de vez en cuando me interrumpía con palabras o comentarios subidos de tono que nos iban poniendo cada vez más cachondos. Me preguntaba si Jaime la tenía grande. Si se había corrido en mi boca o en mi cuerpo. Ambos estábamos mucho más excitados de lo que yo podía recordar.

Así fue como empezó a llamarme "mi puta" . No sonaba insulto en su boca. Sino a apelativo lujurioso. Eso nos calentó aún más. Me decía que me iba a follar como lo putita que había demostrado ser.

Y me la sacó del coño y me la metió de un solo movimiento por detrás. Me hizo daño. Pues por el culo sólo me la había metido unas pocas ocasiones y siempre con mucha preparación. Pero estaba tan fuera de mí, tan abierta y excitada, que en pocos segundos el daño dejó paso a un nuevo placer. Me sentía llena, sucia, caliente, excitada como nunca. Una de sus manos frotaba diestramente mi clítoris, por lo que no tardé mucho en caer extasiada sobre la cama con un segundo e intensísimo orgasmo.

Mi marido se tumbó a mi lado y comenzamos entre ardientes besos a masturbarnos el uno al otro. Entre tanto, él me pidió que acabase con el relato de mis horas con Jaime. Unos minutos después, tras un nuevo orgasmo mío, mi marido me quitó la mano de su polla se arrodilló a mi lado y me llenó las tetas de su leche...

Ambos caímos rendidos en la cama. Abrazados. Yo con lágrimas en los ojos. Pidiendo perdón por lo que había hecho entre sollozos. Me había vuelto el arrepentimiento. Me marido me consoló dulcemente como a una niña con sus besos en las mejillas y en la frente. Me dio ánimos diciendo que no le importaba. Que me amaba. Que lo que realmente le importaba era mi amor por él. Y no que hubiera tenido una aventura sexual. Consiguió calmar mi arrepentimiento. Y se marchó al servicio.

Al volver yo había encendido la lámpara de la mesilla y pude contemplar que seguía empalmado. A modo de penitencia le dije:
-Sigues cachondo, ¿quieres que te baje eso?

Se encogió de hombros.
-¿Quieres que te haga una mamada como se la he hecho a Jaime? Expresé ya deshinibida con cara de morbosa.

Fue determinante, se tumbó en la cama. Me arrodillé entre sus piernas y comencé a hacerle una buena mamada, la mejor que supe. Y cuando intentó apartar mi boca de su polla, se lo impedí haciendo que se corriera dentro. Acto seguido, me acerqué a él y abriendo la boca le demostré que también me había tragado todo su semen.
-¿Eso has hecho con él? -me preguntó.,

-No. La única leche que yo me trago es la tuya, la de mi cornudo.

Esas palabras parecieron la firma de la paz. Dormimos como dos bebes unas cuantas horas.

Al despertar, le recordé.

- La fiesta de la empresa es anual. ¿Tendré que esperar un año a salir?

- No. Sal cuando te apetezca. Yo te esperaré aqui. Te amo.