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Esclava y sumisa un fin de semana

En nuestra relación de pareja siempre hemos intentado que no entrara en la rutina. Disfrutábamos de una posición económica más que desahogada, pero a un alto precio, mi actual trabajo no me dejaba mucho tiempo para mis relaciones familiares. Había conseguido esa plaza y tenía el tema económico resuelto, a cambio de mi tiempo.

Mi marido, no paraba de colmarme de atenciones, sin que fuera correspondido, así había sido desde el principio de nuestra relación. …él esforzándose una y otra vez, inasequible al desaliento, por mantener viva nuestra relación y yo, sin querer asumir que mi trabajo, aún dándome cuenta, estaba empezando a arruinar mi vida.

Así, aprovechando un puente, organizó con todo mimo y detalle, un maravilloso viaje a un hotel de lujo en Canarias con un único plan: descanso y relax. Todo pintaba de color de rosa hasta que dos días antes de la salida, mientras comprábamos ropa para nuestra escapada, recibí una llamada del trabajo anunciándome que tenía que hacer una suplencia con toda urgencia para ese fin de semana. A pesar de mi oposición, no tuve más remedio que aceptar que nuestra escapada habría de posponerse. Mientras hablaba con mi jefe, por mi tono y respuestas, él adivinó lo que ocurría.

Cuando colgué me miró, y simplemente dijo con un tono de profunda decepción:

-No digas nada, ya lo sé -. Intenté justificarme por todos los medios pero fue inútil, ni siquiera quiso volver conmigo a casa. Dijo que quería dar una vuelta solo para despejarse.

Al volver a casa se me hundió el techo encima. Decidí que no podíamos seguir asi y que si quería recuperar a mi marido tenía que compensarle de una forma especial. Cuando regresé le pedí perdón y traté de convencerle que tendríamos una mejor ocasión.

- Sé que estás enfadado, y te entiendo. Dije, pero por favor, ten paciencia, será la última vez. Podemos aplazarlo para el próximo fin de semana.

Respondió con desilusió y el próximo fin de semana volvería a surgir algo muy importante e inaplazable, - déjalo, no te esfuerces, da igual.

- Te prometo que no, repliqué. Yo misma elegiré un sitio muy especial, donde podamos olvidarnos de todo, los dos solos, haremos todo lo que tu quieras, por favor.

-¿Lo que yo quiera?, Me preguntó incrédulo, por fin conseguía despertar su interés.

Lo que quieras, acepté, sin darme muy bien cuenta de lo que decía, desde que lleguemos hasta que nos vayamos. Seré tu esclava por un fin de semana.

-Estás segura de lo que dices? Insistió.

- Te lo prometo, acepté, a pesar de que su tono ahora me intimidaba. - Todo lo que me pidas, le remarqué.

De acuerdo, concluyó . - Espero que luego no te rajes.

-No te arrepentirás.

Esto último lo dije sin saber muy bien lo que decía. Quizás quien se tuviera que arrepentir sería yo de mis palabras, aunque en ese momento no le di mayor importancia.

Estuve trabajando todo el puente sin apenas ir a casa más que para dormir, pero en ningún momento emitió la más mínima protesta. Cada vez que me disculpaba por la poca atención que le podía dedicar, él le restaba importancia y anunciaba que ya se resarciría el próximo fin de semana.

Busqué un lugar idílico, un hotel de lujo, con su zona spa, en una zona turística, etc. Fuimos en coche. Durante todo el viaje yo le preguntaba que es lo que hariamos, y él simplemente me repetía que lo que él quisiera. Me recordaba que había prometido ser su esclava.

Durante todo el trayecto se mostró muy atento conmigo, parecía haber dejado atrás completamente su decepción de la semana anterior. Yo le recordaba, que ese fin de semana era él quien mandaba, y le preguntaba que deseaba hacer, pero simplemente contestaba que ya lo vería, que me sorprendería.

Llegamos al hotel, deslumbrante y con todo tipo de detalles. Nos registramos y el botones nos acompañó a nuestra habitación. Cuando nos dejo solos nos abrazamos dándonos un tierno beso.

-Bueno, tú mandas le pregunté - ¿Qué te apetece hacer?

A todo esto, él se sentó en la cama, se quitó los zapatos y comenzó a quitarse los pantalones.

-Vaya, continué. Me estoy imaginando lo que te apetece.

No, no te lo imaginas, contestó, quitándose los calzoncillos y tumbándose sobre la cama.

-Ah, ¿No? le dije haciéndome la interesante. Pues dímelo.

- De momento me vas a hacer una buena mamada para que me vaya relajando, ya que el viaje me ha puesto un poco tenso de tanto conducir. Ah!, y no vas a dejar que ni una gota de mi leche se pierda. Va a ser tu aperitivo de hoy.

- ¿Qué? pregunté sosprendida.

- Ya lo has oído, contestó. Creía que este fin de semana serías mi esclava, es lo que me prometiste. No me decepciones otra vez.

Estaba petrificada. Pero pensé que quizás despues de todo no haría falta hacerlo al 100% como me lo pedía.

- Y te recuerdo. Ni una gota perdida, me recordó.

Siempre habia tenido reparos en tragarme el semen. No tenía ningún problema en hacer que se corriera en mi boca, me gustaba, pero de ahí a tragármelo era otra cosa. Lo había hecho alguna vez y no era un gran deseo para mi. Pero pensé:

- Bueno, si ya lo he hecho, lo puedo repetir, y de paso contentarle.

Como pareja disfrutábamos del sexo, cada vez menos, es cierto, porque nuestros encuentros sexuales se espaciaban en el tiempo y no solíamos pasar de la penetración con algunas variantes de posturas y alguna caricia prohibida.

Yo era una persona algo inhibida sexualmente. No llegué virgen al matrimonio, pero la primera vez que lo hicimos fue dos meses antes de nuestra boda tras un largo noviazgo, durante el cual nuestra actividad sexual se limitó a besos en la boca y toqueteos, normalmente por encima de la ropa, como mucho algún roce furtivo en el pecho. Y desde luego, el sexo oral no era una de nuestras prácticas. Tan sólo lo había intentado una vez, al poco de casarnos, tras una gran insistencia por su parte, pero únicamente llegué a rozarle el pene con los labios y la lengua, ya que mi repulsión no me dejo continuar. Por su parte, él intentó alguna vez hacérmelo a mí, pero siempre cerraba las piernas y le decía que no me hiciera guarrerias, por lo que no insistía.

Así, no podía creerme lo que acababa de oir. No sólo por las formas ni el tono de su voz, sorprendentemente imperativo, sino por la petición en si.

Sin contestar me acerqué a la cama y me arrodillé ante él. Comencé a besarle el tronco del pene, aún flácido, y a rozarle la punta con mis labios.

-Muy bien, me decía. -Así me gusta, que me des placer. Lo estás haciendo muy bien, ahora métetela en la boca, pásame la lengua por el capullo. Eso es, quiero que me comas toda la verga, muy bien.

Perpleja, oyendo sus palabras, continuaba con mi labor sin saber muy bien como hacerlo, pero no debía hacerlo mal porque notaba como aquello comenzaba a engordar en mi boca. …el me daba instrucciones utilizando un lenguaje y unas expresiones inusuales en él, y yo procuraba seguirlas, con notable éxito, porque enseguida dejó de hablar y ví en sus gestos que estaba a punto de correrse. Comenzó a gemir.

Al poco noté un chorro caliente en mi garganta. Mi primer instinto fue apartar la boca para dejar que se derramara, pero él me sujetó del pelo haciendo que su semen inundara mi garganta, no permitiendo que saliera una sola gota de mi boca. Para mi sorpresa apenas sentí asco al hacerlo, aún más el morbo y la sensación de romper un absoluto tabú hizo que me mojara como no solía hacerlo. También descubrí que si introduces el pene lo más profundo posible, el sabor ni se nota.

Fuí tragando su leche, manteniendo su pene en mi boca hasta que volvió a quedarse flácido. Entonces me incorporé hasta ponerme a su altura tumbándome a su lado. Me abrazó y me dio un beso en la boca, que inevitablemente, tenía que oler a leche caliente.

-Has estado estupenda ,dijo. -Ves que fácil es contentar a tu amo. Tu sigue así y obtendrás tu recompensa. Debes seguir mis instrucciones, sumisa, y todo irá bien.

-Será como tu ordenes, mi señor, le respondí aceptando con total resignación mi destino por los próximos dos días, y empezando mi rol de sumisa esclava.

Estuvimos tumbados un rato en la cama, él se durmió, yo no pude, pensaba en lo que acababa de suceder y lo que más me asombraba era que no tenía la más mínima sensación de culpa, ni me sentía sucia, como siempre había pensado que me sentiría en caso de hacer algo así, al contrario, sentía cierto orgullo, mezcla de haber satisfecho a mi amo y de haber hecho mi trabajo con éxito. Esperaba lo que vendría después con inquietud, segura de que me sorprendería tanto como yo lo haría con mi respuesta.

Se despertó y se fue al baño. Oí el grifo de la bañera redonda de hidromasaje correr y supuse que nos daríamos un baño juntos, haríamos el amor y sería maravilloso, pero no fue exactamente así.

- Esclava, me llamó. Ven aquí.

- Qué desea? respondí sumisa.

- Desnúdate, ordenó. Te he preparado un baño, quiero que luzcas perfecta esta noche.

Obedecí, me quite la ropa mientras me observaba y me metí en la bañera. Esperaba que se uniera a mí, pero simplemente me miraba.

- No te bañas conmigo? pregunté ingenuamente.

- No, respondió, prefiero mirarte.

El baño me sentó de perlas, consiguió que me relajara totalmente. Tras un rato en el agua me pidió que me pusiera de pie y diera una vuelta para poder contemplarme entera.

- ¿Te gusta lo que ves? le pregunté.

- Me encanta, contesó, pero con un pequeño retoque me gustará más.

- Dime cual, respondí, sólo quiero complacerte.

- Siéntate en el borde la bañera, me ordenó mientras cogía la cestita con accesorios de tocador del hotel.

- Qué vas a hacer? me atreví a preguntar.

- Te voy a afeitar todo el coño.

Me dejó helada, no lo esperaba y no me gustaba nada la idea. Siempre había pensado que depilarse el pubis era una cosa de guarras, yo lo más que hacía era arreglármelo para que no se salieran los pelitos por la braguita del bikini. Y esa palabra, coño, jamás la había usado. Ninguno de los dos solía referirse a esa parte de mí y cuando lo hacía utilizaba eufemismos como mi florecita, mi jardín o cosas así. Definitivamente todo iba a cambiar ese fin de semana.

Me separó las piernas con su mano y comenzó a aplicarme crema de afeitar en todo el pubis, tomó la maquinilla de afeitar y con sumo cuidado, eso sí, la pasó por mi vello eliminándolo completamente. Cuando terminó se quedo mirándolo a escasos centímetros, no creo que jamás lo hubiera visto con tanta luz y a tan corta distancia.

- Precioso, comentó dándole un beso. Enjuágatelo y vístete que nos vamos a cenar.

Se fue y me dejó sola. Sentí una falta, una total ausencia de algo mío al pasar mi mano para aclararlo, y cuando salí de la bañera, me sequé y me miré al espejo tuve la sensación de no haber estado tan desnuda en toda mi vida. Pero la suavidad con la que quedó me gustaba.

Me puse un vestido blanco escotado que había comprado para la ocasión y debajo un sujetador sin tirantes y unas braguitas del mismo color que estrenaba igualmente. Salí del baño pensando en deslumbrarle.

Cenábamos en el restaurante del hotel, un sitio ideal para una velada romántica, con las mesas separadas una de otra, una luz tenue y el murmullo de una orquesta. Estaba encantada, aunque un poco incómoda por mi recién depilado.

- Te gusta mi vestido nuevo? le pregunté, tratando de iniciar conversación.

- Estás fantástica, me contestó.

- Gracias, añadí con una voz sugerente y provocadora. Y eso que no has visto lo que llevo debajo. Me he comprado un conjunto de lencería que te va a encantar.

- Me gustaría verlo, comentó.

- Lo verás, le repliqué, no seas impaciente, cuando lleguemos a la habitación podrás verlo y arrancármelo si quieres.

- No, insistió. Me gustaría verlo ahora.

Miré a un lado y otro, nadie parecía prestarnos atención, así que me incliné, abrí un poco el escote y le mostré el sujetador.

- Te gusta? volví a preguntar.

- Parece precioso, respondió, aunque no lo he podido ver bien.

- Ya lo verás, picarón, ten paciencia, le dije.

- No, quiero verlo ahora, volvió a insistir.

- ¿No querrás que me quité el vestido aquí, le dije asustada. Nos pueden echar del hotel.

- No sería mala idea, me contestó, pero no es eso en lo que estaba pensando.

- ¿Y en qué estabas pensando? le pregunté.

- En que me lo enseñes pero sin llevarlo puesto.

- No te entiendo.

- Es muy sencillo, concluyó. Te diré lo que vas a hacer. Te vas a levantar, vas a ir al servicio, allí te vas a quitar el sujetador y las braguitas y me lo vas a traer todo para que lo vea. No me negaras ese caprichito, verdad?

Sin responder me levanté y me dirigí a los lavabos. Me volví y vi su rostro desafiante, como diciendo, no lo harás, no te atreverás, y yo dudaba si sería capaz. Entré y me metí en uno de los lavabos, me senté en el water, inmóvil, pensando "no lo hagas, qué sentido tiene, todo el mundo verá que llevo mi ropa interior en la mano". Mientras mi pensamiento iba por ese camino mis manos iban por otra, me desabroché el sujetador, lo doblé con cuidado, me quité las braguitas e hice lo mismo. Lo junté y lo metí en mi mano apretando tan fuerte como pude tratando inútilmente de que no asomara ni un trozo de tela fuera del puño cerrado.

Me levanté y me dirigí al salón. A pesar de que todo el mundo parecía estar a lo suyo yo tenía la sensación de andar desnuda y ser objeto de todas las miradas. Me encontraba incómoda, a la vez que con una extraña sensación de excitación. Alcancé nuestra mesa y, antes de sentarme, extendí mi mano hacia la de mi amo que la abrió para tomar su objeto de deseo. Se la llevó a la nariz y la olfateó, luego, discretamente, se la guardó en el bolsillo.

Me senté con sumo cuidado por no enseñar nada cruzando las piernas.

-¿Cómo te sientes? él inquirió.

- Desnuda. Fue mi respuesta.

- Me gusta, y a ti también aunque te esfuerces en negártelo a ti misma. Afirmó. Sé que en tu fuero interno te encantaría que toda esta gente te viera desnuda y eso te pone cachonda, te estás mojando. ¿O me vas a decir que me equivoco?

- No, no lo haces, admití.

- Enséñame las tetas. Dijo de sopetón. Haz como antes, levántate, inclínate y déjame que te vea los pezones. Se te están poniendo duros, lo sé, se te marcan a través del vestido.

Yo también lo notaba, y el rubor se empezaba a apoderar de mi. La piel del rostro comenzaba a tornarse encarnada de la excitación. Me levanté, abrí mi escote disimuladamente y le mostré mis pezones erectos por un instante.

La cena transcurrió entre miradas y frases provocadoras que me iban calentando más y más. Su lenguaje era cada vez más vulgar. "Todos te miran, sabes que estás cachonda, eres como una perra en celo, están locos por engancharte el culo, si te vieran el coño te follarían y gozarías como una loca". Ese era el tipo de cosas que me repetía una y otra vez. Pensaba que iba a empapar la silla de lo excitada que me estaba poniendo.

Finalmente concluimos la cena y nos dirigimos a la habitación. En el ascensor me hizo levantarme el vestido para enseñarle mi depilado pubis y cuando llegamos a nuestro piso me dijo:

- Adelántate un poco y súbete el vestido, quiero ver como se bambolea tu culo.

Lo hice temiendo, a pesar de la hora, que nos cruzáramos con alguien. Si lo hacíamos y me bajaba el vestido le disgustaría, pensé, rogando que tal cosa no ocurriera. Afortunadamente alcanzamos la puerta de nuestra habitación sin contratiempo. Sacó la tarjeta-llave de su cartera y dio otra vuelta de tuerca.

- Dame el vestido. Ordenó. Quiero que entres desnuda. Cuando estés desnuda, pica la puerta y te abriré.

No repliqué, me lo quité y se lo entregué. Ahora me encontraba totalmente desnuda, en medio del pasillo de un hotel, a merced de los caprichos de mi marido que se demoraba intencionadamente en abrir la puerta de la habitación. Cuando lo hizo puso la mano en mi entrepierna sintiendo su calor, encendió la luz, me hizo pasar y cerró la puerta.

- Estás cachonda, dijo. Te mueres por echar un polvo, lo sé, estás deseándolo, pero quiero oírlo de tu boca, dímelo.

- Sí, - respondí, quiero que me hagas el amor.

- No, no es eso lo que quieres, - me contradijo, dime lo que quiero oir, tú sabes lo que es.

- Quiero que me eches un polvo salvaje, quiero que me folles como si fuera una puta, que me metas la polla en el coño, dije loca de deseo, pronunciando esas palabras por primera vez en mi vida. Fóllame, fóllame ya, te lo suplico.

Me empujó a la cama haciendo que me tendiera boca arriba, se quitó la ropa y se tumbó encima de mí, penetrándome con frenesí, como dos salvajes y al poco noté como eyaculaba dentro de mí alcanzando el orgasmo en solitario y al instante se salía de mí.

Eso no era propio de él. Siempre había mostrado tener un gran control sobre su eyaculación y solía esperarme para hacerme gozar. Siempre decía que su mayor placer era darmelo a mí, pero esta vez no fue así. Me dejó, apenas empezar, peor que estaba, y lo sabía. Yo estaba empapada y llena de su leche, cosa que me excitaba más.

- No has podido gozar, verdad. Me dijo con sorna - Qué esperabas?, Tu estás aquí para hacerme disfrutar a mi, no para gozar, eres mi esclava, no lo olvides.

- Sólo quiero darte placer, mentí tratando de complacerle.

- Pero yo quiero ser generoso contigo, me has complacido esta noche, añadió condescendiente. Tú también debes disfrutar y tú sabes como hacerlo, verdad.

- A qué te refieres? Pregunté como una tonta, no sabía por donde iba.

- Me refiero a que tu sabes como disfrutar tu sola por ti misma, puedes acariciarte, ya sabes.

- Qué quieres decir? Volví a preguntar ahora ya intuyendo por donde iba.

- Lo que quiero decir es que puedes hacerte una pajilla. Quiero que te masturbes y ver como sale mi leche de tu coño mientras te tocas.

- Sí, acepté en un suspiro. Desde mi adolescencia había practicado el vicio solitario y aún seguía haciéndolo, siempre con sentimiento de culpa pero sin poder dejar de caer en la tentación, otra carga de mi conservadora educación.

- Pues hazlo. Me susurró al oído. Quiero que te masturbes para mí, quiero ver como te acaricias el clítoris, como te metes el dedo en tu coñito y como te corres para mi, con toda mi leche.

Aquello superaba todos mis límites. Me costaba admitirme a mi misma que a mis cuantenta años me masturbaba, aun más me costaba confesarlo a mi marido, pero ni en mi peor pesadilla me podría imaginar haciéndolo delante de otra persona. Pero ya no era yo, era una gata ardiente, deseando apagar su fuego, y despojada de toda voluntad propia.

Abrí las piernas, notaba su semen caliente en mi húmeda vulva. Mezclé sus jugos con los míos frotándome el clítoris, primero tímidamente, con los ojos cerrados evitando encontrar su mirada y cada vez más rápido mientras metía un dedo en la vagina. Mi ritmo y mis jadeos iban en aumento, seguía con los ojos cerrados acercándome a la meta y oí su voz.

- Abre los ojos, quiero que me veas.

Lo hice. Abrí los ojos, vi su rostro pleno de placer mientras me contemplaba. Su pene estaba de nuevo erecto y lo agitaba con su mano. Sí, nos estábamos masturbando al unísono mirándonos el uno al otro. Continué mi labor hasta sentir un escalofrío, mi cuerpo se arqueó y alcancé la meta del placer. Cuando empecé a recuperar la conciencia se acercó, se colocó de rodillas encima de mí y eyaculó en mi pecho cayendo rendido a mi lado.

No me dejó lavarme, siempre lo hacía después de hacer el amor. Dijo que quería que durmiéramos los dos desnudos y con nuestros jugos pegados al cuerpo.

No tardó en dormirse, pero yo apenas pegué ojo. No acostumbraba a dormir desnuda. Cuando hacíamos el amor, al terminar me aseaba y me ponía mis braguitas y el camisón. La ausencia de ropa, mi cuerpo desnudo con los restos de su semen entre mis piernas y el pecho, y el recuerdo de lo que habÌa ocurrido desde nuestra llegada me impedía dormir.

Si esa misma mañana alguien me hubiese preguntado por las cosas que había realizado le habría dicho, y convencida de ello, que eran denigrantes para la persona que las practicaba, que era imposible que una persona educada hiciese algo asi sin sentir verguenza y culpa. El sexo oral, depilarse el pubis, ir sin ropa interior, masturbarse delante de otra persona eran prácticas inaceptables para mi.

Es cierto, Mi amo y marido me había pedido hacer todo eso, pero igualmente cierto es que no me había forzado, en todo momento podía haberme negado a continuar, podía haber dicho basta, pero no lo hice. Acepté sus ordenes sin oponer resistencia y en modo alguno me sentía humillada y además, debía admitirlo, había obtenido un placer no acostumbrado. ¿Qué me depararía el día siguiente?

La noche pasó en un continuo duermevela, aunque pude conciliar finalmente el sueño. Cuando los primeros rayos de sol iluminaron la habitación tenuemente a través de las cortinas me miré, desnuda, con el pubis como una niña y mi cuerpo pegajoso, y le miré, aún dormido, desnudo como yo, me gustaba verle así, no solía hacerlo, sí, nos veíamos desnudos, por supuesto, pero no solía deleitarme en su contemplación. Me gustaba, sí, adoraba su cuerpo desnudo. Le hice una fotografía. Él tenía de mi, pero nunca le había hecho a él. Quizás me serviria más adelante.

Sólo quería complacerle, sin saber cómo me encontré con la cabeza entre sus piernas y comencé a lamerle el pene, aún flácido y con el sabor de su semen y mi flujo, con la punta de la lengua. Al instante se despertó y vio lo que hacía, no dijo nada, sonrió en aprobación. No tardó en empalmarse, rodeé su punta con mis labios y me lo metí en la boca. Gemía, estaba disfrutando. Cuando comenzó a eyacular no hizo falta que me cogiera la cabeza como el día anterior, yo misma engullí su pene tanto como pude y tragué su semen no dejando que se derramara una sola gota.

Tras levantarnos y ducharnos le pregunté qué deseaba hacer por la mañana, con la esperanza de oir quiero follarte hasta destrozarte el coño, ansiaba que lo hiciera, pero fue en vano. Iriamos a descansar y a tomar el sol a la piscina del hotel. Ya se habÌa puesto el bañador y una camiseta para ir a desayunar a la terraza que había al lado de la piscina, yo seguía desnuda.

Como quieras. Acepté su propuesta de ir a la piscina. Entonces será mejor que me ponga el bikini.

- Espera, me interrumpió, se dirigió a su maleta y me extendió un bikini de color blanco. Ponte esto.

- Es para mí? Dije sorprendida, jamás me había comprado ropa de baño sin ir con él. Muchas gracias.

Entonces vi que la braguita era de tipo tanga, además de color blanco, seguro que al meterme en el agua se transparentaría todo. Aquello era excesivo, mi marido pretendía exhibirme ante todo el mundo.

- De verdad quieres que me ponga esto? Pregunté tímidamente, no quería contrariarle, aunque imaginaba la respuesta.

- Desde luego, confirmó entusiasmado. Vas a estar preciosa, serás la reina de la piscina, sin duda.

Obedecí. La reina de la piscina decía, nunca había sido la reina de nada. Soy una mujer muy menudita, apenas sobrepaso el metro y medio, aunque bien proporcionada, siempre me lo han dicho. Mi pecho es buen tamaño, lo suficiente para hacerse notar y muy firmes, para eso voy al gimnasio, tan firme como mi culito, respingón y redondo. Así que siendo atractiva no tengo cuerpo de modelo y nunca he sido reina de nada, pero desde luego, objeto de miradas si sería con ese bikini, al menos de las miradas masculinas.

Me quedaba perfecto, a él le encanto, no paraba de manosearme el culo al descubierto. Cogí un pantalón corto y una camiseta pero no me dejó ponérmelo, me pidió que me pusiera el pareo. Un precioso pareo estampado pero de tela muy fina con el que obviamente se me vería el tanga y el culo. No hace falta decir que acaté su sugerencia sin protestar.

Mientras desayunábamos me hizo levantar cien veces. El desayuno era tipo buffett y me pedía cosas, que luego no comía, con el único propósito de verme y hacerme llamar la atención.

Finalmente fuimos a la piscina, sugerí ponernos en dos tumbonas que estaban más apartadas de la zona de paso, y accedió.

Me quité el pareo, a mi espalda vi un par de hombres de mediana edad que estaban con sus mujeres que no quitaban ojo de mi trasero. Me tumbé boca arriba intentando evitar el espectáculo, pero mi mardo me pidió que me diera la vuelta, quería que me diera el sol en el culito.

- ¿Quieres que te eche crema? Se ofreció amablemente. Te vas a quemar si no.

Me encantaría. Acepté.

Comenzó por las piernas, con mucho mimo y tomándose su tiempo, como siempre, a medida que extendía la crema por los muslos me hacía separar las piernas posando a cada movimiento la mano en mi entrepierna, como le gustaba excitarme. Empleó todo el tiempo del mundo en el culito. Finalmente, terminó con la espalda, me desabrochó la parte de arriba, solía hacerlo para extender mejor la crema, pero esta vez, al terminar, no volvió a abrocharla. Me disponía a hacerlo yo misma cuando dijo.

- No, no lo hagas. Ordenó. Mejor dámelo, no lo necesitas, te lo guardaré en la bolsa.

- ¿Estas loco? Esta vez no pude contener mi reacción - ¿Qué quieres, que todo el mundo me vea las tetas?.

- Precisamente, eso es lo que quiero. Asentí, y continuó en tono desafiante. Puedes hacerlo o no, es tu decisión, sabes que puedes parar este juego cuando quieras. Si no quieres seguir, volvemos a la habitación, hacemos las maletas y regresamos a casa. Pero tienes unas tetas demasiado preciosas para esconderlas.

Le miré a los ojos, no bromeaba, si me negaba todo habría concluido ahí. Aquello superaba con mucho lo que podía aceptar, nunca nadie excepto él, mi doctora y la masajista del gimnasio, ni siquiera mi madre, mis hermanas o amigas y mucho menos otro hombre, me había visto el pecho desde que era una niña, y ahora él, precisamente él, me pedía que lo enseñara a un montón de desconocidos. De acuerdo, pensé, si mi cuerpo es suyo, Él decide. Tiré con una mano de un extremo sin levantarme y se lo di. Al fin y al cabo, pensé, son desconocidos.

Seguía boca abajo, escrutaba con la mirada en busca de otras mujeres en top-less. Tan sólo vi a dos mujeres, de unos cincuenta y muchos calculé, con pinta de extranjeras cerca de nosotros. Y a lo lejos, en una zona algo más apartada a una chica muy jovencita con su novio.

Finalmente comprendí que no podía seguir aplazando lo inaplazable. Antes o después me tendría que dar la vuelta, aunque fuera para levantarme, así que lo hice. Miré a Santi y vi su rostro de aprobación y satisfacción, cerré los ojos, sentía que si los abría me encontraría a cientos de hombres a mi alrededor mirándome las tetas.

Al rato, más relajada, abrí los ojos. Los dos hombres que habían estado mirándome el trasero ahora se regodeaban contemplándome las tetas. Sorprendentemente el resto no parecía fijarse. Decidí darles un pequeño espectáculo, tomé el bote de crema y empecé a untármela por las tetas mirándoles fijamente. No apartaron su vista de mi pecho en un solo momento observando su bamboleo con mi toqueteo. Terminé y me volví a tumbar.

Apenas pasados unos minutos, Santi, con quien no había vuelto a cruzar palabra, propuso un chapuzón. El sol apretaba, estaba muerta de calor, no quería meterme en la piscina así, con las tetas al aire, pero sabía que pedirle que me devolviera la parte de arriba era inútil, así que, cogidos de la mano, fuimos a la piscina.

Nos metimos en el agua y estuvimos nadando y jugando un buen rato. No desaprovechaba la ocasión para sobarme las tetas o el culo y me decía al oído que estaba preciosa, que no le extrañaba que la gente me mirase y que mi cuerpo era para disfrutarlo y enseñarlo orgullosa no para ocultarlo. Poco a poco sus halagos me iban venciendo y el pudor se iba transformando en abierta exhibición y excitación.

Salimos del agua, y comprobé aterrorizada como se transparentaba el bikini. Su tela se pegaba a mis labios vaginales mostrando su forma descaradamente. Fui corriendo a la tumbona a secarme y me envolví con la toalla.

- ¿Qué pasa? Pregunto Santi que se había dado cuenta de todo - ¿No quieres que la gente vea como se te nota el coñito? Es un chochito precioso, no debieras ocultarlo.

Como quieras. Respondí quitándome la toalla.

Así me gusta, añadió, eres un solete. Estoy muerto de sed, hazme el favor, acércate al bar y tráeme algo fresquito.

El muy cerdo quería que me paseara así, con las tetas y el culo prácticamente al aire y mostrando la forma de mi vulva a través del bikini. Ya no estaba enfadada, me parecía que era todo una broma, y cada reto que proponía lo aceptaba con entusiasmo. Sabía que después de esto no podría negarme a nada.

Cuando me vio acercarme el camarero pareció que se le iba a desencajar la mandíbula, como babeaba el tío. Le pedí un par de cócteles de frutas tropicales con ron, me vendría bien algo de alcohol, y volví a la tumbona contoneándome y meneando el culo para darle un buen espectáculo.

Cuando terminó de beber Santi se levantó y me pidió que le esperase un momento, que enseguida volvería. Regresó pasados cinco minutos.

-Venga, vamos a recoger. Dijo. Vamos a la habitación.

- Y a qué viene tanta prisa? Le Pregunté, no entendía nada.

Te he preparado algo especial. Has sido una chica excelente y mereces tu recompensa. Dentro de media hora te espera un masaje especial superrelajante en la habitación.

Eres un cielo. Agradecí entusiasmada. Sabes lo que adoro recibir un buen masaje.

Lo sé. Dijo. Pero esta vez será un poco diferente.

No respondí, ni quise preguntar, pero algo me decía que no pretendía simplemente regalarme un masaje, ni que iba a permitir que me lo diera con las braguitas o aunque fuera el tanga puesto. No me equivocaba.

Bueno, te diré lo que vas a hacer. Me anunció. Al llegar a la habitación te vas a quitar la ropa, te vas a meter en la bañera y te vas a dar una ducha para relajarte, luego te secas bien y esperas dentro del cuarto de baño a que llegue tu masajista. Cuando esté aquí yo te avisaré, y entonces, sales con una toalla enrollada, saludas al masajista y charlas con él mientras prepara todo, y cuando te diga que está todo listo, te quitas la toalla, la dejas en la cama muy despacio y te tumbas en la camilla. Y si te echa una toalla por encima le dices que no hace falta, que hace mucho calor y estás mejor así.

- ¿Me estás pidiendo que esté completamente desnuda todo el rato delante de un hombre que no conozco de nada? Pregunté ingenuamente.

- Eso es exactamente lo que quiero. Contestó sin vacilar. Ya te ha estado viendo todo el mundo en la piscina el culo y las tetas, este además te va a ver el chochito, y además te va a acariciar mientras te ve desnuda.

- Como ordenes .Acepté.

Obedecí, nerviosa me metí en la ducha. Mis sentimientos volvían a ser contradictorios. La idea de que en breves momentos un hombre me iba ver como Dios me trajo al mundo me producía pavor, pero al mismo tiempo, mientras me enjabonaba notaba mi vagina húmeda de excitación. Mientras me secaba oí como llamaban a la puerta, mi pulso se aceleró, mi marido me anunció su llegada, terminé de secarme, me envolví en la toalla y salí.

Hola. Saludé con tanta naturalidad como pude.

- Me llamó Jose. Se presentó. Era un hombre de unos cuarenta y tantos años, bien cuidado y atractivo. Soy su masajista.

- Yo soy Bea, es un placer. Contesté.

- Eso espero, que sea un placer. Bromeó mientras terminaba de preparar la camilla y sus aceites.

Al acercarse el momento de la verdad creí que el corazón se me iba a salir del pecho de la excitación.

- Todo listo. Anunció. Cuando quiera podemos empezar, túmbese aquí.

Entonces tiré de la toalla sin dejar de mirarle a la cara y por vez primera en mi vida le enseñé mi coñito a un hombre, aparte de mis parejas, quien al lado contemplaba la escena con evidente cara de satisfacción.

- No es necesario que se quité la toalla. Dijo Jose, algo sorprendido, no debía esperar el espectáculo gratuito que le estaba proporcionando. Puede tumbarse y yo le tapo con ella.

- No importa, hace calor. Contesté según nuestro plan.

- Como quiera. Aceptó Jose.

- No creo que se vaya a asustar usted. Dije, completamente lanzada .No será la primera vez que ve usted a una mujer desnuda.

- Si usted prefiere estar así, yo encantado. Y realmente parecía estarlo.

Entonces Santi dijo que se bajaba a tomar algo y así nos dejaba tranquilos. Le miré como si lo fuera a asesinar. No contento con exhibirme ante un extraño, se marchaba dejándome desnuda en una habitación a solas con él. Pero al instante pensé "Si es eso lo que quiere, lo mejor será relajarse y disfrutar".

Jose me pidió que me tumbase boca arriba, decía que era preferible dejar la mejor parte, la espalda, para el final. Comenzó por las piernas, los tobillos, las pantorrillas, deteniéndose al llegar al muslo. Yo tenía las piernas ligeramente separadas y en su posición tenía una vista perfecta de mi coñito, sin un solo pelo, por lo que podía apreciarlo perfectamente.

Luego siguió con la cabeza y el cuello, era un verdadero artista con las manos, y así bajando por el pecho rozando de forma tenue los pezones hasta llegar al vientre. Era muy discreto con su tacto pero yo me estaba excitando por momentos.

Me pidió que me diera la vuelta y comenzó por la nuca, demostrando su habilidad y experiencia. Se detuvo una eternidad en la espalda, y terminó bajando sus manos hasta el culo. Se paró un instante en una leve caricia como si esperase mi aprobación para continuar. Exhalé un suspiro y comprendió que podía seguir con sus caricias. Me sobó el culo como nunca lo habían hecho antes, lo acariciaba, apretaba, juntaba mis nalgas con sus manos. Aquello era indescriptible.

Finalmente volvió a recorrerme la espalda y el culo acariciándolo suavemente y dio por concluido el masaje.

- Ya está, señora .Dijo. Espero que lo haya disfrutado.

- Ya lo creo. Contesté. Ha sido formidable, tiene usted unas manos increíbles.

- Muchas gracias. Agradeció el cumplido.

Me levanté y seguí conversando con él mientras recogía sus cosas. No estaba allí Santi para darme sus ordenes, pero en ningún momento se me pasó por la cabeza vestirme o taparme con la toalla y no la hacía porque pensara que al fin y al cabo ya había visto todo, que era cierto, si no porque me encantaba estar desnuda hablando con un hombre vestido.

Se marchó y a los pocos segundos llamó a la puerta mi marido. Había estado esperando a que saliera el masajista. Pregunté quien era, aún que sabía que era él y cuando contesté abrí la puerta, de par en par, sin ocultarme detrás, seguía desnuda. Si hubiese habido alguien en el pasillo me habría visto, pero no me preocupaba, en cierto modo lo ansiaba.

- ¿Qué tal? Preguntó. Veo que sigues desnuda, por lo que parece estás empezando a cogerle el gustillo.

- Ha sido maravilloso. Respondí con sinceridad. No sé que me gustó más, si estar desnuda delante de él todo el rato o sus caricias recorriendo mi cuerpo. Ha sido un regalo formidable, mi señor. ¿Cómo podría agradecértelo? Haz de mí lo que quieras, soy tuya.

- Cuéntame .Continuó ,preguntando. ¿Hasta dónde ha llegado?

Le relaté con todo detalle mi masaje, como había tanteado levemente mi pecho, como me había sobado el culo y lo que me había excitado, algo que Santi ya sabía, porque desde que entró en la habitación no había apartado la mano de mi entrepierna, deslizando sus dedos dentro de mi. Se mostró algo decepcionado al saber que no había ni tan siquiera rozado esa parte de mi cuerpo, quizás debiera haberme insinuado algo más, pensé.

Entonces, me hizo darme la vuelta, inclinó mi cuerpo apoyándolo en la mesa de la habitación, sacó su pene y me penetró desde atrás mientras yo le suplicaba que me follara. No tardé en alcanzar el orgasmo, mi primer orgasmo del fin de semana y él se derramó dentro de mi.

Caímos rendidos en la cama durmiéndonos como dos lirones.

Cuando despertamos era media tarde, no habíamos comido y el restaurante ya estaba cerrado así que Santi pidió algo de comer al servicio de habitaciones. Al poco oímos una voz de chico joven llamando a la puerta.

- Servicio de habitaciones. Se anunció.

- Un momento. Contestó Santi poniéndose el albornoz. Yo, que seguía desnuda me metí en el cuarto de baño a ocultarme.

El chico entró y entonces pensé, "Por qué no, Seguro que a Santi le encanta". Y salí del cuarto de baño.

- Uuuy, no te había oído entrar. Dije haciéndome la tonta, crucé la habitación sin taparme para coger la toalla que seguía encima de la cama y dirigiéndome a Santi dije: - Venía a buscar esto.

Y con la toalla en la mano, volví al cuarto de baño. Con el paseo, el chico se pegó un hartón de mirarme por todos los lados y todas las posiciones, por delante y por detrás. Los ojos se le salían de las órbitas, no debía estar acostumbrado a que las clientas del hotel se pasearan en pelotas por delante de su cara.

Cuando oí la puerta cerrarse salí muerta de risa. Santi me aplaudía muerto de risa como yo.

- Has estado espléndida. Exclamó . No cesas de sorprenderme, eres una auténtica perra en celo.

Sabía que te gustaría. Fue mi respuesta.

Terminamos de comer y nos bañamos juntos en el jacuzzi, volvimos a hacer el amor, esta vez pausadamente, sin sobresaltos ni palabras fuera de tono, como dos amantes que se adoran y desean.

El resto de la jornada la pasamos dando un paseo y relajándonos mientras tomábamos una copa. Naturalmente yo iba sin ropa interior, ya no había tenido que pedírmelo, directamente salí de la habitación únicamente con un vestido y lo más curioso es que empezaba a acostumbrarme a ello. Cenamos algo ligero y volvimos a la habitación.

Nos desnudamos, a mí no me costó nada, sólo llevaba el vestido. Nos besamos y me susurró al oído.

- Prepárate. Vas a experimentar nuevas sensaciones y vas a gozar como nunca antes lo habías hecho.

- Estoy deseándolo, mi amor. Contesté.

Fue al armario y volvió con un pañuelo de seda negro. Me pidió que me diera la vuelta y me vendó los ojos.

- No te preocupes. dijo. Quiero que la vista no nuble el resto de tus sentidos para que puedas gozar lo que vas a sentir en toda su plenitud. Y además quiero sorprenderte.

- Soy todo tuya. Acepté sumisa.

Me hizo tumbarme en la cama boca arriba y me besó en la boca. Luego retiró sus labios de los míos iniciando un recorrido por mi cuerpo. Besó y lamió todo mi torso provocando la erección de mis pezones, mientras con una mano acariciaba mi coñito, como Èl lo llamaba. Fue bajando más hasta que noté sus labios en mis muslos colmándolos de besos, era el preludio de lo que vendría después.

Entonces comenzó a lamerme el coño con maestría. Como podía haber sido tan terca, cómo podía haberme negado a semejante placer por tan largo tiempo. Movía su lengua con mis labios vaginales, mordía con sus labios mi clítoris y recorría con la lengua la entrada de mi vagina. Primero suave y después intensificando el ritmo hasta provocarme uno de los mejores orgasmos de mi vida.

Cuando me recuperé, aún notaba su boca en mi entrepierna, bebiendo mis jugos. En un hilo de voz le volvÌ a pedir que me follara, Él me hizo callar, me dio la vuelta y me abrió de piernas. Comenzó a frotarme el coño con la palma de la mano, con la punta de los deditos pellizcaba mi clítoris dejando deslizarse algún dedo dentro de mi vagina.

Volvía a excitarme cuando paró bruscamente, callé, pensaba que estaba a punto de penetrarme. Para mi sorpresa sentí como se levantaba volvió a los pocos segundos, entonces reinició su tarea, recuperando yo mi estado de excitación. No tardé en sentir su otra mano acariciándome el trasero, deslizándose hasta la entrada del agujerito del culo. Al poco sentí un liquido frío y viscoso en esa zona que fue calentándose a medida que lo extendía por la entrada de mi ano.

Mis peores temores se hicieron realidad cuando introdujo un dedo en mi culo. Intenté protestar, pero no me salieron las palabras, la mezcla de sentimientos, pavor y lujuria, mientras seguía masturbándome con su otra mano, impidió que saliera mi voz. Su dedo entraba y salía cada vez con mayor facilidad, no sentía dolor, sólo una extraña sensación. Cuando apartó ambas manos de mi cuerpo ya sabía lo que vendría a continuación.

Noté una pequeña punzada de dolor en mi vientre cuando me metió la polla en el culo. Con sus manos aferradas con fuerza a mis caderas impedía cualquier intento de salida. El dolor fue cediendo dejando paso a un tremendo placer. Se movía dentro de mí sin sacarla, apretando su estómago contra mi culo. Apartó las manos de las caderas llevándolas a las tetas dándoles un fuerte masaje, exprimiéndolas como un salvaje.

Sentí una explosión de calor cuando se corrió dentro de mi culo. Permaneció largo rato abrazado a mi acariciándome el pecho. En el momento de sacarla noté un tremendo alivio. Me abrazó y nos fundimos en un beso de amor. Retiró la venda de mis ojos y una lágrima, mezcla de dolor y emoción salió de mis ojos. La limpio con su mano y volvimos a besarnos.

Permanecimos largo rato en silencio. Ninguno de los dos se atrevía a comentar lo que acababa de suceder. Mi amante y siempre considerado marido acababa de darme por culo, algo que jamás se me pensó que pudieran hacer más que personas pervertidas y degeneradas. No podía decir que hubiese sido una grata experiencia, pero en verdad tampoco había sido dolorosa en exceso, lo había hecho todo con gran cuidado, paso a paso y, a pesar de mi tensión, su polla se habÌa deslizado dentro de mi culo con gran facilidad. De hecho sólo notaba una leve irritación en mi ano y cierta molestia en mi vientre.

Cuando se recuperó acerco su boca a mi oído y me susurró - "Ahora quiero que seas tu quien me folle, quiero hacerte gozar otra vez".

Seguía mojada, aunque mi calentura había cesado. Pasé la mano por mi vagina, como cuando empezaba a masturbarme y no tardé en estar preparada. Me senté a horcajadas sobre él y lo follé una y otra vez como una salvaje. Me corrí tres veces antes de que él, agotado tras un día de esfuerzos, derramara su semen en mi interior.

Caímos rendidos y dormimos como lirones hasta el día siguiente.

Al despertar hicimos de nuevo el amor, ni siquiera nos molestamos en desayunar, nos duchamos y preparamos nuestra marcha. Mi fin de semana como esclava estaba a punto de concluir y lo había superado con buena nota, proporcionando a mi amo tanto placer como había demandado actuando como una sumisa esclava.

Llamó a conserjería para que vinieran a buscar nuestras maletas. Yo seguía desnuda de pie, colocando mi bolso, cuando llamaron a la puerta. Me miró y asentí en un gesto de aprobación. Santi abrió la puerta y entró un chaval de apenas 18 años topándose de frente conmigo.

- Santi. Exclamé con voz de enojo. Cuando esté en pelotas podrías avisar antes de abrir la puerta.

- Lo siento. Fue todo lo que dijo.

Pues al chaval le has dado un alegrón de cuidado, ¿verdad? Dije dirigiéndome al pobre chico.

No dijo nada, se puso colorado como un tomate, cogió las maletas y se marchó.

- Eres genial. Dijo Santi tras cerrar la puerta. Aunque, pensándolo bien, has sido una chica un poco mala, creo que debería aplicarte un correctivo, así aprenderás a portarte bien.

Me tomó de la mano, se sentó en la cama y me colocó boca abajo apoyada en sus rodillas. Estaba sorprendida, pero comprendí que ese era el final lógico para mi papel de esclava, iba a ser azotada. Comenzó acariciándome el trasero, mientras yo temblaba esperando el primer azote, interrogándome como sería.

Su mano cayó sobre mi culo de sopetón. Los azotes fueron bastante soportables, pegaba flojo. Era un acto de simbolismo. No proferí una sola queja, a pesar de que cuando terminó mi culo estaba un poco colorado.

Sin decirnos palabra me vestí, sin ropa interior, y así hice el viaje de regreso.

Estaba plena de satisfacción y era una mujer nueva, capaz de mostrarse desnuda ante desconocidos, de comerse una polla y tragarse hasta la última gota de semen, de follar en todas las posturas y hasta de ser enculada y azotada. Nuestra vida iba a cambiar gracias a mi marido, que ahora se mostraba apesadumbrado por sus excesos conmigo.

- No te sientas mal. Le dije. -Ha sido por nuestro bien. No es tan malo convertirse en esclavo de quien amas.

-Tienes razón. Asintió, y ese fue su error.

Me alegra que opines así porque he decidido que la próxima salida de fin de semana tu serás mi esclavo.

No contestó, abrió sus ojos, se encogió de hombros y asintió.

Un fin de semana al servicio de mi ama

Llegué a la hora acordada a casa de mi Ama. Me había enviado un SMS la orden muy precisa.

Entré y pasé al salón, tal como me había indicado en el mensaje.

Me excité con sólo escuchar los pasos que producían sus botas. El salón tenía un sofá lleno de cojines. En medio había una mesita baja y encima de ella una maletita metálica que contenía los “juguetes” de mi Ama.
Cuando llegó vi que llevaba el pelo húmedo, lo que significaba que acababa de darse una ducha.
Vestía de negro muy sexy, pero con mucha clase. Estaba seria, y con una mirada fija.

Ella apartó un poco la mesa y me mandó arrodillarme. Yo obedecí.“ Quítate la camisa”- me dijo. Yo me la quite y ella comenzó a dar vueltas a mi alrededor dándose golpecitos en la mano con su pequeño látigo negro de piel. “Recuérdame, esclavo, ¿para que estás aquí?”-me preguntó.
“Para servirla, mi Señora”-le contesté.

Ella sonrió. Se paró frente a mí y agarrándome por el pelo me dijo “¿y estás dispuesto a satisfacerme en todo lo que te mande tu señora y ama?”. Yo asentí. La verdad es que el hecho de escucharla hablar así me excitaba. Creo que a los hombres siempre nos han dado morbo las mujeres con poder, y es una fantasía muy compartida el poder dar y servir a una señora ama.

Llevaba un corset, unas medias de redecilla ,un liguero, unas braguitas que dejaban transparentar su coño y unas botas que le llegaban hasta las rodillas. Todo de color oscuro.

Abrió la maletita y sacó un tanga, se dirigió a mí y me ordenó que me desnudara y me pusiera el tanga… Una vez colocado, me ordenó que fuera a buscar una copa de vino para ella. Cuando volví colocó su bota sobre la mesita. “Sácale brillo, mi esclavo”-me ordenó, mientras ella cogía y bebía de la copa de vino, casi sin fijarse en mi. Yo,de rodillas, me agaché para limpiar la bota. Usé las manos, y ella, autoritariamente me ordenó:

- No, con la lengua.

Primero la punta y luego subiendo por ella hasta la parte más alta.Mi lengua subía y bajaba por su bota dejándosela bien reluciente. Luego bajó la pierna y colocó la otra sobre la mesa.Sin que me dijese nada comencé a lamérsela para dejársela tan reluciente como la otra. “¿Te gustan mis tacones altos?”.

Levantó la pierna para que los viera bien, y me lo puso suavemente encima de mi.
- “Muy bien…déjame las botas como nuevas”-me dijo mi Ama mientras me sonreía complacida por mi obediencia. Entonces volvió a colocar la bota sobre la mesa y se inclinó para coger un cigarrillo .
-“¿Traeme fuego y una copa de vino?”-dijo ella.”
Lo siento, Ama ”-respondí, y fuí rápidamente a buscar un encendedor, y le llené una copa con vino…

Sin dejar de beber, mi Ama se colocó detrás de mí y me fue bajando poco a poco los vaqueros.Me los bajó hasta las rodillas y comenzó a golpearme suavemente en las nalgas con su látigo. Yo dí un pequeño gemido.”¿Te has portado bien?”-me dijo. - Casi, mi ama.
-¿Cómo que casi? Ponte a cuatro patas. Me dió un latigazo en mis nalgas.
-¿Qué has sido malo?. ¿Acaso has mirado a otra mujer?
-Sí, mi ama. Es la primavera. Pero sólo pienso en servirla a usted.
Me dió otro latigazo. - ¿Y si yo mirara a otros hombres? ¿Te gustaría?
- Si a usted le gustan, sí, mi ama.

Mi culo se fue poniendo cada vez más colorado.La marca del látigo de mi Ama se iba marcando en mis nalgas. Cada vez me azotaba más deprisa y más fuerte.Luego paró y coloco su bota sobre mi espalda..Se agachó y me agarró la polla con la mano por los huevos, al tiempo que me miraba fíjamente y me preguntaba:
-¿Y si quisiera chupar a otro hombre?
-Usted es libre, mi ama.
-Pues toma, nota mi boca, que puede saborear cualquier polla que se le antoje. Acercó su boca a la mía y comenzó a morrearme.
-¿te gusta el sabor de polla?
- Sí, mi ama. Me excitaba lo que me decía y el sabor de tabaco.
- Algún día como premio dejaré que veas como gozo con otra polla.
Se dirigió luego a su maleta metálica y extrajo de ella un consolador finito y largo. Luego se sentó enfrente de mí en el sofá. Yo seguía de rodillas. Separó las piernas y comenzó a pasarse el consolador por su coño por encima de las braguitas. Al poco apartó a un lado sus bragas y empezó a pasarse el consolador por su rajita.La tenía totalmente depilada,y su vista me excitaba mucho. Se lo metió poco a poco dentro,y empezó a moverlo. Mi polla se endurecía cada vez más. Ella se lo sacó de dentro del coño y me lo alargó para que lo lamiese. -Toma, chupa. ¿Te gustaría chupar una polla si te lo ordenase? - Sí, mi ama. Mi lengua recorrió todo el consolador y luego ella se lo volvió a llevar a su conejito. Se lo metía en el coño y yo se lo limpiaba con la lengua, y asi estuvimos un buen rato.Luego,me hizo sostener el consolador con los dientes para que se lo metiese y sacase.Yo notaba que mi Ama estaba cada vez más mojada así que me esmeré bien en mi trabajito, y seguí lamiendo y metiéndole el consolador.
Cuando pensé que mi Ama ya se iba a correr, me hizo parar y levantarme. Ella permaneció sentada en el sofá . Me quitó el tanga. Me quedé de pie frente a ella totalmente desnudo. Entonces me agarró por las nalgas y me acercó a ella. ”Mmmmm la tienes depiladita como a mi me gusta…”-y dicho esto comenzó a masturbarme despacito mientras pasaba su lengua por mi puntita. Luego fue lamiendo desde mis huevos, recorriendo toda mi vena hasta la punta. Mi polla se fue endureciendo por momentos. Me agarró por los huevos y se la fue metiendo en la boquita…creí que me iba a desmayar de gusto.
-”Te gusta como te la chupa tu Ama?”-preguntó.(A lo cual sólo pude responder con un gemido de placer)…Luego,se la sacó de la boca y comenzó a pajearme muy rápido,mientras miraba hacia arriba para ver como su esclavo disfrutaba. Comenzó a lamermela de nuevo, esta vez dejando regueritos de saliba por ella.Se la metía en la boca y se la volvía a sacar dejando hilitos de saliba entre sus labios y mi polla. Cuando la tuve bien dura dijo..”Ya basta,has tenido suficiente ,ahora me toca a mí disfrutar de tu rabo”.
Se levantó y agarrándome por el collar me hizo girar y me empujó sobre el sofá, quedando yo sentado y con la polla bien dura. Mi ama se puso de pie sobre el sofá, con las piernas separadas y yo en medio,sentado.Fué bajando hasta que pegó su coño a mi cara y yo comencé a lamerselo.”Mmmmmm asi,muy bien mmm”.Una vez lubricado su conejito,se puso de pie dándome la espalda,y se sentó sobre mi polla,metiéndosela hasta el fondo,y comenzó a cabalgarme.Se echó hacia atrás,pegando su espalda a mi pecho.Yo la rodee con mis brazos mientras ella votaba sobre mi polla.Luego baje mi mano hasta su clitoris y comencé a acariciárselo.Después de un rato follando,se levantó,se giró,y agarrándome por el pelo volvió a llevar su coño a mi boca.Estaba completamente empapada,y yo lamía como lo que soy: su esclavo.Luego se sentó sobre mi de nuevo,esta vez de frente.Comenzó a cabalgar con fuerza,metiéndose mi polla hasta los huevos.”Cómeme las tetas!”-y sin dejar de votar,se bajó el corset y me puso las tetas en la cara.Yo le agarré las nalgas con mis manos,mientras le mordisqueaba los pezones y sentía como me llenaba la polla con sus flujos…Entonces redobló la fuerza de su follada porque estaba a punto de correrse. Se puso a morrearme y, justo cuando se fue a correr,comenzó a morderme suavemente el labio inferior y a estirar de él mientras gemía.”Uuhmmm,ohhh,me corrooo,siiiiiiiiiiiiiiiiii!!! Dame tu leche !!! Te lo ordeno.
-No pude resistir, y dejé ir mis chorros dentro de ella.

Luego volvió a pasar sus tetas por mi cara y fue disminuyendo el ritmo de su cabalgada.”Muy bien, mi esclavo..has conseguido que me corra y esté llena de leche”.Y me dió un beso en la boca.“ Ahora quiero que me dejes bien limpia. Me hizo tumbar boca arriba, y se sentó encima mío,acercándo su coño a mi boca. Me miro con autoridad, y se puso a masturbarse con sus dedos.
Yo tenía el coño de mi ama recién lleno de leche a escasos centímetros de mi boca. ¿Puede haber un premio mejor?
-¿Te gusta que me masturbe delante de tu boca?
-Sí, mi ama. Es un placer.
- ¿Te gusta que el coño de tu ama esté lleno de leche?
- Sí, mi ama. No existe placer mejor para mi que mi ama disfrute.
Mientras mi ama, seguía masturbándose a un ritmo mayor.
- ¿Qué harás cuando me corra?
- LO que me mande, mi ama.
-Pues empieza a chupar, y haz que me corra.
Empecé a chupar su coño mojado. Me encantaba el entregarme a dar placer a mi ama. El sabor de leche se mezclaba con la excitación. En el primer momento no era agradable, pero el hecho de complacer a mi ama, me hacía seguir lamiendo.
- ¿Te importaría si fuera la leche de otra polla? Me preguntó, casi al borde del orgasmo, al momento que noté que apretaba su coño aún más contra mi boca.
Casi no pude contestar. Estaba saliendo la leche, y ya me producía excitación, así que como pude, contesté: - No, mi ama. Chuparía su coño lleno de leche de otra polla, si me lo pide.
No pude acabar de hablar, que ella tuvo un orgasmo descomunal.

Pasaron unos minutos...

Me pasó una toallita húmeda para limpiarme la boca y el resto del cuerpo. Recogió su maletín y me mandó que la siguiera a cuatro patas hasta su habitación….
- Recuerda que harás todo por tu ama.

ITALIA A TRES BANDAS

SUEÑO DE UNA NOCHE

Era un verano tremendamente caluroso, y ese fin de semana, nos habíamos ido a relajarnos a Gijón, aprovechando que era la fiesta de la sidra. La noche tenía una temperatura que invitaba a pasear junto al mar, antes de irnos a la plaza de España a cenar. Caminábamos agarrados de la mano, como auténticos enamorados, quizás un poco fuera de la época actual. Hablábamos de cosas sin trascendencias, pero lo que más me gustaba era la forma de mirarme. Una mirada cargada de deseo, que me hacía sentirme realmente deseable. Me había puesto realmente sexy, como le gustaba a mi chico. Ligeramente pintada, remarcando mis ojos marrones. Un toque de colorete sin exagerar. El pelo rizado y ligeramente recogido. Camiseta muy ajustada de tirantes, con generoso escote, en el que se pudiese asomar y sentir vértigo. Minifalda corta, muy corta, remarcando mis duros glúteos. Medias de rejilla negras y calzando unas sandalias de tacón que hiciesen bambolear mis caderas al caminar, cosa que le vuelve loco. Realmente me sentí incómoda cuando salí del hotel con esas pintas, pero mis recelos se fueron a mejor destino, cuando salí de la habitación y ahí estaba él, con la boca abierta, y lanzando todo tipo de piropos ante mi presencia, sin importarle que los clientes del hotel se volviesen por sus comentarios, asintiendo y sonriendo más de uno al corroborar lo que estaban viendo. Me sentí realmente bien, y no pude por menos que echarme a reír debido a sus ocurrencias. Nos dimos un apasionado beso en mitad del hall del hotel, comprobando que el pintalabios que me había puesto, era realmente duro, pues no se movió ni un ápice el color.

Y ahora íbamos por el paso marítimo, viendo como en la oscuridad de la arena, se difuminaban de vez en cuando las sombras de cuerpos que sin duda se estaban amando. Sentí cierta envidia, y seguro que Santi estaba pensando en algo parecido, pero no podía ser, al menos de momento. Cualquiera se metía en la playa con la ropa que llevábamos.

++++

Realmente Cristina estaba preciosa. Me había dejado pasmado cuando la vi salir del ascensor del hotel. No había querido que me quedase en la habitación para ver como se cambiaba. Reconozco que me gusta "espiarla" cuando se está arreglando. ¡Es tan excitante! Mientras estaba en el baño, me puse la ropa más interesante que tenía. Quería estar muy bien para ella, aunque reconozco que ni de lejos puedo competir en cuanto a sensualidad. Me compré antes de salir un tanga que me pareció muy sexy. De vez en cuando a Cristina le gusta que me ponga uno, sobre todo cuando prevemos que va a haber "guerra". Unos pantalones súper ajustados que en algún momento parecían que iban a estallar. Una camisa blanca terminaba de completar el "equipamiento". El pelo engominado, era todo lo que se me ocurrió como extra. Como se puede ver, una diferencia abismal con Cristina. Cuando paseábamos por el paseo marítimo, veíamos como numerosas parejas se dedicaban a amarse. Mi imaginación volaba, y ya me veía con mi mujer, desnudos en el agua, acariciándonos, amándonos, y haciéndome sentir el hombre más feliz del mundo. Creo que ella también pensó algo parecido, pero de momento seguimos caminando hacia donde íbamos a cenar.

El ambiente en la plaza era excepcional, con multitud de puestos en los que se servían principalmente sidra, y algo de tapeo. He de decir que a mi entrada en la coqueta plaza, más de uno se volvió para verme, y eso que había chicas realmente atractivas, al igual que chicos ¡claro! Mi chico sonreía divertido, y en alguna ocasión, era él mismo el que me llamaba la atención sobre algún chico que miraba descaradamente mi cuerpo. Alguno incluso se atrevía a piropearme. Nos metimos en todo el jaleo y comenzamos a probar lo que en los puestos nos ofrecían.

Pasados unos minutos, decidimos que no iríamos a cenar, y seguiríamos tapeando, y asistiendo a los numerosos espectáculos que comenzaban a esas alturas, y que iban a continuar durante la noche. Mi chico se iba animando más con los numerosos culines de sidra que se estaba metiendo en el cuerpo. La verdad es que yo también estaba notando los efectos de esta bebida.

++++

Era un ambiente realmente excepcional. Había mucha gente joven que se divertía de lo lindo recorriendo los diferentes puestos de la plaza. La gente vestía muy bien. Sexy diría yo, quizás por lo caluroso de la noche. Pero la verdad, es que aunque gusta ver tanta gente guapa, (también había chicos atractivos, y así se lo señalaba más de una vez a Cristina), yo no perdía la oportunidad de agarrarme a ella y recorrer sin ningún tipo de disimulo su figura y sus curvas. Me tenía realmente caliente con la ropa que se había puesto. Ella se escabullía hábilmente, pero me parecía que también le gustaba sentirse deseada.

Me fijé en un tipo, de unos cuarenta y muchos años, que no paraba de mirar a Cristina, y la verdad es que nos lo encontrábamos demasiado a menudo como para ser una coincidencia. Se lo comenté, y me dijo que eran imaginaciones mías. Pensé que podía ser así, así que me olvidé del tema.

++++

Cuando mi chico me comentó que un tío nos estaba siguiendo, le quité importancia, pero, cuando nos lo seguimos encontrando, ya no tuve dudas de que era acertado lo que me decía. Tampoco es que le diésemos más importancia, ¡ya se cansaría!

En unos soportales de la plaza, estaban actuando unos actores disfrazados de personajes de la edad media. Eran bastante divertidos, pero mi vista se desviaba de vez en cuando al tío que no dejaba de observarme. Comenzaba a ponerme nerviosa. Mi chico también se le quedó mirando, y sin cortarse ni un pelo, le hizo señales para que se acercase. Yo me quedé helada cuando le vi avanzar hacia nosotros. Caminaba con seguridad, sin sentirse cortado en ningún momento, al menos en apariencia. Cuando llegó a nuestra altura, Santi se dirigió a él. Por unos momentos pensé que se podía armar la marimorena, porque me parecía que Santi estaba un poco tocado con la sidra que se había metido entre pecho y espalda. El desconocido también parecía estar expectante.

- Disculpe que le moleste, ¿nos está siguiendo por alguna razón?

El desconocido por un momento se quedó sin hablar, desviando la mirada hacia mí. Los ojos por unos instantes se le fueron a mis piernas, que se mostraban en todo su esplendor al estar subida en un taburete alto.

- Discúlpenme. Reconozco que les estaba observando hace rato. A ser sincero me ha llamado la atención su pareja. La sensación que me dio al verla es que llamaba la atención en medio de este gentío, como si no perteneciese a este ambiente. Estoy de paso y no conozco a nadie. Espero no haberles molestado. Permítanme que les invite a una ronda para disculparme por mi tontería.

Le iba a responder que era muy amable pero que no podía ser, cuando mi chico se me adelantó.

- Bueno, aceptamos.

Una sonrisa apareció en su boca, a la vez que su brazo rodeaba mi cintura y sobaba disimuladamente mis muslos.

- Me llamo Santi, y esta es Cristina. Tampoco nosotros somos de aquí. Estamos pasando el fin de semana para disfrutar de esta bella ciudad.

- Si es hermosa Yo estoy divorciado hace cuatro años, he venido solo.

Seguimos hablando de cosas de las parejas, del tiempo, de los viajes, y a medida que la noche pasaba, surgió al final el tema del sexo. A esas alturas ya estábamos los tres totalmente desinhibidos y la conversación no tenía ningún tipo de restricciones, haciendo comentarios picantes los dos hacia mí. Nuestro desconocido amigo se llamaba Paolo, y era muy educado, muy familiar en le trato. Miraba sin ningún tipo de disimulo mis curvas y mi generoso escote, pero hacía rato que me había dejado de importar. Además Santi no me soltaba ni a sol ni a sombra, haciéndome sentir querida y protegida. He de reconocer no obstante que me sentía halagada por el efecto que producía en aquel hombre.

++++

Paolo era un tipo afable, educado, acostumbrado a tratar con la gente, desde su puesto de empresario de una importante empresa de construcción. Desde el principio me pareció una persona que estaba sola, a pesar de su dinero, y me llamó la atención su "interés" hacia Cristina, pues era consciente que podía tener a todas las mujeres que quisiera. Bueno, tampoco se puede decir que me llamase la atención de una manera desmesurada, porque a mí me había producido el mismo efecto desde el primer día que la vi. De esto hace ya veinte años, y aún siento su frescura, su sonrisa, su sensualidad, aunque no estoy seguro de habérselo dado a conocer siempre. Paolo era un tipo con gran sentido del humor, con las ideas muy claras. Cuando cogimos cierta confianza, el tema del sexo apareció, y la verdad es que los dos hombres intentábamos poner en "apuros" a Cristina. Pero esta lejos de cortarse, nos ponía los dientes más largos con sus comentarios. Digo nos ponía los dientes, porque a esas alturas de la noche, era consciente que Paolo deseaba acostarse con Cristina, aunque en ningún momento hizo un ningún comentario que pudiera ser hiriente. Por otra parte, yo ya estaba acostumbrado a vivir con el deseo que ella despertaba en muchos hombres.

Paolo nos comentó la posibilidad de desplazarnos hacia el puerto, donde le habían dicho que había gran ambiente. Nos pareció bien, y hacia allí nos dirigimos. Paolo seguía contando historias divertidas que nos hacían reír a mandíbula batiente. Cristina caminaba en medio de los dos, y en un momento dado que nos estábamos riendo los tres, se agarró de nuestro brazo.

++++

Me cogí del brazo de mi chico y de Paolo. Lo hice sin darme cuenta, quizás por la familiaridad que habíamos cogido esa noche, y por qué no decirlo, por el punto de desinhibición debido al alcohol. Caminamos charlando divertidos por unas calles un poco estrechas y oscuras. Dos hombres pasaron junto a nosotros, y cuando estaban a nuestra altura, se dirigieron a nosotros.

- Si no podéis los dos con ella, nos ofrecemos a echaros una mano, que esta parece mucha hembra para vosotros solos.

Santi me soltó bruscamente y se fue a por el tipo que había dicho semejante grosería. Me asusté cuando le agarró por el pecho y le exigió que se disculpase si no quería recibir dos hostias. El tipo no se cortó y se puso farruco, sabiéndose apoyado por el otro compañero. Paolo me soltó también y se puso junto a Santi.

- Tranquilo, seguro que todo ha sido un mal entendido, y estos caballeros se van a disculpar ¿verdad?

El tipo se quedó mirando, con una estúpida sonrisa. El compañero le agarró por el brazo, y le conminó a que se disculpase, que había sido una estupidez y que estaba harto de él.

- Lo siento, reconozco que ha sido una grosería imperdonable. Disculpe señora.

- Señorita. Recalqué.

- Señorita. -Y me agarré al brazo de Santi aún temblando por el susto. Los dos hombres se volvieron a disculpar, para alejarse posteriormente calle arriba.

- Vaya par de gilipollas. Dijo Santi

- Venga, que no nos arruinen la noche esos imbéciles.

Seguimos paseando en dirección al puerto marítimo, y al poco tiempo ya se nos había olvidado el incidente con los dos individuos. Cuando llegamos a la zona, el ambiente era de una gran actividad. Seguimos paseando por el muelle donde estaban atracados varias embarcaciones pequeñas, pero el acceso al resto del puerto, estaba restringido.

- Es una lástima que no podamos ver los barcos grandes por dentro, por la música, parece que se lo están pasando de maravilla.

- Si quieres Cristina, veo a ver si hay posibilidades de entrar. Se ofreció Santi.

- Espera Santi, quizás yo pueda conseguirlo.

Le vimos dirigirse hacia la puerta de acceso a esa parte del muelle. Le salieron al paso tres guardas jurados, y estuvieron hablando con él unos instantes. Después uno de ellos se dirigió hacia la parte interna del muelle, regresando a los pocos minutos en compañía de una atractiva joven. Esta se interesó por Paolo, que le enseñó algo de la cartera. La joven lo examinó, e hizo un gesto de asentimiento. Paolo se dirigió hacia nosotros, y con la mano nos hizo señas para que nos acercásemos. Cuando llegamos a su altura, los guardas jurados nos abrieron la puerta para que pudiésemos pasar.

- ¿Cómo lo has conseguido? Pregunté.

- Les he enseñado el carné de socio del club náutico al que pertenezco. No ha sido nada complicado.

La joven iba delante de nosotros y no parecía prestarnos ninguna atención. Cuando llegamos a un local, se dirigió hacia Paolo, y le dijo que aquí nos tenía que dejar, que deseaba nos lo pasásemos bien.

Entramos en el local, y me di cuenta que la gente apenas si se fijó en nosotros al entrar. Era un local espacioso, y las mesas presentaban un ambiente excepcional, viéndose a la gente disfrutar de lo lindo. Había gente de todas las edades. Nos dirigimos a una mesa que acababa de quedarse libre. Enseguida una camarera se dirigió a nosotros para ver que es lo que queríamos tomar.

Paolo nos explicó que en aquel local se podían comprar invitaciones, si tenías dinero para ello.

- ¿Y que es lo que puedes hacer con ellas? -Pregunté

- Son invitaciones para las diferentes fiestas o atracciones. Aquí te informan de lo que se celebra y de los requisitos que necesitas para poder asistir.

- ¿Requisitos?

- Imagínate que se celebrase una fiesta romana, pues te informarían del tipo de ropa que necesitas, y del dinero, por supuesto que tienes que pagar.

- Entonces si no traes la ropa adecuada, no puedes entrar.

- Bueno, siempre tienes la posibilidad de comprarla en las tiendas que están abiertas. Además de las de ropa, si hay algo que necesitas, y no lo tienen aquí, te lo consiguen donde sea.

- Vaya servicio.

- Hay que tener en cuenta que ese tipo de servicios solo se lo pueden permitir la gente con mucho dinero. La mayoría se conforma con poder estar en este local, en el que tampoco es libre la entrada como habéis visto.

- Bueno, esto ya está muy bien, y para nuestras posibilidades...

++++

La verdad es que me sentía un poco fuera de la conversación. Estaba un poco mareado, y las voces me sonaban lejanas. Cristina y Paolo seguían una animada conversación, de la que reconozco que no me enteraba mucho, pero veía que mi mujer estaba disfrutando de lo lindo y eso me agradaba.

- ¿Qué es lo que os gustaría hacer? Aquí tenéis las fiestas que se celebran hoy.

- Bueno, esto está bastante bien ¿no?

- Venga Santi, dejadme que os invite a una de ellas, en prueba de mi admiración por vosotros dos.

Yo sabía perfectamente que se refería más a Cristina. No me habían pasado desapercibido las miradas que se posaban sobre su piel. Estaba seguro que deseaba acostarse con ella, pero me parecía lógico que otros hombres la deseasen.

Cristina miró el programa, y tras unos segundos, se detuvo en una de las fiestas. Se llamaba "¿Te atreves?". Paolo sonrió.

- Me parece una decisión acertada. Dejadme que haga las gestiones oportunas, y vea que es lo que necesitamos.

Paolo se alejó hacia un mostrador donde estuvo un buen rato hablando con una pareja. Desde donde estábamos podíamos ver como le señalaban varios trípticos, y una serie de planos. Después de realizar las gestiones, se encaminó hacia nosotros. Antes de que llegase me dirigí a Cristina.

- ¿Crees que hacemos bien en aceptar la invitación?, esto debe costar una pasta.

- No te preocupes, no quisiera que se molestase Paolo. Se le ve que es una persona solitaria con falta de compañía.

- Ya, pero me parece que está poniendo una atención muy especial en ti.

- No te irás a poner celoso ahora ¿eh?

Paolo llegó hasta nosotros con la sonrisa del niño que tiene una sorpresa y que se empeña en ocultarla.

- Bueno, ya está todo. Ahora lo importante es que tenemos que ir de compras. Me han dicho un par de tiendas del complejo del puerto.

Paolo se echó a reír al ver las caras que pusimos.

- Tranquilos, corro yo con todos los gastos. La verdad es que la noche puede ser memorable, y lo doy por bien empleado. De verdad, dejadme que me encargue de todo.

De nada sirvieron nuestras protestas. Paolo se mantuvo en sus trece. Al final decidimos seguirle. Nos dirigimos hacia uno de los edificios del complejo. Paolo nos explicó que las mujeres debían vestir de rojo, y los hombres de blanco. Obligatorio zapato de tacón para las mujeres, y mocasines para los hombres.

Entramos en una de las tiendas que Paolo tenía apuntadas. Le entregó un papel a una de las encargadas, y acto seguido nosotros dos nos fuimos con un joven que sería el encargado de enseñarnos la ropa. Cristina se quedó con una chica. La ropa la elegí rápido. Paolo tardó un poco más, pero también estuvo pronto junto a mí. Nos miramos, y nos dimos los cumplidos de rigor. Recogimos las bolsas con la ropa usada y nos dirigimos a buscar a Cristina. Nos sentamos en un banco de diseño, y mientras esperábamos nos sirvieron unas bebidas. Durante la espera, Paolo desvió la conversación hacia lo hermosa que era Cristina, y que tenía mucha suerte. Me preguntó si no tenía miedo a que un día me abandonase. A él, según me dijo, le había abandonado su mujer, para irse con un buen amigo suyo. La verdad es que nos encontramos los dos haciéndonos confidencias como si nos conociésemos de toda la vida. Llegó una dependienta y nos comentó que Cristina estaba en maquillaje, y que pronto saldría.

Miré de reojo a Paolo, y creí ver en su mirada una cierta expectación en ver a Cristina. Cuando salió... La verdad es que estaba para quitar el hipo. Vestía un ceñido traje rojo, con una abertura que llegaba hasta el comienzo de sus glúteos. El escote por la espalda era para marear, y por delante sus pequeños y firmes senos se marcaban y se dejaban entrever, hasta dejar poco que hacer a la imaginación. Ando hasta nosotros, y cuando estaba a dos metros se giró lentamente para que la pudiésemos ver bien.

- ¿Que tal estoy?

La pregunta claramente era innecesaria, porque estoy seguro que ella se sabía muy, pero que muy erótica. Los dos dijimos unas palabras de admiración. Paolo ya no se cortó, y tomándola una mano, la besó mirándola directamente a los ojos.

- Estás bellísima, sin duda serás la estrella de la fiesta, y eso me da cierto miedo.

Las palabras de Paolo me dejaron perplejo.

Nos dirigimos hacia el local donde se celebraría la fiesta. Cristina estaba súper excitada, ya que la dependienta de la tienda la había dicho que era la mejor que se celebraba esa noche. Caminamos unos minutos, y nos detuvimos ante una embarcación de lujo.

- Que hermosura de barco.

- No menos que tú. ¡Pues este es el lugar!

Cristina y yo nos quedamos mirando incrédulos.

- Debemos darnos prisa, porque zarpa en treinta minutos.

Pasamos una verja que daba a la plataforma de embarque. Dos "porteros" vestidos con sendos esmoquin, nos pidieron las invitaciones, que Paolo, diligentemente les entregó. A medida que ascendíamos por la plataforma, nuestras caras mostraban gran expectación. Cuando llegamos a la puerta de entrada, nos recibieron unas señoritas que nos ayudaron a orientarnos hacia donde debíamos ir. Paolo se comportaba como si aquello formase parte de su vida habitual. Subimos a una de las cubiertas, donde la gente bailaba al son de una música muy pegadiza. Realmente he de decir que las mujeres eran muy hermosas, pero Cristina deslumbraba sobre ellas, y así quedó demostrado cuando muchos de los hombres que allí estaban, volvían la mirada hacia ella.

Nos dirigimos hacia la barra de la cubierta, donde por cierto la bebida era totalmente gratis. Paolo nunca nos dijo cuanto le habían costado las tres invitaciones. Siempre decía que era poco para la noche tan divertida que estaba pasando. Lo daba por bien empleado. La verdad es que no quise insistir más, pero todo aquello no era barato. Se veía lujo por todos los lados, y la gente se veía que eran pudientes, y no meros obreros como nosotros. De todas formas, creo que pasábamos en ese sentido bastante desapercibidos.

++++

Aquello me parecía un sueño. Era la primera vez que estaba en un barco. Gracias a Paolo, aquella noche estaba siendo totalmente imprevista. Cada minuto que pasaba deparaba una sorpresa más, en un continuo carrusel de acontecimientos.

Yo la verdad, aunque iba muy desinhibida por el alcohol, me daba perfecta cuenta que Paolo en cuanto podía me agarraba, o rozaba sutilmente mi cuerpo, con cualquier movimiento furtivo. Reconozco que en parte me sentía halagada que una persona como el, que sin duda podía tener a las mujeres que quisiera, aunque sólo fuese por el dinero que sin duda alguna tenía, se fijara en mí.

El champaña, que no cava, corría a raudales por las copas de los invitados, algunos de los cuales tenía síntomas de evidente embriaguez. Otra cosa que también me llamó la atención, fue la familiaridad con que todo el mundo se trataba. Vinieron, tanto hombres como mujeres a presentarse a nosotros, no cortándose ni un pelo al darnos besos en la boca. Una pareja que vino, él muy atractivo por cierto, se presentó, y se quedaron un rato con nosotros. Él me dio un morreo que casi me caigo de espaldas. Santi se quedó mirando sorprendido, y más cuando la mujer dio también un buen morreo a Paolo y a Santi. Nos hicimos señas de sorpresa, pero no dijimos nada, para no dar la nota. Cuando nos presentó Paolo, no dijo que yo estaba con Santi, cosa que no me pasó desapercibida. Cuando estábamos hablando, la mujer me cogió por el brazo y me separó un poco del grupo.

- Vaya suerte que tienes con los dos tipos tan atractivos que has venido. Si te cansas o no puedes con ellos, no tienes más que avisarme.

Yo le contesté divertida que me lo pensaría. Cuando se marcharon, volvió a recordarme con un guiño lo que habíamos hablado. La verdad es que me pareció que lo decía en serio, pero no lo podría asegurar.

- ¿Qué es lo que os traéis entre manos?

- Nada, cosa de mujeres. Respondí a Santi.

Paolo sonrió mirándome a los ojos, como si supiese lo que habíamos comentado.

Una sirena nos comunicaba que el barco zarpaba. Nos dirigimos a proa para ver mejor la salida del puerto. Era todo un espectáculo ver como el barco rompía suavemente el agua del mar. La luna llena formaba un marco incomparable. Santi me cogió por la cintura, y mirándome a los ojos me besó, como quizás hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Paolo a nuestro lado miraba hacia el horizonte, con la mirada perdida. Santi y yo nos quedamos mirándole, hasta que este se dio cuenta. Se dirigió a Santi en un tono lacónico, que no conocíamos esa noche.

- No sabes cómo te envidio Santi. Daría una fortuna por poder estar en tu puesto en estos momentos.

Santi se quedó mirándole sin saber que decir. Pero la verdad es que el comentario no podía molestarle, bien al contrario.

- Pero tú puedes tener a todas las mujeres que quieras. Eres una persona divertida, agradable, y recursos económicos seguro que no te faltan. Le dije acercándome a él y acariciarle el brazo.

- Pues nada de eso te garantiza que la persona a la que quieres esté a tu lado.

- Posiblemente sea cierto que el dinero hace difícil el saber si las personas están realmente contigo porque te aprecian, o si están por el interés.

- Mira Santi, supongo que visteis la película "Una proposición indecente", pues te aseguro que pasa más de lo creéis.

- Eso son cosas de película. Respondió Santi.

- Pues yo si me ofrecen un buen dinero... Dije riéndome divertida.

- Lo decís porque nunca os han ofrecido algo así.

- ¿Lo has hecho alguna vez? Me refiero a lo de ofrecer dinero por sexo. Que no sean profesionales claro.

Antes de que contestase, yo me adelanté

- ¿Cuánto ofrecerías?

- Si fuese por ti... Dejó un deliberado silencio, mientras nos miraba a la cara. Cuando vio que nuestra atención era máxima, continuó.

- Por ti daría ciento cincuenta mil euros.

- Eso son...

- Veinticinco millones de pesetas. Respondí a Santi

- Venga ya, estás de coña.

- ¡Que suerte tengo de que me salga gratis! Dijo Santi riéndose mientras se abrazaba a mí.

- Bueno, tú me has preguntado, y eso es lo que daría por pasar una noche contigo.

Nos quedamos mirándole, y vimos en su cara que lo decía en serio. Durante unos instantes no supimos que decirle. El se volvió hacia el horizonte. Me pareció que se había quitado un peso de encima, al decir lo que durante toda la noche había deseado decirme, que se quería acostar conmigo.

- Me siento real mente halagada, y no creo que tengas que ofrecer dinero para poder estar una noche o las que sean con una mujer.

- Sé que no es una forma muy romántica de decirlo, pero te he deseado desde el primer momento que te he visto esta noche. Perdona que hable así Santi, entiendo que te sientas molesto, pero realmente es lo que siento.

- No me molesta, porque sé que vas de cara y dices lo que piensas. Posiblemente yo daría ese dinero si lo tuviese, por acostarme con Cristina.

- No me entendáis mal. Yo no te ofrezco dinero para tratarte como si fueses una mercancía, pero entiendo que estás con Santi, que es una persona fantástica, y que eso compensaría las molestias que pudieseis tener. Os lo ofrezco con todo el respeto del mundo, pesároslo, y me lo decís a lo largo de la noche.

Cuando terminó de hablar se alejó hacia la cubierta donde habíamos estado. Se alejó con el porte de los que saben que apuestan a ganador. Y allí nos quedamos como dos pasmarotes, viendo como se alejaba, después de soltar una verdadera bomba.

- ¡Pues le va a salir caro el polvo de esta noche!

- Pero tu estas tonta o que. No ves que lo estaba diciendo en serio. Y encima lo dice cuando ya hemos zarpado.

- ¿Pero no decías que no estabas enfadado?

- Y no lo estoy pero es que...

Pero es que nada. No sabía que decir. Es cierto que en principio no me había molestado, pero verle ir con esa seguridad, como si supiera que Cristina iba a decir que sí...

¿Y Cristina que decía de todo esto?

- ¿Quieres que acepte? Esto nos podía solucionar nuestros problemas económicos. Además tú siempre dices que te excitaría verme hacer el amor con otro hombre.

- Si, pero una cosa es una fantasía, y otra muy distinta es la realidad. No se si lograría superarlo después.

- Pero solo sería sexo. Además sería de mutuo acuerdo, no tendría que haber remordimientos después. Solo sería mi cuerpo lo que alquilaría por unas horas. ¡Piénsalo! Nuestros problemas económicos resueltos.

- ¿Tu quieres hacerlo?, porque si lo que quieres es acostarte con el, me lo dices y en paz.

- Mira Santi, me acostaría con él gratis si no te quisiera a ti. Es un tipo atractivo y con fuerte personalidad, pero esto es otra cuestión, nos daría dinero por pasar una noche con él, solo... una... noche.

- Te lo voy a poner más fácil. Haz lo que te pida el cuerpo.

- ¿Tú te acostarías con una tía si te lo pidiese?

- Pero eso es distinto

- ¡Ya!, yo soy mujer, el honor y todo eso ¿no?

- No, no es eso

La verdad es que me había metido en un callejón sin salida. Seguimos hablando durante un rato. En conclusión sacamos que a los dos nos parecía una buena oferta sin duda, y que quizás debiéramos aprovecharla, pero el dinero no era tan necesario como para arriesgarnos a que nuestra relación se estropease, aunque todo fuese de mutuo acuerdo.

- ¿Vamos y se lo decimos?

- Vamos Cristina, y pongámonos a divertirnos, que esta fiesta tiene muy buena pinta.

Encontramos a Paolo en la barra del bar. Levantó la copa al vernos acercarnos. Juraría que nos estaba esperando. Cristina fue la que tomó la palabra.

- Hola Paolo, hemos estado pensando en tu oferta, y aunque no te negaré que nos ha resultado atractiva, tenemos que decir que no, espero que lo entiendas.

- Y si tenemos que pagarte lo que te ha costado todo esto, estoy seguro que podemos llegar a un acuerdo.

- Estaba seguro de que no aceptaríais, no me equivoqué con vosotros. Dijo abrazándose a los dos. Cristina y yo nos miramos divertidos.

- Y en cuanto al dinero, ya no se ni las veces que te he dicho que ¡esto es un regalo para vosotros por la noche tan maravillosa que he pasado!

- Pensamos que igual lo habías hecho con la idea de acostarte con Cristina.

- Mira, si hubieseis aceptado la oferta, no os niego que hubiese seguido adelante, porque os la he hecho en serio, pero el venir a la fiesta no tiene que ver nada con la oferta, simplemente surgió así.

- Me alegro que esté todo aclarado, y ahora vamos a divertirnos que es a lo que hemos venido. Dijo Cristina.

- Tengo que explicaros algo más de la fiesta, que me han comentado en el bar mientras os esperaba. Este barco se dedica a hacer cruceros, y cuando regresa a puerto para las revisiones pertinentes, aprovechan algún fin de semana para organizar fiestas. Esta en concreto es de ambiente más bien liberal.

- ¿Qué quieres decir con ambiente liberal? Pregunté intrigado.

- Pues justo lo que estáis pensando. Aquí hay una total libertad sexual, y nadie se va a escandalizar por lo que hagáis. De hecho es muy probable que os propongan cambios de pareja, o cosas por el estilo. Pero tranquilos, nadie os forzará a hacer lo que no queráis.

- De hecho, una de las parejas que se nos presentaron cuando llegamos, me propuso claramente el acostarnos nosotros tres con ella. En principio yo le seguí la corriente pensando que sería una broma.

- Pues ya verás Cristina que no será una cosa aislada.

Nos dirigimos hacia el bar para pedir una botella de champaña. Cristina dijo que tenía que ir al servicio, y Paolo la indicó por donde se iba. Al quedarnos solos Paolo me preguntó si estaba violento por todo lo que había comentado. Yo le contesté que en un principio sí, pero que es natural que se quieran acostar con Cristina, porque es muy atractiva, y yo no la puedo retener contra su voluntad, porque es libre, libre de estar conmigo, o libre de irse con otro. Aproveché también a decirle que Cristina me había dicho que se acostaría con el gratis, si no me quisiese a mí.

¡Que mujer tienes! Brindemos por ella.

++++

Me alegró que todo quedase arreglado, la noche estaba siendo fantástica para estropearla con malos entendidos.

El ir al baño fue una excusa para dejar a los dos hombres solos, y que aclarasen las cosas. Era una situación curiosa la que se había creado, y no que ría que estallase cuando menos lo pensase. Porque ¿cuantas veces se me va a dar estar con dos hombres a la vez, sabiendo que los dos me desean? El pensamiento de estar con ellos dos, me hizo sentir un escalofrío por todo el cuerpo, hasta el punto de que mis pezones se endurecieron, marcándose descaradamente en la tela del vestido. Tengo que añadir también que más de una vez en el trayecto, pude sentir las manos de alguno rozándome descaradamente. Allí sí que era fácil encontrar plan si uno quisiese. En el servicio en el que entré, estaban hablando tres señoras de cierta edad. Se estaban dando detalles de lo que hicieron en un viaje anterior mientras sus chicos se dedicaban a jugar a las cartas, en una de las numerosas partidas que se celebraban a bordo. La verdad es que me quedé asombrada de lo que escuchaba, y más de que no se cortasen por mi presencia. La verdad es que era una situación de lo más caliente estar escuchando aquellas señoras, cómo se cepillaron a unos cuantos. Lo contaban con todo lujo de detalles, y a punto estuve de masturbarme allí mismo. Cuando fui a mirarme al espejo para acicalarme, con los productos que allí se exhibían, me vi hermosa en el espejo, y deseada por mis dos acompañantes. Pronuncié un poco más mi escote, y una de las señoras me comentó que esa noche iba a arrasar. Me despedí de ellas con un "gracias".

Cuando llegué vi a los dos en animada conversación, por lo que supuse que habían hablado y que todo estaba aclarado, así que me dispuse a divertirme de lo lindo.

- Espero que me sirváis una copa, porque tengo una sed de muerte.

- Creíamos que te habían secuestrado unos depravados sexuales.

- Pues no creas Paolo, que me han sobado más que a una moneda.

- La verdad es que no me extraña, porque estás para comerte.

- Oye, si queréis desahogaros, por mí no os cortéis, iros a alguno de los camerinos.

- Quizás más tarde. Dije mirando a los ojos de Santi, mostrándome lo más sensual posible. Ahora vamos a brindar por esta noche maravillosa, para que podamos divertirnos y mantener esta amistad que ha nacido.

- Pues levanto mi copa y brindo por vosotros.

- Y nosotros por ti, y por esta bella mujer que tanto nos gusta a los dos.

++++

Me pareció que Paolo se ruborizó un poco después de escuchar mi brindis. Seguimos sentados, hablando y bebiendo. Paolo con sus ocurrencias nos hacía reír, como hacía tiempo que no lo hacíamos. La música pasó a ser más lenta, y las luces bajaron en su intensidad. Una joven se acercó a nosotros y me dijo si quería bailar con ella. En un principio me negué, pero Cristina me dijo que no se le podía hacer ese feo a una mujer. Acepté la invitación de la joven, y nos dirigimos a la pista. Nada más llegar a esta, la joven se colgó de mi cuello pegando su cuerpo al mío. Yo coloqué mis manos en su cadera. Resultaba incómodo bailar con una desconocida, además yo no era un buen bailarín, pero a ella eso parecía no importarla. Me dijo que se llamaba Carmen. Al decirla que era un nombre muy bonito, ella añadió, que era un nombre que la iba que ni pintada, porque al igual que la famosa Carmen, ella también era todo pasión. Yo me quedé cortado por la decisión de la joven, y todavía más, cuando acercando sus labios a los míos, me dio un tierno beso. Me separé de ella para decirla que no era eso lo que buscaba, mirando a su vez hacia la zona donde había dejado a Paolo y Cristina. No estaban. Busqué con la mirada, y a pesar de la semioscuridad en la que estábamos, pude verles un poco alejados de donde yo estaba, bailando muy agarrados. La joven con la que bailaba, me estaba mirando, con cara de no entender nada de lo que estaba pasando. Decidí seguir con el baile, en vista de que mi mujer y Paolo se lo estaban pasando muy bien. Por mi cabeza pasó furtivamente la proposición que no hacía tanto nos había hecho Paolo. Sacudí la cabeza para quietarme esa idea. Me auto convencí de que solo estaban bailando, solo eso.

- ¿Es que no te gusto?

La voz de mi acompañante me sacó de mis pensamientos. Volví la cara hacia ella, y por primera vez me di cuenta del color de sus ojos. La verdad es que no me había fijado en nada de su físico, y he de reconocer que la chica era un auténtico bombón. - Perdona, es que estaba mirando lo que hacía mi pareja.

- Supongo que hará lo mismo que hace el resto de la gente aquí, ¡divertirse!, o ¿para que habéis venido? - Tienes razón, solo era curiosidad.

- Supongo que el tipo ese con el que estaba se acostará con ella. Pude ver como la miraba, y eran ojos de deseo.

- Sólo es un buen amigo.

- Bueno, si tu lo dices, pero sé muy bien lo que vi, y ese tipo desea a tu chica. Bien seguimos bailando o ¿qué?

Pensé que era una tontería desperdiciar la noche, y dejé mis celos aparcados, al fin y al cabo la chica era preciosa, y aunque no sucediese nada, la compañía era agradable.

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Paolo me pidió bailar, y no supe, o no quise decir que no. Su olor era muy agradable, un perfume con mucha clase. Me colgué de su cuello, y el se agarró a mi cintura, con firmeza, pero sin brusquedad. Estaba pegado a mí, pero sin ninguna obscenidad. No cabía duda de que era un tipo con mucha clase.

- ¿De verdad hubieses dado ese dineral por pasar una noche conmigo?

- Así es. ¿Estaría mal invertido?

- Lo hubiese hecho gratis si no estuviese enamorada de mi chico.

- Bueno, para mucha gente eso no es un obstáculo. Fíjate en todas estas personas, seguro que están enamoradas de sus parejas, y sin embargo están dispuestas a acostarse con quien les guste.

- Sí pero yo no pienso así, y me cuesta pensar que tú sí.

- Cristina, la verdad es que me gustas. Te deseo desde el primer momento que te vi en la plaza. Te diría que lo dejases todo y te fueses conmigo. Te daría todo lo que tengo y más, si tu me lo pidieses. Así están las cosas.

Le miré a los ojos sin saber que decir. Tenía la seguridad de que estaba hablando en serio. Seguimos bailando muy pegados, y el al oído me decía cosas que nadie me había dicho. El champaña, la suave música y sus dulces palabras, me estaban transportando en el espacio. Sus manos recorrían tímidas parte de mi cuerpo, no porque el fuese así, sino por miedo a que Santi pudiese vernos. Aunque parezca mentira, su amistad por Santi, impedía que se lanzase más a fondo.

Yo miraba en la dirección de Santi de vez en cuando, viendo como seguía en animada conversación con la rubia. Me parecía que era esta la que tomaba la iniciativa, y pude contemplar como le acariciaba la nuca con sus manos. Deseaba que se acercase y me pidiera bailar, pero Paolo con sus palabras me estaba envolviendo. No se como, pero me encontré a solas con él en un reservado bebiendo champaña.

Seguía hablando palabras que en mis oídos sonaban a música. Hablaba muy cerca de mi cara, sin dejar de mirarme a los ojos. Se acercó con la intención de besarme, y tras unos instantes en los que comprobó que no retiraba la cara, depositó un suave beso en mis labios. Fue un beso cálido. Se retiró unos centímetros, y tras mirarme, me volvió a besar. Mis labios le recibieron entreabiertos, y permitieron que su lengua entrase en mi boca, jugando con mis dientes, mi lengua.... Estuvimos unos minutos besándonos. Mi cuerpo sentía una excitación que recorría cada centímetro de mi piel. Me rendí, me entregué a aquel hombre que desde el primer momento había dejado bien claro que eme deseaba, que me quería. Sus manos recorrieron mi nuca, mi desnuda espalda.... Se adentraron en el interior del vestido sin encontrar ninguna resistencia., hasta encontrar mis duros pechos, que le recibieron con los pezones duros y tiesos. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral cuando se puso a jugar con ellos. Sus labios besaban mi cuello, bajando por mis hombros. Comencé a gemir, a desear que me poseyera allí mismo. Cuando abrí los ojos, y vi nuestros cuerpos reflejados en uno de los espejos del reservado, di un pequeño salto en el diván, y me separé de él. Paolo me preguntó que es lo que me pasaba. Yo le contesté que no podía hacerlo, que había sido una locura. Pude notar un cierto desencanto en la cara de Paolo, pero no dijo nada, sólo que lo entendía y que no me forzaría a hacer nada que no quisiera.

Salimos del reservado tras darle un beso en los labios y decirle que era un hombre maravilloso. Habíamos recorrido unos pocos metros cuando nos encontramos con Santi, que nos estaba buscando. Debió de notar algo en mi cara, porque me preguntó si me pasaba algo. Me inventé un mareo debido al movimiento del barco. No estoy segura de que me creyese.

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Sabía que algo había sucedido entre ellos dos, aunque suponía que no se habían acostado. A mí la rubia me había dejado de lo más caliente, y así se lo dije a Cristina, que riéndose, me cogió la cara y al oído me dijo que eso había que solucionarlo, porque ella estaba igual.

Le íbamos a decir a Paolo que nos ausentábamos, cuando por megafonía nos anunciaron la primera prueba de la noche. Se iba a elegir a la reina de la fiesta. Además de la belleza, se valorarían otras cosas, como el vestido, la forma de moverse, y otras cosas que se irían viendo, dejando a las participantes que eligiesen lo que querían hacer.

Yo en broma animé a Cristina a presentarse, porque el premio era suculento, y veía que lo podía ganar bien. Mi sorpresa fue que Paolo también la animó, deshaciéndose en elogios hacia ella. Cristina mirándonos a los dos, dijo que se iba a animar.

++++

Fuimos varias las que nos animamos. La organización nos llevó detrás del escenario, y nos explicó un poco las reglas, o más bien la falta de ellas. Salimos todas al escenario a la vez, y fueron muchos los piropos que recibimos. Los focos nos deslumbraban, y no podíamos distinguir a la gente que nos estaba viendo. A medida que nos iban presentando, íbamos pasando delante del escenario, moviéndonos todo lo sensualmente que podíamos. La verdad es que había chicas muy guapas y desinhibidas. Cuando terminaron de presentarnos, tuvimos que comenzar a bailar por parejas al ritmo de una música muy sensual. La chica con la que me tocó bailar a mí, era un poco más baja que yo, con rasgos orientales. Nos pusimos a movernos recorriendo nuestros cuerpos con las manos, sin apenas tocarnos. Miramos a nuestro alrededor, y vimos que la mayoría de las parejas estaban rozando un número lésbico. De seguir así, enseguida nos eliminarían. Mi compañera de baile me miró y me dijo que teníamos que ir a por todas, pero no de una forma burda. Les teníamos que ofrecer un baile que les hiciese ponerse en órbita a todos los que tenían que votar. Dicho esto, y tras mostrar yo mi acuerdo, se colocó detrás de mí y comenzó a llevarme con unos movimientos que he de reconocer que me pusieron muy caliente. Ella fue la que llevó toda la coreografía en todo momento, y parecía que al público le gustaba, porque hasta nosotras llegaban las muestras de aprobación. Algunas de las demás parejas, habían olvidado bailar, y se limitaban a hacer escenas eróticas, e incluso algunas estaban con los pechos al aire, dándose un buen lote. Me imaginé a Santi y a Paolo mirando las escenas. Paolo lo tenía que estar pasando mal con lo caliente que le había dejado. Yo por mi parte me empleaba a fondo en el baile con mi compañera, intentando no pensar en escenas subidas de tono, para no aumentar mi calentura. Estuvimos bailando unos diez minutos, tras los cuales, nos volvimos a colocar al frente del escenario, para que la gente eligiera quien quedaba eliminada. Nosotras quedamos para la siguiente prueba junto a otras dos parejas.

La siguiente prueba que teníamos que hacer era individual, y lo marcaría cada concursante. La primera eligió una música brasileña, y consistía en pasar por debajo de un palo sin tocar con las manos el suelo, e inclinándonos hacia atrás. Tras varias pasadas, dos de las chicas quedaron eliminadas. Agradecí los años que me había tirado cultivando mi cuerpo en el gimnasio. La siguiente eligió contar chistes. Fue una prueba un poco sosa por lo que pudimos comprobar por la reacción del público. La chica que lo propuso, quedó eliminada a pesar de tener una cierta gracia al contar los chistes.

Me tocaba a mí elegir prueba, y la verdad es que no sabía que elegir para eliminar a mis dos compañeras. Una de ellas era mi pareja de baile, y la otra una mulata preciosa. Se me ocurrió que teníamos que contar una historia erótica, de no más de cinco minutos de duración. Comenzó mi compañera de baile, que lo hizo francamente bien. La chica de color, no hiló muy bien la historia, y se centró más en contar más una película pornográfica. Yo me decidí por contar una historia que a buen seguro Santi reconocería, pues era nuestra primera vez haciendo el amor. Solo tuve que darle unos pequeños retoques para que la historia quedase atractiva. A medida que la contaba, buscaba inútilmente la cara de Santi. Quizás le estuviese contando a Paolo que en esa historia, los protagonistas éramos nosotros dos. No sé por qué seguía pensando en Paolo. Quizás porque aún notaba sus manos recorriendo mi piel.

Los aplausos de la gente nos hicieron ganadoras a mi pareja de baile, que he de decir que se llamaba Clara, y a mí.

Clara se abrazó a mí felicitándome, y me dijo al oído que tendríamos que ir a por todas de nuevo. La prueba que propuso, era un striptise las dos a la vez. Entonces entendí lo de ir a por todas. La música comenzó a sonar, y nosotras comenzamos a movernos sensualmente. Era una ventaja que no pudiésemos ver a la gente, por que así parecía que estábamos las dos solas. Clara comenzó a bajarse un tirante del vestido, y después el otro. Yo de reojo seguía sus evoluciones, y no me que daba atrás. Me miró y me sonrió. Parecía que estuviese segura de que no podría seguirla. Nos volvimos de espaldas mientras nuestros vestidos se enroscaban en nuestras cinturas. El vocerío de la gente nos animó a darnos la vuelta, dejando que contemplasen nuestros pechos desnudos. El clamor subió de intensidad, y nos comenzaron a llover todo tipo de piropos y de proposiciones, incluso de mujeres. Clara hizo una señal a uno de los organizadores, y las luces que nos alumbraban de frente, bajaron de intensidad. Ahora podíamos ver las caras de los que nos observaban. Me quedé un poco cortada, y cuando miré a Clara, esta estaba dejando caer su vestido al suelo, con aire muy triunfal. Aquello me hirió en el orgullo, y tras unos sutiles movimientos, dejé caer el mío también. Fue entonces cuando vi las caras de Paolo y de Santi. Mi chico sonreía divertido, pero los ojos de Paolo denotaban el deseo que sentía hacia mí. Mis curvas se mostraban ante él… y muchos más, cuando no hacía mucho le había rechazado. Mirarle a la cara causó un efecto inmediato en mi vagina, que notó una gran excitación.

Clara me miró sorprendida, supongo que por creer que no sería capaz de seguirla. Siguió contoneándose por la pista provocando al personal. Se colocó en la parte delantera del escenario, y dejó por unos instantes que las manos de los espectadores recorrieran su cuerpo. Estuve a punto de darme por vencida, pero al mirar la cara de Santi, no noté ningún reproche, así que me puse a contonear muy cerca de Clara. Un buen número de manos se lanzaron a explorar mis curvas. Miré a Clara, y esta me miraba a su vez. Decidí ir más allá, y dejé que las manos desconocidas sobasen mis pechos. Algunos lo hicieron con dulzura, pero otros se apoderaban de mis pezones, tirando de ellos hasta sentirlos doloridos. Clara estaba en el suelo abierta de piernas, arrastrándose como una perra en celo, y con un rápido movimiento procedió a quitarse el tanga. La visión de su coño desnudo, hizo dar alaridos a más de uno y de una. No sabía que hacer. De nuevo miré a Santi preguntándole con la mirada si debía seguir. El se encogió de hombros dejándome a mí la decisión. Ya había puesto mucha carne en el asador, así que decidí ir a por el resto. Contoneándome me acerqué a uno de los espectadores. Era un chico joven, que no había dejado de animarme en todo el concurso. Me volví de espaldas, y me incliné hacia delante. Solo tuve que hacerle una pequeña señal, para que pusiese mis manos en mi tanga y procediese a quitármelo, descendiendo muy despacio por mis piernas. Cuando lo tuvo en sus manos, se lo guardó en el bolsillo como trofeo. Mi coño estaba más rasurado que el de Clara. Esta tenía un pelo muy negro y abundante. Parecía que los espectadores dirigían más la atención hacia mí que hacia Clara. Esta tenía que reaccionar si quería ganar el concurso, y vaya si lo hizo. Descendió por las escaleras del escenario, y se dirigió hacia las mesas, donde los menos osados estaban viendo el espectáculo. Como viese en la película show-girls, se sentó sobre uno de ellos, y comenzó a menear sus caderas frenéticamente, como si un invisible pene estuviese dentro de ella. Tiraba hacia atrás la espalda, dejando que alguno de los que estaban alrededor, la tocasen. Sin embargo el que estaba debajo de ella, tenía que tener las manos lejos de su cuerpo, si no quería que se levantase y fuese donde otro. Así estuvo un rato hasta que el primero se corrió ruidosamente. Cuando terminó, miró hacia el escenario donde y o estaba, y con aire triunfal me sonrió, dirigiéndose hacia otro espectador, que tuvo un orgasmo a las pocas sacudidas. Tras ir donde un tercer espectador, yo me rendí. Había llegado hasta donde nunca lo hubiese imaginado. Recogí el vestido, me lo coloqué lo mejor que pude y me dirigí hasta donde estaba Clara. La gente me fue abriendo paso, diciéndome todo tipo de piropos e insinuaciones. Me acerqué hasta ella, y pude ver más de cerca como se trabajaba a un abuelo, que la miraba con los ojos como platos. A su lado una señora mayor, supongo que su mujer, le animaba a disfrutar de la experiencia. Los pechos de Clara se movían frenéticos de un lado hacia otro, al compás de los movimientos pélvicos de esta. Pude ver como su pubis se frotaba contra un abultado paquete, y como el abuelo resoplaba de tal manera que creí que le iba a dar algo. Noté como unas manos me cogían por la cintura. Cuando me volví, vi la sonrisa de Santi.

- Has estado estupenda, pero esto creo que es demasiado.

- Yo opino lo mismo. Creo que has estado sencillamente sensual.

El abuelo que se estaba trabajando Clara, se corrió resoplando. Cuando Clara se levantó, pude comprobar una mancha en la bragueta del pantalón del abuelo. Clara tenía la piel brillante por el sudor, y su respiración estaba agitada. Se dirigió a mí, y me soltó un beso en toda la boca.

- Has sido una rival durísima.

- Sí, pero esto es demasiado para mí. Eres la justa ganadora.

La organización se llevó a clara al escenario, para hacerla entrega del cheque como ganadora. Tras recibirlo, Clara se vistió y se retiró detrás del escenario. Allí donde nos dirigíamos, la gente se arremolinaba en torno a mí, felicitándome por el espectáculo, y alguno aprovechando para tocarme disimuladamente.

Por los altavoces, llamaban a los hombres que quisiesen participar en otro concurso. Paolo animó a Santi a concursar, para ver si tenía más suerte que yo. También le animé a presentarse. Se dirigió hacia la trasera del escenario, donde le explicaría en qué consistía la prueba. En cuanto se marchó, Paolo me cogió por la cintura y me llevó lejos de la gente. Me metió en un reservado y mientras yo contemplaba el lugar, el cerraba la puerta. Después abrazándome por detrás, comenzó a besarme en el cuello. Yo cerré los ojos y me dejé hacer, estaba realmente caliente, y deseaba a Paolo más de lo que creía.

- No sabes domo te deseo. Cuando te he visto moverte en el escenario, me parecía que te desnudabas para mí. Cada prenda que te quitabas era como si te la quitase yo. Hubiese deseado que te atrevieses a seguir con el número, y que fuese yo el elegido para recibirte.

- Creo que me desnudaba para ti. ¡Esto es una locura!

No me dio tiempo a decir nada más. Me giró y puso sus labios sobre los míos que le recibieron con desesperación. Mis manos rodearon su nuca y me apreté contra su cuerpo notando la gran erección que había en su entrepierna. Nuestras bocas se fundieron en un baile sensual, como si quisiéramos devorarnos en un ritual amatorio. Nuestras cabezas se contorsionaban intentando buscar la mejor posición para recibir el beso del otro. Nuestros gemidos y suspiros se mezclaban en el aire, resonando entre la música lejana que llegaba hasta nosotros.

- ¿Quieres seguir adelante?

Por toda respuesta, cogí una de sus manos y la acerqué hacia mí. La conduje entre el vestido hasta que entró en contacto con uno de mis senos. Paolo cerró un poco los ojos, para después dirigir la mirada hacia mí. Iba a decir algo, pero como suponía qué, le puse un dedo en sus labios, y le conminé a que no dijese nada.

Volvimos a besarnos. Estuvimos así de pié varios minutos. Después sus manos se posaron en mis hombros y deslizaron suavemente el vestido hasta hacerlo posar en el suelo. Sentirme desnuda delante de el, me produjo un escalofrío en el cuerpo, a pesar de haber estado igual en el escenario hacía pocos minutos y delante de desconocidos. El debió notar mi sensación, porque alejándose un poco de mí me sonrió y se puso a admira mi cuerpo.

- Que diferente es verte aquí que en el escenario. No me creo que te tenga para mí solo.

- ¿Y mi chico?

- No te preocupes, estará entretenido un buen rato.

Lo dicho, era una locura. Amaba a mi chico, pero el deseo hacia Paolo era irrefrenable. No quise pensar más, y me dejé ir. Me colgué literalmente de su nuca, y le besé. El contacto de mis pechos contra su cuerpo me excitó al máximo, y mis pezones apuntaron hacia el hombre que me estaba haciendo perder la cabeza. Mientras nos besábamos, sus manos recorrieron mi espalada, con suavidad, como comprobando cada poro, cada fibra de mis músculos, que recibían sus caricias sintiendo una corriente eléctrica muy agradable. Las caricias eran sin prosas, casi diría que sin lujuria. No sabría explicarlo, pero de no ser por la excitación que sabía que yo despertaba en él, diría que tan solo me daba un suave masaje. Sus manos recorrían los laterales de la columna vertebral, y tras llegar a mis glúteos, volvían a ascender por mis costados hasta mi nuca. Aquellas caricias sin final, estaban desvaneciendo las pocas reticencias que me quedaban.

Estuvo con estas caricias un buen rato, hasta que notó que mi cuerpo solo respondía a sus movimientos. Era como una muñeca en manos de aquel hombre, seguramente curtido en mil y una batallas amorosas. Pero no me importaba en absoluto. En esos momentos era tan solo para mí, y yo solo para él. Dejó de besarme, me miró a los ojos y con un movimiento suave, a la par que enérgico, me puso de cara a la pared. Hasta entonces no había caído en el revestimiento de las paredes del camerino. Una especie de tela de terciopelo acarició mi desnudo cuerpo, Paolo me sujetó por las muñecas, y levantó mis brazos hasta que tropezaron con una lámpara colocada en la pared. Hizo que me sujetase a ella, y me dejó en esa postura unos instantes. Cuando se colocó detrás de nuevo, me volvió a sujetar los brazos, recorriéndolos en toda su longitud, hasta que llegó a mis muñecas. Entonces procedió a sujetarme con un largo pañuelo. Se cercioró de que estaba bien sujeta antes de proceder a besarme la nuca. Eran besos suaves, largos, mezclando con pequeños "picoteos" de sus labios. Todo ello sensibilizaba al máximo mi piel. La postura que tenía, distaba mucho de ser incómoda, y por el contrario producía en mí una gran excitación. Los suspiros salían de mi garganta, dispersándose en el aire. Paolo seguía besando cada parte de mi cuerpo. No dejaba ni un centímetro de mi piel sin besar, sin explorar. El placer me hacía contonear, serpenteando mi cuerpo en el aire. Separó mis piernas, para poder adentrarse en los secretos de mi ano, y de mi vagina. Su lengua era dura y larga, y vibraba en cada punto erógeno de mi cuerpo. La calentura acumulada durante la noche, hizo que estallase en un desmesurado orgasmo. Paolo recogió cada gota de mis líquidos para que nada se perdiese. Después se puso de pié para compartir los aromas de mis jugos. Colocado tras de mí, se fue quitando la ropa, ante mis protestas por no poder verle en tan interesante striptease. Siguió quitándose la ropa, hasta que noté su desnuda piel. Su pene se apretaba contra mis glúteos, notando su dureza extrema.

- He comprado este frasco de esencia, con la esperanza de poder extenderlo en tu piel.

Abrió un pequeño frasco, y un penetrante olor se propagó por el aire. Después procedió a extenderlo por todos los rincones de mi cuerpo, dándome un exquisito masaje con sus manos. Cuando todo mi cuerpo estuvo cubierto por el suave líquido, juntó su cuerpo contra el mío, para frotar su torso y su pubis. Aquello me resultó sumamente placentero, y novedoso. Cuando mi espalda y mis glúteos estaban "afinados" por tan atrevida maniobra, Paolo procedió a girarme. Se quedó mirando mi cuerpo.

- ¡Dios que hermosa eres!

Volvió a juntarse a mi cuerpo, para cimbrearse como una serpiente. Esta vez, sus piernas llegaban a enroscarse a mí, en un sensual abrazo. En alguna ocasión, su pene parecía pugnar por entrar en mi encharcada vagina, pero a pesar de mi deseo de ser penetrada, Paolo retardaba el momento, haciendo que su miembro se apartase de mi entrada. Mi piel se enrojecía al contacto con su cuerpo, y estaba en un estado tal de sensibilidad, que hubiese notado si un pequeño insecto se hubiese posado en cualquier parte de mí.

Estuvo así muchos minutos, y ya le tuve que suplicar que me penetrase.

- ¡Penétrame! ¡Penétrame Paolo!, o me muero.

No parecía hacerme el menor caso, pero cuando menos me lo esperaba, y teniendo mis ojos cerrados, su pene se abrió paso a lo largo de mi vagina, sin ninguna dificultad, como si se conociese el camino de memoria. Quedé ensartada, quieta, sin poder hacer ningún movimiento. Parecía como si un dardo candente hubiese atravesado mis entrañas. Me costaba hasta respirar. Cuando se aferró a mis caderas, y comenzó a moverse, yo levanté mis piernas y rodeé su cintura, para acoplarme mejor a sus movimientos. De esta forma, parecía que careciese de peso, como si la gravedad no tuviese control sobre mi cuerpo. Paolo me penetraba con firmeza, pero sin brusquedades. Un segundo orgasmo sacudió mi cuerpo. Adelanté mi pelvis para mejorar el contacto de mi clítoris contra el pene de Paolo. Cerré los ojos para sentir mejor su cuerpo. Cuando los abrí, dirigí instintivamente la mirada hacia la puerta de entrada del camerino, y allí estaba Santi, mirando hacia nosotros, con cara de sorpresa, pero no de enojo, al menos de momento. Paolo no se dio cuenta de su presencia, y seguía bombeando mi vagina. Santi seguía sin moverse y sin decir palabra alguna. No sé como, pero le hice una seña para que se acercase. En un primer momento, Santi no se movió, pero mi insistencia y mis súplicas, hicieron que se acercase. Cuando estuvo junto a Paolo, este se quedó quieto mirándole, sin saber que hacer.

- Tomadme los dos, por favor. Imploré.

Los dos hombres se miraron, y un pequeño gesto de Santi, mostró su aprobación.

Paolo me desató de la lámpara, sin salirse de mi vagina, y como si careciese de peso, me depositó sobre el sofá. Santi se desnudó por completo y se acercó al sofá. Iba a cumplir una fantasía largamente deseada. Ser tomada por dos hombres, que además uno era mi gran amor, y el otro un deseo irrefrenable.

Se sentaron uno a cada lado mío, y me fueron besando por turnos, mientras el otro se empleaba a fondo y me acariciaba todo el cuerpo. Mi boca iba de un lado a otro, en un intento de apagar el fuego de aquellos dos machos. Quería que Santi recuperase el tiempo perdido. Me incliné hacia su pene, y comencé a lamerle. Paolo lamía mi espalda con una lentitud y una suavidad que me arrancaban suspiros del alma. Después me giró hasta quedarme de pié inclinada sobre el pene de Santi. Se colocó detrás de mí y su pene inició una penetración por una ruta que ya conocía. Sentí sus testículos chocar contra mis glúteos. Se agarró a mi cintura e inició un movimiento de vaivén. Sus movimientos incidían en la felación que estaba realizando a mi chico. Este tenía sus manos en mis pechos, que tocaba con la presión precisa, y que tanto me gustaba. Nadie jamás me los ha trabajado como él, una mezcla de ternura y pasión.

Mis músculos faciales se estaban agarrotando poco a poco, así que dejé la felación, para pasar a lamer el pene en toda su longitud, descendiendo hasta los testículos y la zona cercana al ano.

Paolo me sacó su pene, dejándome vacía. Levantó a Santi, y se tumbó en el sofá, haciéndome señas para que me situara encima, en posición invertida. A pesar de mi cansancio, me empleé en el sesenta y nueve a fondo. Santi se colocó detrás de mí para sin ningún pudor penetrarme.

A pesar de no verlo, me imaginé el pene de mi chico entrando en mi coño, mientras la lengua de Paolo trabajaba tanto mi vagina como el pene de Santi. Esperaba las reacciones de uno y de otro, pero a mis oídos solo llegaban gemidos de uno y gorgoteos con mis jugos de otro. Aquello me calentó sobremanera, y les regalé con un fenomenal orgasmo. Mis jugos, me dieron la sensación de salir disparados a la cara de Paolo, que los absorbió con avidez. Mi mente urdió una idea que me propuse llevar a cabo.

Después de mi orgasmo, me deshice de mis dos amantes, y cogí el mando de la situación. Estaba totalmente salida, y estaba dispuesta a hacer realidad todas mis fantasías, porque aquello no se volvería a repetir.

Senté a Paolo en el sofá y me ensarté su pene hasta los testículos. Notaba que sus penes estaban a punto de reventar, pero no quería que de momento eyaculasen.

- Santi, ahí tienes el aceite y aquí mi culo, ya sabes lo que tienes que hacer.

No vi la cara de mi chico, pero me la imaginaba. Llevaba años queriéndome encular, y a hora lo iba a conseguir, y en compañía de un extraño.

Estuve quieta para que Santi me aplicase el líquido viscoso y oloroso en la entrada del ano. Después inicié un vaivén sobre Paolo. El meñique de la mano de Santi se fue abriendo paso hasta que mis músculos anales lo acogieron. Después lo movió en círculos, para dar paso al dedo índice. Notaba como los dedos se juntaban con el pene, solo separados por una fina membrana. Mi esfínter se fue relajando. No pasó desapercibido por Santi, que sacando su índice de mi interior, para poner el pene en su lugar. Dejé de menearme para facilitar la entrada del pene. Cuando la cabeza del pene se abrió paso, noté como mi esfínter se dilataba. Me relajé más para facilitar la penetración. Cuando la cabeza logró entrar, el resto fue más fácil. Me sentí llena. Era una sensación que muchas veces me había imaginado, pero que ni mucho menos hacía justicia a lo que estaba sintiendo.

Ahora los dos hombres se sincronizaron para que sus penes no se entorpecieran. No sentía nada de dolor, todo era placer. Los dos hombres resoplaban y gemían en sus envites. Paolo me lamía los pechos, intentando metérselos juntos en su boca. Noté como me los agarraba con dureza, poco antes de que su esperma saliese hacia mi vagina. Fue un orgasmo intenso y muy largo, producto de la tensión a que le había sometido. Santi también daba síntomas de correrse, debido a lo estrecho del canal en el que estaba metido.

Mi plan no era que me llenase el culo con su semen, así que de nuevo me separé de ellos, aprovechando para decirle mi idea a Paolo al oído. Este accedió.

Me senté en el sofá, e hice que Santi me penetrase la vagina. Entonces le hice una señal a Paolo.

- Hoy vas a hacer realidad todas tus fantasías cariño.

Santi me miró sin entender a qué me refería, aunque pronto lo entendió cuando Paolo le untó una buena cantidad de aceite por sus glúteos y su ano. Santi se tensionó de momento, pero me miró a los ojos y asintió.

Paolo puso la punta de su pene a la entrada del ano, procediendo a introducirlo muy lentamente. Yo estaba totalmente fuera de control ante lo que estaba viendo, y procedí a dar un empujón a Santi, quien dio un rito al notar como más de la mitad del pene de Paolo, que estaba otra vez con una gran erección. Paolo no le dio tiempo a recuperarse, y se lo introdujo ya sin miramientos hasta el fondo.

Paolo comenzó a bombear en el ano de Santi, quien al recuperarse, comenzó a moverse en mi interior. Los tres nos movíamos al unísono, y el movimiento de uno repercutía en el cuerpo de los otros dos.

Santi estaba superexcitado y a punto de correrse. Le ayudé en el momento que incorporándome ligeramente, mordí sus pezones. Se corrió con grandes gritos. Su cuerpo se movía desordenadamente, y mi orgasmo le acompañó. Nuestros cuerpos estaban siendo destrozados por un orgasmo como nunca lo habíamos tenido. Terminamos cayendo del sofá, haciendo que el pene de Paolo saliese del ano de Santi.

Quedamos los tres esparcidos por el suelo, jadeando y riendo histéricamente. Santi y yo nos miramos a los ojos, sabiendo que aquello no se volvería a repetir, y que habíamos hecho realidad nuestras fantasías. Nos abrazamos a Paolo en reconocimiento y gratitud.

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Hacía tiempo que estaba esperando en el bar del hotel a que Cristina bajase. Estaba ya cansado de esperar, y subía a la habitación para ver cuanto le quedaba para acabar de vestirse.

Cuando entré, la vi desnuda dormida en la cama. La desperté, y se fue desperezando con una sonrisa en los labios.

Antes que la pudiese decir algo, me abrazó, y besándome me recostó en la cama.

- ¿Has viajado en barco alguna vez? He soñado con ello, y no veas como se hacen realidad tus sueños.

No entendí nada, pero salimos a cenar muy tarde, después de hacer el amor de una forma increíble

Provocando miradas

Mi amada mujercita se vistió convenientemente para la ocasión con un corset blanco, un short vaquero y unos zapatos de tacón blancos, todo aquel conjunto evidentemente no la permitía pasar inavertida cosa que por supuesto no pretendía. Según me comentó, se trataba de que se fijaran en ella cuantos más hombres, mejor, ya que la intención era esa.

Al entrar en el club, nos recibió un hombre de unos 45 años que, viendo a mi esposa vestida así no pudo reprimir un comentario "ya era hora que viniera una mujer de verdad, dios mío" a lo que ella sonrió pícaramente. Aquel hombre nos enseñó todas las instalaciones al tiempo que la miraba con deseo y me guiñó un ojo evidenciando su envidia sana.

Nos acomodamos en un sofá de la discoteca mientras observábamos a los demás clientes, unas cuantas parejas y algunos hombres solo a la espera de ser invitados por alguna de ellas.

Salimos a la pista a bailar y al poco rato vimos a una pareja que solicitaba al relaciones públicas del local que les presentara a un chico de unos 32 años. Observamos un rato y pronto el chico sacó a bailar a la mujer mientras el marido los miraba con deseo.

Comentamos un poco la jugada y le pregunté a Cristina si había algún hombre de su gusto a lo que respondió que había uno que no dejaba de mirarla y que con el cual no le importaría "jugar". Rápidamente por si se arrepentía, le dije que me acercaría al relaciones públicas y le diría que nos lo presentara a lo que ella con una mezcla de deseo e indecisión me respondió que esperara un poco más ya que a ella lo que realmente la excita es la seducción, miradas, gestos...

Le dije que me iría un momento al wc y que mientras tanto hiciera lo que quisiera a lo que ella asintió con un beso. Por primera vez desde que la conocía se había puesto colorada por lo que podía pasar, así que la besé en sus labios y le dije que habíamos venido a la discoteca a pasarlo bien. Me fuí al wc y la dejé a merced de su suerte, deseando que al volver ya hubiera tenido un primer contacto con aquel hombre.

Tardé un buen rato deliberadamente antes de salir para darles tiempo a romper el hielo.

Al salir los ví juntos en la barra. Él la estaba invitando a un cubata y ella sonreía lo que significaba que se sentía a gusto. Dudé en acercarme o quedarme viendo la escena a distancia. Por fin me decidí a verlo a distancia. Me pudo el morbo de ver a mi mujer ligando con un desconocido.

Se fueron a la zona de sofás mientras yo aproveché para ir a la barra y pedir una copa y fumarme un cigarrillo, entre nervioso y excitado. Sentí que mi polla se hinchaba un poco y me senté en un taburete y observé a la pareja cómo charlaban y reían. Otras parejas bailaban en la pista mientras otras jugaban en los sofás.

Decidí dejar a la pareja a solas y fui a dar una vuelta por el local viendo parejas, trios, dobles parejas jugando y pasándolo bien. En mi cabeza rondaba el demonio de los celos y en mi polla la excitación de cuanto veía así que dirigí mis pasos hasta donde había dejado a mi mujer con aquel hombre con la intención de unirme a ellos.

Mi sorpresa fué mayúscula y mi corazón empezó a latir más rápido que nunca al comprobar que no estaban allí. Mi cabeza empezó a imaginar cosas probables pero quería que no estuviera ocurriendo al tiempo que mi excitación y el morbo me hacían desear que si, que ocurriera lo inevitable.

Empecé a dar vueltas por el local, subí las escaleras, fui habitación tras habitacíón mirando si alguna de aquellas parejas era la que buscaba sin éxito. Me puse muy nervioso mientras veía otras parejas entrar y salir de las camas hasta que por fin los ví en una sala donde pasaban una peli porno. Allí estaba mi amada mujercita abrazada por un desconocido y tomando otro cubata y besándose.

Yo no podía con tanto nervio y me acerqué a ella y le dije que por qué no me había dicho que cambiaba de sitio y ella me respondió que el que se había ido al wc fui yo. No pude decir nada y me senté junto a ella. Nos presentó y pronto pude ver que habían intimado ya que él no dejaba de acariciarla en mi presencia y ella no le apartaba las manos.

Tienes una mujer maravillosa, dijo él seguro de sí mismo.

Ya... dije nervioso.

Hubo un silencio que duró unos dos minutos. En aquella situación, parecieron muchos más. Cristina advirtió en mí un ápice de celos y me invitó a ir a la zona de discoteca a enfriar aquel momento tenso.

Raul nos acompañará a la pista, verdad Raúl?

Aquel tío la había hecho su cómplice durante mi ausencia.

Bailamos unas cuantas canciones y Raúl se unió a nosotros ya mucho más calmados.

Le dije a Cristina que me había puesto muy nervioso pero que ya todo había pasado y que me gustaría que continuara jugando con él.

No sé si lo soportarás verme con él pero si me prometes que te comportarás, jugaré con él, es un tío muy agradable y ya verás como os hacéis amigos.

A todo esto llegó Raúl con otros cubatas. Charlamos de temas banales y poco a poco la cosa se calmó. Le pedí a Raúl que sacara a bailar a mi mujer, lo cual aceptó encantado. Los ví bailar muy juntos cuando pusieron música sensual. Pasé de los nervios a la excitación, es decir, me gustaba ver a mi mujercita con otro.

Las manos de Raúl empezaron a explorar las nalgas de Cristina por encima del short. Ella sonreía complaciente. Sus labios se acercaron mientras mi polla se hinchaba deseando ver aquello.Su morreo fue largo, tan largo como las manos de él que no dejaban de acariciarla, después de sus nalgas pasaba a su corset, luego a sus pechos.Ella se abrazaba a él más fuerte, como no queriendo separarse nunca. La ví juntar sus ingles a las de su amigo, todo ello sin dejar ese morreo largo y pasional.

Tardaron poco en volver a la zona de sofás donde los esperaba.

Se sentaron junto a mí. Ella quedó entro los dos pero sin dejar de besar a su nuevo amigo. Aproveché para acariciar sus preciosas pernas mientras Raúl le desabrochaba el short. Cristina estaba ya totalmente entregada a la pasión del momento y desabrochó en cinturón del pantalón de Raúl mientras yo pasé mi mano por encima de su minúsculo tanga comprobando su excitación. En aquél momento ya no había vuelta atrás.

Mis nervios habían quedado atrás dando paso a mi excitación así como la de Cristina y Raúl.

Ella acariciaba el paquete de su amante que pedía a gritos ser liberado del slip, cosa que mi lujuriosa esposa no tardó en hacer, lo miró, me miró como diciendo que aquel trozo de carne sería para ella con o sin mi permiso y lo lamió, recorrió con su lengua de arriba abajo, de abajo a arriba, le comía los huevos mientras gemía como una putita. Echó en la punta saliva y empezó a chupársela como nunca la había visto hacermelo a mí. Yo me tuve que bajar los pantalones y el boxer y empecé a masturbarme viendo tal espectáculo mientras Raúl me sonreía sin decir nada, aquella sonrisa lo decía todo. Su cara de satisfacción era el mayor insulto que me podía hacer pero si hay una cosa que he aprendido es que hay que saber llevar muy dignamente los cuernos.

Así que sin más, me acerqué a mi amada mujercita y la acompañé en su mamada, sí me comí la polla de Raúl en las narices de mi putita. Ella, atónita, sonrió y se unió a la fiesta lamiéndole los huevos. Después de un buen rato de mamada, le dije que cabalgara a su amante, cosa que no dudó en hacer. Se subió en aquel mástil y dejó deslizar su cuerpo hasta sentir sus huevos lo que arrancó un grito de lujuria de mi mujer a lo que Raúl respondió con unos mordisquitos en los pezones de Cristina. Ella, ya fuera de sí, sólo podía balbucear palabras como "fóllame" "jódeme cabrón" "te quiero Raúl"...

No tardé mucho en descargar encima de las nalgas de mi mujer mientras ella no paraba de cabalgarlo. La limpié con mi lengua y como otras muchas veces, le pasé mi leche aún caliente a su boca. Raúl estaba a punto de derramar dentro de Cristina, quien quiso pasarle algún resto de semen mío a lo que él respondió que no que ya estaba apunto.

Realmente estaba a punto ya que al salir de dentro de mi mujer, derramó un chorro enorme de leche sobre las tetas de ella, que se corrió otra vez más, perdiendo la cuenta de cuántas habían sido. Luego, limpió aquel mástil de carne que la había hecho tan dichosa y se tragó los restos que aún quedaban en los huevos de su amante.

Fui a lavarme al wc y al volver los ví abrazados y besándose. Querían más y yo no podía negarle nada, asi que fuimos a la zona de la piscina donde siguieron jugando durante un buen rato. Yo, sumiso, les seguía a todas partes pero el realmente partícipe y protagonista era Raúl, quien al finalizar la noche había follado con mi mujer tres veces, dejándola exhausta y feliz.

Para finalizar aquella inolvidable velada, amablemente nos invitó a otra copa y elegantemente se despidió de mí con un abrazo y de mi putita con un beso.

Al llegar al hotel no mediamos apenas palabra, simplemente hicimos el amor recordando ambos que un hombre, un semental, había entrado en nuestras vidas o más exactamente, en el chochito de mi mujer que desde aquella noche no es la misma, es mucho mejor como hembra y como esposa.

Te amo, Cristina

FORZADA SIN RECONOCERLE


Llego a casa con la intriga de lo que me voy a encontrar. No tengo claro cual de las cuatro fantasías ha escogido y le dá más morbo.
En ésta, la situación es la siguiente:
Cuando entro en casa no escucho ruido alguno. Parece que no hay nadie.
Tengo que ir mirando por todas partes porque no sé donde está ella. Finalmente la encuentro.

Está arrodillada totalmente en prueba de su aceptación a ésta nueva condición. Está vestida muy sexy y ya en actitud de sumisión a su nuevo amo.
Es un nuevo día, en el cuál nacerá una nueva personalidad dentro de la pareja. Ella habrá pensado un nombre para cuando yo quiera referirme a ella como mi esclava particular.
Al principio de ésta nueva relación le preguntaré cuál es su nombre, y ella me responderá:
- Me llamo xxxxxxxx, mi amo.
A partir de entonces me referiré a ella como esclava o por su nombre, según me apetezca.
Desde ese momento, ella estará decidida a que yo le pida lo que realmente me apetezca, sin ni una posibilidad a rechazar ninguna orden que yo le dé.

Solamente habrá un código secreto entre ella y yo, que será ROJO. Si ella menciona ROJO, el juego se habrá acabado, pero debe ser por algo que realmente no le apetezca nada hacer.

Este juego siempre será en pareja y cuando estemos solos. La sumisión de la esclava, será a cambio de una mejor relación con mi mujer. La relación en pareja aumentará, y habrá más confianza entre ambos.

Mi esclava conoce a mi mujer a la perfección, y a veces le preguntaré cosas muy íntimas, que mi mujer nunca me contestaría, pero no es ella quien me las contestará. Me las contestará mi esclava, y NUNCA se las retraeré a mi esposa. Es el juego que ambos aceptamos, y que hará que nuestra relación avance un paso más en confianza.

Debo aclarar que cuando pienso en esclava, nunca pienso en actos de dolor físico, ni humillantes. Sólo serán actos de sumisión ligera, y siempre existe la posibilidad de decir el código secreto para no aceptar una orden.

Alguna vez le daré dinero a mi esclava para que se compre algún regalito. Siempre y cuando se lo merezca.



Estoy esperando llegar y empezar esta nueva relación..

Tu próximo amo.