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Una luna, una orilla, unos ojos.

    Llamamos al camarero, pagamos la cuenta y nos dispusimos a marcharnos,  bajamos los  cuatro escalones que  conducían al paseo maritimo y con ella en  medio de los dos caminamos despacito.

 Paseamos durante  unos  minutos. Vimos  las clasicas pasarelas  de  madera que invitan a entrar en la playa sin pisar la arena.
Ella  dijo:
- Entramos a ver  como la  luna  se refleja en  el agua?.
- Buena  idea, hace una noche fantástica,  dijo Iván.
 Caminamos  por  la  orilla  de la playa y en efecto una  maravillosa luna se reflejaba en el agua  e iluminaba toda la orilla. El mar estaba muy calmado y podiamos  vernos perfectamente  las caras. Mi mujer  lucia radiante con unas mejillas rosadas, efecto causado por  el  buen  vino que habiamos  bebido.

Rodeé su cintura con un brazo e inesperadamente Iván pasó el suyo por encima de sus hombros, de esa  manera seguimos  caminando cuando  de pronto  sono el movil  de Iván, era  una llamada de algún amigo suyo. Instintivamente  al oir  la melodia  del movil  de Iván, eche mano  a mi  bolsillo del pantalon buscando el  mio y  observe que no estaba.
- Joder, ya  me  he dejado el  movil en  el restaurante.... exclamé.
- Qué cabeza.. me recriminó mi mujer.
- Voy un  momento  a por  él. No tardo.

Como  unos  200 metros  mas  adelante  se veia una  zona con barcas y patines  de alquiler, señalandola  les dije....
- Id  hacia  allí vuelvo enseguida......

Mi mujer e Iván sin  soltarse  del hombro siguieron  hacia donde les indique y yo me apresuré  a volver al restaurante. Tardé poco, y cuando llegué el camarero que  nos había atendido ya tenía el  movil en la mano. Le dí las gracias y emprendí el  camino  de  nuevo hacia la playa y la zona de las  barcas, esta  vez  fuí por  el paseo  evitando la arena.

Cuando estuve a su altura entré por la  arena  hasta allí. Conforme  me acercaba escuchaba una musiquilla que provenía  de esa  misma  zona. Avancé escuchándola y vi que  era una pandilla  de chicos y chicas adolescentes con  dos guitarras y una especie  de timbales, estaban  de lo mas entretenidos y no sonaban nada mal sus canciones, estaban sentados mirando hacia el paseo marítimo, unos tocando y cantando y otros  bailando  en la  arena.

No les vi, así que pensé debían estar en la otra parte  de las barcas mirando  el reflejo  de la luna en el agua, salude a los chicos  con un  ...buenas  noches.... pasé entre  ellos y di la vuelta  a las  barcas, al otro lado  de ellas habia unos  patines  de esos  de pedales y mas hacia  la playa, una especie  de  caseta donde pienso  guardarian  herramientas o utensilios los que se dedicaban al alquiler de los patines, y al lado una  vieja  barca  de pescadores que estaba  alli  como  algo pintoresco, me dirigí hasta  la caseta y al dar  la vuelta  me asomé y vi a mi mujer apoyada en la barca sobre sus antebrazos, su espalda arqueada daba a donde yo estaba.  Iván estaba a su lado con la misma postura, parecía que los dos contemplaban el reflejo  de esa luna en el agua y el venir de las  suaves olas. Me quedé quieto y no salí  de la esquina  de la  caseta, estaba a pocos metros y con la claridad  de la luna podia  verlos perfectamente desde mi esporadico escondrijo, les oía como un susurro pero no podia  apreciar que decían, alli  en mi observatorio veia  a los  dos perfectamente pero  no podia  oirles  bien.

Iván rodeaba  a mi mujer por los  hombros y de cuando en cuando se miraban  hablando, en uno  de esos  momentos  vi  como Iván se avanzó  y se fundieron en un largo beso....
Al principio mi mujer pareció que quiso resistirse, pero no tardó ni cinco segundos en aceptar el beso. Se abrazaban y se besaban,  yo les  veia perfectamente y decidí no mostrarme por  ver aquella escena  que se me antojaba  muy bella y morbosa.

Despues  de  muchos  besos  y muchas caricias, Iván bajo  su mano derecha y puso su mano por dentro de la falda. Sus  bragas  blancas  cubriendo  aquel  culo tan  hermoso relucían  con la  luz de la playa, tenía el lugar más privilegiado para  ver  la tersura  de las nalgas  de ella y el volumen  de  su culo, aquella vista  y el que no pudieran verme, hizo subir mi temperatura sexual y con ello mi cosa empujaba  dentro de mi pantalón.

Iván   despues  de meter la mano dentro de la falda de ella, seguía  besándola en su boca y su mano impetuosa buscaba  separar la poca tela  que le  separaba de aquella raja del placer. Todas las maniobras para apartar aquella tela y  entrar un dedo en su ya  humeda vagina, todo lo hacia  sin dejar  de besar a mi mujer y mirando los dos  hacia el mar como si  de una pelicula se tratara.  Iván insistia  con  sus  dedos  de  una sola  mano en meterlos por aquella hendidura pero al parecer le costaba  lo suyo.

Ella finalmente le ayudó  con  su manos  apartando ese pliegue  de tela  de sus  bragas y facilitandole la  entrada   de los  dedos  de él, la mano de Iván se movia arriba y abajo y ella correspondía con vaivenes  de  sus caderas para poder  restregar mas  su raja con los dedos  de aquel experimentado hombre. Se escuchaba la respiración de ella intensa.

Solo un par  de minutos  con ese  juego y podía  oir sus pequeños  gemidos disfrutando con   aquellos  dedos  dentro  de   ella y  que sin duda  le daban mucho placer y morbo.

Ella se giró en redondo hacia Iván, lo cogió por  el cuello y le besó fuertemente, no conté  el tiempo que  duró aquel beso pero pensé que podrian ahogarse si no respiraban, apartó los  labios  de él y  sin dejar de abrazarlo con una mano buscó la bragueta  de él para sacar de su reclutamiento aquel miembro que se preciaba grande y duro.

Ella cogió aquel miembro y comenzó un vaivén arriba y abajo con su mano derecha, con la izquierda detras  del cuello del chico lo atraía  hacia ella y lo besaba apasionadamente, imaginé que  su lengua debia estar por  lo menos  en la garganta  del macho excitado, seguia moviendo su mano e Iván doblaba sus piernas por el gusto que  aquella  masturbacion le estaba  causando, Iván subia y bajaba flexionando sus piernas  al ritmo  que ella le daba con la  mano a su pene y ni por un  momento  apartaban  sus bocas.

Ella subió el tono  de  sus  gemidos, yo la oía perfectamente. Se notaba que la situación la excitaba  y  mi mano saco  mi miembro  del apretón  de mis pantalones y  me masturbaba con  vehemencia  mientras los veía y escuchaba a ella.

No tardó  nada despues  de un gemido  muy  fuerte se separó al chico, se quitó las bragas y  donde antes apoyaba  los antebrazos, se sentó, se sentó encima  de la barca y abrió sus piernas ofreciendole a Iván toda  su intimidad.

Iván  al verla  alli sentada  casi a la altura  de  su pecho  se agachó un poco, cogió los muslos  de ella los separo bien y metió toda su cabeza entre las piernas  de ella que  a mi parecer estaba ansiosa por  ser penetrada por aquel miembro.

La escena amigos mios  era impresionante yo alli  medio escondido con  mi pene erecto y dentro de  mi mano, moviéndolo lentamente para prolongar  aquel placer de la visión que mi mujer y ese hombre me daban, ella sentada en la barca con su falda arremangada  hasta la cintura con las piernas terriblemente abiertas, él con una  mano en cada muslo sosteniendo el peso  de sus nalgas y con la cabeza hundida comiendo aquel manjar exquisito que  debia  rezumar por las ingles  de ella, pasando  su lengua por aquel clítoris que de seguro estaba hinchado por el gusto que  aquella boca le estaba dando, y todo ello lo podia ver y oir.

En un momento dado, por los gritos de ella, supe que se estaba corriendo. En ese momentó levantó la cabeza y con los ojos medio en blanco, me vió. Me miró con aquella cara de placer que tiene cuando se corre, pero al mismo tiempo, como sabíendo que aquello también me excitaba un montón, cogió la cabeza de Iván y la estrechó con más fuerza a su coño rebosante de placer y humedad.
La escena era perturbadora y morbosa. Ella se había corrido con la boca de Iván en su sexo mientras me seguía mirando a los ojos.

Cuando no había tenido suficiente, y viendo mi aprobación,  cogió  la cabeza  del hombre con sus  manos y la apartó, y le enseño su sexo abierto. No hacía falta ser muy listo para entender lo que quería.  Iván  cogió su miembro  con las manos y lo llevo a  esa gruta  de la felicidad que  tanto nos gusta  a los  hombres, y sin ningun problema para  meterla hasta lo mas profundo, la raja  de ella  debia  de estar llena  de  sus jugos  de ella y los  de la lengua de Iván. Metió  su pene  hasta los testiculos y bombeó  de una manera alarmante, golpeaba con mucha  fuerza sus  genitales   sobre su coño, embestía  como un toro fuerte y rápido.  El hombre  estaba fuera  de si. Yo le veía desde atrás.

Ella se tumbó sobre  su espalda en la arena y  en esa postura (adivino) que el chico entró mucho más en ella, por un momento  miré detrás de mi por  si alguien venia pues los gritos  de ella eran ya alaridos, estaba seguramente  orgasmando y sus jugos sobre el pene de él, la llevaban al limite. De vez en cuando ella me miraba mientras le decía cosas a él. Iván no se había dado cuenta que yo era espectador de lujo de su follada con mi mujer.

Un minuto más e Iván empezó a gritar y pude  oir perfectamente...me corro, me  corro y ella le dijo,  siiiiiii ssiiiiii, lléname por  favor.

Esa visión  de la escena allí escondido me puso con una  taquicardia.
Ella se incorporó y abrazó a Iván,  y no podia saber quien estaba  dentro de quien, ella se apretaba a él acariciandole su cabeza y él le besaba el cuello con  verdadera ternura.

Permanecieron así por bastante  tiempo uno dentro del otro mientras los jugos  debían  de correrles a los dos por las piernas, pero no salían de  su estrecho abrazo y  de su  honda penetracion..... al cabo de un rato Iván  se separó y pude  ver  su miembro bastante distendido.

Mi mujer dió un salto  sobre la  arena y se puso las bragas.

Me alejé discretamente por el otro lado, y dejé pasar unos  minutos. Volví  por el otro lado de la  caseta y guié mis pasos  hacia los patines  donde cantaban los chicos, los  saludé  de nuevo y rodeándolos  me fuí por ese lado  hasta la orilla de la playa y me fui acercando  a la pareja que  ahora estaban  sentados mirando al mar.

- Has tardado  mucho...dijo ella.
- Si.. el camarero recogió el movil  de la mesa y se ausentó del restaurante y he tenido que esperar a que  volviera... tuve  que improvisar la respuesta.

- Bueno dijo ella, ya estas aqui, ¿donde vamos?
- Pues  si quereis vamos a  pasear un poco más.
- Por mi vale ...  respondió Iván
- Por  mi tambien  dijo ella.

Saltaron los  dos a la arena y  nos  fuimos los  tres bordeando  el agua  de la playa.

Caminamos  un buen rato y llegamos a un punto donde la playa perdía su arena y se convertia en una alfombra  de piedras hasta el espigón, cubrimos  los  100 metros que  nos separaban  del espigón como pudimos. Llegamos  y  nos  sentamos   alli en  los  grandes bloques,  Ella decía que  estaba un poco  cansada, nos  sentamos mi mujer y yo. Iván se acercó hasta el agua  que estaba quieta, parecia  mas un lago que el mar, cogió un puñado de piedras de  esas planas y las lanzaba al agua para  hacerlas  saltar una y otra  vez. Parecía que estaba pensando sobre lo ocurrido.

Rodeé con mi brazo a mi mujer por  detras  de su cuello y ella inclinó  su cabeza sobre  mi hombro, quedó un momento en silencio y dijo:
- Te quiero.
- Yo también te quiero y mucho.

La apreté sobre mi  y le di un beso en la boca, al mismo tiempo ella  cogió  mi mano y la llevó por debajo de su falda, apretó su mano sobre la mia hasta que la mia estaba  tocando su húmedo coño.

 - Sí, por eso te digo  que te quiero, por todo cuanto haces  por  mi. ¿Te gusta como está mi coño? me susurró al oido.
- Me encanta. ¿Sabes lo que me gustaría hacer ahora?
- Sí, vicioso. Luego en casa. Que habrá que bajar ese hinchazón de tus pantalones.
- Iván !!! Gritó mi mujer. Ven.

 Iván se acercó. Ella se levantó y le dió un beso en la boca. - Gracias. Me lo he pasado muy bien. Pero debemos irnos a casa.

Iván se quedó atónito pero sonrió al ver que yo le guiñaba  un ojo mientras besaba a mi esposa para despedirse.

- Gracias, pareja. Sois increibles. Disfrutad. Me quedaré un poco viendo el mar.

Nos fuimos paseando mi mujer y yo lentamente abrazados.

La noche avanzó y la humedad volvió, pero esta vez era en nuestra cama, y eramos mi mujer y yo. Aunque había la presencia de un tercero, aunque sólo fuera en estado líquido.





Mi mujer es una Cougar !

Empezaré explicando que una Cougar es una mujer adulta (sobre los 40) que le gustan los jovenes. Así que dada esta explicación, les voy a explicar lo que sucedió un  día:

Siempre he sido muy vicioso y creo que con la edad me he hecho más cachondo y pervertido todavía. Estoy casado con Alicia, una estupenda hembra, a pesar de sus 40 y pico años. Como veis ya somos unos maduritos  pero todavía nos gusta darle marcha al cuerpo. Tenemos dos hijos pero  ya ambos son independientes, asi que disponemos de libertad para hacer lo que nos plazca en cualquier momento y así no es raro que andemos ligeritos de ropa por casa o que nos pongamos a follar en la cocina o donde nos apetezca. Nos llevamos muy bien, nos queremos mucho y en el sexo nos lo pasamos también francamente bien, aunque mi mujer es menos viciosa que yo.

Hace ya algunos años, entre mis fantasías, empecé a tener la de ser un cornudo y ver como mi mujer se entregaba y disfrutaba con otra polla que no fuera la mía pero cuando se lo comentaba a ella, como tantas otras cuyos maridos han contado sus historias, me decía que no quería otros hombres en su vida y que conmigo le bastaba. Yo seguía insistiendo y con el tiempo empecé a ver que cuando le mencionaba el tema mientras follábamos, ella se excitaba aún más. También empecé a señalarle hombres por la preguntándole si le apetecería llevárselos ala cama. Ella se reía divertida pero de vez en cuando me decía que con alguno no le importaría hacer una locura. Como cada vez la veía más decidida, volvía a la carga con más decisión y le planteé de verdad que pensara en alguno para ponerme unos hermosos cuernos y hacerme disfrutar con ello.

Tanto insistí que terminó aceptando, pero me impuso las siguientes condiciones:

- Tiene que ser muy discreto y por otro lado, preferiría que fuera un joven porque, no te molestes pero, para gozar con un semental maduro ya te tengo a ti.

Por supuesto, a mi no me importaba en absoluto, de hecho incluso me excitaba más la idea de mi madura mujer follando con un chaval con la mitad de años que ella. Pero esto, por otro lado, complicaba mi plan un poco porque yo ya había pensado en algunos candidatos como algún compañero mío del trabajo y algún conocido de confianza pero no muy directamente relacionado con nuestro círculo, pues la discreción es básica en estas cosas. Pero ocurría que todos eran de nuestra edad mientras que a la viciosilla de mi mujer le atraían más los jovenes.

Estuvimos dándole vueltas al tema durante un tiempo y un día, mientras tomábamos café en el bar en el que solemos desayunar antes de irme yo al trabajo y ella a hacer sus compras, ella misma me dijo, señalándome al hijo de los dueños:

- Mira a Luis, es un chico muy majo, sabe estar y cada día está más guapo.

El tal Luis, como va a la universidad todas las tardes, a las mañanas suele echarles una mano a sus padres, sobre todo las hora del desayuno pues el local se pone hasta los topes. Tiene 22 años y no era raro que a mi mujer le gustara pues hace mucho deporte y está muy bien. Enseguida capté lo que estaba pensando mi esposa y aquella misma noche, estando yo cachondo perdido con la idea de que mi mujer follara con Luis, empezamos a planear como hacerlo. Llegamos a la conclusión de que habría que provocarle de alguna manera y ver como reaccionaba.

Así que, a la mañana siguiente, cuando fuimos a desayunar al bar y aunque a ella le daba una vergüenza tremenda, a mi mujer se le "olvidó" abrocharse adecuadamente la blusa y buena parte de sus tremendos pechos asomaba por su escote, quedando a la vista de quien les prestara atención. Debo explicar aquí que mi mujer tiene unas tetas más que respetables y también os diré que está un poco entradita en carnes y que otro de sus mejores atractivos es su trasero, que hace dar vuelta a más de uno por la calle. Volviendo al desayuno, diré que no fueron pocos los que se fijaron en el escote de mi mujer y afortunadamente el detalle tampoco le pasó desapercibido a Luis, el joven hijo de los dueños. Como además nos quedamos tomando café y el bollo en la barra, frente de donde estaba el chico, este no dejó de mirar el escote de Alicia ni un momento.

Yo la verdad, a partir de ahí, no sabía qué hacer para propiciar el asunto con Luis pero entonces intervino la calentorra de mi mujer con todo el puterío del que solo son capaces las mujeres. Como quien no quiere la cosa a ella "se le cayó" un poco de café en la blusa. Entonces empezó a decir que pena de mancha para acto seguido preguntarle al joven si tenía un quitamanchas de esos de spray que suelen tener en los restaurantes. El chico asintió y cuando lo entregaba a mi esposa, esta le dijo:

- ¿No podría pasar a la cocina?. Es que hacerlo aquí...

Esto lo oyó Antonia, la madre de Luis, dueña del bar, que inmediatamente le contestó:

- Claro que sí, mujer, no te vas a poner ahí a rociarte las tetas... Anda Luis, acompaña a Alicia hasta la cocina.

Ambos entraron en la cocina del bar y minutos después salía el chico con la cara roja como el tomate. Luego lo hacía mi mujer con una sonrisa de picardía y con los ojos brillantes. Yo ardía en deseo de saber si había pasado algo así que cuando salimos del bar, le pregunté a mi mujer y ella me dijo, con malicia:

- Debes saber que no he sido yo la que me he limpiado la mancha pues he tenido buena ayuda para frotarme todo el pecho. Ya sabrás todo lo que tengas que saber esta noche así que intenta llegar pronto a casa.

Pasé el día en el trabajo sin dar pie con bola. Todo el rato pensaba en mi mujer, en el incidente del café y también en lo que me había dicho al salir de la cafetería reconociendo implícitamente que había sido Luis el que le había dado unos buenos frotes en las tetas, con la excusa de la mancha.

Cuando llegué a casa después del trabajo, iba deseando aclarar con mi mujer las posibilidades de que nuestro plan con el joven aquel se hiciera realidad, pero al abrir la puerta mi mujer no vino a darme el beso como de costumbre. Parecía como si no hubiese nadie en casa pero enseguida empecé a oír murmullos procedentes de nuestro dormitorio y cuando me aprestaba a aguzar el oído para escuchar mejor, resonó con fuerza una voz masculina que, en el acto, identifiqué como del joven del bar y que dijo:

- ¡Venga, calentorra, ahora chúpame los huevos hasta volver a ponérmela bien dura, que voy a echarte otro polvo a ver si te dejo rendida de una vez!.

- Te chupo lo que quieras, cacho macho, pero vuelve a joderme hasta dejarme deshecha, cariño.

Cuando me asomé a nuestro dormitorio, el cuadro que me encontré me la terminó de poner como el acero. Luis estaba en nuestra cama tumbado de espaldas y con las rodillas recogidas, pegadas a sus hombros, para dejar a disposición de mi mujer todo su paquete genital y también el culo. Ella, completamente desnuda, a excepción de los zapatos y con todo el culo en pompa, estaba a cuatro patas inclinada sobre el chaval, chupándole con avidez los huevos y la polla.

- ¡Así, así, cómemela, guarra! - le decía el chico.

- ¡Como me gustan las maduras viciosas como tú, calientes!. Si a tu marido le gusta ser un cornudo, ya verás cuando llegue y vea lo viciosa que eres, la alegría que se va a llevar.

- Pues ya me la estoy llevando - intervine yo mientras me desnudaba a todo correr.

Los dos se asustaron en el momento, pero se incorporaron y mi mujer, riendo, me dijo:

- Cariñito, ven a disfrutar de nuestro primer trío. Verás que bien nos lo pasamos, sobre todo yo. Luis es fantástico y creo que tan vicioso o más que tú, me ha echado ya dos polvos y sigo cachonda perdida. Además me está haciendo hacerle unas guarrerías que no veas...

Rápidamente estuve con ellos en la cama y tan excitado que creía que me iba a correr sin ni tan siquiera tocarme. Alicia volvió a su tarea de comerle el pollón a Luis y yo me puse detrás de ella para comerle el conejo que encontré, por cierto, rezumando semen, sin duda procedente de las corridas anteriores del joven amante de mi esposa. Mi mujer le devoraba al chico los huevos y la polla. Nunca la había visto chupar con aquel vicio y aquella ansia. Eso sin contar con la comida de ojete que también le estaba haciendo y que era, creo yo, la primera vez que mi mujer le comía el culo a alguien por voluntad propia.

Momentos después, Luis dijo que ya era el momento de volver a joder y le indicó a mi esposa que se pusiera a cuatro patas sobre la cama. Entonces se situó detrás de ella y se la clavó una vez más por el coño iniciando una salvaje follada mientras me indicaba que se la metiera en la boca y que le tirara de los pezones. Así lo hice y apenas me hubo dado tres o cuatro lengüetazos, me corrí como una fuente sin poder remediarlo, llenándole la boca y la cara de semen.

Ella me miro con cara de vicio, y me dijo:
- Qué rápido te corres, cornudo mio.
Aquello me encendió. Me senté en un lado y disfruté del espectaculo.

Lo veo



Te he llamado para que vengas al hotel con mi amante y mires como te hago cornudo.

Me gusta que veas como otra polla entra en el coño de tu mujer, de tu esposa, de la madre de tus hijos. Para que veas como otra polla roza el coño de la puta de tu mujer, lo folla, lo usa y lo disfruta a sus anchas. Para que me veas gozar.

imagePorque tengo permiso para follar siempre que quiera. Tú me lo concediste, ¿te acuerdas?

Fuiste tú el que lo trajo a casa porque querías hacer un trío. Yo me enganché a él de tal manera que ahora soy su puta.

imageMírame. Mira cómo se follan a tu mujer delante de tus narices. Como te hacen cornudo con tu consentimiento pleno, porque eres tan cornudo que se te pone la polla dura al verme usada por otro. Al ver el coño de tu mujer penetrado por otra polla que no es la tuya.

Porque esto es una verdadera polla, cornudo mio.


Siempre serás mi macho cornudo. Y por eso cuando mi hombre se ha corrido y he salido a abrirte la puerta y a pedirte que entres, te he dejado que disfrutes el mayor regalo que se le puede hacer  a un marido cornudo: que mame en la teta la leche del hombre que se acaba de follar a su mujer. Vas a mamarme, te lo ordeno. Sé que te gusta. Ya lo haces, como un bebé que succiona la teta que le da de comer. Y te encantará. No podrás dejar de lamer. Mis tetas jugosas serán tu alimento. Porque soy tu Diosa y nunca te dejaré con hambre.

imageNo te preocupes, esposo mío, que nunca te va a faltar alimento, la leche del macho que me folla y te hace cornudo llenándome de satisfación. Me gusta verte mamar así. Parece que tienes hambre. Y si te quedas con más hambre no te preocupes porque voy a follar más con él para que no te falte el alimento. Joder, cómo eres, cornudo. Cómo te gusta mamar. Me vas a dejar seca.


Y ahora lámeme el coño y el culo para que él me folle de nuevo, mientras estoy saborreando su polla y veas como me folla de nuevo. Aprecia de cerca como huele mi coño de hembra excitada, anhelante de macho. Lo valioso que es un hombre de verdad, un macho. Mira como me folla, como su polla entra y sale del coño de tu mujer, como te hace cornudo.

Eres un cielo de marido. Por eso te amo, aunque te humille, cariño, pero ya sabes que eres tú el que todos los días me lo suplica al despertarme al traerme el desayuno.

Y sabes que siempre me tendrás, y yo a ti.


Fuente:
 http://sumisocornudo.tumblr.com

Mi Día de los Enamorados

Mi esposo retiró la venda de mis ojos.
Le miré.
Él pudo ver la expresión de mi cara, de mis dilatados ojos mirándole, atónita, suspirando, notando la dureza de su polla en mi cabeza, teniendo mis piernas abiertas de par en par, con mi coñito expuesto, corrido, lleno de semen caliente, notando como este rozaba la entrada de mi vagina, cayendo por el agujero de mi culo, mi corazón palpitando a mil por hora.
No podía ni creerlo, mi mente no daba procesado lo que allí había pasado, solo pude ver como mi esposo se colocaba ahora en medio de mis piernas, teniendo que cerrar mis ojos y suspirar al sentir como su glande estaba tocandome, a punto de penetrar mi vagina húmeda.

Me corrí instantáneamente al escuchar a mi esposo decirme que ahora SI estaba preparado mi coño para ser follado, me seguí corriendo notando como su falo me penetraba sabiendo los dos que su polla estaba introduciendo, restregando por las paredes de mi vagina la leche postorgásmica de otro hombre.
Nunca antes había estado con otro hombre que no fuese mi marido, PIENSA en lo que sentí en ese momento notando la dureza de la polla de mi esposo resbalando dentro de mí.
Tuve el mayor orgasmo de mi vida en ese momento, con esa sensación, con lo que el cabrón morboso de mi marido acababa de hacer.

Rebobino.
Estoy casada, 40 años, 2 hijas preciosas, virgen hasta mis 23 años, solo tuve relaciones con mi esposo, había sido educada por mi familia en una mentalidad retrógrada y casta en la que TODO era pecado o de guarros, nunca me había tocado mi coño, nunca había visto porno, nunca mis pechos de talla 110 copa E habían visto la luz y menos todavía el ser tocados, lamidos por nadie.
Hoy es el día de nuestro 17 aniversario.
Cena romántica, vestida sexy, alcohol, hotel para recordar nuestro noviazgo.
Una hora entera de Jacuzzi, besándonos apasionadamente sin prisas ya que las niñas se quedan en casa de mis padres y de mi hermana solterona mayor.
Ha sido maravilloso, he querido montarme encima de la polla de mi esposo para agradecerle la fantástica noche que ha organizado.
No me ha dejado, me ha “castigado” de igual forma como me tuvo de novios, deseando que me desvirgase, sentirlo dentro de mí durante los primeros CINCO largos meses , mojando mis braguitas cada vez que estábamos juntos, comiéndome mi coño virgen con su lengua de víbora como yo la denomino, corriéndome cada vez que su lengua recorría la raja de mi coño.
Me ha llevado a la cama, me ha puesto una venda en mis ojos, me ha dicho que deseaba que me masturbara para él. Es un cabrón morboso como siempre lo ha sido, hoy no iba a ser menos, sonreí al escuchar cómo me decía en mi oído que imaginase que estaba desnuda tomando el sol en una playa nudista, rodeada de muchos hombres pasando por delante de mí, viendo mi coño, mis pechos, sabe que ESO excita a cualquier mujer, más si nunca otro hombre me ha visto ni tocado, solo él.
Me ha excitado, quise jugar, ser mala, el alcohol de la cena y el jacuzzi  han ayudado bastante a relajarme, a sentirme bien, quiero darle este regalo a mi esposo, llevo mi dedo a mi sexo, a recorrer con él todo mi coño, esto me está poniendo cachonda perdida, en mi mente recreo la imagen que mi esposo me comenta, estar desnuda, masturbándome estando en una playa nudista siendo vista por otros hombres, joder, puedo oír el chapoteo de los flujos que mi coño ha generado, esto me pone perra, quiero joder a mi esposo, quiero que desee penetrarme ahora mismo y me clave sus 19 cms de polla gorda y depilada que tiene y que tanto me gusta sentir dentro de mí, cojo mi pecho con la otra mano, lamo con mi lengua mi pezón empitonado, esto pone perro a mi esposo, no porque lo haga, sino porque sé que en su mente recrea que otra mujer pueda lamer mis tetas alguna vez, cosa que me excita, aunque calle como una perra como la hacemos todas las mujeres.
Me olvido de todo, comienzo a apurar la paja con mi dedo, hoy está siendo bestial, me estoy masturbando a lo bestia como cuando lo hago en casa sin que mi marido esté delante, no lo estoy viendo ahora mismo por lo que me es fácil concentrarme exclusivamente en conseguir tener un fantástico orgasmo.
Todo mi cuerpo se convulsiona.
Levanto mi culo del colchón mientras me corro.
Es la ostia, llevo 4 minutos de corrida bestial, gritando, suspirando, sin importarme lo más mínimo que nuestros vecinos de hotel puedan escucharme, Dios!
Me he corrido, dejo mi dedo en la raja de mi coño, restregando la enorme cantidad de fluidos de mi coño por toda mi raja.
Intento coger aire, recuperarme del tremendo espectáculo que acabo de darle a mi esposo.
Quise ser mala, como él lo es conmigo, siguiendo su NORMA : solo me penetrará si tengo mi coño lo suficientemente lubricado.
Sonrío, le digo pícaramente que ya tengo mi coño preparado para que me penetre.
Ha funcionado, se está colocando en medio de mis piernas, mi coño sigue lubricándose sólo con notar sus fuertes manos coger mis dos piernas, sabiendo lo que ahora vendría.
Grité como una loca al notar su polla dura como el mástil de un barco tocar la rajita de mi coño recién corrida, le enseñé mis dientes mientras sentía como su polla recorría toda mi raja de arriba abajo aprovechándose de tenerla tan mojada como la tenía con mis flujos.
Sentía como su polla estaba más gorda y dura que nunca, aquello me hizo correr de nuevo, entrar en convulsión, estando abierta de piernas y con mi coño expuesto para ser penetrado por esa polla que quería que me clavase dentro.
Comenzó a hacerse una paja teniendo mi coño abierto, golpeando con la cabeza de su glande en la entrada de mi vagina, preparada para albergar esa gorda cosa, queriendo mi coño tragarse esa polla hasta el último centímetro de carne.
No fue así.
No contaba con esto.
Se corrió en mi coño, teniéndolo abierto en dos, en toda la raja de mi coño, aquello hizo que me corriese de nuevo, no hay nada que me excite más que el que mi esposo se corra en mi coño, fuera o dentro, sabe que me pone a 100 desde que de novios, en ese “calvario” que me hizo pasar durante CINCO largos meses en los que no me penetró ni me desvirgó, haciéndolo aposta, se corría en la raja de mi coño mandándome ASÍ a dormir en casa de mis padres.
Noté como retiraba la venda de mis ojos.
Su polla estaba completamente empalmada, como si no se hubiese corrido en mi coño, noté la dureza de su polla en mi cara, escuché como la puerta de la habitación se cerraba, me quedé acojonada al escuchar esto, miré a mi marido, este me sonreía, me quedé a cuadro cuando vi su cara, asintiendo con su cabeza con un SI , que había habido alguien más en la habitación, mientras me pajeaba mi coño, viéndome desnuda por completo, viendo como me corría mientras sentía la polla del que creía de mi marido en la raja de mi coño, mi mente estalló, mi coño estalló volviendo a escupir un río de flujos enorme al SABER que esa polla que había estado en medio de mi coño expuesto para ser follado había sido la de OTRO hombre.
¿Como lo supe segura?
Cogiendo fuerte los dos huevos de mi marido, notándolos llenos, cargados de semen, viendo ahora como mi esposo se colocaba en medio de mis piernas, colocando su polla en la entrada de mi vagina y sobre todo, notando su polla al entrar dentro de mí después de decirme que AHORA si mi coño estaba lubricado para ser follado.
Mi mente estalló de nuevo, no pude contener que mi propio marido tuviese su polla tan sumamente tiesa dentro de mí, resbalando, usando el semen de otro hombre como lubricante después de que este se haya hecho una paja sobre mi propio coño.
Me corrí, sintiendo cada uno de sus cms  entrando y saliendo de mí pero sobre todo, mi mente estalló para siempre al notar correrse a mi marido dentro de mí, albergando mi coño el semen de dos hombres a la vez, ESTO me mató, ESTO me transformó para siempre, lo supe en ESE instante.
No puedo con mi marido, sé que nunca podré, ESO me encanta, me excita, me vuelve loca el saber que el resto de mi vida experimentaré cosas cada vez más morbosas estando casada y no siendo al revés como pasa al todo el mundo por desgracia cayendo en la monotonía y resignadas para toda su vida por NO volver a SENTIR el roce de la piel de un DESCONOCIDO como sientes cuando sales con tu nuevo novio por primera vez.
Nos besamos, nos quedamos dormidos toda la noche, abrazados, desnudos.
Me desperté sobre las 10 de la mañana, me despertó mi esposo besándome en mis labios, dándome los buenos días, viendo su enorme sonrisa de niño malo mirándome fijamente.
Mi coño reaccionó, se mojo, me lubriqué por completo en solo un segundo, mirándolo a sus ojos, viendo su sonrisa de niño malo, al sentir como ahora, en mi culo noté la dureza y calor de una polla tocando mi retaguardia.
No quise ni mirar atrás, tenía pánico, miedo, solo podía mirar a la cara de mi esposo.
Sentí como esa polla, la polla de otro hombre, que nunca había estado con otro, ahora, se restregaba por todo mi culo lentamente, notando como su glande avanzaba hacia mi coño, miré la polla de mi esposo, empalmada por completo, apuntando al techo de la habitación.

Me besé con mi esposo como hacía tiempo que no haciamos. Un beso muy húmedo.

Eso me mató, eso hizo que me corriese mientras el glande de ese otro chico se colocaba en la entrada de mi coño, sintiéndolo, empapando su polla con mis flujos delante de mi esposo, latiendo mi corazón a mil por hora pero lo peor, viendo como mi marido asentía con su cabeza al chico, dándole permiso para que me penetrara, para que entrara dentro de mí, así lo hizo, lentamente, haciéndome SENTIR como su dura polla resbalaba por dentro de mi vagina, rozando su polla con las paredes de mi vagina, teniendo dentro de mí la polla de otro hombre que no era mi marido, DELANTE de mi marido, viéndolo mi marido, diciéndome  :
FELIZ DíA DE LOS ENAMORADOS, CARIÑO!
Me corrí, cerrando mis ojos, no pude soportar tal situación, tenía la polla de otro hombre dentro de mi coño , del de un desconocido que ni me atrevía a mirar su rostro, él no paraba de entrar y salir de mi coño, lentamente.
Tuve que apoyar mi mano en la cama, mi esposo la cogió y la puso en su polla, en su dura polla, dura como una viga, aquello fue demasiado para mí, me corrí una tras otra vez durante dos minutos, gritando, llorando de felicidad al sentir como la polla de un desconocido se corría DENTRO de mi coño, mientras notaba la polla de mi esposo en mi mano. Sentía un chorro caliente dentro de mi, mientras besaba a mi marido.

El chico retiró su polla de mi coño, pude escuchar cómo se vestía y cerraba la puerta. No quise girarme.

Así quedó el panorama:
Desnuda en la cama de un hotel, con mi coño lleno de leche de un desconocido y teniendo en mi mano la polla empalmada de mi marido.
Creo que ya estás lo suficientemente lubricada para follarte, dijo mi esposo.
Escuchar ESTO, de nuevo, me transformó.
Miré a mi marido, él pudo ver mi mirada.
Me levanté como pude, me coloqué encima de él.
Dirigí su polla a mi coño, restregué su glande empapándolo con el esperma del otro hombre que había traído y que se había corrido dentro de mi coño.
Comprendí lo que para mi marido significa el MORBO en pareja en ESE momento, los dos nos mirábamos fijamente, pensando lo MISMO, siendo UNO nuestras dos mentes, me corrí en ese momento sabiendo que estaba tocando mi coño con la polla de mi marido habiendo sido penetrada hacía unos minutos antes por otro hombre.
Cerré mis ojos
No lo pensé más.

Llega a casa...

Mi mujer me llama al trabajo para decirme que tiene una cita con otro hombre esta noche, mi estómago se agita con ansiedad cuando ella me dice que irá a cenar y de copas. 

Esto es lo que he querido durante tanto tiempo, pero ahora que está sucediendo  estoy  muy nervioso y emocionado.
 

Ella se ducha y prepara para su cita con su hombre, uno de los compañeros  de trabajo . Ropa interior atractiva, vestido atractivo que hace girar a los hombres ,  zapatos de aguja obligatorios, los labios pintados. 

Pasan las horas.  Un auto se detiene a la hora prevista, y con un aroma sexy me despido de ella muy nervioso.

Sentado en casa durante más de dos horas , con mi polla dura , tomando todo mi esfuerzo para no acariciarme mi polla hasta correrme , recibo un mensaje en el móvil, un texto de mi esposa. 


La pantalla se ilumina con las palabras : "La cena terminó , voy en dirección a su casa para abrir una botella de vino , estoy tan excitada , mis bragas están húmedas " 

Treinta minutos más tarde , el siguiente texto se presenta en , "¡Dios mío , su polla es enorme ... deseame suerte ! "




Pasan más horas.


Son las 1.30 de la noche , oigo la llave en la puerta, ella está en casa al fin. 

Entra en el dormitorio, un olor embriagador de perfume mezclado con after shave , vino y un fuerte olor a sexo la sigue. En cuestión de segundos, ella está en la cama junto a mí. Me besa y abraza. Me dice cómo ha sido. 

Cómo hacía las cosas con esa gran polla que ella nunca había visto. Mi polla está dura como una roca , con goteo de líquido preseminal y espasmos . Siento su coño, que está hinchado y rojo , y  rezuma mucha humedad.

A continuación, me dice. Mi amante me ha dicho que igual quieres lamer y chupar mi coño recién corrido cuando llegue a casa " - "¿ es eso cierto ?" me pregunta , con una sonrisa maliciosa .


No puedo negarlo, la idea me ha torturado desde hace años , y aquí está mi sexy (ahora cachonda ) esposa, con su coño recién corrido por otro macho, y me ofrece la oportunidad que he codiciado durante tanto tiempo. 

" Tiene razón ", le digo , "Deseo hacer eso " mis ojos se inclinaron por la vergüenza que ella se riera de mi situación .
 
- "Adelante ", dice ella, abriendo las piernas más amplias de lo que he visto en mi vida que hiciera antes. Me arrastro y asumo la posición , el olor acre del sexo me golpea , 

-¿estoy realmente seguro de hacer esto me pregunto .

- Chúpame y haz que me corra", dice ella .  
Extiendo mi lengua y tentativamente empujo en el coño ,  tiene un sabor cálido y ligeramente amargo. No es muy distinto de cuando lo he hecho con mi propia corrida, pero esta está más cargada de morbosidad. Me agarra la cabeza con ambas manos y empuja la cara completa en su coño humedo. Casi no puedo pero estoy extasiado lamiendo su coño repleto de semen y sus jugos , mientras mi polla está rebotando autónomamente y estoy a punto de correrme mientras sigo chupando hechizado su pegajoso coño.

Ella se corre nuevamente en un intenso orgasmo que reconoce ha sido el más morboso que ha tenido nunca.

 
-¿Querrás repetirlo?
 

- ¡Qué pregunta !






Relato traducido y adaptado de...
Fuente: http://www.literotica.com/s/wife-comes-home-full-of-cum

La infidelidad despierta mi lujuria

Mi vida conyugal era como la de la mayoría de mujeres de 40 años y con la mitad de ellos casada. Sentimentalmente todo funcionaba bien. Nuestra relación, salvando los normales altibajos, se podía calificar de excelente. Pero en los últimos meses, el tedio y la monotonía se habían instalado en nuestra cama. Eso comenzó a suscitar diferencias entre mi marido y yo. Incluso un cierto distanciamiento. Cada vez lo hacíamos con menos frecuencia. Y cada vez éramos mucho más previsibles. Era como si nos faltase la salsa, la chispa. Intentamos jugar. Intentamos variar. Pero no supimos...

El azar quiso que llegase ese fin de semana. El Carnaval era una fiesta que en mi trabajo se tomaban muy en serio. Casi todo el personal acudía a la fiesta, y cada departamento se disfrazaba de un tema. Era invierno y hacía frío, pero enseñar carne siempre nos da calor interno. En mi departamento todo son mujeres, así que me reuní con mis amigas para cenar y salir a bailar toda la noche. Pero dos acontecimientos en las vidas de dos de mis amigas cambió la noche. Laura acababa de separarse hacía un par de semanas. Por lo que no tenía muchas ganas de fiesta. Y Silvia nos anunció que llevaba dos meses con su matrimonio suspendido. Convivía con su marido en la misma casa. Pero se estaban tomando un descanso para meditar si separarse o seguir juntos. Esto, ni que decir tiene, marcó completamente la cena. No había ambiente de juerga. Exclusivamente las lamentaciones de Laura y su humor agriado. Junto con las meditaciones negativas de Silvia sobre la vida en común. Un buen caldo de cultivo para marcharme en cuanto pudiese. Porque si sales a divertirte, lo que menos te apetece es escuchar lamentos.

Por suerte o desgracia, el mal momento de nuestras dos amigas hizo que la cerveza y las copas corrieran demasiado. Yo no bebí en exceso. Pero sí me di cuenta que estaba mareada y muy animada. Lo cual jugaba en mi contra. Pues tenía muchas ganas de juerga; pero algunas de mis amigas todo lo contrario.

Un poco para dejar de escuchar lamentos me puse a bailar en la pista. Mis compañeras se habían quedado en un rincón en una mesa con dos taburetes libres y se habían apropiado de ellos, sin ningún ánimo de abandonarlos en toda la noche. Seguían hablando de los problemas matrimoniales. Seguían martirizando la noche. Por lo que decidí bailar un poco más, apurar mi copa, ir al servicio y llamar a un taxi para marcharme a casa. A fin de cuentas estaba muy animada y seguramente eso lo podría saborear bien mi marido.

Cuando salí del servicio me di de bruces con Jaime. Jaime había sido compañero mío cuando entré a trabajar allí durante unos meses; pero hacía ya un año que no nos veiamos. Me alegré mucho al verle. Porque me caía muy bien. Era divertido. Era audaz. Era cinco años más joven que yo. Y aunque no era excesivamente guapo; resultaba muy atractivo. Porque era la típica persona que sabía ser el animador de cualquier fiesta. Además Jaime siempre había tenido para mí bonitos piropos. Incluso en alguna ocasión me invitó a tomar algo o comer juntos. Propuestas que yo siempre decliné.

Después de la sorpresa inicial y los dos besos de amigos a modo de saludo que nos dimos, en pocos minutos nos pusimos al día sobre nuestras vidas. Y al pasar a la noche presente, nos dimos cuenta que ninguno de los dos estábamos pasando la mejor noche de nuestras vidas. La mía ya la conocéis. Y la de Jaime, había acudido con dos amigos a los que había perdido en algún momento y andaba buscando por el local.

Bailamos un poco. No mucho, la verdad. Así fue como acepté al fin una de sus invitaciones y nos fuimos a un local muy cercano a tomar algo los dos solos. Y disfrutamos de una copa riendo y charlando. Cuando intenté devolverle la invitación, Jaime la aceptó gustoso. Aunque me preguntó si mejor no la tomábamos en otro local.

Al salir a la calle no encontramos ninguno de nuestro agrado. Por lo que decidimos cambiar de zona. Jaime tenía cerca su coche. Fuimos al solar en que había aparcado junto a cientos de coches. Era un lugar oscuro. Nos montamos en el coche. Y no sé qué sucedió.

Estoy convencida que el alcohol tuvo toda la culpa. O al menos, gran parte de ella.
Todo sucedió muy deprisa. Jaime, sin poner en marcha el coche, se acercó a mí y me besó. Me aparté como pude. Me quedé sorprendida, sin saber qué hacer. Pero él insistió en besarme. En esta ocasión mi resistencia fue menor. Y en pocos segundos su lengua jugaba en mi boca con la mía y sus manos recorrían el interior de mis muslos, subiendo mi vestido, hasta alcanzar la fina tela de mi tanga y llegar a acariciar mi sexo.

Tuve un momento de lucidez en que aparté su mano. Él puso en marcha el coche. Pero se volvió a girar. Volvió a besarme. Su beso comenzó directamente a ser muy apasionado, rozando la lujuria. Y mi cuerpo reaccionó. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo. Apagó nuevamente el coche. Y lo hicimos allí mismo. Fue incómodo. Casi infantil. Sin llegar a desnudarnos. Simplemente desabrochando o apartando las ropas que se ponían en nuestro camino. Pero en algo me resultó fantástico. Había sido algo nuevo, diferente, fresco y para nada cotidiano. Morboso era la palabra correcta.

Había sido, ¿cómo decirlo? Un polvete rápido. No más de 15 minutos. Pero me había encantado. Y mientras Jaime conducía, sin dejar de mirarme y sonreír de modo cómplice, me iba acariciando de vez en cuando el interior de los muslos y subiendo el vestido lo suficiente como para poder ver mi tanga amarillo.

No sé si era lo que pretendía; pero consiguió volver a calentarme. Al hacérselo saber cambió de rumbo y fuimos a su casa. No llegamos a su habitación. En la misma entrada me quitó el vestido, me desabrochó el sujetador y apartó el tanga. Y contra la pared me penetró, lamiendo y besando mi cuello y labios mientras me sobaba las tetas. De allí pasamos al salón. Lo hicimos sobre el sofá. Tampoco tardamos excesivamente. Pero en esta ocasión fue mucho mejor que en el coche. Así fue cómo sin otra copa, me duché y decidí irme a mi casa. Por el camino iba aturdida. Con una sonrisa que se dibujaba en mis labios pero con la conciencia de haber engañado a mi marido.

Todo había sucedido tan deprisa que era algo temprano, comparado con otras fiestas de otros años. A penas eran las cuatro y media. Al entrar con el coche en el parking empecé a ponerme muy nerviosa. Se me había pasado el mareo de las copas. Y tomaba conciencia de lo que acababa de hacer. Sólo esperaba mostrarme lo suficientemente normal y fría con la situación para que mi marido no se diera cuenta. Por suerte le pillaría todavía dormido profundamente y si era lo suficientemente silenciosa ni se daría cuenta que me metía en la cama.

Me desnudé en el baño. Y recordé que mi pijama estaba bajo la almohada. Pasé a la habitación de puntillas y a oscuras. Pero percibí que mi marido dormía en la parte de la cama en que estaba mi pijama. Por lo que me metí en la cama como iba: sólo con el tanga amarillo. No intenté acercarme a mi marido. Pero en cuanto me había acomodado, él se dio la vuelta y me rodeó con un brazo, al tiempo que decía:

-¡Qué pronto has venido! ¿No te lo has pasando bien?
-No mucho la verdad, ya te lo contaré mañana.

Mi corazón latía acelerado. Temía que mi marido lo notase.
-¡Qué raro! -exclamó él mientras me besaba en el hombro.

Me asusté de verdad. Pero contesté con mi silencio.

-¿Ha pasado algo que deberías contarme? -preguntó con voz relajada, pero acusadora.
Parecía que mi corazón fuera a salir por la boca. Por mi cabeza rondaron mil hipótesis.

¿Qué sabría él? ¿Habría sucedido algo a mis amigas y le habrían llamado a él?

Mi silencio sólo hizo que una cascada de insinuaciones salieran por la boca de mi marido.

-¿Tienes algo que contarme? Yo creo que sí. Y tu silencio no hace más que confirmarlo. Además tu corazón te delata, estás muy acelerada. ¿Nerviosa?
¿Asustada por algo?

Tenía que echar valor y tomar la situación de frente. Debía ser lo suficientemente elocuente y resultar lo suficientemente veraz para despejar todo tipo de dudas. En ello me podría ir el matrimonio. Pero, ¿cómo hacerlo?

-Mira, cariño, es el momento para que me cuentes lo que haya pasado. -añadió él. -Sea lo que sea lo entenderé. Te aseguro que sería mucho peor una mentira que la cruda verdad.

Tenía que saber algo, estaba convencida. Pero, ¿cómo? ¿Cómo se había enterado desde casa y en tan poco tiempo?

-¿Qué piensas tú que ha pasado? -acerté a preguntar, al tiempo que me daba la vuelta y me ponía de frente a él.
-¿Francamente?
-Si, claro.
-No lo sé con exactitud. Sólo sé que algo distinto ha pasado esta noche.
-¿Algo distinto? -repetí, intentando mostrarme fría.

Y los razonamientos que mi marido me dio a continuación fueron tan evidentes, que yo misma saqué las conclusiones lógicas que cualquiera hubiera sacado en el lugar de mi marido. Me fue diciendo que normalmente, al salir con mis amigas, volvía oliendo mi pelo y mi ropa a tabaco (entonces se fumaba en los locales). Y aquella noche mi pelo no olía a tabaco. Que normalmente regresaba a casa de día o casi amaneciendo. Y que había vuelto poco más tarde de las cuatro. Que al meterme en la cama me acurrucaba en él, y entonces él podía oler un poco mi perfume. Que aquella noche no me había acurrucado, le había evitado. Pero que al acercarse a mí, había olido en mi piel un gel que nosotros no usábamos.

-Pareces un detective. -repuse yo, intentado ganar más tiempo para pensar. -¿Y a qué conclusión has llegado?
-Prefiero que me lo digas tú.

-¿Crees que te he sido infiel? ¿Piensas que he pasado la noche con otro? -me decidí a decir yo. Era mi órdago personal. Allí me lo jugaba todo.

-¿La verdad? -preguntó él acercandose más a mí, pegándose literalemente. -Creo que sí... Pero quiero que seas sincera conmigo. Te aseguro que sabré encajarlo. Sólo quiero la verdad.

Y de repente algo en mi vientre atrajo mi atención. Mi marido se había empalmado. No té su dureza contra mi ombligo directamente. Al pensar que le podía haber sido infiel, ¿se había excitado? Eso me confundió; aunque a la vez me había dado una posible vía de escape.

-¿Qué te está pasando? -dije divertida, al tiempo que metí una mano entre nosotros dos y comencé a acariciar su polla por encima de su ropa interior. -¿Te excita pensar que te haya podido ser infiel?

-Puede. -respondió él. -Sólo quiero saber la verdad. Quiero que me cuentes lo que has hecho. Que me cuentes lo que ha pasado.

Por el tacto de su polla me pareció que la tenía más gorda y dura de lo que últimamente me había ofrecido. Por lo que supuse que estaba muy excitado.

-¿Qué pasa, te excita pensar que haya podido estar con otro? ¿Te pone cachondo imaginar que he estado follando antes de venir a casa?

Al pronunciar estas palabras sentí palpitar con fuerza la verga de mi marido. La apretó contra la palma de mi mano y se la frotó soltando un leve gemido.

-Sí. -confirmó él, lanzándose a besarme apasionadamente por el cuello, al tiempo que me susurraba: -Desde hace tiempo, te imagino con otros hombres disfrutando, gimiendo y gozando del sexo. Pero al pensar hoy que podrías realmente haberme sido infiel, me he dado cuenta que es algo más que una fantasía. Por un momento me he muerto de celos; pero a la vez he sentido más excitación que en toda mi vida.

-Y si fuese verdad, ¿no te enfadarías? ¿Seguiría excitándote tanto?

-Dime que es cierto. Dime que has estado poníendome los cuernos. Dime que has estado toda la noche follando con otro. Que le has hecho una buena mamada. Dime que la tenía más grande que yo. Pero dime de una vez si es cierto o no. Dime la verdad.

Su voz sonaba lasciva, desgarradoramente sensual y fuera de sí. Aquel tono. Aquella confesión me excitó de tal manera que sentí que mi coño se empapaba subitamente, calando, literalemente mi tanga.

-Sí, cariño. -confesé al fin en un susurro junto a su oído. -Te he puesto los cuernos.

-¡Oh sí...! -gimió con satisfacción él, al tiempo que intruducía una de sus manos bajo mi tanga y frotaba acelerado mi coño empapado. -Me lo tienes que contar todo. Cuéntamelo con todos los detalles.

Y comencé a relatarle la noche desde el momento en que Jaime y yo nos encontramos.

Al poco, mi marido dejó de frotarme el coño, y con las piernas retiró la sábana que nos cubría. Se puso de rodillas a mi lado, pidiéndome que siguiera con mi relato. De un tirón arrancó rompiendo mi tanga. Lo que me llenó de pasión, de lujuria... Sin miramientos separó con sus manos mis muslos y metió su cabeza entre ellos. Me comenzó a lamer el coño como hacía mucho tiempo no lo hacía. Parecía que chupaba por notar algo nuevo en él. Era un maremoto de pasión. Yo seguía con mi relato. Mi voz ahogada por el placer... Mis caderas moviéndose al ritmo de su lengua. Sus dedos penetraban mi coño, su lengua aplastaba mi clítoris. Y una explosión de placer llenó mi cuerpo con un maravilloso y largo orgasmo. El tercero de aquella noche.

- ahhhhh, siiiii. El tercero de la noche, susurré !

Eso pareció que le encendiera todavía más, asi que me dijo que me pusiera a gatas y siguiera contándole todo. Desde detrás de mí me clavó su polla y comenzó a follarme como un loco. Entre gemido y gemido y grito de placer le intentaba narrar los acontecimientos. Él de vez en cuando me interrumpía con palabras o comentarios subidos de tono que nos iban poniendo cada vez más cachondos. Me preguntaba si Jaime la tenía grande. Si se había corrido en mi boca o en mi cuerpo. Ambos estábamos mucho más excitados de lo que yo podía recordar.

Así fue como empezó a llamarme "mi puta" . No sonaba insulto en su boca. Sino a apelativo lujurioso. Eso nos calentó aún más. Me decía que me iba a follar como lo putita que había demostrado ser.

Y me la sacó del coño y me la metió de un solo movimiento por detrás. Me hizo daño. Pues por el culo sólo me la había metido unas pocas ocasiones y siempre con mucha preparación. Pero estaba tan fuera de mí, tan abierta y excitada, que en pocos segundos el daño dejó paso a un nuevo placer. Me sentía llena, sucia, caliente, excitada como nunca. Una de sus manos frotaba diestramente mi clítoris, por lo que no tardé mucho en caer extasiada sobre la cama con un segundo e intensísimo orgasmo.

Mi marido se tumbó a mi lado y comenzamos entre ardientes besos a masturbarnos el uno al otro. Entre tanto, él me pidió que acabase con el relato de mis horas con Jaime. Unos minutos después, tras un nuevo orgasmo mío, mi marido me quitó la mano de su polla se arrodilló a mi lado y me llenó las tetas de su leche...

Ambos caímos rendidos en la cama. Abrazados. Yo con lágrimas en los ojos. Pidiendo perdón por lo que había hecho entre sollozos. Me había vuelto el arrepentimiento. Me marido me consoló dulcemente como a una niña con sus besos en las mejillas y en la frente. Me dio ánimos diciendo que no le importaba. Que me amaba. Que lo que realmente le importaba era mi amor por él. Y no que hubiera tenido una aventura sexual. Consiguió calmar mi arrepentimiento. Y se marchó al servicio.

Al volver yo había encendido la lámpara de la mesilla y pude contemplar que seguía empalmado. A modo de penitencia le dije:
-Sigues cachondo, ¿quieres que te baje eso?

Se encogió de hombros.
-¿Quieres que te haga una mamada como se la he hecho a Jaime? Expresé ya deshinibida con cara de morbosa.

Fue determinante, se tumbó en la cama. Me arrodillé entre sus piernas y comencé a hacerle una buena mamada, la mejor que supe. Y cuando intentó apartar mi boca de su polla, se lo impedí haciendo que se corriera dentro. Acto seguido, me acerqué a él y abriendo la boca le demostré que también me había tragado todo su semen.
-¿Eso has hecho con él? -me preguntó.,

-No. La única leche que yo me trago es la tuya, la de mi cornudo.

Esas palabras parecieron la firma de la paz. Dormimos como dos bebes unas cuantas horas.

Al despertar, le recordé.

- La fiesta de la empresa es anual. ¿Tendré que esperar un año a salir?

- No. Sal cuando te apetezca. Yo te esperaré aqui. Te amo.

Pausa por un gran proyecto.

He decidido publicar un libro. Una idea que me vino y que ya he encontrado el hilo conductor de una serie ee fantasias eroticas. Por eso, voy a descansar de escribir relatos (alguno publicare ya que tengo algunos casi acabados),  y me voy a dedicar a escribir el libro. Prometo a todo aquel que me ayude un ejemplar dedicado.
A medida que tenga capitulos sueltos los publicare para conocer vuestra opinion y saber si voy bien o no.
Espero os guste.

Hasta pronto.

Me he propuesto tenerlo acabado para verano del 2014.


Opinad de mi Diosa

Mi esposa me pone. Como no. Por eso quiero compartirla con vosotros. Quiero que opineis. Cuando hayan varias opiniones le dejaré ver los comentarios para ver su reacción.
También podeis incluir fotos de reacciones que os produzcan, etc.

Espero os gusten tanto como a mi.


Su trasero siempre ha sido un punto fuerte. Las miradas se van a él.

Pero que decir de sus pechos.

Y sabe vestirse sexy cuando tiene ganas. Sabe marcar sus curvas. Las minifaldas le gustan y las sabe llevar con clase.

Entrevista de trabajo

Tenía una entrevista de trabajo y los nervios apenas me dejaron dormir. Mi marido me acompañaba. Me dejaría allí y no volvería hasta la tarde, ya que nos habían avisado que la entrevista sería de varias partes y duraría todo el día. Pensé en ponerme un vestido ajustado que me hacía un poco más elegante de lo que normalmente suelo ser. 

En el trayecto a la ciudad iba con los apuntes que estudié sobre la nueva empresa. En una hora podría revisar por encima los detalles más importantes. Pregunté en recepción, pero me dijeron que tardarían unos 20 minutos en entrevistarme. Había visto una cafeteria al lado del edificio, así que les dije que volvería en 20 minutos. Cuando salí no vi a mi marido, y por el poco tiempo que disponía, pensé que era mejor no llamarle para el café. Me senté en una mesa pequeña.

A mi lado se sentó un chico más joven, alrededor de unos treinta años, atractivo y cordial. Me saludó con una sonrisa y yo le respondí, a pesar de mi mala cara tapada por el maquillaje.
Comencé a jugar con mi móvil pero mi vecino de mesa olía demasiado bien como para poder concentrarme. No podía disimular que me sentí atraída por él. Me había dedicado una sonrisa muy atractiva cuando se sentó.

Pasaron los 15 minutos. Al levantarme tuve que pasar junto a él, y  rocé mi culo contra él. Al menos, algo me llevaba. Le sonreí y le dije un fugaz adiós.

Mientras entraba en el edificio nuevamente, no paré de pensar en su olor y en lo excitada que me había sentido por un momento. Pero necesitaba concentrarme, la entrevista era importante y no podía perderme por aquello.

Al llegar a la empresa, me mandaron a una sala conjunta con otros candidatos. Me senté en una zona vacía de gente a mi alrededor, cuando para mi sorpresa, le vi aparecer. Él acudía a la misma entrevista que yo. Me miró y me sonrió. Se sentó a mi lado y de nuevo su olor – así que compañeros de nuevo- y le sonreí. Me estaba poniendo otra vez y mi mente pensaba en follar con él en cualquier despacho. Entonces nombraron mi nombre y me despedí.

Teníamos una hora para comer entre entrevista y entrevista. En el momento del descanso, le busqué entre la gente del restaurante, pero nada. Ni rastro.

Acabé de comer pronto así que pensé en salir a tomar el aire, necesitaba relajarme. Me dirigí hacia el baño para refrescarme la cara cuando oí su voz hablando por teléfono. Venía del baño de hombres. Pensé en entrar y pedirle que me montara allí mismo. Me esperé fuera hasta que colgó y abrí la puerta del baño de mujeres, haciendo tiempo hasta que me viera.

Le miré y no hizo falta pedírselo, entendió perfectamente lo que quería de él. Le cogí de la mano y le metí en el baño.

Su lengua se movía por mi boca con fuerza y notaba su erección por debajo de su pantalón. Le toqué por encima y metí mi pierna en su entrepierna, rozándome, mientras él metía su mano por debajo de mi vestido hasta llegar a mis bragas. Oímos un ruido así que me cogió del culo y me metió en uno de los wáteres, cerrando la puerta con pestillo. Yo estaba sentada en el wáter y su cintura estaba justo a la altura de mi boca. Pensé en chupársela hasta que se corriera dentro. Empecé a desabrocharle los botones de forma rápida y deseosa de meterme su polla. Le bajé los calzoncillos y le miré a los ojos mientras rozaba con mi lengua la punta. Él empezó a gemir y a acariciarme el pelo, mientras le lamía el pene arriba y abajo. Lo cogí con mis manos y empecé a masturbarle. – chúpamela otra vez- y volví a jugar con mis labios y mi lengua, metiéndomela lo más profundo que podía, mientras le tocaba el culo.

Me miró y paré. – quiero que me folles ya- y me levanté. Me quitó el vestido y empezó a lamerme los pechos por encima del sujetador mientras sus manos me bajaban las bragas. Se entretuvo con mi culo mientras yo me masturbaba con su polla, hasta que me la metió. Gemí tan fuerte que quien estuviera allí sabría la que se estaba montando, lo que aumentaba todavía más mi excitación. Él me daba con ganas mientras yo agarraba su pelo y le susurraba voy a correrme en breve. Entonces paró y se sentó en el wáter. Me coloqué encima y se la chupe antes de metérmela. Volvió a gemir y a pedirme más, yo apoyaba mis piernas contra el suelo, moviendo mis caderas despacio. Le puse las manos en mis pezones y empezó a moverlas con fuerza mientras yo aumentaba el ritmo. Su polla dura me gustaba demasiado y necesitaba sentirla lo más profundo posible.

Nos miramos con deseo. Nuestras lenguas húmedas volvían a encontrarse. Me gustaba su lengua y su polla, estaba pegando un polvo de los que hacen historia. Sus gemidos iban en aumento y yo estaba ya a punto de correrme. – voy a correrme, sigue así- y me la saqué para darme la vuelta y metérmela de nuevo. Me cogió desde atrás y movía mis caderas, mientras yo colocaba mis manos contra la puerta. – me encanta tu culo - me dijo y puso su dedos en mi clítoris.  Grité con fuerza y tuve el orgasmo mientras él seguía moviendo sus manos. Paré y me levantó de encima de él. – quiero correrme en tu boca- así que me arrodillé y empezó a masturbarse delante de mi cara. Empezó a gemir con fuerza y me la metí en la boca. Seguí chupándosela hasta que no pudo más y se corrió. La mantuve dentro un poco más mientras agarraba mi pelo y seguía gimiendo hasta que la sacó. Tragué saliva y su semen que sabía mejor de lo que imaginaba. 

Le miré y me sonrió.

Miramos los relojes. Quedaban cinco minutos para volver a la ronda de entrevistas. Nos vestimos con prisa mientras rozábamos nuestros cuerpos todavía sudorosos. Salimos fuera y nos lavamos la cara. Intentamos disimular el cansancio y el calor. Me miró a través del espejo y se dirigió hacia mi – intenta no volver a coincidir conmigo de nuevo, o no salimos de aquí- y se fue.

Cuando acabé todas las entrevistas, le envié un mensaje a mi marido que me podía venir a recoger. Quedamos en el café.  

Estaba recordando lo vivido, cuando alguien me preguntó a mis espaldas.

- ¿Interesante la entrevista?
- Si, mi amor. Muy intensa. Vamos a casa que te la explico. Le dije a mi marido.

Entonces ví que en la barra estaba el chico. Me guiñó el ojo. Yo le sonreí mientras salía a la calle.

Tres en mi mente (versión para el cornudol).

Una fantasía comunmente en los hombres, es ver y compartir a su pareja con otros hombres. Aunque muy pocas veces se lleva a la realidad. Con esta fantasía y la ayuda de la esposa, esta fantasía se podrá llevar a la práctica, sin ningún riesgo, pero sólo será real en la mente de él.

Llegué a casa y no me esperaba que viviría una experiencia tan excitante.
Tal como le había insistido muchas veces, esa noche estaba dispuesta a satisfacer y complacer mi fantasia, pero no exactamente como yo esperaba, ¿o si?

Estaba vestida tal como a mi me excitaba mas. Con un conjunto de lenceria muy sexy, donde se marcaban sus pechos, un tanga donde su culo marcaba laperfeccion, unas medias muy sexys y unos zapatos de tacón alto negros muy excitantes.

Siempre he sido muy fetichista con ciertas cosas, y sin duda, los zapatos de tacón altos son unos de ellos.

Me ordenó que me acercara a ella, y me sentara en la butaca. Encima de la mesa pude observar varios de nuestros juguetes sexuales. Cogió la venda negra para los ojos, y me la puso quitándome toda luz de mis ojos.
A continuación me ordenó que me sacara los pantalones y los calzoncillos. Queria tener mi verga a la vista.
Me ordenó que me quedara inmovil en la butaca:

- No te muevas pase lo que pase !, y disfruta de tu fantasía !!!.

Me dió un dulce beso en los labios y escuché como se alejó y me dejó solo durante unos instantes que se me hicieron eternos.

Por mi mente empezaron a pasar imagenes de todo tipo. Estaba nervioso.
No estaba seguro de lo que iba a suceder.

Al cabo de unos minutos asi a la espera, mi sexo se había relajado.
Escuché como la puerta de casa se abría, y mi mujer decía:

- Pasa, te estaba esperando.

Por mi mente me venía la idea de sacarme la venda, pero, tal como había aceptado, no lo hice.

Escuché pasos de mi mujer, y ya no estoy seguro si de alguien más,
porque mi imaginación funcionaba al máximo (y la mente es capaz de muchas cosas).
Se acercó, y oí como se sentaba en el sofá al lado de mi butaca.

- No seas tímido . Eres muy atractivo. No hables. ¿te gusta mi cuerpo?.

Preguntó a alguien que claramente no era a mi.
- mmmmm. Ya veo que si.
- No te preocupes por mi marido. Estará muy quieto y calladito. 
- A él le gusta que su mujer sea feliz, dijo claramente mirándome.
No veía nada pero lo pude intuir por su voz que me venía directamente a mi..
- Siii, tocame las tetas. ¿te gustan? Mmmmm. Si. Toma. Chupalas.
- mmmm. Si, sabes chupar muy bien. Me has puesto los pezones duros. ¿los notas?

Por mi mente pasaban mil imágenes. Estaba nervioso y excitado a la vez.
Esa sensación me recordó las primeras relaciones sexuales,
donde tienes un nerviosismo extra, que luego, se atenua con los años.
Veía (en mi mente) a mi esposa con sus tetas al aire y sus pezones
salidos al aire. Se notaba mi excitación porque mi verga estaba muy dura
y me empecé a tocar.

- Si, (escuché) , a mi marido le excita que su mujer excite a otros hombres. ¿ no lo ves?
- Le gusta verme con otras pollas. Por cierto, aún no he visto la tuya,
pero noto un bulto en los pantalones.
- mmmm. ¿Qué hay aqui? Déjame que te baje estos pantalones, y los calzoncillos.
- Espera, que me pongo de rodillas delante tuyo, para verlo mejor.

Pasaron unos segundos donde yo me imaginaba la escena.
- ¿Qué, marido mio? ¿Te excita verme asi?
Respondí un si timido, pero mi sexo demostraba claramente la respuesta.
- pues mira bien. Voy a chupar esta polla hasta el fondo.
- Mmmmm, mmmmmmm, mmmmmmmmm, mmmmmmmmmm.


En mi mente era real. Estaba viendo y escuchando sonidos de como mi mujerestaba de rodillas chupando otra polla.  
Asi estuvo un tiempo que se me hizo eterno.

- Deja que bese a mi marido. Que note el sabor de mi boca.

Note que los labios de mi mujer se juntaban con los mios. Estaban mojados.
Nos dimos un beso muy apasionado.

 Mientras nos besabamos, me preguntaba cosas como:
- ¿Te excita verme con otra polla? ¿notas como me sabe?
Mientras me decía cosas de este estilo, me interrumpió para decir...
- Uy, espera, que me quiere follar por detrás mientras nos besamos.
Ya no sé si era mi imaginación, era real, o ella lo hacía muy bien,
pero mientras nos besabamos, notaba las embestidas con un empujón de ella sobre mi.


Me decía...
- Mmmmm, me esta follando, que gusto!. Que polla mas dura. Métemela toda.
- Tócame las tetas, mientras él me folla.

Sus tetas son una delicia. Y sus pezones demostraban la excitación que tenía.
Estuvimos unos instantes asi, hasta que me ordenó...

- Túmbate en el suelo cara arriba.
Asi lo hice. Entonces escuché como decía:
- Ahora me voy a sentar con mi coño húmedo en tu boca,
para que me hagas correr de gusto.
- Quiero que chupes lo que hasta ahora estaba lleno de polla.
- Y tú, ponte delante mío y fóllame la boca. Ordenó al invitado de mi mente.Ese vocabulario me volvía loco. Estaba desinhibida y muy excitada.
Se notaba y me lo hacía disfrutar a mi.

Pude saborear aquel maravilloso coño humedecido que me puso en la boca.

Con mi lengua le daba todo el placer que podía en su punto mágico,
mientras ella gemía de gusto, y de vez en tanto soltaba ...
- Qué polla más buena y dura. Fóllame la boca. Mi boca es para chupar pollas !
- Te gusta que tu mujer sea una comedora de pollas?
- Mmmmm siiii.
- Me comeré todas las pollas que me apetezcan. Tendrás que vivir con eso. ¿Te gusta?
- Mmmmmm. Lo que tu quieras, mi amor.

Estaba tan excitado que diría que si a cualquier cosa.

No pude aguantar mucho más, asi que me corrí tal como estaba.
Tumbado boca arriba con su coño en mi boca mientras le provocaba un orgasmo a ella simultáneo. La primera vez que ella se corría en mi boca.

No me sacó la venda. Mientras se tumbaba a mi lado, me preguntó si me había gustado.
Le respondí que mucho.

Dicho esto me puso un dedo mojado de leche en mi boca.

- Toma, para que aprendas. Me encanta estar llena de leche. Saboreala como yo.
Y quizás, algún dia, deje que te llenen la boca a ti.

La calentura del tercero

Aceptaste la mano del chico y éste te arrastró fuera de la pista de baile. Comenzaste a moverte entre la gente y la oscuridad, buscándome. No me encontrabas y maldijiste en silencio la velocidad a la que te llevaban.
-Más despacio, corazón…

El chico giró y te sonrió. Y obedeció solícito. “Dios”, pensaste. ”¡Qué sonrisa!” Y sentiste cierta calentura. Pero también preocupación porque no encontrabas lo que buscabas.
“Jaime, ¿dónde te metiste…?”

Me habías pedido que te trayera una cerveza bien fría. La aclaración “bien fría” significaba “mi amor, dame tiempo que quiero que juguemos un ratito con este bombón”.
La realidad era que la palabra clave no hacía falta. Nos entendíamos a la perfección, como si nos leyéramos.

Pero bueno, no me encontrabas y el chico ya estaba llegando a los reservados. Me conocías lo suficiente como para saber que aunque no estaba previsto, no me iba a enojar si te salías un poco del plan. Jugar también era improvisar. E improvisar era algo que a ti cada vez te gustaba más. El problema era que yo no te iba a encontrar en la pista, y quizá pensaría que te podría haber pasado algo. A veces me preocupaba demasiado por esas cosas.
Buscaste tu móvil y lo pusiste en silencio. Cuando yo me preocupara en serio, te llamaría.

Por otro lado…

Sonreíste divertida. “Por otro lado –pensaste- va a ser divertido que Jaime me busque por todo el local creyendo que estoy bailando, y me encuentre en el reservado matándome con éste guapo chicarrón…”

El chico te agarró de la cintura y te apretó un poco para pasar entre una barra y un grupo de gente. Me buscaste por última vez. Dos metros más allá y estaríais fuera de mi alcance.

-¿En serio ese tipo era tu amante? ¿No es muy grande para ti?

Entraron al muy oscuro reservado, el chicarrón siempre tomándote de la cintura. Viste que había varias parejas pero de pronto te sorprendió un sillón con una sola persona.
-¿Uno solo…? –miraste bien y adivinaste mi silueta y mi forma de sentarme. Sonreíste desde tu alma y fue como si el sol te iluminara. Tenías ganas de ir corriendo a darme el mejor de tus besos, pero no podías. Volviste a sonreír. Ese beso se lo llevaría el chico lindo que habías elegido para jugar.-

Sin soltarte de la mano, lo llevaste al silloncito que estaba enfrente mío. La oscuridad era nuestro cómplice. Y la desesperación del muchacho, una ayuda inestimable.
Te cruzaste de piernas deseando que yo te espiase. Te gustaba lucirte para todos, pero te fascinaba mostrarte para mí en momentos en que yo no podía hacerte nada.

Y claro que te espiaba. Estabas delante mío y encajada en esa cortísima minifalda que recién ahora entendía por qué habías insistido en ponerte esa noche. Se me paró la verga nada más de saber que habías premeditado con tanta anticipación esa jugada. Además, recordaba qué llevabas puesto debajo de esa minifalda.
Me habías obligado a ponerte una micro tanga negra que te quedaba tremenda. Tuve que ponerme de rodillas y pedirte que subieras primero una pierna y luego la otra, y con paciencia infinita y calentura mayor, te fui subiendo la tanguita casi sin tocarte nada. No poder tocarte las noches que salíamos a jugar se estaba convirtiendo en una costumbre cada vez más excitante.

Se puso a apretar descaradamente. El chicarrón fue casi inmediatamente a tus piernas desnudas tratando de meter mano por debajo de la falda. Tú lo agarrabas también de todos lados y tratabas de acomodarte en el asiento para que metiera la mano más profundamente. Aquel ambiente nos recordaba a ambos las primeras citas, donde ibamos a locales oscuros y nos metiamos mano.  ¿Lo recuerdas?

El chicarrón comenzó a magrearte las piernas y los pechos. Sus besos eran apasionados. O calentones. Te estabas excitando pero el chico iba un poco demasiado rápido para tu gusto. Además, te preguntaste cómo lo estaría pasando yo. Aunque confiabas que bien o muy bien, siempre te fastidiaba tener que esperar a vernos después para preguntarme y estar segura. Igual, por experiencia, ya sabías que si te veía disfrutando, yo disfrutaba a la par.
Miraste por sobre el hombro de tu amante, buscándome en el silloncito de enfrente. Y me viste.

Un flash de luz dio por un segundo sobre mí y viste que tenía disimuladamente una mano sobre mi bulto, por sobre el pantalón. Eso te calentó más de lo que te habías calentado hasta ahí. Tenías ganas de hablarme, de besarme, de mimarme. Pero también tenías muchísimas ganas de que ese chico te manoseara, te besara y te usara. Para disfrute tuyo, mío y suyo. Un trio donde él no era consciente de participar. Querías todo a la vez y hubieses pagado para poder decirme: “amor, vas a tener que esperar porque ahora le toca a él…”
Deseaste que te hubiese leído el pensamiento y te zambulliste en sus brazos que te manoseaban todo el cuerpo.

Deliberadamente me ignoraste. Te dedicaste a disfrutar del juego en toda su dimensión. Sus dedos te recorrían toda pero cada vez se quedaban más bajo tu minifalda. Lo dejaste hacer. Trataste de ponerte bien para que yo pudiera ver mejor. El chicarrón comenzó a coparse con tu sexo húmedo.
Comenzó a meter un dedo y sacarlo, luego a volver a meterlo y jugar. Tu coño ya estaba totalmente empapado y comenzabas a gemir mientras os besabais con los ojos cerrados.
-Uhhh…

El primer “uhhh” casi me pone la verga en la garganta, tal la erección que me provocó. Mi boca comenzó a secarse sin remedio y tu seguías con tu hermosa melodía:
-Ahhh… Sí…

Te estabas abandonando al placer y el chicarrón lo sabía. Comenzó a mover más y más e incursionó en tu sexo sin que ofrecieras una mínima resistencia.
Cuando te apoyó un dedo en el ano pensaste inmediatamente en mí. Una ola de calentura extrema te invadió. Y le dijiste fuerte, más para mí que para él:
-Ahhh, no…

El chicarrón sonrió porque mientras le decías que no, acomodabas tu culo para que su dedo entre más fácilmente.
-No, el coño… nohhh… uhhh…
Pero te acomodabas mejor y te enterrabas el dedito un poco más.
-Sí, preciosa… -te decía él.- El culo, sí…

Yo estaba tan duro que ya había sacado la gotita de líquido pre seminal y la sentía en mi boxer. No sabía cómo acomodarme para gozar mejor del espectáculo que me daba mi caliente esposa.

-No… -insistías sin ninguna convicción. Y agregaste mirándome directamente a mí sin que él se diera cuenta:- A mi marido no le dejo… Así que no deberías…
Pero te seguías enterrando más y más el dedito. El chicarrón también aprovechaba para meterte otro dedo en el coño empapado. A veces lo sacaba y te magreaba las tetas. Te besaba todo el tiempo y en un cambio de posición lograste quedar hacia fuera del sillón, dejándolo a él adentro.

Hacía rato que querías quedar así. Los silloncitos que estaban enfrentados se separaban por muy corta distancia y era fácil estirar las piernas y buscarme. Yo lo advertí y también me estiré. En la oscuridad del local nuestros pies permanecieron unidos mientras el chicarrón te enterraba el segundo dedo en el culo y te hacía gozar de una manera absolutamente perversa y libre.
La calentura era demasiada. Le dijiste: -No aguanto más. Voy al baño y cuando vuelva, preparate.

Así que te fuiste al baño. Pero yo sabía que ya no volverías. Así que unos minutos después me levanté a buscarte a la puerta del local.
Nos íbamos en el auto a la velocidad de la luz. No hacía falta calefacción. La temperatura que llevábamos era suficiente. Yo no sabía si hablar o callarme. A veces te gustaba hablar y comentar todo, pero a veces te ponías en tu rol de reina-diosa y negabas hablar nada hasta llegar a casa.

A mitad del camino silencioso me diste una pista:
-Jaime, hoy me vas a adorar toda la noche cómo nunca en la vida…
-Sí, mi amor… -dije con la verga dura como un garrote.
-Y si te portas bien, solamente si te portás bien, vas a tener el privilegio de poder follarme…
Cruzamos la puerta del departamento y ya sabías lo que venía. Dijiste irónica:
-¿Quieres que me pegue una duchita, amor…?

Por toda respuesta tiré tu cartera y mis llaves lejos y te apoyé contra la pared. Te tomé de los muslos desnudos por la corta minifalda y me arrodillé ante ti dispuesto a adorarte y rendirte tributo.

Te levanté apenas la mini y me zambullí en tu entrepierna con hambre y devoción. Salvajemente. Como un animal. No te estaba haciendo sexo oral. Te estaba comiendo tu sexualidad y tu vitalidad de hembra. Era como comerme tu emputecimiento. A tu frivolidad y corrupción. De día adoraba con mimos todas tus virtudes, pero ahora adoraba todos tus pecados.

Me tomaste de los cabellos y levantaste la vista hacia el cielo, cerrando los ojos.
-¿Te gustó mi amor…? –me decías.- ¿Te gustó verme mientras otro me hacía de todo…?

Mi rostro se metió más dentro tuyo, si eso era posible. Y disfrutabas ese arrebato de pasión incontrolable con la satisfacción de saber que lo habías provocado todo.
-Mi amor… -me dijiste, y me apartaste levemente.

Te diste vuelta y te pusiste contra la pared, sacando el culo hacia fuera y poniendo carita de nena triste.
-El bruto ese me metió dos dedos en el culo y me hizo arder… duele…
Y sabías ya lo que venía. Y lo disfrutabas por adelantado.

La pasión animal desapareció como por arte de magia. Inclinaste tu cara hacia la pared, dándome la espalda totalmente. Yo te moví la tanguita negra hacia un costado. Con ternura te tomé las nalgas y acerqué mi rostro despacio.

Con la mayor de las dulzuras y el mejor de los cuidados traté de aliviar con mi lengua los dolorcitos que te había hecho ese bruto. Una y otra vez. Una y otra vez…
Tu me guiabas sonriendo: “así, mi amor… así…”, “más adentro, mi amor… me duele mushhhio…”
Y disfrutabas y disfrutabas… La pasión. La ternura. Los cuidados.

Terminábamos abrazados en la cama, cansados, felices. Plenos. Cada uno daba lo suyo y recibía justo lo que necesitaba del otro. Era perfecto. Mañana sería otro día. Mañana sería otro juego.

Perverso o cotidiano, no importaba. Sabías que siempre terminarías tu día dormida sobre mi pecho abrazados.

Un excitante TRIO con dos MORENOS


Delicioso trio con dos morenos y una espectacular mujer madura.