Vistas de página en total

Mi Día de los Enamorados

Mi esposo retiró la venda de mis ojos.
Le miré.
Él pudo ver la expresión de mi cara, de mis dilatados ojos mirándole, atónita, suspirando, notando la dureza de su polla en mi cabeza, teniendo mis piernas abiertas de par en par, con mi coñito expuesto, corrido, lleno de semen caliente, notando como este rozaba la entrada de mi vagina, cayendo por el agujero de mi culo, mi corazón palpitando a mil por hora.
No podía ni creerlo, mi mente no daba procesado lo que allí había pasado, solo pude ver como mi esposo se colocaba ahora en medio de mis piernas, teniendo que cerrar mis ojos y suspirar al sentir como su glande estaba tocandome, a punto de penetrar mi vagina húmeda.

Me corrí instantáneamente al escuchar a mi esposo decirme que ahora SI estaba preparado mi coño para ser follado, me seguí corriendo notando como su falo me penetraba sabiendo los dos que su polla estaba introduciendo, restregando por las paredes de mi vagina la leche postorgásmica de otro hombre.
Nunca antes había estado con otro hombre que no fuese mi marido, PIENSA en lo que sentí en ese momento notando la dureza de la polla de mi esposo resbalando dentro de mí.
Tuve el mayor orgasmo de mi vida en ese momento, con esa sensación, con lo que el cabrón morboso de mi marido acababa de hacer.

Rebobino.
Estoy casada, 40 años, 2 hijas preciosas, virgen hasta mis 23 años, solo tuve relaciones con mi esposo, había sido educada por mi familia en una mentalidad retrógrada y casta en la que TODO era pecado o de guarros, nunca me había tocado mi coño, nunca había visto porno, nunca mis pechos de talla 110 copa E habían visto la luz y menos todavía el ser tocados, lamidos por nadie.
Hoy es el día de nuestro 17 aniversario.
Cena romántica, vestida sexy, alcohol, hotel para recordar nuestro noviazgo.
Una hora entera de Jacuzzi, besándonos apasionadamente sin prisas ya que las niñas se quedan en casa de mis padres y de mi hermana solterona mayor.
Ha sido maravilloso, he querido montarme encima de la polla de mi esposo para agradecerle la fantástica noche que ha organizado.
No me ha dejado, me ha “castigado” de igual forma como me tuvo de novios, deseando que me desvirgase, sentirlo dentro de mí durante los primeros CINCO largos meses , mojando mis braguitas cada vez que estábamos juntos, comiéndome mi coño virgen con su lengua de víbora como yo la denomino, corriéndome cada vez que su lengua recorría la raja de mi coño.
Me ha llevado a la cama, me ha puesto una venda en mis ojos, me ha dicho que deseaba que me masturbara para él. Es un cabrón morboso como siempre lo ha sido, hoy no iba a ser menos, sonreí al escuchar cómo me decía en mi oído que imaginase que estaba desnuda tomando el sol en una playa nudista, rodeada de muchos hombres pasando por delante de mí, viendo mi coño, mis pechos, sabe que ESO excita a cualquier mujer, más si nunca otro hombre me ha visto ni tocado, solo él.
Me ha excitado, quise jugar, ser mala, el alcohol de la cena y el jacuzzi  han ayudado bastante a relajarme, a sentirme bien, quiero darle este regalo a mi esposo, llevo mi dedo a mi sexo, a recorrer con él todo mi coño, esto me está poniendo cachonda perdida, en mi mente recreo la imagen que mi esposo me comenta, estar desnuda, masturbándome estando en una playa nudista siendo vista por otros hombres, joder, puedo oír el chapoteo de los flujos que mi coño ha generado, esto me pone perra, quiero joder a mi esposo, quiero que desee penetrarme ahora mismo y me clave sus 19 cms de polla gorda y depilada que tiene y que tanto me gusta sentir dentro de mí, cojo mi pecho con la otra mano, lamo con mi lengua mi pezón empitonado, esto pone perro a mi esposo, no porque lo haga, sino porque sé que en su mente recrea que otra mujer pueda lamer mis tetas alguna vez, cosa que me excita, aunque calle como una perra como la hacemos todas las mujeres.
Me olvido de todo, comienzo a apurar la paja con mi dedo, hoy está siendo bestial, me estoy masturbando a lo bestia como cuando lo hago en casa sin que mi marido esté delante, no lo estoy viendo ahora mismo por lo que me es fácil concentrarme exclusivamente en conseguir tener un fantástico orgasmo.
Todo mi cuerpo se convulsiona.
Levanto mi culo del colchón mientras me corro.
Es la ostia, llevo 4 minutos de corrida bestial, gritando, suspirando, sin importarme lo más mínimo que nuestros vecinos de hotel puedan escucharme, Dios!
Me he corrido, dejo mi dedo en la raja de mi coño, restregando la enorme cantidad de fluidos de mi coño por toda mi raja.
Intento coger aire, recuperarme del tremendo espectáculo que acabo de darle a mi esposo.
Quise ser mala, como él lo es conmigo, siguiendo su NORMA : solo me penetrará si tengo mi coño lo suficientemente lubricado.
Sonrío, le digo pícaramente que ya tengo mi coño preparado para que me penetre.
Ha funcionado, se está colocando en medio de mis piernas, mi coño sigue lubricándose sólo con notar sus fuertes manos coger mis dos piernas, sabiendo lo que ahora vendría.
Grité como una loca al notar su polla dura como el mástil de un barco tocar la rajita de mi coño recién corrida, le enseñé mis dientes mientras sentía como su polla recorría toda mi raja de arriba abajo aprovechándose de tenerla tan mojada como la tenía con mis flujos.
Sentía como su polla estaba más gorda y dura que nunca, aquello me hizo correr de nuevo, entrar en convulsión, estando abierta de piernas y con mi coño expuesto para ser penetrado por esa polla que quería que me clavase dentro.
Comenzó a hacerse una paja teniendo mi coño abierto, golpeando con la cabeza de su glande en la entrada de mi vagina, preparada para albergar esa gorda cosa, queriendo mi coño tragarse esa polla hasta el último centímetro de carne.
No fue así.
No contaba con esto.
Se corrió en mi coño, teniéndolo abierto en dos, en toda la raja de mi coño, aquello hizo que me corriese de nuevo, no hay nada que me excite más que el que mi esposo se corra en mi coño, fuera o dentro, sabe que me pone a 100 desde que de novios, en ese “calvario” que me hizo pasar durante CINCO largos meses en los que no me penetró ni me desvirgó, haciéndolo aposta, se corría en la raja de mi coño mandándome ASÍ a dormir en casa de mis padres.
Noté como retiraba la venda de mis ojos.
Su polla estaba completamente empalmada, como si no se hubiese corrido en mi coño, noté la dureza de su polla en mi cara, escuché como la puerta de la habitación se cerraba, me quedé acojonada al escuchar esto, miré a mi marido, este me sonreía, me quedé a cuadro cuando vi su cara, asintiendo con su cabeza con un SI , que había habido alguien más en la habitación, mientras me pajeaba mi coño, viéndome desnuda por completo, viendo como me corría mientras sentía la polla del que creía de mi marido en la raja de mi coño, mi mente estalló, mi coño estalló volviendo a escupir un río de flujos enorme al SABER que esa polla que había estado en medio de mi coño expuesto para ser follado había sido la de OTRO hombre.
¿Como lo supe segura?
Cogiendo fuerte los dos huevos de mi marido, notándolos llenos, cargados de semen, viendo ahora como mi esposo se colocaba en medio de mis piernas, colocando su polla en la entrada de mi vagina y sobre todo, notando su polla al entrar dentro de mí después de decirme que AHORA si mi coño estaba lubricado para ser follado.
Mi mente estalló de nuevo, no pude contener que mi propio marido tuviese su polla tan sumamente tiesa dentro de mí, resbalando, usando el semen de otro hombre como lubricante después de que este se haya hecho una paja sobre mi propio coño.
Me corrí, sintiendo cada uno de sus cms  entrando y saliendo de mí pero sobre todo, mi mente estalló para siempre al notar correrse a mi marido dentro de mí, albergando mi coño el semen de dos hombres a la vez, ESTO me mató, ESTO me transformó para siempre, lo supe en ESE instante.
No puedo con mi marido, sé que nunca podré, ESO me encanta, me excita, me vuelve loca el saber que el resto de mi vida experimentaré cosas cada vez más morbosas estando casada y no siendo al revés como pasa al todo el mundo por desgracia cayendo en la monotonía y resignadas para toda su vida por NO volver a SENTIR el roce de la piel de un DESCONOCIDO como sientes cuando sales con tu nuevo novio por primera vez.
Nos besamos, nos quedamos dormidos toda la noche, abrazados, desnudos.
Me desperté sobre las 10 de la mañana, me despertó mi esposo besándome en mis labios, dándome los buenos días, viendo su enorme sonrisa de niño malo mirándome fijamente.
Mi coño reaccionó, se mojo, me lubriqué por completo en solo un segundo, mirándolo a sus ojos, viendo su sonrisa de niño malo, al sentir como ahora, en mi culo noté la dureza y calor de una polla tocando mi retaguardia.
No quise ni mirar atrás, tenía pánico, miedo, solo podía mirar a la cara de mi esposo.
Sentí como esa polla, la polla de otro hombre, que nunca había estado con otro, ahora, se restregaba por todo mi culo lentamente, notando como su glande avanzaba hacia mi coño, miré la polla de mi esposo, empalmada por completo, apuntando al techo de la habitación.

Me besé con mi esposo como hacía tiempo que no haciamos. Un beso muy húmedo.

Eso me mató, eso hizo que me corriese mientras el glande de ese otro chico se colocaba en la entrada de mi coño, sintiéndolo, empapando su polla con mis flujos delante de mi esposo, latiendo mi corazón a mil por hora pero lo peor, viendo como mi marido asentía con su cabeza al chico, dándole permiso para que me penetrara, para que entrara dentro de mí, así lo hizo, lentamente, haciéndome SENTIR como su dura polla resbalaba por dentro de mi vagina, rozando su polla con las paredes de mi vagina, teniendo dentro de mí la polla de otro hombre que no era mi marido, DELANTE de mi marido, viéndolo mi marido, diciéndome  :
FELIZ DíA DE LOS ENAMORADOS, CARIÑO!
Me corrí, cerrando mis ojos, no pude soportar tal situación, tenía la polla de otro hombre dentro de mi coño , del de un desconocido que ni me atrevía a mirar su rostro, él no paraba de entrar y salir de mi coño, lentamente.
Tuve que apoyar mi mano en la cama, mi esposo la cogió y la puso en su polla, en su dura polla, dura como una viga, aquello fue demasiado para mí, me corrí una tras otra vez durante dos minutos, gritando, llorando de felicidad al sentir como la polla de un desconocido se corría DENTRO de mi coño, mientras notaba la polla de mi esposo en mi mano. Sentía un chorro caliente dentro de mi, mientras besaba a mi marido.

El chico retiró su polla de mi coño, pude escuchar cómo se vestía y cerraba la puerta. No quise girarme.

Así quedó el panorama:
Desnuda en la cama de un hotel, con mi coño lleno de leche de un desconocido y teniendo en mi mano la polla empalmada de mi marido.
Creo que ya estás lo suficientemente lubricada para follarte, dijo mi esposo.
Escuchar ESTO, de nuevo, me transformó.
Miré a mi marido, él pudo ver mi mirada.
Me levanté como pude, me coloqué encima de él.
Dirigí su polla a mi coño, restregué su glande empapándolo con el esperma del otro hombre que había traído y que se había corrido dentro de mi coño.
Comprendí lo que para mi marido significa el MORBO en pareja en ESE momento, los dos nos mirábamos fijamente, pensando lo MISMO, siendo UNO nuestras dos mentes, me corrí en ese momento sabiendo que estaba tocando mi coño con la polla de mi marido habiendo sido penetrada hacía unos minutos antes por otro hombre.
Cerré mis ojos
No lo pensé más.

Llega a casa...

Mi mujer me llama al trabajo para decirme que tiene una cita con otro hombre esta noche, mi estómago se agita con ansiedad cuando ella me dice que irá a cenar y de copas. 

Esto es lo que he querido durante tanto tiempo, pero ahora que está sucediendo  estoy  muy nervioso y emocionado.
 

Ella se ducha y prepara para su cita con su hombre, uno de los compañeros  de trabajo . Ropa interior atractiva, vestido atractivo que hace girar a los hombres ,  zapatos de aguja obligatorios, los labios pintados. 

Pasan las horas.  Un auto se detiene a la hora prevista, y con un aroma sexy me despido de ella muy nervioso.

Sentado en casa durante más de dos horas , con mi polla dura , tomando todo mi esfuerzo para no acariciarme mi polla hasta correrme , recibo un mensaje en el móvil, un texto de mi esposa. 


La pantalla se ilumina con las palabras : "La cena terminó , voy en dirección a su casa para abrir una botella de vino , estoy tan excitada , mis bragas están húmedas " 

Treinta minutos más tarde , el siguiente texto se presenta en , "¡Dios mío , su polla es enorme ... deseame suerte ! "




Pasan más horas.


Son las 1.30 de la noche , oigo la llave en la puerta, ella está en casa al fin. 

Entra en el dormitorio, un olor embriagador de perfume mezclado con after shave , vino y un fuerte olor a sexo la sigue. En cuestión de segundos, ella está en la cama junto a mí. Me besa y abraza. Me dice cómo ha sido. 

Cómo hacía las cosas con esa gran polla que ella nunca había visto. Mi polla está dura como una roca , con goteo de líquido preseminal y espasmos . Siento su coño, que está hinchado y rojo , y  rezuma mucha humedad.

A continuación, me dice. Mi amante me ha dicho que igual quieres lamer y chupar mi coño recién corrido cuando llegue a casa " - "¿ es eso cierto ?" me pregunta , con una sonrisa maliciosa .


No puedo negarlo, la idea me ha torturado desde hace años , y aquí está mi sexy (ahora cachonda ) esposa, con su coño recién corrido por otro macho, y me ofrece la oportunidad que he codiciado durante tanto tiempo. 

" Tiene razón ", le digo , "Deseo hacer eso " mis ojos se inclinaron por la vergüenza que ella se riera de mi situación .
 
- "Adelante ", dice ella, abriendo las piernas más amplias de lo que he visto en mi vida que hiciera antes. Me arrastro y asumo la posición , el olor acre del sexo me golpea , 

-¿estoy realmente seguro de hacer esto me pregunto .

- Chúpame y haz que me corra", dice ella .  
Extiendo mi lengua y tentativamente empujo en el coño ,  tiene un sabor cálido y ligeramente amargo. No es muy distinto de cuando lo he hecho con mi propia corrida, pero esta está más cargada de morbosidad. Me agarra la cabeza con ambas manos y empuja la cara completa en su coño humedo. Casi no puedo pero estoy extasiado lamiendo su coño repleto de semen y sus jugos , mientras mi polla está rebotando autónomamente y estoy a punto de correrme mientras sigo chupando hechizado su pegajoso coño.

Ella se corre nuevamente en un intenso orgasmo que reconoce ha sido el más morboso que ha tenido nunca.

 
-¿Querrás repetirlo?
 

- ¡Qué pregunta !






Relato traducido y adaptado de...
Fuente: http://www.literotica.com/s/wife-comes-home-full-of-cum

La infidelidad despierta mi lujuria

Mi vida conyugal era como la de la mayoría de mujeres de 40 años y con la mitad de ellos casada. Sentimentalmente todo funcionaba bien. Nuestra relación, salvando los normales altibajos, se podía calificar de excelente. Pero en los últimos meses, el tedio y la monotonía se habían instalado en nuestra cama. Eso comenzó a suscitar diferencias entre mi marido y yo. Incluso un cierto distanciamiento. Cada vez lo hacíamos con menos frecuencia. Y cada vez éramos mucho más previsibles. Era como si nos faltase la salsa, la chispa. Intentamos jugar. Intentamos variar. Pero no supimos...

El azar quiso que llegase ese fin de semana. El Carnaval era una fiesta que en mi trabajo se tomaban muy en serio. Casi todo el personal acudía a la fiesta, y cada departamento se disfrazaba de un tema. Era invierno y hacía frío, pero enseñar carne siempre nos da calor interno. En mi departamento todo son mujeres, así que me reuní con mis amigas para cenar y salir a bailar toda la noche. Pero dos acontecimientos en las vidas de dos de mis amigas cambió la noche. Laura acababa de separarse hacía un par de semanas. Por lo que no tenía muchas ganas de fiesta. Y Silvia nos anunció que llevaba dos meses con su matrimonio suspendido. Convivía con su marido en la misma casa. Pero se estaban tomando un descanso para meditar si separarse o seguir juntos. Esto, ni que decir tiene, marcó completamente la cena. No había ambiente de juerga. Exclusivamente las lamentaciones de Laura y su humor agriado. Junto con las meditaciones negativas de Silvia sobre la vida en común. Un buen caldo de cultivo para marcharme en cuanto pudiese. Porque si sales a divertirte, lo que menos te apetece es escuchar lamentos.

Por suerte o desgracia, el mal momento de nuestras dos amigas hizo que la cerveza y las copas corrieran demasiado. Yo no bebí en exceso. Pero sí me di cuenta que estaba mareada y muy animada. Lo cual jugaba en mi contra. Pues tenía muchas ganas de juerga; pero algunas de mis amigas todo lo contrario.

Un poco para dejar de escuchar lamentos me puse a bailar en la pista. Mis compañeras se habían quedado en un rincón en una mesa con dos taburetes libres y se habían apropiado de ellos, sin ningún ánimo de abandonarlos en toda la noche. Seguían hablando de los problemas matrimoniales. Seguían martirizando la noche. Por lo que decidí bailar un poco más, apurar mi copa, ir al servicio y llamar a un taxi para marcharme a casa. A fin de cuentas estaba muy animada y seguramente eso lo podría saborear bien mi marido.

Cuando salí del servicio me di de bruces con Jaime. Jaime había sido compañero mío cuando entré a trabajar allí durante unos meses; pero hacía ya un año que no nos veiamos. Me alegré mucho al verle. Porque me caía muy bien. Era divertido. Era audaz. Era cinco años más joven que yo. Y aunque no era excesivamente guapo; resultaba muy atractivo. Porque era la típica persona que sabía ser el animador de cualquier fiesta. Además Jaime siempre había tenido para mí bonitos piropos. Incluso en alguna ocasión me invitó a tomar algo o comer juntos. Propuestas que yo siempre decliné.

Después de la sorpresa inicial y los dos besos de amigos a modo de saludo que nos dimos, en pocos minutos nos pusimos al día sobre nuestras vidas. Y al pasar a la noche presente, nos dimos cuenta que ninguno de los dos estábamos pasando la mejor noche de nuestras vidas. La mía ya la conocéis. Y la de Jaime, había acudido con dos amigos a los que había perdido en algún momento y andaba buscando por el local.

Bailamos un poco. No mucho, la verdad. Así fue como acepté al fin una de sus invitaciones y nos fuimos a un local muy cercano a tomar algo los dos solos. Y disfrutamos de una copa riendo y charlando. Cuando intenté devolverle la invitación, Jaime la aceptó gustoso. Aunque me preguntó si mejor no la tomábamos en otro local.

Al salir a la calle no encontramos ninguno de nuestro agrado. Por lo que decidimos cambiar de zona. Jaime tenía cerca su coche. Fuimos al solar en que había aparcado junto a cientos de coches. Era un lugar oscuro. Nos montamos en el coche. Y no sé qué sucedió.

Estoy convencida que el alcohol tuvo toda la culpa. O al menos, gran parte de ella.
Todo sucedió muy deprisa. Jaime, sin poner en marcha el coche, se acercó a mí y me besó. Me aparté como pude. Me quedé sorprendida, sin saber qué hacer. Pero él insistió en besarme. En esta ocasión mi resistencia fue menor. Y en pocos segundos su lengua jugaba en mi boca con la mía y sus manos recorrían el interior de mis muslos, subiendo mi vestido, hasta alcanzar la fina tela de mi tanga y llegar a acariciar mi sexo.

Tuve un momento de lucidez en que aparté su mano. Él puso en marcha el coche. Pero se volvió a girar. Volvió a besarme. Su beso comenzó directamente a ser muy apasionado, rozando la lujuria. Y mi cuerpo reaccionó. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo. Apagó nuevamente el coche. Y lo hicimos allí mismo. Fue incómodo. Casi infantil. Sin llegar a desnudarnos. Simplemente desabrochando o apartando las ropas que se ponían en nuestro camino. Pero en algo me resultó fantástico. Había sido algo nuevo, diferente, fresco y para nada cotidiano. Morboso era la palabra correcta.

Había sido, ¿cómo decirlo? Un polvete rápido. No más de 15 minutos. Pero me había encantado. Y mientras Jaime conducía, sin dejar de mirarme y sonreír de modo cómplice, me iba acariciando de vez en cuando el interior de los muslos y subiendo el vestido lo suficiente como para poder ver mi tanga amarillo.

No sé si era lo que pretendía; pero consiguió volver a calentarme. Al hacérselo saber cambió de rumbo y fuimos a su casa. No llegamos a su habitación. En la misma entrada me quitó el vestido, me desabrochó el sujetador y apartó el tanga. Y contra la pared me penetró, lamiendo y besando mi cuello y labios mientras me sobaba las tetas. De allí pasamos al salón. Lo hicimos sobre el sofá. Tampoco tardamos excesivamente. Pero en esta ocasión fue mucho mejor que en el coche. Así fue cómo sin otra copa, me duché y decidí irme a mi casa. Por el camino iba aturdida. Con una sonrisa que se dibujaba en mis labios pero con la conciencia de haber engañado a mi marido.

Todo había sucedido tan deprisa que era algo temprano, comparado con otras fiestas de otros años. A penas eran las cuatro y media. Al entrar con el coche en el parking empecé a ponerme muy nerviosa. Se me había pasado el mareo de las copas. Y tomaba conciencia de lo que acababa de hacer. Sólo esperaba mostrarme lo suficientemente normal y fría con la situación para que mi marido no se diera cuenta. Por suerte le pillaría todavía dormido profundamente y si era lo suficientemente silenciosa ni se daría cuenta que me metía en la cama.

Me desnudé en el baño. Y recordé que mi pijama estaba bajo la almohada. Pasé a la habitación de puntillas y a oscuras. Pero percibí que mi marido dormía en la parte de la cama en que estaba mi pijama. Por lo que me metí en la cama como iba: sólo con el tanga amarillo. No intenté acercarme a mi marido. Pero en cuanto me había acomodado, él se dio la vuelta y me rodeó con un brazo, al tiempo que decía:

-¡Qué pronto has venido! ¿No te lo has pasando bien?
-No mucho la verdad, ya te lo contaré mañana.

Mi corazón latía acelerado. Temía que mi marido lo notase.
-¡Qué raro! -exclamó él mientras me besaba en el hombro.

Me asusté de verdad. Pero contesté con mi silencio.

-¿Ha pasado algo que deberías contarme? -preguntó con voz relajada, pero acusadora.
Parecía que mi corazón fuera a salir por la boca. Por mi cabeza rondaron mil hipótesis.

¿Qué sabría él? ¿Habría sucedido algo a mis amigas y le habrían llamado a él?

Mi silencio sólo hizo que una cascada de insinuaciones salieran por la boca de mi marido.

-¿Tienes algo que contarme? Yo creo que sí. Y tu silencio no hace más que confirmarlo. Además tu corazón te delata, estás muy acelerada. ¿Nerviosa?
¿Asustada por algo?

Tenía que echar valor y tomar la situación de frente. Debía ser lo suficientemente elocuente y resultar lo suficientemente veraz para despejar todo tipo de dudas. En ello me podría ir el matrimonio. Pero, ¿cómo hacerlo?

-Mira, cariño, es el momento para que me cuentes lo que haya pasado. -añadió él. -Sea lo que sea lo entenderé. Te aseguro que sería mucho peor una mentira que la cruda verdad.

Tenía que saber algo, estaba convencida. Pero, ¿cómo? ¿Cómo se había enterado desde casa y en tan poco tiempo?

-¿Qué piensas tú que ha pasado? -acerté a preguntar, al tiempo que me daba la vuelta y me ponía de frente a él.
-¿Francamente?
-Si, claro.
-No lo sé con exactitud. Sólo sé que algo distinto ha pasado esta noche.
-¿Algo distinto? -repetí, intentando mostrarme fría.

Y los razonamientos que mi marido me dio a continuación fueron tan evidentes, que yo misma saqué las conclusiones lógicas que cualquiera hubiera sacado en el lugar de mi marido. Me fue diciendo que normalmente, al salir con mis amigas, volvía oliendo mi pelo y mi ropa a tabaco (entonces se fumaba en los locales). Y aquella noche mi pelo no olía a tabaco. Que normalmente regresaba a casa de día o casi amaneciendo. Y que había vuelto poco más tarde de las cuatro. Que al meterme en la cama me acurrucaba en él, y entonces él podía oler un poco mi perfume. Que aquella noche no me había acurrucado, le había evitado. Pero que al acercarse a mí, había olido en mi piel un gel que nosotros no usábamos.

-Pareces un detective. -repuse yo, intentado ganar más tiempo para pensar. -¿Y a qué conclusión has llegado?
-Prefiero que me lo digas tú.

-¿Crees que te he sido infiel? ¿Piensas que he pasado la noche con otro? -me decidí a decir yo. Era mi órdago personal. Allí me lo jugaba todo.

-¿La verdad? -preguntó él acercandose más a mí, pegándose literalemente. -Creo que sí... Pero quiero que seas sincera conmigo. Te aseguro que sabré encajarlo. Sólo quiero la verdad.

Y de repente algo en mi vientre atrajo mi atención. Mi marido se había empalmado. No té su dureza contra mi ombligo directamente. Al pensar que le podía haber sido infiel, ¿se había excitado? Eso me confundió; aunque a la vez me había dado una posible vía de escape.

-¿Qué te está pasando? -dije divertida, al tiempo que metí una mano entre nosotros dos y comencé a acariciar su polla por encima de su ropa interior. -¿Te excita pensar que te haya podido ser infiel?

-Puede. -respondió él. -Sólo quiero saber la verdad. Quiero que me cuentes lo que has hecho. Que me cuentes lo que ha pasado.

Por el tacto de su polla me pareció que la tenía más gorda y dura de lo que últimamente me había ofrecido. Por lo que supuse que estaba muy excitado.

-¿Qué pasa, te excita pensar que haya podido estar con otro? ¿Te pone cachondo imaginar que he estado follando antes de venir a casa?

Al pronunciar estas palabras sentí palpitar con fuerza la verga de mi marido. La apretó contra la palma de mi mano y se la frotó soltando un leve gemido.

-Sí. -confirmó él, lanzándose a besarme apasionadamente por el cuello, al tiempo que me susurraba: -Desde hace tiempo, te imagino con otros hombres disfrutando, gimiendo y gozando del sexo. Pero al pensar hoy que podrías realmente haberme sido infiel, me he dado cuenta que es algo más que una fantasía. Por un momento me he muerto de celos; pero a la vez he sentido más excitación que en toda mi vida.

-Y si fuese verdad, ¿no te enfadarías? ¿Seguiría excitándote tanto?

-Dime que es cierto. Dime que has estado poníendome los cuernos. Dime que has estado toda la noche follando con otro. Que le has hecho una buena mamada. Dime que la tenía más grande que yo. Pero dime de una vez si es cierto o no. Dime la verdad.

Su voz sonaba lasciva, desgarradoramente sensual y fuera de sí. Aquel tono. Aquella confesión me excitó de tal manera que sentí que mi coño se empapaba subitamente, calando, literalemente mi tanga.

-Sí, cariño. -confesé al fin en un susurro junto a su oído. -Te he puesto los cuernos.

-¡Oh sí...! -gimió con satisfacción él, al tiempo que intruducía una de sus manos bajo mi tanga y frotaba acelerado mi coño empapado. -Me lo tienes que contar todo. Cuéntamelo con todos los detalles.

Y comencé a relatarle la noche desde el momento en que Jaime y yo nos encontramos.

Al poco, mi marido dejó de frotarme el coño, y con las piernas retiró la sábana que nos cubría. Se puso de rodillas a mi lado, pidiéndome que siguiera con mi relato. De un tirón arrancó rompiendo mi tanga. Lo que me llenó de pasión, de lujuria... Sin miramientos separó con sus manos mis muslos y metió su cabeza entre ellos. Me comenzó a lamer el coño como hacía mucho tiempo no lo hacía. Parecía que chupaba por notar algo nuevo en él. Era un maremoto de pasión. Yo seguía con mi relato. Mi voz ahogada por el placer... Mis caderas moviéndose al ritmo de su lengua. Sus dedos penetraban mi coño, su lengua aplastaba mi clítoris. Y una explosión de placer llenó mi cuerpo con un maravilloso y largo orgasmo. El tercero de aquella noche.

- ahhhhh, siiiii. El tercero de la noche, susurré !

Eso pareció que le encendiera todavía más, asi que me dijo que me pusiera a gatas y siguiera contándole todo. Desde detrás de mí me clavó su polla y comenzó a follarme como un loco. Entre gemido y gemido y grito de placer le intentaba narrar los acontecimientos. Él de vez en cuando me interrumpía con palabras o comentarios subidos de tono que nos iban poniendo cada vez más cachondos. Me preguntaba si Jaime la tenía grande. Si se había corrido en mi boca o en mi cuerpo. Ambos estábamos mucho más excitados de lo que yo podía recordar.

Así fue como empezó a llamarme "mi puta" . No sonaba insulto en su boca. Sino a apelativo lujurioso. Eso nos calentó aún más. Me decía que me iba a follar como lo putita que había demostrado ser.

Y me la sacó del coño y me la metió de un solo movimiento por detrás. Me hizo daño. Pues por el culo sólo me la había metido unas pocas ocasiones y siempre con mucha preparación. Pero estaba tan fuera de mí, tan abierta y excitada, que en pocos segundos el daño dejó paso a un nuevo placer. Me sentía llena, sucia, caliente, excitada como nunca. Una de sus manos frotaba diestramente mi clítoris, por lo que no tardé mucho en caer extasiada sobre la cama con un segundo e intensísimo orgasmo.

Mi marido se tumbó a mi lado y comenzamos entre ardientes besos a masturbarnos el uno al otro. Entre tanto, él me pidió que acabase con el relato de mis horas con Jaime. Unos minutos después, tras un nuevo orgasmo mío, mi marido me quitó la mano de su polla se arrodilló a mi lado y me llenó las tetas de su leche...

Ambos caímos rendidos en la cama. Abrazados. Yo con lágrimas en los ojos. Pidiendo perdón por lo que había hecho entre sollozos. Me había vuelto el arrepentimiento. Me marido me consoló dulcemente como a una niña con sus besos en las mejillas y en la frente. Me dio ánimos diciendo que no le importaba. Que me amaba. Que lo que realmente le importaba era mi amor por él. Y no que hubiera tenido una aventura sexual. Consiguió calmar mi arrepentimiento. Y se marchó al servicio.

Al volver yo había encendido la lámpara de la mesilla y pude contemplar que seguía empalmado. A modo de penitencia le dije:
-Sigues cachondo, ¿quieres que te baje eso?

Se encogió de hombros.
-¿Quieres que te haga una mamada como se la he hecho a Jaime? Expresé ya deshinibida con cara de morbosa.

Fue determinante, se tumbó en la cama. Me arrodillé entre sus piernas y comencé a hacerle una buena mamada, la mejor que supe. Y cuando intentó apartar mi boca de su polla, se lo impedí haciendo que se corriera dentro. Acto seguido, me acerqué a él y abriendo la boca le demostré que también me había tragado todo su semen.
-¿Eso has hecho con él? -me preguntó.,

-No. La única leche que yo me trago es la tuya, la de mi cornudo.

Esas palabras parecieron la firma de la paz. Dormimos como dos bebes unas cuantas horas.

Al despertar, le recordé.

- La fiesta de la empresa es anual. ¿Tendré que esperar un año a salir?

- No. Sal cuando te apetezca. Yo te esperaré aqui. Te amo.

Pausa por un gran proyecto.

He decidido publicar un libro. Una idea que me vino y que ya he encontrado el hilo conductor de una serie ee fantasias eroticas. Por eso, voy a descansar de escribir relatos (alguno publicare ya que tengo algunos casi acabados),  y me voy a dedicar a escribir el libro. Prometo a todo aquel que me ayude un ejemplar dedicado.
A medida que tenga capitulos sueltos los publicare para conocer vuestra opinion y saber si voy bien o no.
Espero os guste.

Hasta pronto.

Me he propuesto tenerlo acabado para verano del 2014.


Opinad de mi Diosa

Mi esposa me pone. Como no. Por eso quiero compartirla con vosotros. Quiero que opineis. Cuando hayan varias opiniones le dejaré ver los comentarios para ver su reacción.
También podeis incluir fotos de reacciones que os produzcan, etc.

Espero os gusten tanto como a mi.


Su trasero siempre ha sido un punto fuerte. Las miradas se van a él.

Pero que decir de sus pechos.

Y sabe vestirse sexy cuando tiene ganas. Sabe marcar sus curvas. Las minifaldas le gustan y las sabe llevar con clase.

Entrevista de trabajo

Tenía una entrevista de trabajo y los nervios apenas me dejaron dormir. Mi marido me acompañaba. Me dejaría allí y no volvería hasta la tarde, ya que nos habían avisado que la entrevista sería de varias partes y duraría todo el día. Pensé en ponerme un vestido ajustado que me hacía un poco más elegante de lo que normalmente suelo ser. 

En el trayecto a la ciudad iba con los apuntes que estudié sobre la nueva empresa. En una hora podría revisar por encima los detalles más importantes. Pregunté en recepción, pero me dijeron que tardarían unos 20 minutos en entrevistarme. Había visto una cafeteria al lado del edificio, así que les dije que volvería en 20 minutos. Cuando salí no vi a mi marido, y por el poco tiempo que disponía, pensé que era mejor no llamarle para el café. Me senté en una mesa pequeña.

A mi lado se sentó un chico más joven, alrededor de unos treinta años, atractivo y cordial. Me saludó con una sonrisa y yo le respondí, a pesar de mi mala cara tapada por el maquillaje.
Comencé a jugar con mi móvil pero mi vecino de mesa olía demasiado bien como para poder concentrarme. No podía disimular que me sentí atraída por él. Me había dedicado una sonrisa muy atractiva cuando se sentó.

Pasaron los 15 minutos. Al levantarme tuve que pasar junto a él, y  rocé mi culo contra él. Al menos, algo me llevaba. Le sonreí y le dije un fugaz adiós.

Mientras entraba en el edificio nuevamente, no paré de pensar en su olor y en lo excitada que me había sentido por un momento. Pero necesitaba concentrarme, la entrevista era importante y no podía perderme por aquello.

Al llegar a la empresa, me mandaron a una sala conjunta con otros candidatos. Me senté en una zona vacía de gente a mi alrededor, cuando para mi sorpresa, le vi aparecer. Él acudía a la misma entrevista que yo. Me miró y me sonrió. Se sentó a mi lado y de nuevo su olor – así que compañeros de nuevo- y le sonreí. Me estaba poniendo otra vez y mi mente pensaba en follar con él en cualquier despacho. Entonces nombraron mi nombre y me despedí.

Teníamos una hora para comer entre entrevista y entrevista. En el momento del descanso, le busqué entre la gente del restaurante, pero nada. Ni rastro.

Acabé de comer pronto así que pensé en salir a tomar el aire, necesitaba relajarme. Me dirigí hacia el baño para refrescarme la cara cuando oí su voz hablando por teléfono. Venía del baño de hombres. Pensé en entrar y pedirle que me montara allí mismo. Me esperé fuera hasta que colgó y abrí la puerta del baño de mujeres, haciendo tiempo hasta que me viera.

Le miré y no hizo falta pedírselo, entendió perfectamente lo que quería de él. Le cogí de la mano y le metí en el baño.

Su lengua se movía por mi boca con fuerza y notaba su erección por debajo de su pantalón. Le toqué por encima y metí mi pierna en su entrepierna, rozándome, mientras él metía su mano por debajo de mi vestido hasta llegar a mis bragas. Oímos un ruido así que me cogió del culo y me metió en uno de los wáteres, cerrando la puerta con pestillo. Yo estaba sentada en el wáter y su cintura estaba justo a la altura de mi boca. Pensé en chupársela hasta que se corriera dentro. Empecé a desabrocharle los botones de forma rápida y deseosa de meterme su polla. Le bajé los calzoncillos y le miré a los ojos mientras rozaba con mi lengua la punta. Él empezó a gemir y a acariciarme el pelo, mientras le lamía el pene arriba y abajo. Lo cogí con mis manos y empecé a masturbarle. – chúpamela otra vez- y volví a jugar con mis labios y mi lengua, metiéndomela lo más profundo que podía, mientras le tocaba el culo.

Me miró y paré. – quiero que me folles ya- y me levanté. Me quitó el vestido y empezó a lamerme los pechos por encima del sujetador mientras sus manos me bajaban las bragas. Se entretuvo con mi culo mientras yo me masturbaba con su polla, hasta que me la metió. Gemí tan fuerte que quien estuviera allí sabría la que se estaba montando, lo que aumentaba todavía más mi excitación. Él me daba con ganas mientras yo agarraba su pelo y le susurraba voy a correrme en breve. Entonces paró y se sentó en el wáter. Me coloqué encima y se la chupe antes de metérmela. Volvió a gemir y a pedirme más, yo apoyaba mis piernas contra el suelo, moviendo mis caderas despacio. Le puse las manos en mis pezones y empezó a moverlas con fuerza mientras yo aumentaba el ritmo. Su polla dura me gustaba demasiado y necesitaba sentirla lo más profundo posible.

Nos miramos con deseo. Nuestras lenguas húmedas volvían a encontrarse. Me gustaba su lengua y su polla, estaba pegando un polvo de los que hacen historia. Sus gemidos iban en aumento y yo estaba ya a punto de correrme. – voy a correrme, sigue así- y me la saqué para darme la vuelta y metérmela de nuevo. Me cogió desde atrás y movía mis caderas, mientras yo colocaba mis manos contra la puerta. – me encanta tu culo - me dijo y puso su dedos en mi clítoris.  Grité con fuerza y tuve el orgasmo mientras él seguía moviendo sus manos. Paré y me levantó de encima de él. – quiero correrme en tu boca- así que me arrodillé y empezó a masturbarse delante de mi cara. Empezó a gemir con fuerza y me la metí en la boca. Seguí chupándosela hasta que no pudo más y se corrió. La mantuve dentro un poco más mientras agarraba mi pelo y seguía gimiendo hasta que la sacó. Tragué saliva y su semen que sabía mejor de lo que imaginaba. 

Le miré y me sonrió.

Miramos los relojes. Quedaban cinco minutos para volver a la ronda de entrevistas. Nos vestimos con prisa mientras rozábamos nuestros cuerpos todavía sudorosos. Salimos fuera y nos lavamos la cara. Intentamos disimular el cansancio y el calor. Me miró a través del espejo y se dirigió hacia mi – intenta no volver a coincidir conmigo de nuevo, o no salimos de aquí- y se fue.

Cuando acabé todas las entrevistas, le envié un mensaje a mi marido que me podía venir a recoger. Quedamos en el café.  

Estaba recordando lo vivido, cuando alguien me preguntó a mis espaldas.

- ¿Interesante la entrevista?
- Si, mi amor. Muy intensa. Vamos a casa que te la explico. Le dije a mi marido.

Entonces ví que en la barra estaba el chico. Me guiñó el ojo. Yo le sonreí mientras salía a la calle.

Tres en mi mente (versión para el cornudol).

Una fantasía comunmente en los hombres, es ver y compartir a su pareja con otros hombres. Aunque muy pocas veces se lleva a la realidad. Con esta fantasía y la ayuda de la esposa, esta fantasía se podrá llevar a la práctica, sin ningún riesgo, pero sólo será real en la mente de él.

Llegué a casa y no me esperaba que viviría una experiencia tan excitante.
Tal como le había insistido muchas veces, esa noche estaba dispuesta a satisfacer y complacer mi fantasia, pero no exactamente como yo esperaba, ¿o si?

Estaba vestida tal como a mi me excitaba mas. Con un conjunto de lenceria muy sexy, donde se marcaban sus pechos, un tanga donde su culo marcaba laperfeccion, unas medias muy sexys y unos zapatos de tacón alto negros muy excitantes.

Siempre he sido muy fetichista con ciertas cosas, y sin duda, los zapatos de tacón altos son unos de ellos.

Me ordenó que me acercara a ella, y me sentara en la butaca. Encima de la mesa pude observar varios de nuestros juguetes sexuales. Cogió la venda negra para los ojos, y me la puso quitándome toda luz de mis ojos.
A continuación me ordenó que me sacara los pantalones y los calzoncillos. Queria tener mi verga a la vista.
Me ordenó que me quedara inmovil en la butaca:

- No te muevas pase lo que pase !, y disfruta de tu fantasía !!!.

Me dió un dulce beso en los labios y escuché como se alejó y me dejó solo durante unos instantes que se me hicieron eternos.

Por mi mente empezaron a pasar imagenes de todo tipo. Estaba nervioso.
No estaba seguro de lo que iba a suceder.

Al cabo de unos minutos asi a la espera, mi sexo se había relajado.
Escuché como la puerta de casa se abría, y mi mujer decía:

- Pasa, te estaba esperando.

Por mi mente me venía la idea de sacarme la venda, pero, tal como había aceptado, no lo hice.

Escuché pasos de mi mujer, y ya no estoy seguro si de alguien más,
porque mi imaginación funcionaba al máximo (y la mente es capaz de muchas cosas).
Se acercó, y oí como se sentaba en el sofá al lado de mi butaca.

- No seas tímido . Eres muy atractivo. No hables. ¿te gusta mi cuerpo?.

Preguntó a alguien que claramente no era a mi.
- mmmmm. Ya veo que si.
- No te preocupes por mi marido. Estará muy quieto y calladito. 
- A él le gusta que su mujer sea feliz, dijo claramente mirándome.
No veía nada pero lo pude intuir por su voz que me venía directamente a mi..
- Siii, tocame las tetas. ¿te gustan? Mmmmm. Si. Toma. Chupalas.
- mmmm. Si, sabes chupar muy bien. Me has puesto los pezones duros. ¿los notas?

Por mi mente pasaban mil imágenes. Estaba nervioso y excitado a la vez.
Esa sensación me recordó las primeras relaciones sexuales,
donde tienes un nerviosismo extra, que luego, se atenua con los años.
Veía (en mi mente) a mi esposa con sus tetas al aire y sus pezones
salidos al aire. Se notaba mi excitación porque mi verga estaba muy dura
y me empecé a tocar.

- Si, (escuché) , a mi marido le excita que su mujer excite a otros hombres. ¿ no lo ves?
- Le gusta verme con otras pollas. Por cierto, aún no he visto la tuya,
pero noto un bulto en los pantalones.
- mmmm. ¿Qué hay aqui? Déjame que te baje estos pantalones, y los calzoncillos.
- Espera, que me pongo de rodillas delante tuyo, para verlo mejor.

Pasaron unos segundos donde yo me imaginaba la escena.
- ¿Qué, marido mio? ¿Te excita verme asi?
Respondí un si timido, pero mi sexo demostraba claramente la respuesta.
- pues mira bien. Voy a chupar esta polla hasta el fondo.
- Mmmmm, mmmmmmm, mmmmmmmmm, mmmmmmmmmm.


En mi mente era real. Estaba viendo y escuchando sonidos de como mi mujerestaba de rodillas chupando otra polla.  
Asi estuvo un tiempo que se me hizo eterno.

- Deja que bese a mi marido. Que note el sabor de mi boca.

Note que los labios de mi mujer se juntaban con los mios. Estaban mojados.
Nos dimos un beso muy apasionado.

 Mientras nos besabamos, me preguntaba cosas como:
- ¿Te excita verme con otra polla? ¿notas como me sabe?
Mientras me decía cosas de este estilo, me interrumpió para decir...
- Uy, espera, que me quiere follar por detrás mientras nos besamos.
Ya no sé si era mi imaginación, era real, o ella lo hacía muy bien,
pero mientras nos besabamos, notaba las embestidas con un empujón de ella sobre mi.


Me decía...
- Mmmmm, me esta follando, que gusto!. Que polla mas dura. Métemela toda.
- Tócame las tetas, mientras él me folla.

Sus tetas son una delicia. Y sus pezones demostraban la excitación que tenía.
Estuvimos unos instantes asi, hasta que me ordenó...

- Túmbate en el suelo cara arriba.
Asi lo hice. Entonces escuché como decía:
- Ahora me voy a sentar con mi coño húmedo en tu boca,
para que me hagas correr de gusto.
- Quiero que chupes lo que hasta ahora estaba lleno de polla.
- Y tú, ponte delante mío y fóllame la boca. Ordenó al invitado de mi mente.Ese vocabulario me volvía loco. Estaba desinhibida y muy excitada.
Se notaba y me lo hacía disfrutar a mi.

Pude saborear aquel maravilloso coño humedecido que me puso en la boca.

Con mi lengua le daba todo el placer que podía en su punto mágico,
mientras ella gemía de gusto, y de vez en tanto soltaba ...
- Qué polla más buena y dura. Fóllame la boca. Mi boca es para chupar pollas !
- Te gusta que tu mujer sea una comedora de pollas?
- Mmmmm siiii.
- Me comeré todas las pollas que me apetezcan. Tendrás que vivir con eso. ¿Te gusta?
- Mmmmmm. Lo que tu quieras, mi amor.

Estaba tan excitado que diría que si a cualquier cosa.

No pude aguantar mucho más, asi que me corrí tal como estaba.
Tumbado boca arriba con su coño en mi boca mientras le provocaba un orgasmo a ella simultáneo. La primera vez que ella se corría en mi boca.

No me sacó la venda. Mientras se tumbaba a mi lado, me preguntó si me había gustado.
Le respondí que mucho.

Dicho esto me puso un dedo mojado de leche en mi boca.

- Toma, para que aprendas. Me encanta estar llena de leche. Saboreala como yo.
Y quizás, algún dia, deje que te llenen la boca a ti.

La calentura del tercero

Aceptaste la mano del chico y éste te arrastró fuera de la pista de baile. Comenzaste a moverte entre la gente y la oscuridad, buscándome. No me encontrabas y maldijiste en silencio la velocidad a la que te llevaban.
-Más despacio, corazón…

El chico giró y te sonrió. Y obedeció solícito. “Dios”, pensaste. ”¡Qué sonrisa!” Y sentiste cierta calentura. Pero también preocupación porque no encontrabas lo que buscabas.
“Jaime, ¿dónde te metiste…?”

Me habías pedido que te trayera una cerveza bien fría. La aclaración “bien fría” significaba “mi amor, dame tiempo que quiero que juguemos un ratito con este bombón”.
La realidad era que la palabra clave no hacía falta. Nos entendíamos a la perfección, como si nos leyéramos.

Pero bueno, no me encontrabas y el chico ya estaba llegando a los reservados. Me conocías lo suficiente como para saber que aunque no estaba previsto, no me iba a enojar si te salías un poco del plan. Jugar también era improvisar. E improvisar era algo que a ti cada vez te gustaba más. El problema era que yo no te iba a encontrar en la pista, y quizá pensaría que te podría haber pasado algo. A veces me preocupaba demasiado por esas cosas.
Buscaste tu móvil y lo pusiste en silencio. Cuando yo me preocupara en serio, te llamaría.

Por otro lado…

Sonreíste divertida. “Por otro lado –pensaste- va a ser divertido que Jaime me busque por todo el local creyendo que estoy bailando, y me encuentre en el reservado matándome con éste guapo chicarrón…”

El chico te agarró de la cintura y te apretó un poco para pasar entre una barra y un grupo de gente. Me buscaste por última vez. Dos metros más allá y estaríais fuera de mi alcance.

-¿En serio ese tipo era tu amante? ¿No es muy grande para ti?

Entraron al muy oscuro reservado, el chicarrón siempre tomándote de la cintura. Viste que había varias parejas pero de pronto te sorprendió un sillón con una sola persona.
-¿Uno solo…? –miraste bien y adivinaste mi silueta y mi forma de sentarme. Sonreíste desde tu alma y fue como si el sol te iluminara. Tenías ganas de ir corriendo a darme el mejor de tus besos, pero no podías. Volviste a sonreír. Ese beso se lo llevaría el chico lindo que habías elegido para jugar.-

Sin soltarte de la mano, lo llevaste al silloncito que estaba enfrente mío. La oscuridad era nuestro cómplice. Y la desesperación del muchacho, una ayuda inestimable.
Te cruzaste de piernas deseando que yo te espiase. Te gustaba lucirte para todos, pero te fascinaba mostrarte para mí en momentos en que yo no podía hacerte nada.

Y claro que te espiaba. Estabas delante mío y encajada en esa cortísima minifalda que recién ahora entendía por qué habías insistido en ponerte esa noche. Se me paró la verga nada más de saber que habías premeditado con tanta anticipación esa jugada. Además, recordaba qué llevabas puesto debajo de esa minifalda.
Me habías obligado a ponerte una micro tanga negra que te quedaba tremenda. Tuve que ponerme de rodillas y pedirte que subieras primero una pierna y luego la otra, y con paciencia infinita y calentura mayor, te fui subiendo la tanguita casi sin tocarte nada. No poder tocarte las noches que salíamos a jugar se estaba convirtiendo en una costumbre cada vez más excitante.

Se puso a apretar descaradamente. El chicarrón fue casi inmediatamente a tus piernas desnudas tratando de meter mano por debajo de la falda. Tú lo agarrabas también de todos lados y tratabas de acomodarte en el asiento para que metiera la mano más profundamente. Aquel ambiente nos recordaba a ambos las primeras citas, donde ibamos a locales oscuros y nos metiamos mano.  ¿Lo recuerdas?

El chicarrón comenzó a magrearte las piernas y los pechos. Sus besos eran apasionados. O calentones. Te estabas excitando pero el chico iba un poco demasiado rápido para tu gusto. Además, te preguntaste cómo lo estaría pasando yo. Aunque confiabas que bien o muy bien, siempre te fastidiaba tener que esperar a vernos después para preguntarme y estar segura. Igual, por experiencia, ya sabías que si te veía disfrutando, yo disfrutaba a la par.
Miraste por sobre el hombro de tu amante, buscándome en el silloncito de enfrente. Y me viste.

Un flash de luz dio por un segundo sobre mí y viste que tenía disimuladamente una mano sobre mi bulto, por sobre el pantalón. Eso te calentó más de lo que te habías calentado hasta ahí. Tenías ganas de hablarme, de besarme, de mimarme. Pero también tenías muchísimas ganas de que ese chico te manoseara, te besara y te usara. Para disfrute tuyo, mío y suyo. Un trio donde él no era consciente de participar. Querías todo a la vez y hubieses pagado para poder decirme: “amor, vas a tener que esperar porque ahora le toca a él…”
Deseaste que te hubiese leído el pensamiento y te zambulliste en sus brazos que te manoseaban todo el cuerpo.

Deliberadamente me ignoraste. Te dedicaste a disfrutar del juego en toda su dimensión. Sus dedos te recorrían toda pero cada vez se quedaban más bajo tu minifalda. Lo dejaste hacer. Trataste de ponerte bien para que yo pudiera ver mejor. El chicarrón comenzó a coparse con tu sexo húmedo.
Comenzó a meter un dedo y sacarlo, luego a volver a meterlo y jugar. Tu coño ya estaba totalmente empapado y comenzabas a gemir mientras os besabais con los ojos cerrados.
-Uhhh…

El primer “uhhh” casi me pone la verga en la garganta, tal la erección que me provocó. Mi boca comenzó a secarse sin remedio y tu seguías con tu hermosa melodía:
-Ahhh… Sí…

Te estabas abandonando al placer y el chicarrón lo sabía. Comenzó a mover más y más e incursionó en tu sexo sin que ofrecieras una mínima resistencia.
Cuando te apoyó un dedo en el ano pensaste inmediatamente en mí. Una ola de calentura extrema te invadió. Y le dijiste fuerte, más para mí que para él:
-Ahhh, no…

El chicarrón sonrió porque mientras le decías que no, acomodabas tu culo para que su dedo entre más fácilmente.
-No, el coño… nohhh… uhhh…
Pero te acomodabas mejor y te enterrabas el dedito un poco más.
-Sí, preciosa… -te decía él.- El culo, sí…

Yo estaba tan duro que ya había sacado la gotita de líquido pre seminal y la sentía en mi boxer. No sabía cómo acomodarme para gozar mejor del espectáculo que me daba mi caliente esposa.

-No… -insistías sin ninguna convicción. Y agregaste mirándome directamente a mí sin que él se diera cuenta:- A mi marido no le dejo… Así que no deberías…
Pero te seguías enterrando más y más el dedito. El chicarrón también aprovechaba para meterte otro dedo en el coño empapado. A veces lo sacaba y te magreaba las tetas. Te besaba todo el tiempo y en un cambio de posición lograste quedar hacia fuera del sillón, dejándolo a él adentro.

Hacía rato que querías quedar así. Los silloncitos que estaban enfrentados se separaban por muy corta distancia y era fácil estirar las piernas y buscarme. Yo lo advertí y también me estiré. En la oscuridad del local nuestros pies permanecieron unidos mientras el chicarrón te enterraba el segundo dedo en el culo y te hacía gozar de una manera absolutamente perversa y libre.
La calentura era demasiada. Le dijiste: -No aguanto más. Voy al baño y cuando vuelva, preparate.

Así que te fuiste al baño. Pero yo sabía que ya no volverías. Así que unos minutos después me levanté a buscarte a la puerta del local.
Nos íbamos en el auto a la velocidad de la luz. No hacía falta calefacción. La temperatura que llevábamos era suficiente. Yo no sabía si hablar o callarme. A veces te gustaba hablar y comentar todo, pero a veces te ponías en tu rol de reina-diosa y negabas hablar nada hasta llegar a casa.

A mitad del camino silencioso me diste una pista:
-Jaime, hoy me vas a adorar toda la noche cómo nunca en la vida…
-Sí, mi amor… -dije con la verga dura como un garrote.
-Y si te portas bien, solamente si te portás bien, vas a tener el privilegio de poder follarme…
Cruzamos la puerta del departamento y ya sabías lo que venía. Dijiste irónica:
-¿Quieres que me pegue una duchita, amor…?

Por toda respuesta tiré tu cartera y mis llaves lejos y te apoyé contra la pared. Te tomé de los muslos desnudos por la corta minifalda y me arrodillé ante ti dispuesto a adorarte y rendirte tributo.

Te levanté apenas la mini y me zambullí en tu entrepierna con hambre y devoción. Salvajemente. Como un animal. No te estaba haciendo sexo oral. Te estaba comiendo tu sexualidad y tu vitalidad de hembra. Era como comerme tu emputecimiento. A tu frivolidad y corrupción. De día adoraba con mimos todas tus virtudes, pero ahora adoraba todos tus pecados.

Me tomaste de los cabellos y levantaste la vista hacia el cielo, cerrando los ojos.
-¿Te gustó mi amor…? –me decías.- ¿Te gustó verme mientras otro me hacía de todo…?

Mi rostro se metió más dentro tuyo, si eso era posible. Y disfrutabas ese arrebato de pasión incontrolable con la satisfacción de saber que lo habías provocado todo.
-Mi amor… -me dijiste, y me apartaste levemente.

Te diste vuelta y te pusiste contra la pared, sacando el culo hacia fuera y poniendo carita de nena triste.
-El bruto ese me metió dos dedos en el culo y me hizo arder… duele…
Y sabías ya lo que venía. Y lo disfrutabas por adelantado.

La pasión animal desapareció como por arte de magia. Inclinaste tu cara hacia la pared, dándome la espalda totalmente. Yo te moví la tanguita negra hacia un costado. Con ternura te tomé las nalgas y acerqué mi rostro despacio.

Con la mayor de las dulzuras y el mejor de los cuidados traté de aliviar con mi lengua los dolorcitos que te había hecho ese bruto. Una y otra vez. Una y otra vez…
Tu me guiabas sonriendo: “así, mi amor… así…”, “más adentro, mi amor… me duele mushhhio…”
Y disfrutabas y disfrutabas… La pasión. La ternura. Los cuidados.

Terminábamos abrazados en la cama, cansados, felices. Plenos. Cada uno daba lo suyo y recibía justo lo que necesitaba del otro. Era perfecto. Mañana sería otro día. Mañana sería otro juego.

Perverso o cotidiano, no importaba. Sabías que siempre terminarías tu día dormida sobre mi pecho abrazados.

Un excitante TRIO con dos MORENOS


Delicioso trio con dos morenos y una espectacular mujer madura.

10.000 Visitas !!!

Gracias a todos/as.

Soy consciente que este blog, que nació de manera privada para compartir entre mi mujer y yo, ha ido creciendo. No son muchos los comentarios que recibo en él, pero si los comentarios de apoyo y reconocimiento.

Y ya son 6 años. Una característica que veo de la mayoría de blogs de este tipo es que duran unos dos o tres años y son abandonados o cerrados por sus creadores.

No está en mi mente cerrar este por el momento, asi que a disfrutar, que hay cuerda para rato.


Vaya regalo de Cumpleaños

Ella estaba impaciente.

Dentro de una semana él cumpliría su cumpleaños. Su matrimonio había perdido la chispa que tanto habían tenido. Eran muchos los matrimonios que llevando igual cantidad de tiempo se desmoronaban, por eso estaba decidida a hacer hasta lo imposible para que a ellos no les sucediera lo mismo. Haciendo una lista mental con todas las cosas que debían mejorarse en su matrimonio, llegó a la conclusión de que la más urgente era la parte sexual. Cada vez le dedicaban menos tiempo a los preliminares, ya nunca se disfrazaban y hacían juegos de rol ni lo hacían a cualquier hora y en cualquier lugar de la casa.

Es cierto que teniendo hijos la cosa cambia, que los tiempos ya no son los mismos, y que no se puede tener sexo en la mesa de la cocina si los niños están por levantarse a desayunar,

Pero ¡vamos! Que hay muchísimas alternativas y no hay por qué dejarse estancar. A esa conclusión llegó Cristina, y se puso a maquinar montones de ideas para tener una gran noche de placer el día de su cumpleaños. Tenía que ser una idea realmente magnífica, que lograra reavivar la pasión. Pensaba y descartaba ideas continuamente hasta que se dio cuenta de algo.

Sólo necesitaba hacer memoria. Es que Jaime, su marido, antes siempre le contaba los sueños húmedos que tenía, o con lo que fantaseaba, Entonces solo era cuestión de rememorar alguna de esas fantasías que nunca se hubiesen realizado, y cumplirla. Su cabeza no paraba. Jaime había sido tan caliente que siempre estaba contándole alguna de sus fantasías a Cristina para hacerla mojar. Pero ahora que recordaba todo desde cierta distancia, se dio cuenta de que había una fantasía que, salvo por algunos detalles, Jaime siempre mantenía: hacer un trío, o verla a ella con otro.

Era algo muy fuerte, pero si lo soñaba tanto, era porque lo quería ¿o no?

Cristina se dio cuenta de que todo el tiempo había tenido frente a sus narices la solución, la vuelta de tuerca que le faltaba a su vida sexual. Él le había enviado incontables señales, y ella como una tonta no las había sabido leer. Definitivamente, tantos años de paciencia y de espera tenían que tener una buena recompensa. ¡Lo iba a volver loco, y de paso, ella iba a vivir una fantasía que también tenía, pero no había compartido con nadie!

Mientras Cristina juntaba coraje para pensar en un tercero, ocupaba su tiempo poniéndose a tono. Fue a un centro de estética a que la depilaran bien. A ella no le gustaba afeitarse, porque la piel quedaba áspera, así que siempre depilaba con cera sus piernas, y los bordes de su sexo. Sin embargo esta vez hizo algo distinto. En lugar de dejar su sexo con un prolijo triangulito de vello, lo quitó completamente quedando suavecita y peladita como una bebé.

A la depilación le siguieron manicura, pedicura y por supuesto compra de lencería. Medias negras a mitad de muslo, con una línea roja recorriendo desde su talón hasta el borde superior de la media. Coulotte de gasa también negro, formado por diminutos voladitos y que dejaba traslucir su nueva sexo pelado. Usaría un corsé que su marido le había regalado pero aún no había estrenado. Ya no lo podía dilatar más.

Tenía que hablar con el tercero. Por su mente habían pasado varios hombres: un compañero de trabajo, un amigo de ambos, etc.  Como proposiciones no le habían faltado a ella, porque muchos hombres le tiraban indirectas, tres días antes del día D, Cristina le hizo una propuesta un poco indirecta a Martin. Éste era soltero y atractivo. Pero no sabía como reaccionaría, y sobre todo, tenía miedo de lo que podría pensar él. Se lo hizo venir bien para dejarle saber que a su marido le encantaría de regalo de cumpleaños hacer un trío y verla con otro. Le dijo que creía que su marido estaba loco, pero cuando vió que él le contestaba que no era ninguna locura, y que él medio en broma, aceptaría de buen grado su invitación. 


La propuesta estaba hecha muy discretamente, y cuando vió que sus ojos parecían que se iban a salir de sus órbitas, y su pene del pantalón, que pudo observar con disimulo, como sólo saben hacer las mujeres, ya lo tenía claro. Tenía el candidato.  

Cristina se justificó en que sólo faltaban 3 días y no conocía a nadie más que le gustara. Martin entendió el ofrecimiento y el piropo, y le dijo que no se preocupara. Él ocuparía ese lugar con mucho placer. Fué tan decidido que hasta le dijo que no se preocupara, que él reservaría una habitación de hotel en la ciudad.

Llegó el día, o mejor dicho la noche de su aniversario. Jaime había pasado el día trabajando, y no había recibido su regalo.

Cristina le envió un mensaje al móvil:
"AMOR, HOY ES TU CUMPLEAÑOS, LÁVATE BIEN Y VE A LA HABITACIÓN 169 del HOTEL CONTINENTAL. TE HE DEJADO LA LLAVE EN EL BAÑO. CUANDO LLEGUES A LA HABITACIÓN, DESNÚDATE, Y ESPÉRAME. TENEMOS MUCHO QUE CELEBRAR. AVíSAME CUANDO ESTÉS PREPARADO. FELICIDADES. TE AMO"  

Le había entrado esa excitación que tanto le gustaba de pensar que le estaría esperando. No tardó ni 5 minutos en salir para el hotel. Ni lento ni perezoso Jaime siguió las indicaciones de su esposa y se dió una buena ducha. Cuando salió de la ducha, envió un mensaje a su mujer diciendo que estaba preparado, y se puso a leer un poco para distraer su excitación evidente. No tenían muchas oportunidades de estar solos, y estaba contento porque su mujer había pensado en una, y hasta había reservado un hotel, pensó él.

Pero nunca, nunca, jamás pensó en encontrar lo que vio cuando abrió, tras oir una sutil llamada, la puerta de su habitación.

Jaime abrió la puerta desnudo y muy nervioso.

Su esposa vestida de manera infartante con unas botas de tacón muy altas, estaba frente a él con tres botellas de cerveza en la mano. Pronunció un

- FELIZ CUMPLEAÑOS, MI AMOR !!!

Ella dió un paso al interior y le besó. Él tenía alguna duda en su mente, y lo único que supo decir es:
- 3 cervezas, ¿mi amor?

-Sí, respondió ella. Una para cada uno. Dicho esto de un lado de la puerta apareció un hombre. Cristina le dió la mano. Te presento a Martin. 

Jaime por un momento se quedó allí de pié desnudo de piedra y mudo, ya que había pensado que su mujer nunca aceptaría la fantasía de compartirla con otro, pero estaba claro es que ese hombre estaba ahí y la oportunidad era real. Por un momento no sabía que hacer, y el nerviosismo era evidente. Pero Cristina entrando léntamente y apretándose contra su cuerpo desnudo le susurró muy lentamente en la oreja que solo estaba cumpliendo su fantasía. Y aunque su mente no acababa de procesar lo que estaba sucediendo, su cuerpo lo hizo rápidamente, agolpándose la sangre entre sus piernas.

Cristina al sentir contra su vientre la verga dura de su marido esbozó una sonrisa como la de un gato relamiéndose, y apretando su mástil con una mano lo besó con pasión, a la vez que cogiéndole el mastil, le llevó al interior. Jaime notó que el aroma de sus esposa era de haber bebido alguna copa. 

Cuando llegaron al interior, los labios de Jaime se abrieron para responder a los de su esposa, sus manos apretaron ese culo que tanto le gustaba. Estaban tan perdidos en su abrazo que no notaron que Martín se acercaba por detrás de ella. Era más que evidente que Jaime no lo rechazaba, así que no había más que hablar. Cuando llegó a donde estaba la pareja se pegó a la espalda de Cristina y besó su nuca. Jaime jadeó al sentir el contacto del cuerpo de su amigo contra sus manos, que seguían en el culo de Cristina.

En ese momento fue consciente de lo que estaba haciendo, que estaba compartiendo a su esposa con otro hombre.

Martín acarició las tetas de Cristina, rozando sus pezones por encima de la tela del vestido ajustado que se había puesto. Su boca se trasladó desde la nuca hasta el lóbulo de la oreja derecha de ella. Tantas sensaciones juntas en el cuerpo de Cristina, la hicieron jadear y contonearse.

Jaime se alejó un instante para observar a su mujer en brazos de ese desconocido hasta ese momento y al ver las manos de éste rozando los pezones de ella, decidió que ya era hora de que pudiera tocar piel en lugar de la gasa de la ropa interior. Le desabrochó la cremallera trasera del vestido, y Martín desde atrás lo desprendió. Era su primer movimiento conjunto. 


Después bajó el coulotte y al ver a su esposa totalmente depilada, ya no pudo apartar la vista de tremendo espectáculo. Se agachó y desde abajo miró a Cristina hundiendo su lengua entre sus piernas. Cristina jadeó. 
Martín le pellizcó los pezones a Cristina mientras le sacaba el vestido, quedando únicamente solo con sus zapatos de tacón y medias.

Estuvieron unos instantes así. Cristina mientras tanto con una prodigiosa habilidad había desabrochado los pantalones de Martin, y los había bajado. Le agarraba la dura verga mientras seguían en un beso profundo.

Cristina se puso muy lentamente de rodillas enfrente de ese miembro. Miró a su marido enseñándole el miembro que tenía en la mano, y dejándole entrever lo que iba a hacer.
Cristina se giró para ver de frente a Martin, y ofrecer su culo a su marido. Ella besó apasionadamente a Martin mientras su marido hundia su boca en el precioso culo de Cristina.


Empezó a deslizar suavemente la lengua por el tronco, pero cuando sintió la boca de su marido contra su trasero húmedo abrió completamente su boca y engulló la verga que tenía delante. Martín estaba muriendo de placer, Cristina chupaba verga como si su vida dependiera de ello, succionaba su tronco, chupaba sus pelotas, las amasaba y meneaba su culo para pegarlo más a la cara de su marido. Jaime nunca había probado a su mujer así, sin la barrera del escaso vello que siempre se dejaba. Estaba fuera de sí, chupaba su clítoris, hundía la lengua en el coño empapado por el placer, sentía los ruidos que hacía su mujer al chupar la verga de otro hombre y solo deseaba devorarla más, darle todo lo que  ella necesitaba.  

Cristina jamás en su vida había hecho algo así, y las sensaciones eran tan intensas que no sabía cómo lo había evitado  durante tanto tiempo. La boca de Jaime trabajaba tan bien su coño que en poco tiempo empezó a llegar a su límite. movía sus caderas cada vez más rápido, chupaba con más fruición, hasta que con el último resquicio de cordura sacó la verga de su boca para no morderla, y se dejó llevar por el éxtasis, y mientras apretaba con fuerza los glúteos de Martin, tuvo un orgasmo devastador. 



Era la primera vez que se corría en boca de jaime, pero es que el morbo de esa situación la sobrepasó, y se dejó ir.

Cuando terminó quedó tirada en el suelo, con cara de querer más. Jaime la subió a la cama y le hizo saber que había llegado el momento de que ellos gozaran tanto como ella.

Jaime autorizó entregando un preservativo a Martin, a que cogiera a su esposa.

Se tumbó boca arriba y Cristina se tumbó encima suyo, abrazándose y besándose. Mientras Martin se preparaba para penetrarla desde detrás.

Jaime mientras  tenía una tarea mucho más dulce, preparar ese rico culo para su invasión. Buscó entre sus cosas un tubito de lubricante. Cristina llevaba muchos años siendo penetrada únicamente por la verga de Jaime, de modo que inmediatamente notó diferencias con la de Martín. La de éste era curvada, rozando zonas que la de Jaime no, además tenía una base más ancha. La de Jaime era mas corta.

Cuando sintió el dedo de Jaime hurgar en su fruncido ano, por un momento se puso rígida. Ella al pensar en un trío, había imaginado a uno por el coño y otro por la boca, nunca dos por sus entradas inferiores, siendo tan delgada la separación entre ambas. Luego pensó que no importaba lo que ella hubiera pensado, esto era para Jaime, y si él quería que lo hicieran por culo y concha a la vez, así sería. Jaime la había penetrado muchas veces por detrás y a ella le gustaba. Jaime sumergió en el culo de su esposa otro dedo, y al moverlos sintió la verga de su amigo.

Movió sus dedos como tijera para acostumbrar más rápidamente a su esposa a estar invadida por dos lados a la vez. Pasados unos momentos, Cristina empezó sola a moverse contra los dedos de Jaime, buscando que la penetraran más. Su esposo de inmediato interpretó las señales y untando su verga con lubricante, y pidiendo a Martín que se quedara quieto un momento, comenzó a entrar en el culito de su esposa. Cristina sentía que iba a reventar, nunca antes se había sentido tan llena. Los dos hombres se movían sincronizadamente, cuando uno entraba, el otro salía, pero nunca la dejaban vacía. Siempre había una verga dura adentro de ella, siempre había una cabeza entrando, siempre había un tronco saliendo.

Martín estaba extasiado. El sentir otra verga friccionando contra la suya, separadas únicamente por una delgada piel le generó sensaciones nuevas, que nunca podría lograr penetrando solo a una mujer. Era el cielo y el infierno. Se sentía tan apretado, que creía que iba a morir en cualquier momento. Jaime pellizcaba los pezones de su esposa, los estiraba, los estimulaba y envestía cada vez más rápido y más profundo dentro del canal apretado de su culo.

Martín de inmediato se acopló a los movimientos de su amigo. Estaban frenéticos, resoplaban sobre Cristina. Martín no podía más, venía aguantándose desde la mamada y dando un último empujón, se descargó. Jaime sintió los movimientos espasmódicos de su amigo acabando y también se dejó llevar, llenando con su leche caliente el culo de su esposa.

A Cristina le bastó sentir el primer chorro de leche dentro de ella para alcanzar el orgasmo una vez más, y gimiendo muy muy fuerte acabó de ordeñar las vergas que la llenaban. Jaime se giró hacia un costado arrastrando a Cristina con él para que no aplastaran a Martín.

Y ella, al sentirse arropada entre los brazos de su marido le susurró "Feliz aniversario mi amor"



Nos quedamos un rato tumbados, como asimilando lo que había ocurrido y disfrutando de la situación. Cristina estaba acostada en el centro, y a ambos lados estabamos los dos machos. Le acariciabamos los pechos. 

Así estuvimos un rato más. Cristina se levantó y fué al baño. Cuando volvió abrimos las cervezas e hicimos un brindis los tres.