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Un Regalo especial !!!
Declaración de amor cornudo
Sueño que por fin puedo "declararme", decirte cuánto te amo y te amaré, de por vida. Sin límites. Porque tú me habrás dado la vida, me habrás hecho nacer como hombre a una nueva vida. Porque hasta ahora vives porque vives, porque te han traído a un mundo al que no le encuentras sentido porque naces para morir y lo ves todo con una una rutina animal, vegetal, sin sentido. Porque esa vida no es vida pues todo es monótono, previsible y rutinario, hasta que envejeces y esperas la muerte. Y así malvives un día con otro, sin esperanza, al saber que te toca vivir porque sí, sin encontrarle el aliciente, ni la esperanza de encontrarle un sentido. Y así vegetas, comes, duermes, sueñas y despiertas a un nuevo día que ya sabes cómo será de la mañana a la noche. Sin esperanza de levantarte con la ilusión de vivir cada segundo del día porque la mujer soñada a la que amar incondicionalmente no existe. Sabes que no existe, porque todas son vulgares, verduleras que gritan. O que te creen un enfermo cuando les cuentas tus fantasías. O les falta clase, estilo y distinción para poder admirarlas por entero. Para adorar hasta sus sobacos.
Y así malvives hasta que un día aparece de pronto ella; una mujer inteligente con una arrolladora personalidad, carácter, estilo, clase y elegancia. Un ser exquisito que desprende un halo de belleza interior y un carácter de mujer segura de sí misma que la hace bella, irresistible, y con una belleza que te iluminan la vida con su sola presencia. Una chica excepcional, divina, que te hace sentir mariposas en el estómago. Una mujer muy lúcida de armas tomar, pero dulce, muy dulce, aunque segura de sí misma. Que sabe lo que quiere, lo que busca, lo que requiere, lo que espera de la vida. Lo que se merece. Sencillamente: que la adoren.

Que todos sean sus sumisos. Porque tú has nacido para ser adorada y es justo y cabal que lo exijas porque es de justicia que así sea. Lo mismo que es justo acabar con la pobreza y darle a cada uno lo que le corresponde, es justo que tú, mi Diosa recibas la adoración que te mereces porque has nacido para ser Diosa, para ser amada incondicionalmente y sin recato. Porque un segundo a tu lado es una eternidad, aunque sea en la distancia. Aunque todo sea un sueño y mañana despierte a la realidad. Pero mientras tanto sueño que existe, que eres, que estás y que yo me entrego a ti para ser tu más sumiso esclavo cornudo. Para adorarte, cogerte en brazos, llevarte al baño, bañarte, secarte y cogerte de nuevo en brazos para llevarte a la cama y vestirte prenda a prenda adorando cada parte de tu cuerpo. Porque te lo mereces. Porque es de justicia que yo sea tu sumiso cornudo. Porque es natural, lógico y justo. Y humano. Sobre todo es de justicia que tú tengas un esclavo sumiso cornudo como yo. Si no lo tuvieras te faltaría algo. No estarías completa. Tú has nacido para eso y es lógico, natural y consecuente que lo tengas. Tan natural como la lluvia o una puesta de sol. Porque sueño que fue conocerte y cambiar mi vida. Como si un huracán arrasara con todo, como si un vendaval de dicha y felicidad abriera de golpes las ventanas de mi opaca vida y lo llenara todo de aire fresco, de vida. Fue conocerte y cambiarlo todo; cambiar mi forma de entender la vida al comprender que la vida está en ti, que tu eres el sentido de la vida. Porque sueño que te quiero, amor mío, y desde el primer día que te conocí supe que sería tu sumiso cornudo. Siempre lo he sabido. Siempre te he buscado. Es irremediable, es inútil luchar contra ello porque tú terminas por imponerte sobre mí pues si tú has nacido para gobernarme, yo he nacido para ser tu sumiso cornudo. Afortunadamente. Porque amarte y ser tu sumiso cornudo, para entregarse a ti, es una vocación, un estilo de vida, una dedicación absoluta que se vive y disfruta segundo a segundo. Y sueño que lo has cambiado todo en mi vida y no sólo mi forma de vivir, sino mi forma de ser, de pensar, de entender la vida. Has conseguido que vuelva ser hombre, aunque resulte paradójico. Porque con tu estricta severidad y tu dulce instrucción, me haces recordar que he nacido para amarte, para entregarme a ti y para adorarte por el resto de mi vida. No sé a dónde me vas a llevar, pero ya me he comprado el pañuelo porque quiero ir de tu mano y con los ojos cerrados a donde quieras llevarme, amor mío. Sin miedo, con seguridad, sin impedimento alguno.
Voy de tu mano a rebasar todos los límites que tú quieras, a donde quieras llevarme, al amor absoluto y total, a la entrega incondicional. Porque te amo profundamente, porque contigo la palabra amar significa más que un “te quiero”; significa entrega y sumisión a tus caprichos y entregarse a un amor absoluto y definitivo. Total, sin límite, sin miedo, sin recato.
Porque ser tu sumiso cornudo me hace hombre, me hace renacer, me hace sentirme vivo. Porque no concibo otra forma de vida que no sea la de ser tu sumiso, la de aceptar tu voluntad, la de adorarte, la de no tener ningún derecho sobre ti y ser tu fiel esclavo cornudo mientras tú eres inmensamente libre. Es de justicia: tu libre y yo esclavo. Es normal, lógico y consecuente. Ley de vida. Porque te amo. Porque lo aceptaría todo de ti como símbolo de que mi amor por ti no tiene límites y rompe todas las barreras sociales. Aunque nadie lo entienda. Da igual. Y por eso te suplico que me ates más a tu amor por ti porque no quiero tener ningún derecho. Sólo obligaciones; la deliciosa obligación de servirte, adorarte y darte placer porque mi placer es ver que tú lo tienes. Y porque adorarte y amarte es un privilegio y todo lo que graciosamente quieras darme lo aceptaré como un generoso gesto tuyo, al que no tengo derecho. Renuncio a todo. Y acepto lo que gentilmente quieras darme, ya sea un beso o el privilegio de verte con otro. Pero esa decisión será siempre tuya y no te suplicaré nada, excepto que me dejes mirar cómo me haces cornudo, cómo me humillo ante ti al entregarte mi bien más preciado: mi dignidad como hombre. Mi orgullo de macho. Porque para mi los cuernos son un signo de amor, de entrega, de que te lo doy todo: hasta lo más preciado que tiene un hombre. Así que reconozco que no tengo absolutamente ningún derecho sobre ti, ningún privilegio, y que mi vida estará dedicada exclusivamente a servirte porque mi única misión será esperar a que mi Diosa se digne concederme una satisfacción.
Lo acepto.
Y estaré en castidad absoluta y sin que ninguna mujer me toque, mientras que tú follas con quien quieres, donde quieres y cuando quieres, porque yo te daré y doy las gracias por hacerme cornudo. Porque voy a ser el mejor cornudo y luciré tus cuernos con orgullo y dignidad, con la esperanza de que me regales con asiduidad el premio de llamarme “mi cornudo” o “mi marido cornudo”. Porque que no me lo llames, que no pueda oírlo de tus labios, sí que será mi mayor castigo. Y porque será un honor dormir sobre las sábanas donde has follado con tus amantes y limpiarte el coño de su semen. O poner su polla en tu coño y lamerles los huevos para que sienta más placer y te puedan follar mejor. Para que me humilles ante ellos, se exciten y puedan follarte mejor y darte más placer. Todo por ti, por tu amor, por tu placer, porque amarte es vivir y ser tu sumiso paladear la vida, tu vida, y disfrutar el privilegio de respirar el aire que tú respiras. Porque eres la vida, porque un sencillo gesto como apoyar la cara sobre tu coño y estar ahí quieto, me lleva a perder la noción del tiempo, sentir la felicidad plena segundo a segundo, y comprender que sólo puedes decir que has vivido si se te ha amado y lo has experimentado, si has tenido tu cara pegada al coño de tu Diosa y el tiempo se ha hecho eterno. Porque esa es la eternidad, amor mío.
Porque ya te quiero, amor mío.
Te amo.
MIentras yo dormía.
Cristina llego a casa al amanecer, oí la puerta del garaje y el sonido del coche al entrar. Minutos después, sentí se acostaba junto a mi. Se abrazo a mi, sentí sus pechos desnudos en mi espalda. Cristina me acaricio el pecho, bajo su mano hasta mi pene y comenzó a acariciarlo. Pensé que quería guerra, intente girarme.
- Ssssssssssss, quieto, me ha pasado una cosa. ¿quieres que te la cuente?
- Si, por supuesto, respondí.
- Me he enrollado con un chico.
- ¿Cómo?, dije intentando revolverme.
- Sssssssssssssssss, repitió mientras me acariciaba el pene.
- ¿Quieres que te lo cuente o me doy la vuelta y me duermo?.
- Cuéntamelo, respondí, con una extraña sensación de rabia y excitación.
“Conocí a un chico muy interesante en un Pub justo cuando volvía de llamarte, charle unos minutos con el, tenia algo que me atraía, me invito a una copa, no acepte la invitación, porque estaba con mis amigas. Minutos después todas empezaron a irse, unas que tenían niños, otras que llevaban todo el día por ahí…… Al final todas nos íbamos.”
Cristina continuaba acariciándome mientras me relataba su historia. “al vernos salir, el chico salio a nuestro encuentro,
- ¿Ya te vas no te tomas la ultima con nosotros? somos inofensivos, me susurro.
- Dame 5 minutos que me despido, le conteste yo.
La noche fue pasando un rato después el me propuso ir a un sitio mas tranquilos los dos solos. Acepte, no se que tenia ese chico que me atraía un montón. Pedimos una copa en otro local allí empezamos a jugar, miradas, susurros, besos, caricias…yo me estaba poniendo muy caliente.”
Lo que Cristina me contaba me excitaba, la ira había desaparecido y la excitación aumentaba. Ella continuaba acariciando mi ya durísimo pene.
- “salimos del local nos montamos en su coche, sin saber muy bien a donde nos dirigíamos, en los semáforos nos besábamos, el con su mano libre acariciaba mis muslos entre cambio y cambio de marcha, yo le acareaba el pelo. Llegamos a un parking, cerca de un pinar, muy oscuro, perfecto, se veía el reflejo de más coches en la distancia. Comenzamos a besarnos, a acariciarnos a meternos mano, pasamos al asiento trasero, yo esta sentada sobre el con mi vestido recogido en la cintura, sin sostén, sintiendo entre mi cullote y sus pantalones un durísimo bulto. El sin camisa. Me senté junto a el, desabotone sus pantalones, metí mi mano entre sus boxer, no me costo nada sacar un buen y duro pene de su escondite. Me ayudo a deshacerme de mi vestido, y yo a el le ayude a deshacerse de sus pantalones.
Lo que Cristina me contaba cada vez me excitaba mas, de vez en cuando interrumpía su relato y besuqueaba el cuello o jugueteaba con mi oreja. “seguimos besándonos, tan pronto estaba besando mi boca como se inclinaba sobre mis pechos. Empecé a besarle el cuello, el pecho, los abdominales, descendí por su cuerpo hasta su polla. Una verga hermosa, sin prepucio, con el glande colorado, y sabroso. Me incline sobre el, jugué con mis labios sobre su glande, después con mi lengua. Luego me dedique a cometerlo entero. Estuvimos un minuto así, hasta que nos acomodamos definitivamente, el apoyo su espalda en uno de los laterales y yo me coloque a cuatro patas sobre el asiento. Se la chupaba mientras le pajeaba, el con sus manos acariciaba mis pechos, mi sexo, mi culo. Retiro mi mano para que solo usase mi boca, acepte. Me retire y comencé a jugar con mis pechos sobre su durísima polla. Nos besamos. El tomo mi cabeza con sus manos y me llevo de nuevo a su pene, El tomo el ritmo, el jugaba conmigo con sus manos y sus caderas. Yo con mi boca, mi lengua, mis labios intentaba darle todo el placer que podía. Escuchaba sus gemidos, sus suspiros, eso me excitaba aun mas. Tenía esa polla durísima en mi boca, sus suspiros aumentaron, sus gemidos, el movimiento de sus caderas. Continúe chapándosela, ahora de nuevo me ayudaba de mi mano. Me apretó fuerte contra el, su polla entro casi entera en mi boca, intente retirarme, ya era tarde una décima de segundo después sentí como el primero de sus chorros de leche llegaba hasta mi garganta. Era caliente, con un sabor especial, me gustaba. Retiro sus manos dejándome libre, fui yo la que continúo chupandosela hasta que termino totalmente. Me incorpore, nos besamos. Nos besamos unos minutos, el parecía exhausto y yo estaba cachondísima. Movía mis caderas buscando el roce de mi sexo contra su muslo.
- ¿ Qué te parece si nos vamos a un sitio mas cómodos?, me propuso.
Con lo excitada que estaba acepte, al instante.” La historia que Cristina me contaba cada vez me excitaba mas, cuando podía la besaba, ella seguía con el suave masaje sobre mi durísima polla. “Me puse el vestido, el se vistió completamente y comenzó a conducir, de nuevo nos adentramos en la ciudad. Poco después llegamos a un piso del centro. Aparcamos en el garaje. En el ascensor me tomo por la cintura y comenzamos a besarnos. Al salir del ascensor ya llevaba las tetas fuera del vestido. Entramos en su casa. Al entrar me tomo por la cintura, me llevo contra una pared. Comenzó a besarme el cuello, su mano se abrió paso entre mis piernas, acaricio mi sexo ligeramente, aparto mis bragas, empapadas por la excitación, dejando mi sexo más o menos libre, mis pechos rozaban contra la pared. Sentí como se deshacía de sus pantalones. Oí como rompía un paquete. Imaginé que estaba abriendo un condón. Unos segundos después su polla rozaba ya mi sexo buscando una entrada, me acomode para recibirla, la deseaba. Me la metió suave, pero hasta el fondo, hasta casi ponerme de puntillas. Yo, gemí, suspire, casi me corro en ese momento. Comenzó un suave moviendo de caderas mientras sus dedos trabajaban sobre mi clítoris. Mientras besaba mi cuello podía escuchar su excitada respiración. No se el tiempo que pasamos así pero fue una delicia.
- Vamos a mi cama, estaremos más cómodos; susurro a mi oído.
Me tomo de la mano y me codujo a su habitación. En un lateral de la cama nos besamos, el me agarro fuerte por mis nalgas y me apretaba contra el, sentía su pene rozando contra mi vientre. Me senté en la cama, aquel pedazo delicioso de carne quedo a la altura de mi boca. Lo tome y juguetee con el uno segundos en mi boca con el, enseguida el me tumbo en la cama. Arrodillado frente a mí, levanto mis piernas sobre la cama, apoyando mis pies en el borde del colchón. Yo le miraba, el con ambas manos recorría el interior de mis muslos. Llego a mi sexo, completamente abierto, comenzó a acariciarlo, acariciaba mi clítoris mis labios, introdujo dos de sus dedos. Me agarro por mis caderas y me atrajo hacia su boca. Mi sexo quedo pegado a su boca, estaba apunto de volverme loca. Sus labios presionaban mi clítoris, su lengua jugaba con la entrada de mi sexo. Sus manos jugaban con mis pechos, acariciaban mis pezones, los pinzaban suavemente. Introdujo un par de dedos en mi sexo, los movía con suavidad y sabiduría. Llevo ambos dedos y los llevo a mi boca, me encanta el sabor de mi sexo. Repetimos varias veces. Estalle, cuando sus labios devoran mi sexo, un dedo trabajaba sobre mi vagina y otro empezó a trabajarse la entrada de mi culito. No aguante mas, mis gemidos, mis suspiros, mis gritos, el calenton de toda la noche exploto en ese momento. El poco a poco se retiro, yo estaba rendida. Subía recorriendo mi cuerpo con sus besos. Llego hasta mi boca, nos besamos. De nuevo me penetro, no le costo nada, mi sexo estaba deseoso de recibirle. Apreté sus nalgas contra mí. Empezamos un suave movimiento. Me lo estaba haciendo de una forma maravillosa. Nos giramos uno sobre el otro. Yo quede sobre el, seguí con esa suave danza mientras jugaba con mis tetas.”
Cristina seguía pajeandome, cada vez más rápido
“Yo me movía sobre el, despacio y profundo. Mi ritmo fue en aumento, cada vez más rápido y mas profundo, no había descanso. Minutos después llego otro orgasmo, con todo su pene dentro de mi, buscando que el roce de su cuerpo contra mi sexo. Yo apretaba todo lo que podía, clavaba mis uñas en su pecho. Su cara reflejaba, placer, excitación y una sonrisa de que sabia que estaba haciendo las cosas bien. Caí rendida sobre su pecho, me beso, acaricio mi espalda. Nos giramos, le tenia encima, sus suspiros, sus soplidos, la fuerza de sus embestidas. El también estaba apunto de terminar. Saco su polla, y un segundo después, vi como un chorro de semen impactaba contra mi vientre, otro y otro mas cada vez con menos fuerza pero seguían saliendo. El se masturbo sobre mí hasta que terminó, yo le miraba y jugueteaba con su semen sobre mi vientre. Se tumbo junto a mí, charlamos un rato. Me duche, me despedí de el y vine enseguida a contártelo.”
En el momento en que Cristina finalizo su relato se abalanzo sobre mi polla. No la costo mucho que me corriera con lo caliente que me había puesto. Dejo mi pene limpio, completamente limpio. Se acostó a mi lado.
- Te amo, le dije.
Quedamos dormidos abrazados.
Mamada en el parking

Abrió la puerta del coche y salió. Lo rodeó mientras yo la observaba desde dentro, sin dejar de mirarla. La vi alejarse unos pasos y de pronto se paró. Miraba hacia las escaleras del fondo, quieta, de espaldas a mí. De pronto se volvió y vino hacia el coche. Metió la cabeza por la ventanilla y me besó suavemente en los labios.
¿Que pasará por su mente?
El placer de ser Cornudo !!!
¿Cuantos de ustedes se han preguntado por qué ser cornudo es tan excitante y emocionante? ¿Por qué algo tan aparentemente humillante y castrante te "enciende”? ¿Cuántos de ustedes han empezado ya a tener una erección con tan solo leer esta introducción pensando en una mujer que le pone los cuernos a su pareja?
¡Eso pensé yo!
Y si no, sólo tiene que buscar en internet cuántos foros hay de cornudos que desean siéndolo y compartiéndolo.
Cerebro y cuerpo piden que esa mujer sea sana para, por ende, tener hijos sanos.
La programación genética en los hombres les dice que vayan e impregnen tantas bellezas como puedan, para así tener tantos hijos como puedan. Los hombres buscan cantidad, no necesariamente calidad, porque tienen la habilidad de expandir su semilla, lo cual incrementa sus oportunidades de tener más hijos.
Las mujeres buscamos calidad, no cantidad. Estamos programadas para buscar hombres altos y musculosos, con fuertes y anchos hombros y brazos fuertes. Éstas son señales de que el hombre será lo suficientemente fuerte para protegernos, y para ser buenos cazadores y proveedores para nuestros hijos, y si tienen penes grandes, nos impregnarán más fácilmente y nos darán mucho placer. A estos muchachos los llaman sementales. Estos sementales producen hijos sanos y bien parecidos. Ese es el porqué de que las mujeres prefiramos a Antonio Banderas sobre Danny De Vitto.Cuándo un semental hace contacto con una belleza, el sexo es verdaderamente bueno. Ambos disfrutan los orgasmos, lo que alentará la procreación de un hijo. ¡Super sexo! ¡Sexo increíble! ¡Orgasmos fantásticos!
Cuando un hombre y una mujer hacen el amor, intercambian más feromonas químicas, que se pasan durante un beso francés o por la eyaculación dentro de ella. Estos químicos causan que en la pareja se adhiera el uno al otro. Este vínculo es tan fuerte como la calidad de la pareja en la sinapsis de la mujer. Pero un "hombre superior" puede romper este vínculo y crear uno nuevo con ella si él puede hacer que ella experimente sus feromonas. Ella cambiará y se sentirá atada a su nuevo amante. Aunque eso no significa que en la sociedad actual, ella vaya a romper el vínculo con su anterior amante. Ya sabemos que los momentos actuales no permiten cambiar de la noche a la mañana. Pero psíquicamente, ella estará atraida por el nuevo amante.
Ahora, los cuernos son la situación donde la mujer ha sido infiel. Si su pareja comprueba esto de manera implícita inclusive, la reacción de la competencia de esperma lo atacará, produciendo más y más esperma la siguiente ocasión en que ella esté cerca, sin importar que hagan el amor o no. Cuando veas a tu esposa haciéndolo con un "hombre superior", tu reacción de competencia de semen te hará desear eyacular, y eyacular fuerte. A pesar de la humillación y los celos por lo que está pasando, en tu mente también tiene lugar la reacción de la competencia del semen, pudiendo superar tus sentimientos de rabia y celos hasta descubrir que estás experimentando un placer enorme al darte cuenta que, tal estado emocional, te hace eyacular más fuerte y con mucho más semen que en condiciones normales.Éste será el componente principal que te cause el que te guste que tu pareja te sea infiel frente a ti. ¡Tu cuerpo estará tan comprometido a competir con su amante y de tal modo, que podrás eyacular simplemente al verlos. Es un truco de la naturaleza, ¡ni siquiera es una perversión!

Cuando tu esposa hace el amor con su "hombre superior" repetidamente, ella se convertirá automáticamente en su pareja "sexual". ¡Él te la habrá robado!
He aquí como: dado que tienen relaciones sexuales, ella está tomando las feromomas de él a través de sus besos y mediante la eyaculación. Su cuerpo va a reconocer su composición genética superior y se reprogramará para reaccionar a su esencia y sus atenciones sexuales con más fuerza que con cualquier otra persona, incluyéndote a ti. Sus orgasmos más fuertes y más agradables serán los que obtenga con su nuevo amante, que tiene genes superiores y, por lo general, unos órganos sexuales de mayor tamaño. Ella lo deseará sexualmente, aunque no le guste como persona y aún te ame a ti, y ni se plantee dejarte. Su instinto animal hará que ella reaccione hacia él y lo desee. Cuando él está cerca, sus pechos se hincharán, y sus jugos fluirán. Ella comenzará a emitir sus propias feromonas, y ambos se calentarán uno al otro, incluso delante de ti. Es un proceso que no se puede detener. Es parecido al enamoramiento. (El enamoramiento conlleva más procesos).
¡Él ahora es su compañero sexual primario y eso es todo!
De hecho, ahora le pertenece.
¡tú también reaccionas a las feromomas del amante de tu esposa!
Dentro de cada hombre existen algunas características femeninas. Cuando tú inhalas las feromonas del amante de tu esposa, tu cuerpo también procesa la información de sus genes. Sí te arrodillas y hueles el coño a tu esposa con la esencia de él y tienes una erección, significará que estás reaccionando a las feromonas superiores de él mezcladas con las de ella. Es una reacción natural. Si tú ingieres sus feromonas besando a tu esposa, los mismos lazos químicos que le causan a ella sentirse atada a él, repercutirán en ti al sentirte atado a ella, siempre que sus genes sean superiores a los tuyos. Tu lado femenino desarrollará un gusto por su esperma. ¿Que te parece?Los dos (tu esposa y tú) se atarán sexualmente a él, que es un "semental".
¡Pero también ha logrado gustarte! El verlos o escucharlos hacer el amor, o el olor y sabor después de sus encuentros sexuales hace que tu reacción de competencia de espera genere mucho semen, exigiéndote su liberación rápida, aquí radica la emoción de sentir los cuernos.
El resto es psicología. Él es, después de todo, un hombre superior (sexualmente), así que es mejor amante que tú. Es tu instinto de competir con él lo que te hace querer eyacular rápidamente. Tu cuerpo no sabe que tiene el “poder de permanencia” sobre tu sexy esposa, y sólo está ansioso por poner tu semen en competencia. Es por eso que tú eyaculas solo viéndolos, tu cuerpo "dispara el arma". El “poder de retención” es artificial, algo que puede ser practicado y aprendido. En la Edad de piedra los hombres tenían que terminar rápido, pues mientras estuvieran teniendo sexo eran vulnerables a ataques de otros hombres.
Es la respuesta física lo que hace que te excites, no la respuesta mental.
Pronto, las emociones de celos y humillación se convierten en factores desencadenantes de sensaciones más fuertes.
Es por eso que los sentimientos de insuficiencia y menosprecio parecen alimentar tu deseo de ser cornudo. Y solo por que tu esposa tenga amantes físicos, no significa que ella te vaya a abandonar o que dejará de quererte.
Aniversari especial 18
Ceremonia de celebración:
Te pasaré a buscar a las 20.40 puntual con el coche grande y lujoso.
No picaré a la puerta, y cuando mi ama esté dispuesta y arreglada, saldrá. Estaré atento a su salida, y saldré a abrirle la puerta del coche. Podrá escojer sentarse delante o detrás, indicándomelo al entrar en el coche. Dependerá de su libre elección. El sentarse detrás ya sería un primer símbolo de aceptación de su estado de Ama.
Irá muy bien arreglada, y por supuesto con talones altos. Símbolo de su superioridad y feminidad. Aunque muy tapada por un abrigo largo.
Le preguntaré si le apetece ir a la mejor cerveceria de España. Si ella acepta, pondremos rumbo a ella en Mataró. Una vez lleguemos, la dejaré lo más cerca de la puerta, y saldré a abrirle la puerta. Le indicaré que entre mientras voy a aparcar.
Mientras busco un aparcamiento, ella entrará y se sentará con la reserva que tendrá hecha a su nombre. Si le apetece pedirá algo para pasar la espera hasta que llegue yo.
Llegaré y le pediré permiso para sentarme. Accederá, y ni tan sólo me dejará ver la carta. En ese momento veré que lleva un collar del símbolo de mi amor a mi ama. Un escalofrío de felicidad me recorrerá el cuerpo al verlo, aparte de darme cuenta que llevará un escote de infarto.
Pedirá lo que realmente le apetezca, sin importar el precio. Pedirá para ella y para mi. Lo que pida me parecerá perfecto. Durante la cena observo que está en su nuevo rol de ama. Se mira a los otros hombres, que desde luego no disimulan cuando pasan por nuestro lado, ni el camarero, que no se pierde ni una vista del escote. Me pregunta si me molesta que los otros hombres la miren con deseo. Le contesto que no, que soy feliz de que les guste a los otros hombres. Yo tengo la suerte de poder complacerla cada día.
Cenaremos y tomaremos varias cervezas, hasta que llegue la hora de salir. Evidentemente, pedirá la cuenta, y me ordenará que pague. Evidentemente pagaré de mi cuenta personal, que sirve para los caprichos de mi ama.
Iré a buscar el coche, y procederemos a hacer la acción inversa. Traeré el coche a la puerta, y saldré a abrirle la puerta a mi ama. Nuevamente ella decidirá donde sentarse. Ella decidirá donde vamos. Si le apetece una copa, le apetece ir a casa o a cualquier lugar.
Y no os voy a contar más porque es elección de mi ama ...
El masajeador asiático
Salí con mi marido de cena y nos apetecía un restaurante asiático, pues hacía tiempo no visitábamos ninguno, por lo que visitamos uno hindú para degustar su comida. Nos sentamos en un rincón pues nos gusta la tranquilidad aunque estaba casi vacío, pues solo había dos parejas en otra esquina y un señor mayor frente a la nuestra.
Pedimos variado de picar para tomar sus productos , estábamos ya comiendo y charlando de forma desenfadada de nuestras ultimas aventuras de mi viaje, cuando notaba que la presencia del hombre que estaba comiendo frente a nosotros, y al que dirigí numerosas miradas discretas, me tenía perturbada y algo mosqueada, pues su imagen me trasmitía algo que yo no sabía describir y me causaba inquietud.
Les cuento que era un hombre de origen asiático de unos 60 y tantos años, delgado de estatura media, pero con un semblante en su rostro que transmitía paz y a la vez algo de morbo, pues tengo que decir que aunque su cara llevaba ya numerosas arrugas, era guapo y sobre todo me tenía hipnotizada y no sabía por qué, pues no lo conocía de nada.
El noto mi inquietud pues ya esbozaba alguna sonrisa con mis indiscretas miradas, dejando sus ojos fijos sobre los míos, que por cierto yo retiraba rápidamente como una tímida adolescente.
Se lo comenté a Paco y me dijo que igual me conocía de alguna amiga o alguna reunión, y aunque mi marido era muy pacifico se había puesto un poco a la defensiva con aquella situación.
Ante nuestra sorpresa nos lanzó un pequeño saludo con un gesto con la mano y nos dijo si nos gustaba la comida y el sitio, motivo con el que entablamos una conversación, que en pocos minutos se convirtió en una tertulia de tres en la misma mesa.
Nos contó entre otras muchas cosas que vivía desde hacía dos años en España, pues había estudiado nuestra cultura y se había trasladado aquí para dedicarse a dar masajes eróticos orientales en una pequeña consulta que había montado.
Su voz y sus gestos transmitían paz y armonía y lo cierto es que tanto a Paco como a mí nos tenía hechizados con sus anécdotas y su forma de hablar.
Dirigiéndose a mí, me dijo que mi cuerpo irradiaba mucha tensión y que vivía demasiado agitada y alterada que necesitaba de algo de paz y relax y de mi esposo que aunque lo veía algo más sosegado, debería liberara sus emociones y con comprimirlas en su interior.
Lo cierto es que tenía razón y cada vez nos tenía más acaramelados,. Al terminar la cena le dijimos que algún día le haríamos una visita para que nos diera un masaje de los que hablaba, pidiéndole que horario tenía y donde estaba su consulta.
Aunque nos dio su dirección, nos dijo que él no suele tener horario, pues es el cuerpo el que marca la hora de liberar energía y por eso no se marcaba fechas ni citas fijas, sino solo cuando veía que la persona lo necesitaba.
Yo con mi timidez ya dejada de lado, le dije, ¿ahora sería un buen momento para mí?.. Él me dijo que por supuesto, que notaba mucha tensión en mi rostro y mi cuerpo, ofreciéndose si queríamos sus servicios tras la cena.
Aceptamos pues a mí me tenía anonadada con sus palabras y su semblante y a Paco ídem de ídem, por lo que nos unimos para acompañarlo a su casa donde regentaba su pequeño centro.
Entramos y tras mostrarnos el cuarto donde realizaba los masajes nos indicó que nos pusiéramos unas batas finas mientras él se cambiaba y nos relajáramos sobre unas camillas.
Apareció a los pocos minutos con una vestimenta tipo hindú, mientras ya nosotros estábamos i sobre unas camillas sin nada debajo con el morbo y la inquietud en nuestros cuerpo ante aquella situación.
Comenzó con Paco por los pies con suavidad y tacto subiendo hacia todo su cuerpo a la vez que iba retirando la bata, masajeando pero con leves caricias y con las manos untada en un aceite que olía agradablemente, sin llegar a rozar el sexo de Paco jugo con sus muslos y su trasero, así como manos, brazos y su pecho, después de dirigió a su cuello y cara así como los lóbulos de las orejas, todo con mucha delicadeza.
Volvió a bajar a su pectoral, recreándose en los pezones de mi marido, que sabiamente pellizcaba y relajaba, mostrando mi esposo rápidamente excitación pues su miembro creció poniéndose morcillón.
Él hablaba pausado y le animaba a seguir desinhibiéndose, cosa que Paco rápidamente hizo, pues aquello creció poniéndose como un mástil, y el aun no le había tocado.
Yo los miraba celosa de no poder meter mano ahora como estaba, pero seguía atenta a sus manos aunque mire su bulto buscando si este delataba ya alguna erección, pero lo cierto era que no se notaba nada.
Después de un buen rato con roces en partes nobles de mi esposo, el viejo gurú hindú, cambio de aceite y se dispuso a frotar con erotismo el miembro de Paco, que palpitaba con cada maniobra de esas expertas manos, a la vez acariciaba los huevos y los estiraba con sumo cuidado, produciendo que Pago gimiera como si estuviera gozando en su mejor momento del orgasmo.
Bajo a su ano que sabiamente acariciaba con unos dedos mientras seguía con el grueso de su miembro embadurnado de aquel aceite que le hacía brillar y parecer más grande y duro, mientras ya los dedos habían dilatado aquella abertura trasera y jugaban con sabiduría en su interior, cosa que mi esposo no podía disimular.
Él le dijo a Paco que ese era uno de sus puntos placenteros que lo había notado rápidamente y le iba a descargar por ahí todo la tensión sexual que tenía aculada.
No sé como pero, sus dedos hurgando en el ano de mi marido y su otra mano entre su miembro lo estaban matando de placer.
Le decía que estaba acariciando su próstata para que explotara toda la tensión que tenía acumulada dentro, y lo cierto es que viendo lo duro que tenía el miembro mi esposo, como estaba disfrutando, realmente le estaba liberando bien.
En ese momento soltó su ropa y se quedó completamente desnudo entre nosotros dos, mostrando un cuerpo delgado pero fibroso para su edad, ciertamente muy muy sexy, estaba completamente afeitado y aunque su miembro no era de los tamaños que yo estaba acostumbrada a degustar, era muy muy apetecible, aun estando medio relajado como estaba.
Le dijo a Paco que si quería para poder sentirse mejor, que podía tocarle a él donde quisiera pero con tranquilidad y relajación y así estaría más liberado.
Paco comenzó con su mano a tocar su trasero que para la edad que tenia,se le veía duro y musculoso, siguiendo rápidamente a su afeitado escroto que mi marido sobaba ahora con cuidado, junto su rabo que iba creciendo lentamente.
Ya estaba Paco en un éxtasis total con el masaje simultaneo de próstata y rabo, pues su cabeza deambulaba de un lado a otro de la camilla gimiendo y gritando, cuando se puso en segundos rígido y comenzó a soltar borbotones de leche por la brillante cabeza que apuntaba al techo de la sala mientras el gurú seguía con sus dedos y manos jugando con él.
La explosión de placer fue tan larga y grande que Paco quedo extenuado y respirando lentamente sin apenas poder gesticular palabra, mientras el viejo experto seguía ahora con más lentitud y tacto su sabio masaje, liberando sus dedos de dentro del ano pero recreándose ahora en los testículos y miembro dormido, así como muslos y glúteos.
Duro unos minutos esto, consiguiendo relajarlo del todo, quedando Paco semi dormido
Yo miraba con una envidia morbosa, y no le digo lo mojada que estaba por lo que había visto sin poder tocar nada, cuando el abuelo hindú se giró y mirándome me dijo, ahora te toca a ti, relájate cariño que te veo tensa y excitada de más.
Me abrió la bata liberando mi cuerpo de toda ropa, y tras untarme casi toda de su aceite mágico, tomo unos palillos chinos de los que se usan para comer, y mientras su mano derecha seguía untando partes de mi cuerpo con delicadeza y sumo tacto, con la izquierda asía los palillos jugaba a tocar y pellizcar levemente mis orejas, cuello, y seguidamente los pezones,.
Lo hacía con tanta suavidad que mi cuerpo me delataba y casi levantaba mi pelvis buscando sexo,. El rápidamente me calmaba con su mano presionando mi bajo vientre, para que me relajara.
Los palillos los dominaba con una maestría que me tenía asombrada, y más cuando rozaban mis duros pezones que estaban en punta como nunca los había visto.
Acerco su lengua pero apenas los rozo, era como una pluma que pasaba cerca de ellos, yo estaba a punto de tomar su cabeza y presionarla contra mi pecho, pero el me calmaba rápidamente, era como si al mirarme me hipnotizara y me dijera tranquila, relájate y goza.
Se posiciono entre mis piernas abriéndolas con sumo cuidado, dejando mi sexo abierto como una rosa abierta allí afeitada y lista para lo que él quisiera.
Tomo otro juego de palillos con la otra mano, comenzando a jugar con ellos, en mi mojado y caliente conejito, con unos abrió los labios de mi sexo, que parecían obedecer a sus gestos, mientras sabiamente con los otros jugaba con mi botoncito del placer, al que acariciaba y pellizcaba lujuriosamente, dándome tanto placer que yo era ahora una poseída sobre aquella cama de trabajo.
En segundos le regale un órganos que destenso todo mi cuerpo, animándome el con sus dulces palabras a liberarme de energía sexual acumulada, mientras los palillos seguían haciendo estragos de placer en mi agujerito.
De vez en cuando, retiraba los que pellizcaban mi clítoris, para hacerlo sobre mis pezones, notando en ese momento como la cabeza de su rabo rozaba en mi abierto sexo.
Mire y la tenía rígida como una barra de hierro, apuntaba al frente con una dureza que asustaba, como dije antes , no tenía un tamaño colosal pero si era proporcionada y con una cabeza ahora dilatada que destacaba sobre el cuerpo venoso, y más al estar afeitado el resto.
Pensé que me iba a follar en ese mismo momento, pero el seguía con su caricias con los palillos chinos, y pensé en pedirle que lo hiciera, pero no quería romper el hechizo de esa situación tan lujuriosa y sexy que estaba teniendo.
Acerco su boca a mis pezones y volvió a lamerlos con leves lengüetazos que apenas percibía, pero que cosquilleaban en ellos, sintiendo ahora más el roce de su duro miembro en mi hambriento sexo.
Dejo ahora unos palillos y tomo su rabo que acerco a la empapada abertura que sujetaban los otros, y con leves roces jugo un poco por los alrededores.
Mire a mi esposo y este estaba embobado viendo con que arte me estaban dando placer.
El roce sabio de su rosada cabeza y el juego de su mano, me hizo explotar otra vez y le di mi segundo orgasmos y aun no me había penetrado.
Cuando pensé que me tocaba, me tomo con sumo tacto y me giro poniéndome boca abajo, posicionándose sobre mí para masajear mi trasero y mi espalda con su cuerpo y duro rabo.
Yo ahora estaba derretida y deseosa de una buena penetración, pero el mordía los lóbulos de mi orejas con exquisitez y maestría, dándome un placer indescriptible, y más con el roce de sus bolas sobre mis riñones y glúteos.
Deslizo tras ese sabio y nutritivo roce, su cuerpo hacia abajo, abriendo ahora mis piernas para trabajar mi agujero trasero, al que nutrió con cremas y aceites durante un placentero y largo periodo, avisando que su miembro descargaría por ahí.
Y no me equivoque cuando vio que estaba ya a punto de mi tercer orgasmo, me susurro al oído que iba darme su energía para nutrir mi sexo y prepararlo para mi marido, que ya estaba con el mástil en forma otra vez y listo para jugar conmigo.
Entro su rabo con una delicadeza en mi trastienda, que me hizo llorar de placer, se me escapaban lágrimas de gusto y emoción de sentir tanto y tan buen sexo en ese momento, y más con la maestría y sapiencia que se movía aquel viejo hindú, pues sus movimientos eran rítmicos y pausados haciendo las penetraciones profundas y gozosas, a la vez sus manos acariciaban mis caderas relajándolas de tensión.
Continuo así un interminable pero ameno periodo de placer, durante el que no paro de hablar con una calma y control sobre mi nuca, haciéndome suya como si fuese una prolongación de su cuerpo.
Yo no podía creer que aquel gurú del sexo tuviese tanto control sobre sí mismo y los demás, pues su rabo no bajo la intensidad de su dureza, durante todo el tiempo que estuvo dentro de mí, les garantizo que fue mucho y bueno.
Cuando vio que yo ya estaba lista para sus caldos, acelero un poco el ritmo para hacerme llegar otro orgasmo y hacerlo coincidir con su impresionante derrame de semen dentro de mi trasero, pues si ya me habían regado y mucho con variedades y cantidades, la de aquel rabo hindú, las superaba con creces.
Quede rendida y sedada por aquel aguijón que con maestría me había picado y requeté picado, que retiro con sumo cuidado de mi agujero negro, para dirigirlo a mi boca, tras limpiarlo cuidadosamente para que me recreara degustándolo un poco mientras perdía fuelle, y yo tomaba algo para recibir la monta de Paco que estaba esperando en cola que miraba con la boca abierta la tremenda y gran lección que le había dado aquel abuelo asiático, de cómo dejar extenuada a una mujer.
Paco para no romper el hechizo del momento, me penetro en esa misma posición que estaba pero por mi cochito mojado y empapado de tanto gozo, mientras yo seguía lamiendo y comiendo la relajada pero apetitosa cola de aquel dulce y sabio maestro, que indicaba a mi esposo que fuese cauteloso y armonioso con sus penetraciones.
Paco que se dejaba llevar por la sabiduría de ese hombre, le hacía caso y me estaba dando una monta de lujo, volviéndome a correr con sus envites y sus juegos de cadera, mientras sentia sus duros y cálidos huevos golpear con mis labios abiertos, que ya pedían descanso.
Soltó ahora Paco sus jugos dentro de mí, en menos cantidad que la que deposito nuestro experto profesor, y más tras la apoteósica corrida que había sufrido antes en sus manos, pero que agradecí con placer regalándole un pequeño orgasmo o amago del mismo pues ya mis sentidos estaban tan extenuados que no sabría explicar que era aquello.
Finalizo la productiva sesión con una ducha a tres que fue lujuriosa y placentera, pues nos regalamos unos buenos baños de aceite en sabias manos mezclados con la tibia agua a presión por todos nuestros cuerpos que se frotaban y unían en uno, fundiendo los sentidos y la carne en uno solo.
Finalizando la dulce experiencia con una buena comida de rabo hindú que en unión de mi esposo le regalamos a ese nuestro nuevo gurú y amigo, haciéndole doblar las rodillas ante tan sabia degustación de miembro asiático que comimos con sabiduría adquirida y que Paco acaparo en última instancia.




