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Cuatro tetas mejor que dos

Soy un hombre normal, con sus rarezas, virtudes y miserias. También con un poco de suerte, y para ser concreto diré que esa suerte se llama Cristina. Quizás a lo largo del relato logren comprender por qué llamo suerte a lo que todo el mundo suele llamar "mujer de los pies a la cabeza".

Confieso que siempre me han gustado las mujeres de pelo negro, pero por una de esas jugarretas del azar las rubias siempre te roban el corazón. Sus treinta años de vida se me clavan como treinta puñales cada vez que la veo moviendo sus caderas al caminar. Sabe que es preciosa, el manjar que todo hombre anhelaría, y se contonea con descaro y gracia. A ella le gusta mucho la moda, y yo se lo agradezco porque me deleita con unos modelos espectaculares. Sus vestidos suelen ser más bien largos, pero ajustados, dejando al descubierto sus curvas y marcando a la perfección sus nalgas redondas, duras y firmes. No es de las que van sin bragas, ella las lleva siempre a pesar de mi insistencia para que se las quite. Pero sí le gusta ir sin sostén marcando sus pezones rosaditos, afirma que le hace sentir libre y desde luego no pienso discutir por ello. Libre que te quiero libre. Y rebelde. Tan rebelde al menos como su larga y rizosa melena.

Hace tres sábados me llamó al teléfono móvil a eso de las seis de la tarde. Charlamos y decidimos qué hacer esa noche. Nos gusta ir a cenar, tomar unas copas en algún lugar tranquilo y después ir a mi casa. El plan típico de toda pareja, ¿acaso ustedes no lo hacen? Pero esa noche inmensa iba a ocurrir algo que cambiaría por completo mi vida. No hubo cena-copas-casa sino algo mucho mejor.

Antes de las siete de la tarde ya estaba listo. No soy de esos chicos que tardan tres horas en prepararse para salir de casa y se echan cremitas y otros mejunjes. Así que poco después de su llamada salí caminando de mi casa dirección a la suya, y como vivimos en una ciudad pequeña en unos veinte minutos estaba ya en su portal. Entonces bajaron las dos.

-Javi, ella es Eva.

-Hola Eva, encantado.

-Hola, tenía ganas de conocerte ya. ¿No te importará que salga con vosotros hoy, verdad?

-No, no, tranquila.

Estudian juntas. Las mujeres tienen un concepto distinto de la amistad, al menos esa es mi experiencia. Eva estaba sola ese fin de semana, su novio tiene que viajar con cierta frecuencia por cuestiones de trabajo, entonces mi niña la invitó a salir con nosotros el fin de semana. Me avisó en el último momento, y para ser sincero me molestó un poco, siempre he preferido estar a solas con mi pareja, aunque por una vez tampoco iba a poner el grito en el cielo.

La chica no es muy bonita. Demasiado delgada, con unos rasgos muy pronunciados. Eso sí, tiene una boca grande, con labios carnosos y unos pechos de considerable tamaño, más grandes que los de mi novia. Vestía unos pantalones vaqueros y una camiseta escotada bajo la cazadora, nada especial.

Nos dirigimos a una de las muchas sidrerías que hay en nuestra ciudad. Nada mejor que unas sidrinas para calentar el gaznate y animar el espíritu, y si no la han probado se lo ruego, pruébenla, ya me dirán cómo se le queda a uno el cuerpo, lo fácil que surge la risa, el compadreo y cómo sube la temperatura. Y a las chicas les subió pronto. Ya les sobraban las chaquetas y cazadoras, se quedaron con sus camisetitas, y mi novia marcando pezones, para variar. Los hombres del lugar fijaban su mirada en sus cuerpos descaradamente, y no es para menos, a las chicas hay que mirarlas, para eso se ponen guapas.

Con los cuerpos ya medio entonados la conversación se hacía cada vez más directa y desenfadada.

-¿Te gusta la coca?-me espetó Eva-.

-Bueno, de vez en cuando alguna rayita cae.

-Lo sé, lo sé. Cuando terminemos aquí nos vamos a poner a gusto. Y Patri también.

.¿Patri?-dije sorprendido-.

-Bueno, un poco por hoy, no seas tan padre-dijo entre risas-.

Podría creer en un asteroide acercándose a la tierra dispuesto a exterminar la vida en el planeta, pero jamás creería que Patricia fuese a probar la cocaína. Es una chica muy sana. Bebe y fuma cigarrillos cuando estamos de fiesta pero de ahí no pasa. Yo también soy un tipo sano, pero un poco más vicioso que ella. O eso creía hasta entonces.

Después de beber cuatro sidras marchamos del bar, y fuimos a parar a una plaza justo detrás de la catedral, en una zona poco iluminada. Nos sentamos en un bordillo, yo en medio de las dos. Eva sacó la bolsita y me la dio para que preparase las filas. Así que dispuse una tarjeta sobre mi muslo y empecé a hacerlas. Una vez preparadas, Patricia cogió la tarjeta y la colocó sobre mi paquete. Me extrañó, aunque tampoco le di mucha importancia, quise pensar que desde ahí podría esnifar más cómodamente. Preparé el rulo y se lo di a Patri. A continuación el turno de Eva, casi me da un infarto cuando se levanta del bordillo y se arrodilla frente a mí, agachándose sobre mi paquete para esnifar su raya. Al inclinarse le vi sus tetas colgando a través de su escote. Me puse enfermo, desde luego no les quité ojo, y creo que mi novia se dio cuenta perfectamente pues me obsequió con un besito en el cuello con los labios un poco abiertos, y como comprenderéis me excitó todavía más.

Como estábamos muy cómodos en ese lugar las dejé un momento solas y fui por un poco de alcohol, no se puede prescindir de gasolina. Al volver las encontré muy animadas, más que antes, reían a carcajadas. Ya me imaginaba el tema: pollas. Sí, las mujeres hablan de las pollas de sus novios y amantes, no hay nada raro en eso, aunque que lo hagan delante de la polla en cuestión, es decir, mi polla, para mí era nuevo.

-Pues como te digo, estoy contenta con mi niño-sonríe y me abraza mirando a Eva-.

-¿Sí? Yo con el mío también-ambas ríen al tiempo-.

Eva hurga en su bolso, y saca una foto.

-Mira, aquí lo tienes.

-Pues sí, está dotado-amabas sueltan una carcajada-.

La muy zorra llevaba una foto del novio en pelotas, y allí estaba mi chica mirándola sin cortarse un pelo. Por si fuera poco, después de echarle un ojo a la foto comprobé que la suya era más grande que la mía, y la verdad, me jodió un poco. Patricia no tardó en intervenir, quizás intuyó que estaba un poco incómodo con la situación.

-A mí tus diecisiete centímetros me vuelven loca bebé.

Joder, pensé, podía haber exagerado un poco, qué más le daba añadir un par de centímetros. Cosas de la competencia masculina. Hace unos años jugaba en un equipo de fútbol y allí todos se la miraban por pura curiosidad. Sabíamos que el que nunca se duchaba tenía un micropene, y también sabíamos que el que tenía una verga como la de un caballo nunca se enrollaba la toalla a la cintura para salir de la ducha, la exhibía con orgullo, vacilaba de polla, igual que Eva con la foto de su novio desnudo.

-Eso es más que suficiente si se sabe mover- sentenció Eva mirándome de reojo-

En ese momento se me puso dura, fue un reflejo inevitable. A veces los hombres conseguimos erecciones instantáneas, como si la polla cobrara vida propia, de hecho creo firmemente que las pollas son absolutamente independientes, van a su aire y hay que respetar sus decisiones. Antes expliqué que Eva era una chica del montón, pero en ese instante me pareció una mujer extraordinariamente atractiva, puro morbo. Me di cuenta que estaba destinada por el Altísimo para la sana y divertida actividad de la jodienda. Nacida para joder. Hay que decirlo sin rodeos.

-Bueno, hago lo que puedo, intento hacerla disfrutar.

-Y lo logras-respondió Patri-.

-Menos mal-me río-.

Seguimos conversando, bebiendo y esnifando un buen rato más. Creo que estábamos todos cachondos. No sé el efecto que tendrá la cocaína sobre el sexo en las mujeres, pero en los hombres caben dos sentencias: impotencia transitoria o un pene duro como la roca. Y sobre mí recayó la segunda sentencia, por suerte.

-A ver cómo tienes el corazón- dijo Eva colocándome la mano sobre el pecho-.

-Bien, todo bien- contesté-.

-Mira el mío- me coge la mano y la pone sobre una de sus tetas-.

Entre mamoneos semejantes nos fuimos del lugar hacía uno de los muchos bares que hay por los alrededores. La ronda nocturna comenzó estando todos bastante colocados, sobre todo ellas. Yo estaba salido más bien, mi cabeza pensaba mil cosas al mismo tiempo y todas muy pervertidas. Como no suelo bailar, ellas mismas se sirvieron de pareja dándolo todo por los bares. Desde luego los chicos se les arrimaban babeando y ellas me miraban riéndose como diciendo �ira cómo les estamos poniendo� Alguno se propasaba rozándose demasiado, aunque es cierto que ellas en seguida se los quitaban de encima, cosa que me alegró, porque desde la barra en la que estaba apoyado pimplando una cerveza me las imaginaba mías, a las dos, y no era plan que cuatro majaderos desconocidos vinieran a entrometerse.

La noche siguió esta tónica hasta más o menos las cuatro, cuando Patricia propuso ir a mi casa para acabar la fiesta. A Eva le pareció bien, y a mí mejor aún. Así que nos largamos a paso ligero.

Llegamos a mi casa, y mientras ellas fueron a dejar sus cosas a mi habitación, fui sacando unas cervezas de la nevera y puse un poco de música, bajita que no eran horas para alborotar. Pero el alboroto llegó cuando ellas volvieron de la habitación en camiseta y tanga. El de mi chica era rosa y el de Eva negro. Debí quedarme blanco de la impresión. No me esperaba nada semejante, me lo imaginaba y lo deseaba pero no lo esperaba. Ellas actuaban con naturalidad, y yo me sentía más bien incómodo al no saber cómo actuar ante ese culo desconocido junto al de mi novia.

-Qué bien, cervezas- exclamó Patricia-.

-Volcamos ahora lo que nos queda-dijo Eva-.

Ellas se sentaron frente a mí, en el sofá, mientras contemplaba expectante sus cruces de piernas desde mi sillón. Las coñas sexuales iban en aumento. Hasta que Eva se levantó del sofá y se giró mostrándome el culo.

-¿Crees que estoy gorda?

Una pregunta claramente estúpida porque esa chica está visiblemente delgada.

-Claro que no.

-¿De veras?-mientras movía el culo y giraba la cabeza como si lo estuviera examinado-.

-Claro, de veras.

Patricia se levantó poniéndose a la par imitando la conducta de Eva. A mi niña la conozco bien, y sé que esa mirada y ese tono de voz estaban pidiendo guerra a gritos. Aquello no era una fiesta de pijamas, se encaminaba definitivamente hacia un trío, el primero de mi vida.

-¿Mi niño se está poniendo cachondo?- se sentó sobre mí-.

-Cómo para no estarlo- risas-

-¿Sabes que Eva está hoy muy sola?- dijo con voz melosa-.

Mientras me besaba el cuello, sabe que me vuelve loco. Echó mano a mi cinturón, desabrochó los botones del pantalón y saco mi polla a relucir. Eva todavía estaba a la espera, mirando desde el sofá con las piernas abiertas pero sin tocarse. Patricia empezó a masturbarme despacito, me besaba con fuerza como una auténtica putita. Yo me dejaba hacer.

-¿Te gusta la polla de mi niño?

-Me encanta- respondió Eva-.

Para entonces Eva ya se había apartado el tanga hacia un lado y empezaba a pasarse un dedo por su coñito. La miraba fijamente mientras mi novia me trabajaba el cetro con delicadeza y esmero, como de costumbre.

- Ayúdame con él, anda ven.

Se levanto con el chochito al descubierto y caminó los pocos pasos que nos separaban para acabar en la misma postura que en la plaza, de rodillas frente a mi paquete. Mi novia seguía montada a horcajadas sobre mí, Eva pasó su cabeza por debajo del culo de mi novia y empezó a mamarme los testículos. Era demasiado brusca, pero estaba en la gloria. Agarraba los huevos con los dedos y tiraba de ellos mientras los lamía, una verdadera experta, de eso no hay duda.

-Bájate, y ayuda a tu amiga- dije con ese descaro que te da la excitación-.

Patricia sumisamente se puso al lado de Eva, las dos de rodillas frente a mi nabo. Qué espectáculo, si existe un cielo tiene que parecerse a esto, pensaba yo. Mi única obsesión era no eyacular pronto, quería aguantar todo lo que pudiera porque no tenía nada claro que esta maravilla pudiera volver a repetirse. Las dos compitiendo por cada trozo de polla. Sus lenguas se cruzaban frecuentemente, y no les desagradaba, al contrario, se ponían más cachondas y brutas. A mi novia le dio por pegarle cachetes a la polla y las dos jugaban a atraparla con sus bocas mientras se movía de un lado a otro, hasta que al fin paraba y volvía la pelea de lenguas.

-Somos tus putas-dijo Eva con la voz entrecortada-.

No sabía donde poner las manos. Lo mismo les agarraba las tetas, que aparecían frente a mí colgando y bamboleándose, que les agarraba del pelo como si llevaran dos coletas, apretándolas más aún contra mi pene.

-Dame tu culito- le dije a Eva-.

Nos cambiamos al sofá, que al ser más espacioso nos facilitó la grata tarea. Al momento Eva se colocó sobre mí dándome la espalda y empezó a joderme con ímpetu, muy ansiosa, sin duda la coca tuvo algo que ver en eso. Mi niña se quedó frente a nosotros de pie como dudando. Allí estaba yo, con su compañera de clase encima metiéndosela en el coño y agarrándole las tetas con fuerza, y Patricia observándonos. Unos segundos después, mi novia se agachó y se puso a lamer el coño de su colega. Esto sí que era completamente inesperado, pero maravilloso al mismo tiempo. Gemían como guarras, menuda función debieron de soportar los vecinos a esas horas.

El rollo lésbico iba en aumento. Empezaron a interactuar más entre ellas, sin dejarme de lado, pero ya no eran dos chicas para un chico, sino tres cuerpos que se follaban sin cuartel los unos a los otros.

Levanté el culo de Eva, que se llevó un buen cachete en las nalgas, y le dije a Patricia que ocupara su lugar. Quería echar mi leche sin disgustos en un chochito, y qué mejor que el coño de una novia para esos menesteres. Así que en cuatro movimientos más mi semen fluyó a borbotones, salía del coño de Patricia resbalando por mi polla. La ninfómana de Eva tuvo la amabilidad de masajearme los huevos mientras me corría. Todo un detalle.

Terminé exhausto. Di un trago a la cerveza e intenté digerir lo que había ocurrido. Allí estábamos los tres en pelotas, rojos como tomates y sudorosos después de haber cogido como animalitos en celo. Esperaba con todo mi alma que aquel experimento no fuera a arruinar mi relación con Patricia. Pensaba que da alguna forma podría reprochármelo. Por otro lado estaba satisfecho, había hecho realidad lo que siempre había permanecido en el reino de la fantasía, un sueño hecho carne: dos mujeres dispuestas para mí.

Aunque la mayor sorpresa de esa inmensa noche me la llevé poco después de la orgía, con los cuerpos aún palpitantes. Las relaciones entre Patricia, Eva y su novio no eran precisamente lo que yo había creído que eran, y fue esto lo que cambió mi vida, al menos en lo que respecta a las relaciones de pareja y a mi forma de entender el sexo. También pude comprender los motivos por los que Patricia y Eva decidieron follarme aquel fin de semana. Todo empezó a cobrar sentido.

Trio con un Transexual

Sentí una sensación de alivio cuando se abrieron las puertas del hotel y salimos al frescor de una noche de primavera. Inspiré profundamente y el aroma de jazmín mezclado con el azahar de los naranjos en flor me embriagó. Me quité la chaqueta empapada de sudor y la corbata mientras nos dirigíamos al estacionamiento.


Caminábamos en silencio, la melodía de los grillos y el crujido de la grava bajo nuestros pies eran un descanso después del bullicio de la fiesta. A pesar de que estábamos muy cerca de Barcelona, no se escuchaba el murmullo sordo y constante del tráfico y en lugar del resplandor pajizo del alumbrado urbano, era la luna llena la que iluminaba el aparcamiento delante de la playa.


Entramos en el coche sin haber cruzado una palabra. Abrí el techo descapotable mientras mi mujer, se quitaba los zapatos de tacón con un suspiro de alivio. Aquella noche estaba preciosa con el vestido corto de fiesta que había elegido. 


Antes de encender el motor la besé en los labios gruesos y apetecibles. Su aliento cálido tenía el sabor pesado y dulzón del alcohol y su piel estaba perlada de transpiración. Ella me respondió con un beso encendido, prolongado y violento. Aquella noche no teníamos a los niños, que se habían quedado en casa de sus padres, así que si ninguno de los dos se dormía en el largo trayecto hasta casa, aquella podía ser una noche interesante.


Debíamos cruzar la ciudad pues en aquella época aún vivíamos en una pequeña ciudad del Maresme. No recuerdo como empezó la conversación pero sí que derivó a nuestras fantasías sexuales. Siempre que salía a relucir el tema, ella sugería un trío con otro hombre más y yo siempre respondía que con una mujer. Solíamos describir, adornándolos con todos los detalles que éramos capaces de imaginar, los supuestos y fantásticos encuentros sexuales con nuestros compañeros imaginarios. Nunca nos poníamos de acuerdo, pero no importaba demasiado, lo que importaba era la excitación que producía hablar sobre el tema.


Aquella noche la Avenida Diagonal estaba colapsada. Descendiendo la suave loma que desde Esplugues conduce a Barcelona, un río de luces rojas y blancas que parecía no tener fin se extendía delante de nosotros. Cruzar por allí podía representar tres cuartos de hora inmersos en el humo de los tubos de escape y rugido de motores ajenos. Tomé la primera desviación que pude y subimos hacia la parte alta, cruzando el exclusivo barrio de Pedralbes.

Aún no habíamos recorrido ni cien metros, cuando, al doblar por una de las calles laterales, cerca del club de tenis, encontramos una doble fila de coches que circulaban con lentitud. No teníamos más remedio que pasar por allí. Supuse que aquel atasco no nos retrasaría mucho. Ella me dijo: Paciencia, debe haber algún inútil estacionando. Nos situamos detrás del último coche.


Aún no habíamos avanzado ni cincuenta metros cuando advertí que a ambos lados de la calle había unas chicas espectaculares, prácticamente desnudas charlando con los conductores de otros vehículos. Sus faldas eran tan cortas que por poco se agachasen podía ver sus culos perfectos. Me pareció chocante tratándose de un vecindario caro. De todas formas, era casi verano, había mucha gente de vacaciones y es posible que en aquel barrio no hubiese prácticamente ningún vecino.


Mira, son travestís, me comentó  divertida. Me fijé un poco mejor y, efectivamente, se trataba de un desfile de transexuales soberbias. Los demás coches estaban prácticamente parados, solo podíamos circular muy lentamente y pegados a la acera, así que nos era posible observarlos con tranquilidad. Al llegar al final de aquella calle, el tráfico se despejó de improviso. Yo sabía que no aparecerían más travestís, pero estaba excitado y quería ver más, así que le dije:
- Si no te importa, vamos a dar otra vuelta. Nunca lo había visto y siento curiosidad.
-  Bueno, a mí también me da morbo, creo que por una vez vamos a estar de acuerdo en algo me dijo en tono burlón.


Di la vuelta y volvimos a tomar la misma calle que antes, pero en sentido contrario. Una de las travestís nos llamó la atención. Era una mulata sublime, estaba algo apartada de las otras y la copa de un árbol la resguardaba de la luz de las farolas. Llevaba unos shorts de vinilo rojo y unas botas altas, del mismo material y color, que le llegaban a medio muslo, resaltando el moreno oscuro de sus piernas musculosas. Sus senos de acero apuntaban hacia nosotros asomando sobre un corpiño de ballestas de cuero también rojo que le ceñía la cintura, haciendo aparecer sus anchos hombros de atleta aún más amplios por contraste con la cintura de avispa. Al pasar junto a ella los dos nos quedamos mirándola fijamente, ella también miró hacia el interior del coche, sonrió y nos hizo una seña. Mi mujer me dijo:

- A ver, para un momento junto a aquella chica, por favor. Hice lo que me pedía, un poco sorprendido. Detuve el automóvil junto a la acera. El travestí se agachó y ambas empezaron a conversar animadamente aunque yo no conseguía escucharlas debido al ruido de los otros vehículos.


No sabía dónde meterme, los otros coches pasaban a nuestro lado y nos observaban. Me sentía avergonzado, era posible que alguna de las personas que iba en ellos nos conociese. Estaba sumido en estos pensamientos cuando escuché que mi mujer decía en voz más alta: - - Anda, sube detrás y le abrió la puerta a la profesional.


El corazón me dio un vuelco, iba a protestar cuando ella me miró sonriendo, guiñó un ojo alborozada y me dio un rápido beso en los labios. El travestí subió y desde el asiento trasero nos fue indicando como llegar hasta un hotel cercano.


El transexual se presentó como Marcela, era brasileña y había venido a trabajar en una sala de fiestas. En cuatro frases que fueron un prodigio de concisión nos contó su historia: su contrato había terminado, no le había sido posible encontrar ningún otro espectáculo en el que trabajar y ahora se ganaba la vida ejerciendo la prostitución. Después calló y allí mismo, dentro del coche, camino del hotel, Marcela empezó a acariciar el pecho de mi esposa desde atrás de ella, quien si bien al principio se rió de buena gana, en algún momento calló, cerró los ojos y sollozó de placer. Bajo las suaves caricias, sus enormes pechos se dilataban al tiempo que ella gemía y sonreía.


Yo no podía conducir de lo caliente y nervioso que me estaba poniendo. Entonces la mulata, dirigiéndose a mí, susurró con voz grave: Espera un poquito, que para ti también hay mientras me pasó su  lengua aterciopelada por la oreja. Cuando llegamos al hotel, el botones nos indicó el lugar donde estacionar y luego corrió tras el coche una gruesa cortina de lona para que nadie pudiera ver la matrícula. Los tres descendimos y le seguimos hasta la recepción, allí le pedí al conserje la mejor habitación que tuviera libre. Mientras esperábamos un nuevo botones que nos acompañase hasta nuestra habitación, pude ver el contraste entre mi mujer y Marcela.


Marcela era más alta que yo, mientras mi mujer es bastante menuda, su figura graciosa, frágil y apetecible contrastaba con la maciza rotundidad de la mulata, amenazadora y poderosa. El uniforme de guerra de la mulata, seleccionado para llamar la atención le confería un aire perverso y dominante, los músculos de su cuerpo moreno afloraban bajo su piel en cada pequeño movimiento, su complexión atlética y su volumen empequeñecían a todos cuantos la rodeábamos en aquel vestíbulo. Por el contrario, el cuerpo de mi amada era sensual y frágil, bajo el vestido de fiesta, aparecía desprotegido y seductor, mostrando sus piernas torneadas y perfectas cada vez que ella se giraba, rizaba el aire con el revoloteo de los volantes de su falda.


Llegó el auxiliar que habíamos estado esperando y nos condujo a través de un laberinto de pasillos y escaleras hasta la habitación. Cuando entramos, después de pagarle lo convenido al transexual, mi mujer se sentó en una silla que estaba junto a la cama y me propuso:
- Yo haré lo que tú quieras, pero primero tú vas a hacer lo que yo te diga, ¿entendido? 
A esas alturas, yo ya estaba perdido. Marcela se deshizo de su uniforme en un santiamén, quedándose vestido únicamente con una braguita color calabaza y el corpiño que le abultaba los pechos.

Me dispuse a acariciar sus pechos maravillosos. Muy suaves y calientes. Me dispuse como un loco a chuparlos. Hasta que mi mujer interrumpió:

Mi mujer estaba sentada, con la camisa abierta y la falda arremangada, acariciándose un pecho con una mano y la otra perdida debajo de la braguita. Tú, que siempre me dices que no me la trago toda, quiero ver como se la chupas a Marcela. Y cuando la travestí estaba a punto de sacarse la braguita, mi mujer la interrumpió y le ordenó: Tú quedate de pie y él de rodillas en el suelo. Quiero ver bien esta situación. 

Marcela se acercó a mí, descubriéndome la gloria de muslos compactos y entonces, reventando unas braguitas semitransparentes de encaje, pude adivinar con toda claridad el mayor miembro masculino que hubiese soñado en mi vida. Aún estando en reposo, era tan aparatoso que sus bragas no podían abarcarlo, tendía la tela hacia fuera hasta dejarla tirante, en la cintura deformaba las gomas elásticas que lo aprisionaban, clavándolas en el cuerpo macizo de la mulata y, finalmente, se escapaba por los lados. Así que, ahí mismo me puse de rodillas.


Había perdido el autocontrol y no podía resistirme, acerqué mi mano y acaricié aquella tela sufriente con mucha suavidad. Las yemas de mis dedos se sorprendieron con la húmeda calidez que despedía. Deposité la mano encima del pene y pude sentir como se movía, se enderezaba sin esfuerzo, apartaba la braguita y se asomaba al exterior. Tomé con los dedos el elástico de sus bragas y las bajé. Una manga gruesa y larga, del color del azabache se desenrolló delante de mis ojos atónitos, cayendo hasta la mitad del muslo. 

- Cógelo sin miedo, no te morderá. me sugirió. Lo tomé con la palma de la mano y lo levanté un poco.


Su tamaño era sobrecogedor, pero su tacto aterciopelado y cálido era reconfortante. Percibí como se hinchaba en la palma de mi mano y comenzaba a enderezarse. El prepucio, una oscura flor de piel que coronaba aquella pieza extraordinaria, se retiraba suavemente por sí mismo, y tal y como el agua descubre la arena al retirarse la marea, apareció la superficie curvada y brillante del glande, dividido en su mitad por un profundo canal del que manaba una gota radiante del líquido del amor.


Bajé la cabeza y besé el extremo de aquel miembro ingente. Su prepucio, de una piel increíblemente suave, literalmente ardía, despedía el calor de los rayos de sol en las playas de Brasil. Con sólo aquel levísimo toque comenzó a aumentar de tamaño, hincharse y estirarse. Recuerdo perfectamente aquel primer encuentro con su sabor: era delicioso, excitante, cálido, sutilmente salado.


A medida que apartaba el prepucio con los labios apareció la tersa y delicada piel del glande que se deslizó sobre mi lengua con suavidad. Con el dedo que apartaba la tela pude percibir que la trompa de Marcela continuaba hinchándose sin interrupción, era una serpiente desenroscándose perezosa al sol. Comencé, con mucha lentitud a subir y bajar, envolviendo dentro de la boca aquel obelisco inflamado. Una y otra vez, con cada uno de los recorridos notaba como aumentaba su rigidez.


Después de deleitarme disfrutando de aquellos primeros movimientos de reconocimiento deslicé la lengua sobre el miembro. Sorbí con deleite una pequeña gotita que se había formado. Lo abrí con mucho cuidado y apoyé con dulzura la lengua en aquella pequeña abertura. Escuché un nuevo gemido. Marcela comenzó a acariciar mi nuca al tiempo que repetía: Así, así, lo estás haciendo muy bien papaíto. Volví a rodear la polla con mis labios e intenté introducírmela entera, pero fue completamente absurdo, cuando aún quedaba una porción considerable noté que si avanzaba un milímetro me ahogaría. Me era imposible hacer entrar toda la longitud de aquel cañón de bronce oscuro en mi boca. 

- Cómetela toda! Te he dicho. Escuché la voz firme de mi querida esposa que venía desde el sillón.


Mientras se la estaba chupando al transexual, mi mujer se acercó desde la silla y me fue desvistiendo hasta que quedé completamente desnudo y con el pene en dolorosa erección, manando algunas gotas brillantes de líquido preseminal. Pensé que ahora sería mi turno de ver un poco de espectáculo, sin embargo, me equivocaba. Se situó detrás de mí, se arrodilló, apoyó sus manos en mi cintura y pude sentir su lengua, húmeda, cálida y segura sobre la parte alta de mis nalgas. La desplazaba lentamente, en pequeños círculos. Jamás antes lo había hecho, pero parecía disfrutar de lo que estaba haciendo casi tanto como yo.


Lamió toda la superficie con extrema dulzura, después situó su lengua sobre mi rabadilla y pude sentir como descendía humedeciendo mi canal. Era una sensación increíblemente delicada que nunca había imaginado que se pudiese experimentar. Con sus manos, sin ninguna violencia, abrió mis nalgas y muy, muy dulcemente, sentí como su lengua se deslizaba casi sin rozar mi ano. El tacto de su lengua era jugoso, cálido y leve. Sentí como su lengua dejaba paso a su dedo ensalivado y como este se hundía sin esfuerzo en mi ano. Lo tenía completamente abierto y empapado de su saliva. Apoyó nuevamente el dedo índice y con facilidad lo introdujo hasta el fondo. Con este dedo empezó un movimiento de mete-saca lento. En una de las extracciones apoyó un segundo dedo y con mucha suavidad intentó meter los dos a la vez. Cuando ya me la venía venir, me dijo:


- Si quieres la fiesta completa, ella te va a dar por el culo como tú me hiciste anoche, recuerdas?

Marcela tomó su miembro completamente erecto lo untó con lubricante con parsimonia, me lo enseñó y le dijo a Maite: -Es con esto que quieres que me lo folle, princesa? A lo que ella le respondió entusiasmada: -Sí, métesela toda dentro... ahora. Marcela, se retiró, apoyó su miembro contra la entrada de mi ano, acercó su cara a mi nuca y me susurró: Cariño, ahora relájate o te va a doler... Hice todo lo posible por no hacer ninguna presión con mi esfínter anal. Sentí como ella apretaba y como su picha empezaba a deslizarse a través de mi culo. Al principio no dolió nada, después sentí un ardor insoportable, como si una barra de hierro al rojo vivo se clavase en mí. - Aguanta un poco, mi vida, ya está dentro... deja que tu cuerpo se acostumbre. Sé que duele, pero después gozarás como nunca. Me susurró mi mujer, Me encanta verte poseído.


Intenté hacerle caso, apreté los dientes y no pensar en ello. Marcela no se movió durante un rato, después empezó a moverse muy, muy, muy despacio. Sentí como se deslizaba con facilidad y, efectivamente, no dolía, o si dolía, era un dolor placentero. Cuando llegó al final y sentí su vello púbico contra mis testículos, pude notar como mi vientre se abultaba hacia fuera empujado por su miembro descomunal. Continuó moviéndose durante largo rato sin aumentar la intensidad.


Y entonces, mientras el travestí, me jodía por detrás, mi mujer, sentada en el suelo debajo de mí, empezó a lamer el delicioso caramelo que hay entre mis piernas con una glotonería hasta entonces desconocida, poniendo en funcionamiento su singular bomba de succión. Resulta imposible describir la sensación de líquida tibieza, dulzura, presión mullida y aspiración que sentía dentro de la boca de mi esposa mientras el ariete de Marcela revolvía mis entrañas.


Cuando mi cara empezó a desencajarse, le hizo una seña a Marcela para que me la sacara en un visto y no visto. Maite comenzó a deslizar con admiración sus manos por la cálida y suave piel del miembro de la mulata, dándose cuenta que no era capaz de ocultar aquel sexo ni siquiera rodeándolo con las dos manos. Todavía sobresalía un buen trozo de rígido y negro falo. Indecisa se entretuvo acariciando los testículos, sintiendo las dos gruesas bolas deslizarse en su bolsa a la más ligera presión.


A mí me dijeron que me tumbase en la cama y continuaron la felación entre las dos. Una lamía mis testículos y la otra deslizaba una y otra vez su lengua mullida y húmeda sobre el miembro abultado. Me masturbaron de este modo hasta que sentí el conocido, delicioso y turbador ardor en las entrañas y un mar de lava ardiente que ascendía por el interior de mi pene y yo no podía contener manando a borbotones. Mi mujer consiguió apartar un poco la cara, pero Marcela, más acostumbrada a estos excesos líquidos, siguió chupando y tragando semen. Cuando hubo terminado y mi miembro yacía fláccido y dormido, Marcela, por fin, lo soltó y dijo Me lavo un poco y vuelvo.


La noche no terminó ahí ya que mi amada me dijo: -Te has portado muy bien, así que ahora hay premio, pero no vale tocar hasta que yo te diga. Siéntate ahí. Marcela volvió del baño con su miembro enhiesto como una lanza que avanzase delante de ella. Se acercó a mi mujer, las dos se miraron y se fundieron en un beso tórrido. Tumbado en la cama, podía ver como sus lenguas se encontraban a mitad de camino entre las dos bocas.


Ella se giró, me miró con la cara congestionada por la excitación y me dijo: - esto te gusta, no?

Los dedos largos y oscuros de la transexual acariciaban la espalda de mi mujer, su punto débil, descendiendo desde la nuca hasta palpar sus glúteos, redondos, blancos y firmes. Sus cuerpos se unieron en un excitante y candente abrazo. Los mórbidos senos de mi preciosa esposa, dos esferas de blando algodón, rozaron los sombríos y rígidos pechos de Marcela. Sus brazos se entrelazaron y se volvieron a unir en un nuevo beso, aún más profundo y violento que el anterior. Yo estaba poniéndome tan caliente que me olvidé por un momento de la follada que acababa de recibir y que casi me parte el culo en dos.


Con Marcela sentada en la silla, mi mujer se sentó sobre las caderas de la mulata haciendo que los labios de su sexo se apoyaran sobre el pene del travestí como si quisiera acostumbrarlos a la importante dilatación que habrían de soportar. Volvió a apoyarse sobre él, frotó repetidamente su duro y encendido clítoris sobre el rígido falo antes de decidirse a colocarse de tal forma que fuera posible el inicio de la penetración. Lentamente fue dejando que su peso descansara sobre el impresionante cilindro, notando como sus labios se esforzaban por acoplarse a la presencia del deseado intruso. Un océano de flujo se derramó sobre el glande la mulata.


Sujeta en el aire por los musculosos brazos de Marcela, ella no podía verlo pero se estaba imaginando perfectamente las forzadas formas que debían adoptar sus labios para permitir la entrada de semejante monstruo. Por lo que más tarde comentamos, muy al contrario de lo que suponía, el lento ensanchamiento no solo no le resultó molesto si no que, en cambio, resultó ser una sensación agradable. Claro que una cosa era aceptar dos o tres centímetros de aquel monstruo y otra muy distinta absorberlo completo en su interior. Comprendió que si lo lograba sería solo a base de tiempo y de dejar que su musculatura interna fuera dilatándose lentamente. No tenía ninguna prisa, así que tampoco había porque precipitarse.


Mi mujer comenzó a moverse con calculada lentitud, haciendo que el miembro oscuro saliera de sus agradecidas entrañas para volver a dejarse caer sobre él con la fuerza precisa para que avanzara un poco mas en su camino. En ese momento se detenía dejando que sus músculos se adecuaran mansamente a la excitante presencia. Desde el exterior, yo podía ver como la columna de azabache, emergía oscura y brillante entre la blancura nívea de sus glúteos.


Mucho antes de lo calculado, mi mujer sintió que la punta del sexo del transexual tocaba el fondo de su vagina alcanzando otro de sus puntos más sensibles y agradables. Ella pensó que ya no podría engullir mas de aquel ariete pero se equivocaba.

Después me confesó que gracias al placer que estaba sintiendo, encontró el coraje suficiente como para seguir precipitándose contra aquello que dilataba y replegaba sus músculos hasta límites que mi esposa nunca pensó que pudiera alcanzar sin desgarrarse, y mucho menos sin sentir el menor atisbo de dolor. Muy al contrario su placer iba en aumento tan rápidamente que ni siquiera se dio cuenta que se aproximaba el primero de los orgasmos. Haciendo cabriolear su cintura en un pausado vaivén, con la finura y la gracia de unas alegrías, con movimientos breves, ondulados y rítmicos, que se rizaban y desrizaban en el aire con el garbo de una Dancera, danzó empalada en el miembro de nuestra compañera. Finalmente, el éxtasis le llegó tan por sorpresa y con tanta intensidad que aulló de placer.


Yo no podía creer lo que estaba viendo, atónito volví a tener una erección inmediatamente, como si fuese un jovencito. Mi mujer me miró y me dijo: Ya he disfrutado con una mujer, ahora quiero hacerlo con dos hombres. En la posición en la que estaba, ensartada en Marcela, su ano quedaba a mi disposición.


Tomé el bote de crema que el transexual había utilizado anteriormente conmigo y me unté el miembro. Me acerqué por detrás a mi esposa y enterré mi miembro en su recto con facilidad. Cuando estuve dentro tuve la deliciosa sorpresa de poder sentir el abultamiento del miembro de nuestra compañera a través de la delicada pared de que separa el intestino de la vagina.

Los dos iniciamos un movimiento acompasado,  que se fue acelerando a medida que los orificios de ella se acostumbraban a la invasión.

Entre Marcela y yo sosteníamos a mi mujer en el aire, que, literalmente, volaba ante cada embestida conjunta de nuestros penes. Sus pies no tocaban el suelo, solo sus muslos estaban apoyados contra las caderas del travestí. La cabeza de mi mujer se bamboleaba sin control, como si se tratase de una marioneta, después me confesaría que perdió totalmente el control y se encontraba en el paraíso en esos momentos. Su cuerpo estaba empapado de transpiración, yo distinguía como de su entrepierna bañada llovían gruesas gotas de sudor sobre los muslos de Marcela. Su vagina se contraía en caprichosos espasmos que podía percibir a través de la pared del recto. Se sujetaba cogiendo con fuerza los senos siliconados del travestí, quien, sorprendentemente, pedía que las estrujase con más fuerza.


Un alarido  anunció un nuevo orgasmo de mi esposa. Las contracciones de su interior se intensificaron. La transexual, no se quiso contener más y abrió el grifo de su manguera, una lluvia de semen y flujo femenino se escapó de las entrañas de mi esposa mientras yo continuaba batiendo sus nalgas, a punto de llegar al orgasmo. Pocos segundos después yo también me vine. Nos quedamos los tres en silencio unos segundos, luego yo me retiré de su interior  y ella intentó descabalgarse de Marcela, pero las piernas no la sostuvieron, y cayó sobre el suelo de la habitación en un ataque de risa.

Nos duchamos con tranquilidad y salimos del mueble. La noche seguía siendo cálida y cargada de los perfumes de la primavera. Devolvimos a Marcela a su lugar de trabajo, donde ya no quedaba apenas nadie.


La luna iluminaba la carretera durante la vuelta a casa. Los dos permanecimos en silencio, habíamos visto cumplida nuestra fantasía y ninguno parecía dispuesto a comentarlo después de pasado el calor del momento. ¿Qué nos haría soñar juntos ahora?, en poco tiempo se desvelaría la respuesta.

Atada a la cama de los sentidos

He estado esperando y deseando que llegara este momento, para poder devolverte el inmenso placer que me hiciste pasar hace unas semanas…y por fin ha llegado el día.
Recibí un SMS que simplemente decía "Dispuesta para ti".
Esa era la señal que indicaba que estaba preparada. Yo en 30 minutos llegaría a casa.

Hoy espero hacerte sentir tanto placer que será difícil que olvides este día, quiero hacerte gozar como nunca. Quiero que te relajes y te dejes ir. Que sientas cada segundo.

Te he pedido que lleves algún bikini o ropa interior que no uses demasiado, o que quieras jubilar. Más adelante entenderás porque. También te he pedido unas medias y un collar en tu cuello.

Por fin llego a casa, y tal como habiamos acordado, hago sonar el timbre de casa. Espero 1 minuto y entro. Entro silenciosamente y lentamente. Voy hasta nuestra habitación, y tal como te había ordenado, están las velas encendidas alrededor de la cama. Es la única iluminación que hay. También se nota el incienso encendido en un rincón. En cuanto te veo algo se enciende dentro de mi.

Me gustas tanto que me lanzaría sobre ti para devorarte a besos y hacerte el amor alli mismo, sin esperar más para verte estremecer de placer, pero hoy quiero ir despacio, y aprovechar todas las sorpresas que te tengo preparadas para hacerte disfrutar…

Tal como te había pedido, estás tumbada en la cama con la ropa interior. Llevas una venda en los ojos. Y tienes unos auriculares con música que te he dejado preparada para tal ocasión. Realmente no escuhas cuando entro en la habitación, y eso me excita. El verte allí, observada, aunque sientes la presencia de alguien en la habitación.

Me acerco muy lentamente a tus labios y te beso muy dulcemente. Nuestras lenguas se encuentran rápidamente, y empiezan a moverse una contra la otra con pasión y lujuria, en una deliciosa y húmeda batalla.

Cojo unas telas y te ato los pies de manera suave a cada extremo de la cama. Hago lo mismo con tus muñecas al cabezal de la cama. Después de cada atadura te doy un beso.

Entonces me detengo y me separo ligeramente de ti. Cojo unas tijeras y te corto muy lentamente la ropa. Lo justo para sacártela muy suavemente. Te sientes desnuda e indefensa. Observada, pero algo hace que te sientas excitada. Se nota en tus pezones. El tiempo es un gran excitante a mi favor, así que me dirijo a la ducha, mientras tú continuas escuchando música sensual y sugerente, sin poder moverte.

Después de darme una buena ducha me pongo solo unos pantalones sueltos deportivos encima, aparte de eso no llevo nada más.

Después de la ducha estoy unos pocos instantes acabando de preparar algunas cosas que me harán falta.

Tu piel luce preciosa a la luz de las velas, y me cuesta controlarme para no comer a besos cada rincón de tu piel.

Me acerco a ti y sin poder resistirme más, beso tus preciosos pechos, lo hago delicadamente para sentir lo suaves que son, y como ceden a la presión que mis labios ejercen sobre ellos, tu cierras los ojos (a pesar de tenerlos vendados) y te dejas llevar.

Con mi lengua recorro humedeciendo tu piel hasta llegar a tu cuello, vuelvo a tomarte por la cintura para acercarte a mí, y sentir como tu pecho se aprieta contra el mío, y como tus pezones se endurecen más poco a poco.

Beso tu cuello con mis labios mojados y con mis manos recorro tu espalda, palpando cada centímetro de tu piel y acariciándola. Nuestros labios empiezan a acercarse de nuevo y pronto nuestras lenguas vuelven a devorarse la una a la otra.

Es evidente que has provocado una gran erección, y hago que la notes en tu cara. Besas mi miembro por encima de los pantalones y me haces sentir en el cielo, comienzas a pasar tu lengua por encima de la tela. Me vuelve loco sentir como tu lengua recorre mi sexo durísimo en todo lo largo, por encima de la tela, me tienes completamente entregado, estoy a punto de ceder al placer y decirte que no pares…

Entonces tomo mi sexo con una mano y comienzo a pasar la punta por tu pubis.

Dejas escapar un suspiro al sentir como la gruesa punta desciende hasta llegar a la entrada de tu sexo. Tu suspiras y gimes ligeramente al sentirlo, e intentas provocar para que te penetre. Ya estás muy excitada, pero el ritmo lo marco yo.

Me encanta tenerte así con los ojos vendados sin que puedas ver nada, tu respiración se agita más a cada segundo que pasa, es la excitación de saber que estas completamente a merced de mis deseos...

Derramo una buena cantidad de gel en tu cuerpo. La sensación de mojado y frío te produce un escalofrío.

Paso mis manos por tu delicado cuello, luego sigo conduciendo mis manos por tus hombros y la zona de tu clavícula...desciendo acariciando con el dorso de mi mano tus magníficos pechos, los sobo y puedo sentir como tus pezones ya están muy duritos... El cubito de hielo ha hecho su efecto.

Después solo con mi mano acaricio tu tripa y con las dos manos froto suavemente tus caderas, masajeándolas ligeramente.

Estás gimiendo de inmediato mientras continúo frotandote cada vez mas deprisa, aumentando a cada segundo el ritmo al que muevo mis dedos y la intensidad con la que aprieto.

Cierras los puños y mueves las piernas mientras continúas gimiendo a causa del placer que estoy haciéndote pasar. Me encanta verte disfrutar de esta manera, completamente entregada, pero aún no pienso hacerte terminar.
En ese momento me detengo de nuevo , tu deseas que siga dándote placer, pero yo prefiero terminar el recorrido por tu cuerpo…
Con ambas manos voy acariciando tus muslos, como tienes las piernas estiradas aprovecho para introducir mis manos por debajo de tus muslos para llegar a tu culito…poniendo especial atención en magrear tus nalgas con mis dedos, luego consigo que vuelvas a extender las piernas del todo y así puedo continuar descendiendo por tus piernas, sobando con dulzura tus gemelos para finalmente llegar hasta tus tobillos, rozo ligeramente tus pies con el dorso de mi mano, paso uno de mis dedos extendidos por la planta de tus pies a modo de caricia.

Tu suspiras y compruebo con satisfacción como aunque intentas mover las piernas apenas puedes…

Una vez he terminado me siento a tu lado en la cama de nuevo, acaricio dulcemente tus labios con mi dedo, tu respiración esta cada vez más agitada y excitada…

Entonces saco mi lengua cálida y húmeda, y lentamente comienzo a pasar la punta por tu pezón endurecido, juego con él dándole pequeños golpecitos con mi lengua…después vuelvo a lamerlo de nuevo para asegurarme de dejarlo completamente mojadito.

Y cuando he terminado con tu pezón continúo lamiendo el resto de tu pecho, humedeciendo con mi lengua tu suave piel mientras que con una mano sobo tu otro pecho y froto con dos dedos su pezón dándote así mucho placer, mis besos se vuelven mas apasionados, tomo tu pecho y lo introduzco con mi boca lentamente.
Y entonces empiezo a chuparlo y lamerlo con mi lengua mientras amaso tu otro pecho y froto tu delicioso pezón con mis dedos.
Poco a poco tus jadeos van aumentando, yo también estoy muy caliente y la tengo durísima y completamente erguida, tu lo notas porque al estar inclinado sobre ti besándote y devorándote mi ancho miembro choca con tu muslo…

Tu respiración se agita mucho, te excita terriblemente el hecho de estar así, completamente desnuda con los ojos vendados y atada de pies y manos, a merced de mis deseos y de lo que quiera hacer contigo. Pocas veces habías sentido esta excitación.

Yo no puedo resistir la tentación y lo primero que hago es dirigir un dedo a tu pubis, y después de pasar por el acariciándolo introduzco mi dedo en tu sexo, metiéndolo todo lo que puedo, al sentirlo gimes y mueves tu cuerpo ligeramente, estás muy húmeda y muy caliente por dentro, me encanta eso, mientras mantengo mi dedo dentro de ti comienzo a moverlo en tu interior rozando las cálidas paredes de tu sexo.

Gimes más fuerte y comienzas a retorcerte de placer sobre la cama, estabas tan caliente que sentir como introducía mi dedo en tu interior te ha dado un placer inmenso.

Mueves tus pies lo poco que puedes mientras continúas gimiendo y te coges con las manos al cabecero de la cama donde estas atada.

Pero cuando parece que estas a punto de estallar de placer saco mi dedo de ti, es la segunda vez que te dejo a punto de terminar.

Me acerco a tus labios intentando calmar tu lujuria con un apasionado y tórrido beso.
Mi lengua se introduce en tu boca, al instante busco la tuya y de inmediato las dos se entrelazan y se enredan en un húmedo beso.

Mientras me adueño de tu lengua acaricio tus muslos y subo por tus caderas hasta llegar a tus senos, los mimo acariciándolos con mucha dulzura, pero entonces los tomo uno a uno con mis manos y comienzo a amasarlos y magrearlos mientras los sobo también los juntos entre si y los amaso en uno contra el otro a la vez que froto tus pezones con mis dedos.

Nuestra temperatura aumenta, tu empiezas a suspirar y jadear.

Estoy demasiado caliente asi que decido parar de pronto, y me levanto. Notas como me estoy masturbándo mirándote. Estamos muy excitados.

Me acerco a tu oido y te aclaro:
- Estás aqui para darme todo el placer que quiera, y no puedes hacer nada.
Respondes muy silenciosamente con una tímida pregunta - ¿Qué me vas a hacer?
-Lo que me dé la gana. Te voy a follar como me apetezca, y con quien me apetezca.
Esto útimo te produce un escalofrío, ya que si realmente hubiera alguien más alli, no podrías hacer nada para impedir que se aprovecharan de tu cuerpo. Pero por otro lado, esa es una excusa para disfrutar al máximo, ya que no puedes evitar nada.
-Vas a dar placer a las pollas.

Entonces tomo mi miembro y te lo pongo en la boca.

Sigo aumentando el ritmo cada vez más, meneando casi con furia mi erguido miembro, no puedo evitar comenzar a jadear, el placer es cada vez mayor, los músculos de mis brazos y mi pecho se marcan aún mas por la fuerza de los movimientos con los que me doy placer. Aumento la velocidad del meneo todo lo que puedo, mis dos manos se delizan con fuerza arriba y abajo a lo largo de mi colosalmente duro miembro.

Tú estás empezando a notar algo muy especial, por la vibración y el espectáculo que sube de tono.

De pronto empiezo a gemir, tu observar alucinada y disfrutando del espectáculo, y entonces no puedo evitar correrme con un fuerte gemido.
Sigo meneándomela mientras un chorro de leche caliente sale disparado de mi sexo y va a parar sobre tu cuerpo. Tu cara, tu cuello, tus pechos, tu cuerpo está entero lleno de mi leche. Mi cuerpo tiembla un poco por la intensidad del orgasmo… Tus labios denotan ganas de éxtasis, pero no puedes. Me pides un orgasmo. Me suplicas un orgasmo.

Entonces te dejo un minuto. Te tengo preparada una sorpresa.

Vuelvo y tengo un nuevo juguete. Los chinos lo usan desde hace miles de años en sus relaciones. El afrodisiaco definitivo. Es un pequeño trozo de genjibre fresco, con una longitud de sólo 3 cm. Debe estar recién pelado, y lo voy a introducir en tu culo. Produce un efecto espectacular en pocos segundos, y desaparece rápidamente cuando se saca. También puede simplemente ponerse suavemente encima del clítoris. Los chinos lo usan a menudo. La mujer siente una sensación espectacular.

Comienzo a besar tu cuello y tus hombros desnudos con mis cálidos labios.
Cuando empiezo a recorrer tu boca te sorprendes al sentir como introduzco en tu boca un poco de leche que llevo en mis dedos.

Te doy un beso y nuestras lenguas comienzas a mezclarse y empujarse la una contra la otra, después se entrelazan y se juntan, la leche se esparce por el interior de tu boca y la devoramos a partes iguales.

Cuando ya hemos devorado mi leche en los labios me besas y después continúo descendiendo besando apasionadamente tu cuello hasta llegar a tu pecho.

Permanezco un par de segundos quieto, contemplando la forma tan preciosa que tienen tus senos, tus pezones aún están mojados debido a la leche que ha ido a parar allí hace unos segundos. El jenjibre está haciendo efecto y deseas que te penetre.

Me acerco a tus pechos. Es maravilloso ver como tus pechos suben y bajan al ritmo de tu respiración agitada, y soplo suavemente en tus húmedos pezones…al sentirlo te estremeces y jadeas…

Pero antes de lanzarme a devorarlos quiero cubrir el resto de tu cuerpo…voy a convertirte en el postre mas perfecto.

Echo un poco de nata por tu tripa, solo un poco, lo justo para formar una línea recta que pase por tu ombligo y llegue a tu pubis, después echo un poquito de nata en tus caderas…pero para variar un poco dejo la nata y cojo Mousse de chocolate, la tomo con mis dedos y la esparzo lentamente por la zona de tu pubis hasta cubrir casi por completo esa pequeña zona…

Luego cojo el poco de Mousse que queda en el envase y lo reparto por tus muslos.

Cuando he terminado me detengo en observarte durante unos segundos. Estás irresistible con la leche , la nata y la Mousse cubriendo tu maravilloso cuerpo y tus espectaculares formas.

No puedo resistir la tentación y saco mi cámara de fotografias. Te inmortalizo en este estado, para poder recordar en otros momentos. Es una imagen muy erotica y sensual.

No puedo esperar más para devorar hasta el último rincón de tu piel, así que me inclino sobre ti, empezaré por tus pechos y luego iré descendiendo recorriendo con mi lengua tu piel.

Comienzo por uno de tus senos, paso mi lengua por encima de la leche que esta sobre tu pezón. Te excita saber que estás con los pechos llenos de leche, y te los estoy chupando. Te imaginas la escena y se nota en tu respiración.
Decido que ya está bien, y te desato las manos. Rápidamente te dedicas a acariciarte tu sexo y tu ano. Tienes un tremendo placer en éste.

Decido variar un poco y me dirijo a la base de tu pecho, te doy un suave y profundo beso y mis labios se hunden hasta dar con tu piel, entonces saco mi lengua y con la punta presiono en tu pecho, tu gimes al sentir mi lengua.

Te vuelvo a dar un beso.

Sigo recorriendo tu seno con mi lengua, eliminando la leche que hay en la base de tu pecho…continúo recorriendo esa zona de tu pecho con mis lametones mientras tu suspiras, yo me dedico a quitarte toda la leche que encuentro, y cuando ya he terminado con esa zona de tu pecho me dirijo a la parte de arriba para acabar con tu pezón.

Paso mi lengua por encima de la nata y después la quito con otro lametón, luego comienzo a esparcir la nata que queda por tu pecho con mi lengua para así poder lamer tu piel de nuevo, me encanta ver como mientras tanto tu jadeas y suspiras por el placer que estás sintiendo.
Cuando solo queda nata por la zona de tu pezón me dirijo ahí y comienzo a lamer la aureola de tu delicioso pezón, lo hago suavemente, disfrutando del sabor de tu piel mezclada con la dulzura de la nata. Por fin introduzco tu pecho en mi boca y comienzo a chuparlo y lamerlo muy dulcemente, pero sin tocar el pezón aún, voy chupando y lamiendo todo tu pecho.
Después quito por fin lo que quedaba de nata con un intenso lametón, y cuando tu pezón esta al descubierto comienzo a jugar con el con mi lengua, lo acaricio con mis labios y le doy pequeños golpes con la punta de mi lengua que te llenan de placer.
Ahora me dirijo a tu otro pecho, pero este quiero devorarlo de otra forma, mucho más lujuriosa y apasionada. En un arranque de deseo me inclino y empiezo a devorar con ansias tu pecho, recorriendo lleno de pasión tu piel con mis labios y mi lengua e introduciendo tu seno lleno de nata en mi boca para dedicarme a él con mi lengua, y después chupar y succionar tu pezón durito lleno de lujuria.
Después vuelvo a besar y lamer tu pecho con mucha pasión y sensualidad, mis besos húmedos y el contacto de mi lengua hacen que te estremezcas…
Me encanta verte tan excitada, sigo descendiendo por el centro de tu cuerpo, surcando con mi lengua la línea de nata que voy esparciendo ligeramente por tu tripa hasta llegar a tu ombligo.
Entonces rodeo tu ombligo con mi lengua a la vez que voy lamiendo toda la nata que ha quedado esparcida por tu tripa…cuando he terminado beso tu piel, recorriendo con mis labios tus caderas también y tu pelvis, formando círculos en tu estomago con mis labios y mi lengua hasta que vuelvo a llegar a tu ombligo…
Entonces me dirijo a tus piernas cubiertas con un poco de Mousse, concretamente al interior de tus muslos y la zona de las ingles.

Comienzo a subir lentamente desde tus rodillas por la parte interna de tus muslos, lamiendo la Mouse con mi lengua cálida y húmeda, lo hago muy despacito navegando con mi lengua por tu piel muy lentamente, a medida que acerco a tu sexo noto como tu excitación aumenta y tu respiración se acelera más mientras sientes como mi lengua se aproxima a tu intimidad…después repito lo mismo con tu otra pierna y subo por el interior de tu muslo recogiendo la Mouse con mi lengua y besándote, y cuando llego a tu sexo me detengo y comienzo a besar y lamer todas las zonas de tu piel que están cerca, casi rozo con mi lengua tus labios mayores, pero me detengo antes de tocar esa zona y continúo besando y repartiendo mi lengua por tus ingles aunque tu me pidas que devore de una vez tu sexo…
Entonces me dirijo a tu pubis que también esta cubierto por completo con deliciosa Mouse de chocolate, intentas moverte un poco pero no puedes por los pañuelos que te atan de pies y manos, te contemplo durante un instante y después dirijo mis labios hacia tu monte de Venus, te beso justo en el centro y entonces saco mi lengua y con ella comienzo a recorrer tu pubis en todas las direcciones, lamiendo así el chocolate que cubría tu suave piel.
De vez en cuando voy apretando ligeramente con la punta de mi lengua en tu piel, y al hacerlo tu jadeas de placer, entonces dirijo mi lengua hacia abajo acercándola mucho a tu clítoris y a la entrada de tu sexo ardiente, con mi lengua masajeo esa zona sin llegar a introducirla más, solo quedándome en la entrada, al hacerlo tu abres los labios y gimes.
Cuando ya he terminado de lamer toda la Mouse y he vuelto a dejar tu pubis completamente libre me levanto y cojo algo de la mesilla.
Permanezco callado durante unos instantes y tu que no sabes que ocurre te impacientas un poco, estás muy caliente como para que ahora me pare de nuevo y te deje así, quieres que continúe saboreándote y que ahora devore el plato principal…
Te pido paciencia y te aseguro que vas a gozar como nunca.
Primero quiero asegurarme de que estás muy caliente antes de seguir, cojo un poco de Mouse que había sobrado con un dedo y lo acerco a tus labios, de inmediato abres tu boca para dejar que mi dedo entre, entonces lo chupas y lo lames muy sensualmente.
Yo voy descendiendo con mi dedo húmedo por tu cuerpo, desde tus labios paso mi dedo por tu cuello, después surco tu pecho separando tus dos senos y continúo bajando por tu tripa, pasando por encima de tu ombligo y después por tu pubis nuevamente hasta que por fin llego con mi dedo a la entrada de tu sexo…
Me detengo ahí durante unos segundos y te observo, estás muy excitada y jadeas con tus preciosos labios ligeramente abiertos. Decido no hacerte esperar más, quiero comprobar si estás tan húmeda y caliente como quiero.
Así que bajo hasta tu clítoris acariciándolo con todo mi dedo suavemente, un primer gemido escapa de tu boca cuando lo sientes, con delicadeza deslizo ese dedo hasta separar tus labios mayores y encontrar la entrada a tu recinto, toda la zona está muy húmeda.
Muevo mi dedo en círculos, explorando la entrada de tu vagina, y lentamente comienzo a invadir tu interior introduciendo mi dedo todo lo que puedo.
En cuanto notas como mi dedo penetra en ti gimes muy profundamente y te retuerces ligeramente, todo lo que te permiten los pañuelos que te atan, mueves tu pelvis acercándola mas para que la penetración sea mas profunda aún.
Una vez dentro mi dedo explora tu interior, estás muy caliente, y cada nuevo roce en tu intimidad hace que un gemido más salga de tus labios, me pides que no pare.
Pero aún no he terminado, saco mi dedo y me acerco mas a ti quedándome sentado en la cama delante de ti, entre tus dos piernas, justo frente a tu sexo…

Entonces tomo mi miembro con una mano, sigue tan duro y erguido como antes, lo tomo por el tronco y lentamente acerco la cabeza de mi sexo a tu intimidad.
Una vez allí empiezo a pasar la punta por tu vagina, primero por encima de tus labios mayores y después aprieto un poco más y separo tus labios.
Empiezo a restregar la ancha punta de mi miembro en la entrada de tu sexo, la muevo de arriba abajo presionando ligeramente pero sin llegar a penetrarte aún.
Tu gimes cada vez mas rápido y me pides que te la meta de una vez porque no puedes más.
Te pregunto si estás muy caliente, me dices que estás ardiendo y que te la meta ya.
Entonces me detengo y dejo de restregar mi miembro en tu sexo, antes de que puedas quejarte tomo un bote de yogurt de fresa, y sin darte tiempo a decir nada echo todo el yogurt en mi mano y con mis dedos lo unto en tu sexo…
El yogurt esta helado y entrar en contacto con tu sexo que está ardiendo el placer que te produce es inmenso, yo simplemente me quedo contemplando como te retuerces de placer en el colchón y gimes mientras el yogurt se desliza lentamente dentro de ti.
Creo que te he hecho esperar demasiado y ahora toca recompensarte, así que sin esperar más me inclino sobre tu sexo y comienzo a devorarte y a lamer el yogurt con lujuria, introduzco mi lengua caliente que se mezcla con el yogurt frío, y comienzo a moverla dentro de ti abarcando todo tu interior y dándote todo el placer que te prometí, lamo una y otra vez tu sexo y meto mi lengua dentro de ti lamiendo todo el yogurt que esta esparcido en tu interior, después pongo dura mi lengua y comienzo a meterla y sacarla de tu sexo como si te estuviera penetrando.
Luego me dirijo a tu clítoris y comienzo a jugar con él en el interior de mi boca, le doy pequeños golpecitos y lametones que te hacen sentirte en la gloria, mueves tus caderas y tus pies mientras gimes fuertemente y te sujetas al cabecero de la cama con tus manos atadas.

Mientras succiono y chupo tu clítoris dirijo un par de dedos a tu vagina y los mete tan profundamente como puedo, comienzo a moverlos dentro de ti y entonces lo saco y los meto cada vez mas rápido mientras con mi boca aún continúo dedicándome a darte placer en tu clítoris y mis dedos se ocupan de tu vagina.
Tus gemidos cada vez mas acelerados y los movimientos de tu cuerpo avisan de que estás a punto de correrte, en ese momento me detengo y saco mis dedos de ti.
Me pides que no pare ahora, no soportarías que te dejara con las ganas ahora que estás a punto de estallar de placer.
Yo no te respondo, solo me limito a inclinarme sobre ti y besar tus labios, después beso tu cuello mientras coloco la punta de mi sexo en la entrada de tu vagina, y luego introduzco de un solo golpe mi miembro en tu interior, lo hago con suavidad pero con firmeza.
Mi ancho miembro, enormemente duro y muy caliente, entra en ti abriéndose paso en tu interior hasta que queda completamente metido por completo en tu sexo, te penetro de forma muy intensa…entro en ti poco a poco pero sin detenerme y tu vas sintiendo como mi miembro va metiéndose hasta llenarte por completo.
Al notar como mi pene entra en ti y te la meto con fuerza de un solo movimiento gritas de placer y te corres sintiendo como te penetro profundamente, como mi sexo entra en ti y te invade centímetro a centímetro hasta que acaba por completo dentro de ti, volviéndote loca de placer mientras te hago mía.
Arqueas la espalda mientras sigues gritando y gimiendo con fuerza, yo te abrazo y sigo besando tu cuello disfrutando de cómo jadeas mientras te corres, dejo mi miembro erguido y completamente tieso dentro de ti, y tu continúas gimiendo y disfrutando del orgasmo tan intenso y placentero que te había prometido.
Poco a poco tus gemidos se van suavizando hasta convertirse en jadeos, y tu cuerpo se va relajando el orgasmo que has tenido, cierras los ojos mientras yo mordisqueo dulcemente tu oreja y dirijo mis labios a tu boca, entreabres tus labios y nuestras lengua comienzan a moverse entrelazándose entre ellas y enredándose con pasión.
Hoy no pienso dejarte descansar…poco a poco comienzo a mover mi cintura, y mi miembro que hasta entonces permanecía quieto dentro de ti comienza a entrar y salir de tu intimidad. Sonríes y empiezas a jadear de nuevo, devoro tus labios y luego me dirijo hacia tus pechos a la vez que continúo penetrándote con mi ancho pene, durante unos instantes lo saco y paso la punta por tu interior pero sin llegar a introducírtelo, frotando con la húmeda punta tus labios mayores, después lo vuelvo a meter con la misma firmeza de antes, introduciendo lenta y profundamente mi miembro en ti, luego comienzo a penetrarte cada vez con mas rapidez, aumentando poco a poco el ritmo con el que te doy placer mientras devoro tus senos, los chupo y los succiono lujuriosamente para después dedicarme a lamer y recorrer una y otra vez tus pezones con mi lengua.
Dios me encanta tenerte así, vendada y completamente inmovilizada, no puedes hacer nada, solo dejarte hacer y disfrutar del placer que te doy. Mientras tu permaneces atada y vendada sin poder moverte yo te penetro y te devoro como quiero…
Después de terminar de saciarme con tus pechos me incorporo, y sigo penetrándote sentado de rodillas en la cama, pero ahora quiero cambiar de postura…
Cojo una tijeras y corto rápidamente los pañuelos que ataban tus tobillos a las esquinas de la cama, sin dejar que te muevas tomo tus dos piernas y las pongo juntas hacia un lado, tu permaneces inmovilizada de manos y te dejas hacer.
Cuando tus dos piernas están juntas tu maravilloso culito queda completamente a mi vista, me acerco de nuevo con mi miembro y lo introduzco en tu sexo a la vez que con mi manos acaricio y magreo tus nalgas, la posición hace que la penetración sea mucho mas profunda, y mi erguido y caliente miembro entra muy fácilmente en ti hasta que se pierde por completo en tu sexo.
Comienzo a penetrarte cada vez mas rápido y con mas fuerza, me vuelvo a inclinar sobre ti y así la penetración es aún mas intensa, gimes y jadeas mientras entro y salgo de ti cada vez mas rápido.
Beso tus labios, con una de mis manos sujeto tus piernas para que permanezcan juntas mientras que con la otra sobo tus nalgas una y otra vez.
Devoro a besos tu cuello y tus hombros, vuelves a estar muy caliente de nuevo y yo siento que voy a estallar.
Me vuelvo a incorporar y mientras permanezco sentado de rodillas en la cama tomo tus piernas por los tobillos y las levanto, las mantengo en alto cogiéndolas por los tobillos y encargándome de que permanezcan juntas.
Sin esperar más me acerco a ti, tu aprietas un poco mas los muslos, yo te penetro intensamente, al estar tus dos piernas juntas en esta posición la penetración es muy profunda…muy intensa, tus piernas juntas hacen que el placer al penetrarte sea mucho mayor para los dos.
Comienzo a coger ritmo y a bombear cada vez mas rápidamente mientras mantengo tus piernas en alto e introduzco mi grueso miembro todo lo que puedo en ti.
Mientras comienzo a aumentar el ritmo acaricio y beso tus tobillos suavemente, tu gimes cada vez más rápido mientras entro y salgo de ti, tus pechos se mueven arriba y debajo de forma maravillosa al mismo compás.
Entonces coloco tus piernas sobre mis hombros, una en cada hombro, y te tomo por las caderas para aumentar aún mas el ritmo, entro y salgo de tu caliente interior, el placer es inmenso y me uno a ti en los gemidos, de pronto me inclino sobre ti de nuevo pero esta vez para cortar los pañuelos que te ataban las muñecas, entonces me rodeas con tus piernas y en cuento tus manos se ven libres las lanzas sobre mi cuello y atrapas mi espalda. Me abrazos yo me inclino sobre ti, comenzamos a besarnos lujuriosamente, mientras aún llevas el pañuelo de seda con el que estás tan sexy.
Con tu piernas comienzas a acariciar mis nalgas y tus manos frotan mi ancha espalda con pasión, intentas darme la vuelta para tumbarme en la cama.
Y cuando ya estoy tumbado te pones encima y comienzas a moverte sobre mi, cabalgándome de forma frenética, te sientas sobre mi miembro enormemente duro y tieso y comienzas a botar rápidamente a la vez que acaricias con tus manos mis pectorales y mis abdominales.
Nuestros gemidos aumentan a cada segundo que pasa, yo estoy a punto de estallar de placer, la vista de tus maravillosos senos botando al ritmo que te mueves es demasiado tentadora y no puedo resistirme a levantar mi espalda y comenzar a devorar tus pechos mientras tu llevas una mano a tu clítoris y comienzas a frotarlo lujuriosamente.
Introduzco tus senos en mi boca y comienzo a lamerlos y chuparlos, tus pezones están durísimo y yo e encargo de humedecerlos con mi lengua para después succionarlos.
Coloco una mano en tu espalda y con la otra busco tu clítoris, allí me encuentro a tu mano que ya lo está frotando.
Pero en lugar de quitar tu mano decido unirme a ella, quiero que te masturbemos los dos juntos, comienzas a gemir cada vez mas fuerte sintiendo como froto y acaricio tu clítoris mientras continúas moviéndote arriba y abajo sobre mi grueso miembro.
Ya no puedo aguantar mas, te hecho hacia un lado y otra vez termino encima de ti, tu subes tus piernas sobre mi espalda para que la penetración sea mas profunda aún, yo comienzo a embestir introduciendo mi miembro en tu sexo húmedo, se desliza muy suavemente dentro de ti llenándote por completo.
Nuestros gritos de placer aumentan y sin poderlo evitar me corro entre jadeos, derramo mi líquido caliente dentro de ti inundándote por completo. Tu gimes y al sentir como me corro en ti no puedes evitar comenzar a correrte tu también. Me aprietas fuertemente contra ti mientras cierras los ojos y gimes con fuerza, yo te acaricio y te beso suavemente en el cuello mientras me recupero del orgasmo y mientras tu aún tiemblas un poco por la intensidad del último.
Exhaustos nos tumbamos en la cama y nos abrazamos.

Sexo telefónico con un desconocido



Hace tiempo que mi esposa sabe que me excitaría verla con otro hombre, tanto en acción de trío como de simple mirón, pero entiendo que es un paso importante en la relación de pareja. No es una cosa que los hombres comentemos, pero mirando por internet, donde el anonimato es total, te das cuenta que muchísimos hombres piensan así. De ahí que hayan infinidad de webs al respecto. El hecho de ser cornudo es bien apreciado por muchos.

Sinceramente, después de ver muchas opiniones al respecto,la conclusión que saco es una. ¿Qué puede haber más agradable que ver disfrutar a la persona que amas?

Para ponerme unas medallas, diré que creo que mi pareja tiene suerte en que no fantaseo con otras mujeres. Sueño y me masturbo pensando en ella. Su cuerpo me altera.

Entiendo que es un paso dificil, por los muchos temores a que sé yo, pero respeto, aunque en la intimidad los dos fantaseamos mucho con ello, y nos excita mucho.

Después de llegar a casa, y de calentarnos un poco, y de tomar algunos chupitos, ella me pregunta, si me gustaría verla con otra polla, a lo que respondo que sí.
Empezamos a tocarnos. Evidentemente esto me pone muy caliente, y nervioso por dentro.

Me recuerda los nervios de aquellas primeras veces, donde cualquier roce o intención te ponía la sangre a mil.

Entonces me afirma que me hará cornudo virtual.
Me ordena que traiga un ordenador portátil al sofá y que lo conecte a algún chat. Hay chats de muchos tipos, como por ejemplo sirvan chatear.com , chatzona.com o chateagratis.es
y ella debe escojer uno que le agrade.

Seguramente al entrar en ciertos chats con nombres sugerentes, saldrán candidatos a patadas.
Los hombres somos así. Mi mujer no es muy ágil con los chats, pero a buen seguro, que irá cogiendo la práctica.
Ella deberá decidir que hacer. Hasta donde seguir...

...
Me pide que me desnude y me masturbe mientras la miro. Observo su cuerpo... a sus 42 años ya no tengo el cuerpo de una modelo, pero se que todavía me conservo bien, mis ojos verdes observan cada rincón de su cuerpo... hace tiempo que me corte la melena negra y ahora llevo el pelo por la mitad del cuello, todo el mundo me dice que me hace mas juvenil, tengo el cuerpo delgado y mis pechos son bonitos y con una talla más que suficiente, a menudo observo como los hombres no pueden evitar clavar su mirada cuando me reclino. Me gusta cuidarme y por lo general hago natación 4 veces por semana, con ello he conseguido mantener la celulitis bastante a raya y mis caderas se mantienen en el mismo lugar que hace 10 años.

Son las 12 de la madrugada y no puedo dormir, vuelvo a la cocina a tomar un vaso de leche y observo la pantalla del ordenador portátil, pensando si me atrevo a hacer realidad una fantasía. Pienso que es anónimo, y no tengo nada que perder. Me acerco y casi sin pensarlo abro una página de contactos o chats. Pierdo unos minutos en registrarme. Necesito saber que hay en ese mundo desconocido para mi hasta ese momento.

Durante los primeros minutos decenas de ventanas se abren...

· Ola guapa estas sola?
· Quieres ver mi polla por la cam?
· Que llevas puesto?
· Te apetece quedar?
· Practicamos ciber...?

Uno a uno voy cerrando las ventanas a la vez que se abren, me resultan repugnantes y en el mismo momento que voy a cerrar...
· Hola, que tal?
· ¿Te apetece un rato de charla?

Es la primera vez en media hora que alguien me habla de forma respetuosa y sin faltas de ortografía, por lo que decido contestar...
· Hola soy Elena que tal?
· Bien, soy Íñigo encantado de conocerte
· Lo mismo digo...

Así empezamos a charlar... esa noche me sorprendió el reloj a las 3 de la mañana mientras hablábamos sobre los temas mas diversos, tanto es así que por un momento casi consigo olvidarme de lo que horas antes había vivido. Al marchar a la cama quedamos en volver a hablar...
Al día siguiente cuando llegó Luis no dije nada, en un primer momento deseaba pero... no dije nada, permanecí callada mientras lo miraba.

Tenia una semana de vacaciones en el hospital, cuando no tenía que trabajar solía aguantar un poco mas leyendo algún libro, Luis se marcho a la cama y mi mirada quedó fijada en el portátil... recordaba la charla que tuve la noche anterior con Iñigo y volví a entrar...
Ahí estaba, esperando... pero esta vez fui yo quien le saludé
· Hola Iñigo, que tal?
· Hola Elena, me alegra mucho volver a verte....
Así comenzó mi historia con el... cada día un poco más, cada día un paso más...poco a poco sin darme cuenta, comencé a engancharme a el, a su lado me sentía especial y solo a él, le conté los secretos que nunca hubiera contado a nadie, mentía a Luis diciendo que tenía que presentar un trabajo del hospital, para poder sentarme delante del ordenador con el.

Durante 6 meses hablamos de todo lo que se puede hablar, desnude mi alma contándole mis deseos, mis sueños, mis preocupaciones y mis anhelos, durante ese tiempo el estaba en mi mente y cada experiencia que tenía la imaginaba a su lado. Cuando mi marido me hacia el amor, cerraba los ojos y era a Iñigo a quien veía, era él a quien acariciaba y a quien sentía, era él a quien gritaba... te deseo!!! Luis seguramente algo sospechaba pero estaba encantado con la nueva Elena.

Ninguno de los dos sabíamos como era el otro, yo le confesé que la foto del perfil era de una amiga y el confesó que había hecho lo mismo, decidimos no enseñar las fotos para no romper la magia...

Nunca en mi vida había sentido la necesidad de masturbarme, nunca hasta entonces... la primera vez que Iñigo hablo conmigo por teléfono, sentí derretirme por dentro cuando escuche su voz grave, mientras el me hablaba... me sentía flotar en una nube y mi sexo comenzó a fundirse, casi sin darme cuenta mis dedos comenzaron a acariciarlo mientras con la otra mano sujetaba el teléfono, tumbada en la cama y mientras mi hija jugaba a las muñecas en la habitación de al lado.... Iñigo no sabia nada, el seguía hablando y contándome el sueño que había tenido, mientras... mis braguitas empapadas habían caído a la altura de los tobillos y mis dedos entraban y salían en mi sexo húmedo y cálido.

En cualquier momento mi hija podía entrar y descubrirme, pero hacia tiempo que mi sentido común había sido vencido por el deseo... en ese instante mi respiración se tornó en jadeos y mi cuerpo me abandonó, sin poder desahogarme por completo, comencé a convulsionar con espasmos de placer, mi cabeza ladeaba a un lado y al otro sin poder evitarlo y un gemido ahogado se escapó de mi boca reseca...

· Estas bien??

Preguntó Íñigo...durante unos segundos permanezco todavía jadeante sin poder contestar...

· Si estoy aquí, perdona tenia la la niña por aquí dando guerra...

Por supuesto era mentira... mientras hablaba, me subía las bragas que todavía estaban empapadas.
Sin tan siquiera pensar mis palabras le digo...
· Quiero conocerte en persona Iñigo...


Durante unos segundos queda callado, el silencio se apodera de la conversación y mi corazón se acelera a la espera de la respuesta, nunca hubiera pensado que un hombre pudiera rechazar quedar con una chica... pero en ese instante comienzo a tener mis dudas de que la respuesta fuera un si. Tras unos instantes vuelvo a escuchar su voz..
· Si me encantaría, pero... antes de vernos me gustaría jugar a un juego...¿¿ te atreves??

· Que clase de juego?.-mi corazón se acelera... realmente aquello parecía excitante pero quise disimular mi excitación-

· No te lo puedo decir... solo quiero que sepas que... descubrirás sensaciones que nunca antes hubieras imaginado ni que existieran..

· Me encantaría, pero... solo si tu eres uno de los protagonistas del juego...

· Claro por supuesto... los dos somos protagonistas... jajaja

· Entonces me encantaría...
· Bueno durante unos días no sabrás nada de mi, cuando te llegue un mensaje habrá comenzado el juego, deberás hacer lo que te indique, estas de acuerdo?

· Si, esperare el mensaje...

Durante esa semana, la ansiedad se apoderó de mi, mientras estaba en el hospital mi mente comenzaba a volar, iba a quedar con un completo desconocido...pero realmente lo necesitaba, necesitaba conocer a esa persona que conseguía hacer revolotear las mil mariposas en el estomago, él y solo él conseguía hacer que mi cuerpo se comportara como nunca lo había hecho...
El viernes sonó el móvil, era un mensaje... al abrirlo y ver que era suyo, mi corazón golpeó con fuerza contra el pecho...
-El juego ha empezado... te espero a las 10 en la plaza de La Concordia, siéntate en el banco que hay frente a el estanco, te espero.-

Todo era una autentica locura pero... hacia tiempo que mi corazón no hacía caso a mi cabeza... la tarde del sábado dije a mi marido que había quedado con las amigas para cenar, ni tan siquiera me preocupe en organizar una coartada... por la tarde perdí un buen rato mientras me ponía guapa, busqué mi ropa intima más bonita, un tanga y un sujetador de puntilla blanco a juego, un vestido blanco palabra de honor con la falda por encima de las rodillas y por último unos zapatos de tacón alto, todavía no había estrenado pensando que eran demasiado provocativos para una madre...
Durante el camino, el miedo y la excitación me acompañan a partes iguales, a menudo he imaginado como seria esa persona que con sus palabras me había hecho volver a sentirme como una chiquilla de 15 años, quería saber como era el rostro de aquel hombre que con su voz grave hacía que me estremeciera y traicionando todo lo que había sido hasta ahora.
Una vez en la plaza localizo el banco en cuestión y me siento en el, espero durante unos minuto observando el ir y venir de los chavales que acaban de salir de fiesta, es una noche de agosto, hace calor y en la calle se mezclan todo tipo de gente. En ese instante el ruido de un mensaje me despierta de mis pensamientos, al abrirlo mi corazón vuelve a darme un golpecito...
-Estas aquí, eso quiere decir que quieres jugar...pon la mano en la parte de abajo del banco y lee la nota que hay -.

Hago lo que me pide el mensaje, encuentro una nota pegada con celo en la parte de abajo del banco y comienzo a leer...
-Enhorabuena!! has conseguido la primera prueba, ahora deberás ir a los baños masculinos de un pub llamado “Single II” se encuentra a unos 100m calle abajo, allí tendrás las nuevas instrucciones.-

Tal y como pasa la noche el nudo en el estómago comienza a agrandarse, la ansiedad comienza a apoderarse de mi, necesito que el juego termine pero a la vez noto como sin darme cuenta mis braguitas han comenzado a humedecerse.
El pub esta lleno de veinteañeros, dentro hace muchísima calor y mi vestido no tarda en pegarse a mi piel dejando al descubierto la forma de mis pechos, camino con dificultad entre la muchedumbre y llego al wc, el de los chicos esta ocupado y espero fuera, el wc de las chicas se abre pero no entro, el chico que espera tras de mi se sorprende cuando en vez de entrar en el que me corresponde entro en el de chicos... seguramente ha imaginado que... -algo esta buscando cuando quiere entrar el el mismo wc en el que entro yo-... por lo que sin decir nada entra tras de mi y me sujeta por la cintura a la vez que una de sus manos sujeta uno de mis pechos... En ese instante lanzo un grito y me vuelvo golpeándolo con fuerza...
· Que haces hijo de puta??? suéltame o te pongo una denuncia por acoso..

· Vale vale putita no te pongas así, ya me voy...
Cierro la puerta con fuerza y permanezco de pié apoyada contra la puerta, mientras fuera sigue escuchándose la música atronadora. Una vez he recuperado el aliento, hay algo que me sorprende... aquel chico ha conseguido excitarme, sentir sus fuertes manos acariciándome con brusquedad han hecho que mis pechos se endurezcan y vuelvo a sentirme otra vez húmeda...
¿Seria posible que aquello formara parte del juego? estoy excitada y confundida, por un momento casi se me olvida lo que me había llevado hasta allí. En ese instante suena el móvil de nuevo y un nuevo mensaje aparece en la pantalla...
-Mira tras la cisterna -

Recojo el móvil y hago lo que ordena el mensaje, tras la cisterna hay otra nota y en ella se puede leer...

- Deberás quitarte el tanga y el sujetador y tiralo a la basura, te espero en el privado del pub “Dalí” situado al final de esa misma calle.

Que estaba haciendo? Mientras me quitaba el tanga, no podía dejar de sorprenderme a mi misma, hasta que punto estaba dispuesta a llegar por aquel hombre... hice cuanto ponía en la nota y deje en aquel sucio baño mi bonita ropa íntima.

Al salir del lavabo sentí miedo por el chico que me había abordado hace unos minutos, si volvía a hacer los mismo que antes... se daría cuenta de que no llevaba nada... buff no quería ni pensar. Pase entre la multitud y volví a salir del pub, me sentía liberada y excitada, las manos de aquel chico habían conseguido hacerme sentir una sensación insospechada hasta entonces.

El siguiente pub era similar a los otros, lleno de chavales bebiendo y bailando, el mismo calor que hace que la ropa se pegue al cuerpo y la misma dificultad para cruzar hasta llegar a la zona de los wc. Una vez allí veo unos chicos apoyados contra la pared, hay varias chicas esperando para entrar en el lavabo y mi corazón da un vuelco cuando al fondo del pasillo veo una puerta con la palabra privado, camino hasta allí abro la puerta y entro en la estancia, al cerrar tras de mi, el ruido del bar disminuye y se convierte en un murmullo.

Todo esta oscuro en el interior, huele a humedad y cerveza, entre la oscuridad comienza a vislumbrarse las figuras de cajas y bultos, en ese instante...Una fuerte mano me sujeta por detrás sujeta mi cintura y me tapa la boca, quiero gritar y comienzo a moverme para intentar zafarme de aquel extraño, el miedo se apodera de mi y en el forcejeo el me habla al oído...

· Tranquila soy yo no grites.... soy Iñigo

Es la voz de Íñigo... en ese instante dejo de de forcejear y el separa lentamente la mano de mi boca, comienza a besar mi cuello, lo siento tras de mi y me estremezco sintiendo como toda mi piel se eriza, intento darme la vuelta pero el me sujeta fuertemente y me mantiene ahí, siento como su cuerpo se pega al mio mientras sus manos comienzan a explorar cada rincón de mi cuerpo...

· Que hacías aquí putita? Te voy a tener que cachear no me fío de las zorras que entran sin llamar donde no deben...

Una mezcla de deseo e incredulidad me asalta... se comportaba como nunca lo había hecho hasta ahora, sin embargo... mi sexo desnudo ha comenzado a humedecerse... mis pezones se endurecen con cada palabra de desprecio, con cada beso en mi cuello desnudo..,de una manera que no alcanzo a entender, sus palabras hirientes hacen que me excite más y más por momentos
· Estas caliente eh zorra... vas a ver lo que es bueno...

Sus manos acarician mis piernas, suben por mis muslos y rozan mi sexo, esta húmedo, el se recrea rozando con su dedo corazón esparciendo mis flujos hasta llegar a mi culito. Sus dedos no paran de moverse, se cuelan con facilidad y comienza a penetrarme con el dedo corazón y anular juntos, yo no puedo evitar mover mi culo al compás de sus dedos en mi...
· No me fío de ti, voy a tener que inmovilizarte...
El sujeta mis manos y en un rápido movimiento ata mis muñecas con unas esposas... sin tiempo siquiera para resistirme, me empuja hacia delante y mi cabeza queda reclinada sobre una caja de cartón de servilletas de papel...me siento humillada y sucia, igual que una vulgar prostituta, pero sin saber porque todo mi cuerpo me pide mas, necesito sentirlo y comienzo a gemir de placer cuando sus dedos se cuelan por encima de mi culo y vuelve a acariciar mi sexo desnudo.

· Hoy vas a saber que es un hombre puta... vas a saber como te folla una polla de verdad...
No puedo moverme, me sujeto sobre mis tacones de forma inestable, con las manos atadas tras de mi, el se recuesta sobre mi bajando mi vestido bruscamente, dejando al descubierto mis pechos que quedan colgando, los noto muy duros e hinchados, se que mis pezones se han endurecido y comienzo a sentir sus manos acariciándolos, los acaricia de abajo a arriba terminando por pellizcar ligeramente mis pezones,
· Que tetas tienes zorra!! me ponen a mil... mira como tienes los pezones mira que estas cachonda!!!

Sentía el roce de su cuerpo tras de mi, no podía dejar de gemir de deseo, quería sentir su polla en mi, no había nada que deseara más... todo mi cuerpo se estremecía de placer, mi culo intentaba frotarse contra su paquete mientras el seguía presionando mis pechos. En ese instante hablé...
· Quiero sentirte en mi, por favor hazme tuya no aguanto mas, necesito sentirte...

· Te crees que no lo se guarra?? ahora vas a ver lo que es un hombre...

Subió mi falda y el bonito vestido quedó enrollado sobre mi cintura, con un pequeño empujón separó mis piernas que quedaron arqueadas, dispuestas a recibirle, necesitaba sentirlo, si sexo chorreaba y mis caderas se movían en círculos como los de una autentica guarra, haciendo lo posible por sentir su presión. En ese instante lo sentí, sentí su pene rozando mi sexo, no podía dejar de gemir...
· Quiero que me folles!!! por favor entra en mi....
Mis palabras eran entrecortadas, una autentica súplica, jamas había utilizado palabras semejantes, pero estaba perdida por completo... noto la punta de su pene entrando en mi, solo la punta pero muevo mis caderas intentando sentir su fricción... en ese instante el sujeta mis caderas y tras un segundo de espera me embiste con fuerza y toda su polla entra en mis entrañas, es un golpe tan fuerte que uno de mis tacones termina saliendo y casi caigo si no llega a ser por que el me sujetaba con fuerza.
· Vas a gozar como una zorra, nunca nadie te ha metido algo así..
Un grito ahogado sale de mis entrañas al sentir su enorme polla penetrándome como el cuchillo a la mantequilla, me llena por completo, mucho mas que lo que había sentido hasta ahora... poco a poco comienza a moverse y su miembro duro entra y sale en mi con facilidad, mi coñito húmedo y caliente hace que resbale en mi interior, siento la fricción que me hace enloquecer de placer.
Como algo lejano se puede escuchar la música del local al otro lado de la puerta, mientras mis gemidos se mezclan con su respiración acelerada, su cuerpo choca una y otra vez contra mi culo, abro mis piernas todo lo que puedo a pesar de no poder moverme apenas, mis pechos se mueven arriba y abajo al compás de sus embestidas, siento que todo todo mi cuerpo esta apunto de abandonarme, mi boca reseca por el deseo grita al sentir los primeros espasmos de placer, por mi cuerpo comienzan a recorrer las convulsiones y no puedo evitar gritar al llegar un maravilloso orgasmo.
· Yaa sigueee ahhhh sigue no pares, ahhhhh, ahhhhh
Nada mas terminar y sin dejarme tiempo a respirar, noto como su cuerpo se tensa, me sujeta con mucha fuerza y me golpea como un autentico toro, sus músculos se endurecen a la vez que un gruñido de placer retruena en la habitación siento como un cálido chorro de semen entra en mi y me llena por completo. Fuertes embestidas siguen penetrándome hasta que poco a poco y paulatinamente todo termina...

Noto como sale de mi y tras unos segundos, comienza a vestirse, yo permanezco apoyada con mi cabeza sobre la caja de servilletas, intentando mantener el equilibrio hasta que por fin suelta las esposas que me impedían moverme, caigo al suelo mugriento y noto como la puerta se abre tras de mi y vuelve a cerrarse. Permanezco durante unos minutos recostada en aquel lugar mugriento, semidesnuda y con su semen recorriendo mis muslos en finos hilos que terminan goteando sobre el suelo. En que me he convertido? Me avergüenzo de mi y de mis pensamientos y sin embargo no puedo evitar desear volver a verlo al precio que sea...

Tras unos instantes tendida en el suelo, mi cuerpo comienza a reaccionar, me levanto y salgo de aquel lugar, me encuentro sucia, con la ropa a medio poner y el semen recorriendo mis muslos, al abrir la puerta vuelve a oírse el ruido del local, pero yo estoy en una nube, apenas escucho o veo nada, sigo caminando hasta llegar a los baños, están llenos de chicas que pretenden entrar por lo que me doy la vuelta y marcho de aquel lugar, con la prueba del pecado recorriendo mi cuerpo...

Tras aquella noche no pude volver a hablar con Iñigo, me sentía como una autentica fulana, pero una y otra vez mi cuerpo me traicionaba, no podía dejar de recordar aquella noche y cada vez que lo hacía, mi sexo se humedecía y mi corazón palpitaba con fuerza, necesitaba volver a tenerlo dentro de mi, acariciar su cuerpo y ser poseída por él una vez mas... durante esa semana se convirtió en una obsesión...



Dicen en foros, que es muy común que te pidan hablar por teléfono. En ese caso, siempre existe la posibilidad de llamar (nunca recibir) en modo de número oculto para conservar el anonimato.

En éste caso, ella pedirá el teléfono y llamar al interlocutor que le habrá dado el teléfono. Yo simplemente estaré a su lado escuchando y poniendome a mil, escuchando lo que ella diga, haga, o escuche del otro lado de la línea.