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Desde detrás de las cortinas

Ella se pensaba que yo estaba trabajando, pero lo cierto es que se me había suspendido el trabajo. Llegué a casa, y estuve en el ordenador.

Al cabo de un rato ví que llegaba un coche que yo no conocía y aparcaba delante de la puerta. Pude ver a mi mujer salir con un hombre. No supe que hacer así que me escondí detrás de unas cortinas muy grandes que tenemos en el salón. Realmente no podrían verme allí.

La situación me excitaba.

De pronto ambos se detienen y noto como sus cabezas se giran hacia la cortina… me han descubierto?, me quedo inmóvil mientrás Ingrid se ha levantado y se acerca a la cortina, se detiene justo en frente… silencio, alarga su brazo cruzando la cortina, busca algo… hasta que se encuentra con mi erecta polla, sin decir palabra, la coge y tira hacia ella, me han descubierto!... como perrito fiel la sigo en dirección a la cama, ella me suelta y me empuja, caigo desplomado, mi cabeza queda a los pies de Omar, este me mira y sonríe.. a continuación Ingrid se coloca entre los dos cuerpos, escupe en la palma de sus dos manos cogiendo ambas pollas, nos está haciendo una paja, su mano húmeda y caliente consigue que recupere rápidamente la erección que había perdido cuando me descubrió. Cierro los ojos y me dejo llevar.

Ingrid va alternando sus manos con su boca y lengua, Omar y yo gemimos de placer. Al cabo de unos minutos Omar se incorpora y decide meterle su enorme polla en la boca, ella se coloca estratégicamente cambiando de posición mientrás succiona gustosamente el capullo de Omar. Ingrid mueve las piernas y cambia sus manos por los pies… Umm!! siempre me ha gustado que me hicieran una paja con los pies, es muy diferente a las manos, menos controlado y por lo tanto más espontáneo y novedoso, para ponerselo fácil escupo en mi polla, la saliva facilita que los pies se deslicen agilmente y con facilidad. Su pie derecho agarra mis testículos y los sujeta tirando hacia abajo, mi polla está tensa y se agranda rapidamente, el otro pie empieza un sube-baja frenético que me da mucho placer, habilmente mete el capullo entre los dedos y concentra su ágil movimiento en el glande, presionando y estrujándolo como si quisiera exprimir su contenido. Mi excitación es máxima cuando ella utiliza ambos pies con tanta habilidad como si fueran las manos, presiona y fricciona mi polla con fuerza y cada vez que uno de los pies recorre mi frenillo tengo la sensación de correrme al momento pero presiona tan fuertemente que esto retiene cualquier líquido.

Mientrás ella se entretiene con la polla de Omar en su boca y con la mía entre sus pies yo me he ido moviendo lentamente hasta situar mi cara debajo de su coño, cuando lo tengo a tiro le introduzco la lengua dentro, entro y salgo, chupo, mordisqueo sus labios con fervor, de vez en cuando mi lengua se entretiene con su abultado clitoris, cuando ella lo nota separa la piel para darme via libre, su coño chorrea mi saliva mezclada con su jugo vaginal, su aroma y sabor me excitan aún más.

Al cabo de unos minutos Omar saca la polla de la boca de Ingrid y rapidamente baja hasta su vagina, sin avisar y violentamente la mete dentro, Ingrid da un grito fuerte y seco empezando a jadear y gemir como una posesa, se está corriendo. A pesar de la envestida de Omar, afortunadamente en aquel momento no tenía la lengua dentro del coño, de lo contrario me habría encontrado lamiendo una polla, lejos de mi intención y gustos, a día de hoy sigo sin tener ningún interés en probar el sexo masculino.. la carne de mujer sigue siendo mi manjar preferido..

Viendo que Omar me ha quitado el sitio, me incorporo a la vez que unto con abundante saliva el agujero del culo de Ingrid, aunque ya estaba bien lubricado pues mientrás le comía el coño de vez en cuando ensalivaba su agujerito y le metía la punta de la lengua. Ingrid se percibe de mis intenciones y con una mano separa sus firmes nalgas, me pongo en posición y a ciegas busco la puerta de entrada con la punta de mi polla, no es fácil, además de la oscuridad, el incesante movimiento que imprime Omar hacen que Ingrid se mueva como una peonza. Parece que lo tengo, noto la estrecha hendidura en la punta de mi polla, empujo pero no consigo entrar, con sus manos Ingrid intenta abrirme camino pero tampoco hasta que desesperado, grito… ALTO!, sorprendidos, ambos se detienen al instante, rapidamente aprovecho este momento y con mi duro capullo ya encarado hacia la estrecha cueva, me abalanzo y empujo con fuerza hacia delante consiguiendo penetrar la punta, sin concesión alguna y casi con violencia muevo mi cintura, noto una fuerte resistencia y presión, puedo notar la enorme polla de Omar dentro de Ingrid, aún y así empujo violentamente hasta que consigo mi objetivo, ha entrado entera, ella da varios gritos, parecen de dolor… instantáneamente Omar tambien empuja violentamente y reinicia su marcha, es como una competición, ambos queremos apropiarnos de la misma presa, los dos queremos el mejor bocado, los dos empujamos fuertemente, Ingrid atrapada, inmovilizada y empalada por nuestras pollas, grita una y otra vez.... se está corriendo de nuevo mientras con una mano manosea bruscamente su clitoris, sus gritos son una mezcla de dolor y placer, jadea, respira profundamente y solloza, "más, más fuerte.. folladme!!"

Al cabo de varios minutos bombeando sin cesar, Omar sale de ella, se levanta y rapidamente mete la polla en su boca, esta la engulle como loba hambrienta, de fondo solamente se escucha el sonido de la saliva en la frenética succión. La presión en mi polla ha disminuido, en parte gracias a la dilatación del culo pero tambien al quedar la vagina liberada del pollón de Omar, momento que aprovecho para ocuparlo yo. Su coño está mojadísimo y muy dilatado, mi polla entra con absoluta facilidad, está muy caliente, la temperatura de la vagina hace que note como mi glande segrega jugo seminal, noto mis testículos duros y apretados, estoy a punto de eyacular pero me resisto y detengo el movimiento por unos instantes hasta que salgo de su interior, me pongo de pie y rapidamente acerco mi polla a la cara de Ingrid, sin dudarlo Ingrid deja sitio para mi polla y ahora agarra nuestros dos firmes pollones, no quiere hacer distinciones y avidamente chupa ambas, las junta, las frota una contra otra. El contacto con la polla de Omar no me molesta diría que incluso me agrada, Ingrid coge las dos pollas con ambas manos y las mueve arriba y abajo con fuerza, hasta que simultáneamente ambos empezamos a gritar de placer corriendonos en la boca, cara y cuerpo de Ingrid, ella chupa y succiona todo lo que sale de nuestras pollas, el pegajoso y resbaladizo líquido seminal fluye por su boca, labios y lengua deslizandose por su cuello hasta sus enormes pechos. Ingrid bebe y traga todo lo que puede, hasta la última gota.

A pesar de la abundante eyaculación las dos pollas siguen casi igual de firmes, los tres nos miramos en un acto casi reflejo, son miradas de complicidad y de placer pero sobre todo de lujuria y auténtico vicio, es evidente de que todos queremos más…. Sin mediar palabra, Omar se acuesto boca arriba, Ingrid dándole la espalda se pone de cuclillas encima de él, este sostiene su polla por la raíz manteniendola firme, Ingrid separa las nalgas abriendo su dilatado agujerito hasta que Omar se la mete de nuevo por el culo, al notarlo Ingrid baja lentamente hasta el fondo introduciendo completamente la polla en su interior. Frente a mí tengo a Ingrid, con su mirada viciosa y la cara desencajada por el enorme placer causado por la polla de su compañero, ella, abierta de piernas mostrándome su precioso y chorreante coño abierto de par en par, con sus manos separa los labios vaginales y tensa la piel alrededor de su clitoris, su coño toma la forma de una preciosa mariposa con sus coloridas alas bien desplegadas, esto me excita mucho y me coloca de rodillas frente a ella, con una mano acaricio su cara y sus húmedos labios cuando ella abre la boca y me chupa y muerde varios dedos de una mano, mientrás con la otra mano agarro mis testículos presionandolos y tirando de ellos hacia abajo, esto hace que la polla quede tensa, con la piel del capullo bien separada y sin contemplaciones se la meto en el coño, los dos damos emitimos un sonido de placer. Los tres nos mantenemos inmóviles durante varios segundos, de nuevo Ingrid está atrapada entre dos hombres, noto como mi polla crece aún más dentro de ella, palpita y se estira como queriendo llegar hasta no sé donde, Ingrid empalada por delante y por detrás momento en el que escupe en una de sus manos y empieza a frotar fuertemente su palpitante clitoris, Omar y yo seguimos inmóviles mientrás disfrutamos de la masturbaciónn de Ingrid, suspira, balbúcea, tiene la boca medio abierta y la saliva se escurre por su labio inferior, expulsa liquidos corporales por arriba y por abajo, su cuerpo completamente mojado por dentro y por fuera, sudor, saliva y esperma forman una mezcla super excitante.

Yo no puedo resistir la tentación y la proximidad de mi boca con la suya y empiezo a lamerle una oreja, despues le chupo los párpados, la nariz hasta llegar a sus jugosos labios que muerdo con afán, ella saca su lengua buscando la humedad de mi boca, no son besos son lametazos lengua con lengua como si fuera una pelea entre ambas, nos mordemos los labios, lenguas, incluso nos hacemos daño pero da igual, estamos totalmente entregados al placer del intercambio de saliva.

Mientrás Omar ha empezado a mover sus caderas, no tiene mucho espacio pués está tumbado en la cama, Ingrid sentada encima de él y yo por encima de sus rodillas y mi polla incrustada en el interior de ella. Pero Ingrid no se lo pondrá dificil, nota el movimiento de Omar y se eleva unos centímetros, los justos para que permitir a Omar subir y bajar sus caderas metiendo y sacando su polla del culo de ella. Con mi polla puedo notar como la de Omar entra y sale de Ingrid, esto me excita aún más e inicio un movimiento de rotación, derecha, izquierda, arriba y abajo, todo esto sin sacar ni un solo milímetro mi polla de su caliente y húmedo coño. Las manos de Omar y las mías manosean sus redondeados pechos, es un juego a cuatro manos, la estrujamos, uno, otro, pellizcamos sin cesar sus duros pezones, de tanto manoseo estos adquieren un color casi morado, pero a ella le gusta. El movimiento cada vez es más rápido, momento en el que el cuerpo de Ingrid empieza a temblar, segundos después sus gritos de placer nos hacen saber que está teniendo otro orgasmo, Omar y yo queremos hacerla disfrutar aún más de este momento y ambos iniciamos el ritual de entrar y salir de ella con fuerza, con mucha fuerza y bruscamente, Omar empuja, yo empujo, el cuerpo de Ingrid es golpeado y agitado por delante y por detrás, ahora él después yo, conseguimos alcanzar un vaivén preciso y ritmico, cuando el sale yo entro y viceversa, Ingrid grita aún más, es otro orgasmo o es el mismo que se alarga? Da igual… da muestras de estar disfrutando mucho. Sus hermosos labios vaginales hinchados y rojos, palpitan de placer, Omar suelta una especie de alarido y clava su polla hasta el fondo, momento en el que su cuerpo se pone tenso y rigido, se está corriendo dentro de su culo, no se mueve y deja que su polla deposite la mercancía en su destino, yo tampoco puedo más pero no quiero correrme dentro de ella y con rapidez saco mi polla de su vagina y cogiendola por la base la acerco hasta su excitadísimo clitoris y empiezo a frotarla presionando fuertemente sobre el rojizo botón hasta que un chorro de esperma sale disparado inundandolo por completo, mi esperma corre por su clitoris bajando por los rosados labios y deslizándose entre sus muslos. Segundos después caigo exahusto en la cama, Ingrid desmonta a Omar y recostandose entre ambos y como muestra de agradecimiento empieza a lamer los restos de leche de ambas pollas . Yo me quedo adormecido y creo que ellos también lo están.

La luz del amanecer me despierta, los tres desnudos y amontonados en la cama, ellos duermen mientrás voy a cubierta. Los primeros rayos solares me permiten ver tierra, estamos llegando. Preparo el desayuno para los tres y les despierto, ambos abren sus ojos, sonrientes y con cara de satisfacción, antes de desayunar Ingrid dice querer darse un baño en el mar, se acerca a mí y me da un cariñoso beso en los labios diciendo "me gustas, bravo!"

Su hermoso cuerpo desnudo se lanza por la borda, Omar la sigue. Minutos después desayunamos, ella sigue desnuda durante todo el desayuno deleitandonos a ambos con su precioso cuerpo, un cuerpo hecho para dar y recibir placer.

Una vez atracamos en el puerto de Mahón, decidimos volver a vernos, quedamos para esta noche en el hotel donde se hospedarán. Intercambiamos los números de móvil y quedamos en llamarnos más tarde.

Me siento bien, muy bien. Aprovecho el día para descansar y dormir, estoy cansado pero también impaciente a que llegue la noche….

JUGANDO CON OTRO

Mi marido y yo muchas veces fantaseamos mientras tenemos sexo, que si hacerlo aquí o allá donde nos puedan pillar o con alguien mirándonos, que si salir por ahí sin ropa interior, que si juguetes del sexshop (tenemos varios), papel de secretaria, de puta, esto y aquello. Mi marido repetía mucho el tema de verme con otro hombre.

Al principio no le dí mucha importancia a esta última fantasía, pero llevaba un tiempo repitiéndola continuamente. A mi no me hacía especialmente gracia, y aunque reconozco que la mayoría de veces había logrado excitarme mientras me susurraba su fantasía al oído, me hacía preguntarme mil y una cosas ¿ya no le gusto? ¿está cansado de mí? ¿es que quiere estar con otro? ¿es que quiere dejarme?...

Últimamente estaba algo más obsesionado con verme follar con otro hombre, lo que me hacía dudar aún más, ¿realmente estaba dispuesto a dejar que otro me follase? ¿no se pondría celoso? o peor, ¿me lo pedía para poder estar con un chico?... la verdad es que sólo de imaginármelo liado con otro se me mojaban las bragas, pero tenía miedo de descubrir que mi marido fuese gay. Contra otra chica puedo competir, contra un chico estoy en desventaja.

Yo le seguía el juego mientras follábamos y a veces me dejaba llevar por sus fantasías, sobre todo cuando eran con otro hombre más para mí ¿quien de nosotras no le ha echado el ojo al culito de algún otro chico alguna vez?

Un día me desperté a media noche algo alborotada, había estado soñando que estaba follando con otro, ni siquiera recordaba su cara o quien era, pero me había excitado tanto que me desperte completamente mojada y también algo jodida por haber interrumpido el sueño. Mi marido seguía dormido a mi lado. Yo no entendía como había soñado algo así pero no quise quedarme a medias así que me tumbé en la cama de nuevo y me masturbé recordando el sueño hasta correrme.

El haber tenido ese sueño me tuvo pensativa todo el día, no le quise comentar nada a mi marido, pero por la tarde aprovechando que él no estaba, me metí en internet sin saber muy bien que buscar para aclararme. Sin querer acabé encontrando una página de relatos, había muchos de tríos e intercambios de parejas y por curiosidad comencé a leer algunos. Muchos me parecieron estúpidos o imposibles de hacer, pero otros habían logrado excitarme bastante.

Uno de los relatos, me dio algunas ideas de como descubrir si lo de mi marido eran sólo fantasías o de verdad deseaba hacerlo, incluso escribí un email al autor consultándole algunas cosas sobre el relato. Con todo, en unos días tramé un pequeño plan para ponerle a prueba y averiguar hasta donde quería llegar realmente con sus fantasías.

Decidí esperar un viernes cuando solemos ir a cenar fuera y podemos dejar los hijos con alguien. Ese mismo día por la tarde, había reservado hora en mi esteticien habitual, no iba hacer nada fuera de lo común pero quería sentirme guapa, así después de una depilación completa a lo brasileña, un buen masaje, peinado y manicura... me encontraba lista para lo que pretendía, finalmente en casa elegí una minifalda cortita para la ocasión y un jersei que dejara a la vista un buen escote.

Salimos a cenar a uno de nuestros restaurantes favoritos en una población muy turística, uno muy cutre donde su especialdad son los pollos asados. Como siempre estaba llenísimo pero tuvimos suerte y conseguimos una mesa en el interior al fondo del todo. Había un jaleo de voces tremendo, mejor así, pensé, podría hablar con mi marido sin que nadie nos prestase atención. Estaba algo nerviosa con lo que iba a proponerle, no sabía como iba a tomárselo pero estaba decidida a salir de dudas. Después de un par de copas de sangría me animé a empezar.

- "¿Sabes?... hoy no me he puesto tanga." le susurré.

- "¿y que llevas?" me preguntó sorprendido y algo sonriente.

No le respondí, simplemente tiré su servilleta al suelo. Pareció captar mi idea y se agachó a recogerla mientras yo separaba mis piernas ampliamente mostrándole mi sexo recién depilado, sin pelos excepto una delgada línea por arriba de apenas un dedo. Como era de esperar se demoró unos segundos antes de volver a su sitio en la silla.

- "Vaya... " exclamó sin saber que decir.

- "No me lo he puesto en todo el día"

- "¿Has ido al trabajo así?" preguntó sorprendido.

- "Sí" dije sin darle importancia y añadí "me habías pedido muchas veces que saliera así, incluso que para ir a trabajar también ¿no?"

- "Sí, sí, es verdad, pero ¿porque ahora? ¿es que celebramos algo especial?"

- "Bueno, puede... me he decidido a probar algo distinto... ¿no te molesta que alguien pueda descubrirme así si subo unas escaleras o me agacho?" dije tratando de ponerle un poco celoso.

- "¿Te ha visto alguien?... ¿en el trabajo?" preguntaba sorprendido.

- "No... bueno... espero que no" estaba casi segura de que no me había podido ver nadie.

- "Tiene su morbo ¿no crees?... simplemente podrías hacerte la distraída y dejarle mirar sin más" me respondió tras pensarlo un segundo.

No sólo parecía no molestarle, sino todo lo contrario. Yo para nada esperaba una respuesta así, sobretodo con la naturalidad con la que me lo proponía. Incluso con su mano acarició mi pierna y me recogió la minifalda unos centímetros hacia arriba. La verdad es que era una sensación extraña, me moría de vergüenza sólo de pensar en ser descubierta por alguien pero a la vez me excitaba muchísimo.

- "¿Y te has decidido a probar alguna otra cosa?" me preguntó tratando de provocarme burlonamente, tratando de tomar el control de la situación.

Dude unos segundos, no quería perder mi plan y que empezase a ser el suyo. Así que tras volver a colocarme la mini en su sitio y beber un poco de sangría, tomé aire y se lo solté sin más.

- "¿Sigues queriendo verme follar con otro?"

Esta vez el sorprendido fue él y después mirar a todos lados para ver si alguien me había oído, me dirigió una tímida mirada y se quedó callado y pensativo. Le había dejado completamente descolocado, en verdad si lo piensas es algo bastante normal en los hombres cuando una se lanza y es más atrevida de lo que ellos esperan, no pude evitar que en mi cara dibujase una ligera sonrisa triunfadora.

- "Es una pregunta sencilla. Basta con un simple sí o no" dije ante su silencio, "si es no, no pasa nada, entenderé que sólo se trataba de una fantasía" añadí tratando de arrancarle alguna respuesta. Y le pregunté nuevamente:
- "Te gustaría verme con otra polla en la boca?" Dije muy lentamente sonriendo y lamiendome los labios.

Tanto silencio empezaba a hacerme pensar que había metido la pata, que no habían sido más que fantasías suyas y yo una idiota por haber terminado creyéndomelas, pero de repente un casi imperceptible y tímido sí salió de sus labios. No me lo podía creer, ¿había dicho sí?, una cosa era fantasear con el calentón mientras follamos y otra admitirlo así en frío. Dudé un segundo sin saber que hacer, pero me decidí a seguir adelante a ver si realmente era cierto que quería verme así.

- "¿En serio quieres verme así? ¿Estas seguro? ... no pareces muy convencido" insistí ante su tímida respuesta.

- "Sí, sé que te lo he propuesto muchas veces y..." tomó aire un instante y continuó convencido de su decisión "y me gustaría probar al menos una vez a ver que tal".

- "¿Incluso si es sólo para mí?" pregunté para ver que pretendía de un chico.

- "Sí, claro, sin problema, esa es la idea, los dos contigo" contestaba seguro.

- "¿Y si fuese con alguien conocido?" quise ponerle más a prueba.

- "¿Conocido?... ¿en quien estás pensando?" preguntó algo asustado.

- "Bueno... algunos compañeros de trabajo no están mal" le dije burlona.
Para mí tenía un morbo tremendo, y más que nada quería ver como reaccionaba ante la imaginación de verme con alguien conocido. La verdad, no me importaría darle un repaso o mejor que él me lo diera a mí, pero no era mi intención ponerle en un aprieto delante de un conocido, sólo quería comprobar cuanto quería esto.

- "¿y como le proponemos algo así?"

Esto si que me dejo muerta, no me decía que no, sino que no sabía como decírselo. Estuve a punto de decirle que si quería verme follar tendría que ser él, pero no quise ser tan dura ni comprometerle tanto. Tenía otra opción en mente.

- "He pensado que sería mejor con un desconocido que me ligue, por aquello de que desaparacerá en pocos días."

... entonces ¿no será nadie conocido? ... esta bien, me parece bien" añadió aliviado, al saber que no sería con un amigo.

- "Pero tendrá que ser con una condición".

- "¿De que se trata?" dijo impaciente.

- "Será sólo para mí, si quieres que entre en esto, la primera vez será sólo para mí y tu sólo mirarás" era mi prueba final, si de verdad pretendía que jugásemos a ser liberales quería asegurarme de que él lo era de verdad y que lo soportaría sin celos.

- "Esta bien, me gustaría participar pero... acepto que sea así por ser la primera vez" dijo resignado como un niño castigado, "pero solamente por ser la primera vez" volvió a insistirme. En todo caso, seré yo que te de permiso a hacer algo.

Cuando volvimos a casa mi marido nada más entrar me quiso follar, ni siquiera me había sacado toda la ropa cuando ya lo estaba notando su polla entrando y saliendo de mí, follándome casi salvajemente, casi violándome, no paraba de preguntarme si se la quería chupar al chico, o como quería que me follasen, o que les pensaba dejar hacerme. Estaba tan excitado que incluso repitió casi sin parar, su polla casi no se vino abajo después de correrse y volvió a ponerme a cuatro patas, hacía tiempo que no me follaba así y mucho menos dos seguidos. Sin duda la idea que tenía en la cabeza le estimulaba y mucho.

Dos semanas más tarde repetimos, pero esta vez había reservado un hotel en la misma localidad.

Mi marido acompañó al chico hacia donde yo estaba y me lo presentó, todos cruzamos unas ligeras sonrisas nerviosas. Notaba como el chico me observaba de arriba a abajo disimuladamente. Yo tenía el pelo suelto y escondía mi cara tras unas enormes gafas de sol, llevaba un vestido veraniego sin mangas de falda corta y unas botas de tacón alto.

- "Bueno... ¿dónde está esa cervecería?" dijo mi marido rompiendo el hielo.

- "Está aquí cerca, a un par de calles... ¿vamos?" respondió el chico.

Nos pusimos en camino hacía allí mientras cruzábamos preguntas sin mucha importancia por el camino, ¿que calor no?, ¿eres de aquí?,...

Casi sin darnos cuenta, ya estábamos ante la puerta, era un pequeño pub irlandés, todo decorado en madera y tenía unas escaleras que daban a una planta superior abalconada hacía la zona de la barra. Parecía el lugar perfecto para hablar los tres tranquilos sin ser molestados. Ellos pidieron unas cervezas y yo un vino, después estuvimos hablando mientras bebíamos hasta casi olvidarnos de porque estábamos allí.

- "Tengo que ir al aseo ¿pido algo más?" interrumpí yo un momento.

- "Yo aún tengo cerveza" respondió mi marido.

- "Yo estoy bien así, gracias" dijo el chico.

En realidad, no tenía ganas de ir al aseo pero sí necesitaba aclarar mis ideas un poco. El chico me había caído bien pero de ahí a follar con él me parecía un poco fuerte a pesar de lo excitada que estaba. Quedé pensativa unos segundos ante el espejo hasta que una ligera vibración me devolvió en mi, eran unas bolitas chinas que tenía puestas desde por la mañana, el chico me había pedido que las llevara para el encuentro y mi marido también quiso que las llevara cuando se lo conté. La verdad es que el morbo de la situación me tenía toda excitadísima, tome aire y le dije a mi reflejo "es él quien quiere verte follar ¿no?, no seas tonta y fóllatelo, sólo será un polvo". Me arreglé un poco el pelo, respire profundo una vez más y salí del aseo decidida a probar.

- "yo creo que dirá que sí", escuché a mi marido decir al regresar a la mesa.

- "que diré que sí ¿a qué?" pregunté cogiéndolos por sorpresa a los dos.

- "pues... a lo que hemos venido ¿no?" preguntó mi marido como temiendo haber metido la pata.

- "yo iba a preguntarte antes si querías seguir con esto pero... como ya has respondido por mí" dije irónica y continué más burlona "mejor ve pagando la cuenta, cornudito mío"

Mi marido no dijo nada, se disponía a levantarse decidido a pagar.

- "No, espera, sólo bromeaba ¿en serio quieres que sigamos?" le volví a preguntar.

- "Si sabes que sí" respondió como si le hubiese hecho una pregunta absurda mientras reanudaba su camino hacia las escaleras para pagar en la planta baja.

- "¿Y tú? ¿tu quieres seguir?" me preguntó el chico al girarme en la silla hacia él.

No dije nada, sólo sonreí algo nerviosa mientras extendía mi mano izquierda cerrada hacia la suya para entregarle algo, él abrió su mano y dejé caer el tanga negro que había llevado puesto hasta hace un momento antes de salir del aseo. Era también algo que me había pedido, habíamos acordado que se lo regalaría tanto si hacíamos algo como si no, aunque nunca había pensado en dárselo si al final decidía que no.

- "Bueno, espero que te portes bien" le dije.

- "No haremos nada que tu no quieras" me respondió mientras acercaba mi tanga a su nariz para olerlo, me excitó muchísimo verle hacerlo.

- "Sí, eso ya lo dejamos claro antes de quedar, pero quiero hacerlo como en el relato que escribiste"

- "Bien, me parece bien"

- "¿Te acuerdas de que me pedías que trajese puesto?" me lancé atrevida algo más confiada ya.

- "Claro, te daba a elegir entre unas bolas chinas y un plug" respondión algo tímido.

- "¿Te apetece comprobarlo?" y atreviéndome aún más recogí hacia arriba la corta falda de mi vestido y separé mis piernas ligeramente.

No me creía aún lo que estaba haciendo pero estaba lanzadísima, quizás por lo excitada que estaba desde por la mañana, necesitaba que alguien me follase y pronto.

Tome aire un segundo mientras el chico acercaba tímidamente su mano hacia mi sexo para palpar como el cordoncito de las bolitas salía de mi depilado coño. Apenas le dejé tocar unos segundos, estaba muy excitada y no quería que su roce pudiera hacerme correrme allí mismo.

Retiré su mano y me giré sobre la silla hacia la baranda que daba al piso inferior para ver si mi marido había pagado ya. Desde esa posición también veía si alguien subía o no. Entonces, sin mirarle, me levante la falda por detrás y le mostré al chico la base del plug que asomaba introducido en mi culo. Quede así un instante, hasta que noté su mano acariciándolo, le dejé un par de segundos y me puse de pie dejando caer mi vestido a su sitio.

- "¿Nos vamos ya?" le sugerí.

El chico se levantó tratando de disimular la erección que estaba teniendo. Yo sonreía satisfecha de verle así.

- "Si te portas bien podrás meterme todo esto pronto" le dije al oído acariciando con mi mano el bulto en su pantalón, ya hacia rato que tenía curiosidad por sentir como era.

El aprovechando que me tenía tan cerca me besó y sin resistirme me entregué a su lengua por completo hasta que quiso parar. Mi marido nos observaba y esperaba desde la escalera, le sonreí satisfecha al cruzar delante de él y nos pusimos en camino hacia el hotel donde nos alojábamos.

Por el camino mi marido se mantuvo detrás a unos metros como le había pedido yo, para que pudiese verme agarrada a él o dejándome tocar el culo de vez en cuando.

Eran las 13:10, no tardamos en llegar al hotel que estaba también en el centro de la ciudad, en un barrio muy turístico y tradicional, era un hotel pequeño en una de las estrechas calles típicas de la zona pero ideal porque con tanto turista una pasaba desapercibida.

Cuando llegamos al hotel mi marido entró a pedir la llave mientras yo aprovechaba para besar una vez más al chico y dejar que sus manos me siguieran explorando. Pronto nos interrumpió un carraspear, mi marido me mostraba la llave de la habitación en su mano. Casi se la arrebaté y tiré del chico hacia adentro.

- "Déjame 5 minutos" le dije a mi marido en la puerta del ascensor antes de que él entrara.

No pensaba hacer nada especial pero quería pegarme el gusto de disfrutar un instante a solas y de camino recordarle así que no era él quien me iba a follar, que le iba a hacer un cornudito.

Nada más cerrar la puerta de la habitación el chico me atrapó contra ella besándome y metiéndome mano sin cortarse, yo estaba tan excitada que le dejaba hacer. El chico, sabiendo que mi marido aparecería pronto, de repente se detuvo para pedirme que me desnudase mientras retrocedía unos metros para observar como lo hacía.

Yo como la que lleva una camiseta me saqué el vestido por la cabeza y lo arrojé sobre la cama sin más, no llevaba sujetador.

- "Tampoco llevaba ropa como para un strip-tease" bromeé.

Se sonrió pero no dijo nada, se limitó a observar mi cuerpo desnudo de arriba a abajo detenidamente, luego me pidió que diese la vuelta girando lentamente, hasta que estuve frente a él de nuevo. Me sentía totalmente expuesta ante un desconocido, era una sensación extraña pero también me estaba excitando muchísimo.

Fui a decir algo en ese momento pero con un dedo suyo silencio mis labios, y después dejando caer su mano desde mi boca, acariciando mi piel, comenzó ahora él a girar a mi alrededor despacio.

- "Me va a encantar follarte" me susurró al oído tras recorrerme entera.

"Sí, eso es lo que necesito pero ya" pensé yo, necesitaba que me follasen ya y me abalancé sobre él para desnudarle, casi le quería arracar la ropa con mis manos. De pronto, llamaron a la puerta, me giré y abrí la puerta por completo de una vez.

La cara de sorpresa de mi marido me hizo caer en cuenta de que había abierto la puerta totalmente desnuda, por suerte no había nadie más en el pasillo pero creo que estaba tan excitada que me hubiese dado igual o a lo mejor hasta me lo hubiese follado también.

- "Entra ya de una vez" y tras cerrar la puerta añadí "iros desnudando mientras yo voy al baño" aquello sonó casi como una orden.

Cuando salí del baño estaban los dos desnudos, yo me había quitado el plug y lo llevaba en mi mano. Cogí una silla y la coloque pegada a los pies de la cama mirando hacia el cabecero, después le pedí a mi marido que se sentase ahí. Me sorprendió ver que tenía la polla completamente dura, pensé que eso significaba que esto le estaba gustando.

- "Antes ven aquí e inclínate" le dije aplicando al plug un poco de lubricante que saqué de nuestra pequeña maleta.

- "Pero..." no le deje acabar la frase.

- "Habíamos dicho que me dejarías hacerlo como en el relato ¿no?" le recordé maliciosamente.

Mi marido no dijo nada, se inclinó y separó los cachetes del culo para dejarme hacer. Traté de ponérselo lo más delicadamente posible pero no pude evitar que se le escapara un quejido cuando al final el plug se me deslizó un poco al introducírselo del todo. Después obediente se sentó en la silla mirando al cabecero de la cama como la había colocado. Para mi sorpresa otra vez, seguía teniendo una erección tremenda, en cierta manera me alegraba de que fuese así, pensé que si era por el plug quizás más adelante pudiera ver cumplida una fantasía mía de verle con un chico.

- "Saca fotos pero no puedes tocarte, no puedes masturbarte hasta que hallamos acabado" le dije a mi marido dándole nuestra cámara de fotos, era lo que habíamos pactado antes de quedar con el chico.

Me coloqué de rodillas a la izquierda de mi marido pegada a sus piernas y le dije al chico que se pusiera al otro lado, a su derecha. Acerqué al chico con mi mano hacia a mi y comencé a acariciar su polla suavemente, la de mi marido se volvió a poner más dura al verme.

- "Mira y disfruta" le dije a mi marido poco antes de introducirla en mi boca.

El clic de la cámara parecía no parar mientras yo me tragaba la polla del chico, entraba y salía de mi boca, le pasaba la lengua, paraba un instante para masturbarle un poco con mi mano y volvía a empezar. Me tenía excitadísima la situación, le estaba chupando la polla a otro prácticamente encima de mi marido, y este lejos de molestarse parecía volverse loco haciéndome fotos.

Poco después no aguantaba más, paré y le indique al chico que se pusiera un condón mientras yo me tumbaba a los pies de la cama, a lo ancho de forma que mis caderas quedaban a la altura de las rodillas de mi marido. Un suspiro de excitación se me escapó mientras me sacaba las bolitas chinas.

Miré un instante a mi marido, no perdía ocasión para hacer alguna foto más, parecía no querer perder detalle. Mientras, el chico sobre la cama se colocaba en posición. Se inclinó un poco sobre mi de rodillas entre mis piernas, con una mano se apoyaba en la cama y con la otra me acarició suavemente los pechos un instante, luego se inclinó un poco más y me besó. Mi respiración era agitadísima, notaba sobre mi coño el roce de su polla preparada para follarme. Entonces, sin parar de besarme con su mano la colocó en mi entrada y comenzó a presionar, poco a poco se iba introduciendo suavemente, no le costó mucho, estaba hiperlubricada. Finalmente, solté un fuerte gemido cuando sentí su polla completamente dentro de mí, y comenzó un lento vaivén hacia adentro y afuera de mi.

No quería correrme aún pero sabía que no iba a tardar mucho. Comenzó a acelerar su ritmo, entraba y salía de mí más fuerte, después comenzó a follarme con un movimiento más corto y rápido, y volvía follarme fuerte. No tardamos en cambiar de posición, me colocó de rodillas frente a mi marido, tan cerca él y del borde de la cama que para mantenerme tenía que apoyar mis manos sobre sus hombros.

Tenía cara a cara a mi marido, le miraba a los ojos y no pude ni quise disimular mi placer a sentir la polla del chico entrar en mí otra vez, mis nalgas temblaban con cada empuje del chico y me ponía a mil estar haciéndolo así frente a mi marido. Me incliné un poco más y acerqué mi boca su oído para que sintiera hasta el más leve de mis gemidos, también observaba de vez en cuando su polla que parecía que iba a reventar y le susurraba "¿te gusta como se follan a tu mujer?" "¿es esta la putita que querías ver?". Pronto no pude aguantar más, noté como me venía y agarrándome fuertemente a su cuello me corrí gimiendo todo lo que quise. El chico continuó follándome en la misma postura sin parar y ahora yo casi posaba ante la cámara disfrutando de su polla.

Le pedí cambiar de posición, quería sentarme sobre él y montarle yo, pero no me dejó sino que me pidió que me tumbara de nuevo y el también se tumbó a mi lado.

- "Voy a enseñarte algo nuevo" me dijo el chico, no pude evitar sonreírme, había follado con mi marido de mil y una formas, no creí que pudiera enseñarme nada nuevo pero le dejé probar a ver.

Me separó las piernas y acercó su boca a mi coño, comencé a sentir su lengua acariciando suavemente mi clítoris. "Menuda novedad" pensé burlona, pero no iba a pararle, si quería comerme el coño pues que me lo coma. Poco después noté como introducía un dedo y comenzó a agitarlo en mi interior, no sabía que es lo que me estaba tocando por dentro pero me estaba haciendo retorcerme de placer.

Era una sensación distinta, lo sentía como desde dentro del abdomen, me estaba haciendo gozar de verdad pero también me estaban empezando a dar ganas de orinar terribles, le pedí que parara o me iba a mear, pero me dijo que me dejara llevar y siguió comiendome con su lengua y tocándome ahí con su dedo más rápido, no pude aguantar más y me solté salpicando por todos lados a la vez que mi cuerpo convulsionaba en un otro orgasmo mucho más intenso que me dejó las piernas temblando por completo y casi sin respiración. No sé que me había tocado pero me había encantado.

Intenté seguir pero tuve que tomarme unos segundos para recobrar el aliento, el chico mientras me esperaba masturbándose suavemente y mi marido seguía con sus fotos.

"Voy a hacerle un regalito sorpresa" me dije y en cuanto me recuperé, me levanté y coloqué a mi marido sentado en la silla a los pies de la cama como antes pero esta vez de lado.

- "Coge el lubricante" le dije al chico mientras me recostaba sobre las piernas de mi marido estirando mi cuerpo hacia la cama en dirección al cabecero.

"Se lo ha ganado" le dije a mi marido y sin dejar de mirarle viciosamente, arqueé mi espalda alzando ligeramente mi trasero, no hacía falta decir más, quedaba claro lo que estaba ofreciéndole al chico. Notaba la polla de mi marido dura bajo mi pubis, era evidente que disfrutaba viéndome hecha una zorra, y a mí me estaba gustando también.

El chico cogió las bolitas y me las colocó de nuevo, quería que las sintiese vibrar con cada culeada. Un instante después noté sus dedos lubricando mi entrada, no me hacía mucha gracia que me follasen por ahí pero me daba mucho morbo que mi marido viese como le recompensaba por una buena follada, a él casi no le dejaba tocarme ahí.

Noté como la polla del chico presionaba tratando de entrar empujando suavemente, poco a poco iba abriéndose camino muy suave, pero aún así no pude evitar soltar un pequeño quejido.

- "¿Quieres que pare?" me pregunto el chico, temiendo estar haciéndome daño.

- "No, no pares, fóllame el culo, quiero entregártelo aunque me duela" dije sin dudarlo.

Continuó empujando su polla dentro de mi culo poco a poco hasta que la tuve metida por completo, en algunos momentos tuve que morder la almohada para callar mi quejido pero no quería que parase, pronto el dolor cedió y comencé a disfrutar de su follada, notaba como las bolitas se movían dentro de mí con cada embestida suya y con el roce de la polla de mi marido dura acariciando mi coño no tardé mucho en tener otro orgasmo, algo más suave pero lo disfrute igualmente.

De repente, el chico paró y salió de mí, me hizo girarme sentándome en la cama y tras sacarse el condón comenzó a masturbarse rápidamente frente a mí hasta correrse, sentí salpicar y resbalar su leche en mi pecho casi a la altura del cuello. Yo le sonreía satisfecha.

- "Para que huelas a zorrita" me dijo extendiendo su corrida con sus dedos por los lados de mi cuello como si fuese un perfume.

Después me detuvo cuando fui a levantarme y me pidió que sacara la lengua, acercó su polla y escurrió una última gota en la punta. No dude en tragármela y volver a sacar la lengua mostrándosela limpia, miré sonriente a la cámara que no había perdido detalle y ahora sí me levanté para besar al chico bien a gusto, después aproveché que el chico fue al aseo para sentarme sobre las piernas de mi marido.

- "¿Te a gustado?" le preguntaba casi extasiada abrazada a su cuello.

- "Sí, ¿puedo ya?" respondía impaciente por masturbarse.

- "Shhhh, te has portado muy bien y a ti también te recompensaré... pero aún no" sonreía maliciosa, su cara era casi de suplica. "Dime, ¿de verdad te ha gustado verme?" insistía aunque estaba casi segura de la respuesta por las veces que le ví empalmado.

- "Sí, pero no puedes dejarme así, necesito corr..." interrumpió su frase al salir ver el chico del baño.

- "Lo siento pero tengo que irme ya casi" dijo el chico mirando su reloj, eran las 14:00, "si os apetece podemos tomar otra cerveza rápida de despedida por aquí cerca"

- "¿No puedes quedarte otro rato?" pregunté apenada, me hubiera gustado seguir un poco más, esta vez con mi marido, el respondía que no con su cabeza, "Bueno, entonces vale, tomemos esa cerveza" me apresuré a responder, tenía algo de sed.

- "¿Y yo?" protestó mi marido.

- "Nosotros acabaremos luego, además ya es casi hora de comer, seguiremos por la tarde" le dije a mi marido.

- "Pero..." se calló, no dijo más aceptando mi decisión y se levantó hacia el baño.

- "¿A donde vas?, visteté" dije deteniéndole, el chico estaba casi vestido ya y yo me había deslizado dentro del vestido de nuevo rápidamente.

- "Voy a quitarme antes esto" dijo refiriéndose al plug.

- "De eso nada, quiero que te lo dejes puesto, yo lo llevé antes y me estuviste calentando toda la mañana con eso, ahora tú, te toca a tí ir calentito y llevándolo, además yo también llevo las bolitas aún" dije al notarlas moverse de nuevo, casi ni me acordaba.

Dudo un instante antes de complacerme, pero debió verme claro que no pensaba dejar que se lo quitase, ese plug era mi oportunidad para tal vez verle jugar con un chico más adelante y no pensaba perderla. Le dejé vistiéndose mientras me adelantaba con el chico a un bar cercano a tomar algo. Estuvimos charlando riéndonos de los miedos antes de empezar y de lo bien que lo había pasado, sobre todo yo.

Poco después apareció mi marido, me sorprendió ver como le daba las gracias al chico por todo, nunca pensé que pudiera ser tan liberal, incluso comentó la posibilidad de quizás volver quedar alguna vez, aunque yo estaba segura de que me iba a exigir hacer un trío una chica antes de pensar en repetir.

- "Bueno, si escribes otro relato que nos guste bastante te prometo hacerlo realidad" le dije al chico antes de despedirnos con un beso delante de todos sin importarme quien viese, "una cosa sí, me debes un tanga, recuerdalo"

- "¿lo harías con mi marido?... es sólo una idea para que te sirva de inspiración..." le susurré al oído picarona.

El chico se despidio dandome un cachete en el culo y nosotros nos quedamos un ratito más tomando unas tapas, por supesto que me lo tomé con calma, relajada porque estaba disfrutando de tener así a mi marido. Casi una hora después volvimos al hotel, a mí me apetecía descansar un poco pero sabía que mi marido no me dejaría hasta haberse corrido.

- "Desnudate anda" le pedí a mi marido ya en la habitación, no tardó casi nada en hacerlo, yo también lo hice y me senté en la cama "siéntate en la silla" añadí mientras yo sacaba la cámara para repasar las fotos.

- "¿Lo vamos a hacer en la silla?" me preguntó sorprendido.

- "No, te tienes que masturbar tu sólo, ese era el trato ¿no?"

- "Pero... me habías dicho antes que" le corte la frase.

- "Shhh, lo sé pero eso será esta noche, ahora quiero ver las fotos contigo mientras te masturbas".

Antes de mostrar la segunda foto la polla de mi marido estaba ya durísima y sin decir nada comenzó a hacerse una paja, yo iba susurrándole al oído para calentarlo, comentando cada foto... ¿te gusta está?... mira como se la chupaba aquí... me ha hecho sentirme toda una putita... te pone que me trague así la polla de otro ¿verdad?... ¿todavía me huele su corrida?, le decía acercando mi cuello a su nariz, por donde me hecho toda su leche. Apenas llevabamos cinco o seis fotos cuando empezó a correrse.

Después de todo estaba sorprendida de que le pusiese tanto verme así. Mientras mi marido se fue a limpiar al baño, me quedé pensando que debíamos hablar de lo que habíamos hecho, era evidente que esto iba a dar un giro a nuestra relación, no me parecía mal pero sí era una forma distinta de entender la pareja. Decidí que lo hablaría con él más tarde, ahora quería descansar un poco así que me recosté en la cama, aún notaba las bolitas moverse dentro de mí pero no me las quise sacar todavía, seguramente echaríamos un polvo después de la siesta o por la noche. Pero eso ya es otra historia ...

Vaya par de placeres !!!

Llevaba años con esta idea metida en la cabeza, Me excitaba muchísimo imaginarme a mi esposa follando con otro hombre.
Mi esposa, Cristina, en cuestión de sexo siempre ha sido muy tradicional. Aunque en la cama cumple, le falta ese toque lascivo y morboso que tanto me pone.
Si alguna vez vemos alguna peli porno, me encanta acercarle su mano a su coño e invitarla a que se masturbe mientras le digo al oído cosas como, " Mira como follan" "¿te excita?" o lo mas fuerte que se me ocurrió preguntarle fue: ¿la tiene dura y gorda? A lo que ella, no sin cierta vergüenza me contesta bajito: "Si".
Me encantaría preguntarle en el momento en el que el actor se corre: "¿te gustaría estar ahí?" ¿te gusta su polla?, o cuando hay una escena de doble penetración preguntarle si le apetecería hacerlo.
Pues bien el fin de semana me decidí. Había una escena con 2 negros dotadísimos dándole fuerte a una rubia, mientras yo con una mano masturbaba a mi esposa que ya estaba por entonces empapada.
Deje de masturbarla, le acerque su mano para que siguiera ella y me retire un poco, ella quería seguir aferrando mi polla con sus manos, pero suavemente se la aparte y le dije:
• Mastúrbate viendo como follan a esa rubia.
Cristina empezó a acariciarse el clítoris, despacio, sin dejar de mirar la película, cuando note que estaba realmente excitada y prestaba toda su atención a las pollas de los negros entrando y saliendo de aquella rubia, me acerque a su oído y le empece a susurrar:
• has visto las pollas que tienen?
• Si- contesto ella
• Las tienen duras y grandes- seguí yo.
• Si – reiteró ella.
Parecía un poco cortada a los comentarios que yo le hacía, pero yo cada vez estaba mas caliente:
• Te gustaría estar ahí?
Cristina dudo al contestar, pero sin dejar de masturbarse, dijo:
-Si
Tan excitado estaba que, mientras ella seguía acariciándose el clítoris, yo le introduje dos dedos en la vagina simulando el movimiento de aquellas pollas negras, a la vez que le decía:
-Mira como te folla ese negro- y le metía profundo los dedos.
Ella se volvía loca y yo aproveche para seguir con mi especial interrogatorio:
• ¿Disfrutarías mucho con ellos?
• Sí. - contestó.
• ¿Que les harías? - proseguí
Cristina que empezaba con sus gemidos preorgasmicos estaba cada vez mas lanzada:
- Me metería sus pollas en la boca y empezaría a chuparlas poco a poco para que tu me vieras.
Yo, a todo esto, estaba cada vez mas excitado y le empujaba fuerte los dedos dentro de su coño mientras le repetía:
• Te está follando el negro,
Ella sin dejar de gemir ni de ver la peli, repetía
• Que grande la tiene, como me folla, que dura.
En el momento de la corrida facial de aquel negro sobre la cara de la protagonista, le susurre a mi esposa.:
• Mira que cantidad de leche, es toda para ti.
Ella instintivamente se paso la lengua por sus labios, como en un intento desesperado de saborear el semen que aquel negrazo había soltado sobre la cara de la rubia. Yo mientras, le susurraba a su oido:
• Me encantaría verte llena de semen de otro hombre, ver tus labios inundados por su leche y como te resbala por la barbilla.
Ella a punto de tener un orgasmo de campeonato, gemía diciendo:
- Fóllame negro, quiero tu pollón dentro, quiero tragarme su leche
A lo que yo le contestaba:
- Me gustaría ver como te comes una polla delante de mi . ¿Lo harás?
- ¿Sí? - contesto ella- ¿que me follen bien y me llenen de leche?.
Esta fue la última palabra que dijo antes de correrse. Luego quedó tendida de espaldas y mi corrida le cayo entre las nalgas.
¿Te gustó? - Le pregunte.
Mucho.- Fue su respuesta.
Lo que no se es si se refería a la fantasía que había tenido con el negro de la peli, o al orgasmo que acababa de tener.
Así que deje pasar un par de semanas en la que no comentamos nada y me decidí por hacer realidad
aquella fantasía. Sería para el último fin de semana de Noviembre.

Esa misma semana, la había dedicado yo a buscar al afortunado que se follaría a mi esposa. Después de mucho buscar por fin encontré lo que buscaba.
Caí en alguno de los jardineros que a veces nos hacían trabajos en casa. Un día, mientras estaban en el jardín empecé a charlar con uno de ellos, y fui poco a poco sacando el tema. Cuando vi que había más confianza le pregunté si conocía a alguien para hacer un masaje a mi mujer. Como ellos no dejan pasar una oportunidad de ganar dinero, me preguntó cuanto era, y le dije que 100 eur. No tardó ni un segundo en indicarme que quizás él podría hacerlo.
Le dije que encantado, y que debería ser con un compañero.
• Quieres que nos la tiremos, ¿verdad?.
• Si, pero ha de ser algo casi casual, ella no sabe nada.
• Has pensado en alguna manera?
• Quiero haceros pasar por masajistas, le digo que es un regalo para relajarse y que le vendrá bien, entonces vienes tú y, le empiezas dando un masaje normal de unos 10 minutos y cada vez debeis ponerla mas y mas cachonda, rozándo tu mano con su culo, muslos, pechos, pero sin prisas, a ver como reacciona.

Comprobé que realmente era lo que buscaba. Sin duda eran lo que buscaba. Negros, guapos, educados, musculosos y con gran dotación.
Y así quedamos. Aprovechando que la familia iba a pasar el fin de semana con una tía, el sábado a eso de las 6 de la tarde vendrían mis masajistas.
El viernes, víspera, fui poco a poco preparándola. Vimos una película , que ya procure yo que fuera de maridos consentidos, hicimos el amor y se masturbó viéndola.
El sábado, por la mañana ya le comente lo del regalo, y le gusto aunque se extraño algo cuando le dije que venían a casa a dárselo, pero no dijo más.
A las 6, llamaron a casa. Mi mujer se fue a preparar y yo abrí la puerta. Los pasé al dormitorio y allí esperaron a mi esposa. Mi esposa entro en la habitación con una toalla que le cubría sus pechos hasta las rodillas. Por la mirada que le echaron, supe que aquella tarde iba a estar llena de emociones. Se saludaron y ellos la guiaron hasta la cama. Pudimos comprobar que debajo de la toalla, todavía llevaba puesta la ropa interior.
Los masajistas en un casi perfecto español le comentaron que iban a hacerle:
• Empezaremos por las cervicales, seguiremos por la espalda hasta la zona lumbar y para concluir esta primera parte proseguiremos con glúteos y piernas. A continuación y como final de esta sesión, trabajaremos muslos y caderas.
• Vale, - respondió mi esposa- ¿como me pongo?
La tumbaron sobre la cama, boca abajo.

Le bajaron la toalla hasta la altura de las caderas. Y con un sensual "permítame" le desabrocharon el sujetador. Cristina me miró a los ojos, como para escrutar cual había sido mi reacción. Yo le sonreí como sin darle importancia. Mi autentica reacción se estaba produciendo poco a poco debajo de mis pantalones.
Untaron cierta crema sobre la espalda de mi esposa y con suaves movimientos de las manos empezaron a masajear toda la espalda de mi mujer. Ella parecía relajada y parecía que le gustaba aquella sensación.
Terminada la espalda, dijeron:
• Empezaremos ahora con la zona de los glúteos y piernas, relájese. Si lo prefiere, su marido puede quedarse.
• Sí, contestó ella.
• Necesitamos que se despoja de su ropa interior, es para evitar que se manche.
Ella, incorporándose, y sujetándose la toalla deslizó sus braguitas hasta los tobillos dejándolas al lado de la cama.
Deslizaron la toalla hasta mas de la mitad del culo de mi mujer tapando solo la unión entre ano y vagina.
• No tiene porque preocuparse. Somos profesionales.
Ella me miro nuevamente, pues la situación era nueva para ella. Estaba casi totalmente desnuda delante de dos desconocidos que estaban recorriendo su cuerpo con sus manos.
Al ver el culo de mi esposa y aquellas otras manos frotando las nalgas de mi esposa, mi polla se endureció de forma definitiva lo que tuvo que notar mi esposa pues me miraba constantemente, con esa mirada que pone en los momentos previos a hacer el amor conmigo.
Aquel movimiento de las nalgas, y de las caderas, que una y otra vez le levantaban suavemente empezó a hacer algún efecto en mi mujer, pues veía yo que su cara tomaba un color mas sonrosado. La verdad es que aquel movimiento era excitante. Uno le acariciaba suavemente las nalgas mientras que el otro la cogía por detrás levantando muy suavemente sus caderas imitando las penetraciones del hombre.
Mi esposa que hasta entonces mantenía las piernas juntas las separó levemente, lo que provocó que la toalla resbalara y dejara su culo entero a la vista de aquellos dos. En un rápido movimiento asió la toalla y se la colocó, a la altura de la cintura lo que hizo que uno de los masajistas se la bajara a la vez que le comentaba:
• ¿Se siente molesta?
• No, es que se había caído la toalla.
• Estamos terminando con esta zona y es casi mejor quitarla toda para no perder tiempo. Permítame.
Le quito con delicadeza la toalla. Pero mientras se la quitaba los dedos de aquel negro fueron deslizándose rozando la raja del culo a lo que, instintivamente mi mujer reaccionó separando levemente las piernas.
Uno de aquellos dos negrazos, se colocó de pie en el costado de la cama, hacia el que en ese momento estaba mirando mi esposa. Apenas 50 cms separaban la mano de mi mujer de la polla de aquel tipo que empezaba a tener unas dimensiones considerables, lo que no paso desapercibido para mi esposa que de vez en cuando se la miraba no sin cierto rubor.
El otro negro seguía masajeando a mi esposa desde los tobillos hasta la nalgas. Fue entonces cuando todo empezó.
El negro que no daba el masaje no pudo contener la excitación por mas tiempo y su pollo empezó a latir con virulencia por debajo de su pantalón. Mi mujer que lo noto , lo miraba cada vez mas , sonrojada y mirando hacia mí.
El del masaje separó con gran suavidad las piernas de mi señora, dejando ya perfectamente visible su peludo coño y sus labios.
Mi mujer no protestó, se limitó a mirarme. Tenía el coño húmedo se veía perfectamente. Sus manos fueron deslizándose muy despacio por el lado de la cama, hasta estar apenas 10 cms. De la polla del negro que estaba en el lateral de la cama.
Yo pensaba para mi: " otra sacudida de aquella polla prisionera debajo del pantalón y alcanzaría los dedos de mi esposa".
Y efectivamente así sucedió. La polla de Blake empezó a latir con movimientos rítmicos y cada vez que se estiraba tocaba los dedos de mi esposa que retiraba la mano silenciosamente para volver a colocarla en la misma situación.
La situación era de esta manera:
Mi mujer tendida sobre la cama boca abajo, completamente desnuda, con la cabeza ladeada hacia el lado en el que se encontraba Blake quedándole la cara a unos 50 cms de la polla de aquel negro y la mano a unos 10. Las piernas ligeramente separadas, lo que permitía distinguirle el vello de su coño y la separación de los labios.
Blake, en el lado de la cama hacia el que miraba mi esposa con un empalme tremendo, intentando que aquella polla tocase la mano de mi esposa.
Dick, detrás de ella masajeandole desde los tobillos a las nalgas y cada vez que se acercaba a su culo estirando el dedo gordo de su mano hasta rozarle levemente su coño y ano indicándome con su mirada que mi esposa estaba húmeda.
Blake decidió ya pasar a la acción. Se inclino desde el lateral de la cama hacia la espalda de mi mujer con la excusa de darle masaje en el dorso, pero la verdad era que lo que quería era que su rabazo quedara depositado en la mano de mi mujer. Y lo consiguió. Mi esposa al principio intento retirar la mano, me miró sonrojada con una ligera sonrisa, como pidiendo permiso. Yo le sonreí. Ella creyo ver en mi sonrisa cierta complicidad con lo que no retiro su mano sino que con los nudillos y muy despacio empezo a acariciar aquella polla.
Mientras, Dick viendo lo que mi esposa estaba empezando a hacer con los nudillos sobre la polla de su compañero, separó un poco mas las piernas de mi esposa y ni corto ni perezoso recorrió con su dedo índice la vagina de mi mujer, oyéndose un suspiro proviniente de la boca de mi mujer, que mirándome, empezaba a dejarse hacer.
Dick me mostró el dedo que acababa de pasar por la entrepierna de Cristina. Estaba totalmente empapado.
Cristina, me miraba y me miraba .
Blake me indico que me acercara a su lado. Una vez que estaba su lado, le dijo a mi mujer.
-Tu marido te va a ofrecer algo que te va a gustar. Quítame los pantalones. – Me dijo.
Yo, sin dejar de mirar a mi esposa, que seguía sintiendo el dedo de Dick acariciándole su vulva, le baje el pantalón a Blake y emergió un pollon tremendo. Negro y Duro delante de la cara de mi esposa que lo miró con cara de asombro.
• ¿Has visto que polla tan grande y dura tiene? Le pregunté a mi esposa.
• Si. – Contestó en voz baja después de unos segundos y no sin cierta timidez.
Dick, me hacía gestos de que el coño de mi esposa estaba realmente húmedo. Cada vez que en cada ida y venida que Dick hacia desde los tobillos a las nalgas, el dedo gordo le estaba acariciando la raja de su coño y el ano provocando en mi mujer un movimiento de separación de piernas,
Yo, que seguía al lado de Cristina, continuaba diciéndole cosas al oido:
• ¿Te gustaría ver como folla a una mujer?
Ella, que empezaba a excitarse, intentaba apartar la mirada de aquella verga negra que tenía a escasos centímetros de su cara, y buscaba mis labios. Yo La besé metiéndole la lengua un par de veces pero a la vez le retiraba dulcemente la cara para que siguiera contemplando aquella polla.
• Cada vez la tiene mas grande, - le dije.
• Si. – Contestó.
Ella empezó a buscarme la polla bajo el pantalón y me la empezó a acariciar. La tenía bastante dura pero ni mucho menos llegaba a las dimensiones de la de Blake.
• ¿Te gustaría agarrársela?
Ella no contesto, me miraba y seguía buscando mis labios.
• ¿Quieres movérsela despacio para que sientas toda su dureza?
Tampoco ahora contestó.
• ¿Te gustaría masturbarlo?
Al fin Cristina dijo: - ¿ Quieres que lo masturbe?
• Si..- Contesté.
Cristina se sentó en la cama al lado de Blake que también hizo lo mismo. Estaba asustada pero a la vez excitada.
Blake me dijo:
• Acércale la mano a mi polla.
Yo tome la mano de mi mujer, y se la acerque a la polla de Blake. Cristina la agarró. ¡Dios mío, era la primera vez que mi esposa tenia entre sus manos una polla que no fuera la mía!
Ni que decir tiene que la mano de Cristina no abarcaba la polla entera.
• Hazme una paja, Le dijo Blake a mi esposa.
Cristina mirándome, empezo a mover la polla de Blake de arriba debajo de manera rítmica, comprobando que en cada bajada la piel del prepucio dejaba ver un capullo grande y rosa.
Blake cada vez suspiraba mas su polla, gracias a la paja que mi mujer le estaba haciendo, estaba a tope. El le pasaba los dedos por el brazo a mi mujer que seguía moviendo la mano suavemente arriba y abajo.
Ella miraba esa polla y de vez en cuando me miraba a mi. Yo le comentaba:
• Mira como se la has puesto.
Un par de veces, Blake intento acercar la cabeza de Cristina a su polla para que se la comiera pero parecía que mi mujer, de momento no quería.
Entonces Dick se sentó al lado de mi mujer y empezó a acariciarle los muslos con la yema de sus dedos.
Unos segundos mas tarde, consiguió separar las piernas de mi mujer, colocando una de ella sobre su rodilla, a la vez que le iba acariciando la cara interna de los muslos pero sin llegar a su vagina.
Blake le pidió a Cristina que se la meneara un poco mas rápido, lo que mi mujer hizo provocando en aquel negro una respiración mas profunda y rápida.
Dick empezó, con su dedo corazón a jugar con la rajita de mi esposa, cosa que debió gustarla toda vez que mi mujer separó algo mas las piernas cerrando los ojos brevemente.
Dick, separó sus labios vaginales dejando al descubierto un coño húmedo a mas no poder. Cristina me miró y observó como me deshacía de mi pantalón y empezaba a masturbarme viéndola pajear a aquel tipo y viendo como el otro comenzaba a masturbarla. Ante tal situación la reacción de Cristina no se hizo esperar: Empezo a lanzar leves suspiros que nos indicaban que mi mujer estaba gozando lo que aprovechó Blake para, suavemente, inclinar la cabeza de mi esposa hasta su polla, no encontrando en este tercer intento resistencia.
Mientras, Dick, con una de sus manos jugueteba con el clítoris de Cristina y con la otra le introducía primero un dedo y luego dos haciendo que mi mujer lanzara sus primeros gemidos de placer.
Cristina ayudada por la poderosa mano de Blake, bajó lentamente su cabeza hacia aquella polla negra, y entre algún que otro gemido, provocado por las entradas y salidas de los dedos de Dick en su coño, apoyó sus labios en aquél grande y rosáceo capullo.
Cristina me miraba constantemente, como preguntándome si podía comer esa enorme tranca, a la vez que de vez en cuando cerraba sus ojos por efecto de las caricias de Dick.
Sin dejar de mirarme, mi esposa entreabrió sus labios ocultando en su boca, parte de la polla de Blake. Mi mujer le estaba haciendo una mamada a aquel negro. Cada vez mas atrevida, Cristina mientras chupaba acariciaba los huevos de Blake con suavidad, a lo que Blake respondio tumbándose hacia atrás diciendo entre jadeos:
• Chupa, te voy a meter todo el rabo, ...........
Cristina ya empezaba a coger el mismo ritmo que cuando me la chupa a mi, la estaba devorando con los cinco sentidos. Se la metía hasta donde le cabía, se la sacaba, me miraba , le pasaba la lengua a lo largo de la polla, jugaba con el capullo.
Dick, por su parte, se había arrodillado delante de mi esposa y tumbándola de espaldas en la cama empezó a pasar su lengua por el coño de mi mujer que estaba realmente caliente a juzgar por sus gemidos y por la humedad que se apreciaba en su coño.
La nueva posición de mi esposa, hizo variar la de Blake, que como quería seguir teniendo su polla en la boca de mi mujer, se coloco de rodillas en la cama con las piernas separadas siendo ahora él quién metía y sacaba su polla de la boca de Cristina ofreciéndola de vez en cuando sus testículos para que se los metiera en la boca, lo que mi esposa hacía constantemente.
Yo al lado de mi mujer le decía al oído:
• Te gusta?
• Mucho. – Respondía. Aunque muchas veces no podía responder pues enseguida tenía la polla o los huevos de Blake otra vez en la boca. ¿Y a ti?
• Me encanta. Es mi fantasía. Disfrútala. Realmente estaba a punto de explotar pero quería disfrutar de aquella escena que había soñado tantas veces.

Dick, se levanto y se colocó al lado de mi esposa. Le dijo:
• Chúpamela un poco a mi que te vamos a follar.
Mi mujer se giró y se encontró con otro pollon a su altura. Lo agarró y mirándome entreabrió sus labios para que aquel otro enorme rabo perdiera su cabeza dentro de la boca de mi mujer.
Cristina sin dejar de mirarme se lo saco y lo recorrió con su lengua desde la base hasta la punta. La tenía allí chupando a pocos centimetros de mí cuando de repente la situación cambió. Mi esposa mamaba con ansiedad aquella polla, la ansiedad que le provocaba sentir los dedos de Blake entrando en su coño que a estas alturas estaba totalmente empapado.
Cristina, sin dejar de masturbar aquella verga se la saco de la boca y me la ofreció.
• ¿Qué quieres que haga? – le pregunte.
• Me gustaría ver como se la chupas a otro hombre.- Me contestó. Me excitaría mucho.
Mi esposa sujetándome del cuello y muy suavemente me inclinó la cabeza y abriendo la boca me la metí.
La sensación que tuve es difícil de explicar. Era la primera vez que tenia una polla en la boca y la verdad que no me desagradó, sobre todo por la excitación del momento.
Cristina me ayudaba a chupársela levantándome y bajándome la cabeza, llevaba mi mano hasta la parte de la polla que quedaba, por sus extraordinarias dimensiones, fuera de mi boca y me movía la mano arriba y abajo de la verga masturbando a Dick a la vez que se la mamaba.
Así estuvo mi esposa un buen rato hasta que note que sus suspiros se hacían mas intensos. Por el rabillo del ojo pude observar que Blake sujetaba por las caderas a mi esposa y la colocaba tumbándola en la cama a lo ancho, de manera que sus piernas quedasen fuera de la cama.
Dick le decía:
- Vas a disfrutar de esta polla, preciosa ¿quieres que te folle verdad?
• Métemela ya , que dura y grande. – Contestaba Cristina.
Yo que no quería perderme la penetración, solté la polla de Blake y me acerqué a mi esposa. Ella, muy excitada, me decía:
- Me la va a meter toda para que tu lo veas, me va a follar con ese pollon. ¿ Quieres que me follen?, me van a hacer disfrutar como nunca y se correrán dentro de mi.
Dick se humedeció algo el rabo, y se puso un preservativo. Lo acercó a la vagina de Cristina, que por entonces estaba chorreante. Extendió su mano izquierda agarrando con suavidad y dulzura la polla de Blake a la que empezó a masturbar.
• Me encantan. Que grandes. Que gordas. – comentaba mi mujer. Mi mujer no pudo decir nada mas pues empezó a gemir al notar la polla de Dick frotarse contar su clitoris.
Dick colocó su rabo a la entrada del coño de Cristina y empujo suavemente entrando en él.
Mi esposa dio un respingo acompañado de un profundo jadeo. Yo veía como el coño de Cristina empezaba adaptarse a aquel grosor. El negro entraba muy despacito y en cada metida mi mujer suspiraba y ponía los ojos en blanco girando de gusto su cabeza a los lados y sin soltar la polla de Blake que movía frenéticamente.
Mi mujer pedía, suplicaba que se la metiera entera y empujaba su pelvis hacia delante, hasta que lo consiguió.
Cristina había colocado sus piernas alrededor de las caderas de Dick y su movimiento pélvico hacia delante hizo que el pollon del negro le entrara hasta el fondo. Mi esposa lanzo un grito, no de dolor sino de gozo cuando aquella verga le lleno su coño. Se retorcía, gemía, suspiraba , -Fóllame –gritaba, ponía los ojos en blanco giraba su cabeza constantemente hasta localizar la polla de Blake y cuando la vió abrió su boca pidiendo que se la metiera.
Blake hundió su verga en la boca de Cristina mientras con dulzura y lentitud Dick metía y sacaba su enorme tranca del humedecido y dilatado coño de mi esposa.
Estuvieron un buen rato follando por boca y coño a mi esposa, que no paraba de gemir y retorcerse de gusto ante mis asombrados ojos, mientras yo le susurraba lo mucho que me gustaba verla bien follada por aquellos dos negros.
Mi esposa me miraba, me daba la mano que sentía yo temblar antes los espasmos que aquella polla le estaba produciendo.
Mi esposa se corrió entre grandes gemidos mirándome y agarrándome la mano con fuerza. El negro seguía con su particular mete y saca. De repente la sacó, toda empapada y dándose un respiro dejo su lugar a Blake que separando las piernas de mi esposa se la volvio a meter, lanzando Cristina un nuevo suspiro.
Acababa de correrse Cristina, pero parecía que aquel pollon entraba sin ninguna dificultad.. Blake estaba super excitado a juzgar por lo empujones que estaba dando, a lo que mi mujer no decía nada. Parecía que le gustaba la fiereza con la que Blake se la metía.
Ahora era Dick quien con su polla buscaba la boca de mi mujer, consiguiéndosela meter para que Cristina iniciara unas profundas succiones que me estaban volviendo loco.
Ella me miraba constantemente, y en sus ojos pude notar un gozo que jamas había visto antes.
Blake, dijo:
• Siéntate encima.
Blake se tumbó en la cama boca arriba con su enorme cipote mirando al techo. Mi esposa acerco su boca nuevamente a la polla de Dick que se había situado de pie sobre la cama para seguir comiéndosela al tiempo que a horcajadas se sentaba sobre el capullo de Blake.
Poco a poco mi esposa descendía por la polla de Blake hasta que de repente la tuvo toda dentro, no sin dar un nuevo gemido de placer. Todo ello sin dejar de chupársela a Dick cuya cara mostraba que la corrida estaba cerca.
Cristina subía y bajaba por la polla del negro. Al principio lentamente y luego con un ritmo mas frenético. Volvía a tener convulsiones de placer cada vez que aquella verga entraba hasta el fondo.
Blake la agarraba por las cadera y la subia y bajaba, le agarraba sus pequeñas tetas pellizcándole los pezones y Cristina a la vez que se la mamaba a Dick se volvía loca diciendo:
• Me vuelvo a correr, que gusto, dadme!.
Blake paró en su movimiento y atrajo, con la polla negra todavía dentro a mi mujer hacia él, ofreciéndole a Dick el estrecho y precioso culo de Cristina.
Cristina comprendió todo cuando noto que los dedos de Dick jugueteaban en su ano empapándolo con un aceite acuoso que permitió en breves segundos que uno de los dedos de Dick se introdujeran en su ano haciéndo dar un respingo y un pequeño gritito de dolor a mi esposa.
Ella al principio no parecia estar muy dispuesta a que aquella enorme tranca le desvirgara su estrecho ano, pero blake la tranquilizó metiéndole y sacándole toda la polla del coño y diciéndole.
• Tranquila que te va gustar, relajáte y siente la fuerza de nuestras pollas:
.
Cristina volvió a recuperar el movimiento de penetración, esta vez para adelante y detrás, parecía que no quería que esa verga saliese definitivamente de su cuerpo. Se agarraba a los pectorales de Blake, otras veces buscaba mi mano, y asi cogidos de la mano se metia mas y mas aquella polla.
• Me voy a correr otra vez, como me follan, que pollas tienen quiero su leche....
Cosas así me decia. Su 2º o 3º Orgasmo parecía estar próximo.
Dick que había ya conseguido a base de lubricante introducir el dedo completo en el ano de Cristina, lo intentó con un segundo dedo, pero aquel estrecho culo parecía no admitirlo. Por fin después de mas lubricante el segundo dedo inicio su entrada acompañado de susurros de placer y dolor de Cristina.
Sacó los dedos, y colocó sólo la punta de su polla sobre el agujero de mi mujer. Cristina estaba medio excitada medio nerviosa.
Dick intento tranquilizarla:
• Yo no empujaré y serás tú la que me pidas mas.
Cristina dejó de moverse sobre la polla de Blake, parecía que no quería, que le estaban haciendo daño pero aquello duró solo unos breves segundos.
Cristina con su mano izquierda intentó separar un par de veces a Dick de su culo, pero Dick insistía y su polla cada vez estaba más enganchada del culo de mi mujer. Aunque Cristina no quería que la follasen su culo no dejaba de moverse sobre la polla de Blake.
Dick que estaba realmente excitado, sujetó los brazos de mi esposa, quedando así ella inmovilizada, si bien seguía cabalgando sobre Blake entre gemidos.
Fue imposible evitar que Cristina y aquella poderosa polla tocándole la entrada del culo, empezara a deslizarse dentro del culo de mi mujer. Cuando entro la punta de aquella polla mi mujer aunque estuviera sintiendo dolor no dejaba de moverse sobre Blake escapándole suspiros mezcla de gozo y dolor.
Mi esposa ante la excitación de tener dentro una polla de dimensiones considerables, y el roce de otra en su culo, fue relajando y dejando paso a éste.. Ya tenía bastante dentro del ano de Cristina. Tras los primeros momentos de dolor Cristina pareció relajarse.
Aquellos negros empezaron a penetrarla simultaneamente con movimientos acompasados. Blake se la sacaba del coño y Dick se la metia en el culo.
Mi Mujer estaba a punto de correrse, decía:
• Como me follan, Fuerte fuerte dadme fuerte.
Eran constantes gritos de placer. Me miraba y me deciá:
• Mira como me dan por culo y me follan a la vez. Que machos que pollones tienen. Como me gusta.
Entonces vino su orgasmo. Espectacular, lleno de gritos y exclamaciones.
• Te vamos a llenar de leche. – le dijeron.
Entonces me dijeron que me pusiera en el suelo cara arriba. Cristina se sentó encima mío con su coño hundido en mi polla que estaba por explotar.
Se sacaron los preservativos, y con sus pollas apuntando a la boca de Cristina. Yo estaba debajo y veía todo el espectáculo. Y ayudándose de sus manos descargaron, primero Blake y luego Dick su leche sobre la cara y los pechos de Cristina.
¡ Que cantidad de leche! Los chorros de semen le resbalaban por sus mejillas, barbilla labios sacando Cristina su lengua para saborear todo el semen que había quedado en sus labios, a la vez que me miraba, y veía la leche esparcida en sus pechos.
¡Dios, que cara de vicio tenía!
Blake mientras recogía con su polla medio erecta los chorros de leche que habían quedado en la cara de mi esposa, obligándola a abrir los labios para metérsela en su boca haciendo con ello que mi mujer saboreara toda la leche.
Así nos llegamos a correr los dos juntos a la vez mientras Cristina se movía a lo bestia sobre mi polla, y yo descargaba dentro de ella. Quedamos tumbados en la cama. Cristina me miraba y en su expresión notaba la felicidad que aquellos dos negrazos le habían proporcionado con sus pollas. No dijimos nada. Mi esposa había conocido otras posibilidades en el sexo y seguramente no iban a ser las últimas.
No hablamos mas de aquella maravillosa tarde. Alguna vez cuando hacíamos el amor le susurraba cosas sobre aquellos dos negros que se la habían follado y notaba como se excitaba con aquel recuerdo, pues su coño se le humedecía mas de lo que ya estaba, y alcanzaba rápidamente el orgasmo.

USADA POR TODOS

Tenía un día de esos donde te sientes asexual, sólo piensas en tus quehaceres diarios y no te paras a pensar que lo que te rodea son, en su mayoría, hombres.

A mí me da igual que en mi campo profesional la mayoría sean chicos, hombres, señores... porque normalmente no tengo ninguna intención de hacerme notar como mujer. No me gusta el machismo ni el feminismo en el ámbito laboral o estudiantil.

De hecho, es probable que en el trabajo alguien piense que soy una sosa sexualmente. No me importa, porque fuera de él soy distinta. No necesito demostrarle nada a nadie, al menos nada que no tenga que ver con mis capacidades intelectuales.

Teníamos una reunión sobre un proyecto importante. Un cliente muy conocido había decidido abandonar a su antiguo proveedor de servicios y soluciones para pasarse a la competencia, así que queríamos hacerlo lo mejor posible, para que vieran que calidad-precio somos insuperables. Un error hubiera sido fatal, así que eligieron a dos jefes de proyecto: a mí y a un compañero. El resto, eran otros cinco hombres, de los mejores. Nos sacaron a todos de otros proyectos y nos pusieron a trabajar en conjunto. Una vez estuviera todo definido y aceptado, podríamos relajarnos un poco.
Allí estuvimos hasta la 1 de la mañana, en la sala de juntas, poniendo cosas en común y haciendo un brainstorming, como se suele llamar. Me entregué a aquello porque supondría un gran aumento de sueldo para mí, además de una satisfacción personal. No obstante, desde las 8 de la mañana llevábamos en la oficina y yo estaba muerta por irme a casa, dormir y pegarme una ducha relajante. Lo que peor llevaba es que al día siguiente tenía que entrar de nuevo a las 8, así que no me iba a dar tiempo ni a dormir suficiente.
Ya estábamos a punto de zanjar la reunión, cuando la vena que se les despierta a algunas personas de madrugada empezó a florecer en algunos de mis compañeros. Se empiezan a comportar de forma juerguista, soltando bromas, creyéndose que están saliendo de marcha y ligando, en lugar de en el trabajo con sus compañeros y compañera (es decir, yo).
Éramos ya los únicos que quedaban en todo el edificio, a parte del guarda de seguridad, que estaría monitorizando todo el movimiento de las cámaras en la sala de la entrada a la planta baja.
Me empecé a sentir incómoda porque faltaba menos de un suspiro para que se dieran cuenta de que no era una reunión de 7 hombres, si no de 6 hombres y una mujer. En ese mismo momento peligraría mi integridad como co-jefa del proyecto. En realidad empecé a sentir un poco de miedo irracional. Sabía que todos ellos tenían más de dos dedos de frente, pero también sabía que había un trozo de carne, dentro de los pantalones, que a veces llevaba la voz cantante.
De hecho, a uno ya se le había ocurrido sacar unos vasos de plástico y un licor que guardaba en su armario.
- Bueno, parece que hoy hemos avanzado bastante – dije – así que me voy a ir yendo, que mañana entramos pronto.
- Mírala, ya se quiere ir para estar mañana despierta y sin ojeras. Susi, quédate un poco más y brinda con nosotros. Por los viejos tiempos.
El que dijo eso era el único compañero de ellos que había venido conmigo a la universidad y el único que sabía algunas historias sobre mí algo comprometedoras. Hasta hoy se había portado bien porque nos unía una profunda amistad, pero temía que el alcohol y los demás le tiraran de la lengua demasiado. Encima me había llamado Susi: se había tomado una licencia innecesaria dentro del trabajo, donde todo el mundo me conocía como Susana, e incluso algunos sólo conocían mi apellido. Me hirvió la sangre y me entraron unas ganas locas de huir despavorida.
- Es tarde ya, "Porreta", quizá en otro momento… – recalqué el nombre que le daban en la universidad con un retintín que sonaba mejor en mi cabeza.
Supe, por sus miradas, que nuestra pequeña riña de dos frases había sido entendida por todos los allí presentes, así que me sentí aún más cansada y con ganas de que me tragara la tierra. Ahora mismo tenía dos opciones. La primera, irme a casa y esperar que mañana Enrique (que así se llamaba) hubiera mantenido la boca cerrada. La otra era quedarme con ellos y mantenerle la boca cerrada por mis propios medios. Por el bien de mi reputación, preferí la segunda, aunque hoy quizá me debería haber arrepentido.
- Venga, Susi – dijo, esta vez Antonio, el otro co-jefe – quédate un rato y brindemos.
- Está bien, pero quiero irme pronto y vosotros deberíais hacer lo mismo.
El licor que había sacado Javier era un licor suave en una botella blanca, pero que se subía rapidísimo a la cabeza. Nos dijo que se lo traía su hermana de algún lugar de África, junto con un picante también muy bueno. "Qué cosas más raras" pensé, pero ya estaba empezando a hacerme efecto el brindis y ya me sentía algo mareada. El proyecto se había quedado aparcado y aquello parecía el bar de la esquina. Por suerte ninguno de ellos fumaba y no tendría que dar muchas explicaciones al llegar a casa. Pero a ver cómo explicaba el olor dulzón de mi aliento y los ojos con chiribitas.
La conversación se fue focalizando en el sexo, cosa que ya no me desagradaba. Yo seguí, eso sí, callada y observando cómo se desenvolvían seis hombres, casi sin reparar en mi presencia o tratándome como uno de ellos. El único que sabía que yo tenía una vida detrás era Enrique y yo estaba esperando a que me mencionara solamente para cortarle tajantemente.
Cuando Enrique empezó a hablar de mí, yo miraba maravillada cómo se movían sus labios y salían las palabras a través de su boca. Todos se divertían muchísimo y parecía que no estuviese hablando de mí, supongo que porque el alcohol ya había hecho estragos en mi capacidad moral.
- Ahí donde la veis, tan mojigata, tan mujer de hielo, tan… - me miró – tan ella, en realidad es una tía de puta madre. Cuando estábamos en la facultad, salía mucho de marcha con nosotros y creo que llegamos a tener un pequeño roce… em… bueno más que como amigos, ¿verdad Susi?
Cuando todas las miradas se posaron sobre mí esperando una respuesta, yo apenas podía articular palabra y asentí manteniendo la compostura. ¡Estaba diciendo que sí había mantenido relaciones con Enrique y no podía hacer otra cosa!
La cara de sorpresa de los otros cinco fue espectacular y empecé a escuchar preguntas de si yo era buena en la cama, si estaba buena sin esa ropa de mojigata y cosas por el estilo.
- Tiene un cuerpazo muy atractivo, de verdad – siguió Enrique – os sorprendería saber que hay debajo de sus trajes serios y sus moños. Además, no sé si debería decirlo…
- ¡Venga dilo! – le animó Javier, que estaba tan borracho o más que los demás. Los otros hicieron un ademán de aplaudir para animarle a que siguiera hablando sobre mí.
- Pues que aún me masturbo pensando en ella.
Se oyeron carcajadas y vítores. En ese preciso instante miré a Enrique de otra manera, entre el mareo que tenía y un poco de lástima por haberme portado tan mal cuando éramos jóvenes.
No sé por qué pero me empecé a excitar al ser el centro de atención, aunque yo seguía muy callada y sonriendo, como si aquello no fuera conmigo.
Antonio se acercó a mí y me susurró que le gustaría verme el cuerpo. Como vio que yo asentía, beoda perdida, siguió subiendo el tono de sus comentarios.
- La verdad es que parece que tienes unas buenas tetas debajo de esa chaqueta.
Empezó a desabrocharme la chaqueta y me la quitó. Todo ello se desarrolló de una manera muy natural. Yo creí que todo era un juego y hasta me estaba divirtiendo. Debajo de la chaqueta apareció una camisa blanca ajustada, algo transparente. No me había percatado hasta ese momento, pero me había puesto un sujetador negro que se veía muchísimo bajo la camisa.
Todos estaban sentados alrededor de la mesa ovalada, algo desordenados ya por tanto alcohol, mirando descaradamente hacia mis tetas. Antonio se atrevió a ir más allá y me abarcó uno de mis pechos con su mano.
- Tío, es verdad, menudas tetas que tiene Susi…
Yo estaba flotando como en una nube y en realidad me daba igual si me desnudaba ahí mismo. En ese momento no era yo y lo veía todo desde un ángulo fuera de mi cuerpo o algo así.
Al ver que yo no me oponía, porque creo que estaban intentando cabrearme, siguió con el peligroso juego. Les pidió a los demás que comprobaran que las tenía naturales y, uno a uno, fueron pasando sobándome los pechos para comprobar su tersura y tamaño.
Con esos pantalones de traje vi enseguida que a muchos de ellos se les empezaba a notar un bulto bajo los pantalones. Estaba excitando a seis compañeros de trabajo y aquello mojaba mis braguitas.
Enrique me miraba con un poco de lástima, pero participaba como los demás en el corro y en las risas. Creo que su polla es la que más había crecido hasta el momento bajo el pantalón.
Siguieron con las bromas y comenzaron a desabrocharme los botones de la camisa. Se quedó abierta, con mis tetas aprisionadas bajo el sujetador negro de encaje que llevaba. Al ver que yo les dejaba tocarme, comenzaron a perder el miedo hacia mí y todos, por turnos o revueltos, quisieron tomar un trozo del pastel.
Enrique y Antonio llevaban la voz cantante, pero Pedro, Javier, Bernardo y Mario seguían de cerca, tocándome. Al final, entre los seis, me tumbaron sobre la mesa ovalada. La única sensación que tuve, además de la excitación creciente, fue de la frialdad de aquella mesa de madera. Unos me quitaban los zapatos, mientras otros soltaban el enganche de mi sujetador. Deslizaron mis pantalones hacia abajo y me dejaron en tanga, también negro.
Así estaba yo, con los ojos cerrados, pero viéndolo todo desde fuera, tumbada en la mesa, con las piernas ligeramente abiertas, toda mi ropa tirada por el suelo y seis hombres adorando mi cuerpo.
- Está buenísima – decían casi al unísono.
Noté manos calientes posándose sobre mi vientre y mis tetas. Algunos se paraban y enredaban sus dedos en mi pelo. Un dedo se introdujo en mi boca y yo lo lamí tímidamente. Alguien me bajó el tanga y no puedo concretar quién fue. Yo estaba abandonada a lo que me quisieran hacer, pero no pensaba participar en nada muy activamente, porque tenía en mí una sensación de estar siendo violada. Siempre me habían dicho que si me violaban, lo mejor era dejarme. Con tantos hombres no creí que necesitaran mi participación.
Doce manos en total recorrieron mi cuerpo, a veces notaba algo húmedo, una lengua, que se pasaba por cualquier parte de mi cuerpo. Una boca me chupó los pies para excitarme, pero a mí eso me hacía cosquillas. Una lengua relamió mi vientre y mi ombligo y varias manos luchaban por aprisionar mis pezones. Noté el frío de estar toda chupada, lamida y mojada. A la vez tres bocas se lanzaron hacia mis tetas, mientras otra recorría mis muslos hasta llegar a mi húmeda rajita.
Yo no podía del placer que ello me estaba dando. Me arrastraron un poco sobre la mesa hasta dejar mi cabeza fuera. Noté cómo se introducían dos dedos dentro de mi boca y me la abrían. Acto seguido una polla se metió en mi boca y empezó a meter y sacarla de ella. Lo único que hice yo fue mantener la presión exacta para que le diera placer.
Me volvieron a mover, para ponerme atravesada en la mesa, así mi cabeza caía por un lado y mi culo y mi coño asomaban por el opuesto. Estaba abierta de piernas, empapada, olía a sudor de ellos, a excitación, pero yo seguía ahí tumbada, sin apenas moverme, salvo por la fiereza de sus manos.
Entonces noté que me dejaban de tocar, salvo el que se estaba follando mi boca. Noté una presión en mi coño y una polla me llenó la vagina. Alguien, quizá el mismo que me la había metido, estaba tocándome el clítoris en círculos. Yo me movía de un lado al otro y cuando la polla en mi boca entraba, la del coño salía. Así una y otra vez, compenetrados y penetrándome.
Al momento las pollas salieron y vinieron otras dos distintas (una mujer sabe cuándo son distintas) y empezaron a hacerme lo mismo. Y al rato otras dos. Así se fueron intercambiando de mi coño a mi boca, todos metiéndomela.
Abrí los ojos un poco y vi que estaban guardando cola y masturbándose mientras los otros dos me gozaban. En cuanto salían de mí esos dos se ponían al final de la cola y se tocaban con una mano. Así entraron cientos de veces los seis por esos dos agujeros. Yo me estaba muriendo del gusto con el movimiento, los toques del clítoris, la humedad de mi cuerpo…
Así hasta que al primero, el que estaba en mi coño, empezó a ir más rápido, casi haciéndole perder el ritmo al pene que estaba en mi boca. Se movía frenéticamente, bombeando dentro de mí.
Noté un espeso líquido que se derramaba dentro de mí y sentí que el primero ya se había corrido. Abrí los ojos y vi que era Enrique con cara de satisfacción. Se retiró y dejó paso al siguiente.
Ahora me follaban otros dos: en la boca estaba Javier y en el coño Pedro. Estos parecían compenetrarse y, debido a algún gemido mío, empezaron a aumentar el ritmo y se corrieron los dos casi a la vez. Me tragué todo el semen de Javier y mi coño empezó a chorrear lleno del semen de Enrique y de Pedro. ¡Qué delicia! Aún quedaban otros tres por irse. Bernardo tenía una polla gigante, la más grande de las seis y me la empezó a meter por el coño. Mario y Antonio se fueron turnando en mi boca, llegándomelas a meter casi las dos a la vez. Bernardo seguía penetrándome como un loco, y tocándome el clítoris salvajemente. Enrique, que ya estaba recuperado, vino a lamerme las tetas y así es como me sobrevino un orgasmo bestial. Se corrió Antonio en mi boca, Mario sobre mis tetas, manchando un poco a Enrique y Bernardo terminó de llenarme de semen el coño.
Acabé exhausta y casi desmayada. No recuerdo cuántas veces repitieron eso, pero sé que cuando desperté me dolía no solo el coño y la boca, sino también el culito.
Abrí los ojos en la mesa ovalada, ya entraba la claridad por la ventana y todos estarían a punto de llegar a trabajar.
Recogí mi ropa corriendo, los otros seis estaban durmiendo en las sillas o en el suelo. Salí despavorida y llegué a mi casa. Me duché, me cambié. Puse una lavadora para que mi marido no viera los rastros de semen en mi ropa y volví corriendo al trabajo. Perfumada y mojigata como siempre. Saludé al guardia de la puerta y subí al segundo piso, tranquilamente.
Al llegar noté un ambiente extraño. Los sitios de los seis de anoche estaban desocupados y la sala de juntas cerrada. También noté que el despacho de la directora estaba vacío.
Una compañera me dijo que esos seis estaban en un buen lío porque les habían pillado borrachos y durmiendo en la sala de juntas. Lo mismo los sancionaban. Yo me hice la sorprendida y me puse a trabajar, interesándome un poco menos que los demás en el tema. No creo que ninguno de ellos se atreviera a abrir la boca más sobre mí.

Cuatro tetas mejor que dos

Soy un hombre normal, con sus rarezas, virtudes y miserias. También con un poco de suerte, y para ser concreto diré que esa suerte se llama Cristina. Quizás a lo largo del relato logren comprender por qué llamo suerte a lo que todo el mundo suele llamar "mujer de los pies a la cabeza".

Confieso que siempre me han gustado las mujeres de pelo negro, pero por una de esas jugarretas del azar las rubias siempre te roban el corazón. Sus treinta años de vida se me clavan como treinta puñales cada vez que la veo moviendo sus caderas al caminar. Sabe que es preciosa, el manjar que todo hombre anhelaría, y se contonea con descaro y gracia. A ella le gusta mucho la moda, y yo se lo agradezco porque me deleita con unos modelos espectaculares. Sus vestidos suelen ser más bien largos, pero ajustados, dejando al descubierto sus curvas y marcando a la perfección sus nalgas redondas, duras y firmes. No es de las que van sin bragas, ella las lleva siempre a pesar de mi insistencia para que se las quite. Pero sí le gusta ir sin sostén marcando sus pezones rosaditos, afirma que le hace sentir libre y desde luego no pienso discutir por ello. Libre que te quiero libre. Y rebelde. Tan rebelde al menos como su larga y rizosa melena.

Hace tres sábados me llamó al teléfono móvil a eso de las seis de la tarde. Charlamos y decidimos qué hacer esa noche. Nos gusta ir a cenar, tomar unas copas en algún lugar tranquilo y después ir a mi casa. El plan típico de toda pareja, ¿acaso ustedes no lo hacen? Pero esa noche inmensa iba a ocurrir algo que cambiaría por completo mi vida. No hubo cena-copas-casa sino algo mucho mejor.

Antes de las siete de la tarde ya estaba listo. No soy de esos chicos que tardan tres horas en prepararse para salir de casa y se echan cremitas y otros mejunjes. Así que poco después de su llamada salí caminando de mi casa dirección a la suya, y como vivimos en una ciudad pequeña en unos veinte minutos estaba ya en su portal. Entonces bajaron las dos.

-Javi, ella es Eva.

-Hola Eva, encantado.

-Hola, tenía ganas de conocerte ya. ¿No te importará que salga con vosotros hoy, verdad?

-No, no, tranquila.

Estudian juntas. Las mujeres tienen un concepto distinto de la amistad, al menos esa es mi experiencia. Eva estaba sola ese fin de semana, su novio tiene que viajar con cierta frecuencia por cuestiones de trabajo, entonces mi niña la invitó a salir con nosotros el fin de semana. Me avisó en el último momento, y para ser sincero me molestó un poco, siempre he preferido estar a solas con mi pareja, aunque por una vez tampoco iba a poner el grito en el cielo.

La chica no es muy bonita. Demasiado delgada, con unos rasgos muy pronunciados. Eso sí, tiene una boca grande, con labios carnosos y unos pechos de considerable tamaño, más grandes que los de mi novia. Vestía unos pantalones vaqueros y una camiseta escotada bajo la cazadora, nada especial.

Nos dirigimos a una de las muchas sidrerías que hay en nuestra ciudad. Nada mejor que unas sidrinas para calentar el gaznate y animar el espíritu, y si no la han probado se lo ruego, pruébenla, ya me dirán cómo se le queda a uno el cuerpo, lo fácil que surge la risa, el compadreo y cómo sube la temperatura. Y a las chicas les subió pronto. Ya les sobraban las chaquetas y cazadoras, se quedaron con sus camisetitas, y mi novia marcando pezones, para variar. Los hombres del lugar fijaban su mirada en sus cuerpos descaradamente, y no es para menos, a las chicas hay que mirarlas, para eso se ponen guapas.

Con los cuerpos ya medio entonados la conversación se hacía cada vez más directa y desenfadada.

-¿Te gusta la coca?-me espetó Eva-.

-Bueno, de vez en cuando alguna rayita cae.

-Lo sé, lo sé. Cuando terminemos aquí nos vamos a poner a gusto. Y Patri también.

.¿Patri?-dije sorprendido-.

-Bueno, un poco por hoy, no seas tan padre-dijo entre risas-.

Podría creer en un asteroide acercándose a la tierra dispuesto a exterminar la vida en el planeta, pero jamás creería que Patricia fuese a probar la cocaína. Es una chica muy sana. Bebe y fuma cigarrillos cuando estamos de fiesta pero de ahí no pasa. Yo también soy un tipo sano, pero un poco más vicioso que ella. O eso creía hasta entonces.

Después de beber cuatro sidras marchamos del bar, y fuimos a parar a una plaza justo detrás de la catedral, en una zona poco iluminada. Nos sentamos en un bordillo, yo en medio de las dos. Eva sacó la bolsita y me la dio para que preparase las filas. Así que dispuse una tarjeta sobre mi muslo y empecé a hacerlas. Una vez preparadas, Patricia cogió la tarjeta y la colocó sobre mi paquete. Me extrañó, aunque tampoco le di mucha importancia, quise pensar que desde ahí podría esnifar más cómodamente. Preparé el rulo y se lo di a Patri. A continuación el turno de Eva, casi me da un infarto cuando se levanta del bordillo y se arrodilla frente a mí, agachándose sobre mi paquete para esnifar su raya. Al inclinarse le vi sus tetas colgando a través de su escote. Me puse enfermo, desde luego no les quité ojo, y creo que mi novia se dio cuenta perfectamente pues me obsequió con un besito en el cuello con los labios un poco abiertos, y como comprenderéis me excitó todavía más.

Como estábamos muy cómodos en ese lugar las dejé un momento solas y fui por un poco de alcohol, no se puede prescindir de gasolina. Al volver las encontré muy animadas, más que antes, reían a carcajadas. Ya me imaginaba el tema: pollas. Sí, las mujeres hablan de las pollas de sus novios y amantes, no hay nada raro en eso, aunque que lo hagan delante de la polla en cuestión, es decir, mi polla, para mí era nuevo.

-Pues como te digo, estoy contenta con mi niño-sonríe y me abraza mirando a Eva-.

-¿Sí? Yo con el mío también-ambas ríen al tiempo-.

Eva hurga en su bolso, y saca una foto.

-Mira, aquí lo tienes.

-Pues sí, está dotado-amabas sueltan una carcajada-.

La muy zorra llevaba una foto del novio en pelotas, y allí estaba mi chica mirándola sin cortarse un pelo. Por si fuera poco, después de echarle un ojo a la foto comprobé que la suya era más grande que la mía, y la verdad, me jodió un poco. Patricia no tardó en intervenir, quizás intuyó que estaba un poco incómodo con la situación.

-A mí tus diecisiete centímetros me vuelven loca bebé.

Joder, pensé, podía haber exagerado un poco, qué más le daba añadir un par de centímetros. Cosas de la competencia masculina. Hace unos años jugaba en un equipo de fútbol y allí todos se la miraban por pura curiosidad. Sabíamos que el que nunca se duchaba tenía un micropene, y también sabíamos que el que tenía una verga como la de un caballo nunca se enrollaba la toalla a la cintura para salir de la ducha, la exhibía con orgullo, vacilaba de polla, igual que Eva con la foto de su novio desnudo.

-Eso es más que suficiente si se sabe mover- sentenció Eva mirándome de reojo-

En ese momento se me puso dura, fue un reflejo inevitable. A veces los hombres conseguimos erecciones instantáneas, como si la polla cobrara vida propia, de hecho creo firmemente que las pollas son absolutamente independientes, van a su aire y hay que respetar sus decisiones. Antes expliqué que Eva era una chica del montón, pero en ese instante me pareció una mujer extraordinariamente atractiva, puro morbo. Me di cuenta que estaba destinada por el Altísimo para la sana y divertida actividad de la jodienda. Nacida para joder. Hay que decirlo sin rodeos.

-Bueno, hago lo que puedo, intento hacerla disfrutar.

-Y lo logras-respondió Patri-.

-Menos mal-me río-.

Seguimos conversando, bebiendo y esnifando un buen rato más. Creo que estábamos todos cachondos. No sé el efecto que tendrá la cocaína sobre el sexo en las mujeres, pero en los hombres caben dos sentencias: impotencia transitoria o un pene duro como la roca. Y sobre mí recayó la segunda sentencia, por suerte.

-A ver cómo tienes el corazón- dijo Eva colocándome la mano sobre el pecho-.

-Bien, todo bien- contesté-.

-Mira el mío- me coge la mano y la pone sobre una de sus tetas-.

Entre mamoneos semejantes nos fuimos del lugar hacía uno de los muchos bares que hay por los alrededores. La ronda nocturna comenzó estando todos bastante colocados, sobre todo ellas. Yo estaba salido más bien, mi cabeza pensaba mil cosas al mismo tiempo y todas muy pervertidas. Como no suelo bailar, ellas mismas se sirvieron de pareja dándolo todo por los bares. Desde luego los chicos se les arrimaban babeando y ellas me miraban riéndose como diciendo �ira cómo les estamos poniendo� Alguno se propasaba rozándose demasiado, aunque es cierto que ellas en seguida se los quitaban de encima, cosa que me alegró, porque desde la barra en la que estaba apoyado pimplando una cerveza me las imaginaba mías, a las dos, y no era plan que cuatro majaderos desconocidos vinieran a entrometerse.

La noche siguió esta tónica hasta más o menos las cuatro, cuando Patricia propuso ir a mi casa para acabar la fiesta. A Eva le pareció bien, y a mí mejor aún. Así que nos largamos a paso ligero.

Llegamos a mi casa, y mientras ellas fueron a dejar sus cosas a mi habitación, fui sacando unas cervezas de la nevera y puse un poco de música, bajita que no eran horas para alborotar. Pero el alboroto llegó cuando ellas volvieron de la habitación en camiseta y tanga. El de mi chica era rosa y el de Eva negro. Debí quedarme blanco de la impresión. No me esperaba nada semejante, me lo imaginaba y lo deseaba pero no lo esperaba. Ellas actuaban con naturalidad, y yo me sentía más bien incómodo al no saber cómo actuar ante ese culo desconocido junto al de mi novia.

-Qué bien, cervezas- exclamó Patricia-.

-Volcamos ahora lo que nos queda-dijo Eva-.

Ellas se sentaron frente a mí, en el sofá, mientras contemplaba expectante sus cruces de piernas desde mi sillón. Las coñas sexuales iban en aumento. Hasta que Eva se levantó del sofá y se giró mostrándome el culo.

-¿Crees que estoy gorda?

Una pregunta claramente estúpida porque esa chica está visiblemente delgada.

-Claro que no.

-¿De veras?-mientras movía el culo y giraba la cabeza como si lo estuviera examinado-.

-Claro, de veras.

Patricia se levantó poniéndose a la par imitando la conducta de Eva. A mi niña la conozco bien, y sé que esa mirada y ese tono de voz estaban pidiendo guerra a gritos. Aquello no era una fiesta de pijamas, se encaminaba definitivamente hacia un trío, el primero de mi vida.

-¿Mi niño se está poniendo cachondo?- se sentó sobre mí-.

-Cómo para no estarlo- risas-

-¿Sabes que Eva está hoy muy sola?- dijo con voz melosa-.

Mientras me besaba el cuello, sabe que me vuelve loco. Echó mano a mi cinturón, desabrochó los botones del pantalón y saco mi polla a relucir. Eva todavía estaba a la espera, mirando desde el sofá con las piernas abiertas pero sin tocarse. Patricia empezó a masturbarme despacito, me besaba con fuerza como una auténtica putita. Yo me dejaba hacer.

-¿Te gusta la polla de mi niño?

-Me encanta- respondió Eva-.

Para entonces Eva ya se había apartado el tanga hacia un lado y empezaba a pasarse un dedo por su coñito. La miraba fijamente mientras mi novia me trabajaba el cetro con delicadeza y esmero, como de costumbre.

- Ayúdame con él, anda ven.

Se levanto con el chochito al descubierto y caminó los pocos pasos que nos separaban para acabar en la misma postura que en la plaza, de rodillas frente a mi paquete. Mi novia seguía montada a horcajadas sobre mí, Eva pasó su cabeza por debajo del culo de mi novia y empezó a mamarme los testículos. Era demasiado brusca, pero estaba en la gloria. Agarraba los huevos con los dedos y tiraba de ellos mientras los lamía, una verdadera experta, de eso no hay duda.

-Bájate, y ayuda a tu amiga- dije con ese descaro que te da la excitación-.

Patricia sumisamente se puso al lado de Eva, las dos de rodillas frente a mi nabo. Qué espectáculo, si existe un cielo tiene que parecerse a esto, pensaba yo. Mi única obsesión era no eyacular pronto, quería aguantar todo lo que pudiera porque no tenía nada claro que esta maravilla pudiera volver a repetirse. Las dos compitiendo por cada trozo de polla. Sus lenguas se cruzaban frecuentemente, y no les desagradaba, al contrario, se ponían más cachondas y brutas. A mi novia le dio por pegarle cachetes a la polla y las dos jugaban a atraparla con sus bocas mientras se movía de un lado a otro, hasta que al fin paraba y volvía la pelea de lenguas.

-Somos tus putas-dijo Eva con la voz entrecortada-.

No sabía donde poner las manos. Lo mismo les agarraba las tetas, que aparecían frente a mí colgando y bamboleándose, que les agarraba del pelo como si llevaran dos coletas, apretándolas más aún contra mi pene.

-Dame tu culito- le dije a Eva-.

Nos cambiamos al sofá, que al ser más espacioso nos facilitó la grata tarea. Al momento Eva se colocó sobre mí dándome la espalda y empezó a joderme con ímpetu, muy ansiosa, sin duda la coca tuvo algo que ver en eso. Mi niña se quedó frente a nosotros de pie como dudando. Allí estaba yo, con su compañera de clase encima metiéndosela en el coño y agarrándole las tetas con fuerza, y Patricia observándonos. Unos segundos después, mi novia se agachó y se puso a lamer el coño de su colega. Esto sí que era completamente inesperado, pero maravilloso al mismo tiempo. Gemían como guarras, menuda función debieron de soportar los vecinos a esas horas.

El rollo lésbico iba en aumento. Empezaron a interactuar más entre ellas, sin dejarme de lado, pero ya no eran dos chicas para un chico, sino tres cuerpos que se follaban sin cuartel los unos a los otros.

Levanté el culo de Eva, que se llevó un buen cachete en las nalgas, y le dije a Patricia que ocupara su lugar. Quería echar mi leche sin disgustos en un chochito, y qué mejor que el coño de una novia para esos menesteres. Así que en cuatro movimientos más mi semen fluyó a borbotones, salía del coño de Patricia resbalando por mi polla. La ninfómana de Eva tuvo la amabilidad de masajearme los huevos mientras me corría. Todo un detalle.

Terminé exhausto. Di un trago a la cerveza e intenté digerir lo que había ocurrido. Allí estábamos los tres en pelotas, rojos como tomates y sudorosos después de haber cogido como animalitos en celo. Esperaba con todo mi alma que aquel experimento no fuera a arruinar mi relación con Patricia. Pensaba que da alguna forma podría reprochármelo. Por otro lado estaba satisfecho, había hecho realidad lo que siempre había permanecido en el reino de la fantasía, un sueño hecho carne: dos mujeres dispuestas para mí.

Aunque la mayor sorpresa de esa inmensa noche me la llevé poco después de la orgía, con los cuerpos aún palpitantes. Las relaciones entre Patricia, Eva y su novio no eran precisamente lo que yo había creído que eran, y fue esto lo que cambió mi vida, al menos en lo que respecta a las relaciones de pareja y a mi forma de entender el sexo. También pude comprender los motivos por los que Patricia y Eva decidieron follarme aquel fin de semana. Todo empezó a cobrar sentido.